El Camino Sinodal en Alemania

El Papa, tajante con el Camino Sinodal: “La experiencia alemana no ayuda”

Por| MATEO GONZÁLEZ ALONSO

Francisco advierte que “cuando la ideología se mete en los procesos eclesiales, el Espíritu Santo se va a su casa” y reivindica los procesos de preparación del próximo Sínodo

Se suceden las reacciones en torno a la última intervención de la Curia Romana en el Camino Sinodal alemán. Ahora, gracias a la entrevista que ha mantenido este 24 de enero con The Associated Press, el propio papa Francisco ha podido pronunciarse sobre el proceso desarrollado en estos últimos años. El pontífice toma distancia porque, señala, “la experiencia alemana no ayuda, porque no es un Sínodo, un camino sinodal en serio, es un camino así llamado sinodal, pero no de la totalidad del pueblo de Dios, sino hecho por élites”.

Sin el necesario consenso

El Papa confiesa que “sobre esto yo me cuido de hablar mucho, pero ya escribí una carta que me llevó un mes hacerla. La hice solo y cuando me pregunten, digo ‘vuelvan a la carta’”. Para Francisco “el camino sinodal en Alemania está empezando desde las diócesis de los pueblos. Esto fue un poco elitista y no tiene todo el consenso procesal de un Sínodo como tal”.

Francisco señala que tras la visita ‘ad limina’ “ahora la Congregación para los Obispos, la Doctrina de la Fe y la Secretaría de Estado han hecho una precisión sobre tres o cuatro cosas que salieron en el diálogo” en el Vaticano. El Para reconoce que “hay diálogo y nunca hay que romper el diálogo para ayudar”; pero advierte que “la experiencia sinodal alemana está empezando o ha empezado en los obispados, como todos, con el pueblo de Dios, y va adelante” con el “peligro” de “que se filtre algo muy, muy ideológico”. Por ello advierte que “cuando la ideología se mete en los procesos eclesiales, el Espíritu Santo se va a su casa porque la ideología supera al Espíritu Santo. De todas maneras, donde tengo diálogo, tienen buena voluntad, no tienen mala voluntad. Es un método quizás muy eficiencista”, constata.

Acompañar el diálogo

El Papa destaca que el “problema de fondo” es que no están claros los criterios empleados en el proceso alemán si es “en base a tu experiencia eclesial, tomando de la tradición de los apóstoles y traduciéndolo al día de hoy, o en base a datos sociológicos”. Por ello, reitera, “hay que tener paciencia, dialogar y acompañar a este pueblo en su real camino sinodal y ayudar a este camino más elitista a que de alguna manera no termine mal, sino que también se integre en la Iglesia. Siempre tratar de unir”.

Por otro lado, Francisco habla en la entrevista del próximo sínodo destacó que “la sinodalidad no es una actitud de hacer encuestas, no es ir a preguntar a la gente qué piensa, sino que es la participación del pueblo de Dios en la elaboración de la pastoral normal y en la elaboración de las decisiones. Y nosotros no estamos acostumbrados”. Algo, añadió, que “estamos aprendiendo. Y por supuesto que hay muchas imperfecciones y que todavía tenemos que aprender. Y tenemos que ver este proceso en este panorama de aprender a ser sinodales” para que “cada cristiano tome su responsabilidad y que no solo dé su opinión, se comprometa con su opinión”

Semana de Teología Pastoral-3

Juan Antonio Estrada: “La clericalización está matando a la Iglesia, hay que abrirse a los laicos, a las mujeres»

Juan Antonio Estrada, durante su ponencia

“El éxito de la Iglesia no es el proselitismo, el tener muchos miembros, sino apostar por los valores de Jesús. Habrá quizás pocos cristianos, pero que sean cristianos evangélicos”, señaló durante su ponencia el profesor emérito

“Tenemos que centrarnos en la misión de la Iglesia, la Iglesia para la humanidad, lugar histórico donde hacer presente el mensaje de Dios, y con conciencia histórica, y respondiendo a las preguntas del presente, tomando distancia de una teología estática que se ha concentrado en mantener la dinámica de Trento, que ya no responde”

Para Estrada, “hace falta un cambio estructural en la Iglesia, no coyuntural, una Iglesia que no se constituye desde el papado y los episcopados, sino desde las parroquias, una Iglesia que se abre a lo que el papa Francisco pretende con el Sínodo, una Iglesia sinodal”

Por José Lorenzo

“El éxito de la Iglesia no es el proselitismo, el tener muchos miembros, sino apostar por los valores de Jesús. Habrá quizás pocos cristianos, pero que sean cristianos evangélicos”. Ese es, para Juan Antonio Estrada, una parte del camino que habrá recorrer la Iglesia en los próximos años si pretende que, en línea con el lema de las jornadas, el cristianismo, que tiene dos mil años de historia, pueda seguir creando futuro.

Y de esa apuesta -añadió el teólogo en la segunda jornada de la XXXIII Semana de Teología Pastoral del Instituto Superior de Pastoral, que se celebra en Madrid del 24 al 26 de enero- “surge una Iglesia distinta, que ya no es una Iglesia de curas, sino una Iglesia que intenta vivir la dinámica de las normas de Dios”.

“Otra teología es posible»

“Otra teología es posible, la Iglesia tiene que aportar sentido a la vida humana, Jesús viene a enseñarnos cómo vivir la vida en un mundo irredento”, añadió el jesuita, profesor emérito de la Facultad de Filosofía (Granada), al abordar en su ponencia la ‘Crisis de civilización y valores cristianos”.

Por ello, en consonancia con el lema de las jornadas –‘¿Qué cristianismo crea futuro?’-, Estrada apostó con rotundidad por “no mirar el pasado, para no quedarnos prisioneros del pasado, sino mirar al futuro”, aunque advirtiendo, eso sí, que  “la Iglesia tiene el peligro de caer en el pesimismo y la negatividad al estar constituida por personas mayores, sobre todo, el peligro de pensar que todo cambio es malo, lo que nos impide atender las nuevas perspectivas”.

“La Iglesia no puede estar confinada en el pasado, le tiene que servir de referencia, para que la creatividad del pasado le sirva para la creatividad del futuro”

“Es una crisis de civilización, porque no es un cambio de época, se están programando unas nuevas coordenadas que no son las que hemos vivido hasta ahora”, advirtió el profesor, invitando a aceptar las nuevas libertades que emanan de legislaciones civiles, como el divorcio o los matrimonios homosexuales, “porque la cristiandad se ha acabado”.

“Una Iglesia plural, abierta y en misión»

“La Iglesia no puede estar confinada en el pasado, le tiene que servir de referencia, para que la creatividad del pasado le sirva para la creatividad del futuro”, incidió, señalando que el futuro pasa por “una Iglesia plural, abierta, en misión y que tiene una historia, pero se necesita un discernimiento para ver qué elementos son primordiales y cuáles son secundarios”.

 “Tenemos que centrarnos en la misión de la Iglesia, la Iglesia para la humanidad, lugar histórico donde hacer presente el mensaje de Dios, y con conciencia histórica, y respondiendo a las preguntas del presente, tomando distancia de una teología estática que se ha concentrado en mantener la dinámica de Trento, que ya no responde”, insistió.

La religión, desplazada por la ciencia

Según Estrada, “la religión ha sido desplazada como la matriz de la sociedad, frente a la revolución científico-técnico, que está procediendo una transformación global de la sociedad, pero ese progreso científico-técnico no va acompañado en el mismo grado de valores humanos y éticos. Nos falta humanidad, ética y convicciones para canalizar la ciencia hacia un progreso al servicio de la humanidad”.

“Por primera vez -añadió- es posible transformar el mundo y también somos la primera generación que podemos acabar con el mundo, con el equilibrio ecológico que ha permitido la supervivencia del ser humano”, añadió para preguntarse acto seguido: “¿Puede la Iglesia aportar valores éticos a la sociedad?”. 

«Hoy la lucha por la justicia es parte constitutiva de la fe, no podemos refugiarnos en una espiritualidad individualista»

“La Iglesia -prosiguió- siempre ha atendido a los pobres, ha sido su refugio, el cristianismo ha jugado un valor subsidiario cuando el Estado no tenía posibilidad y la Iglesia se ha abierto a las necesidades humanas. Y ese es uno de los elementos fundamentales que tenemos que desarrollar como Iglesia en el siglo XXI, apostando por la Doctrina Social de la Iglesia, porque hoy la lucha por la justicia es parte constitutiva de la fe, no podemos refugiarnos en una espiritualidad individualista, que no transforma ni ayuda a cambiar la situación den la humanidad”. Para el religioso, “hace falta una Iglesia crítica que no esté impregnada de los elementos del consumismo”, una Iglesia que “tiene que transformarse, aunque no todo lo que ofrece la sociedad sea bueno”, apostilló

Reconversión de la Iglesia

En este sentido, aseguró que “estamos en una reconversión de la Iglesia, y citó la que “busca” el papa Francisco: “la Iglesia del Pueblo de Dios, de una pirámide invertida, en donde no se empieza por la cúpula, sino por la base”.

“La Iglesia del futuro vendrá por los mismos cambios que se dan en la sociedad, los que vengan desde abajo”, enfatizó, asegurando que “la clericalización está matando a la Iglesia, hay que abrirse a los laicos, a las mujeres, que constituyen el elemento definitivo, el elemento fundamental”.

Para Estrada, “hace falta un cambio estructural en la Iglesia, no coyuntural, una Iglesia que no se constituye desde el papado y los episcopados, sino desde las parroquias, una Iglesia que se abre a lo que el papa Francisco pretende con el Sínodo, una Iglesia sinodal”. En definitiva, “hace falta volver al Evangelio”, señaló.

Una palabra sobre Benedicto XVI

Una palabra sobre Benedicto XVI

Por Consuelo Vélez

Se han escrito muchas cosas a raíz de la muerte de Benedicto XVI y, como de cualquier persona, hay mucho que señalar en positivo y en negativo. Nadie está exento de equivocarse en muchas de sus decisiones, también es posible que haya actitudes que voluntariamente se toman con plena conciencia, aunque objetivamente no sean las más adecuadas y hay muchas otras realizaciones buenas porque, el ser humano tiende al bien, haciendo así posible este mundo bueno que tantas veces experimentamos.

De Benedicto XVI se reconoce el aporte de su teología antes de ser prefecto de la Congregación para la doctrina de la Fe y su honestidad para renunciar como Papa cuando se dio cuenta de qué los problemas de la iglesia le superaban. Desde mi experiencia personal me gustó mucho oírle decir en la inauguración de la Conferencia de Aparecida, en 2007, que “la opción preferencial por los pobres está implícita en la fe cristológica en aquel Dios que se hecho pobre por nosotros, para enriquecernos con su pobreza”. Con estas palabras, desde mi punto de vista, respaldaba el quehacer teológico latinoamericano y la opción preferencial por los pobres de la porción de iglesia de este continente que buscó hacer vida las conferencias de Medellín y Puebla. Pero no se puede olvidar que, como Prefecto, cuestionó el quehacer teológico de muchos teólogos y teólogas, favoreciendo ese ambiente de persecución y miedo a decir o a hacer cualquier cosa que no fuera lo “eclesiásticamente correcto”, lo que permitía que fácilmente se levantaran acusaciones que, efectivamente, eran escuchadas en aquellas instancias vaticanas. Con Francisco, ese ambiente de vigilar la ortodoxia se ha ido desvaneciendo y no porque no sea importante vivir la fe de forma adecuada, pero esto no se logra apegados a normas y reglas sino manteniendo el espíritu del evangelio que siempre sabe abrirse a nuevas realidades y responder a los signos de los tiempos.

No pueden dejar de mencionarse las resistencias a la puesta en marcha del vaticano II llevadas a cabo en el pontificado de Juan Pablo II, con Ratzinger como prefecto y, posteriormente de este, como Benedicto, en su pontificado. El volver a permitir la misa en latín, entre otras cosas, mostraron su contradicción con el espíritu de Vaticano II. Por todo esto se hablaba del “invierno eclesial” que se vivió en las últimas décadas y que hizo llamar al pontificado de Francisco de “primavera eclesial”, al notar que desde sus inicios volvió a poner en el centro de la vida de la Iglesia, el dinamismo que engendró Vaticano II y ha buscado impulsarlo decididamente. No le está siendo fácil, pero efectivamente, en algunos aspectos si ha vuelto a entrar aire fresco a la Iglesia.

La muerte de Benedicto XVI deja, de alguna manera, sin respaldo a esa porción de Iglesia que se ha opuesto a Francisco. Son conocidos algunos cardenales y personajes vaticanos. Pero también hay un grupo bastante grande de presbíteros jóvenes que se han alineado más con Benedicto que con Francisco lo mismo que un sector del laicado que perteneciendo a movimientos laicales fundados no hace demasiado tiempo, están impregnados de un cristianismo “de cristiandad”, acompañado de una visión tradicionalista, rigorista y moralista. Ojalá que la muerte de Benedicto les confronte con el actual pontificado y sean capaces de descubrir el Kairós que significó Vaticano II para seguir implementándolo. No hay duda de que la historia de la Iglesia se realiza a través de las vicisitudes de las personas, las circunstancias, los acontecimientos que cada momento trae. Pero nuestra responsabilidad consiste en hacer estas relecturas para discernir el hilo conductor que las ha ido tejiendo, valorando lo positivo que siempre se ha seguido dando y reconociendo lo negativo para transformarlo.

Además, los tiempos actuales nos demandan más audacia, más creatividad, más apertura, más dinamismo. Lo que Francisco denominó, “iglesia en salida” no es un slogan sino una realidad que es urgente poner en práctica. Si con Vaticano II la iglesia salió de su actitud de defensa y condena de todo lo nuevo; hoy en día es necesario vivir esa actitud con todas las consecuencias. La Iglesia en salida es la que vuelve a practicar lo más esencial del evangelio: la vida digna para todos, la apertura al diálogo y al encuentro, la aceptación de la diferencia, la capacidad de aportar su palabra como “signo del reino” en medio de muchas otras visiones y perspectivas, la construcción de la paz, el cuidado de la creación, un mundo donde haya lugar para todos y todas. No son tiempos de añorar el rigor y la solemnidad de Benedicto sino de vivir la sencillez, la espontaneidad, la humanidad de Francisco para que el evangelio pueda seguir siendo hoy una palabra fresca, encarnada en la historia, significativa para este presente que ya no entiende de poderes y dogmatismos sino de compromiso con el bien común desde la diversidad, la interculturalidad, la diferencia, la misericordia.

Retos en la Iglesia para 2023

Retos de la Iglesia católica española para intentar recuperar en 2023 la credibilidad perdida

Papa Francisco y la primavera

«¿Qué debería hacer La Iglesia católica para recuperar la credibilidad y la confianza? Venderse mejor (en el buen sentido de la palabra), ser más creativa en sus pronunciamientos, realizar gestos concretos de desprendimiento y humildad y renunciar ‘motu proprio’ a algunos de sus privilegios»

«La Iglesia ya no conecta con las penas y las alegrías de la gente y, además, ‘no coloca’ su mercancía en el mercado social. Y, si la sal se vuelve insípida…O si la luz permanece debajo del celemín…»

«Que los obispos ordenen a sus curas que muestren por la gente, especialmente por la más pobre, la misma dedicación que prestan al altar»

«Subirse al carro de las grandes causas justas actuales, como el feminismo o la ecología»

Por José Manuel Vidal

No es tan mala como, a veces, la pintan. La Iglesia española tiene peor fama pública de la que merece. Porque, a pesar de sus fallos y errores garrafales, sigue siendo quizás la institución que más ayuda a los pobres, que sigue aglutinando a millones de personas en torno a la religiosidad popular y a la Virgen, y que continúa dotando de sentido la vida de mucha gente e impregnando nuestra idiosincrasia, al menos culturalmente.

¿Qué le pasa, entonces, a la Iglesia católica española, para tener tan mala imagen y seguir perdiendo a borbotones credibilidad y confianza social? ¿Qué debería hacer para recuperarlas? Venderse mejor (en el buen sentido de la palabra), ser más creativa en sus pronunciamientos, realizar gestos concretos de desprendimiento y humildad y renunciar ‘motu proprio’ a algunos de sus privilegios. Es decir, aprobar algunas asignaturas pendientes y superar algunos retos, que, sin ánimo de ser exhaustivos, pasamos a enumerar.

-Adecuar la agenda eclesiástica a la social. Hubo un tiempo en que la jerarquía marcaba la agenda pública, con sus intervenciones, sus decisiones y sus pronunciamientos. Ya no es así, desde hace años. Los obispos no tienen estrellas mediáticas y lo que comunican suele pasar desapercibido, ignorado o malinterpretado. Pero siguen en sus trece y su agenda continúa encerrada en el jardín eclesiástico, mientras la vida real les pasa por encima. La Iglesia ya no conecta con las penas y las alegrías de la gente y, además, ‘no coloca’ su mercancía en el mercado social. Y, si la sal se vuelve insípida…O si la luz permanece debajo del celemín…

-Posicionarse claramente y caiga quien caiga, sin miramientos partidistas, en las grandes cuestiones sociales de fondo. Por ejemplo, la renovación de la Justicia. O la importancia del ‘escudo social’.

-Transmitir empatía y cercanía a la gente con gestos concretos. Por ejemplo, ganarse a la opinión pública, pagando de su bolsillo el coste de la luz eléctrica en la Cañada Real, un barrio chabolista madrileño sin fluido eléctrico desde hace años y con mucha gente sufriendo las consecuencias, especialmente en invierno.

-Aprovechar las fechas que todavía conservan cierto sabor religioso, como Navidad o Semana Santa, para transmitir mensajes que apunten a lo esencial. Por ejemplo, subirse en estas fechas a la ola ecologista, de consumo responsable y de austeridad.

-Poner a disposición de la gente su enorme infraestructura: acoger refugiados y emigrantes, pero también a sin techo y necesitados de todo tipo.

-Subirse al carro de las grandes causas justas actuales. Por ejemplo, la del feminismo o la de la lucha contra la homofobia o la de la ecología. Y también la del aborto, pero no sólo.

-Montar reuniones nacionales y por comunidades con políticos de todos los partidos, para explicarles los posicionamientos eclesiales, porque ellos son los que más y mejor pueden mejorar la vida real de la gente. Alabar sus decisiones que favorecen el bien común y criticar todo lo que atente contra la mejora de la vida del pueblo.

-Hacer lo mismo con sindicatos, empresarios y todo tipo de asociaciones sociales.

-Que los obispos ordenen a sus curas que muestren por la gente, especialmente por la más pobre, la misma dedicación que prestan al altar. Y que, de una vez por todas, hagan caso al Papa y cambien el modelo de formación de los seminaristas.

-Preparar católicos (laicos, curas y obispos) que sean capaces de participar asiduamente en los grandes programas televisivos, tanto de los medios públicos como privados, que crean y moldean la opinión pública. Formar tertulianos, sí.

-Una oficina de prensa de la CEE ágil y eficaz, que esté las 24 horas (la información no se detiene nunca) y todos los días de la semana (incluidos los sábados y domingos) al servicio de los medios de comunicación, tanto generalistas como especializados. Jugando con sus mismas reglas y ateniéndose a sus preguntas.

-Programar y ofrecer entrevistas y pronunciamientos sobre las noticias más relevantes a los grandes medios nacionales, regionales y digitales (más fácil en estos dos últimos).

Que la Cope sea la voz de la Iglesia. Una cadena apartidista, que opte por el diálogo y evite la polarización y la confrontación, que sea sinónimo de calidad, independencia y fiabilidad total. Aunque eso signifique que sea menos rentable y menos negocio. Que deje de ser el cortijo de Carlos Herrera y del PP, para ser la radio de todos.

-Presentar un informe exhaustivo sobre los abusos del clero, pedir perdón, reparar y resarcir. Sin disculpas ni excusas. Limpieza a fondo. Sólo así volveremos a confiar en los curas, para poner a nuestros niños en sus manos. ¿Será, por fin, el 2023 el año en el que las víctimas ocupen el centro para los obispos?

-Clarificar a fondo el tema de las inmatriculaciones y, llegado el caso, devolver las hechas utilizando privilegios de la época franquista o aznarista.

-Prescindir del IBI sin que la obliguen, como aportación al bien común y signo concreto de solidaridad.

-Aceptar y bendecir la pluralidad de familias que existen hoy en la sociedad. Y tratarlas con el mismo respeto que a la familia tradicional.

-Ofrecer a la gente y especialmente a los jóvenes una moral sexual que no se base en el pecado ni en el moralismo rancio y trasnochado. Por ejemplo, no culpabilizar a las parejas que utilizan métodos anticonceptivos artificiales o a los adolescentes que se masturban o a las parejas de novios que mantienen relaciones prematrimoniales, que también son expresión del amor que se profesan.

-Parroquias abiertas, con consejos pastorales deliberativos, con celebraciones comunitarias de la penitencia y misas con homilías cortas, bien preparadas y en las que el cura no regañe a los presentes.

Sólo con éstas y otras medidas similares, la Iglesia española volverá a ser la madre misericordiosa que el pueblo anhela o el hospital de campaña que propone el Papa Francisco. Sólo así volverá a renacer de sus cenizas y, después del largo invierno de la desconfianza, brotará de nuevo la primavera del Evangelio en nuestro país.

Las homilías

¿Por qué las homilías tienen que ser cortas? “No podemos tomar a los fieles como rehenes”     Por LA CROIX

Los expertos comparte el consejo del papa Francisco a los sacerdotes para que limiten sus predicaciones a no más de diez minutos ya que “la homilía no es una conferencia”

El papa Francisco, el pasado 20 de enero, en el saludo a los participantes en un curso de liturgia en el Pontificio Ateneo de San Anselmo de Roma –el famoso centro superior de los benedictinos para el estudio de la liturgia–, volvió a recordar a los sacerdotes que limitaran sus homilías a no más de diez minutos ya que “la homilía no es una conferencia”. Pero, ¿qué opinan los expertos de este consejo papal?

Muestra de respeto

Para el dominico Franck Dubois, maestro de novicios en el convento de Estrasburgo y profesor de oratoria, los sacerdotes “no podemos tomar a los fieles como rehenes”. Para él, “las homilías deben ser ante todo incisivas, lo que conduce a un tiempo de palabra más bien corto”, algo que implica distintas nociones según las cultural. “Lo que me parece lamentable es cuando se tiene la impresión de que el predicador toma como rehén a la asamblea, cuando esta –salvo contadas excepciones– no va a abandonar la iglesia ni a mostrar su disgusto por lo que decimos”, insiste.

“Los fieles están a merced del predicador, y limitar el tiempo de uso de la palabra puede ser una muestra de respeto hacia ellos”, propone. Si bien, destaca, “aparte de la longitud, hay muchos otros criterios que pueden contribuir a una ‘buena homilía’. Por ejemplo, me parece que hay que tener cuidado de no caer en la exégesis académica: se puede hacer alguna elaboración sobre el contexto del pasaje bíblico, pero no volver a contarlo –y a menudo bastante mal– ¡parafraseándolo!”.

Por ello propone organizar la predicación en torno a una introducción, una reflexión doctrinal “y, por último, una palabra más práctica para vincularla a nuestra vida cotidiana planteando preguntas, proponiendo retos…” “La palabra del predicador puede verdaderamente edificar y construir, así como también puede desafiar o destruir”, sentencia.

Contenido y estructura

“Lo que cuenta sobre todo es el contenido y la estructura de la homilía”, destaca Luc Desroche, profesor de oratoria. Por ello invita a preguntarse: “¿Qué relación concreta se establece entre la palabra escuchada y la vida cotidiana? ¿Cuál es el mensaje esencial que queremos que los fieles se lleven a casa?” Entre los criterios básicos está el llegar a todos, la sinceridad de la expresión, las emociones transmitidas, lenguaje verbal y visual…

“No hay que confundir la elocuencia, que es el arte de la oratoria al servicio del Evangelio, con el sofisma, que pretende persuadir a cualquiera de cualquier cosa”, advierte el experto. Por ello lamenta que “en la actualidad, solo tres de los quince seminarios con los que he contactado siguen impartiendo esta asignatura” que ha estado presente en la Iglesia desde el siglo XIII hasta el XIX.

Nuevo arzobispo en Tegucigalpa

El Papa acepta la renuncia de Maradiaga y nombra al español José Vicente Nácher Tatay nuevo arzobispo de Tegucigalpa

José Vicente Nácher, nuevo arzobispo de Tegucigalpa 

Su sucesor es un padre paúl, nacido el 10 de abril de 1964 en Valencia y que, hasta la fecha, ejercía como párroco de San Vicente de Paúl en San Pedro Sula, y superior regional de la Congregación de la Misión en Honduras

Se va uno de los mayores (y mejores) colaboradores del Papa Francisco. El cardenal Óscar Andrés Rodríguez Maradiaga, a sus 80 años y un mes, deja de ser arzobispo de Tegucigalpa, tal y como ha anunciado hoy el ‘Bolletino’ de la Santa Sede. En su lugar, el Papa nombra a un español, José Vicente Nácher Tatay.

Maradiaga, uno de los grandes defensores de este pontificado y secretario de la Comisión de Cardenales que asesora al Papa en la reforma de la Curia (puesto del que no sabemos si sserá relevado), es sustituido por este padre paúl, nacido el 10 de abril de 1964 en Valencia y que, hasta la fecha, ejercía como párroco de SAn Vicente de Paúl en San Pedro Sula, y superior regional de la Congregación de la Misión en Honduras.              José Vicente Nácher Tatay, C.M., nació el 10 de abril de 1964 en Valencia, España. Licenciado en Sociología por la Universidad de Alicante, posteriormente cursó estudios de Filosofía y Teología en el Seminario Mayor de la Congregación de la Misión de Barcelona y en la Facultad de Teología de Cataluña.            Emitió su Profesión Solemne en la Congregación de la Misión el 20 de enero de 1990 y fue ordenado sacerdote el 26 de octubre de 1991.                                                                         Ha desempeñado los siguientes cargos: Párroco de San Vicente de Paúl en San Pedro Sula (2000-2005); Párroco de San José en Puerto Lempira (2006-2016) y Vicario Episcopal de la Mosquitia en la Diócesis de Trujillo; desde 2016, Párroco de San Vicente de Paúl en San Pedro Sula y Superior Regional de la Congregación de la Misión en Honduras.

Semana de Teología Pastoral

XXXIII Semana de Teología Pastoral del Instituto Superior de Pastoral

Luis Aranguren: «La Iglesia que viene, o nos descoloca a todos desde el Evangelio, o no tendrá futuro»

«El cristianismo que crea futuro es el que vuelve a la esencia de la fraternidad cristiana, al ejercicio de la fraternidad que deja ese lado la absolutización de otras mediaciones, empezando por la mediación de la comunidad cristiana, que muchas veces se la ha ensalzado de una manera nominal, casi ensoñadora»

«La Iglesia que viene, o nos descoloca a todos desde el Evangelio, o no tendrá futuro, y ese descolocarnos tiene que ver con generar una cultura del cuidado, que no es solamente establecer protocolos»

Por José Lorenzo

«El cristianismo que crea futuro es el que vuelve a la esencia de la fraternidad cristiana, al ejercicio de la fraternidad que deja ese lado la absolutización de otras mediaciones, empezando por la mediación de la comunidad cristiana, que muchas veces se la ha ensalzado de una manera nominal, casi ensoñadora y esa absolutización de la Iglesia, de la comunidad, muchas veces eso ha matado el ejercicio de la práctica y de la fraternidad».

Así respondía Luis Aranguren, desde su ponencia en la XXXIII Semana de Teología Pastoral, en la tarde de este martes 25 de enero, al lema de esas jornadas, «Qué cristianismo crea futuro?», organizadas por el Instituto Superior de Pastoral (ISP), de Madrid.

Cambiar las estructuras

«Se nos recodará en el futuro -señaló en conversación con Religión Digital- por lo fraternos que seamos, no por el tipo o modelo de Iglesia que llevemos adelante. Y eso tiene mucho que ver con lo que decía el cardenal Baltazar Porras durante la pandemia: ‘Si la Iglesia del poscoronavirus vuelve a ser la de antes, no tendrá futuro».

En este sentido, y citando a otro de los ponente, Juan Antonio Estrada, «la Iglesia está abocada, si quiere crea futuro, a cambiar las estructuras, no a la clericalización del cristianismo, no al patriarcado del cristianismo y de la Iglesia», señaló el escritor y profesor del ISP.

«Pero eso también supone -añadió- cambiar la cultura interna de la Iglesia, porque a mi juicio no bastará solo con ese cambio de estructuras, no bastará abrir un proceso sinodal que deje por escrito que las mujeres van a tener más cargos… No es el tema papel de la mujer ni el lugar que ocupe, ¡que claro que hay que tratarlos!, sino que es el tema del lugar, ese lugar en el que todos hemos de quedar ‘descolocados’ en la Iglesia».

«La Iglesia que viene, o nos descoloca a todos desde el Evangelio, o no tendrá futuro, y ese descolocarnos tiene que ver con generar una cultura del cuidado, que no es solamente establecer protocolos»

«La Iglesia que viene, o nos descoloca a todos desde el Evangelio, o no tendrá futuro, y ese descolocarnos tiene que ver con generar una cultura del cuidado, que no es solamente establecer protocolos. Que también hay que ponerlos. Pero la emergencia de los abusos nos ha puesto en el disparadero de qué tipo de Iglesia tenemos, y eso sí que se previene con protocolos, medidas de prevención, de seguridad, análisis de los hechos y decir la verdad de lo que está aconteciendo», enfatizó.

«Pero -subrayó- también se necesita una promoción de valores en positivo, y esa promoción, lo que yo llamo la cultura del cuidado, es ese ejercicio de relaciones, de vínculos en positivo, que en definitiva es el ejercicio de la fraternidad», concluyó Aranguren.

La Asamblea Continental del Sínodo

El equipo sinodal de la CEE se reúne para preparar el encuentro final ante la Asamblea continental

Asamblea del Sínodo

En este encuentro final, el día 28, que se celebrará en la sede de la CEE, participarán laicos, religiosos, sacerdotes y obispos

Se presentará el texto síntesis elaborado por el Equipo sinodal de la CEE a partir de las aportaciones de las respuestas enviadas por las diócesis, movimientos, congregaciones, y otras aportaciones de distintos grupos

A continuación, tendrá lugar el trabajo compartido por grupos para perfilar el documento presentado, añadiendo o matizando las aportaciones que los participantes consideren necesarias

Este encuentro también servirá de preparación para la Asamblea continental europea que se celebrará en Praga durante los días 5 al 9 de febrero

(CEE).- El equipo sinodal de la Conferencia Episcopal Española (CEE) ha mantenido en la tarde del día de ayer su reunión para preparar y animar el encuentro final de preparación de los trabajos para la Asamblea continental, que tendrá lugar el 28 de enero. Además mantuvieron, en un segundo momento, una reunión on line con todos los referentes sinodales de las diócesis.

Asamblea sinodal de la CEE, el 28 de enero

En esta jornada del día 28, que se celebrará en la sede de la CEE, participarán laicos, religiosos, sacerdotes y obispos. Se trabajará sobre la síntesis elaborada por el Equipo sinodal a partir de las respuestas enviadas por las diócesis, congregaciones y por los movimientos laicales, en relación al documento enviado por la Secretaría del Sínodo el pasado mes de septiembre. Con todo ello se preparará la síntesis que se enviará a la Asamblea continental.

En esta reunión participarán un total de 120 asistentes, entre los que se encuentran los obispos miembros de la Comisión Permanente; 1 miembro de los equipos sinodales de cada diócesis; 10 de la vida religiosa; 10 de asociaciones laicales y movimientos.

El encuentro dará comienzo a las 10 de la mañana con la acogida a los participantes.  A las 10.30 h ofrecerá unas palabras de bienvenida el presidente de la CEE, cardenal Juan José Omella, arzobispo de Barcelona.  

Seguidamente, se presentará el texto síntesis elaborado por el Equipo sinodal de la CEE a partir de las aportaciones de las respuestas enviadas por las diócesis, movimientos, congregaciones, y otras aportaciones de distintos grupos. A continuación tendrá lugar el trabajo compartido por grupos para perfilar el documento presentado, añadiendo o matizando las aportaciones que los participantes consideren necesarias. El encuentro concluirá con la celebración de la eucaristía. Este encuentro también servirá de preparación para la Asamblea continental europea que se celebrará en Praga durante los días 5 al 9 de febrero. A ella asistirán, en representación de la CEE, su presidente, cardenal Omella; el obispo coordinador del Equipo sinodal, Mons. Vicente Jiménez; el secretario del Equipo sinodal, Luis Manuel Romero; la Hna. María José Tuñón, ACI, como responsable de la Vida consagrada y miembro del Equipo sinodal y Dolores García Pi, Presidenta del Foro de Laicos y también miembro del Equipo sinodal de la CEE 

Semana de Teología Pastoral en el ISP

Silvia Martínez Cano denuncia la “tradición patriarcal, divisionaria y discriminatoria” de la que bebemos

Por RUBÉN CRUZ

La profesora del Instituto Superior de Pastoral ha reflexionado, en la Semana de Teología Pastoral, sobre el ser humano hoy

‘Peregrinos de nosotros y nosotras mismas. Quién es el ser humano hoy’. Este es el título de la ponencia de Silvia Martínez Cano, profesora del Instituto Superior de Pastoral, en la XXXIII Semana de Teología Pastoral, que se celebra desde hoy hasta el jueves en el Auditorio Ángel Herrera del ISP en Madrid.

Se trata de las segundas de las seis que se ofrecerán en el marco de la Semana. Esta mañana, Rafael Ruiz Andrés, profesor de Sociología de la Universidad Complutense de Madrid, ha sido el encargado de abrir las jornadas. Antes, han presentado el evento el decano de la Facultad de Teología de la Universidad Pontificia de Salamanca (UPSA), Francisco García; el director del Instituto Superior de Pastoral, Lorenzo de Santos; y el coordinador de la Semana, Juan Pablo García Maestro.

La tarde ha continuado con la mesa redonda ‘El cristianismo en las realidades de vulnerabilidad’, que ha contado con las voces de Valerie Squire (pastoral con jóvenes migrantes), Ana Almarza (experiencias de trabajo en el mundo de la trata y la prostitución) y Devi Uranga (acompañar en las nuevas adicciones).

“La conciencia patriarcal divide”

Por su parte, la también presidenta de la Asociación de Teólogas Españolas (ATE), en su alocución, ha denunciado la “tradición patriarcal, divisionaria y discriminatoria” de la que bebemos. “Conviene hacer un poco de silencio y pensar en esto”, ha reclamado, para luego añadir: “La conciencia patriarcal lo que hace es dividir, sexualizar y jerarquizar la vida”.

“¿Es sostenible una definición dual y patriarcal, divisionaria, discriminatoria en el Siglo XXI?”, se ha preguntado a posteriori, para luego hacer hincapié en “el reconocimiento en la diversidad”.

En este sentido, ha señalado que “el ser humano como diversidad supone: aceptar la norma universal del respeto al otro para que se pueda dar la comunicación entre personas; aceptar que debe existir una reciprocidad en ese respeto, en igualdad y no en desigualdad; aceptar que la reciprocidad no es homogeneidad, sino que se acepta la diferencia del otro como una forma legítima de ser, distinta de la propia; reconocer la diferencia del otro como una oportunidad de profundizar en el misterio de la trascendencia humana que hace de nuevo converger la diferencia en una búsqueda común y última de plenitud”.

Hacia una antropología trinitaria

Martínez Cano ha entrado también en el concepto de ‘autorrepresentación’, aludiendo a la “fuerte influencia de los roles de género” hoy, “la comprensión de ser en proceso: nómada y performativo”, “el género como una nueva categoría de análisis” y “el debate sobre la identidad y el género”.

La profesora del ISP ha finalizado su ponencia reflexionando sobre una “propuesta de antropología trinitaria” poniendo el foco en la esperanza a los 60 años del Concilio Vaticano II a través de la constitución pastoral ‘Gaudium et spes’. Según sus palabras, “Dios Trino, Comunión perijorética -danzante-, es el ser humano de hoy, cuerpo vulnerable, cartografiable y situado camina con paso titubeante”.

Reflexionando en este sentido, Martínez Cano ha señalado que “el ser humano participa de la comunión divina porque se realiza a través de otro y hacia el otro, porque la autonomía de la persona se encuentra a sí misma al elegir la vida comunitaria con los diferentes, o porque este proceso de autonomía se hace en libertad”.

Pronunciamiento: al lado de los más débiles

          Colectivo Ecuménico por el Perú – CEP

REVISTA DE PRENSAAMÉRICA LATINA


A poco más de un mes, el régimen Boluarte – Otárola ya carga en sus espaldas el horror de decenas de muertos, cerca de 50 víctimas. Todos eran gente del pueblo que protestaban contra la criminalización de sus luchas y el golpe de Estado en el Perú. Se trata, no cabe dudas, de un gobierno criminal con ansias de poder que se ha interesado más en proteger la “propiedad”, desproteger la vida de sus ciudadanos y escalar la represión a nivel de masacre y genocidio.

Convencidos de que “la paz brota de la justicia” lamentamos mucho el proceder de las principales iglesias cristianas en esta coyuntura. Desde el campo católico como del evangélico, recientes pronunciamientos tienen en común equiparar a las víctimas y a sus agresores, como un enfrentamiento entre iguales. Incauta o premeditadamente han utilizado la figura de Caín y Abel cuando en realidad se trata de David y su honda resistiendo a Goliat y su mortal armadura.

Del pueblo de “Israel” huyendo del todopoderoso Faraón. De Jesús y su látigo contra los mercaderes del templo. Del Perú profundo luchando por dignidad y justicia frente a los intereses de las transnacionales, la oligarquía y las élites de la sociedad peruana.
La explícita determinación del Premier Alberto Otárola, real comandante de las fatales decisiones del gobierno, en complicidad con Dina Boluarte, apuntan clara e insensiblemente que nuestros hermanos y hermanas seguirán recibiendo balas, palos y gases como respuesta a sus justos reclamos.

Esta situación hace apremiante que bases y cúpulas de las iglesias, católica y evangélicas, abandonen la comodidad camaleónica de una supuesta “neutralidad” y denuncien proféticamente en nombre de Dios el carácter terrorista, asesino e ilegítimo del actual régimen. Desde el sur va creciendo y extendiéndose cada vez más el clamor popular que exige a los líderes religiosos delaten con todas sus letras el régimen Boluarte – Otárola, sin el inaceptable y vergonzoso argumento de que “debemos apoyarlos a pesar de sus excesos”.

El criminal gigante no debe permanecer en pie; en este momento, su furia ya muestra su flaqueza. Desde la espiritualidad, las prácticas pastorales y los compromisos con los más excluidos y pobres de la tierra, urge que Obispos, Pastores, liderazgo y comunidades cristianan opten por la vida y no por la muerte, tomen partido, como lo manda el Evangelio, al lado de los más débiles. Porque nuestras luchas van “contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo”.

Colectivo Ecuménico por el Perú – CEP
“Defended al débil y al huérfano; haced justicia al afligido y al menesteroso” (Salmo 82:3)

Crisis en la Iglesia de Alemania

Camino Sinodal aleman

Terremoto en Alemania: el Vaticano “prohíbe” el Consejo Sinodal y Bätzing confirma que seguirán adelante

24/01/2023 | MIGUEL ÁNGEL MALAVIA

Parolin, Ladaria y Ouellet notifican a los obispos germanos que “no tienen competencia” para establecer el nuevo organismoCinco prelados alemanes habían preguntado a la Santa Sede si estaban “obligados” o “autorizados” a “participar” en este procesoEl presidente del Episcopado responde que el Consejo continúa y “funcionará, por tanto, dentro del Derecho Canónico vigente”Ya en julio Roma aclaró que “no sería admisible iniciar nuevas estructuras o doctrinas oficiales en las diócesis”

Tras muchos meses de evidente tensión entre el Vaticano y el Episcopado alemán por el Camino Sinodal en el que la Iglesia germana está reflexionando sin trabas sobre la moral sexual, el celibato o la posible ordenación de mujeres, ya se ha entrado en una fase definitiva de conflicto.

Y es que, si en la última visita ‘ad limina’ (del 14 al 18 de noviembre) de los obispos alemanes a Roma pareció encauzarse el debate (eso sí, con serias “advertencias” de altos representantes vaticanos de que debía incluirse el Camino Sinodal Alemán en el conjunto del Sínodo de la Sinodalidad en el que está inmerso la Iglesia universal), ahora el tono ha cambiado.“No quieren abandonar su reforma sin luchar”

Solo basta con leer ‘Katolisch’, el medio de comunicación oficioso de la Conferencia Episcopal de Alemania, para ser conscientes de la dimensión del encontronazo: “Durante mucho tiempo, el Vaticano lo dejó en palabras de advertencia. Ahora viene una prohibición clara desde Roma: no se debe establecer el Consejo Sinodal en su forma prevista”. Al mismo tiempo, se apunta que “los obispos alemanes no quieren abandonar su reforma sin luchar”.

De hecho, desde Roma se ha transmitido a la Iglesia germana que el Consejo Sinodal, que debería concretar las medidas acordadas en la fase de diálogo, ha incurrido en la “nulidad canónica” y carece de “legitimidad y responsabilidad”.

“Obligados” o “autorizados”

Todo se precipitó el 21 de diciembre, cuando llegaron a la Santa Sede una serie de preguntas cuestionando sobre si “los obispos alemanes” estaban “obligados” o “autorizados” a “participar en el Camino Sinodal”. La cuestión, formal, fue remitida por el cardenal Rainer Maria Woelki, arzobispo de Colonia; y por los obispos Bertram Meier (Augsburgo), Stefan Oster (Passau), Rudolf Voderholzer (Ratisbona) y Gregor Maria Hanke (Eichstätt).

Aunque se ha conocido ahora, el 20 de enero llegó la respuesta oficial desde Roma, firmada por los cardenales Pietro Parolin, secretario de Estado; Luis Francisco Ladaria, prefecto de Doctrina de la Fe; y Marc Ouellet, prefecto de la Congregación de los Obispos. Una notificación al más alto nivel que hace evidente que cuenta con el respaldo del papa Francisco y que sentencia lo siguiente: “Ni el Camino Sinodal, ni un organismo establecido por él, ni una conferencia episcopal tienen competencia para establecer el ‘Consejo Sinodal’ a nivel nacional, diocesano o parroquial”.

Sonoro portazo

Tras esta respuesta tajante, el presidente de la Conferencia Episcopal de Alemania, Georg Bätzing, no se ha quedado atrás y ha publicado un comunicado en el que muestra su desconcierto ante el paso dado por el Vaticano. Sobre todo por no entender que, tras la nota conjunta que la Santa Sede y el Episcopado Alemán publicaran a la conclusión de la visita ‘ad limina’, en la que “se acordó que la escucha y el diálogo mutuo deberían continuar en los próximos meses”, ahora se haya optado por un sonoro portazo.

Para Bätzing, las preguntas de los cinco obispos alemanes, que han mostrado claramente su disconformidad con el Camino Sinodal, son “legítimas y necesarias”, pues obran en conciencia.

Aprobado por amplia mayoría

Eso sí, una vez que ha llegado la notificación desde Roma, se aclara que se ha “discutido” en el Consejo Permanente del Camino Sinodal, reparando de un modo especial “en la afirmación que en ella se hace de que no puede haber una participación obligatoria en los trabajos del Comité Sinodal para los miembros de la Conferencia Episcopal Alemana”. Para el presidente del Episcopado, el Consejo Sinodal, “aprobado por la Asamblea Sinodal por amplia mayoría”, entra dentro del “derecho canónico aplicable”, que “establece que las decisiones de este órgano tienen el mismo efecto jurídico que las decisiones de la Asamblea Sinodal”.

A su juicio, “esto deja claro que la preocupación expresada en la carta de que un nuevo organismo pudiera situarse por encima de la Conferencia Episcopal o socavar la autoridad de los obispos individuales es infundada”.

Sigue adelante

Por tanto, Bätzing concluye que “el Consejo Sinodal, que será preparado por la Comisión Sinodal, funcionará, por tanto, dentro del Derecho Canónico vigente, de acuerdo con el mandato contenido en la resolución”. Es decir, que, pese a la negativa rotunda del Vaticano, el Consejo Sinodal Alemán sigue (por ahora) adelante.

De algún modo, se vuelve a la situación que había el 21 de julio del pasado año, cuando la Santa Sede publicó una declaración en la que quiso “dejar claro que el Camino Sinodal en Alemania no tiene el poder de obligar a los obispos y a los fieles a adoptar nuevas formas de gobierno y nuevos enfoques de la doctrina y la moral”.

Amenaza a la unidad de la Iglesia

También se apuntó que “no sería admisible iniciar nuevas estructuras o doctrinas oficiales en las diócesis, antes de un concordato a nivel de la Iglesia universal, lo que representaría una herida a la comunión eclesial y una amenaza a la unidad de la Iglesia”.

Pese a las tensiones registradas en la visita ‘ad limina’ de noviembre, pareció que se entraba en una nueva fase de “escucha y diálogo”. Sin embargo, el requerimiento de los cinco obispos alemanes, la contundente respuesta de Roma y la confirmación de Bätzing de que seguirán adelante con el Consejo Sinodal por estar “dentro del Derecho Canónico vigente”, encallan una relación ya de por sí compleja. La posible respuesta que llegue desde el Vaticano nos mostrará hasta qué punto es o no recuperable. Al menos con los actuales interlocutores

Movilización popular en Perú

Perú. Marcha y concentración multitudinaria en centro de Lima arrincona a régimen Boluarte-Otárola

Publicado el 20 de enero de 2023 / Por Andrés Figueroa Cornejo

Todo el pueblo y todos los pueblos. Mestizos, aymaras, quechuas, campesinos, trabajadores, estudiantes, feministas populares, veteranos y juventud. En el norte y sur del Perú se movilizaron. Y desde los 4 puntos del país andino, innumerables comunidades y agrupaciones sociales e indígenas confluyeron en el centro de Lima este jueves 19 de enero, tal como lo prometieron. A pesar de las muertes de la dictadura, los heridos, los presos, la represión criminal de la policía y los soldados.

Superando cualquier tipo de pronóstico, delegaciones de todos los rincones del territorio se agregaron a la convocatoria de paro general, cívico y popular realizada por la Confederación General de Trabajadores, CGTP, y la Asamblea Nacional de los Pueblos, ANP, para exigir la renuncia de la dictadora Dina Boluarte y de la mesa directiva del Congreso, elecciones generales el 2023 y el establecimiento de una Asamblea Constituyente.

Pese a que el régimen ilegal de Boluarte-Otárola estableció el estado de emergencia en las regiones de Lima, el Callao, Puno y Cusco, las clases trabajadores, populares e indígenas, armadas de dignidad y razones justas, marcharon legítimamente sobre la capital, como lo hicieron hace años contra la tiranía del genocida Alberto Fujimori.

Empero, las protestas se desarrollaron tanto en Lima como en el resto del país. De hecho, en Arequipa y Juliaca murieron dos manifestantes bajo fuego de agentes policiales durante la jornada. En 42 días de dictadura, 55 suman los caídos en la lucha por recuperar la democracia y conquistar la justicia social.

Desde el lunes 16 de enero, incontables caravanas están llevando adelante la Marcha de los Cuatro Suyos (en referencia a la ancestral división del territorio incaico) con las mismas demandas. Los estudiantes de la Universidad de San Marcos los albergaron en las dependencias de la casa de estudios superiores durante la noche del 18 de enero, donde debieron resistir el hostigamiento, los conatos, los perdigones y el ahogo de las bombas lacrimógenas provenientes de la policía militar.

Los manifestantes expresaron que no volverán a sus pueblos hasta que Dina Boluarte renuncie y se avance hacia la realización de nuevos comicios. Igualmente, indicaron que estaban hastiados de que los medios de comunicación y una parte de la población los estigmatice como “terroristas”, “vándalos”, y se les dé un trato racista. Además, denunciaron la presencia de policías de civil cuya misión es provocar, caotizar las movilizaciones, y ofrecer falsas justificaciones para ser reprimidos.

Mientras se cerraba la presente nota, la policía militar, a unas 4 horas del inicio la concentración, comenzó a disparar sobre la multitud en Lima, y a arrojar bombas lacrimógenas sobre los techos del Banco de la Nación y otros edificios céntricos de larga data de la zona de Abancay, en Plaza San Martín, provocándose siniestros.

Alrededor de las 21.15 (hora local), Dina Boluarte dio un mensaje por los medios de comunicación donde, como era de esperar, agradeció el accionar de las policías y la fiscalía, y amenazó a los luchadores sociales, indicando que la Dirección Nacional de Inteligencia junto al ministerio público atraparán individualmente a quienes están atentando contra la propiedad pública y privada. También llamó al “diálogo y la unidad nacional” y aseguró que “la situación está controlada y actuaremos con todo el peso de la ley”.

Según el Instituto de Estudio Peruanos, la población, conforme a las diversas regiones del país, rechaza el régimen de Boluarte entre un 80 y un 88 por ciento, y más de un 70 por ciento aprueba una Asamblea Constituyente.

*El texto precedente empleó de fuentes directas a los dirigentes sociales peruanos Álvaro Campana y Arturo Ayala.

Manuel Iglesias in memoriam

M.Iglesias (1934-2022). Para ser «inmutables», Biblia, Iglesia y Compañía deben cambiar

Manuel González Iglesias acaba de fallecer en Madrid (21-12-22) a los 88 años de Edad. Pedro Lamet ha publicado en RD un reseña respetuosa, cariñosa (https://www.religiondigital.org/opinion/fallecido-biblista-Manuel-Iglesias-Gonzalez-Obituario-jesuita_0_2516748323.html).

¡Gracias, Pedro!  No puedo añadir nada sustancioso, simplemente recordar que le conocí en mis tiempos de estudiante y que he consultado y recomendado siempre su traducción a mis alumnos.

Gracias, Manuel, por el buen trabajo. Siempre que he pasado por tu pueblo (Monleras) te he recordado. Aquí quiero evocar un matiz de la trayectoria de tu vida. Descansa en paz, ahora que no tienes que optar por traducciones y adaptaciones.

Por| X Pikaza Ibarrondo

Las traducción de F. Cantera (AT) y M. Iglesias (NT), sustituyó a la de Cantera-Bover  cf. (BAC, Madrid 1947, que dejó de editarse). Cuida los aspectos filológicos e históricos del texto, que quiere reproducir con exactitud, conservando incluso los modismos y formas de expresión del original hebreo y griego, con introducción y notas de tipo crítico.

Los términos hebreos suelen estas transliterados y explicados. Traduce los textos en buen castellano, pero dejando que se note en el fondo el sustrato original, de manera que la Biblia siga conservando su identidad antigua. Sigue siendo quizá la traducción por excelencia para estudiantes de Biblia; cuando hay un texto oscuro será bueno acudir a ella.

   La traducción revisada y actualizada del Nuevo testamento es filológicamente la mejor que actualmente existe en castellano. Youtube de la presentación https://www.youtube.com/watch?v=Futn20AJE5k De 

 Presentaciòn de la nueva edición del Nuevo Testamento de Iglesias (2017). 

La Biblioteca de Autores Cristianos ha presentado el Nuevo Testamento. Versión crítica, preparada por Manuel Iglesias González.  Participaron el catedrático de Nuevo Testamento Luis Sánchez Navarro y el catedrático de la misma materia y miembro de la Pontificia Comisión Bíblica Juan Miguel Díaz Rodelas, además de Manuel Iglesias, Carlos Granados (director de la BAC) y Pablo Cervera (antiguo director de la BAC). 
«La Biblia no es un cuento para niños»

El traductor y autor de la edición, Manuel Iglesias, constató que la Biblia no es fácil de abordar. Él, como biblista y lingüista, es consciente. «Creo que mucha gente ignora la Sagrada Escritura porque no es un cuento para niños y tiene cosas muy duras. Jesús emplea palabras que ahora los sacerdotes apenas nos atrevemos a emplear cuando predicamos. ‘Es que espantas a la clientela’, nos dicen. Pero Jesús no pensó si se quedaba sin clientela. Y Él habla y dice lo que tiene que decir. Por ejemplo: ‘El que quiera ser discípulo mío cargue sobre la espalda su cruz cada día y sígame’.» 

¿Hace falta otra traducción? Sí, siempre
Luis Sánchez Navarro planteó: ¿Por qué una nueva traducción del Nuevo Testamento? La respuesta es que esta versión es especialmente útil para quien quiera leer un texto muy cercano al griego original, para estudiar la Biblia, pero aún así en un lenguaje asequible. 

El padre Iglesias ya hizo una versión de esta traducción en 1975. «Ha conseguido, en ediciones sucesivas, conformar una edición del Nuevo Testamento que aúna el rigor filológico y una cercanía casi obsesiva al texto original griego, con la expresión sobria y elegante del castellano viejo; a ello se suma la labor a pie de página, donde además de las explicaciones de orden filológico y bíblico encontramos referencias al Magisterio eclesial así como a Padres de la Iglesia y clásicos de la espiritualidad cristiana, que iluminan el texto bíblico de modo complementario y permiten así intuir la profundidad teológica y espiritual de los textos tan cuidadosamente traducidos», explica Sánchez Navarro.

Sánchez Navarro asegura: «El traductor hace opciones de crítica textual, a veces arriesgadas, siempre con fundamento. Así en Jn 1,13, donde la lectura en singular, atestiguada por los primeros Padres de la Iglesia, es acogida como preferible: “en cambio, a cuantos lo aceptaron, a los que creen en su nombre, los hizo capaces de llegar a ser hijos de Dios el que no nació de la sangre, ni del deseo de la carne, ni del deseo del varón, sino de Dios”.

BIBLIA  E IGLESIA: UNA, DOS  TRAYECTORIAS 

Cuando estudié Biblia en el Bíblico de Roma (1967-1971), él ya había terminado. Se le consideraba el gran experto, ejercía la función de «ayudante-repetitor» con Juan Mateos, otro grandísimo especialista (traductor de la NuevaBiblia Española, con L. Alonso Schökel).

Eran muy distintos, ambos necesarios para el estudio de la Biblia, para la teología y para la vida de a Iglesia. Mateos iba más en la línea de la traducción dinámica, siempre atenta a los giros lingüísticos y a la aplicación pastoral, cultural de cada tiempo. Iglesias iba al texto-texto, en su radicalidad antigua, al estilo de los grandes maestros del siglo XIX.    Ambos tomaron caminos distintos, en la visión de la Iglesia y en el desarrollo interno de la Compañía de Jesús.

Mateos con su grupo creó una gran escuela de actualización literaria y social de la iglesia, trabajando básicamente desde Córdoba, España. Le acusaron de desvirtuar la Biblia, de adaptarla a la moda actual, de hacer que perdiera su radicalidad dogmática. Su Biblia (la de Schökel) fue retirada y criticada, lo que les trajo a los dos unos grandes sufrimientos, especialmente a Mateos, cuya memoria y tarea sigue siendo fundamental para miles y millones de lectores de la Biblia en Castallano.

Manuel Iglesias optó por un camino de fidelidad radical al texto, no sólo alde la Biblia, sino a la letra clásica de la Compañía de Jesús, en contra (al margen) de la actualización del P. Arrupe, en  un movimiento en que ha destacado el P. Mendizabal, con grupos de neo-jesuitas (de varias congregaciones) que han relizado una gran labor en la Iglesia, aunque más en línea de tradición que de renovación (en esa línea Ignacio nohubiera fundado su Compañía, ni Juan evangelista su evangelio).

    A mi entender, ambos grupos han sido y son necesarios, aunque su división ha traído también «dolores» en ciertos ambientes de la Iglesia.

LA LITERALIDAD, MANUEL IGLESIAS

   Una linea de tradición eclesial y SJse sienta más cerca de Iglesias que de Mateos, siente mucho sufrimiento y muchos reparos ante  actualización del Vaticano II, de Arrupe y de Francisco No entro en el tema de SJ, de Mateos e Iglesia, soy un amigo/testigo… y me parece que ambas líneas (una más filológica y otra más sociológica) son necesarias. Por eso, habiendo querido mucho a Mateos, me siento al mismo tiempo cerca de la obra de Iglesias… y en el fondo la considero más «peligrosa» para el cristianismo tradicional que la de Mateos.

 Mateos y otros aplican, actualizan, recrean el texto en un movimiento que, para ser fiel a los orígenes, tiene que ir cambiando, adaptándose, en la línea del Papa Francisco, también del auténtico Ignacio SJ. Mateos y su grupo no son peligrosos para el «dogma» y tarea de la Iglesia, que se debe actualizar de un modo incesante, como hace el mismo NT, en un camino genial y arriesgadísimo que nos lleva de Marcos a Juan y del Pablo histórico a las post-paulinas (Efesios-colosenses, Pastorales…).

En esa línea, al quedarse en un estrato o nivel filológico, la traducción y el trabajo del P. Manuel Iglesias es más peligroso (más hairético) que el de los actualizadores sociales (como Mateos). Es más peligroso porque tiende a fijar (absolutizar) un estrato filológico-teológico (un momento de la historia de Biblia, del despliegue de la Iglesia, de la  Compañía de Jesús..).

Esa actitud de fidelidad al pasado (necesaria en un momento) tiene que ir unida a la actitud del cambio… Un pasado cerrado en sí deja de ser verdadero, como supo muy bien la iglesia que  aceptó al mismo tiempo a Marcos y a Efesios, al Evangelio de Juan y al Apocalipsis.

La misma Iglesia optó por el cambio, desde las primitivas comunidades galileas o paulinas a las iglesias del siglo II-IV (con Ireneo, Orígenes, Basilio…). El problema no es cambio o no cambio, sino recreación verdadera, en la línea de la raíz del evangelio o del carisma, ante (en medio de) los cambios de las historia. Si la iglesia hubiera querido ser sólo galilea hubieraa dejado de ser cristiana (mesianica), si hubiera queridos er sólo jerosolimitana dejaría de ser fiel al mensaje y camino de Jesus…

Sigo teniendo sobre la mesa la traducciòn de M. Iglesias (la de Mateos la consulto a veces, pues ella es parte del movimiento exegético y social del siglo XX)…  Tengo su traducción, pero debo «leerla» desde el conjunto del NT, con los matices, cambios y reinterpretaciones que ello implica. Una traducción puramente filológica en sentido de fijación textual acaba siendo mentirosa (traduttore traditore).

  No soy SJ (aunque algo he seguido el camino SJ), y pienso que una SJ cerrada en un tipo de Ignacio de Azkoitia termina siendo menos fiel al espíritu y vida de Ignacio SJ, que si algo hizo fue aprender y adaptarse, de Loyola a Jerusalén, de Salamanca a París y Roma.

   Sólo me queda dar gracias a Dios por la vida y obra de Manuel Iglesias, del que quiero recordar dos anécdotas.

Asistí una vez a una discusión entre Alonso Schökel e Iglesias en el Bíblico. Ambos eran para mí, pobre estudiante, unos genios. supe que los dos tenían razón diciendo cosas distintas. Me pareció necesario Alonso, pero  mi corazón iba más por Iglesias,  aunque quizá le hubiera deseado más «cintura».

En los últimos años he sido buen amigo de José Vicente Rodríguez, carmelita descalzo, también de Monleras, dos años más joven que Manuel Iglesias, alumno de sus padres, maestros queridos. José Vicente me hablaba con pasión de los padres de Manuel de otros cinco grandes cristianos; sin ellos no podría haber sido lo que ha sido.

También José Vicente OCD estudió en el Bíblico de Roma, con Manuel Iglesias, al que siempre siguió queriendo, admirando y leyendo su Biblia. Pero me dijo lo que he dicho: «Quizá le faltaba cintura». Tenía y tiene razón de fondo en todo, pero los tiempos cambian y para ser fiel a la Compañía hay que recrearla. Para ser fieles a un tipo de vida contemplativa de Teresa hay que actualizarla… y algunos SJ (que en su tiempo le ayudaron mucho) han querido dejarla maravillosamente donde estaba y nos han hecho sufrir mucho.

El NT no ha bajado ya crecido del cielo (añadía José Vicente), como dicen algunos que bajó el Corán hasta  Mahoma… El NT bajó (vino y sigue viniendo) haciéndose camino. Y, dicho eso, José Vicente añadió: Pero hombres como Manuel Iglesias, con su familia (toda de santos) son necesarios en la iglesia.

Ernesto Cardenal

Javier Melloni SJ: «Ernesto Cardenal es experiencia mística concretada en realidad. Signo de veracidad»

Ernesto Cardenal

Con motivo del 98 cumpleaños del sacerdote y poeta, la fundación internacional Ernesto Cardenal ha preparado una serie de actividades para celebrar la vida de uno de los que fuera el máximo representante del misticismo cristianó de los últimos tiempos

Entre éstas actividades, un conversatorio entre Óscar de Baltodano (Vicepresidente de la fundación Ernesto Cardenal) y el P. Javier Melloni SJ sobre La Experiencia Mística que  Religión Digital reproduce íntegramente como homenaje a su figura

«Su vida ha estado marcada por una experiencia personal que empieza siendo una experiencia política y tiene la gracia del éxtasis transformante cuando ve pasar una caravana del presidente Somoza. Una experiencia mística de reforma social»

Por Óscar de Baltodano

Con motivo del Cumpleaños 98 de Ernesto Cardenal la fundación internacional Ernesto Cardenal ha preparado una serie de actividades para celebrar la vida de uno de los que fuera el máximo representante del misticismo cristianó de los últimos tiempos. Entre éstas actividades, un conversatorio entre Óscar de Baltodano (Vicepresidente de la fundación Ernesto Cardenal) y el P. Javier Melloni SJ sobre La Experiencia Mística.


Conversatorio que Religión Digital reproduce íntegramente para homenajear estos 98 años del Poeta y Sacerdote Ernesto Cardenal.

OB-P. Javier, muchas gracias por aceptar esta invitación para hablar de algo que es difícil ilustrar con palabras, pero que vamos a intentar, por lo menos, vislumbrar: me refiero a la experiencia mística. Ernesto Cardenal cumplirá 98 años el viernes 20 de enero. Su vida ha estado marcada por una experiencia personal que él mismo cuenta en una de sus obras. Es una experiencia un poco curiosa porque empieza siendo una experiencia política y tiene la gracia del éxtasis transformante cuando ve pasar una caravana del presidente Somoza.

JM- Recuerdo haberlo leído y también me impactó mucho ese contraste que hay entre el cielo y el infierno.

 Curiosamente es después de esto cuando Cardenal se plantea su ingreso a la Trapa, donde casualmente da con Thomas Merton que al final será su maestro de novicio. Tengo entendido que Cardenal ya se carteaba con Merton porque intentó traducir alguna de sus obras, pero cuando empieza a cartearse desde la Abadía Getsemaní, Merton escribe con su nombre religioso, P. Louis. Este tipo de casualidades interesantes.

Nos gustaría que nos ilustre sobre esta curiosidad en la experiencia de la mística de Ernesto, la primera, de la cual broto toda su vida, pero que también generó cierto debate hasta el último día de su muerte; como sacerdote católico, como monje que empieza a tratar el tema de la política y acaba metiéndose en la situación social de su país, etc.

La riqueza o el pincel de la experiencia es muy variada; tenemos la experiencia mística, como la del mismo Pánikker, que es un diálogo inter religioso, una realidad de que todo es uno y que ya Ernesto también lo dice. Una experiencias de reforma, como la de la misma Santa Teresa, o una experiencia como la de Cardenal, que es una experiencia de reforma social y que, al final, sirve a la Iglesia hasta el último momento porque acata lo que le manda la institución, pero también a su país porque ilustra, a través de su obra, esta experiencia vital que brotó de una experiencia política.

JM- La fenomenología de la experiencias místicas es inmensa, pero podemos decir que hay algo en común en todas ellas, que es un aumento, una intensificación del campo o bien cognitivo, o bien afectivo, o bien perceptivo o bien las tres cosas a la vez, de nuestro pequeño yo. Es decir, si los seres humanos somos un campo reducido de conciencia que nos ayude hacer esta trilogía, hay una parte cognitiva, una parte afectiva y una parte perspectiva y las tres son formas diferentes de conciencia, no solo la mental es conciencia y la percepción corporal es otra forma de conciencia con sus cinco sentidos.

Lo que tenemos por experiencia mística es una expansión de este campo de conciencia o bien en las tres formas a la vez o bien en alguna de ellas. Esta expansión cognitiva de tipo afectiva y tipo perspectiva puede tener una extensión más o menos larga, puede ser de segundos, incluso, puede ser de minutos, de horas o de día, incluso de días.

¿Qué es lo que lo detona? ¿Qué es lo que lo provoca? Es la gran pregunta. Hay quienes pasan toda la vida  intentando provocarla y no les llega nunca y a otros les llega de pronto de una forma aparentemente casual que nunca es casual, sino que es causa, pero mientras no conocemos las causas decimos que es casual. Yo creo que es un signo de nuestra corta edad cognitiva, porque no hay nada casual, todo es causal. Que esas causas son remotas, y se activan cuando se produce ese clic, como por ejemplo el que acabas de mencionar (hablando de Cardenal) ¿Por qué en ese momento, ante ese cortejo de Somoza, al joven se le abre eso?.

Bueno, pues si el instante presente es la condensación de lo que ha sido y de lo que será, en cada momento presente está la totalidad de lo que hemos sido y lo que seremos aunque nosotros, ese momento, lo veamos como presente. Por lo tanto, nosotros vivimos seccionadamente la temporalidad; separamos el pasado, el presente y futuro, pero, a mi modo de ver, nuestra mirada es corta y por tanto estrecha en esa franja.

Si ampliamos nuestro campo de conciencia, eso que era pasado se convierte en presente y eso que era futuro también se hace presente, porque la bastedad de la apertura amplifica el campo temporal. Entonces, todo es, en ese momento, ahora. Y eso es probablemente lo que a le sucedió a Cardenal; ahí estaba todo lo que sería, todo su compromiso político, no es que eso lo provocara, sino que eso ya estaba incluido en eso que le sucedió, de alguna manera. Y conocer su pasado, del que habría que investigar más biográficamente en la cronología para saber por qué ese momento sea el de la eclosión, es un paso por dar.

Podemos decir, entoces, que hay experiencias místicas fundantes como esta. Fundantes, porque marcan un antes y un después en la vida de los que las experimentan y para los que ya nada podrá ser igual. Pero también pueden ser experiencias más efímeras, que dejan una pequeña brecha, pero que modifican la visión de la persona. De ahí a que hay diferentes categorizaciones, densidades o extensiones en el tiempo de esas experiencias.

OB- Cuando hablamos de esta experiencia y ponemos de ejemplo a grandes místicos de la tradición cristiana, que es el lenguaje que tengo ahora mismo más a mano, usted tendrá también muchísimos ejemplos de la tradición oriental.

Pero cuando hablamos de esta experiencia, la solemos asociar, ya sea por cuestión cultural de occidente o por x o y, a una razón que va conectada o que tiene que llevar a un hilo conductor religioso de alguna manera, y también tiene que ir asociada a un cambio radical en la vida de la persona, pues puede abrirle la mente y el corazón porque es una cosa asociada a la mente pero también al corazón. Éste el ejemplo de Hildegarda de Bigen, cuando dice que se le abrió la mente, la conciencia, y empezó a entender los textos del evangelio, los escritos de los padres de la iglesia sin haber sido instruida antes. Y así otros muchos ejemplos. Pero es una experiencia que afecta más a la parte cerebral o la parte emocional.

-Y a la parte perceptiva de los sentidos, las tres cosas a la vez. Depende, hay personas que por su manera de ser o porque ese tipo de experiencia se da más de una forma mental cognitiva, puede ser más afectiva, puede ser más perceptiva.

Pero a la pregunta que hacías en cuanto a qué nivel está conectado esta gente con una confesionalidad religiosa, Jiménez Lozano, un autor vallisoletano no muy conocido y que ya hace algunos años murió, tiene una biografía muy buena sobre San Juan de la Cruz, a quien, a su modo, le llama el ‘mudejarillo de fontiveros’. Y tiene una visión muy penetrante. Dice: los místicos, esos empedernidos buscadores de lo real, (o sea, la mística tiene que ver con la realidad, de la cual la religión es un posible acceso). A no ser que entendamos que por religión quieran expresar un sentido más etimológico que quiere decir ‘realigación’, cuando la conexión con la realidad se ha hecho más intensa, pues la realigación se ha fortalecido, pero no en el sentido religioso confesional del término.

Las religiones confesionales o las confesiones tradicionales son lenguajes sobre lo inefable. El gran problema de toda religión es que ha confundido su lenguaje con la realidad. La palabra Dios no es Dios, y nos peleamos sobre la palabra Dios y eso es solamente un dedo apenas señalando la luna, digamos.

El problema de las religiones es eso, absolutizan su lenguaje, porque como su lenguaje, supuestamente y así lo desean y así es en muchos casos, señala lo absoluto, acaba convirtiéndose en absoluto el lenguaje que es solo un vehículo para señalarlo.

Una de propiedades del siglo veinte ya y veintiuno más claramente, (aunque viene de antaño) es que muchas experiencias, cada vez más, se sitúan o fuera del marco religioso vigente o incluso lo hacen añicos. En el fondo, hasta eso mismo le pasó a San Ignacio aquí, donde estoy ahora, en Manresa. La ilustración del Cardoner dice que él vio, que entendió todo de una forma nueva, de manera que no podría explicar lo que comprendió.

Si no lo pueden explicar, significa que no tienen el molde ni ideológico, ni antropológico, ni cosmológico de aquel tiempo para poder expresarlo, y toda su vida yo creo que es intentar encajar en el lenguaje disponible aquello que dice bellamente Paul Ricoeur: cada generación tiene un “La Croyance” disponible, la creencia disponible, y por tanto en esa creencia disponible, intenta meter esa experiencia que desborda esa experiencia, que desborda el cuenco que lo acoge. Hoy en día tenemos más referentes para poder expresar con lenguajes vigentes o religiosos, o filosóficos, o cosmológicos para intentar poner nombre a lo que estará siempre más allá de todo orden.

OB- Podríamos decir, entonces, que el gran bloque de dificultad para la experiencia o para intentar expresar la experiencia es el lenguaje, sobre todo. Ya en determinadas épocas tuvieron sus dificultades propias, pero la época en que vivimos hoy en día, que tenemos a mano tantas modalidades del lenguaje, tantos medios para ilustrar, solemos confundir muchas veces el uso del lenguaje religioso exclusivamente para la mística, y luego, cuando encontramos un texto que puede intentar expresar desesperadamente esa experiencia, nos suele escandalizar.

Por ejemplo, el mismo San Juan con este “gocémonos amado”, en la época que se lo dice a las monjas de las que era director espiritual el mismo Ignacio también, o el mismo Ernesto en su “Telescopio en la noche oscura”.

Esta fina línea con el escándalo que puede provocar lo que dice el místico (que al final siempre genera no sé si cierta incomodidad, pero cierto puritanismo para quitarle el velo a la experiencia de esta palabra que llamamos Dios), la ocasiona la palabra?

JM- Bueno, la palabra es el problema y la palabra es el vehículo al mismo tiempo. O sea, el mismo problema es el vehículo y el vehículo se convierte en el problema. La paradoja de la mística es que, por un lado, todos los místicos hablan de lo inefable de la misma palabra mis, que significa mantener los labios cerrados, de lo que etimológicamente significa. Y al mismo tiempo la mística es la que más ha profundizado en palabras para expresar lo que no se puede expresar. Lo que ha generado las palabras más bellas y los poemas más bellos salen de aquello que no se puede expresar. Por lo tanto, es ambivalente decir muy bella porque no es muy bueno en el terreno de la paradoja.

El lenguaje místico, ese algo que tenemos que analizar porque en algunos momentos fue algo asociado al erotismo dado en el plano humano, lo erótico es lo que está más cerca de una unión muy plena. Por lo que el problema está en que si se hace una lectura reductora, quien queda reducido es quien reduce ese lenguaje y lo lee solo, digamos, hacia abajo.

Hay lectura reductora de la mística que lo convierte en metáfora de algo que es evidente, cuando es al revés. Se utiliza el lenguaje de la experiencia erótica porque es, probablemente, una de las experiencias humanas más punitivas que se pueden tener para hablar de aquello que la trasciende. Hay, por tanto, una lectura reductora de la mística o una lectura, al contrario, trascendente. Que se haga de un modo u otro no depende del místico, sino que depende del que lo lee.

OB- Supongo que también de las circunstancias en el místico, del lenguaje que se le hace familiar, de alguna manera.

JM- El místico utilizará el lenguaje que tiene disponible. Sobre esto, hace años leí una cosa que me pareció interesante, que decía: los místicos que han tenido experiencias sexuales previas a su conversión no utilizan el lenguaje nupcial erótico, no lo utilizan porque lo asocian a algo que ellos han dejado. En cambio, aquellos místicos que no han tenido experiencia sexual, utilizan el lenguaje erótico porque no está connotado de sus experiencias. Pasa igual con el islam. En islam se utiliza el lenguaje de la embriaguez y ellos no toman vino; lo utilizan porque no hay equivoco. Utilizan una experiencia limite, como puede ser una experiencia erótica o la experiencia de la embriaguez para hablar de aquello que la trasciende, porque si nos quedamos solo de hacia abajo, esa no es una experiencia mística, esa es una experiencia sin más, todavía ahí no hay mística, entonces juegan con esa ambivalencia.

OB- En esta línea, sobre todo, del lenguaje erótico y asociándolo un poco a Cardenal, que en la mayor parte de sus obras utiliza ese lenguaje nupcial, ese lenguaje erótico un poco rompedor también para la época en la América en la que Cardenal se tiene que desenvolver, me viene a la cabeza esta curiosidad de que después de la experiencia, se termina de romper el dogma. El dogma, por decirlo de alguna manera. Se sale de la estructura, del conocimiento que tenemos hasta el momento. Por ejemplo me viene esta expresión de Ravia al adawiyya, la santa sufí, que decía aquello de:

Si Te adorase por miedo al Infierno, quémame en el Infierno,
Si Te adorara esperando el Paraíso, exclúyeme del Paraíso.

Parecido “al no me mueva mi Dios para quererte” en el momento también en que lo está haciendo.

200 años, 150 años después, todavía tenemos esta imagen de este Dios del Antiguo Testamento, un Dios marcador, y de esta mujer que luego lo utilizamos nosotros y lo utilizarán los místicos de la Edad Media y del Siglo de Oro español. No asociamos a este Dios de ‘yo hago buenas obras a cambio de’, sino que es el amor lo que me mantiene. Es lo mismo que hace Ernesto, tiempo después, «Soy lo que soy ante Dios».

JM- El dogma de cualquier religión es un molde supuestamente propedéutico, ehiculador en una dirección. El problema de todo dogma, volvemos a lo del lenguaje de antes, es cuando esa formulación se convierte en un absoluto y trata de encerrar lo inabarcable en un pequeño cuenco. Por supuesto que la experiencia mística la revientan, se ha dicho que los místicos por un lado son, en cada religión, lo más sublime que da esa religión porque se expresa a través de un lenguaje concreto.

Hay místicos cristianos, musulmanes, Sufíes. Son sus flores más excelsas, pero al mismo tiempo revientan el jarro donde ha crecido la flor. Por eso son tan amados. Son venerados, pero al mismo tiempo semi-prohibidos hasta el momento presente, donde ya no es posible esta prohibición, y podemos acercarnos al jardín donde todas las flores exhalan su perfume y donde nadie se puede apropiar de ellas. Es el gran tiempo privilegiado que tenemos los habitantes del Siglo XXI, en que podemos pasearnos por los jardines de todas las religiones sin que ninguna de ellas diga: este olor es mío, esta flor es mía. Porque las mismas rejas o vayas o paredes o muros de los jardines han saltado.

OB- Supongo que es esta experiencia del ánfora rota que Ernesto utiliza a lo largo de toda su vida.

JM- Si, efectivamente, es lo mismo

OB- Uno de los peligros, por llamarlo de alguna manera, sobre todo el acompañamiento de la experiencia de la persona que experimenta el fenómeno místico, es la línea entre donde hay una experiencia real y donde puede ser una experiencia fruto de alguna piedad malsana, o de algún problema de tipo psicológico que puede existir y que es muy real. Donde tenemos esa certeza, por así decirlo. Luce López-Baralt siempre suele utilizar el: “por sus obras les conoceréis”, donde tenemos esa seguridad de que una experiencia es auténtica y de que hay cosas que no son experiencias, que simplemente es piedad o alucinación.

JM- O piedad, o alucinación, o cualquier otra cosa digamos, piedad es la parte religiosa, pero puede ser delirios de grandeza o sustituto de lo real porque uno no puede soportar un mundo imaginario que le compensa su soledad, o su frustración o lo que fuere.

Creo que el criterio, como el criterio discernimiento, sería la palabra para saber. Yo creo que certeza y seguridad en tema de la mística, olvidémoslo. No hay ni certezas ni seguridades; lo que hay son indicios, caminos… como olfato de ‘esto suena autentico, esto suena a constructo’.

Para mí el criterio discernimiento es que sean fuente de vida: crean más vida, son creadores de realidad, acercan a la realidad y recrean a la realidad en un punto de encuentro. Que la experiencia mística es un momento de expansión de la conciencia, o cognitiva, o afectiva, o perceptiva, en la formas que aparezcan; rostros, mensajes, cualquier cosa que se pueda manifestar en la experiencia mística. El que lo haga autentica el criterio discernimiento, para mí, es que se concreta en algo, que es punto de encuentro con los demás. O sea, una recreación de la realidad en un nivel superior que sin esa experiencia mística no hubiera sido, no se hubiera manifestado.

Si decimos que el místico es aquel empedernido buscador de lo real, lo que ha encontrado es que es más real su vida y crea más realidad, más vida en torno a su vida para que otros participen de esa experiencia, que es la gran diferencia con la persona que alucina, o con la persona trastornada que vive su mundo, pero totalmente separado de los demás. La persona mística es oblativa, todo aquello que vive de alguna manera le recorre y lo entrega y va perdiendo autorreferencia. La persona que padece trastorno psicológico, acaba siendo muy auto centrada, muy auto referida. En cambio, en aquel de verdad místico, su ego, su yo, se va diluyendo en la realidad y se convierte en pasaje de mayor realidad. Este para mí es el criterio.

OB- En esta misma línea, decimos que el místico siempre utiliza el lenguaje que tiene a mano y tiene una idea de un ser supremo, de esta divinidad que le llamamos Dios, Amor, como nos dé la gana. Pero, una persona agnóstica, ¿es capaz de llevar la plenitud de la experiencia, o de llegar a experimentar la experiencia?

JM- Al cabo de los años yo distingo, no entre personas creyente y no creyentes, sino entre personas abiertas y personas cerradas. Porque uno puede llamarse muy creyente y no tener nada de autenticidad en su creencia, y personas llamadas no creyentes que están muy abiertas y muy disponibles a lo inefable. Por tanto, la exención es entre personas abiertas y personas cerradas. Disponibles y receptivas, donde permite esta apertura a niveles de conciencia superiores y no se protegen porque están disponibles a que eso pueda suceder.

OB- El puente de unión es la apertura a la experiencia, lleve el nombre que lleve.

JM- Apertura a la realidad.

OB- Esto que nos ha explicado el padre Javier nos acerca un poco más a entender a Ernesto porque, al final, la experiencia de Ernesto es todavía joven, necesita de estudio y necesita que la gente se acerque un poco más a esa experiencia espiritual de la que parte su política y su poesía. Así que le agradezco muchísimo que haya estado aquí, acompañándonos.

JM- Pues yo encantadísimo de participar en este evento porque soy lector, desde mi adolescencia, de Ernesto, y lo he seguido. Además, su proyecto de Solentiname me ha parecido extraordinario. Para mí ese sería un criterio de credibilidad, cuando la experiencia mística se concreta en algo y eso es fuente de vida, eso es el signo de que eso es verdadero, como ha sido la experiencia de Ernesto.

Entrevista a Leonardo Boff

RATZINGER FUE UN REPRESENTANTE DEL ANTIGUO CRISTIANISMO MEDIEVAL

– Era el 7 de septiembre de 1984 y Leonardo Boff se sentaba como acusado ante el prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Joseph Ratzinger, en lo que a todos los efectos parecía un juicio moderno por herejía. Bajo acusación estaba su libro Iglesia: carisma y poder, del que el ex Santo Oficio había destacado aspectos «como para poner en peligro la sana doctrina de la fe».

Pero en la mira del Vaticano no había un solo libro: había más bien esa Teología de la Liberación (TdL), que, nacida de la realidad de los pobres (interpretada con la ayuda de las ciencias sociales y el análisis marxista de la historia) y dirigida a su liberación, había alarmado inmediatamente a los centros más sensibles del poder político y religioso.

Sin resentimiento

Hubiera sido, garantizó Ratzinger, una «conversación entre hermanos» -con los ojos del mundo puestos en Roma no hacía falta evocar imágenes inquisitoriales-, pero el desenlace ya estaba escrito. Al año siguiente, Boff sería castigado con un obsequioso silencio. Y en 1992, ante la amenaza de nuevas medidas disciplinarias, habría abandonado la Orden de los franciscanos y renunciado al sacerdocio, mientras continuaba incansablemente su actividad como teólogo de la liberación. Hoy, ante la muerte de su perseguidor, dice no sentir ningún resentimiento, destacando sólo la necesidad de una «lectura objetiva» del pensamiento y la acción de Ratzinger.

–Grandes palabras de elogio se han dedicado a Benedicto XVI. Usted que, junto con muchos otros, pagó personalmente la persecución del Vaticano, ¿cómo reacciona ante los comentarios realizados en los últimos días?

Es normal hablar bien de los muertos, sobre todo si se trata de un Papa. Sin embargo, la teología, al no poder sustraerse a una lectura objetiva y crítica, debe tener el coraje de mostrar también las sombras de Benedicto XVI. Era un teólogo progresista y respetado cuando enseñaba en Alemania. Pero luego se dejó contaminar por el virus conservador de la milenaria institución eclesiástica, al punto de abrazar, en algunos aspectos, posiciones reaccionarias y fundamentalistas.

Basta pensar en la declaración Dominus Iesus del 2000, en la que relanzaba la vieja tesis medieval, superada por el Concilio Vaticano II, según la cual «fuera de la Iglesia no hay salvación«: Cristo es el único camino de salvación y la Iglesia es la única vía de salvación. Nadie caminará por el camino a menos que primero pague el peaje. En cuanto a las Iglesias no católicas, no serían «Iglesias en sentido propio», sino sólo «comunidades separadas». Una puerta se cerró de golpe en la cara del ecumenismo. Su sueño era el de una reevangelización de Europa bajo la guía de la Iglesia Católica. Un proyecto irrisorio e impracticable, teniendo que arrasar con todas las conquistas de la modernidad. Pero Ratzinger fue un representante del antiguo cristianismo medieval.

Estaba claro que no quería saber de una teología elaborada a partir de las periferias. Para los pobres fue un escándalo, para nosotros los teólogos, apoyados por cientos de obispos, una humillación

Luego estaba la condenación de la Teología de la Liberación…

Para nosotros, teólogos latinoamericanos, fue una gran herida que hubiera prohibido a decenas de teólogos de todo el continente producir una serie de 53 volúmenes, titulada Teología de la Liberación, como ayuda para estudiantes, comunidades de base y operadores de pastoral comprometidos en la perspectiva de los pobres. Estaba claro que no quería saber de una teología elaborada a partir de las periferias. Para los pobres fue un escándalo, para nosotros los teólogos, apoyados por cientos de obispos, una humillación.

-Ratzinger ha publicado dos Instrucciones sobre la Teología de la Liberación. La primera fue muy dura, en 1984. La segunda, dos años después, con tonos más suaves, escrito bajo la presión de los cardenales brasileños Arns y Lorscheider. Y fue precisamente en 1984 cuando usted pasó por el juicio ante la Congregación para la Doctrina de la Fe.

El proceso terminó con la imposición de un «silencio obsequioso», eufemismo de la prohibición de hablar, de enseñar, de realizar cualquier actividad teológica. Pero no siento resentimiento cuando recuerdo aquellos días turbulentos: el hecho de haber asumido la causa de los pobres, los amados del Jesús histórico, me hizo sentir seguro. Además, ese juicio, cubierto por los medios de comunicación de todo el mundo, había ofrecido una enorme oportunidad para dar a conocer la TdL. Todos entendieron que estaba en juego no sólo una teología, sino la posición de la Iglesia frente al drama de los pobres y oprimidos.

Con la censura y persecución de tantos teólogos, desde Gustavo Gutiérrez hasta Jon Sobrino, Ratzinger no ha dado buen ejemplo: no ha escuchado el clamor de los pobres, ha condenado a sus amigos y aliados y ha malinterpretado la Ley. ¡Ay de los que no se pongan del lado de los pobres, porque ellos serán los que nos juzguen!

–¿Qué llevó a este malentendido?

La falta de apoyo de Ratzinger al TdL ha hecho vacilar a muchos cristianos. Tanto más cuanto que a los teólogos de la línea de la liberación se les prohibió ofrecer asesoramiento pastoral a los obispos e incluso acompañar a las comunidades de base. Se les ha negado la alegría del trabajo pastoral y de la enseñanza de la teología. Ratzinger ha sido un factor de división dentro de nuestra Iglesia latinoamericana.

Carente de capacidad de gobernar, ha sembrado en la Iglesia más miedo que alegría, más control que libertad

-¿Cómo evalúa su pontificado?

Benedicto XI dio continuidad al invierno eclesial iniciado por Juan Pablo II con el abandono de las reformas del Concilio. Con el «retorno a la gran disciplina» que promovió, incluso acentuó esta tendencia. Basta pensar en la reintroducción de la misa latina. Concibió a la Iglesia como un castillo fortificado contra los errores de la modernidad, desde el relativismo al marxismo o la pérdida de la memoria de Dios en la sociedad. Colocó la Verdad en el centro, con su defensa de la ortodoxia. Carente de capacidad de gobernar, ha sembrado en la Iglesia más miedo que alegría, más control que libertad. Era una persona afable y delicada, pero sin el carisma de su antecesor. Sin embargo, por sus virtudes personales y por los sufrimientos que padeció, estoy seguro de que será acogido entre los bienaventurados.

¿Cómo interpretó su renuncia?

Se había dado cuenta de los escándalos sexuales y financieros en la Iglesia, pero sintió que le faltaba la fuerza para cambiar la situación. Necesitábamos otro Papa más en el pulso. No se trataba de problemas de salud, sino del hecho de que se sentía psicológica, mental y espiritualmente desamparado.

Claudia Fanti

Aniversario Mártires de El Despertar

Mártires de El Despertar – 20 de enero de 1979. Octavio Ortiz, Sacerdote Diocesano

Una masacre que no debe quedar en la impunidad

El asesinato de los mártires de El Despertar: P. Octavio Ortiz,  Ángel Morales, Jorge Alberto Gómez, Roberto Orellana y David Alberto Caballero, como muchos otros cometidos antes y durante el conflicto armado, nunca fueron investigados, por lo que continúan en la impunidad hasta hoy. Pero sostenemos que para que se logre una autentica reconciliación luego de la firma de los Acuerdos de Paz, se necesita saber quienes fueron los responsables de dicha masacre, quienes ordenaron el asalto a ese centro de retiros y quienes son los responsables de mantener prisioneros a los jóvenes asistentes al retiro espiritual, durante mas de tres meses, sufriendo los vejámenes que se viven en las prisiones salvadoreñas,  en esa época el Presidente era el General Carlos Humberto Romero, el Ministro de Defensa era Fidel Torres, el Director de la Guardia Nacional era Ramón Alfredo Alvarenga y de la Policía Nacional el General Iraheta (el chivo).

P. Octavi parado en el mismo lugar en donde   fue asesinado

“ Quiero recordar con cariño y solidarizarme fielmente con los sacerdotes asesinados. Investigaciones de nuestro Arzobispado y de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA nos dejan claro que…a los otros dos sacerdotes, Neto Barrera y Octavio Ortiz, es claro que perecieron en poder de agentes de seguridad…”Msr. Oscar A. Romero, 16-09-79.

Los padres y familiares del padre Octavio han decidido reabrir el caso para que se investigue a fondo quienes fueron los responsables de tal barbarie. Muchos testigos están testificando sobre lo que realmente pasó ese día.

Para dar un poco de tranquilidad a esa madre, a ese padre y sus familiares, que han vivido en la zozobra de ese asesinato, para que mueran en paz, para que se logre una autentica reconciliación en el país. Para que la memoria de este pueblo sea reivindicada se necesita la VERDAD y la JUSTICIA!  

BIOGRAFÍA del Padre Octavio Ortiz Luna

Octavio Ortiz Luna, sacerdote diocesano, nació en Cacaopera, Morazán,  El Salvador e1 22 de marzo de 1944.

Estudió en el Seminario San José de la Montaña, San Salvador.

En 1971 llegó como seminarista a la parroquia San Francisco de Asís de la ciudad de Mejicanos donde fundó las primeras Comunidades Eclesiales de Base.

En 1974 fue ordenado sacerdote por Monseñor Oscar Arnulfo Romero.

El mismo año fue nombrado párroco de la Parroquia San Francisco de Asís, lo que le permitió continuar el trabajo comenzado desde hacía tres años.

Fue nombrado vicario general de la vicaría de Mejicanos.

Monseñor Romero lo escogió para ser uno de sus consejeros espirituales y de trabajo.

Al padre Octavio le tocó vivir su misión como sacerdote en un momento muy difícil. La década de los 70 fue una década de mucha efervescencia popular en El Salvador. La injusticia social y el irrespeto a los derechos humanos eran tan insoportables que la amenaza de una guerra civil como única alternativa para solucionar los problemas se veía llegar.

Al igual que otros sacerdotes, obispos y monjas, Octavio tomó la Opción Preferencial por Los Pobres y se identificó con la lucha de los pobres.

Su parroquia sirvió de refugio para muchos campesinos, fue lugar de encuentro y reflexión para los-as jóvenes, obreros-as, etc.

A la edad de 35 años fue asesinado por la Guardia Nacional en el centro de retiros EL DESPERTAR. En el momento de su martirio se encontraba reunido con jóvenes varones. 

Monseñor Romero que se presentó a la morgue reconoció los cadáveres y ordenó que se les llevara a la funeraria para que los prepararan y que luego los llevaran a Catedral para su vela y posterior entierro.

El día 21, Monseñor Romero en Catedral, celebró la misa ante el cadáver del Padre Ortiz y de los cuatro jóvenes: Ángel Morales, Jorge Alberto Gómez, Roberto Orellana y David Alberto Caballero.

Monseñor tituló su homilía «Un asesinato que nos habla de resurrección». En la homilía denunció que «el comunicado oficial que publicaron los medios de comunicación es mentiroso de principio a fin». También habló del presidente de la república, quien «a pesar de todo esto, ha dicho en México que no hay persecución en la Iglesia».

Al día siguiente, Monseñor Romero iba a Puebla. Y dijo a su pueblo en Catedral: «mi corazón se divide ante esta expectativa: el anhelo sincero de ir al encuentro con el Papa… y un deseo de aportar la riqueza insondable de nuestra arquidiócesis que es grande: son ustedes, son sus comunidades, es su fe, es su sufrimiento, es su persecución… Quisiera quedarme con ustedes en una hora tan dolorosa y tan peligrosa de nuestra Iglesia; pero por otra parte, siento la necesidad de llevar esta voz para hacerla sentir en Puebla a las amplitudes del continente y del mundo».

Después de la celebración eucarística, los familiares retiraron los cadáveres de los jóvenes y la comunidad de San Francisco de Asís, se encargó del traslado y del sepelio del Padre Octavio en el altar mayor de la parroquia de esa comunidad.”

http://cebes-martiresdeelsalvador.blogspot.com/

UN DÍA COMO HOY 20 de enero de 1979, los Escuadrones de la Muerte cometieron otra gran masacre, en el marco de su campaña “Haga patria, mate un cura”, asesinaron al Sacerdote Octavio Ortiz Luna junto a los jóvenes David Caballero, de 16 años, Angel Morales, de 22 años, Roberto Orellana, 16 años, y Jorge Gómez, de 22 años, hecho realizado en la casa de retiros El Despertar en San Antonio Abad de San Salvador.

Su vida:

1-El padre Octavio nació el 22 de marzo de 1944 en el cantón Agua Blanca, Cacaopera, departamento de Morazán. En su partida de nacimiento se consigna como Octaviano, pero siempre lo conocimos como Octavio y así lo llamaremos en adelante. Es el segundo de diez hijos. Sus padres son don Alejandro Ortiz y doña Exaltación Luna, ambos orgullosos de su estilo campesino. Sus hermanos son nueve, cuatro caídos en el conflicto: Jesús, Ignacio, Ángel, Santos Ángel y Luis que aún vive. Y cuatro hermanas: Leoncia, Emeteria, Ana y Alejandra (quien actualmente vive con sus padres).

El primer año solo estudió cuatro meses para su primer grado. El segundo año pudo estudiarlo en el cantón de origen. El tercer año tuvo que estudiarlo viajando a Cacaopera en compañía de sus compañeros, con las dificultades que implicaba la distancia y en el invierno debían cruzar el río Torola en lancha y con las tormentas, el paso del río se volvía más riesgoso.

A la vez aprendía y colaboraba en los trabajos propios del lugar: labrar la tierra y la elaboración artesanal de los productos del henequén, principalmente tejer hamacas.

Su papá comenta que “era bueno para la Cuma”, lo cual le sirvió poco después en las chapodas de las fincas de café en los cafetales del departamento de San Miguel, donde tuvo que trabajar cuando en una ocasión se fue de la casa. Esto ocurrió cuando Octavio tenía 13 años, que buscando salir de la situación de pobreza y dejándose llevar ya por la incipiente adolescencia y espíritu de aventura, se fue junto con su vecino Ciriaco a las cortas de café, tan comunes entonces y ocasión aprovechada por gran cantidad de campesinos para ganar algunos centavos extra, para sobresalir de las calamitosas situaciones económicas. Eso pasó sin el conocimiento ni consentimiento de sus papás. Su papá lo fue a buscar, pero dicho esfuerzo fue infructuoso.

Luego en esa misma ocasión, en septiembre de 1956, se fue a buscar trabajo al occidental departamento de Santa Ana. En dicha búsqueda se encontró con alguien que le preguntó sobre “que andaba haciendo”, él le dijo que buscando trabajo. Viendo la situación de la edad y las condiciones en que andaba aquel muchacho, dicha persona le hiso saber que por ahí había un sacerdote que recogía niños de la calle, era el padre Matías Romero. Así fue conducido hacia el P. Romero

Efectivamente, aunque mintiéndole sobre “el ser huérfano”, el sacerdote lo recibió en su hogar. Ya estando ahí, Octavio le contó que tenía papás. Entonces el sacerdote lo mandó a su lugar de origen, a Cacaopera, donde su papá para que le sacaran partida de nacimiento y poder estudiar.

Hecho lo anterior, su papá Alejandro fue con Octavio donde el padre Matías a Santa Ana. Permaneció ahí durante el quinto y sexto grados (dos años).

2-Octavio en el hogar del Niño Santaneco y su vocación Sacerdotal

El Dr. Matías Romero, escribió en su obra literaria “DIARIO INTIMO DE UN SACERDOTE”, la historia de la creación de este hogar para niños y menciona que, junto a la Legión de María y utilizando al inicio las instalaciones del convento de Catedral, atendieron a niños que vivían en las calles y acerca de cómo cada uno de ellos era un caso tremendo y complicado. Luego rentó una casa en la Séptima Avenida Norte, No 9 (una cuadra al norte de Catedral), emprendiendo la fundación del “HOGAR OBRERO CRISTIANO”. Dicho nombre fue cambiado después por los benefactores por el de “Hogar del Niño Santaneco”.

(Cf.Matías Romero, “Diario Intimo de un sacerdote”, pags. 520 y ss).

Continúa narrando el Dr. Matías Romero en su Diario:

“Dejadas a un lado las incontables anécdotas de la vida rutinaria, lo que constituyó con el tiempo el hecho principal y para nosotros la desconocida razón de ser del hogar fue la vocación del niño

OCTAVIO ORTÍZ LUNA.

Llegó a nuestra casa a la edad de trece años el día 27 de septiembre de 1956. No sé quien lo halló perdido en el Volcán de Santa Ana y le enseñó el camino del recién fundado hogar de niños huérfanos. Pronto se destacó entre nosotros por su ejemplar conducta y su estabilidad de carácter. El día 22 de diciembre, sábado, fuimos con todos los niños a nuestro programa de la Y.S.D.R. y Octavio leyó palabras de felicitación de Navidad para los amigos bienhechores. El 26 le permitimos ir a su pueblo, Cacaopera, para que sacara su partida de nacimiento, su fe de bautismo y sus certificados de escuela. Decía “posiblemente llegaré el 12.” Regreso el 9. El 22 de marzo (1957) le celebramos su cumpleaños. ¡Ya hacia finales de ese mismo mes, da los primeros pasos para ver la posibilidad de su ingreso al seminario, advirtiéndole a Mons. Barrera que Octavio no era como los demás niños.

El 4 de diciembre, miércoles, se le dieron ocho días de permiso para ir a tratar el asunto con sus padres y exactamente al miércoles siguiente estaba de regreso, trayendo consigo a su papá, a su mamá y a un hermanito menor. Gentes humildes, típicos campesinos, con una honorabilidad y nobleza naturales. Fuimos con ellos a hablar con Mons. Barrera y él nos dijo que quedaba admitido en el Seminario. ¡Indescriptible era el gozo en mi corazón! Aquello era cosechar la primera rosa para Dios en el jardín de mis hijos del alma. El viernes 13 regresaron los papás y el hermanito de Octavio a Cacaopera. El 20 de enero del año siguiente (1958), acompañado de tres de sus compañeros (Alvarado, Retana y Napoleón) fui a entregarlo al Seminario. Y escribía yo en el diario estas palabras: “en medio de tantas penas y fracasos, podemos decir que no todo es malo. El gran fruto del hogar es Octavio”.

“Hasta aquí llegó Octavio para nosotros. De allí en adelante le perteneció a Dios” Yo lo perdí de vista y solo por terceras personas me enteré de que por fin se ordenó sacerdote.

Fue hasta el año 1979, cuando, ocupado en recoger melancólicamente mis recuerdos, una noticia triste, aunque confusa al principio, me hizo volver a los tiempos del hogar. Cuando el día sábado 20 de enero, toda la República se estremecía con la noticia de que un sacerdote y cuatro jovencitos habían sido asesinados”. (Cf. Matías Romero, op. Cit. Pag. 532. 2-6).

Su juventud transcurrió entre el estudio realizado en el Seminario Menor de Santa Ana y su integración en la familia. Estando en el Seminario Menor de Santa Ana, una enfermedad le impidió poder continuar allá, por lo que los formadores lo enviaron de regreso a su casa. Aunque ese período de “estar fuera” fue corto. Luego encontró otra oportunidad para retomar los estudios en otra institución de la Iglesia, donde continuó en sus años de adolescencia y juventud.

1-Vida de Seminario Menor

Estando una vez en una misa en Osicala, Morazán, llegó el sacerdote de la Orden franciscana, el P. Santajuliana, alguien le presentó al muchacho Octavio, mencionándole que “había sido seminarista”. El sacerdote le dirigió la pregunta “¿te cansaste de estar en el seminario?”. Octavio le respondió que no.

Sin dejar pasar más tiempo, el padre le condujo a la ciudad de San Miguel para hablar con Mons. Machado. Ahí estaba un conocido de la familia, el P. Fausto Ventura; él les dijo que había que pagar una cuota mensual, la cual, por ser pobres, sería de 40.00 colones al mes.

El Seminario Preparatorio funcionaba entonces en San Juan Opico donde el encargado era Mons. Modesto López. Estuvo ahí por un año donde terminó sexto grado.

Inmediatamente después, sin sacar el bachillerato, lo aceptaron en el Seminario San José de la Montaña, en San Salvador, el 2 de febrero de 1962, donde permaneció 11 años.

2-Vida en el Seminario Mayor

Durante el tiempo en el Seminario Mayor, hacia los últimos años, tuvo algunas dificultades por diferencia de pensamiento con la jerarquía. Según contó el P. Octavio, Mons. Luis Chávez y González ordenó la asistencia de los seminaristas a la toma de posesión del presidente Fidel Sánchez Hernández. Los seminaristas reunidos decidieron no atender aquel mandato, pues eso era hacerse cómplice con quien se muestra católico con el pueblo y después oprime a la gente.

Esa actitud de los seminaristas hizo que la Conferencia Episcopal sospechase que los padres jesuitas, hasta entonces encargados de la formación en el seminario, estaban introduciendo en los seminaristas ideas no convenientes sobre la autoridad y empujándolos a la desobediencia.

Dado que el Seminario Mayor fue cerrado debido a las discrepancias surgidas entre los obispos y las líneas de formación aplicadas por los padres jesuitas, el entonces obispo de San Miguel, Mons. Eduardo Álvarez, dijo que los iba a enviar a otros países para concluir los estudios. Ante lo cual, Octavio consideró que no valía la pena, solo por un año que le faltaba hacer tanto gasto e irse lejos. Por lo cual, concluyó sus estudios con los padres jesuitas y a la vez, realizaba trabajo pastoral con las Comunidades Eclesiales de Base, quienes, cuando llegó el momento de la ordenación, pidieron que no fuera en Catedral sino en la iglesia donde ellos se reunían, en San Francisco Mejicanos.

3-Situaciones políticas

La situación era ya difícil. Estaban en ebullición las organizaciones populares, tanto de campesinos como de obreros,. Maestros y estudiantes.

La iglesia estaba entrando en una interesante etapa de acción pastoral, con la que se procuraba responder a las demandas del momento. La fuente de inspiración estaba en la misma doctrina oficial de la Iglesia, principalmente en los documentos del Vaticano II y de Medellín de 1968. Las Comunidades Eclesiales de base, el gran aporte pastoral y evangelizador de la Iglesia latinoamericana, estaban en su pleno desarrollo y apogeo. El privilegio y prioridad que se otorgaba a la lectura de la palabra de Dios para iluminar la situación social, como el buscar las estrategias de acción para ir transformando esa situación que contradecía el proyecto del reino de Dios que Jesús vino a inaugurar, hizo que muchos sacerdotes y laicos adquirieran un profundo compromiso transformador y profético en ese momento.

Esas opciones y métodos pastorales estaban mal vistos por los regímenes militares de turno, quienes se inspiraban en la doctrina de la seguridad nacional.

El P. Octavio, luego de ser ordenado sacerdote, continuó en la línea de trabajo tal como había sido formado, que era la más común pero también la más riesgosa entonces, y así, con su Biblia en la mano y acompañando las comunidades, fue mártir de esa opción pastoral que no gustaba a las opresoras fuerzas del mal comandadas por el Coronel Romero.

4-Ordenación y primera misa

Lo ordenó Mons. Oscar Arnulfo Romero el 9 de marzo de 1974 en la iglesia San Francisco de Mejicanos (curiosamente, cinco años después, sería sepultado en esa misma iglesia) ¡Es la primicia de mi episcopado! (dijo Mons. Romero en la homilía del 21 de enero de 1979). Celebró su primera misa el 10 de marzo en la parroquia de Cacaopera, con la presencia de los padres de San Francisco Gotera y los padres Belgas, con quienes había colaborado en Zacamil, San Salvador. Ese era día de elecciones presidenciales y mucha gente no fue a votar por ir a la primera misa del nuevo sacerdote.

Inició su labor sacerdotal en San Francisco de Asís, de Mejicanos, en la Zacamil y en San Antonio Abad. Trabajaban en equipo cinco sacerdotes: Guillermo, Luis, Rogelio, Pedro (de origen belga), y el padre Octavio, salvadoreño.

Todos los días solían reunirse a la hora del almuerzo para coordinar el trabajo y estar en constante comunicación. El período de trabajo fue durante cinco años. El P. Octavio vivía en la parroquia San Francisco, Mejicanos; de ahí salía para los otros lugares. Los otros cuatro sacerdotes vivían en Zacamil.

Mons. Romero describe el último día del P. Octavio (homilía del funeral).

“Por la mañana, trabajando con los organizadores de la semana de identidad sacerdotal, para hacer una síntesis del rico mensaje que nos dejó esa semana; y por la tarde, en una reunión pro Seminario que yo presidí, Octavio fue el que llevaba la coordinación. Con una gracia muy especial sabía él llevar estas juntas y resultaban muy fructuosas. De ahí salió para San Antonio Abad a celebrar la misa del patrono y, a continuación por la noche, a inaugurar o a dar puntos de reflexión a los 30 y tantos jóvenes reunidos en la casa de retiro “El Despertar”, a los cuales la madre Chepita después concretaba con dos preguntas la reflexión espiritual, a la hora en que se tenían que levantar el día en que El Despertar fue horrible .”

5-El asesinato del P. Octavio

“El sábado 20 de enero de 1979. Día sumamente trágico. Amaneció con la noticia de que había habido un operativo militar en el local de El Despertar, de la parroquia de San Antonio Abad. En esta casa se llevaban a cabo frecuentemente, convivencias para profundizar en la fe cristiana. El padre Octavio junto con la hermana Chepita, como le llaman a la religiosa belga que allí trabaja, dirigían un encuentro de iniciación cristiana. Eran como cuarenta jóvenes. Pero al amanecer hoy, la Guardia Nacional, con una fuerza de violencia, izo estallar una bomba para romper la puerta y luego violentaron la entrada con tanquetas y disparando. El Padre Octavio, al darse cuenta se levantó, pero no encontró más que la muerte, lo mismo que otros cuatro jóvenes. Los demás del grupo, incluyendo a las dos religiosas, fueron llevados al Cuartel de la Guardia Nacional. El asesinato del padre Octavio y de los otros cuatro jóvenes no lo conocimos sino hasta en la tarde, cuando ya el cadáver del padre y de los otros jóvenes habían sido llevados a la morgue del cementerio. El rostro del padre Octavio estaba sumamente desfigurado; parecía aplastado por un enorme peso que debió pasar por encima. Lo llevaron a la funeraria La Auxiliadora, lo mismo que a los otros tres jóvenes, ya que uno de ellos había sido recogido por su familia, pero de estos tres todavía no se habían identificado a sus familiares. Por nuestra parte los llevamos a la funeraria para que los arreglaran y luego los llevaríamos a la Catedral para la velación, donde serían reconocidos por los familiares y se harían cargo de ellos. Por la noche fue llevado este cortejo trágico, fúnebre a la Catedral. Allí había mucha gente, la Catedral estaba casi llena, orando mucho por los difuntos y dirigiendo mensajes evangélicos a la muchedumbre. Yo llegué como a las once de la noche. La muchedumbre me recibió con un aplauso. Yo dirigí un responso en sufragio del padre Octavio y de los otros jóvenes y dirigí también la palabra para orientar de cómo se iba a proceder al día siguiente. Les invité a todos para la misa de ocho en la Catedral a la que asistirían todos los sacerdotes, quienes dejarían sus horarios ordinarios de domingo para concurrir a esta concelebración por un hermano sacerdote”.

MISA DEL FUNERAL

Domingo 21 de enero de 1979. (Cfr. Mons. Romero. Su Diario).

“La mañana la llena la hermosa concelebración de la Catedral. Más de cien sacerdotes alrededor del féretro de su hermano difunto, el padre Octavio. Allí estaba también los ataúdes de los otros tres jóvenes que fueron recogidos por la iglesia de la morgue del cementerio.

No pudo celebrarse la misa dentro de la Catedral, sino que se organizó en la calle y en el parque. A la hora de comenzar la misa estaba sumamente repleto, una concentración que emocionó a todos, sobre todo por la participación piadosa con que todos seguían esta plegaria por los difuntos. Estuvo a mi lado un representante del obispo de Cleveland, lo mismo que otros sacerdotes norteamericanos. Al predicar la homilía, hice un análisis del crimen del padre Octavio y de sus cuatro compañeros de sacrificio. Hice un llamamiento a usar la racionalidad antes que la violencia y la fuerza. Protesté por este atropello a la dignidad de nuestra Iglesia. Recordé la pena de excomunión en que han caído los autores intelectuales y materiales de este crimen sobre el sacerdote. Entre la muchedumbre había gente de todas las parroquias de la arquidiócesis y también representantes de muchas comunidades de otras diócesis. El féretro del padre, lo mismo que de los otros jóvenes se introdujeron nuevamente a Catedral después de la misa, para seguir recibiendo ese cariño de oración y de contemplación con que desfilaban ante ellos nuestros fieles”.

Su entierro (Cf. Mons. Romero. Su Diario)

“La comunidad de San Francisco, Mejicanos, pidió el cadáver del padre para sepultarlo en su iglesia. Y, después de dialogar sobre esta situación procurando que evitaran cualquier provocación o una manifestación de violencia, lo llevarían privadamente. Ese cuerpo les pertenece a ellos, ya que allí fue ordenado sacerdote y allí trabajó los cinco años de su ministerio. Por la tarde, ya había sido trasladado el cadáver del padre Octavio a su parroquia de San Francisco, en Mejicanos y fui a presidir la concelebración. Había unos cuarenta sacerdotes y la muchedumbre era inmensa. Era incapaz la calle frente a la iglesia de contener el numeroso acceso de gente que llegaba de todas partes. Por eso, se concelebró al aire libre y, después de la misa, se volvió a continuar la visita de los fieles al padre Octavio, en unas filas que llegaban hasta la estación terminal de los autobuses de Mejicanos. ¡Una verdadera manifestación espléndida de solidaridad, de sufrimiento, de amor, de entrega a la causa de Jesucristo! La muchedumbre estuvo sumamente cariñosa con los sacerdotes y con su obispo, al que saludaban con aplausos, con beso de manos, etc. Yo terminé esta ceremonia con mucha satisfacción en el espíritu ¡Que bién responden los pueblos cuando se les sabe amar! El padre Octavio quedó en capilla ardiente hasta que terminara el desfile de fieles que todavía era muy numeroso”.

7-Jóvenes asesinados junto al padre Octavio:

DAVID CABALLERO, nació el 12 de julio de 1963. Su padre el Sr. David Salomón Caballero y su madre la Sra. Gloria Cornejo de Caballero. Estudiaba 8º grado en la Escuela Miranda de San Antonio Abad.

ÁNGEL MORALES, tenía 22 años de edad, fue su madre Sra. Prisciana Gómez de Morales y su padre el Sr. Mercedes Morales, quienes viven en Sensuntepeque, y trabajaba como carpintero.

ROBERTO ORELLANA, nació en agosto de 1963, su madre la Sra. María Leonor Sánchez de Orellana, y su padre Mateo Orellana. Estudiaba 8º grado por la noche, en el Instituto Nacional Francisco Menéndez INFRAMEN.

JORGE GÓMEZ, tenía 22 años de edad, su madre, la Sra. María Juárez de Gómez y su padre el Sr. Manuel de Jesús Gómez. Estudiaba 2º año de Bachillerato académico en el Liceo Ruben Darío. Trabajaba como electricista en la Universidad Nacional.

FUENTE: Libro “Testigos de la fe en El Salvador, nuestros sacerdotes y seminaristas diocesanos mártires 1977 – 1993”.

Protestas en Lima

Miles de personas piden la renuncia de Dina Boluarte en una multitudinaria protesta en Lima, Perú

Miles de personas han salido a las calles de la capital de Perú, Lima, para pedir la renuncia de la presidenta, Dina Boluarte, todo ello después de que en los últimos días hayan llegado a la ciudad decenas de caravanas de manifestantes procedentes de regiones de todo el país.

Protestas en Perú – Lucas Aguayo Araos/

Mes y medio después de que tuviera inicio el estallido social en el que se encuentra inmerso Perú y con un balance de fallecimientos que desde el 7 de diciembre rebasa la cifra de los 50 muertos, el paro nacional celebra una jornada de protestas marcada por el fuerte despliegue policial de las autoridades peruanas, con más de 11.000 agentes de seguridad en las calles de la capital.

Las autoridades del país han pedido calma a los manifestantes y han hecho un llamamiento para que expresen sus reclamos de manera pacífica. De hecho, la propia mandataria apeló el pasado lunes a los ciudadanos peruanos a llevar a cabo la ‘Toma de Lima’ «en paz».

Durante la jornada de este jueves se han registrado enfrentamientos entre manifestantes y las fuerzas de seguridad en diversos puntos de la ciudad, así como la quema de mobiliario urbano, el cierre de parte del transporte público, y el lanzamiento por parte de la Policía de gases lacrimógenos en un esfuerzo por apaciguar los disturbios.

El Ministerio de Defensa, por su parte, ha lanzado una advertencia sobre posibles tomas a instituciones públicas y privadas como el Servicio de Agua Potable y Alcantarillado de Lima o antenas de televisión

Jesús y la Nueva Política

Extracto de la obra de Rubén Dri «La utopía de Jesús», donde el autor analiza la relación entre la practica de Jesús y la política emancipadora.

POR  RUBÉN DRI

 Tratar la relación que Jesús tuvo con la política significa enfrentarse a uno de los obstáculos epistemológicos más serios. La práctica de Jesús, en efecto, tradicionalmente ha sido desvinculada completamente de toda actividad política y enmarcada en un ámbito puramente religioso. Debemos, pues, en primer lugar, tratar de dilucidar las principales variantes de esta interpretación apolitizadora de la práctica de Jesús.

Nos encontramos, en primer lugar, con la interpretación tradicional de los medios eclesiásticos, según la cual los ámbitos religioso y político se encuentran completamente separados, de tal manera que la práctica de Jesús hay que entenderla como estrictamente religiosa, sin atisbos de compromiso ideológico y político. En este sentido, se afirma en el documento de Puebla: “El Evangelio de Cristo no habría tenido tanto impacto en la historia sí Él no lo hubiera proclamado como un mensaje religioso, separando la tentación de mezclar “las cosas de Dios” con actitudes meramente políticas” (p.388); por ello, la Iglesia “no necesita (…) recurrir a sistemas de ideologías para amar, defender y colaborar en la liberación del hombre; en el centro del mensaje del cual es depositaria y pregonadora, ella encuentra inspiración para actuar en favor de la fraternidad, de la justicia, de la paz, contra todas las dominaciones, esclavitudes, discriminaciones, atentados a la libertad religioso, opresiones contra el hombre y cuanto atenta contra la vida” (p.411).

En este documento se trata en cierta manera de conectar los dos ámbitos, el religioso y el político, pero de hecho no se logra hacerlo, porque se parte de su sepación. El texto clásico mediante el cual se pretende fundamentar esta separación es la frase mediante la cual Jesús se deshace de sus enemigos cuando le preguntan si es licito pagar el tributo al César, Jesús entonces les dice, luego de pedir que le muestren la moneda: “Lo que es del César, devuélvanselo al César, y lo que es de Dios, a Dios” (Mc, 12, 17). Más adelante analizaremos su significado, que erróneamente se ha tomado para justificar la separación e independencia de los ámbitos religioso y político.

Esta separación de ámbitos ha llevado a algunos pensadores a colocar a Jesús en la categoría de “alma bella”, como hace Hegel, o del “amor acósmico”, como lo hace Max Weber. El “alma bella” es aquella que se retira del mundo por temor a mancharse. “La verdad de los dos opuestos, de la valentía y de la pasividad, se unifica en la belleza del alma, de tal manera que del primero se conserva la vida y se elimina la oposición, mientras que del segundo se conserva la pérdida del derecho sin sufrimientos, una elevación viviente y libre por encima de la lucha”.

El alma bella, por una parte, es valiente, pues se requiere una gran fuerza de voluntad para el auto renunciamiento; pero, por otra, es pasiva, no participa de las luchas reales del mundo. Es una “elevación” “por encima de la lucha”, “como una planta hipersensible se retrae más y más en sí misma cada vez que alguien la toca. Antes de convertir la vida en su enemigo, antes de suscitar frente a si un destino (particular), huye de la vida”. Esta huida de las luchas de la vida, este recontrarse en la pura interioridad, hará posible el tener el corazón siempre abierto a la reconciliación, el perdonar todo, incluso a los enemigos, el no juzgar a los demás.

De esta manera, el alma se encuentra en su refugio más íntimo, ante el que desaparece toda exterioridad como tal.”3 Naturalmente que se desinteresa completamente del Estado, de la política, de los problemas sociales, depurándose continuamente a sí misma. Pero de esa manera no se transforma en la figura más rica de la conciencia sino en “su figura más pobre, y la pobreza, que constituye su único patrimonio, es ella misma un desaparecer”.

Ello es así porque “le falta fuerza de la enajenación, la fuerza de convertirse en cosa y de soportar el ser. Vive en la angustia de manchar la gloria de su interior con la acción y la existencia; y para conservar la pureza de su corazón, rehúye todo contacto con la realidad y permanece en la obstinada impotencia de renunciar al propio sí mismo llevado hasta el extremo de la última abstracción”. “Ha renunciado a toda acción, su obrar es un anhelar” de tal manera que “arde consumiéndose en sí misma y se evapora como una nube informe que se disuelve en el aire”.

“La práctica de Jesús, en efecto, tradicionalmente ha sido desvinculada completamente de toda actividad política y enmarcada en un ámbito puramente religioso”

En sentido parecido, Max Weber interpreta la práctica de Jesús como perteneciente, junto con la de Buda, al tipo de “amor acósmico”, amor que se salta todas las barreras interpuestas por lo económico, lo social y lo político. Jesús no habría estado “interesado en absoluto en las reformas sociales en cuanto tales”6, sino que se ocupa de éstas en cuanto la injusticia provoca la ira de Dios, punto central de su pensamiento y preocupación.

“La experiencia universal que nos enseña que el poder engendra poder” habría dado origen “a la exigencia radical de la ética fraternal común al budismo y a las predicaciones de Jesús: no resistir al mal con la violencia”7. De esta manera se produce realmente la identificación de Jesús con Buda, y la interpretación de la famosa distinción entre Dios y el César como una expresión de “absoluta indiferencia por las cosas de este mundo”8. Por cierto, que no es la primera vez que se identifica la práctica de Jesús con la de Buda. Ya Nietzsche lo había hecho, subrayando, sin embargo, que en este sentido el budismo es mucho más coherente que el cristianismo.

Línea Profética-Apocalíptica y dilema de Jesús

Antes de enfocar directamente la actitud de Jesús frente a la política, es necesario echar un vistazo a la actitud frente a la misma que tuvieron los profetas y los autores del Apocalipsis, porque, como hemos considerado, la opción de Jesús es clara y definitivamente profética y asume rasgos apocalípticos fundamentales.

En cuanto a los profetas, no cabe la menor duda sobre su participación política. Más aún, ellos, debido al contexto monista en el que se movían, no podían concebir un ámbito religioso que no estuviese íntimamente conectado con el político. El Reino, meta final de su concepción de la historia, si significaba la plenitud de la presencia de Yavé, su reinado sin ningún tipo de limitaciones, también y esencialmente significaba la plenitud de la liberación, y en primer lugar la liberación política, que para los más radicalizados era la liberación de la monarquía.

En el horizonte de su pensamiento siempre está presente la confederación, la destrucción de los aparatos burocráticos; del ejército, con sus carros de guerra y sus caballos, con sus levas, con sus depredaciones; de los impuestos que el Estado exige para el mantenimiento de la corte y del ejército y para la construcción de las obras públicas; de la esclavitud por deudas en la que caían los pequeños campesinos; del crecimiento de los latifundios.

Esta actitud materialista, profundamente política, estaba en todos los profetas, si bien se presentaba con un grado de más radicalidad en los del norte, como Elías, Amós y Oseas, que en los del sur, más cercanos al poder real, si bien aquí se dan casos de radicalización extrema, como el de Miqueas. Pero en todos la realización del Reino implicaba la liberación en el ámbito político. Para algunos como Miqueas y Oseas, ello significa la destrucción del Estado monárquico y la refundación de la confederación. Para otros, como Isaías, en cambio, significa un Estado monárquico justo.

En los escritores del Apocalipsis, las posiciones se radicalizan. El Estado monárquico es el gran monstruo que será destruido. Ya no habrá reyes, nobles, ni palacios. “Ya no habrá más nobles, ni se nombrarán nuevos reyes, pues todos los príncipes habrán desaparecido. En sus palacios crecerán las zarzamoras, y en sus castillos las ortigas y los cardos. Serán una guarida de lobos, y un escondite para los avestruces. Allí se juntarán los gatos salvajes con los pumas… Allí tendrá su cueva la serpiente” (Is. 34, 12-15).

Resurge en los apocalipsis el tema del reconocimiento de Yavé como único Señor: “Otros señores fuera de ti nos han dominado, mas no recordaremos otro nombre que el tuyo, a ti solo conoceremos. Han muerto y no vivirán y sus sombras no se levantarán, pues los has castigado y exterminado, has borrado hasta el recuerdo de su nombre” (Is. 26, 13-14).

No se puede negar, sin embargo, que frente a esta poderosa vertiente profético-apocalíptica que ve la realización del Reino en la eliminación del estado monárquico, y, en consecuencia, a los humildes, los pobres, como sujetos de la liberación, se alza otra, la vertiente mesiánico-davídica, que ve en un rey al estilo David, más aún, perteneciente a la estirpe de David, al autor de la liberación.

Podemos hablar, pues, de una línea profética que mayoritariamente ve en los pobres el sujeto del Reino, y en la eliminación del Estado monárquico la realización plena de la liberación. Hay variantes matizadas, pero podemos poner estas características como propias de la corriente profético-apocalíptica. Esta línea encontrará su expresión gráfica en la figura del Mesías-siervo que describe el Deutero-Isaías.

Frente a ella se alza la otra línea, la davídica, la del Mesías-rey, según la cual el Mesías ha de ser un rey con todos los atributos y los poderes de tal, que ha de poner al servicio de la liberación del pueblo.

Menester es tener presentes estas dos líneas, ambas con fundamento en la Biblia, para entender las tentaciones de Jesús en el desierto. Trataremos de ver que se trata de optar entre ambas líneas de acción, y Jesús o las primeras comunidades cristianas interpretaran que una de ellas, la del Mesías-rey, constituye una verdadera tentación que es necesario rechazar.

“Una línea profética que mayoritariamente ve en los pobres el sujeto del Reino, y en la eliminación del Estado monárquico la realización plena de la liberación”

Jesús y el poder de las clases dominantes

Los tres sinópticos colocan las tentaciones en el desierto, espacio mítico, lugar ambivalente, habitado tanto por Dios como por el demonio. El desierto es el caos que rodea al cosmos de Palestina. Desde el desierto irrumpían en los lugares habitados de Palestina los beduinos, con sus secuelas de rapiña, violaciones, sufrimiento y muertes. Éste es el aspecto del desierto que aquí le interesa al evangelista.

Allí es llevado Jesús por el Espíritu y tentado (peiradsómenos) por el demonio (Lc. 4, 2). “Ser tentado” aquí significa ser puesto a prueba. Para que haya efectivamente tentación no es suficiente una incitación externa, sino que es necesario que en el interior del hombre tentado la incitación encuentre una determinada inclinación a una respuesta positiva. Si sólo se da una incitación externa, propiamente no existe la tentación: una invitación a beber vino no es una tentación si el invitado no siente alguna inclinación por esa bebida; una invitación al baile no es una tentación para quien no experimenta placer al bailar; una invitación a leer una novela no es tentación para quien no tiene inclinación a tal género de lectura.

Aclaramos esto porque el estereotipo religioso de Jesús implica su absoluta inmunidad a cuantas solicitaciones puedan venir de fuera si no están absolutamente de acuerdo con la misión que debe realizar. Los Evangelios nos hablan de tentaciones, y en consecuencia tomamos en serio el pasaje, tratando de analizar en qué consistieron tales tentaciones.

Tanto Mateo como Lucas – los únicos que las desarrollan, pues Marcos sólo las nombra- nos hablan de tres tentaciones. Así presenta la primera Lucas: “El diablo dijo entonces: -Si eres Hijo de Dios, manda a esta piedra que se convierta en pan-… Pero Jesús le contestó: -Dice la Escritura: El hombre no vive solamente de pan-“ (Lc. 4, 3-4).

Si nos fijamos bien en la propuesta o tentación del demonio, ésta consiste en que Jesús manifieste su naturaleza de Hijo de Dios mediante una demostración de poder. Ser Hijo de Dios Significa, en primer lugar, antes que todo, tener poder. Si Jesús demuestra que tiene poder suficiente como para convertir las piedras en pan, con ello habrá demostrado que es el Hijo de Dios, el verdadero Mesías.

Si tenemos presente la práctica mediante la cual Pedro reconoció a Jesús como Mesías, nos daremos cuenta del abismo existente entre esta concepción que ubica al Mesías como un ser dotado de un poder extraordinario, semejante a los héroes o semidioses griegos, y la que lo ubica como un ser capaz de realizar la práctica del don.

Precisamente en las escenas que describen la práctica del reparto del pan se intercala una que está directamente relacionada con la tentación del demonio que estamos considerando. En efecto, “se acercaron los fariseos para discutir con él, y le pidieron una señal del cielo como prueba. Jesús, suspirando profundamente, les dijo: “Por qué esta gente pide una señal? Yo les aseguro: No se dará a esta gente ninguna señal” (Mc. 8, 11-12). Una señal del cielo es una demostración de fuerza, de poder. Lo que el demonio le pidió en el desierto es lo que ahora le piden los fariseos. Demonios y fariseos tienen la misma concepción del Mesías. Éste ha de ser un señor poderoso, más poderoso que todos los reyes de la tierra. Por ello le exigen a Jesús una señal de su poder.

Con más claridad todavía aparece el sentido de las tentaciones en la segunda escena: “Habiendo llevado a una altura, le mostró todos los reinos de la tierra (tés oikuoménés) en un instante de tiempo; y le dijo el diablo: “Te daré todo este poder y su gloria, porque a mí me ha sido entregado y a quien quiero se lo doy. Si pues, te postrares ante mi todo será tuyo”. Respondiendo Jesús, le dijo: “Escrito está: Al Señor tu Dios adorarás y a Él solo darás culto” (Lc. 4, 5-8).

El demonio habla aquí de “todos los reinos de la tierra”. A él le pertenecen, pues todos están basados en el poder y la acumulación de los sectores dominantes. El poder (eksousía) va acompañado de gloria (dóksa) o prestigio. Poder y prestigio significan también riqueza. Riqueza, poder y prestigio. Bienes inestimables que están en manos del demonio. Éste no es otra cosa que la conjunción de los tres. Basta adorarlos, quererlos por sí mismos, no importa cuántos crímenes, cuántos atropellos deban cometerse para alcanzarlos. Pero se requiere adorarlos.

“Si nos fijamos bien en la propuesta o tentación del demonio, ésta consiste en que Jesús manifieste su naturaleza de Hijo de Dios mediante una demostración de poder. Ser Hijo de Dios Significa, en primer lugar, antes que todo, tener poder”

Finalmente, “lo llevó a Jerusalén, lo puso sobre el alero del templo y le dijo: ¨Si eres Hijo de Dios, échate de aquí abajo; porque está escrito: A sus ángeles te encomendará para guardarte, y: En sus manos te llevarán para que no tropiece contra una piedra tu pie¨ Pero Jesús le replicó: ¨Se ha dicho: No tentarás al Señor, tu Dios¨” (Lc. 4, 9-12).

La escena se conecta directamente con la primera. Jesús debe probar que es el Mesías, que es el Hijo de Dios, haciendo una demostración de fuerza. Esta vez se trata de un acto espectacular que todos verán y aplaudirán, un verdadero acto de superhombre. Llama la atención que después de la insurrección popular que Jesús lidera, los “sacerdotes jefes, los escribas y los ancianos le preguntan ¨Con qué autoridad haces estas cosas?¨” (Mc. 11, 28).

El termino griego que emplea Marcos es eksousía que aquí hemos traducido por “autoridad” y que en las escenas de las tentaciones traducimos por “poder”. De hecho, se trata de que Jesús debe mostrar poder para tener autoridad frente a la sociedad, o sólo tendrá autoridad, es decir, poder aceptado socialmente, si demuestra que tiene poder.

De esta manera los fariseos, los sacerdotes jefes, los escribas y los ancianos son asimilados al demonio. Todos ellos conforman una constelación de intereses que se enfrentan a Jesús como obra del demonio. Jesús, si quiere obrar con autoridad, debe mostrar ante ellos su poder. Pero él rechaza este poder. Es obra del demonio.

De esta manera, recoge la tradición profética que siempre se opuso al poder opresor. Es el caso de Moisés enfrentándose al poder del faraón; de Elías, enfrentándose al poder de Ajab y Jezabel; de Amós, luchando contra el poder de jeroboam. Así también Jesús rechaza el poder del demonio, que es el de Herodes al que Jesús despectivamente denomina “zorra” (Lc. 13, 32); que es el del César que debe ser echado fuera, al que no hay que pagarle tributo (Mc. 12, 17); que es el de los jefes de Israel, ciegos que guían a otros ciegos, a los que la viña les será quitada y entregada a otros (Mc. 12, 9).

Jesús se opone terminantemente, sin concesiones, al poder de las clases dominantes. Un primer problema que ahora se nos plantea es en qué sentido este poder pudo ser para Jesús una tentación. Evidentemente no podemos suponer que fue tentado por él para oprimir a las clases dominadas, a los campesinos y al pueblo pobre en general; pero sí en cambio por la oportunidad de aprovechar ese poder para realizar la liberación del pueblo, o, en otras palabras, para apresurar el advenimiento del Reino.

A los hombres idealistas, a los revolucionarios, cuando realmente están entregados a la causa, como es el caso de Jesús, el aprovechar las oportunidades que puede dar el poder dominador constituye una verdadera tentación. ¿Por qué estar luchando desde el llano, con medios escasos o insuficientes, cuando se puede aprovechar la oportunidad de manejar resortes de poder que ponen al alcance de la mano abundancia de medios con los cuales apresurar el proceso de liberación? Es ésta una verdadera tentación a la que muchos revolucionarios e idealistas han sucumbido a lo largo de la historia.

Jesús se encuentra frente a dos tradiciones firmemente asentadas en la Biblia, como hemos visto. La tradición propiamente profética, la del Mesías-siervo, que supone que la liberación, el advenimiento del Reino de Dios, se ha de hacer desde abajo, con la práctica de los pobres; y la del Mesías-rey davídico, que supone que el Reino ha de llegar por la acción fulgurante y llena de fuerza de un Rey. Se trata en este caso de una acción a realizarse desde arriba, desde el poder y la fuerza. Por otra parte, ésta era la línea en la que creían los zelotes, el partido más importante de los sectores populares.

¿Por qué motivo Jesús considero que esta posibilidad era una verdadera tentación del demonio, y no una posibilidad real de obrar para apresurar la venida del Reino? Aquí sí es pertinente la observación sobre el círculo diabólico del poder. El poder de las clases dominantes es esencialmente corruptor porque se basa en la opresión. Entrar en él es entrar en el círculo opresor-oprimido y la opresión se introyecta en el mismo sujeto que se transforma en opresor para liberar.

Jesús, retomando la línea profética, rechaza el entero ámbito de la opresión. La figura del rey davídico como liberador del pueblo, o es un engaño de las clases dominantes, o es un espejismo de los dominados que, en su impotencia, sueñan con el superhombre que los ha de liberar. Jesús condenó a tales liberadores: “Los reyes de las naciones se enseñorean de ellas y los que ejercen la autoridad sobre ellas se llaman bienhechores” (euérgetai) (Lc. 22, 25).

El pueblo de Israel tenía muchos dirigentes, muchos conductores, todos ellos conocedores de la Biblia, pero Jesús los ve “como ovejas sin pastor” (Mc. 6, 34) pues en vez de pastorear las ovejas las oprimen: ve que las autoridades, en vez de cultivar la viña (Mc. 12, 1-11) la explotan. Así es siempre el poder de las clases dominantes.

“La tradición propiamente profética, la del Mesías-siervo, que supone que la liberación (…) se ha de hacer desde abajo, con la práctica de los pobres; y la del Mesías-rey davídico, que supone que el Reino ha de llegar por la acción fulgurante y llena de fuerza de un Rey”

¿Significa ello que Jesús renuncia a todo poder? ¿Se apartará por lo tanto él de toda acción política, puesto que la política necesariamente entraña búsqueda del poder o ejercicio del mismo? ¿Será cierto que Jesús se proclama completamente indiferente frente a este mundo dominado por la política? ¿Será un “alma bella” que se rehusará a obrar para no mancharse? ¿Habrá separado tajantemente su acción como acción religiosa, referida enteramente a Dios, de la acción política, referida al César? Es lo que debemos pasar a considerar.

Jesús y el poder de los pobres

En las respuestas al tentador, Jesús siempre recurre al Deuteronomio, el libro que concibe a la sociedad con la lógica del sistema de la deuda-don. El demonio le habla con la lógica de la acumulación. En las tentaciones, el tema central es el poder, que supone necesariamente riqueza, poder y prestigio (mammón, eksousía, dóksa). Jesús le responde con otra lógica, la del don o reparto.

En efecto, frente a la invitación a la demostración personal, individual de fuerza de convertir la piedra en pan, Jesús acude al poder de Dios: “El Hombre no vive solamente de pan” (Lc. 4, 4). Mateo Completa la frase del Deuteronomio: “Sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mt. 4, 4).

El texto del Deuteronomio está ubicado en el contexto de la travesía del desierto, donde el pueblo fue probado en su fidelidad al sistema del don sintetizado en el Decálogo. Ésta es la frase en su contexto: “Cuiden de cumplir con los mandamientos que hoy les ordeno, para que puedan vivir y ser numerosos y conquistar la tierra que prometió Yavé con juramentos a sus padres. Acuérdate de todos los caminos por donde te ha conducido Yavé, tu Dios, en el desierto, por espacio de cuarenta años para probarte y humillarte y conocer lo que había en tu corazón: si ibas o no a guardar sus mandamientos. Y después de tus pruebas, cuando pasaste hambre te dio a comer maná, que ni tú ni tus padres habían conocido, para mostrarte que no sólo de pan vive el hombre, sino todo lo que sale de la boca de Dios es vida para el hombre” (Dt 8, 1-3).

El lugar de la tentación es el desierto. Ya sabemos el motivo. Es el lugar del caos. Allí habitan tanto el tentador como Dios. También el pueblo, durante su travesía, fue tentado; pero entonces por Yavé, para saber si era capaz de vivir de acuerdo con la lógica del don, o sea, de las diez palabras o decálogo. La abundancia no se crea mediante el acto individualista del Superhombre, sino con el cumplimiento del decálogo, mediante la mutua donación que es también donación del hombre a Dios y de Dios al hombre. El problema del hambre no se soluciona haciendo un milagro para satisfacer el hambre individual, ni, como se lo hará entender más tarde a los discípulos, llevando dinero para comprar pan – pues ello significa acumulación individual – sino siendo fieles a Dios, es decir a las diez palabras, al amor a Dios y al prójimo, o, en otros términos, compartiendo.

A las otras dos tentaciones, la de adorar al demonio para recibir el poder y la gloria de todos los reinos de la tierra, y la de arrojarse desde lo alto del Templo, para que todo el pueblo admire el poder de Jesús al caer a tierra sin el menor daño, Jesús responde con frases que pertenecen al capítulo sexto del Deuteronomio. El tema de este capítulo es la observancia del decálogo que fue formulado en el anterior, y especialmente el amor a Yavé. Allí se dice al pueblo: “Escucha, pues, Israel, guárdalos (a los mandamientos o palabras) y ponlos en práctica. Así te irá bien y te multiplicarás en esta tierra que mana leche y miel, como lo prometió Yavé, el Dios de tus padres” (Dt. 6, 3). Como se ve, la abundancia está ligada a la observancia de las diez palabras, o sea, a la práctica del don.

Luego, desde el versículo 10 al 19, el tema está centrado en el amor que se debe a Yavé, el único, con exclusión de todos los demás dioses. “Temerás a Yavé tu Dios, a él servirás e invocarás su nombre si debes hacer algún juramento. No vayas tras otros dioses… No pondrás a prueba a Yavé, como lo hiciste en el desierto. Guarda los preceptos, los mandamientos y las normas que te ha dado. Haz lo que es recto y bueno a los ojos de Yavé, para que seas feliz. Haz lo que es recto y llegues a tomar posesión de la espléndida tierra que prometió con juramento a tus padres, pues él destruirá delante de ti a tus enemigos” (Dt. 6, 13-14; 16-19).

Las tentaciones del demonio quieren sacar a Jesús de esta lógica del don, lógica comunitaria, según la cual los hombres deben vivir los unos para los otros, de acuerdo con las normas del berith. En este vivir de los unos para los otros, está el vivir para Yavé, el cual a su vez vive para la comunidad, para el pueblo. Todo esto es posible cumpliendo los mandamientos.

Jesús no ha de adorar un ídolo, el demonio que es aquí el poder y el prestigio, pues ello sería adorar a otros dioses frente al único Señor que solo puede ser Señor, paradójicamente en el espacio de la liberación que es mutuo don: no puede “tentar” a Dios queriendo utilizarlo para su beneficio personal, manipulándolo mágicamente. Jesús retoma la lógica del don a la que está prometida la “tierra que mana leche y miel”.

De esta manera él no renunció a todo poder, sino sólo al poder idolátrico, el de las clases dominantes, para optar por otro poder, el de Yavé, que solo se realiza en el seno del pueblo pobre, por cuanto Yavé, por medio del berith, sólo actúa por medio de su pueblo. Frente al poder que viene de arriba, el poder opresor que encierra en su diabólico circulo a quien lo toca, el poder que viene de abajo, poder liberador, el poder del amor de los oprimidos.

Es éste el poder del que hizo uso Moisés para liberar al pueblo hebreo. Él participa del poder de los opresores, pues pertenecía a la corte del faraón. Pero no pudo aprovechar esa situación para la liberación del pueblo oprimido. Para ello hubo de cambiar de lugar social, pasarse a los oprimidos. Allí encontró a Yavé y todo su poder liberador, con el cual pudo conducir al pueblo hasta las puertas de la tierra prometida.

Jesús expresó gráficamente este poder mediante la parábola del grano de mostaza: “Es semejante (el Reino de Dios) a una semilla de mostaza. Cuando se la siembra, es la más pequeña de todas las semillas de la tierra. Pero una vez sembrada crece y se hace más grande que todas las plantas del huerto. Entonces echa raíces tan grandes que los pájaros del cielo pueden refugiarse bajo su sombra” (Mc. 4, 31-34). El grano de mostaza, “la más pequeña de todas las semillas”, es la práctica del pobre. Ésta es la más pequeña de todas las practicas. Está completamente desprovista de poder, de prestigio y de riquezas. ¿Qué se puede hacer con ella? Jesús descubre que esta carencia es meramente aparente, es un espejismo que se padece desde los sectores de la riqueza y el privilegio: que en realidad la práctica del pobre es poderosa, rica y prestigiosa. Tan es así que se siembra y luego se transforma en la planta más grande. Es decir, toda la sociedad resulta transformada por la práctica del pobre.

Ello es así porque en esa práctica, que brota del amor entre los pobres, del don entre ellos y con Dios, está presente Dios y todo su poder. Este poder no tiene las apariencias del poder de los ricos, los que viven según la lógica de la acumulación, pero en realidad es muchísimo más efectivo, tan efectivo que creará abundancia para todos y sobrará.

La práctica del pobre “es semejante a la levadura que una mujer mezcla con tres partes de harina, hasta que toda la masa fermenta” (Mt. 13, 33) o como “la sal de la tierra” (Mt. 5, 13). La levadura, en la medida en que realiza su trabajo con eficacia, desaparece, pero impregna, transforma toda la masa; la sal desaparece, pero impregna completamente el alimento. De la misma manera la práctica del pobre no tiene el brillo, el prestigio, la dóksa de la práctica de los líderes de los sectores dominantes.  Es humilde, se realiza comunitariamente, de forma escondida, pero tiene la máxima eficacia. Todo es transformado por ella. El Reino de Dios comienza a ser una realidad.

El poder como Diaconía

Naturalmente que esto conlleva una nueva concepción del poder. Jesús la explicitará a sus discípulos momentos antes de la insurrección popular en la que la pondrá en práctica, según la narración de Marcos. Mateo le da el mismo encuadre (Mt. 20, 20-28), mientras que Lucas sitúa la explicación en el contexto de la Última Cena (Lc. 22, 24-30). De cualquier manera, el contexto en los tres sinópticos es el que precede inmediatamente a los acontecimientos que precipitarán la muerte de Jesús –Mateo y Marcos- o se sitúa en el corazón mismo de los acontecimientos –Lucas-. Son los momentos decisivos en los que lo que Jesús hace y dice adquiere una relevancia especial.

Según el evangelio de Marcos ya se ha producido la decisión de Jesús de salir de Galilea, después del reconocimiento por parte de Pedro de su mesianismo (Mc. 8, 29-30) e ir a Jerusalén a enfrentar al poder opresor en su mismo centro. Evidentemente se está viviendo entre los discípulos un clima afiebrado. Se presienten grandes acontecimientos. Entonces se adelantan los hijos de Zebedeo –Juan y Santiago- para pedirle a Jesús los primeros puestos en la instauración del Reino que sin duda se siente cercana (Mc. 10, 35-40). Al enterarse los demás discípulos se enfuerecen contra los dos que se les habían adelantado (Mc. 10,41).

Entonces interviene Jesús expresando estos conceptos fundamentales en torno al poder: “Los que son tenidos por jefes (árchein) de las naciones, se enseñorean (katakyriéuousin) de ellas; y los grandes de entre ellos, ejercen poder (katekyriéuousin) sobre ellas” (Mc. 10,42). Ahora vienen las recomendaciones para los discípulos: “No así pues, será entre ustedes; sino el que quiera ser grande, será servidor (diákonos) de los demás: y el que quiera ser el primero de ustedes, será el siervo (doúlos) de todos: porque aún el Hijo del Hombre no vino a ser servido (diakonethénai) sino a servir (diakonesai)” (Mc. 10, 43-45).

Se está hablando del poder. Los discípulos disputan sobre la manera de ejercerlo cuando se instaure el Reino que presienten cercano. Jesús va a contestar sobre el mismo tema, explicando cuándo el poder es del demonio opresor, y cuándo es de Dios liberador.

En primer lugar, el poder opresor. Los términos mediante los cuales lo caracteriza son gráficos: “jefes”, traducción de un término griego (arché) que significa, por una parte, principio, causa primera, fundamento, y por otra, mando, dominio, autoridad. Evidentemente aquí la palabra está tomada en este segundo significado. Los jefes, dice Jesús, “se enseñorean”, se hacen “señores” es decir, dominadores, y “ejercen el poder”, esto es, oprimen. El jefe se hace “señor” (kyrios), ejerce el poder (eksousía), lo que equivale a oprimir. Todo esto es condenable. Jesús lo condena. Después de la condenación viene la propuesta. El que quiera ser grande, primero, no se hará kyrios, sino doúlos –siervo-; no se hará arché sino diákonos –servidor-, de manera que no va a “enseñorearse” o a “ejercer el poder”, sino que va a “servir”.

Esto significa subvertir completamente los conceptos. Los antiguos conceptos de mando, dominio, señorío, son declarados odres viejos que deben ser tirados a la basura, y reemplazados por odres nuevos, cuales son los conceptos de servicio y diaconía. Entendidos estos conceptos en el contexto monista de los profetas, nunca pueden dar lugar a la monstruosa concepción dualista de dominar materialmente, efectivamente, para “servir” espiritualmente. Autoridades eclesiales embebidas de poder, prestigio y dinero pretenden ser “siervos”. Hasta los dictadores militares, asesinos y torturadores, tienen la pretensión de estar “al servicio” de los más altos intereses de la comunidad.

“El que quiera ser grande, será servidor (diákonos) de los demás: y el que quiera ser el primero de ustedes, será el siervo (doúlos) de todos: porque aún el Hijo del Hombre no vino a ser servido (diakonethénai) sino a servir (diakonesai)” (Mc. 10, 43-45)”

Insurrección popular y toma del Templo

El capítulo decimoprimero del evangelio de Marcos señala el final del camino que Jesús ha emprendido desde Galilea hacia Jerusalén, desde el momento del reconocimiento de su mesianismo por parte de Pedro (Mc. 8, 29-30). En las cercanías de Jerusalén se produjo la discusión sobre el poder que hemos comentado. A ella sigue la curación del ciego de Jericó (Mc. 18, 46-51), y luego viene el capítulo decimoprimero, con la entrada de Jesús en Jerusalén.

En Marcos 11, 1-3 se narran los preparativos clandestinos que ya hemos comentado, comparándolos con los de la cena. Todo se realiza según lo planeado (Mc. 11, 4-6), y, en consecuencia, “trajeron el asno a Jesús, le pusieron sus capas encima y Jesús montó en él. Muchos extendieron sus capas a lo largo del camino, y otros, ramas cortadas de los árboles. Tanto los que iban delante como los que seguían a Jesús gritaban ¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Bendito el Reino que viene de nuestro Padre David! ¡Hosanna en las alturas!” (Mc. 11, 7-10). Así entró Jesús en Jerusalén y se fue al templo, y después de revisarlo todo, siendo ya tarde, salió con los Doce para Betania” (Mc. 11, 11). Al día siguiente, al volver a Jerusalén, Jesús maldice a la higuera que no da frutos (Mc. 11, 12-14) y “llegaron a Jerusalén, y Jesús fue al templo. Ahí comenzó a echar fuera a los que se dedicaban a vender y comprar en el templo. Tiró al suelo las mesas de los que cambiaban dinero y los puestos de los vendedores de palomas, y no dejó que transportaran cosas por el templo. Y les hizo esta advertencia: “¿No dice Dios en la Escritura: Mi casa será llamada casa de oración para todas las naciones? Pero ustedes la han convertido en cueva de ladrones”” (Mc. 11, 15-17).

Los sacerdotes jefes y los escribas al saber esto, se preguntaron cómo lo matarían: porque le tenían miedo, pues toda la gente estaba admirada de su doctrina (Mc. 11, 18-19.).

Esta sucesión de escenas culmina con la constatación de que la higuera maldecida se ha secado (Mc. 11, 20-26).

Varios puntos de suma trascendencia se presentan a nuestro análisis:

El centro de todo este relato lo ocupa la insurrección popular, conocida comúnmente como “entrada triunfal en Jerusalén”. El clima insurreccional no es nuevo en Palestina. Se lo vive desde el siglo II a. de C. a partir de la ocupación griega realizada por Alejandro Magno, y especialmente a partir de Antíoco IV Epífanes (175-164 a. de C.), rey seléucida que pretendió hacer perder al pueblo judío su identidad, para lograr la homogeneización del imperio.

Los libros de los Macabeos narran la atmósfera de insurrección que vive el pueblo, atmósfera que se continúa en la época de la ocupación romana, a partir del 63 a. de C., cuando Pompeyo se apodera de Jerusalén. Se suceden los movimientos mesiánicos, cuyos actores principales son los zelotes, que culminarán con los alzamientos del 66 y de 131 d. de C. cuando Pompeyo se apodera de Jerusalén. Se suceden los movimientos mesiánicos, cuyos actores principales son los zelotes, que culminarán con los alzamientos del 66 y de 131 d. de c. y la total destrucción y dispersión del pueblo judío.

La insurrección nos coloca en un clima apocalíptico y esto tiene extraordinaria importancia. Más adelante desarrollaremos ampliamente las características del movimiento apocalíptico, pero es necesario desde ahora tener presente que, si en toda la práctica de Jesús dicho movimiento tiene mucha importancia, encontrándose íntimamente relacionado con el profético, en las escenas estamos comentando adquiere una relevancia de primer orden, tanto que, luego de las discusiones con las autoridades del pueblo judío, Jesús desarrollará ampliamente su concepción apocalíptica de la realidad.

Jesús lidera esta insurrección montando un asno. Esto adquiere una significancia particular. No significa que Jesús esté contra la violencia. Un movimiento apocalíptico que esté en contra del uso de la violencia es un contrasentido. El uso del asno y no del corcel alude directamente al ideal de la confederación, cuando los campesinos israelitas luchaban en asnos, y el jefe circunstancial también iba montado en un asno, en contra de los ejércitos monárquicos que iban en corceles, como vimos.

Es este mismo ideal que había sido evocado por el profeta Zacarías: “Salta llena de gozo, oh hijo de Sion. Lanza gritos de alegría, hija de Jerusalén. Pues viene tu rey hacia ti; él es santo y victorioso, humilde y va montado sobre un burro, sobre el hijo pequeño de una burra. Destruirá los carros de Efraim y los caballos de Jerusalén. Desaparecerá el arco con flechas y dictará la paz a las naciones. Extenderá su dominio desde el mediterráneo hasta el mar rojo y desde el Éufrates hasta el fin del mundo” (Zac. 9, 9-10).

Aparece claramente la contraposición entre el asno del rey y los carros y caballos de los enemigos. El asno, símbolo de los campesinos, los pobres; y los carros y caballos, símbolo de los ejércitos monárquicos. Los pobres, liderados por su rey, vencerán a los ejércitos de las monarquías, y “desaparecerá el arco con flechas”, se inaugurará la paz del reino mesiánico.

La confederación campesina es comunista. Es el comunismo el que se pone en marcha con la insurrección. En efecto, un poco más adelante, en el capítulo decimocuarto, Marcos relatará la cena, el reparto del pan entre los pobres.

Hemos visto que los preparativos de la insurrección fueron clandestinos. Pero no es éste el único signo de clandestinidad que nos presentan los textos que estamos analizando. Después de entrar en Jerusalén y en el templo, “salió con los Doce para Betania” (Mc. 11, 11). Ya hemos visto que Betania es uno de los lugares donde Jesús se esconde. Finalmente, después de echar a los mercaderes del templo, “al anochecer salió de la ciudad” (Mc. 11, 19).

De día Jesús no tiene miedo, se mueve con libertad, porque tiene el apoyo del pueblo enfervorizado que, acompañándolo, ha experimentado el triunfo sobre sus odiados enemigos y opresores, al apoderarse del templo y arrojar de allí a los mercaderes, el negocio de los sacerdotes. Marcos relate que los sacerdotes jefes y los escribas “le tenían mucho miedo, ya que su enseñanza producía un gran impacto entre la gente” (Mc. 11, 18).

El problema era de noche, cuando la gente se retiraba a descansar. En esos momentos Jesús toma precauciones, sale de la ciudad que se ha tornado insegura y recurre a algunos escondites que tiene preparados. La clandestinidad es el lugar fértil donde germinan los apocalipsis. Es el contexto en el que es necesario leer el apocalipsis del capítulo decimotercero, junto al contexto clandestino de la comunidad romana a quien va destinado.

La insurrección que Jesús lidera tiene todos los rasgos de una insurrección zelote, apareciendo Jesús como un líder zelote. En efecto, la multitud gritaba “¡Hosanna en las alturas!” (Mc. 12, 20). “¡Hosanna!” significa “¡Sálvanos!”. ¿De quién? Si luego se habla de la instauración del reino davídico, evidentemente el pueblo clama a Jesús que lo salve de sus opresores, los romanos, y todos sus aliados internos.

El sentido es completamente claro. Pero aparece todavía con más claridad si efectivamente la traducción correcta no es “¡Sálvanos en las alturas o en los cielos!” sino “¡Sálvanos de los romanos!”.
Otro grito de la multitud era: “¡Bendito (eugeménos) el que vine en nombre del Señor (Kyrios)” y “¡Bendito (eugeméne) el reino que viene de nuestro padre David!” (vv. 10-11). Ya conocemos el significado de la bendición. En este caso sobresale particularmente su significado político. La bendición es el augurio de victoria sobre el enemigo, el romano y sus aliados.

Jesús viene en nombre del único Kyrios, el único Señor, y viene para instaurar el reino davídico. No podemos menos de notar aquí una contradicción entre el asno que monta Jesús y el único Kyrios en cuyo nombre entra en Jerusalén y toma el templo, por una parte, y la alusión al comienzo o restauración del reino davídico, por la otra. El asno apunta a la confederación en la cual no existía el Estado, es decir, la monarquía davídica, que se estableció en contra de los ideales libertarios e igualitarios representados por la antigua confederación. ¿Cómo se explica esta contradicción? Su explicación no nos parece complicada si tenemos en cuenta que se trata fundamentalmente de un hecho político protagonizado por los zelotes. Evidentemente, la masa popular que sigue a Jesús está formada por elementos pobres, cuya expresión política más connotada era la de los zelotes. Por otra parte, los eslóganes que se agitaron: ¡Hosanna! ¡Bendito el Reino davídico que viene!, eran zelotes. Junto a estos estaba el grupo de Jesús. Este tiene un proyecto con características propias, distinto en varios aspectos del proyecto zelote. El proyecto de Jesús está simbolizado por el asno, el de los zelotes, por la aclamación del reino davídico. Ahora bien, en todo movimiento político en el que confluyen fuerzas que tienen una gran franja de intereses comunes frente a un enemigo común, es natural que se expresen los matices distintos de los proyectos de las distintas fuerzas. En este sentido debe destacarse cómo Jesús no se mantiene en una actitud purista intransigente a nivel ideológico. Lo importante por el momento es enfrentar al poder opresor movilizando a todos los sectores populares. Además, como veremos, Jesús irá perfilando su estrategia a medida que el proceso avance.

La maldición de la higuera que no frutos se produce en dos tiempos significativamente entrelazados con la toma del templo y la expulsión de los mercaderes. En efecto, Jesús la maldice –según el relato de Marcos- luego de la toma del templo al frente del pueblo, y el efecto de la maldición a los mercaderes. La expulsión de los mercaderes es la condenación de la religiosidad del templo con todo lo que ello significa – economía de acumulación, política de poder de las clases dominantes, religiosidad cultural, de la pureza-. Así como la higuera se secó después de la maldición, también acontecerá con el templo.

No caben dudas de que la higuera significa el templo. El texto subraya que “no era tiempo (kairos) de higos” (Mc. 11, 13), significando con ello que la maldición no está dirigida directamente a la higuera, sino a lo que ella representa, el templo. El que no da frutos es el templo. Los frutos que debiera dar son los de liberación del pueblo, realización de la comunidad de hermanos donde se reparta el pan, donde los hombres puedan amar los unos a los otros. En cambio de ello, sirve para legitimar la opresión y es su mismo centro, el lugar donde se guarda el tesoro que sale de las manos de los campesinos, el lugar donde los sacerdotes hacen sus negocios aprovechando el sentimiento religioso del pueblo.

Desde ese momento el templo ha sido condenado a la destrucción. Los sacerdotes jefes y los escribas lo supieron muy bien, por lo cual “buscaban como lo matarían” (Mc. 11, 18). El texto esta inmediatamente después de la expulsión de los mercaderes, e inmediatamente antes de la constatación del efecto de la maldición sobre la higuera.

Discusiones Ideológicas – políticas

En este contexto insurreccional, en presencia del pueblo enfervorizado por el triunfo sobre sus enemigos tradicionales se produce una acalorada discusión ideológica – política entre Jesús y representantes de los sectores dominantes. El evangelio de Marcos las distribuye a lo largo del capítulo decimoprimero, inmediatamente después de la expulsión de los mercaderes, y del capítulo decimosegundo. Las seguiremos en el orden en que las dispone el Evangelio.

Pero es menester, para interpretarlas correctamente, tener presente el contexto en el que se realizan y los objetivos que persiguen:

1. El contexto es el de un pueblo insurreccionado que se ha apoderado de la ciudad y del templo. La victoria que ha obtenido evidentemente no es decisiva, y los hechos lo probaran fehacientemente, pero en los momentos en que se produce la discusión se sienten vencedores, en situación de imponer condiciones. Las condiciones estarán teñidas por la exaltación que se vive en esos momentos.

2. El objetivo que persiguen tanto Jesús como sus enemigos es ganarse al pueblo, obtener su aprobación y la descalificación del adversario. Esto reviste importancia. Será necesario interpretar en cada intervención de Jesús el momento estrictamente político, dirigido a descalificar al adversario frente al pueblo, y el momento del mensaje, es decir, lo que Jesús quiere transmitir como fondo, como significado ultimo de su intervención.

En las intervenciones de Jesús siempre están presentes ambos momentos. Si se los tiene en cuenta, no se caerá en el error de dogmatizar lisa y llanamente sobre ellas. El pueblo, a su vez, interviene aprobando, desaprobando, aceptando, rechazando. Se vuelve a producir la actuación de los tres actores que hemos visto en el capítulo IV de la segunda parte.

Primera Escena: Legitimidad de la práctica de Jesús

Lo primero que entra en discusión es la legitimidad de la práctica de Jesús: “Se le acercaron los sacerdotes Jefes, los escribas y los ancianos” (Mc. 11, 27). Son los representantes de la totalidad de las clases dominantes, pues a todas ha dañado Jesús con su práctica.

La respuesta de Jesús contiene los dos momentos indicados, el político y el del mensaje, poniendo en primer lugar el político, pues se trataba de destruir el ataque que acababa de sufrir.

 En la pregunta – trampa que le hacen se supone que la legitimidad de la práctica de Jesús podía provenir de dos fuentes: o de la autorización recibida por parte de quienes podían autorizar en nombre de Dios, es decir, de parte de los componentes del Sanedrín –sacerdotes jefes, escribas y ancianos – o de una demostración de poder que hiciese Jesús para mostrar que actuaba en nombre de Dios.

Evidentemente a Jesús no lo podía haber autorizado el Sanedrín, pues su actuación dañaba sus intereses; ni podía recibir autorización mediante la demostración de un poder que pertenecía a la lógica de la dominación, como ya lo hemos examinado a propósito de las tentaciones y de la “señal del cielo” que le pedían los fariseos.

El trasfondo, o sea el mensaje, que contiene la respuesta de Jesús es que su práctica está legitimada por Dios y eso aparece con claridad en cuanto el Bautista lo anunció como envidado por Dios; pero como Dios está presente en el pueblo pobre, se lo otorgó mediante el poder que le dio el pueblo.

Sin embargo, Jesús trasmite el mensaje políticamente, reduciendo al silencio a sus enemigos: “Jesús les contestó: Les voy a preguntar una sola cosa. Si me contestan les diré con qué autoridad (eksousía) lo hago: ¿El bautismo de Juan era del cielo o de los hombres?” Ellos comentaban entre sí: si decimos “del cielo”, dirá: “¿Por qué, pues, no creen en él?” Pero, ¿Vamos a decir “de los hombres”? Tenían miedo de la gente. Todos en efecto pensaban que Juan era verdaderamente un profeta. Por eso respondieron a Jesús: “No Sabemos”, y Jesús les contesto: “Tampoco yo les digo con qué autoridad hago estas cosas” (Mc. 11, 29-33).

Subrayamos que los enemigos de Jesús “tenían miedo a la gente”, al pueblo presente. Jesús, políticamente, les planteó una cuestión que ellos no podían resolver satisfactoriamente para sus intereses, por miedo al pueblo presente, Jesús, aquí, no es ni el “alma bella” ni “el profeta del amor acósmico”, ni el “rey de otro mundo”, sino el hombre que emplea la astucia para no caer en la trampa de sus adversarios y para hacer caer a éstos en la suya.

Segunda Escena: Los viñadores asesinos (Mc. 12, 1-12)

Avanzando en la discusión, Jesús comparó a las autoridades de Israel con unos viñadores a los que el dueño les alquilo su viña. Ellos intentaron adueñarse de ésta y mataron a cuantos el verdadero dueño envió para cobrar la parte de los frutos que le correspondía. Finalmente, el dueño manda a su propio hijo, quien corre la misma suerte.

El relato – parábola – termina: “Díganme, ¿Qué hará entonces el señor (kyrios) de la viña? Vendrá, dará muerte a esos trabajadores y entregará la viña a otros. ¿No has leído el pasaje de la Escritura que dice: la piedra que los constructores desecharon llegó a ser la piedra principal del edificio –(literalmente: cabeza del ángulo)? De parte del Señor se hizo esto y es cosa maravillosa a nuestros ojos” (Mc. 12, 9 -12).

Las alusiones eran de una claridad meridiana. El viñador es Dios. La viña es el pueblo de Dios, como ya lo hemos visto al comentar el pasaje de Isaías (Is. 1 – 7; 27, 1 – 13), que ha sido confiado a las autoridades. Éstas, en lugar de considerarse simples delegadas para cuidar, cultivar, limpiar y regar la viña, se consideraron dueñas y la explotaron. En consecuencia, Dios castigará a los culpables y pasará la viña a otros. La bendición, con todo lo que ella significa, pasará a otras manos.

La alusión fue comprendida sin lugar a dudas. “Pretendieron apoderarse de él, pero tuvieron miedo de la gente: comprendieron, en efecto, que la parábola se refería a ellos. Y dejándolo se fueron” (Mc. 12, 12). Jesús gana la discusión. El pueblo amotinado está con él. Sus enemigos temen al pueblo.

Todavía debemos remarcar dos elementos de esta escena: por una parte, que los otros a los que aquí se refiere Jesús son sin duda los paganos. El evangelista tiene en cuenta la comunidad de Roma a la que se dirige. Por otra parte, la figura de la viña para expresar al pueblo prepara el terreno para interpretar la célebre escena del “tributo al César”.

Tercera escena: El tributo al César (Mc. 12, 13-L7)

Viene luego la célebre y tergiversada escena del impuesto al César. La reproduciremos tal cual la relata Marcos, porque toca un aspecto importante del mensaje de Jesús. Además, es la escena que clásicamente se cita para probar la separación de lo político con relación a lo religioso. Es menester no mezclar los asuntos que se refieren a Dios con los que se relacionan con la política. De esta manera, por ejemplo, se pretende condenar a los cristianos, y sobre todo a los sacerdotes, que toman un compromiso activo junto a las clases populares.

El relato dice así: “Enviaron donde Jesús a algunos fariseos junto con partidarios de Herodes. Esa gente venía con una pregunta que era una verdadera trampa. Y dijeron a Jesús: ¨Maestro, sabemos que eres sincero y no te preocupas de quien te oye, ni te dejas influenciar por él, sino que enseñas con franqueza el camino de Dios. Dinos, ¿Está permitido pagar el impuesto al César o no?¨ Pero Jesús, desenmascarándolos, les dijo: ¿Por qué me ponen trampas? Tráiganme una moneda para verla. Le mostraron un denario y Jesús les preguntó: ¿De quién es esta cara y lo que está escrito? Ellos le respondieron: Del César. Entonces Jesús les dijo: Lo que es del César, devuélvanselo al César y lo que es de Dios, a Dios. (Mc. 12, 13-17).

Para interpretar correctamente la escena es menester primero conocer la posición de los distintos sectores sociales frente al problema del impuesto, que era objeto de amplios debates en esa época en Palestina. En un extremo se ubicaban los zelotes, quienes en su estrategia de enfrentamiento al Imperio Romano incluían la negativa a pagar el impuesto. En el extremo contrario, los colaboracionistas en general – como herodianos, saduceos, sacerdotes- quienes propagaban que era necesario pagarlo. En el medio los fariseos, teóricamente pensaban que no había que pagarlo, pero en la práctica lo pagaban. Típico comportamiento de los sectores medios. Siempre incluimos a los fariseos entre las clases dominantes porque en la práctica su política dependía de la de aquellas.

Si nos fijamos bien en la respuesta que da Jesús a la pregunta tramposa que le dirigen los fariseos y herodianos, veremos que se centra en la imagen, en la cara del César. Siendo del César debe ser devuelta a él, es decir, debe ser arrojada fuera. En otras palabras, no hay que pagar el tributo. Rechazo abierto del impuesto y, en consecuencia, también de la ocupación.

Por otra parte, “lo que es de Dios, a Dios” ¿Qué es de Dios? La viña, el pueblo oprimido. Es necesario tener una práctica de acuerdo con la tradición profética, la del reparto del pan, la del óbolo de la viuda… y entonces el pueblo será de Dios. Jesús habla aquí del Dios de su práctica, el Dios de los vivos, del que tratará directamente en la próxima discusión. El Dios de la práctica de Jesús está diametralmente opuesto al César, el elemento central del poder económico opresor.

La pretendida separación entre Dios y política, entre lo religioso y lo político, no tiene ningún asidero en esta discutida frase de Jesús. De ninguna manera podría Jesús predicar una separación entre lo sagrado y lo profano, entre lo religioso y lo político, pues se inscribe plenamente en el ámbito de la tradición que, como sabemos, es monista.

Además, el contexto en el que se da la discusión coloca a Jesús en una posición totalmente contraria al dualismo de la interpretación tradicional. En efecto, Jesús viene de liderar insurrección política, de haber tomado el templo y arrojado violentamente a los mercaderes. Son hechos de denso contenido político. Poco después compartirá en una casa anónima, profana. Por otra parte, léase detenidamente no sólo el evangelio de Marcos, sino todos los demás evangelios, se verá a Jesús asumiendo un compromiso pleno, totalmente ajeno al contexto dualista de la religión.

Semana de oración por la Unidad de los cristianos (18-25 enero)

Unidos para el bien y la justicia. Octavario oración por la unidad de los cristiano

La ortodoxia de la fe cristiana – El que cree tiene ya la vida eterna- pasa por la ortopraxis del amor – venid benditos de mi Padre porque tuve hambre y me distéis de comer-. El camino del ecumenismo ha de ir por la misma senda en la que Dios se nos ha revelado: en la humanidad, por la encarnación. El hombre es el camino para llegar a Dios. Por eso la fe y la justicia van de la mano y caminan por la paz. Don Celso Morga anima a vivir unidos en el camino del bien y de la justicia a sus diocesanos.

Por| José Moreno Losada

“HAZ EL BIEN; BUSCA LA JUSTICIA” (Cf Isaias, 1,17)

Una vez más, a comienzo de año en torno a la fiesta de la conversión de San Pablo apóstol, la Iglesia nos propone celebrar la semana de oración por la unidad de los cristianos. En esta ocasión tanto la elección del tema del octavario, como la preparación de los materiales, ha sido llevado a cabo por un grupo de cristianos de los Estados Unidos de América (EEUU) convocado por el Consejo de Iglesias de Minnesota.  Este grupo eligió un versículo del primer capítulo del profeta Isaías como el texto central de la Semana de Oración: “aprended a hacer el bien, tomad decisiones justas, restableced al oprimido, haced justicia al huérfano, defended la causa de la viuda” (1,17).  De ahí nace el lema de la semana: “Haz el bien; busca la justicia”.

Isaías desafió al pueblo de Dios en su tiempo a aprender a hacer el bien juntos; para buscar juntos la justicia, para rescatar juntos a los oprimidos, para defender juntos al huérfano y a la viuda. El desafío del profeta se aplica igualmente a nosotros hoy. ¿Cómo podemos vivir nuestra unidad como cristianos afrontando los males e injusticias de nuestro tiempo? ¿Cómo podemos entablar un diálogo, aumentar la sensibilidad, la comprensión y el entendimiento recíproco de la propia experiencia vital? Las oraciones y encuentros del corazón programados en estos días tienen el poder de transformarnos, individual y colectivamente. Estemos abiertos a la presencia de Dios en todos estos encuentros en los que se obrará nuestra transformación, para desmantelar los sistemas de opresión y sanar los pecados del racismo. Juntos, trabajemos en la lucha por la justicia en nuestra sociedad. Todos pertenecemos a Cristo. Este octavario podrá ayudarnos a traer ante Dios, para orar como hermanos, los males y sufrimientos que aquejan a nuestro mundo, a toda la humanidad y que también afectan a nuestro planeta. Será un tiempo especial para poder descubrir también la dimensión sociocaritativa de nuestra fe, de hacerlo junto a los demás hermanos cristianos, sabiendo de la interrelación entre la ortodoxia y la ortopraxis, entre la fe y el amor, uniendo textos entrañables bíblicos como el de Juan cuando nos dice que “el que cree tiene ya la vida eterna” (Cfr. Jn 3,15) y el de Mateo cuando nos habla del juicio final y afirma “venid benditos de mi Padre, porque tuve hambre, sed… y me distéis de comer, beber…”(Cfr. Mt 25,31-42). Sin olvidar el deseo de Jesús: “Que todos sean uno”.

Como podréis observar este año se subraya en la oración el deseo de luchar contra lo que nos separa como seres humanos sabiendo que hemos sido creados en igual dignidad, a imagen y semejanza de Dios. El cuidado de nosotros mismos, de los demás, de la creación es un lugar común de los cristianos en la fidelidad al único Señor que nos salva y que ha dado la vida por nosotros. Cuando caminamos juntos en el compromiso por la justicia y hacemos el bien avanzamos en la senda de la unidad. Cuando el mundo nos ve preocupados y unidos ante el mal, descubren que nos une el evangelio del bien, del Dios que se ha encarnado, ha entregado su vida en la cruz y ha resucitado dándonos la esperanza de una justicia definitiva.

Quiero animaros a toda la comunidad diocesana, sacerdotes, religiosos, laicos a participar en la semana en el modo que creáis conveniente y podáis: Usando el modelo de celebración ecuménica allí donde puedan encontrarse distintas iglesias; incorporando a las propias celebraciones oraciones y textos de la Semana de Oración; con estudios bíblicos compartidos en torno a las reflexiones bíblicas ofrecidas; En las intenciones de las  comunidades religiosas contemplativas; y haciendo llegar el material a personas que deseen orar en privado desde cualquier lugar y situación. Este año me alegra también, según me informa la delegación, que se ha elaborado un material muy sencillo para poder tratar con los niños y jóvenes, en una sesión el tema del ecumenismo, invito a todos los profesores de religión para que lo puedan utilizar en el aula.

                              Delegación de Ecumenismo, diálogo interreligioso y para la ecología integral.

Unidad y pluralidad de la Palabra

8-25 de enero: semana de oración por la unidad de las iglesias.

22 enero: domingo de la Palabra

Se celebran estos días dos “fiestas”: la “semana de oración por la unidad de las iglesias”; el Domingo de la Palabra. Las dos celebraciones van unidas, pues la palabra (evangelio)  separa y vincula en comunión a las iglesia, para que expresen diversas facetas del misterio de Cristo/palabra y para que se vinculen en abrazo de amor, abierto al mundo entero. 

He venido recordando estos días en RD y FB el pensamiento y palabra del Papa Ratzinger, tema de alguna importancia, pero muy secundario en relación con la Palabra de Dios y la Comunión de las iglesias.

De estos dos temas (Palabra de Dios y comunión) trataré esta próxima semana. Hoy comienzo presentando la unidad y pluralidad de la Palabra (de los evangelios y la iglesia), fijándome de un modo especial en Mateo.

Por| X.Pikaza

El único evangelio, en la palabra y pascua de Jesús,  ha venido presentarse en cuatro narra­ciones paralelas pero diferentes­. Esta unidad y diferencia debe precisarse con cuidado.

1)Hay una primera razón de tipo teológico. Dios no se ha revelado en un discurso fijado de antemano y definido en cada uno de sus rasgos y conceptos. Dios se ha revelado en Jesucristo, un hombre (Hijo de Dios) que sobrepasa y desborda todas las razones de la historia. Por eso no hay discurso ni concepto que agote su verdad, que contenga todo su sentido y que lo fije de de manera normativa, para todos los creyentes. En este nivel se han situado, a mi entende­r, las dos conclusiones del evangelio Jn con su palabra programática:

Otras muchas señales que no están escritas en este libro realizó Jesús delante de sus discípulos; estas se han escrito para que creais que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengais vida en su nombre (Jn 20, 30-3l).

Otras muchas cosas hizo Jesús; si quisiéramos escribirlas una por una, pienso que ni el mundo entero bastaría para contener los libros que así debieran escribirse (Jn 21, 25).

 Evidentemente, estas palabras pueden entenderse en un sentido cuantitativo (habría muchas más cosas que escribir sobre Jesús).. Pero éllas ofrecen también otro sentido más «cualitati­vo»: aluden a las diferentes tradiciones de Jesús, a las maneras de enfocar su vida y enseñanza, pues los evangelios son el resultado de un proceso selectivo de interpretación y elección particu­lar. Lo que importa no son los evangelios como escritos diferentes, como aproximaciones siempre limitadas y parciales al único misterio de Jesús. Importa el evangelio, la novedad pascual del Cristo, ­como salvador universal. Logicamente, por exigencias de la misma riqueza y multiformi­dad de Cristo pondrán (y deberán) surgir evange­lios diferentes (y en el fondo iglesias diferentes)

2)Hay una segunda razón de tipo eclesial. Ciertamente, el evangelio de Jesús como experiencia pascual es anterior a las iglesias: es la vida y palabra de Dios de la que surgen las comunidades mesiánicas del Cristo, como lugares de salvación escatológica. Pero, en un segundo momento, esas mismas comunidades ecles­ial­es son las que explici­tan, con­figuran y matizan el único evangelio de Jesús, conforme a sus propias tendencias religiosas y sociales. En esta perspectiva sigue siendo fundamental el texto ya citado de 1 Cor l5, 1-11: todos los apóstoles, fundadores de iglesias, ­concuerdan en la experiencia de Jesús como el Cristo de Dios que muere y resucita; pero la visión de la pascua se explicita y configura en éllos de maneras diferentes.  

Esto significa que en la la pluralidad de los evangelios es el principio y fundamento  de la pluralidad de las iglesias. Lucas, escribiendo en perspectiva más tardía el libro de los Hechos, se ha esforzado en proyectar hacia el principio de la iglesia el ideal de una unidad que es anterior a las diversidades posteriores.

Teológicamente, el ideal de unidad de las iglesias es auténtico, como muestra 1 Cor 15: todas las iglesias se fundan en la misma experiencia apostólica del Cristo que ha resucitado y se aparece a sus discípulos y apóstoles. Pero en el mismo origen de esa historia hallamos una multiplicidad de perspect­i­vas: encontramos ya desde el principio a los hebreos y los helenistas, se distinguen las visiones de Pedro, Pablo y Santiago. Eso significa que la unidad eclesial no ha de entenderse como uniformidad primitiva que luego se parte y se divide en grupos posteriores diferentes. La unidad viene a mostrarse ya desde el princpio en forma de comunión origina­ria (tensa y fraternal) de posturas que dialogan entre sí y se comuni­can desde el Cristo. Para precisar este momento de la tradición evangélica pueden ayudarnos todavía los autores que la estudian a partir de eso que se suele llamar la «Formgeschich­te», historia de las formas (23). 

3)  Los evangelios (las iglesias) no se diferencian solamente según las perspectivas eclesiales de sus transmisores; se distinguen también por el transfondo social de esos mismos transmisores, por aquello que pudiéram­os llamar su «base material»: los ideales y necesidades económi­cas , sociales o políticas de aquellos que pretenden vivir sobre este mundo el único evangelio de Jesús, el Cristo.

En  el principio de la unidad de las iglesias ha de estar la palabra de Jesús. «los pobres son evangelizados» (cf Mt 11, 6). Es buena la unidad de los ministros de la iglesia, de las jerarquìas eclesiales (obispos, Papa etc),  pero el sentido y finalidad de la unidad de las iglesias está en el hecho de que los pobres sean, reciban la buena noticia, puedan ser acogidos y nos evangelicen   (1 Cor 1, 26-28; cf. Sant).

 Conforme a su visión idealizadora del principio de la iglesia, Lu­cas dice en Hech 2 y 4, que todos los creyentes compartían vida y bienes, traduci­endo de esa forma el evangelio en claves de comunión religiosa ly económica. P­ero más tarde, al llegar al punto clave del conflicto de los «apóstoles hebreos» con los «helenistas» nos recuerda que la causa principal de la discordia fué «el cuidado de las viudas y el servicio de las mesas». El evangelio se ha venido a explicitar de esa manera y se discierne, es decir, se delimita y viene a entrar en crisis por cuestiones de tipo social (cf Hech 6, 1-7).

Pues bien, los más signifi­cat­ivo de este relato es el hecho de que los «defenso­res de los huerfanos y viudas», los servidores de las mesas vienen a mostrarse luego como verdaderos «evangelistas­», es decir, propagadores de la buena nueva. En­tre éllos se destaca en un primer momento Esteban y después cobra relieve la figura de Felipe a quien la tradic­ión conocerá como «el evangel­ista» por excelencia (cf Hech 21, 8).

 Pienso que estos datos son significativos y debían estudiarse con mayor cuidado. Sea como fuere, lo que ahora nos importa es que, a partir de esta primera división intraeclesial viene a entenderse la figura y función evangeli­zadora de san Pablo (cf Hech 8, 4). El evangelio dirigido a los pobres, como palabra de Dios y principio de comunicación humana, es la esencia de la unidad de las iglesia.

Eso significa que las diferencias de la Palabra de Dios en los evangelios los evange­lios han de interpretarse desde una perspectiva teológica. De muchas maneras habla Dios en Cristo, para que su palabra llegue a cada hombre y mujer, a cada comunidad. Por otra parte,  ­cada comuni­dad cristiana ha respondido a la llamada de Jesús (a su evangelio de los pobres) en caminos y tendencias diferen­tes porque ha sido diferente el contexto social en que se mueve.

Precisemos mejor el tema. La visión teológica del fondo pudiera ser la misma, pero las formas asumirla y aplicarla resultan diferen­tes, par­tiendo del contexto social en que se vive ese evangelio.  La única Palabra del evangelio se expresa en formas distinta. No se trata por tanto de imponer una doctrina y administraciòn (que todos sean católicos o todos calvinistas…), sino de lograr que católicos y calvinistas (con otras iglesias) puedan poner y pongan su vida al servicio de la comunión universal de vida, empezando por los pobres, sean o no externamente cristianos.

En el comienzo de la tradición de la palabra de Dios en los evangelios está el evangelio de Marcos y un evangelio de dichos llamado “q”. Pero la iglesia no se que quedado sólo con Macos y el “q”, sino que ha empezando “canonizando también” otros dos evangelios importantes, como “palabra de Dios”, como principio y riqueza de comuniòn entre las iglesias. Así quiero ponerlo aquí de relieve, para añadir que aquellos que quieran saber más y saber bien, en esta semana de unidad de la iglesias, en 22 de enero del 2023, día de la Palabra harán bien en acudir a las palabras y explicaciones magistrales de J.L.Sicre, tanto en su obra base (El Cuadrante) como en sus comentarios a Mateo y Lucas. Hoy me fijo sólo en el de Mateo  

Mateo. El libro de la genealogía de Jesús

El  evangelio que hoy llamamos de Mateo empieza con un título muy significativo: libro de la genealogía (o las generaciones) de Jesús, el Cristo, hijo de David, hijo de Abraham (Mt 1, 1).Resulta aquí fundamental la referencia a los orígenes del pueblo de Israel y a su manera de narrar la historia como encadena­miento de genealogías (cf. Gén 2, 4; 5, 1; 6, 9; 10, 1; 11, 10 etc). Tam­bién Mt quiere presentar desde el origen el camino y vida de Jesús, en­troncándola proféticamente en una línea de promesas que se encuentra iniciada por Abraham y por David.

Por eso, estrictamente hablando, Mt no ha escrito un evangelio, a la manera de Mc; ha escrito un libro de la historia de Jesús, a quien concibe como cumpli­miento de la promesa israelita. Asume para éllo dos motivos o fuentes principales: la historia mesiánica del Cristo, tal como ya ha sido presentada por Mc; y la tradición de las palabras (logia) de Jesús ­tal como se hallaba contenida en el llamada documento «Q».

P­ero Mt cuenta además con tradiciones y motivos propios, que le sirven para definir su propia perspectiva, dentro de una iglesia que ya ha reco­rrido un largo camino de de profundización cristiana, par­tiendo de posturas que parecen muy cerradas (de un cristianismo judaizante; cf Mt 5, 17-20; l0, 5-6) y llegando a una visión universal y misionera del mensaje de Jesús, desde el transfondo de sus mismas palabras, entendidas ya en un ámbito de pascua (cf. 28, 16-20) (26).

Entre esas tradiciones propias de Mt destaca la del nacimiento de Jesús, como mesías de Israel, Dios con nosotros. Situado en una perspec­tiva pascual (en la línea de 1 Cor 15, 1-11), Mc no tuvo la necesidad de hablar del nacimiento de Jesús; así pasaba direc­tamente de la promesa de Dios en Isaías al mensaje del Bautista. Mt , en cambio, tiene que hablar de ese nacimiento para completar así su genealo­gía de Jesús, quien arragia dentro de la historia de Israel y de los hombres.

De esta forma, quizá sin pretender­lo, Mt se sitúa en la línea de aquella perspect­iva que san Pablo ha recogido en Rom 1, 2-4: el evange­lio trata del Hijo de Dios que ha nacido como descen­diente de David según la carne y que ha sido constituido Hijo de Dios en poder por la resurrecc­ión de entre los muertos. Entre el naci­miento mesiánico de Jesús, ­como Dios con nosotros (Mt 1, 20-23), y su constitución como señor universal por medio de la pascua (Mt 28, 26-20) se extiende y se despliega a juicio de Mt todo el evangelio (27).

Al interpretar de esta manera las tradiciones anteriores, Mt ha introducido un cambio muy significativo en el mismo sentido del término evangelio, transformando así el sentido que tenía en Mc. Para Mc, evange­lio era la misma presencia poderosa del Jesús pascual que vive-actúa en el camino de la iglesia. M­ateo introduce dentro de esa perspectiva tres variantes principal­es, que podemos definir de esta manera: despascualiza, doctrina­liza e historifica el evangelio.

  Mc no ha narrado ninguna aparición pascual: termina en 16, 7-8, es decir, con la promesa del ángel que dice a las mujeres que «Jesús les precede en Galilea: allí le encontrareis». Todo su (el) evangelio viene a presentar­se, por lo tanto como un camino de búsqueda y encuen­tro pascual. Mt, en cambio, ha concluido y sellado su «libro de las genera­ciones» de Jesús con una gran aparición pascual que condensa (incluye) todas las que están como dispersas en Lc 24 y Jn 21-22: el Señor resucitado se presenta como triunfador de la muerte y portador del poderío escatológico de Dios en la nueva Galilea de la pascua, o­fre­ciendo ese poder a sus discípulos y haciendo que así marchen y propaguen su camino de discipulado entre todas las naciones de la tierra (Mt 28, 16-20).

Mt ha interpretado el evangelio como un compendio de doctri­nas. Esta afirmación quizá resulte un poco exagerado pero queremos conservarla. ­Para Mc, igual que para Pablo, el evange­lio era ante todo buena nueva, n­oticia de la pascua que se anuncia y se actualiza en la existencia misma de los fieles. Mt, en cambio, ha interpre­tado el evangelio como buena doctrina, como aquella enseñanza escatológica, ­nueva y salvadora, que el Jesús pascual quiere ofrecer a todos los hombres de la tierra, a través de sus discípulos (M 28, 16-20).

Israel tenía su doctrina, la ley de sus preceptos y sus tradi­ciones que enmarcaban y determinaban la vida de los hombres de su pueblo. Pues bien, Jesús ha proclamado ahora la ley definitiva, la gran norma de Dios para los hombres. De esa forma, el evangelio de Dios se vuelve ley del reino, conforme a una expresión que es programática:

Y caminaba por toda Galilea, enseñando en sus sinagogas y proclamando el evangelio del reino y curando toda enferme­dad y toda dolencia en el pueblo (Mt 4, 23; 9, 35).

Así debemos comenzar también nosotros, como Jesús en el evangelio de Mateo: Proclamando el evangelio y curando toda enfermedad, dolencia e injusticia en el pueblo.

Paz para Haití

Los obispos de Haití claman por la paz en su mensaje de Navidad

Caos en Haití

El caos que reina en el país caribeño ha llevado a los prelados a “lanzar un grito” sobre la “extrema gravedad de la situación”

“En nombre de Jesucristo, el Hijo de Dios encarnado, que vino a traernos la verdadera paz, lanzamos un grito desde nuestros corazones de pastores a nuestros hermanos y hermanas haitianos, aquí y en otros lugares, y a la comunidad internacional, sobre la extrema gravedad de la situación”. Así comienza el llamamiento que han hecho los obispos de Haití, clamando por la paz en su mensaje de Navidad.

De esta manera, tal como recoge Fides, los obispos hacen un llamamiento a los grupos ilegítimamente armados y a quienes los financian, para que “detengan la locura asesina del odio, del desprecio por la vida” y “¡silencien sus armas!”.

El drama de la migración

Asimismo, señalan que este es el momento de “reconstruir las instituciones, en especial la Justicia”, con el objetivo de “frenar la cultura de la impunidad que es la causa lógica de la perpetuación de la corrupción y la violencia en el país” y así garantizar un futuro mejor.

Por otro lado, los obispos tocan en su mensaje también el tema de la emigración de tantas personas que, debido a la situación del país, se ven forzadas a refugiarse “a toda prisa y por todos los medios”, en territorios donde no siempre son bienvenidos. En concreto, hacer referencia a República Dominicana, donde “son objeto de un trato indescriptible, que pisotea los principios e imperativos de los derechos humanos, el derecho internacional humanitario, el derecho de los refugiados y, en especial, el Protocolo de 1999”.

La reforma litúrgica del Vat II

Francisco y Benedicto: dos decisiones enfrentadas para el mismo conflicto

Misas en latín, ¿el final?

«La figura del papa emérito Benedicto XVI se descubrió ante mí como un hombre de Dios. Digo esto de entrada; como se dice, para curarme en salud. Mi aprecio y admiración por él es indiscutible»

«Esta ha sido la actitud del papa Ratzinger frente a las pretensiones de los seguidores de Lefebvre y de otros grupos tradicionalistas, descontentos con la nueva liturgia. Una actitud complaciente y benévola, abierta al encuentro y al diálogo reconciliador; pero inoportuna y escasamente eficaz. Ahora vamos a tomar nota del tono discordante y decidido del Papa Francisco en su reacción ante el mismo problema»

«Las decisiones de “Traditionis custodes” representan  algo así como la contrapartida y la desautorización de las disposiciones de “Summorum Pontificum”»

 José Manuel Bernal

“Te amo, Señor”. Estas palabras las pronunció el papa emérito en el momento de expirar. Reconozco que me conmovieron. Me hicieron descubrir el alma de un cristiano profundo, que vivía con intensidad el contacto íntimo con Dios, que amaba a Cristo y vivía con cariño su amistad con él. La figura del papa emérito Benedicto XVI se descubrió ante mí como un hombre de Dios. Digo esto de entrada; como se dice, para curarme en salud. Mi aprecio y admiración por él es indiscutible.

El conflicto, al que me refiero, lo provocó el arzobispo Lefebvre. Su actitud discordante desencadenó en la Iglesia una ola de resentimiento despechado en contra del Concilio Vaticano II y de sus decisiones más significativas. Su enfrentamiento a los planteamientos renovadores conciliares polarizó de forma contundente en una aversión rabiosa al nuevo misal romano. Los seguidores de Lefebvre expresaron tercamente su nostalgia de la vieja liturgia tridentina, de sus usos y ceremonias, del canto gregoriano, optando por seguir usando el viejo misal tridentino editado por Juan XXIII en 1962 y rechazando el uso del nuevo misal de Pablo VI.

Marcel Lefebvre y Pío XII Agencias

Hay que dejar claro que, en el fondo, no se trataba de un problema de libros, ni de misales; en realidad, lo que se ventilaba era un problema de doctrina, de aceptación o no de la autoridad magisterial del Vaticano II. Las declaraciones de los líderes de estos grupos manifestaron sin titubeos su distanciamiento del Concilio y su disgusto frente a las declaraciones y decisiones del mismo. Esta postura quedó reflejada en su negativa a aceptar la nueva normativa litúrgica y en su discrepancia en lo referente a los temas de ecumenismo, libertad religiosa, magisterio, autoridad en la Iglesia y otros muchos temas. Los grupos de simpatizantes que siguieron al arzobispo Lefebvre adhiriéndose a su posición doctrinal y a su rechazo del Concilio, los debemos situar al margen de la ortodoxia católica y enmarcados en la discrepancia.

Expresado con crudeza, éste era el conflicto al que debieron enfrentarse tanto el papa Benedicto XVI como el papa Francisco. El papa Benedicto lo hizo siguiendo la línea complaciente iniciada por Juan Pablo II. Este ya había tomado cartas en el asunto, tanto a través de la circular “Quattuos abhinc annos”, emitida por la S. Congregación para el Culto (1984),  y del Motu Proprio “Ecclesia Dei afflicta”  (1988). En este documento se dio paso precisamente a la creación de la comisión “Ecclesia Dei”, que ha servido de escapatoria y receptáculo para numerosos grupos de nostálgicos.

La misa tridentina, en horas bajas

Ahora debo referirme al Motu Proprio “Summorum Pontificum” de Benedicto XVI  (2007). Este documento representó sin paliativos una mano tendida a los postores de la liturgia tridentina. Para dejar las cosas claras hay que señalar que, en este escrito, el papa declaraba abiertamente que el misal tridentino, reeditado por Juan XXIII en 1962, no había sido derogado y que, por tanto, seguía estando en vigor; y, además, que cualquier sacerdote podía usarlo para celebrar la misa.

En esa línea de acercamiento bondadoso a los disidentes, el papa Benedicto XVI afirmaba con contundencia que el rito romano seguía siendo uno e indivisible; pero, al mismo tiempo, disponía de un uso ordinario y otro extraordinario del mismo. De este modo se establecía un uso ordinario del misal de Pablo VI, el renovado por la reforma litúrgica conciliar; y un uso extraordinario del misal tridentino. Lo sacerdotes podían servirse indistintamente de uno u otro misal. Ambos seguían estando en vigor.

Se abría la mano con largueza inusitada para facilitar la existencia de grupos nostálgicos, de aficionados a la vieja liturgia tridentina; se daba la posibilidad de normalizar la celebración de misas con el viejo misal y se decidía que todos los libros litúrgicos anteriores a la reforma litúrgica seguían estando en vigor y podían ser considerados la expresión extraordinaria de la lex orandi de la Iglesia. Daba la impresión de que, con estas disposiciones, se estaba tomando en serio la sugerencia ocurrente del Cardenal Sarah de proceder a la “reforma de la reforma litúrgica”.

Esta ha sido la actitud del papa Ratzinger frente a las pretensiones de los seguidores de Lefebvre y de otros grupos tradicionalistas, descontentos con la nueva liturgia. Una actitud complaciente y benévola, abierta al encuentro y al diálogo reconciliador; pero inoportuna y escasamente eficaz. Ahora vamos a tomar nota del tono discordante y  decidido del Papa Francisco en su reacción ante el mismo problema.

Nos remitimos al Motu Proprio “Traditionis custodes” emitido por el papa Francisco en el mes de julio de 2021. No voy a extenderme. Solo voy a fijarme en los puntos más relevantes. Su decisión más contundente, a mi juicio, queda plasmada en su declaración de que la única expresión legítima de la lex orandi de la Iglesia romana está constituida por el misal romano de Pablo VI y por los libros litúrgicos editados a raíz de la reforma litúrgica conciliar. Los libros litúrgicos tridentinos no son hoy la expresión legítima de la lex orandi de la Iglesia, ni pueden ser considerados como libros litúrgicos autorizados.

La distinción entre uso ordinario y extraordinario del misal romano desaparece y queda deslegitimada. Ya no tiene sentido. Desaparece la comisión Ecclesia Dei como habitáculo de los nostálgicos. Por otra parte, a fin de evitar su incremento,  los grupos de cristianos tradicionalistas, enfrentados a la renovación conciliar,  quedan claramente desactivados y privados del anclaje estructural del que disponían.

Hay que reconocer, para terminar, que la postura del papa argentino se aparta sin titubeos de la adoptada por el papa Benedicto. Hasta el punto de que las decisiones de “Traditionis custodes” representan  algo así como la contrapartida y la desautorización de las disposiciones de “Summorum Pontificum”. Con todo, debemos recordar aquí con amargura el testimonio de Mons. Gänswein, cuando asegura que todo esto le provocó “dolor en el corazón” al papa emérito. Lo ocurrido aquí es el resultado de la bondad desmedida, de concesiones ingenuas y de gestión imprudente.

Nota. Sobre este asunto vengo escribiendo desde hace tiempo;  El Papa Francisco afianza la reforma litúrgica del Vaticano II,  «Phase», 361, 2021, 381-395; El indulto de Benedicto XVI a los nostálgicos de la liturgia tridentina, «Teología Espiritual», LVII/170, 2013, 165-202; Mano tendida a la vieja liturgia tridentina, «Vida Nueva», junio de 2011, n. 2.757, pp. 23-30.

La inculturación en la Iglesia

La inculturación no solo en la liturgia sino también y sobre todo en el pensar y en el ser de la Iglesia

 La inculturación de la fe se trata, al menos, en números 54-55 y 92 del Documento de trabajo para la Etapa Continental (DEC) del Sínodo. Estoy participando en dos grupos distintos de reflexión sinodal y como participación personal he hecho esta reflexión, tratado de centrarme en cuestiones que a mí me parecen más importantes y creo que quedan soslayadas.

En primer lugar, la iglesia quiere influir en las culturas donde vive, pero no se deja influir por ellas, absorbiendo lo positivo que hay en ellas. En el pasado ha tenido una relación tal con las culturas que la han ido transformando. Yo creo que en general el Imperio Romano, el feudalismo, el absolutismo monárquico… etc. influyeron en ella muy negativamente. También la filosofía platónica y la aristotélica. Con la Revolución Francesa se produce un cambio cultural: bajo el lema de libertad, igualdad y fraternidad el pensamiento se hace más racional y la sociedad se va haciendo cada vez más democrática. La razón y la libertad se abren paso en aquel mundo tan autoritario. El argumento de autoridad pierde valor, la razón nos lleva a un nuevo conocimiento del ser humano, de la naturaleza y del universo, nace la democracia, que se va consolidando en los países occidentales. La Iglesia, ya desde el principio, forma parte de la muralla autoritaria que se opone al progreso, combate la modernidad y se cierra a casi todo.

Ya hoy, vemos que en la Iglesia poco o nada ha cambiado en lo verdaderamente importante y no debiera ser así. Le iría mejor si fuese permeable a los factores positivos presentes en todas las culturas donde está implantada. Por ejemplo, debiera abandonar la arcaica estructura jerárquica y democratizarse, no hay fundamentos bíblicos ni teológicos para defender el autoritarismo jerárquico-eclesiástico-patriarcal. Ni Jesús de Nazaret fue así, ni está entre lo que ha dicho.

La Iglesia hoy debiera dejarse influir por los nuevos paradigmas que se imponen en todos los campos del pensamiento. Debiera, por ejemplo, rehacer la narrativa sobre el origen del universo y de la vida, muy especialmente de los seres humanos. Es imprescindible abandonar la interpretación histórica de los mitos bíblicos y de las leyendas que surgen para arropar o justificar el nacionalismo judío. Eso es cosa de ellos, pero no nuestra. No tiene sentido seguir hablando en los términos que se hace del “pecado original” y tantos otros muchos ejemplos más que se pudieran poner.

Lo mismo se ha de hacer en el campo de los contenidos de la fe: se ha de determinar qué es lo nuclear en ellos y qué es lo formal, derivado de un determinado pensamiento filosófico, que puede y debe cambiarse, pues la gente de hoy y sobre todo las nuevas generaciones no lo entienden y es uno de los principales motivos que aparta a muchos de la Iglesia. Dejen ya la facilona interpretación de culpar de ello al individualismo, al materialismo, al consumismo, al egoísmo, al relativismo, que en parte quizás también, pero las razones no solo están fuera sino también dentro de ella: en el mismo pensar y ser de la Iglesia, que para muchos hoy les resulta inasumible.

La inculturación, en cuanto que es no solo influir sino dejarse influir, habrá de ser no solo en la liturgia, campo en el que algo se hizo, sino que hay que llevarla también al modo de ser y de pensar de la Iglesia, siempre, claro está, sin que por ello se pierda nada de su núcleo esencial, que es Jesús de Nazaret.

El Papa Francisco en su discurso de fin de año 2022 a la curia romana con ocasión de las felicitaciones navideñas ha dado unas recomendaciones muy importantes. Recuerda al Concilio Vaticano II que nos ayudó a “comprender mejor el Evangelio, hacerlo actual, vivo y operante en este momento histórico”. También cita unas palabras de Juan XXIII: «No es el Evangelio el que cambia, somos nosotros los que empezamos a comprenderlo mejor». Luego recuerda el actual sínodo sobre que “nace precisamente de la convicción de que el itinerario de comprensión del mensaje de Cristo no tiene fin y continuamente nos desafía”. Invita luego a los curiales a la conversión, actitud en la que siempre hemos de estar y les previene contra el “fijismo, es decir, la convicción oculta de no necesitar ninguna comprensión mayor del Evangelio. Es el error de querer cristalizar el mensaje de Jesús en una única forma válida siempre. En cambio, la forma debe poder cambiar para que la sustancia siga siendo siempre la misma. La herejía verdadera no consiste sólo en predicar otro Evangelio (cf. Ga 1,9), como nos recuerda Pablo, sino también en dejar de traducirlo a los lenguajes y modos actuales, que es lo que precisamente hizo el Apóstol de las gentes. Conservar significa mantener vivo y no aprisionar el mensaje de Cristo.

En segundo lugar, la Iglesia no debe meterse en campos que no son de su incumbencia, como hablar del origen del universo, de la vida, del ser humano…, ni hacerlo a su conveniencia, crean conflictos entre la razón y la fe. Tampoco debe dar normas de comportamiento universales. Con todo derecho no todos tienen la misma visión de la moralidad que los católicos, que ni siquiera entre ellos tienen en alguna cuestiones criterios iguales.

Señalo una cuestión que creo muy importante: la Iglesia no puede atribuirse la capacidad de decir que hay una ley natural y que de ella nacen unas normas universales que califican de inviolables. Esto hoy se considera como una arrogancia: ¿cómo un pequeño grupo de “intelectuales”, o de jerarcas, que dicen haber recibido la sabiduría y la autoridad de Dios, que viven como en un gueto, más o menos apartados del mundo, al que ven como enemigo, pretenden imponer normas a las que todas las personas, en cualquier parte del mundo, se han de someter siempre a ellas? Esto es demencial.

Por último, algo en favor del individuo, que se dice muy poco o nada y que todos debiéramos tener en cuenta: el ser humano debe obedecer siempre el juicio cierto de su conciencia, el que él considera recto en el momento de actuar. Se considera a la conciencia como norma última de moralidad (última en el sentido de «más próxima»), lo cual implica la obligatoriedad de atenerse a ella en el terreno práctico. Este criterio nos da independencia y libertad para decidir lo que hemos de hacer. Debemos informarnos honestamente, oír lo que dice la Iglesia y más aún lo que ha dicho Jesús de Nazaret, con su vida y en su doctrina, pero al final es uno mismo quien ha de decidir lo que es correcto o no. Aquí se nos ofrece un campo amplio para el ejercicio de la libertad de conciencia personal, que muchas veces no coincide con la conciencia de los moralistas eclesiásticos oficiales. Esta importancia que se le da a la conciencia personal no es algo “moderno” sino de siempre.

31-12-2022 José María Álvarez, del Foro de Cristianos Gaspar García Laviana