Otros dos sacerdotes son secuestrados en Nigeria

La desaparición se produce tan solo una semana después del asesinato, en el mismo estado de Edo, del sacerdote Christopher Odia Ogedegbe

  • La comunidad católica nigeriana ha vuelto a sufrir un nuevo ataque. Y es que, tal como informa Fides, otros dos sacerdotes han sido secuestrados. De hecho, el secuestro de personalidades públicas para pedir rescate se ha convertido en una verdadera amenaza en varios estados del país.

Los secuestrados son Peter Udo, de la parroquia de San Patricio de Uromi, y Philemon Oboh, del Centro de Retiro San José, de Ugboha, en el estado de Edo, al sur de Nigeria. Según la policía, ambos desaparecieron el 2 de julio después de que los secuestradores bloqueasen su coche con disparos al aire en la carretera Benín-Auchi, entre las comunidades de Ehor e Iruekpen, cuando regresaban de Benín.

Búsqueda por la policía

Por otro lado, la policía asegura que se han enviado agentes a la zona “para llevar a cabo una persecución agresiva y bien coordinada” de los secuestradores y para liberar a los dos sacerdotes.

El doble secuestro se produce tan solo una semana después del asesinato, en el mismo estado, del sacerdote Christopher Odia Ogedegbe, a quien intentaron también llevarse cuando se dirigía a celebrar la misa y que murió en el enfrentamiento.

La asignatura de Religión

Reli rejuvenece: la asignatura actualiza sus contenidos al estilo Francisco

La asignatura de Religión toma la delantera en la nueva reforma educativa con un currículo innovador, elaborado tras una consulta de ida y vuelta a toda la comunidad educativa El pasado 24 de junio, cuando en muchos colegios apenas se había ido del todo el eco de los últimos alumnos, el Boletín Oficial del Estado (BOE) publicaba los nuevos currículos de la asignatura de Religión Católica para Educación Infantil, Primaria, Secundaria obligatoria y Bachillerato, esto es, el documento marco que recoge el conjunto de conocimientos que el alumno debe adquirir al cursar la materia.


De esta manera, la Secretaría de Estado de Educación oficializa, sin injerencia alguna, el trabajo realizado desde la Conferencia Episcopal Española que, en esta ocasión, ha ido más allá de los mínimos establecidos en el acuerdo con la Santa Sede sobre Enseñanza y Asuntos Culturales, haciendo del proceso de elaboración un gran foro abierto de participación. Nunca antes ha habido tantos miles de personas detrás de estas 51 páginas que han llegado finalmente al BOE, tras la aprobación de la actual ley de educación, la Lomloe, a finales de 2020.

Y es que, con este paso oficial, se da por concluido en la Iglesia española el proceso de elaboración del currículo en el que toda la comunidad educativa se ha implicado fundamentalmente a través del foro Hacia un currículo de Religión Católica. Un diálogo entre todos y para todos, además de con una serie de consultas realizadas a expertos antes de llegar a esta relación final.

Diálogo fluido y abierto

Pero el diálogo no se ha quedado solo en la comunidad educativa, como destacaba la directora del Secretariado de la Comisión Episcopal para la Educación y la Cultura, Raquel Pérez Sanjuán. Para la coordinadora de este proyecto, hay que “reconocer que los diálogos con el Ministerio de Educación y Formación Profesional han sido numerosos y fluidos, pero lamentamos que no han dado como fruto la regulación que la enseñanza religiosa merece por su aportación a la formación integral del alumnado”.

Y la visión general de la ley por parte del Episcopado español no ha cambiado. Por ello, Pérez Sanjuán recordaba al Gobierno que “los canales de diálogo continúan abiertos y mantenemos la esperanza, en el futuro, de que nuestra sociedad pueda disfrutar de una mejor consideración académica para las enseñanzas de la religión, como proponen las instituciones europeas y como es una realidad en los países de nuestro entorno”, así como en la propuesta del Pacto Educativo Global del papa Francisco.

Y es que, desde la comisión –reiteró–, seguirán luchando por “un reconocimiento más justo y estable para la enseñanza de religión en el sistema educativo”, como se ha demostrado con la publicación de un currículo que es –destacó– una gran “aportación a la calidad y equidad de la educación”, tal como persigue la última ley educativa.

Necesaria y legítima

Para que esto sea una realidad, no es un asunto accesorio afrontar la cuestión de la carga lectiva que las comunidades autónomas dedican a la asignatura. Así lo ha reflejado la comisión episcopal en una declaración leída por el obispo de Lugo, Alfonso Carrasco Rouco, tras la publicación en el BOE. Para el prelado, el número de horas semanales destinadas a la materia confesional tiene que expresar “la consideración que merece una asignatura que articula un derecho de las familias y que se refiere a dimensiones de la realidad que afectan mucho y de cerca al alumno”.

Más allá del horario, desde la comisión también se ha defendido que la asignatura “resulta necesaria para dar un contenido concreto a la afirmación de la centralidad de la persona, al pedir una atención real al alumno en su identidad más propia, que implica tener en cuenta su cultura, su lenguaje, su religión, su familia, sus circunstancias particulares”. Esto resulta “irrenunciable para una comprensión adecuada de la educación”.

Y es que el currículo, si bien varias entidades católicas han hecho algunas reclamaciones, consolida la presencia “legítima” de estas asignaturas “confesionales” en la escuela. Aunque –recuerdan los propios obispos– “no es posible una enseñanza o un pensamiento verdaderamente inclusivo, sino desde la aceptación consecuente de la libertad de conciencia –la cual está fundada en la búsqueda personal de inteligencia de la realidad– y de la libertad religiosa, que rechaza la imposición de la verdad abusando de cualquier forma de poder”.

Desde el Observatorio de la Religión en la Escuela, su director, Carlos Esteban Garcés, destaca a Vida Nueva que, “sinceramente, el nuevo currículo de Religión mejora la Lomloe, aunque no se puede decir lo mismo a la inversa”. Y es que el nuevo texto legislativo “cumple el marco competencial de la reforma y responde con responsabilidad y lealtad al perfil de salida de la educación básica”. Por eso, tras un primer análisis, destaca que se concretan “los diez indicadores del perfil de salida que propone el Ministerio de Educación”, así como las competencias que reclama la Unión Europea.

La Carta Apostólica «Desiderio desideravi»

El Papa: «Abandonemos las polémicas sobre la liturgia, redescubramos su belleza»

Con «Desiderio desideravi», la Carta Apostólica al Pueblo de Dios, Francisco invita a superar tanto el esteticismo que solo se complace en la formalidad exterior como la dejadez en las liturgias: «Una celebración que no evangeliza no es auténtica».

VATICAN NEWS

Una Carta Apostólica al Pueblo de Dios sobre la liturgia, para recordar el sentido profundo de la celebración eucarística surgida del Concilio e invitar a la formación litúrgica. El Papa Francisco publica Desiderio desideravi, que con sus 65 párrafos desarrolla los resultados de la plenaria de febrero de 2019 del Dicasterio del Culto Divino y sigue el motu proprio Traditionis custodes, reafirmando la importancia de la comunión eclesial en torno al rito surgido de la reforma litúrgica postconciliar. No se trata de una nueva instrucción ni de un directorio con normas específicas, sino de una meditación para comprender la belleza de la celebración litúrgica y su papel en la evangelización. Y concluye con un llamamiento: «Abandonemos las polémicas para escuchar juntos lo que el Espíritu dice a la Iglesia, mantengamos la comunión, sigamos asombrándonos por la belleza de la Liturgia” (65).

La fe cristiana, escribe Francisco, o es un encuentro vivo con Él, o no es. Y «la Liturgia nos garantiza la posibilidad de tal encuentro. No nos sirve un vago recuerdo de la última Cena, necesitamos estar presentes en aquella Cena». Recordando la importancia de la constitución Sacrosanctum Concilium del Vaticano II, que condujo al redescubrimiento de la comprensión teológica de la liturgia, el Papa añade: “Quisiera que la belleza de la celebración cristiana y de sus necesarias consecuencias en la vida de la Iglesia no se vieran desfiguradas por una comprensión superficial y reductiva de su valor o, peor aún, por su instrumentalización al servicio de alguna visión ideológica, sea cual sea” (16).

Después de haber advertido contra la «mundanidad espiritual» y el gnosticismo y el neopelagianismo que la alimentan, Francisco explica que » Participar en el sacrificio eucarístico no es una conquista nuestra, como si pudiéramos presumir de ello ante Dios y ante nuestros hermanos” y que «la Liturgia no tiene nada que ver con un moralismo ascético: es el don de la Pascua del Señor que, aceptado con docilidad, hace nueva nuestra vida”. “No se entra en el cenáculo sino por la fuerza de atracción de su deseo de comer la Pascua con nosotros” (20). Para sanar la mundanidad espiritual, es necesario redescubrir la belleza de la liturgia, pero este redescubrimiento “no es la búsqueda de un esteticismo ritual, que se complace sólo en el cuidado de la formalidad exterior de un rito, o se satisface con una escrupulosa observancia de las rúbricas. Evidentemente, esta afirmación no pretende avalar, de ningún modo, la actitud contraria que confunde lo sencillo con una dejadez banal, lo esencial con la superficialidad ignorante, lo concreto de la acción ritual con un funcionalismo práctico exagerado” (22).

El Papa explica que “hay que cuidar todos los aspectos de la celebración (espacio, tiempo, gestos, palabras, objetos, vestiduras, cantos, música, …) y observar todas las rúbricas: esta atención sería suficiente para no robar a la asamblea lo que le corresponde, es decir, el misterio pascual celebrado en el modo ritual que la Iglesia establece. Pero, incluso, si la calidad y la norma de la acción celebrativa estuvieran garantizadas, esto no sería suficiente para que nuestra participación fuera plena” (23). “Si faltara el asombro por el misterio pascual que se hace presente en la concreción de los signos sacramentales, podríamos correr el riesgo de ser realmente impermeables al océano de gracia que inunda cada celebración” (24). Este asombro, aclara Francisco, no tiene nada que ver “con la vaga expresión “sentido del misterio”: a veces, entre las supuestas acusaciones contra la reforma litúrgica está la de haberlo – se dice – eliminado de la celebración. El asombro del que hablo no es una especie de desorientación ante una realidad oscura o un rito enigmático, sino que es, por el contrario, admiración ante el hecho de que el plan salvífico de Dios nos haya sido revelado en la Pascua de Jesús” (25).

¿Cómo podemos entonces recuperar la capacidad de vivir plenamente la acción litúrgica? Ante el desconcierto de la posmodernidad, el individualismo, el subjetivismo y el espiritualismo abstracto, el Papa nos invita a volver a las grandes constituciones conciliares, que no pueden separarse unas de otras. Y escribe que “sería banal leer las tensiones, desgraciadamente presentes en torno a la celebración, como una simple divergencia entre diferentes sensibilidades sobre una forma ritual. La problemática es, ante todo, eclesiológica» (31). Detrás de las batallas sobre el ritual, en definitiva, se esconden diferentes concepciones de la Iglesia. No veo cómo se puede decir, señala el Pontífice, que se reconoce la validez del Concilio y no aceptar la reforma litúrgica nacida de la Sacrosanctum Concilium (31).

Citando al teólogo Romano Guardini, muy presente en la Carta Apostólica, Francisco afirma que sin formación litúrgica, «las reformas en el rito y en el texto no sirven de mucho» (34). Insiste en la importancia de la formación, en primer lugar en los seminarios: «Una configuración litúrgico-sapiencial de la formación teológica en los seminarios tendría ciertamente efectos positivos, también en la acción pastoral. No hay ningún aspecto de la vida eclesial que no encuentre su culmen y su fuente en ella. La pastoral de conjunto, orgánica, integrada, más que ser el resultado de la elaboración de complicados programas, es la consecuencia de situar la celebración eucarística dominical, fundamento de la comunión, en el centro de la vida de la comunidad. La comprensión teológica de la Liturgia no permite, de ninguna manera, entender estas palabras como si todo se redujera al aspecto cultual. Una celebración que no evangeliza, no es auténtica, como no lo es un anuncio que no lleva al encuentro con el Resucitado en la celebración: ambos, pues, sin el testimonio de la caridad, son como un metal que resuena o un címbalo que aturde” (37).

Es importante, continúa explicando el Papa, educar en la comprensión de los símbolos, lo que resulta cada vez más difícil para el hombre moderno. Una forma de hacerlo «es, sin duda, cuidar el arte de la celebración», que «no puede reducirse a la mera observancia de un aparato de rúbricas, ni tampoco puede pensarse en una fantasiosa – a veces salvaje – creatividad sin reglas. El rito es en sí mismo una norma, y la norma nunca es un fin en sí misma, sino que siempre está al servicio de la realidad superior que quiere custodiar” (48). “Uno no aprende el arte de celebrar porque asista a un curso de oratoria o de técnicas de comunicación persuasiva (no juzgo las intenciones, veo los efectos), sino que “es necesaria una dedicación diligente a la celebración, dejando que la propia celebración nos transmita su arte” (50). Y “entre los gestos rituales que pertenecen a toda la asamblea, el silencio ocupa un lugar de absoluta importancia”, que “mueve al arrepentimiento y al deseo de conversión; suscita la escucha de la Palabra y la oración; dispone a la adoración del Cuerpo y la Sangre de Cristo” (52).

A continuación, Francisco observa que en las comunidades cristianas su forma de vivir la celebración «está condicionada -para bien y, por desgracia, también para mal- por el modo en que su pastor preside la asamblea». Y enumera varios «modelos» de presidencia inadecuada, aunque sean de signo contrario: «rigidez austera o creatividad exasperada; misticismo espiritualizante o funcionalismo práctico; prisa precipitada o lentitud acentuada; descuido desaliñado o refinamiento excesivo; afabilidad sobreabundante o impasibilidad hierática». Estos modelos tienen una raíz común: “Un exagerado personalismo en el estilo celebrativo que, en ocasiones, expresa una mal disimulada manía de protagonismo. Esto suele ser más evidente cuando nuestras celebraciones se difunden en red”, mientras que “presidir la Eucaristía es sumergirse en el horno del amor de Dios” (57).

El Papa concluye la carta pidiendo «a todos los obispos, presbíteros y diáconos, a los formadores de los seminarios, a los profesores de las facultades de teología y de las escuelas de teología, y a todos los catedráticos y catequistas, que ayuden al santo pueblo de Dios a sacar de lo que siempre ha sido la fuente primaria de la espiritualidad cristiana», reafirmando lo establecido en la «Traditionis custodes», para que «la Iglesia eleve, en la variedad de lenguas, una oración única e idéntica capaz de expresar su unidad» y esta oración única es el Rito Romano surgido de la reforma conciliar y establecido por los santos pontífices Pablo VI y Juan Pablo II.

Un proyecto de paz global

Francisco reclama pasar de las “estrategias de poder” a un “proyecto de paz global”

El pontífice invita a los cristianos a testimoniar con la vida la fraternidad que Jesús propone en el evangelio

Aunque julio es tradicionalmente el mes de vacaciones del papa Francisco, en el que se suspenden las audiencias y se reduce la agenda pública; el pontífice no ha falta a su cita dominical para presidir la oración mariana del ángelus tras haber presidido la eucaristía con la comunidad congoleña de Roma. Los fieles no han faltado a este encuentro con el Papa desde la Plaza de San Pedro y han recibido como obsequio en esta ocasión la nueva revista mensual que el periódico ‘L’Osservatore Romano’ ofrecerá elaborada por las personas sin techo, suplemento que se ha denominado ‘Osservatore di strada’.los misioneros Pedro Ortiz de Zárate y Juan Antonio Solinas, los conocidos como mártires del Zenta. Asesinados en 1683 fueron una referencia por si labor misionera en el valle del Zenta, al noroeste del país. E Papa sestacó la defensa de las poblaciones indígenas desde el mensaje del evangelio e invitó a todos a mantener el compromiso por los más débiles.

Nuevamente, el Papa pidió por la paz en Ucrania y en el resto del mundo, en este sentido pidió a las autoridades que no mantengan la paz a través del control de armamento. “Hago un llamamiento a los jefes de las Naciones y Organizaciones Internacionales para que reaccionen ante la tendencia a acentuar el conflicto y la confrontación. El mundo necesita paz. No una paz basada en el equilibrio de las armas, en el miedo mutuo. No, eso no servirá. Esto es hacer retroceder la historia setenta años”, denunció. Para Francisco, “la crisis ucraniana debería haber sido, pero –si se quiere– todavía puede llegar a ser, un reto para los sabios estadistas, capaces de construir en el diálogo un mundo mejor para las nuevas generaciones. Con la ayuda de Dios, esto siempre es posible. Pero debemos pasar de las estrategias de poder político, económico y militar a un proyecto de paz global: no a un mundo dividido entre potencias en conflicto; sí a un mundo unido entre pueblos y civilizaciones que se respeten mutuamente”.

Discípulos en fraternidad

En su reflexión a partir de la liturgia del día, el envío de los 72 discípulos, Francisco destacó que Jesús “no envía gente solitaria delante de él, sino discípulos que van de dos en dos” e insiste en el “testimonio que han de dar más que a las palabras que han de decir”, los llama a “evangelizar con su comportamiento”. El Papa destacó que no son “predicadores que no saben ceder la palabra a otro”. “Es ante todo la vida misma de los discípulos la que anuncia el Evangelio: su saber estar juntos, su respeto mutuo, su no querer demostrar que son más capaces que el otro, su referencia concordante al único Maestro”, destacó.

Para Francisco, “se pueden elaborar planes pastorales perfectos, poner en marcha proyectos bien elaborados, organizarse hasta el más mínimo detalle; se pueden convocar multitudes y disponer de muchos medios; pero si no hay disponibilidad para la fraternidad, la misión evangélica no avanza”. En este sentido contó la anécdota de un misionero solitario en África que acabó funcionando como un “mero empresario” que hacía solo obras y papeleo y recuperó la vida comunitaria. “La misión evangelizadora no se basa en el activismo personal, es decir, en el ‘hacer’, sino en el testimonio del amor fraterno, incluso a través de las dificultades que conlleva la convivencia”, reclamó. En este sentido, el Papa concluyó su reflexión invitado a todos a evaluar su vivencia y testimonio de fraternidad lanzando algunas preguntas al aire.

La «Revolución Litúrgica» de Francisco

La centralidad de la Palabra de Dios

La ‘revolución litúrgica’ de Francisco acaba con las misas tradicionalistas y restablece la reforma conciliar «en toda la Iglesia de Rito Romano»

«No veo cómo se puede decir que se reconoce la validez del Concilio – aunque me sorprende un poco que un católico pueda presumir de no hacerlo – y no aceptar la reforma litúrgica nacida de la Sacrosanctum Concilium»

«La no aceptación de la reforma, así como una comprensión superficial de la misma, nos distrae de la tarea de encontrar las respuestas a la pregunta que repito: ¿cómo podemos crecer en la capacidad de vivir plenamente la acción litúrgica? ¿Cómo podemos seguir asombrándonos de lo que ocurre ante nuestros ojos en la celebración? Necesitamos una formación litúrgica seria y vital»

«Abandonemos las polémicas para escuchar juntos lo que el Espíritu dice a la Iglesia, conservemos la comunión, sigamos maravillándonos con la belleza de la liturgia»

El arte de celebrar, advierte el Papa, no se aprende «porque uno asista a un curso de oratoria o de técnicas de comunicación persuasiva», sino que requiere «una dedicación diligente a la celebración, dejando que la propia celebración nos transmita su arte»

Por Jesús Bastante

«No podemos volver a esa forma ritual que los Padres Conciliares, cum Petro y sub Petro, sintieron la necesidad de reformar, aprobando, bajo la guía del Espíritu y según su conciencia de pastores, los principios de los que nació la reforma». El papa Francisco ‘consagra’, en una nueva Carta Apostólica ‘Desiderio desideravi’ (‘Anhelaba el deseo’), la reforma litúrgica que ya apuntara en ‘Traditions Custodes’: fin de la misa en latín, de espaldas al pueblo.

Frente a ello, y sumándose a «los santos Pontífices Pablo VI y Juan Pablo II», que «garantizaron la fidelidad de la reforma al Concilio», el Papa expresa la necesidad de que «la Iglesia pueda elevar, en la variedad de lenguas, una única e idéntica oración capaz de expresar su unidad». «Esta unidad que, como ya he escrito, pretendo ver restablecida en toda la Iglesia de Rito Romano», sostiene, en un texto que, a buen seguro, desatará las iras de los sectores tradicionalistas. 

No se puede negar la validez del Concilio

«Sería banal leer las tensiones, desgraciadamente presentes en torno a la celebración, como una simple divergencia entre diferentes sensibilidades sobre una forma ritual», escribe el Pontífice. «La problemática es, ante todo, eclesiológica. No veo cómo se puede decir que se reconoce la validez del Concilio – aunque me sorprende un poco que un católico pueda presumir de no hacerlo – y no aceptar la reforma litúrgica nacida de la Sacrosanctum Concilium».

«Por ello – como ya explicó en Traditionis Custodes- me sentí en el deber de afirmar que “los libros litúrgicos promulgados por los Santos Pontífices Pablo VI y Juan Pablo II, en conformidad con los decretos del Concilio Vaticano II, como única expresión de la lex orandi del Rito Romano”», deja claro el Papa. Por si acaso, más aclaraciones: «La no aceptación de la reforma, así como una comprensión superficial de la misma, nos distrae de la tarea de encontrar las respuestas a la pregunta que repito: ¿cómo podemos crecer en la capacidad de vivir plenamente la acción litúrgica? ¿Cómo podemos seguir asombrándonos de lo que ocurre ante nuestros ojos en la celebración? Necesitamos una formación litúrgica seria y vital».

La nueva carta, dirigida a los obispos y sacerdotes, pero también al pueblo de Dios, porque los no celebrantes también son protagonistas de la liturgia, como lo fueron los primeros discípulos, deja clara una idea: «Una celebración que no evangeliza, no es auténtica, como no lo es un anuncio que no lleva al encuentro con el Resucitado en la celebración: ambos, pues, sin el testimonio de la caridad, son como un metal que resuena o un címbalo que aturde».

Acercar el Pueblo de Dios a la Liturgia y la Liturgia al Pueblo de Dios

Algo que, lamenta el Papa, ha podido comprobar en sus continuas visitas a comunidades, donde «la forma de vivir la celebración está condicionada – para bien, y desgraciadamente también para mal – por la forma en que su párroco preside la asamblea».

«Lista de actitudes» a evitar

Así, Francisco resume varios ‘modelos’ de presidencia. Hace, incluso, una «Posible lista de actitudes» que «caracterizan a la presidencia de forma ciertamente inadecuada». Son las siguientes: «rigidez austera o creatividad exagerada; misticismo espiritualizador o funcionalismo práctico; prisa precipitada o lentitud acentuada; descuido desaliñado o refinamiento excesivo; afabilidad sobreabundante o impasibilidad hierática».

Todas tienen una raíz común, señala Bergoglio: «un exagerado personalismo en el estilo celebrativo que, en ocasiones, expresa una mal disimulada manía de protagonismo. Esto suele ser más evidente cuando nuestras celebraciones se difunden en red, cosa que no siempre es oportuno y sobre la que deberíamos reflexionar. Eso sí, no son estas las actitudes más extendidas, pero las asambleas son objeto de ese “maltrato” frecuentemente. 

A lo largo de 18 páginas y 65 puntos, el Papa desentraña una meditación sobre la belleza de la celebración litúrgica y su papel en la evangelización. Con una idea clara, que se plasma en el último punto: «Abandonemos las polémicas para escuchar juntos lo que el Espíritu dice a la Iglesia, conservemos la comunión, sigamos maravillándonos con la belleza de la liturgia».

«Necesitamos estar presentes»

Una liturgia que «no es un vago recuerdo de la Última Cena«, sino que «necesitamos estar presentes», sin desfigurar su significado «por una comprensión superficial y reductora de su valor o, peor aún, por su instrumentalización al servicio de alguna visión ideológica, sea cual sea».

Redescubrir la belleza de la liturgia, añade Bergoglio, «no es la búsqueda de un esteticismo ritual que se complace sólo en el cuidado de la formalidad externa de un rito o se satisface con una escrupulosa observancia rúbrica», aunque «hay que cuidar todos los aspectos de la celebración (el espacio, el tiempo, los gestos, las palabras, los objetos, los ornamentos, el canto, la música, …) y observar todas las rúbricas: esta atención sería suficiente para no robar a la asamblea lo que le corresponde, es decir, el misterio pascual celebrado de la manera ritual establecida por la Iglesia».

El misterio de Dios

Pese a todo, «esto no es suficiente», añade el Papa. «Si falta el asombro por el misterio pascual» presente «en la concreción de los signos sacramentales, podríamos correr el riesgo de ser realmente impermeables al océano de gracia que inunda cada celebración».

Educar en la comprensión de los símbolos

Es importante, continúa explicando el Papa, educar en la comprensión de los símbolos, lo que resulta cada vez más difícil para el hombre moderno. Una forma de hacerlo «es, sin duda, cuidar el arte de la celebración», que «no puede reducirse a la mera observancia de un aparato rúbrico, ni puede pensarse en una creatividad imaginativa -a veces salvaje- sin reglas». El rito es en sí mismo una norma y la norma nunca es un fin en sí misma, sino que siempre está al servicio de la realidad superior que quiere custodiar».

El arte de celebrar, advierte el Papa, no se aprende «porque uno asista a un curso de oratoria o de técnicas de comunicación persuasiva», sino que requiere «una dedicación diligente a la celebración, dejando que la propia celebración nos transmita su arte». Y «entre los gestos rituales propios de toda la asamblea, ocupa un lugar de absoluta importancia el silencio», que «mueve al arrepentimiento y al deseo de conversión; suscita el deseo de conversión».

Lc 10, 4-10: la 1ª misión cristiana

De en dos, sin alforjas ni dinero. La primera misión cristiana Lc 10)

El evangelio (Lc 10 1-12) recoge y expande el motivo de la primera misión del evangelio en Galilea y su apertura al mundo entero. Esta misión constituye el más profundo (el más actual) de los programas de evangelización del NT y de la historia de la Iglesia, hasta el día de hoy (año 2022), por encima del Vaticano II, en el fondo del programa de recreación del Papa Francisco. Sin volver a ese principio carecen de sentido todos los intentos de renovación eclesial que hoy se proponen, de un lado y del otro. Ese programa ha sido expuesto en dos textos paralelos: Mc 6, 7-11 y Lc 10, 4-10 (con un motivo básico del documento Q).

 | X Pikaza Ibarrondo

Introducción

El evangelio de Mateo(Mt 10, 1-15) recoge, condensa y unifica (agrupa) ambos textos (Mc y Q), para exponer así la misión primitiva de la Iglesia en Galilea, y presentar después (en Mt 29,16-20) la misión universal, desde Galilea a todos los pueblos, después de la pascua.

El evangelio de Lucas mantiene en cambio ambos motivos separados, situándolos en el tiempo de Jesús : (a) Lc 9, 1-4 recoge y expone la misión según Marcos, realizada por los doce apóstoles a las 12 tribus de Israel antes de la muerte de Jesús. Por su parte, Lc 10,4-10 amplía el tema del Q, con la misión realizada por 72 discípulos y dirigida a todos los pueblos del mundo, tras la pascua de Jesús, por el Espíritu santo. En sentido estricto, está segunda misión ha sido  realizada por la Iglesia posterior, tal como Lucas dice en  Hechos.

Del paso de una misión a la otra (de Galilea a todas las naciones) trata lo que sigue.  Éste es, como he dicho, el texto y programa más importante de la revelación y misión cristiana, hasta el día de hoy, de dos en dos (en amor mutuo de los misioneros),y sin más alforjas que ese amor mutuo y la esperanza de que la transformación gozosa de la vida humana en Cristo Mesías de Dios y de los hombres.

Texto Lc 10, 1-12  

 En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él. Y les decía: «La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que mande obreros a su mies. ¡Poneos en camino! Mirad que os mando como corderos en medio de lobos. No llevéis talega, ni alforja, ni sandalias; y no os detengáis a saludar a nadie por el camino.

Cuando entréis en una casa, decid primero: «Paz a esta casa.» Y si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros. Quedaos en la misma casa, comed y bebed de lo que tengan, porque el obrero merece su salario. No andéis cambiando de casa. Si entráis en un pueblo y os reciben bien, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que haya, y decid: «Está cerca  el Reino de Dios…).   

Introducción. La misión de Galilea[1].

  De todas formas, al tratar de las comunidades galileas, preferimos prescindir de los Doce y de Pedro (que pueden haber hecho un camino especial, más vinculado a Jerusalén) para ocuparnos de aquellos que han sido “específicamente” galileos, es decir, de aquellos que han continuado realizando las obras de Jesús y repitiendo sus palabras anteriores, como portadores y adelantados del Reino de Dios en su patria. Ciertamente, ellos han podido tener una experiencia pascual (de resurrección de Jesús), pero no parece haber sido igual que la de aquellos que se han instalado en Jerusalén, para esperar sin más la venida de Jesús.

Los primeros cristianos de Galilea  no se han limitado a esperar a Jesús, sino que han seguido viviendo como él (hablando y actuando), como si su obra no hubiera llegado a su fin y fueran ellos los que debieran culminarla. Más que testigos de una experiencia pascual que ha cambiado todo su pasado (como el de las mujeres y el de los Doce de Jerusalén), ellos parecen testigos y continuadores del comienzo de la obra de Jesús en su propia tierra, insistiendo así más en lo que ha sido su etapa galilea.

Ciertamente, conocen la muerte de Jesús y mantienen su conexión con los cristianos pascuales de Jerusalén, aceptando de algún modo su experiencia (Jesús resucitado). Pero todo nos permite suponer que, para ellos, la forma de anunciar y expandir la presencia de Jesús es seguir curando como él curaba y proclamando su Reino, como había hecho Jesús  Nazoreo, cuyo camino y empeño asumen como propio.

Se suele afirmar que estos continuadores galileosde Jesús no han formado iglesias pascuales de tipo más jerárquico y patriarcal, como las que surgirán a partir de Jerusalén (con Santiago y con los helenistas).

Estos galileos saben, sin duda, que Jesús ha muerto por fidelidad a su mensaje, en Jerusalén, y están convencidos de que ese mensaje y proyecto sigue siendo válido, pues ha sido ratificado por la muerte del mismo Jesús, a quien ellos veneran como mártir o testigo de Dios. Saben que Jesús es importante, pero a su juicio lo que importa de verdad es su mensaje de Reino, que ellos siguen anunciando y expresando con su vida, hasta que venga el Hijo de hombre de la tradición apocalíptica judía (y quizá del mensaje de Jesús), un Hijo de Hombre a quien ellos empiezan a identificar con el mismo Jesús Nazoreo que anunciaba su venida.

Ellos piensan, por tanto, que Jesús y su obra no han terminado, sino que su Reino vendrá, pues Jesús se ha convertido por la muerte en Hijo de hombre (cf. Pikaza, Historia de Jesús, cap. 13), dando así un sentido nuevo no sólo al Reino, sino a la misma figura del Hijo del Hombre. Parece que estos galileos no han formulado relatos de experiencias pascuales directas, como las de Pablo en 1 Cor 15. Pero en el fondo de su actividad late una experiencia mesiánica intensa (cf. también Historia de Jesús, cap.6)[2].

            El evangelio de Marcos constituye un testimonio importante de la existencia de estos cristianos galileos, pues no sólo conserva parte de sus tradiciones (de milagros), sino que pide, de un modo programático, a las mujeres y discípulos (con Pedro) que «vayan a Galilea» (Mc 16, 7-8), para redescubrir la tarea básica de Jesús y recrear su movimiento.  En una línea convergente se sitúa el documento Q. Esos dos testimonios (Mc y Q) no ofrecen una visión aproximada de los cristianos galileos[3], que así aparecen como sanadores, exorcista y sabios,  es decir, como misioneros itinerantes y pobres, al servició de la nuevas  casas cristianas[4].

Entendido así, el cristianismo no es una religión de recreación social, esto es, de formación casas o comunidades mesiánicas transformación interior, sino de recreación social. Los cristianos itinerantes (misioneros, exorcistas, sanadores, sabios…) realizan su misión con la finalidad de crear (recrear) comunidades sedentarias de cristianos, que se reúnen en casas y/o comunidades cristianas que superan las normas de vida de este mundo (fundadas en el poder y el dinero)  compartiendo casa, trabajo, familia y posesiones, como han puesto de relieve los textos del ciento   por uno (cf. Mc 10, 28-31 par).

            Tanto lo misioneros o itinerantes de Marcos como los del Q (especialmente los del   trasmitirían, el testimonio de Jesús en forma de «palabras de sabiduría», interpretándole (e interpretándose a sí mismos como portadores privilegiado de una experiencia vital, conforme a la visión que ofrecimos en la Historia de Jesús. Ciertamente, estos «cristianos Q» aparecerían también como sanadores (exorcistas), pero ellos se presentarían sobre todo, como «agrupaciones de sabios», es decir, como testigos y trasmisores de una tradición de conocimiento profundo que, en principio, resulta independiente (o, al menos, distinta) de la experiencia pascual de la comunidad de Jerusalén y especialmente de los helenistas y de Pablo, que han destacado más la importancia de la muerte y de la resurrección de Jesús.

Estos “sabios mesiánicos” de Galilea conservarían las «palabras» de Jesús (y reasumirían su ejemplo misionero, anunciando la llegada del Reino de Dios), pero no se ocuparían propiamente de la historia de Jesús, pues su vida personal les parecería menos importante, igual que su destino de muerte y resurrección (aunque esperaban de algún modo que Jesús volvería como Hijo de Hombre). Ellos tenderían pronto a desarrollar, partiendo de las palabras de Jesús, un tipo de sabiduría moral y existencial, en la línea de otros maestros y hombres espirituales de aquel tiempo.

Esta visión «sapiencial» y esta enseñanza de los nazoreos de Galilea tiende a convertir el movimiento de Jesús en una «escuela de sabiduría popular», una escuela de sanación, de expulsión de los demonios y de comunicación de bienes, dirigida básicamente a los campesinos y pobres de Galilea, más que a a los estratos superiores de la población. Lógicamente, en ese contexto no se podría hablar de iglesias establecidas, sino de comunidades o agrupaciones de carismáticos sabios, que conocen y actualizan la lucha de Jesús contra Satán (como muestra Lc 4, 1-13), pero manteniéndose dentro del judaísmo ambiental.

Los seguidores galileos de Jesús siguieron manteniendo su anuncio de Reino, realizando sus signos y esperando la venida del Hijo del Hombre (al que identificaban ya con el mismo Jesús). Ciertamente, ellos recogieron y repitieron muchas palabras de Jesús, pero no para convertirlas en manual de sabiduría interior (como harán los gnósticos posteriores, en una línea ya iniciada en Ev. Tomás, del que hablaremos en La Gran Iglesia), sino para integrarlas en el contexto del Jesús histórico, que proclamó la llegada del Reino de Dios, aquí mismo, en Galilea. Ciertamente, en general, ellos creían en la resurrección de los muertos, al fin de los tiempos (y podían creer en un tipo de cielo superior), pero esperaban, anunciaban y preparaban la llegada del Reino de Dios en esta misma tierra, en Galilea, como lo había esperado Jesús (al que identificaban ya con el Hijo del Hombre).

Ellos tuvieron que mantener y extender el movimiento de Jesús en tiempos turbulentos, marcados por el intento «idólatra» de Calígula, que quiso erigir su estatua en Jerusalén, identificando así el Reino de Dios con el imperio del César (el año 41 d.C.) y, sobre todo, en tiempos posteriores, marcados por el despliegue del movimiento nacionalista violento de los celotas, que culminará en la guerra del 67-70 d.C. Externamente hablando, parece que ellos no triunfaron, porque el conjunto de los galileos no se hicieron cristianos y porque al fin se extendió por Galilea la lógica de la guerra, con la respuesta de la represión de Roma. Pero en otra línea profunda ellos ofrecieron un testimonio muy profundo de fidelidad al mensaje de Jesús y a su camino de Reino, como seguiremos indicando[5].

Itinerantes con autoridad

            Los misioneros  «cristianos de Mc 6y del Q» fueron sabios y apocalípticos, siendo al mismo tiempo exorcistas, como lo había sido su maestro. En ese sentido, como he destacado en cap. 4, su sacramento particular habría sido el exorcismo. Las comunidades de cristianos galileos permanecieron más cerca del proyecto mesiánico más antiguo de Jesús, como mensajero al servicio del Reino. Éstos serían sus rasgos distintivos: 

Movimiento mesiánico. Como vengo indicando, antes de la iglesia pascual plenamente establecida de Jerusalén, y luego al lado de ella, ha existido en Galilea un movimiento mesiánico del Reino de Dios, vinculado a Jesús (quizá al lado de otros movimientos mesiánico-apocalípticos, relacionados con otras figuras y signos judíos, como podían los de Henoc o Esdras). Muchos siguieron a Jesús mientras vivía y luego, tras su muerte, algunos mantuvieron su forma de vida y su mensaje de Reino, relacionado con el Hijo del Hombre a quien identificaron pronto con el mismo Jesús (que ha de volver). Por eso, más que la presencia actual (gloriosa) de Jesús resucitado ponían de relieve su venida y le esperaban como portador del Reino, realizando mientras tanto su misma tarea, como sabios (pero también como exorcistas y sanadores) creando familias ampliadas o comunidades abiertas a la gran transformación de Dios.

            De esa forma, estos cristianos galileos se situaban entre el pasado de la historia de Jesús (a quien seguían recordando) y el futuro del Reino, que él había proclamado, afirmando que el mismo Jesús era garante de la venida de ese Reino, en Galilea. En sentido estricto (al menos en principio), ellos no formaron una comunidad organizada con su institución y jerarquía (con presbíteros o escribas especiales), ni una Iglesia al estilo paulino (con su visión trascendente de Jesús como Hijo de Dios y Señor), sino un movimiento mesiánico dentro del judaísmo.

            Seguían siendo judíos más que «cristianos», en el sentido que el  término recibirá en Antioquia (cf. Hch 11, 26) y podríamos llamarles «nazoreos», como a Jesús, pues conservan y expanden sus tradiciones (y esperan su llegada como «Hijo de hombre», vinculado al Reino de Dios). Más que la veneración o adoración de Jesús (como Señor, Hijo de Dios, en la línea de las comunidades paulinas posteriores) les importa aquello que Jesús había hecho(su mensaje y camino de Reino) y lo que deberá hacer al manifestarse y venir como Hijo de hombre. Por eso, mientras esperaban su llegada final, siguieron realizando lo que él había realizado. No crearon grupos autónomos y separados del cuerpo judío, sino que quisieren ser principio de renovación para todo el judaísmo. Sus dirigentes eran profetas carismáticos y exorcistas como Jesús.

            En este contexto se entienden las palabras de envío que el mismo Jesús glorificado les dirige. Ellas pueden tener una base prepascual (reflejando el recuerdo de aquello que los itinerantes de Jesús llevaban y hacían). Pero en su forma actual son palabras del Jesús ya muerto, a quien estos nazoreos recuerdan y siguen, el mismo a quien esperan como Hijo de hombre, que vendrá muy pronto a culminar su obra. Así les habla Jesús, así se transmiten sus palabras en los dos testimonios básicos de la tradición evangélica, el documento Q y el evangelio de Marcos, que en este campo presentan versiones convergentes, que deben estar vinculadas a su origen galileo:

  1. Mc 6, 7-11: (Jesús les dio) autoridad sobre los espíritus inmundo; Y les ordenó que no llevara nada para el camino, sino sólo un bastón; ni pan, alforja o dinero en el cinto; Y les dijo: dondequiera que entréis en una casa, quedaos allí hasta que salgáis del lugar, y donde no os reciban ni os escuchen…
  2. Lc 10, 4-10 (tema Q): No llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias. Y no saludéis a nadie en el camino.En la casa en que entréis decid primero: Paz a esta casa…Y en la ciudad en que entréis y os reciban comed lo que os pongan y curad a los enfermos que haya en ella y decidles: El reino de Dios ha llegado a vosotros.Y en la ciudad en que entréis y no os reciban sacudid el polvo de vuestros pies…

            Estos dos pasajes (de Marcos y del Q) conservan la memoria de la primera y más honda misión de Jesús y de sus seguidores, que aparecen así como enviados mesiánicos  del mismo Jesús definidos  por aquello que ofrecen (y llevan) y por aquello que reciben, desde la perspectiva de quienes les acogen o rechazan.  

  1. Autoridad. Un poder del amor. Estos cristianos galileos son ante todo exorcistas (aunque Lc 10, que refleja una situación eclesial posterior, habla sólo de curar enfermos); son exorcistas y sanadores, no escribas de ley, ni sacerdote de templo, ni capitandes de ejército, ni presbítero o inspector (=obispo) de una comunidad, sino alguien con poder personal para curar (liberar) a los posesos, de manera que su autoridad no puede reglamentarse por oficio.

            Una comunidad cuya autoridad suprema la ejercían exorcistas ha de estar centrada en carismáticos, cuya tarea básica es la humanización (liberación) de aquellos que sufren bajo poderes destructores. Ciertamente, estos exorcistas  despliegan su mensaje con gestos sanadores, más que con palabras. De esa forma suscitan la conversión o cambio radical de las personas (como supone el fin canónico de Marcos: 16, 12): Son sabios y apocalípticos al mismo tiempo, porque anuncian la llegada del Reino (del Hijo de hombre) y despliegan su más alta sabiduría siendo expulsando a los demonios, como sabe y dice de forma programática Mc 1, 21-28.

             Estos galileos sabios y exorcistas de Mc 6 del Q han  han traducido la enseñanza de Jesús como «programa social» para tiempos de pre-guerra, desarrollando en ese contexto un ideario de paz y un camino intenso de concordia, que debería haber sido capaz de frenar y superar la dialéctica de enfrentamiento que se estaba desencadenando en el ambiente y que desembocaría en la guerra del 67-70 d.C. Las palabras radicales de Jesús sobre el perdón y el amor a los enemigos (cf. Lc 6, 27-42 y Mt 5, 38-48; 7, 1-5) han sido transmitidas y recreadas precisamente en ese contexto de violencia y guerra que se estaba incubando en Israel y, de un modo especial, en Galilea, tras la muerte de Herodes Agripa (año 44 d.C.). Lo que aquel tiempo y lugar necesitaba no eran palabras ideales de amor, sino una experiencia y camino de concordia, una alternativa a la guerra que se estaba gestando. Los cristianos  ofrecieron esa experiencia, pero la mayoría de los galileos no se “convirtieron”[6]. 

Una misión de testimonio. Cristianos liberados para crear una casa universal

            Los discípulos de Jesús no son autoridad por lo que tienen (bienes), por lo que aparentan (vestidura) o por la gradación académica, sacral o social que poseen (como en la administración organizada de ciertas iglesias y sinagogas posteriores), sino por su propio testimonio de Reino, que se expresa a través de un total desapego (son itinerantes, sin casa ni bienes). Ese desprendimiento (atestiguado aún en Did 11-14) no es fruto de ascesis o  rechazo monetario, como podía suceder entre los filósofos cínicos del entorno helenistas (con quienes a veces se ha comparado a los cristianos del Q), sino que proviene de un fuerte sentimiento de confianza y solidaridad mesiánica[7]. Cf. Pikaza, Diccionario de la Biblia.

            Nos hallamos en un momento de fuerte crisis social y de intensos preparativos para la llegada del «reino de Dios» o para la transformación mesiánica del judaísmo, que desembocarán en la guerra del 67-70 dC. Pues bien, estos enviados de Jesús no tienen que preparar ningún tipo de defensa, ni llevar nada consigo, sino su palabra (como sigue destacando Mc 13, 11, en un contexto de fuerte tensión escatológica). Son obreros de un Reino que no se consigue con armas o dinero, sino con la transformación personal, en línea de gratuidad o de comunión humana (cf. Mt 10, 11), sin más aval que la propia vida. Por eso, ellos dan gratuitamente lo que tienen (expulsan demonios, curan) y esperan confiadamente lo que necesitan, en casa, comida o vestido, mientras otros grupos, en su entorno, empiezan a preparar ansiosamente la guerra.

            Éste es el mensaje de los mensajeros galileos de Jesús, que siguen confiando en la “autoridad” de la vida y la palabra que él desarrolló mientras vivía y que les ha legado tras su muerte. Es un mensaje que se identifica con la misma existencia de los mensajeros que, no teniendo nada, pueden presentarse como más poderosos y fuertes que todos los restantes grupos sociales del entorno, desde los celotas que prepararán pronto la guerra hasta los escribas de la línea de los fariseos, que terminarán creando comunidades separadas de puros, en medio de un mundo que parece condenado a la violencia sin fin de los «guerreros» de un lado y de otro[8].

Los enviados-profetas son autoridad itinerante (de reino), sin casa fija, ni tareas administrativas y de esa forma van y ofrecen gratuitamente curación y vida a quienes les acojan. Son carismáticos, «apóstoles» del evangelio, liberados para el reino. No son ascetas (comen, beben, reciben buena hospitalidad), sino testigos de Jesús, en la línea de lo que serán los apóstoles de las comunidades helenistas y del tiempo de Pablo. Ellos son los portadores de la Palabra.

  1. Quienes les reciben en sus casas (aldeas) instituyen pronto un autoridad establecida, de manera que los enviados de Jesús no quieren ni pueden rechazarla, sino que la aceptan en un sentido muy práctico y concreto. Los itinerantes/apóstoles les hablan y curan, pero dependen del alojamiento, vestido y comida que los sedentarios les ofrezcan. De esa manera hallamos una especie de comunidades móviles, cambiantes, de itinerantes y sedentarios, «iglesias» que se van haciendo en un proceso de enriquecimiento mutuo, en amor y servicio.

            Los enviados de Jesús no empiezan creando o imponiendo autoridad, sino que aceptan la autoridad de cada lugar o familia que les acoge. Esta implicación (simbiosis) entre itinerantes carismáticos(misioneros-apóstoles sin casa, dinero o vestido propio) y sedentarios instituidos (que pueden ofrecerles casa-pan-vestido) constituye un elemento esencial del principio de la iglesia. Sólo más tarde, cuando triunfe el elemento sedentario, de manera que el “movimiento” se estabilice y las iglesias aparezcan como una institución establecida (sin itinerantes), podrán nacer unos ministerios fijos (obispos, presbíteros), de manera que las comunidades Jesús tiendan a transformarse en un tipo de agrupación sacral autosuficiente[9].

En ese sentido, las comunidades galileas se expresan en forma de camino mesiánico constante«Y donde no os reciban…». Los enviados de Jesús siguen caminando, tanto si son acogidos (tras un tiempo de permanencia en la casa o ciudad que les recibe, han de seguir caminando), como si no (teniendo que abandonar el lugar donde les rechazan), porque son mensajeros del Jesús que ha muerto para que llegue (¡y está llegando!) el Reino. Ellos no pueden establecerse por separado como grupo estable (¡no serían ya itinerantes del Reino!), ni imponer su mensaje o proyecto a fuerza de razones económica, sociales o sacrales, porque el Reino de Dios que Jesús anunciaba no puede establecerse en forma de institución organizada.

Con su misma itinerancia ellos se vuelven testigos de aquello que ha de venir (de lo que Jesús les dirá y les dará cuando venga), de forma que no deben defender lo que “ahora tienen”. Por eso, si no les acogen en un sitio, si los habitantes de un lugar no escuchan su mensaje, ellos no deben seguir insistiendo, sino marcharse, sacudiendo incluso el polvo de los pies, como expresión de total desapego (=no se les ha pegado cosa alguna). Sin nada propio han venido, sin nada propio deben irse, como testigos de un Dios que regala vida a todos, con la confianza de que algunos les recibirán y, sobre todo, con la certeza de que llega el Reino (cf. Mc 9, 1 par; Mt 10, 23). Pero si les acogen tampoco pueden quedarse, pues no son simples testigos de algo que hay ya, sino buscadores y pregoneros de algo que vendrá (de la Palabra plena, de la comunicación completa)[10].

  AMPLIACIóN. CUATRO  TEXTOS

            Como he dicho, los cuatro textos de la misión de los sinópticos recogen dos tradiciones (Marcos y el Q), que Lucas trasmite por separado (Lc 9, 1-5 la de Marcos; Lc 10, 1-9 la de Q) y que Mateo combina (cf. Mt 9,35-10-16). Los cuatro pasajes conservan la memoria de la primera y más honda misión de Jesús, que define a los enviados por aquello que ofrecen (y llevan) y aquello que reciben, desde la perspectiva de quienes les acogen o rechazan.  En el fondo de de esas «comunidades» hallamos unos profetas carismáticos, cercanos a la historia de Jesús, que en principio no se identifican con los Doce (más vinculados a Jerusalén), ni con los apóstoles de la misión helenista y paulina, abierta a los gentiles. Esos itinerantes de Reino constituyen la primera autoridad de la iglesia, de tal forma que pueden concebirse como ejemplo y criterio de toda autoridad posterior. Así As pueden condensarse los motivos principales de esos textos:

(a) Mc 6, 7-11

[1. Identidad, misión] 7 Entonces llamó a los doce y comenzó a enviarlos de dos en dos2. Autoridad] dándoles autoridad sobre los espíritus inmundos; [3. Posesión, titulación] 8 y les ordenó no llevar nada para el camino, sino sólo un bastón; ni pan, alforja o dinero en el cinto; 9 sino calzar sandalias y no llevar dos túnicas. [4. Iglesia-casa] 10 Y les dijo: dondequiera que entréis en una casa, quedaos allí hasta que salgáis del lugar [5. Iglesia-camino] 11 Y donde no os reciban ni os escuchen, al salir de allí, sacudid el polvo de vuestros pies en testimonio contra ellos. 

 [Identidad, misión] 1 Reuniendo a los doce (les envió…),2. Autoridad] les dio poder y autoridad sobre todos los demonios y para sanar enfermedades. 2 Y los envió a proclamar el reino de Dios… [3. Posesión, titulación] 3 Y les dijo: No toméis nada para el camino, ni bordón, ni alforja, ni pan, ni dinero; ni tengáis dos túnicas cada uno. [4. Iglesia-casa] 4 En cualquier casa donde entréis, permaneced allí, y salid de allí. [5. Iglesia-camino] Y en cuanto a los que no os reciban, al salir de esa ciudad, sacudid el polvo 

(c) Lc 10, 1-8 (exponiendo el motivo básico del Q)

[Identidad, misión] 1. Después designó a otros setenta y dos y los envió de dos en dos2. Autoridad] Y les dijo: La mies es mucha, los obreros pocos. Rogad al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies (9 curad los enfermos… y decidles: se acerca el reino).[3. Posesión, titulación] 4 No llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias. Y no saludéis a nadie en el camino. [4. Iglesia-casa] 5 En la casa donde entréis, decid…: Paz a esta casa…7 Permaneced en ella y comed y bebed lo que tengan, pues el obrero merece salario…. [5. Iglesia-camino] 8. En la ciudad donde entréis y os reciban, comed lo que os pongan.

(d) Mt 10, 5-13 (Mc y Q)

1.Identidad, misión] 5 A estos doce los envió diciendo… 6. No vayáis a los gentiles, sino a las ovejas perdidas de Israel… 2. Autoridad] 7 Decid: El reino de los cielos se ha acercado. 8 Sanad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, expulsad demonios; gratis recibisteis, dadlo gratis. [3. Posesión, titulación] 9 No toméis oro, ni plata, ni cobre vuestros cintos, 10 ni alforja para el camino, ni dos túnicas, ni sandalias, ni bastón [porque el obrero es digno de su sostén]. [4. Iglesia-casa] 11 Y en cualquier ciudad o aldea donde entréis, averiguad quién es digno en ella, y quedaos allí hasta que marchéis. [5. Iglesia-camino] 12 Al entrar en la casa saludadla 13 Y si la casa es digna, que vuestra paz venga sobre ella; pero si no es digna, que vuestra paz vuelva a vosotros.

Identidad y misión. De dos en dos.

            La autoridad y tarea posterior de la iglesia se funda en este envío de Jesús, que ha querido expandir su tarea de reino, a través de sus discípulosEllos, los Doce (o Setenta y dos) escogidos de Jesús, son signo de todos los mensajeros (apóstoles) y profetas (testigos) que Jesús irá enviando a lo largo de la iglesia. Quien envía es, en principio, el Jesús de la historia; pero es evidente que, en perspectiva actual, lo hace el Jesús resucitado, que sigue actuando. El principio de toda autoridad eclesial es, por tanto, esta llamada y este envío (cf. Mc 1, 16-20 par; 3,7-19 par)[11].

Marcos identifica implícitamente a los enviados (apóstoles: cf. 3, 14) con los Doce, a quienes presenta como símbolo y compendio de los misioneros de la iglesia, que al final del evangelio (16, 7) no aparecen ya como Doce sino como mujeres y discípulos como Pedro. Así ha trazado una línea que va de los itinerantes carismáticos del tiempo de Jesús, por los apóstoles-profetas posteriores, a los misioneros su tiempo.

Lucas distingue dos momentos. El primero (tomado de Marcos: Lc 9, 1-2) identifica a los enviados (implícitamente apóstoles:apesteilen) con los Doce, a quienes el mismo Jesús envió a predicar su mensaje de Reino en Israel, durante el tiempo de su vida. El segundo (tomado del Q: Lc 10, 1-8) interpreta a los enviados (también con apesteilen: 10, 1), como seguidores que han dejado todo por Jesús (cf. Lc 9, 59-62); son Setenta y dos, número simbólico que alude a todos los misioneros de la iglesia, abierta a los gentiles, como iremos viendo en Hechos (a partir de Hech 6-7: elección de los Siete). Las condiciones y formas de misión siguen siendo significativamente las mismas en uno y otro caso.

Mateo restringe expresamente esta primera misión (de los Doce) a las ovejas perdidas de la Casa Israel, evocando así el valor y fracaso de la misión israelita de Jesús. Por eso, tiene que repetir el mandato misionero tras la pascua, dirigiéndolo a los Once, que son signo de todos los misioneros eclesiales, enviados a todos los pueblos (cf. 28, 16-20). Evidentemente, los temas y modos del primer envío (todo Mt 10) siguen siendo modelo para el segundo y definitivo.

De dos en dos (Mc 6 y Lc 10), los 12 y los 72). La primera misión es de 12 (signo de todo Israel). La segunda es de  72 (Lc 10, para todos los pueblos), pero en ambos casos los enviados van “de dos en dos”. En este principio de la iglesia no existe ningún tipo de  <autoridad monárquica aislada. Los enviados van de dos en dos (dos varones, un varón y una mujer, dos mujeres… de forma que ha de suponerse que son maduros en amor, capaces de amarse y de convivir, expandiendo el evangelio a partir de su mismo amor mutu

1. Autoridad.

Jesús les hace ante todo exorcistas (menos en Lc 10, que refleja una situación eclesial posterior y habla sólo de enfermos), ofreciéndoles su autoridad salvadora para enfrentarse a los demonios (espíritus impuros) que dominan sobre el mundo. Exorcista fue Jesús (cf. Mt 12, 28 par) y lo serán sus discípulos, expresando así una autoridad de curación que no se puede reglamentar por ordenaciones, ni fundar en sacrificios religiosos, ni victorias militares. El exorcista no es escriba de ley, ni sacerdote de templo, ni capitán de ejército, ni presbítero o inspector (=obispo) de una comunidad instituida, sino alguien que tiene poder personal para curar (liberar) a los posesos: autoridadque no se puede reglamentar por oficio.

             Una iglesia cuya autoridad suprema la ejercen exorcistas es iglesia de carismáticos, centrados en la tarea de humanización (liberación) de los que sufren bajo poderes destructores de lo humano. Ciertamente, ellos pueden ser y son mensajeros del reino, como ha destacado el Q (en Lc 10 y Mt 10); pero su anuncio se realiza con gestos sanadores, más que con palabras. De esa forma suscitan conversión o cambio intenso (como supone el fin de Marcos: 16, 12). Ellos expresan la más alta sabiduría de Dios, que se manifiesta proféticamente en la curación de los enfermos y el anuncio escatológico del reino[12]. Estos son la primera autoridad cristiana, mensajeros de Jesús o terapeutas, sanadores: curan, ayudan a vivir a los humanos. No reciben una autoridad externa, por «orden social» o delegación separada de la vida, sino que ellos mismos son autoridad, en la línea de Jesús, por lo que hacen, curando y liberando a los humanos. No están encargados de dirigir una iglesia, ni pastores de un rebaño (a pesar de la imagen pastoril de Mt 10, 6), sino misioneros, creadores de humanidad.

2. Posesión, titulación:

 «Y les ordenó que no llevaran nada…, ni alforja, ni dinero…» (Mc 6, 8 par). El poder del sistema sólo puede ejercerse con medios adecuados al sistema, tanto en bienes materiales (comida, provisiones), como en signos de honor (vestidos, documentación, títulos). En contra de eso, Jesús quiere que sus delegados lleven su persona, la autoridad de su vida, capaz de ayudar personalmente a los necesitados. Por eso, las disposiciones son negativas y varían, según los evangelios (que reflejan la tradición de las iglesias), pero concuerdan en la misma experiencia de Jesús: la autoridad mesiánica no se identifica con bienes materiales (pan, dinero) o representativos y sociales (uniforme, báculo) [13].

            Los discípulos de Jesús no son autoridad por lo que tienen (bienes), por lo que aparentan (vestidura) o por la gradación académica, sacral o social que han recibido (como en la administración organizada de iglesias y estados posteriores). Este desprendimiento (atestiguado aún en Did 11-14) no es fruto de ascesis o rechazo monetario, como puede suceder entre los cínicos, sino de un fuerte sentimiento de confianza y solidaridad mesiánica. Todo sistema tiende a estructurarse jerárquicamente y cada uno vale en razón de su oficio y funciones, de manera que la relación personal queda sustituida por una relación de oficio y rango, papeles y representaciones. Pues bien, en contra de eso, los enviados de Jesús no llevan papeles ni documentación, rangos ni oficios, sino sólo sus personas. Son obreros del evangelio, de la pura gratuidad o encuentro humano (cf. Mt 10, 11), sin mas documentación que su persona: dan gratuitamente lo que tienen (expulsan demonios, curan) y esperan gratuitamente lo que necesitan, en casa, comida o vestido.

De esta forma se opone Jesús al principio de todo burocracia, con representaciones y funciones mediadores, que se expresan en ropas y dineros, títulos y rangos, necesarios para crear el sistema social de este mundo. Pues bien, en contra de eso, sus enviados no llevan traje distintivo, sino que vestirán como lo hacen en cada lugar sus habitantes, recibiendo de ellos lo que necesiten[14].

3. Iglesia, casa:

 «Dondequiera que entréis…» (Mc 6, 10 par).Estrictamente hablando, los enviados de Jesús no tienen casa propia, son huéspedes constantes, no por carencia, sino por abundancia y vocación: son ricos de evangelio y para ofrecerlo abiertamente renuncian a la casa propia, quedando así a merced de aquellos que quieran (o no quieran) recibirles. Cada iglesia que les recibe es una casa, un lugar de comunión, de transformación humana…, una nueva humanidad formada por familias grandes que acogen a todos…De esa forma se insinúa una doble autoridad cristiana, que volveremos a encontrar en la misión paulina: 

  • – Los apóstoles-profetas son autoridad misionera (de reino): sin casa fija, ni tareas administrativas, ofreciendo gratuitamente curación y vida a quienes les acojan. Son carismáticos, itinerantes evangélicos, liberados para el reino, no ascetas (comen, beben, reciben buena hospitalidad), sino testigos de Jesús[15].
  • – Quienes les reciben en sus casas (aldeas) son autoridad establecida, de manera que los enviados de Jesús no quieren ni pueden rechazarla, sino que quedan «sometidos» a ella, en un sentido muy práctico y concreto: dependen del alojamiento, vestido y comida que los representantes de las casas les ofrezcan.

             Los enviados de Jesús no empiezan creando o imponiendo autoridad, sino que aceptan la de cada lugar, en acogida, diálogo y regalo mutuo. Esta implicación (simbiosis) entre itinerantes carismáticos(misioneros sin casa, dinero o vestido propio) y sedentarios instituidos (que pueden ofrecerles casa-pan-vestido) constituye un elemento esencial de la iglesia, que no puede cerrarse en una perspectiva o en la otra. Sólo más tarde, cuando triunfe el aspecto sedentario, podrán nacer unos ministerios fijos (obispos, presbíteros). Pero la libertad misionera sigue siendo esencial para la iglesia: los representantes de Jesús nunca serán puros delegados de la comunidad, sino que reciben una autoridad superior, que les hace capaces de crear comunidades

5. Iglesia camino: itineracia:

«Y donde no os reciban…». Los enviados de Jesús siguen caminando, tanto si son acogidos (tras un tiempo de permanencia en la casa o ciudad que les recibe, han de seguir caminando), como si no lo son (y deben abandonar el lugar donde les rechazan). Ellos no pueden establecerse por separado, como grupo estable de itinerantes, ni imponer su mensaje o proyecto a fuerza de razones militares o económicas, porque el evangelio es don pascual, no imposición. Por eso, si no le acogen, no tienen más remedio que marcharse del lugar, sacudiendo incluso el polvo de los pies, como expresión de total desprendimiento (=no se les ha pegado cosa alguna). Sin nada han venido, sin nada deben irse; pero tienen la confianza de que algunos les recibirán, porque llega el reino (cf. Mc 9, 1 par; Mt 10, 23). La violencia del poder brota del miedo de perderlo. Los que nada tienen que perder nada llevan consigo, nada deben defender, pues no son representantes de ningún sistema económico o social. Por eso pueden dejar con libertad el lugar donde no quieran recibirles. No se imponen, no discuten. Simplemente van. Esta movilidad de los misioneros forma parte de la libertad esencial del evangelio[16].

            Esta autoridad carismática de los apóstoles-profetas ambulantes sigue siendo base de la iglesia. Jesús y sus primeros seguidores no han creado una comunidad estable, con poderes firmes, separada de los otros grupos nacionales o sociales (en especial del judaísmo); es bueno que podamos recordarlo, tras casi XIX siglos de iglesia establecida, en claves de poder y prestigio social. Por largos decenios, varias comunidades de seguidores de Jesús (atestiguados por Mt y Ap, Sant y Did), se han mantenido en el ámbito social y religioso del judaísmo; no se han tomado como nueva religión, sino como un movimiento de transformación mesiánica, a partir de la experiencia israelita, como Jesús había querido[17]. A la luz de la misión paulina, cristalizada en Efesios y Hechos, podemos suponer que aquel intento era inviable: no existía verdadero cristianismo, el Espíritu no había suscitado todavía verdadera iglesia. Pero, en contra de eso, debemos recordar (y recuperar) aquella primera misión, como elemento integrante del evangelio: Jesús no quiso fundar comunidad separada, sino recrear mesiánicamente el judaísmo (y la humanidad).

            La iglesia actual, con su estructura y funciones separadas es signo de creatividad (brota del Espíritu de Cristo), pero es también signo de un fracaso mesiánico, pues no triunfó la primera misión itinerante. Desde entonces, todo intento de sancionar (sacralizar) un tipo de iglesia, como signo inmutable de Dios, resulta peligroso: Jesús y sus primeros seguidores no quisieron crear otra religión y sociedad sagrada, sino un movimiento de transformación mesiánica de la humanidad. Por eso, aquellos profetas itinerantes son germen y promesa de toda autoridad cristiana: no son hombres o mujeres de nueva teoría, rabinos o filósofos que huir de este mundo; tampoco son administradores (obispos o presbíteros de un nuevo grupo social), sino hermanos universales que viven dentro de un grupo humano más extensopromotores y testigos de una humanidad donde se comparte todo, más allá del comprar y vender, imponer o someterse. De esa forma expresan la gratuidad del reino: dan lo que tienen, agradecen lo que reciben; son auténticos cristianos, anteriores a la iglesia establecida.

 6. Iinerantes y sedentarios. Nueva familia

           Estos apóstoles-profetas del Q y de Mc, han seguido realizando la misión mesiánica (de reino) en Galilea y quizá en Siria, como voluntarios carismáticos del Cristo. Saben que Jesús esta resucitado, pero más que su pascua en sí les importa el mensaje y venida de su reino. No intentan crear una iglesia distinta (separada del judaísmo), pero tampoco son filósofos cínicos contraculturales, como han pensado algunos investigadores modernos, sino mensajeros del reino: la resurrección no les lleva a fundar una iglesia en el sentido posterior de la palabra, sino a mantener y extender la obra mesiánica del Cristo[18]. Por eso pueden identificarse con los Doce testigos pre-pascuales de Jesús. Nos gustaría conocer mejor su organización, las bases de su enseñanza, sus signos mesiánicos: el pan compartido (eucaristía), el bautismo en nombre de Jesús…

            Había entre ellos un principio de doble autoridad: por un lado los carismáticos; por otro, los representantes de las casas o grupos donde eran acogidos. Por eso, el principio de organización eclesial no era el templo (lugar de experiencia sagrada), ni la sinagoga (comunidad de oración de los judíos), ni la escuela (reunión de estudiosos), sino la casa familiar ampliada. Parece que hubo desde el principio casas cristianas, si se permite ese nombre posterior, pues el término «cristiano» empieza a utilizarse en la misión helenista de Antioquia (Hech 11, 26). Proyectando sobre esas casas nuestras preguntas, nos gustaría saber quien presidía la eucaristía (¿el padre de familia? ¿el misionero?), si es que había eucaristía propiamente dicha y presidencia. Los itinerantes son autoridad creadora o animadora. Es normal que a su lado se eleve la autoridad del representante de la casa o jefe de familia (quizá una mujer, como supone Hech 12, 12) que parte el pan y preside la mesa donde comen también los itinerantes. Desde aquí puede surgir un nuevo patriarcalismo o una comunión igualitaria de creyentes: 

  • – Nuevo patriarcalismo. Triunfo de la casa antigua. En un principio pudo darse una doble autoridad,que hallamos también en otros grupos religiosos (como el budismo): los itinerantes (monjes) son autoridad carismática, porque aportan palabra y curación; los sedentarios son autoridad patriarcal, pues acogen a los itinerantes con casa y comida. En principio, esa doble autoridad se equilibra, pues tanto el padre de familia (autoridad de la casa) como los itinerantes (autoridad carismática), se complementan, sin imposición de unos sobre otros. Más tarde, cuando se apague la autoridad de los carismáticos, triunfará el modelo de los padres de familia (Pastorales).
  • – Comunión igualitaria. Nueva casa. Carismáticos y establecidos, itinerantes y sedentarios, pueden buscar y trazar nuevas estructuras de comunidad, superando la oposición entre casa cerrada (patriarcalista) y pura vida errante o solitaria. Unos y otros se vinculan, para formar una familia nueva o casa donde quepan todos los que buscan la voluntad de Dios, en comunión (círculo, corro) de amor de hermanos, hermanas y madres (cf. Mc 3, 31-35). Desde este fondo se puede hablar de una comunidad cristiana alternativa, que no está fundada por itinerantes, ni padres de familia, sino que aparece como «casa mesiánica» donde todos los seguidores de Jesús pueden unirse y reciben el ciento por uno en hermanos y hermanas, madres e hijos, casas y campos, en medio de dificultades (Mc 10, 28-30)[19].

            Por ahora quedan los dos caminos abiertos, aunque los sinópticos destacan el segundo. Se va formando así un tipo de comunidad distinta. Es muy posible que los seguidores de Jesús hayan empezado a desarrollar una serie de ritos distintivos, los más importantes de los cuales (junto a los exorcismos) son el bautismo y la eucaristía. El primero consiste en bautizar en nombre de Jesús a los creyentes; estrictamente hablando, ese gesto no supone una ruptura respecto al judaísmo, pues también otros grupos tenían bautismos especiales, pero destaca un «nuevo comienzo», que sitúa a los creyentes en la línea del Bautista, recreada Jesús, pues el bautismo se realiza en su nombre. El segundo, eucaristía o Cena del Señor, vincula a los creyentes con Jesús (desde Jesús), consolidando los signos de pertenencia grupal, en torno al pan y al vino.

            Los seguidores carismáticos de Jesús son ante todo exorcistas y sanadores itinerantes, pero van estableciendo con aquellos que les reciben unos lazos de unidad comunitaria (vida), que se expresan de un modo peculiar por estos ritos de nacimiento (bautismo) y pertenencia grupal (eucaristía). ¿Quién y cómo los realiza? De manera sorprendente, los textos nada dicen. No sabemos quien impartía el bautismo, aunque por Hech 2, 38, 1Cor 1, 14-17 podemos suponer que lo podía hacer cualquier seguidor de Jesús (como hasta hoy). Tampoco sabemos quien presidía la Cena del Señor, aunque parece que lo hacía el responsable de la casa (varón o mujer) que acogía a los itinerantes y reunía a la comunidad. Ambos eran ritos religiosos, pero laicales: no exigían sacerdocio. La comunidad primera no necesitaba estructuras jurídicas especiales[20]. Desde ese fondo podemos plantear ya dos preguntas:           

  • – ¿Presencia de mujeres? Es claro que los Doce, en cuanto signo del Nuevo Israel, han debido ser y han sido varones. Pero la tradición evangélica recuerda a unas mujeres que han seguido y servido a Jesús, participando de la misión del reino, tanto en el anuncio (itinerancia, mensaje) como en la acogida (forman parte de las casas que reciben a Jesús). Aunque todo lo anterior se aplica por igual a ellas, nos gustaría conocer mejor la función o/y lugar que ocupan en el movimiento de Jesús, que no las distingue de los varones, ni en la fe ni en la palabra, ni en el bautismo ni en la eucaristía, que son ritos comunes para ambos sexos, en contra de la circuncisión judía.
  • – Servicio de mujeres. La suegra de Simón es la primera servidora en la casa mesiánica (cf. Mc 1, 29-31) y la mujer del vaso de alabastro que unge a Jesús (cf. Mc 14, 3-9) se encuentra integrada en la misión universal del evangelio. En esa línea, Mc 15, 41 afirma que las mujeres habían servido a Jesús en el camino ¿Cómo simples criadas? ¿Cómo ministros de la iglesia? Evidentemente como ministros, pues el evangelio no acepta función especial (inferior) de criadas. Desde ese fondo recibe una luz especial el pasaje de Marta y María (Lc 10, 38-42): las dos hermanas (¿cristianas?) son signo de la iglesia doméstica (casa), que recibe a los misioneros itinerantes (Jesús), como veremos al tratar de Lucas[21].

7.Iglesia establecida ¿fracaso de la misión?

             La iglesia de la casa con sus funciones (reflejadas en Lucas por Marta y María) resulta inseparable de la misionera (centrada en Jesús y los exorcistas-predicadores). Desde ese fondo podemos afirmar que esta dualidad de itinerantes (más carismáticos) y sedentarios (establecidos) sigue influyendo a lo largo de la historia de la iglesia:

  • – La iglesia empieza con la itinerancia de personas que rompen con las antiguas estructuras familiares y locales, para ponerse al servicio de un evangelio universal, siguiendo el modelo de Jesús. Los itinerantes (apóstoles, profetas) lo han dejado todo (cf. Mc 10, 39), incluso casa y ley del padre (cf. Mt 8, 18-22), para realizar la obra de Jesús, sin más autoridad que su vida al servicio del reino. Su ministerio carismático (que brota de un encuentro personal con Jesús) es anterior a la iglesia establecida.
  • – La iglesia es también casa ampliada o familia extensa (cf. Mc 3, 31-35 par), cuyos miembros forman la comunidad mesiánica o semilla de reino. Lógicamente, la mayor parte de los ministerios estables posteriores de la iglesia se irán desarrollando a partir de la comunidad que acoge a los misioneros (cf. Lc 10, 28-32) y, sobre todo, sirve a los pobres (cf. Hech 6). El surgimiento de una nueva casa, convertida en lugar de experiencia de reino, constituye un elemento clave del movimiento de Jesús[22].

             El principio de la autoridad del evangelio no es la iglesia organizada sino los enviados de Jesús, apóstoles y profetas ambulantes, cuya tarea consiste en curar a los humanos, preparándoles para el reino. Pero ellos se encuentran vinculados, también desde el principio, con las casas (o comunidades) que les acogen y escuchan, organizándose conforme a su enseñanza. Por eso, en la raíz de la iglesia ha existido y sigue existiendo una simbiosis o inter-dependencia: los misioneros del reino no pueden desligarse de las comunidades (casas) que les acogen; los ministerios de las comunidades derivan de algún modo de los misioneros. Es evidente que el Espíritu de Jesús puede manifestarse y se manifiesta por ambos: por la libertad de los carismáticos (que están al principio de las comunidades) y por el orden establecido de las mismas comunidades (que van instituyendo a sus ministros).

            Esa simbiosis define el ser y tarea de los seguidores de Jesús. Por un lado, las funciones más estrictamente patriarcales de los «sedentarios» han de transformarse, para que se exprese en plenitud el evangelio, como llamada a la comunión universal: sobre la pura organización social y la autoridad familiar antigua del entorno ha venido a desvelarse un misterio de gracia y comunión universal. Por otra parte, los itinerantes han de ser capaces de integrarse en las comunidades, para recibir el ciento por uno en abundancia de familia. Jesús está presente y actúa en ambos lados: envía a sus apóstoles, ofreciéndoles su palabra; vincula en comunión a la comunidad cristiana. Esta dualidad de carisma y organización social se mantiene a lo largo de la historia de la iglesia: sus ministros son, por una parte, testigos de Jesús y reciben un encargo y tarea que proviene del mismo Espíritu Santo; por otra parte, son delegados y portavoces de la vida comunitaria. Pues bien, desde este fondo, desarrollando un argumento que venimos evocando en lo anterior, podemos afirmar que la iglesia organizada, como un grupo separado de personas, ha nacido de un fracaso y de una gracia de Dios.

Proviene de un fracaso: los misioneros de Jesús no han logrado convertir a los judíos, ni han expandido de manera universal su movimiento mesiánico, a partir de Israel, para todas las naciones. Según eso, el movimiento de Jesús se ha concretado en una iglesia, perdiendo así parte de su capacidad misionera. Por otra parte, el ministerio carismático de sus primeros apóstoles-profetas ha corrido el riesgo de diluirse, convirtiéndose en funcionariado clerical, dentro del organismo muy estructurado de la iglesia

Es producto de una gracia de Dios: los que acogen en sus casas el mensaje de Jesús, recibiendo la palabra y testimonio de los misioneros, se han estructurado a partir del evangelio, suscitando una nueva comunidad, fundada en el diálogo de fe y amor (de vida) de todos los creyentes. Precisamente el fracaso de la misión israelita hace posible la expansión del movimiento de Jesús a todas de las naciones, no como irrupción impositiva, sino como transformación misionera, fermento de reino. De esa forma, las casas que reciben a los seguidores de Jesús han venido a convertirse en iglesia donde pueden unirse en fe y amor gozoso judíos y gentiles, todos los pueblos de la tierra, como ha indicado de manera jubilosa Efesios[23].

                       Desde esta paradoja (de fracaso y gracia) se comprende lo que sigue. La iglesia posterior no ha olvidado a los apóstoles-profetas primeros (cf. Ef 2, 20), que actuaron sobre todo en Galilea, como indican de formas convergentes, Mt, Ap y Did. Pero en el principio de la iglesia posterior han influido de manera más directa otros agentes: los Doce (apóstoles) de Jerusalén y sus sucesores; ellos definen la tarea y despliegue posterior de la iglesia, conforme al testimonio convergente de Pablo y Lucas.

  NOTAS

[1] Cf. S. Guijarro, Dichos primitivos de Jesús. Una introducción al Proto-Evangelio de dichos: Q, Sígueme, Salamanca 2004;  J. S. Kloppenborg, The formation of Q: Trajectories in Ancient Wisdom Collections, Fortress, Philadelphia 1987;  Q. El evangelio desconocido, Sígueme, Salamanca2005;  B. L. Mack, El evangelio perdido, Roca, Barcelona 1994; J. Robinson, J. S. Klopenborg y P. Hoffmann, El Documento Q. Edición Bilingüe, con paralelos del evangelio de Marcos y del evangelio de Tomás(BEB 107), Sígueme, Salamanca 2002;  G. Theissen, Colorido local y contexto histórico en los evangelios, Sígueme, Salamanca 1997, 225-258;  Ch. M. Tuckett, Q and the History of Early Christianity, T&T Clark, Edinburgh 1996. De todas maneras, al menos de un modo general, pensamos que Pedro y los Doce han empezado a formar una comunidad escatológica en Jerusalén, donde se han establecido, pensando que Jesús vendrá precisamente allí, para instaurar el Reino. En un primer momento, ellos pudieron pensar que la historia anterior de Jesús en Galilea había terminado, de manera que sólo quedaba el testimonio de la resurrección de Jesús en Jerusalén, para esperarle precisamente allí, en la ciudad sagrada, conforme a la esperanza más extendida del judaísmo de su tiempo (no en Qumrán ni en Galilea). De todas formas, en este contexto, debemos recordar que el dicho del Q sobre los doce tronos para juzgar a las Doce tribus de Israel (cf. Mt 19, 28;  Lc 22, 28-30) transmite una promesa y esperanza de Jesús, compartida por los cristianos antiguos del grupo de los Doce, pero no dice si esos tronos se elevarán en Jerusalén (como podría suponerse) o en algún lugar de Galilea, entendido como «capital» del nuevo Reino, o quizá «en el aire», como se podría suponer partiendo de 1 Tes 4, 17.

[2] Cf. también L. Schenke, La comunidad primitiva, Sígueme, Salamanca1999. La «presencia» gloriosa (pascual) de Jesús en sus seguidores de Galilea se expresaría en una serie de signos de tipo mistérico y misionero, como las multiplicaciones de los panes (Mc 6 y 8), el paso por el mar y la pesca milagrosa (Mc 6, Lc 5 y Jn 21).

[3] Cf. V. Fusco, Le prime Comunita Cristiane, EDB, Bologna 1995123-280;  S. Guijarro, Fidelidades en conflicto. La ruptura con la familia por causa del discipulado y de la misión en la tradición sinóptica, UPSA, Salamanca 1998;  P. Hoffmann, Studien zur Logienquelle (NTAbh 8), Münster, 1972;  A. D. Jacobson, The First Gospel. An Introduction to Q, Polebridge, Sonoma 1992;  M. Sato, Q und Prophetie (WUNT 29), Tübingen 1988;  G. Theissen, Colorido local y contexto histórico en los evangelios, Sígueme, Salamanca 1997, 225-258;  Estudios de sociología del cristianismo primitivo, Sígueme, Salamanca 1985;  Ch. M.Tuckett, Q and the History of Early Christianity, Clark, Edinburgh 1996, 102;  I. E. Vaage, Galilean Upstarts. Jesus’ First Followers according to Q, Trinity, Valley Forge 1994. Tanto Q como Mc han recogido tradiciones de Galilea, donde, en sentido estricto, más que “iglesias” en el sentido posterior de la palabra, habría comunidades y grupos vinculados a la memoria de Jesús, como profeta sabio y mensajero apocalíptico del Reino de Dios. Todas las reconstrucciones que podemos hacer de esas comunidades resultan problemáticas, pero, a grandes líneas, podemos conocerlas. 

[4] Éstos parecen ser los textos básicos del Q, siguiendo el orden de Lucas, agrupados en unidades amplias: Q 3, 2b.3;  3, 7-9;  3, 16b-17;  3, ·21-22 4, 1-4. 9-12.5-8. 13;  4, 16;  6, 20-21;  6, 22-2;  6, 27-28. 35c-d;  6, 29-30;  6, 31;  6, 32;  6, 36;  6, 37-38;  6, 39;  6, 40;  6, 41-42;  6, 43-45;  6, 46;  6, 47-49: 7, 1, 3, 6b-9. 10?;  7, 18-23;  7, 24-28;  7, ·29-30;  7, 31-35;  9, 57- 60;  10, 2;  10, 3;  10, 4;  10, 5-9;  10, 10-12;  10, 13-15;  10, 16;  10, 21;  10, 22;  10, 23-24;  11, 2b-4;  11, 9-13;  11, 14-15, 17-20;  11, ·21-22;  11, 23;  11, 24-2;  11, ?27-28;  11, 16. 29-30;  11, 31-3;  11, 33;  11, 34-35;  11, 39a?. 42. 39b. 41. 43-44; 11, 46b, 52. 47-48;  11, 49-51;  12, 2-3;  12, 4-5;  12, 6-7;  12, 8-9;  12, 10;  12, 11-12;  12, 33-34;  12, 22b-31;  12, 39-40;  12, 42-46;  12, ·49‚ 51. 53;  12, ·54-56;  12, 58-59;  13, 18-19;  13, 20-2;  13, 24-27;  13, 29, 28;  13, 30;  13, 34-35;  14, ·11;  14, 16-18. 19-20. 21. 23;  14, 26;  14, 27;  17, 33;  14, 34-35;  16, 13;  16, 16;  16, 17;  16, 18;  17, 1-2;  15, 4-5a. 7;  15, ·8-10;  17, 3-4;  17, 6;  17, 20-21;  17, 23-24;  17, 37;  17, 26-27, 28-29?. 30;  17, 34-35;  19, 12-13. 15-24. 26;  22, 28.30. Muchos investigadores suponen que las comunidades galileas (de tipo Q) habrían dado prioridad a un tipo de dichos, más vinculados a la sabiduría de la vida y al Reino como presencia interior de Dios que a la muerte de Jesús (como hace Mc). Ciertamente, esa sabiduría contendía también elementos proféticos (e incluso apocalípticos); pero predominaba el aspecto sapiencial. 

[5] G. Theissen, Colorido local y contexto histórico en los evangelios, Sígueme, Salamanca 1997, ha destacado de un modo consecuente la relación entre el despliegue del cristianismo de Palestina y el intento idolátrico de Calígula, del que trata con extensión Flavio Josefo (cf. Ant 18, 4, 3).

[6] Ésta fue la autoridad de las comunidades galileas de Jesús, ésta la herencia que dejaron para el conjunto de las iglesias posteriores, a través del documento Q, tal como ha sido recogida, sobre todo, por Lc 6, 20.45 y Mt 5-7. Sin esa autoridad de amor y sin esa herencia de perdón (de no violencia activa) resulta incomprensible el cristianismo. En este contexto siguen siendo importante las reflexiones de G. Theissen, La renuncia a la violencia y el amor al enemigo(Mt 6, 38-48 / Lc 6, 27-38) y su trasfondo histórico-social, en Estudios de sociología del cristianismo primitivo, Sígueme, Salamanca1985 103-148.Cf. también G. Lohfink, El sermón de la montaña ¿para qué?, Herder, Barcelona 1989, 237-247;  A. Trocmé, Jésus-Christ et la Revolución non violente, Labor et Fides, Genéve 1961;  J. L. Espinel, El pacifismo en el Nuevo Testamento, San Esteban, Salamanca 1992;  J. H. Yoder (ed.), Comunidad, no-violencia y liberación. Perspectivas bíblicas, Dabar, México DF 1991. He desarrollado el tema en Antropología bíblica, Sígueme, Salamanca2005, cap. 5.

[7] Todo sistema tiende a estructurarse jerárquicamente, de manera que cada uno de sus miembros vale en razón de su oficio y funciones, de manera que la relación personal queda sustituida por la de oficio y rango, papeles y representaciones. Pues bien, en contra de eso, los enviados de Jesús no llevan papeles ni documentación, rangos ni oficios, sino sólo sus personas: el testimonio de su propia vida y su palabra, como exorcistas del Reino.

[8] Estos enviados de Jesús no crean castas, ni grupos distintos, ni buscan su identidad u honor en algún tipo de función establecida: valen por lo que son y por lo que hacen, curando y/o animando a los excluidos y expulsados, en un mundo donde crecen las diversas formas de violencia, que desembocarán en la guerra del 67-70 d.C. Se podrá decir que estos mensajeros de Jesús no han triunfado, pues no han logrado extender su ideal ni su paz en Galilea. Pero el recuerdo de sus palabras, recogidas de formas distintas pero convergentes en los sinópticos resulta esencial para entender el movimiento de Jesús.

[9] Pero por ahora, en Galilea, estrictamente hablando, no se puede hablar de una iglesia plenamente sedentaria, es decir, establecida, en un lugar determinado (como las diócesis posteriores de ciertas iglesias), sino que los seguidores de Jesús siguen formando un movimiento de renovación abierto a todos los habitantes del lugar

[10] Esta autoridad carismática de los enviados-profetas ambulantes sigue siendo básica en iglesia. Jesús y sus primeros seguidores de Galilea no han creado una comunidad estable, con estructuras y poderes firmes, separada de los otros grupos nacionales o sociales (en especial del judaísmo). De esa forma, sus itinerantes carismáticos no quieren tener «su propia Iglesia», frente a otras comunidades o iglesias, sino actuar como fermento de la sociedad en su conjunto. Por eso es necesario recordar a estos primeros «cristianos» galileos, con su mensaje de Reino, pero sin iglesia estable, tras casi XX siglos de iglesia establecida, que ha abandonado en gran parte la itinerancia y ha destacado su identidad y prestigio social.

               Por largos decenios, diversas comunidades de seguidores de Jesús, de origen básicamente galileo, aunque extendidas por Siria y por otros lugares (comunidades atestiguados por Mateo y el Apocalipsis, por Santiago y la Didajé), han mantenido este carácter itinerante, moviéndose en el ámbito social del judaísmo. No se han tomado como nueva religión, sino como un movimiento de transformación mesiánica, a partir de la experiencia israelita, como Jesús había queridoHemos estudiado el tema, desde la perspectiva de la vida de Jesús, en Historia de Jesús, cap. 14. Sobre la vida y misión de los profetas itinerantes cf. G. Theissen, Radicalismo itinerante, en Estudios de Sociología del Cristianismo Primitivo, Sígueme, Salamanca 1985, 13-40;  R. Trevijano, Profetas ambulantes, en Diccionario. Teológico de la Vida Religiosa, Claretianas, Madrid1992, 1425-1443. A la luz de la misión paulina, tal como ha venido a cristalizar en las iglesias posteriores (en la línea de lo que un día será la Gran Iglesia), algunos han podido suponer que el intento de estos galileos era inviable: ellos no eran todavía cristianos (en el sentido posterior), el Espíritu no había suscitado todavía verdadera iglesia. Sea como fuere, debemos recordar (y recuperar) aquella primera misión de los galileos, como elemento integrante del movimiento de Jesús.

[11]Jesús tiene autoridad y la ofrece a sus discípulos, a quienes escoge para confiarles una tarea de reino. Aquí se les llama apóstoles (enviados) y se tiende a identificarles, pero más que apóstoles en sentido posterior son profetas.

[12] Se viene discutiendo apasionadamente sobre el carácter primitivo del Q: unos defienden su carácter sapiencial, otros piensan que es un documento profético (incluso apocalíptico); otros hablan de un proceso, que ha llevado del plano sapiencial primero al apocalíptico posterior. Pensamos que esos elementos no se oponen, de manera que el texto puede ser sapiencial y profético a la vez.

[13] No han de llevar pan, ni alforja, ni dinero, ni dos túnicas (Mc 6, 8-9). Ciertamente, van calzados, para caminar; pero no llevan vestido de repuesto. No lo hacen por austeridad o espíritu de pobreza, ni por rechazo social (comen y beben, no ayunan: Mc 2, 18-22), sino por confianza escatológica. Quieren y deben ofrecer lo que tienen, compartiendo con hombres y mujeres de la tierra, el proyecto de Jesús. No necesitan ir asegurados (con dinero y/o ropa de repuesto), pues tienen un poder más alto: la confianza de que serán recibidos y alimentados.

[14] El vestido era signo de autoridad (poder sacral, riqueza). Los enviados de Jesús evitarán esos signos, recibiendo y empleando la ropa normal de cada lugar (cf. Mt 23, 5 par). No crean casta, ni grupo distinto; no buscan su identidad u honor en algún tipo de función establecida: valen por lo que son y hacen, curando y/o animando a los excluidos y expulsados. De esa forma van contra el sistema, buscando un tipo distinto de plenitud humana.

[15] Cuando entréis en una casa, quedaos allí… (Mc 6, 10). No lleva nada propio (dinero, ropa, comida), porque esperan recibirlo todo. No piden como mendigos, no exigen como asalariados, pues no son «dependientes» de los otros, ni tampoco sus señores . Son simplemente hermanos: por eso ofrecen, esperan, reciben, comparten.

[16] Los discípulos primeros de Jesús, a diferencia de lo que sucederá muy pronto en la historia de la iglesia (en la misión paulina) serán exorcistas y/o carismáticos ambulantes (cf. Mc 3, 15 par; 6, 6-13 par). Más que una ortodoxia nueva (doctrina sobre Dios) y más que una nueva organización social, ellos propagan y extienden una forma de vida compartida, en plano de acogida mutua (salud) y mesa común.

[17] Sobre la vida y misión de los profetas itinerantes sigue siendo básico G. Theissen, «Radicalismo itinerante»en Id., Estudios de Sociología del Cristianismo Primitivo, Sígueme, Salamanca 1985, 13-40. Visión panorámica en R. Trevijano, «Profetas ambulantes»: Dic. Teol. Vida Religiosa, 1425-1443.

[18] Entre los que interpretan a Jesús y a los primeros cristianos como cínicos itinerantes, cf.: J. D. Crossan, Jesús. Vida de un campesino judío, Crítica, Barcelona 1994; B. Mack, A Myth of Innocence: Mark and Christian Origins, Fortress, Philadelphia 1988; Id., El Evangelio perdido. El documento Q., M. Roca, Barcelona 1994. En esa misma línea parecen moverse algunos participantes de Jesus Seminar; cf. B. Witherington, The Jesus Quest. The Third Search for the Jew of Nazaret, Paternoster, Carlisle 1995Visiones distintas de los orígenes cristianos en J. P. Meier, A Marginal Jew, I-III, Doubleday, New York 1991/6 (=Jesús, un judío marginal I-II, EVD, Estella 1998/9); N. T. Wright, The NT and the Victory of the People of God I, SPCK, London 1992; Id., Jesus and the Victory of God II, SPCK, London 1996.

[19] Esta comunidad mesiánica, que rompe el viejo esquema paternalista (no hay en ella padres) constituye la matriz de la iglesia, como he destacado en Casa, pan y palabra. Le iglesia en Marcos, Sígueme, Salamanca 1998. S. C. Barton, Discipleship and Family Ties in Marc and Matthew, Cambridge UP 1994, ha estudiado los textos anteriores y otros (Mc 1, 16-20 par; Mc 13, 9-13 par), sin destacar las consecuencias ministeriales.

[20] Cf. G. Barth, El bautismo en el tiempo del cristianismo primitivo, Sígueme, Salamanca 1996, 40 ss. En general, sobre las primeras comunidades cristianas, cf. R. Aguirre, Del movimiento de Jesús a la iglesia cristiana, DDB, Bilbao 1987; Id., La mesa compartida. Estudios del NT desde las ciencias sociales, Sal Terrae, Santander 1994.

[21] Hech 6 habla de choque entre mensaje de la palabra y servicio de las mesas, desde una perspectiva de varones. Lc 10, 38-42 ha releído el tema en perspectiva de mujeres: una (Marta) se ocupa más del servicio o diakonía (acogida y organización comunitaria); otra (Marta) escucha de la palabra.

[22] Sobre itinerantes y casa estable, cf. R. A. Campbell, The Elders. Seniority within Earliest Christianity, Clark, Edinburgh 1994. Sobre la casa cf. H.-J. Klauck, Hausgemeinde und Hauskirche im frühen Christentum, SBS 103, KBW, Stuttgart 1981; R. Aguirre, La casa como estructura base del cristianismo primitivo: las iglesias domésticas, en Id., Del movimiento de Jesús a la iglesia cristiana, DDB, Bilbao 1987, 65-92 [=EstEcl 59 (1984) 27-51].

[23] Sobre los carismáticos ambulantes: G. Theissen, Sociología del movimiento de Jesús, Sal Terrae, Santander 1979; Id., Estudios de sociología del cristianismo primitivo, Sígueme, Salamanca 1985, 13-78. Cf. D. E. Aune, Prophecy in Early Christianity, Eerdmanns, Grand Rapids MI 1983, 171-246. Sobre el surgimiento de la iglesia y la misión a los gentiles, cf. E. Peterson, Tratados teológicos, Cristiandad, Madrid 1996, 193-204. Sigue siendo significativo el trabajo de J. Meliá,“Misión galilea y misión universal en los sinópticos”: Cuadernos Bíblicos 2 (1978) 1-101.

La Buena Noticia del Dgo 14º-C

ENVIADOS A ANUNCIAR EL REINO DE DIOS. Lc 10, 1-12.17-20

Los mandó por delante de dos en dos
Los mandó por delante de dos en dos

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LA HORA DE LA PALABRA

La alegría de anunciar el Evangelio
Jesús envía a un grupo de setenta y dos discípulos a colaborar con él en el proyecto del Reino de Dios. Y los envía de dos en dos para que el camino sea más llevadero y para que lo que prediquen sea un testimonio contrastado. Los setenta y dos volvieron muy contentos y le dijeron: “Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre”
En este mundo en el que sigue aumentando cada vez más la separación entre ricos y pobres, el anuncio del Reino de Dios y el compromiso con él, es más urgente que nunca, si queremos ser fieles a Jesús.
Los discípulos de Jesús no solo estamos llamados a seguirle, sino a ser también anunciadores del mensaje a otros.
ACTUALIZACION DE LA PALABRA

DOS CONSIGNAS DE JESÚS 

Después de veinte siglos de cristianismo es difícil escuchar las instrucciones de Jesús a los suyos sin sentir sonrojo. No se trata de vivirlas al pie de la letra. No. Simplemente de no actuar contra el espíritu que encierran. Solo recordaré dos consignas.

Jesús envía a sus discípulos por las aldeas de Galilea como «corderos en medio de lobos». ¿Quién cree hoy que esta ha de ser nuestra identidad en una sociedad atravesada por toda clase de conflictos y enfrentamientos? Y, sin embargo, no necesitamos entre nosotros más lobos, sino más corderos. Cada vez que desde la Iglesia o su entorno se alimenta la agresividad y el resentimiento, o se lanzan insultos y ataques que hacen más difícil el mutuo entendimiento, estamos actuando contra el espíritu de Jesús.

Lo «primero» que han de comunicar sus discípulos al entrar en una casa es: «Paz a esta casa». La paz es la primera señal del reino de Dios. Si la Iglesia no introduce paz en la convivencia, los cristianos estamos anulando de raíz nuestra primera tarea.

La otra consigna es más desconcertante: «No llevéis talega, ni alforja, ni sandalias». Los seguidores de Jesús vivirán como los vagabundos que encuentran en su camino. No llevarán dinero ni provisiones. Caminarán descalzos, como tantos pobres que no tienen un par de sandalias de cuero. No llevarán siquiera una alforja, como hacían ciertos filósofos itinerantes.

Todos podrán ver en su manera de vestir y de equiparse su pasión por los últimos. Lo sorprendente es que Jesús no está pensando en lo que han de llevar consigo, sino precisamente en lo contrario: en lo que no deben llevar; no sea que se distancien demasiado de los más pobres.

¿Cómo se puede traducir hoy este espíritu de Jesús en la sociedad del bienestar? No simplemente recurriendo a un atuendo que nos identifique como miembros de una institución religiosa o responsables de un cargo en la Iglesia. Cada cual hemos de revisar con humildad qué nivel de vida, qué comportamientos, qué palabra, qué actitud nos identifican mejor con los últimos.

Por José Antonio Pagola

TESTIGOS DE LA PALABRA

Representación de la masacre ante el monumento a la memoria del Sumpul
Representación de la masacre ante el monumento a la memoria del Sumpul

La masacre del Sumpul

En la madrugada del 14 de mayo de 1980, en el departamento de Chalatenango, El Salvador, en el río Sumpul, que hace frontera con Honduras, fueron asesinadas más de 600 personas civiles (niños y adultos), por soldados, Guardia Nacional, miembros de la organización paramilitar ORDEN, apoyados por helicópteros que comenzaron a disparar sobre la gente. Antes de rematarlos, les torturaban tirando a los niños pequeños al aire para hacer blanco.
Los sobrevivientes intentan atravesar el río, huyendo hacia la frontera con Honduras. Muchos se ahogan y los que logran pasar son asesinados por el ejército hondureño apostado en la otra orilla. Ese día el río Sumpul se tiñó de sangre inocente.
Todos los años las comunidades cristianas rememoran la masacre pidiendo que haya pronto justicia para tantos inocentes.

ORACIÓN DESDE LA PALABRA

Manda, Señor, obreros a tu mies
Manda, Señor, obreros a tu mies
Quiero ser altavoz de tu Palabra
Allí donde eres desconocido o ignorado
Porque en esta tarea no estoy solo; somos muchos
Pero no siempre tenemos el valor suficiente
Para dar valor de tu presencia,
Para ser tus testigos con todas las consecuencias.
Manda, Señor, obreros a tu mies Quiero ser trabajador de tu campo.
¡Ayúdame, Señor, a ponerme en camino!
sin más amparo que el ancho cielo,
sin otro apoyo que tu Espíritu,
sin más aliento que tu Palabra.
Quiero ser reflejo de tu amor y de tu paz
Llevando al mundo esperanza,
Ilusión y alegría a los hombres y mujeres
que carecen de ellas.
Porque experimento cada día,
que mi nombre, que nuestros nombres
están escritos en la palma de tu mano.
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Isidro Lozano o.c.
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Pastoral bíblica de Daniel Sánchez Barbero en Fuente de Pedro Naharro, Cuenca

La política de «combatir a los emigrantes»

Obispos CELAM y Red Clamor: «La política de ‘combatir’ a los migrantes en la frontera es ineficaz, cara y mortal»

El camión challado con 50 migrantes fallecidos
El camión challado con 50 migrantes fallecidos

«Rechazamos los enfoques punitivos y ‘combatir’ a los migrantes irregulares como política migratoria y de fronteras por su ineficacia, altos costes financieros, y sobre todo porque se traducen en más muertes y esclavitud»

Son las palabras de Monseñor Cabrejos, en nombre del Episcopado Latinoamericano y del Caribe y de las organizaciones que integran la Red Clamor, tras el hallazgo de un camión con 50 migrantes fallecidos en un vehículo abandonado en San Antonio, una ciudad de Texas

El comunicado se refiere a otro trágico episodio similar ocurrido el viernes, 24 de junio, en Europa, cuando grupos de emigrantes subsaharianos intentaron cruzar la frontera entre Nador (Marruecos) y Melilla (España)

La Red Clamor se suma y concluye: «Con el Papa Francisco seguimos apostando por el derribo de muros. Pedimos justicia, verdad, investigación, reparación y no repetición de estos hechos sangrientos»cultura del descarte»

(Agencia Fides).- “Rechazamos los enfoques punitivos y ‘combatir’ a los migrantes irregulares como política migratoria y de fronteras, no solo por su ineficacia y altos costes financieros, sino sobre todo porque se traducen en más muertes y esclavitud en forma de trata, además, van en contra de un elemental sentido de humanidad y en contra del espíritu de un amplio ‘nosotros’ que el Papa Francisco nos llama a cultivar”.

Así escribe el Arzobispo de Trujillo y Presidente del CELAM, monseñor Miguel Cabrejos Vidarte, en nombre del Episcopado Latinoamericano y del Caribe y de las organizaciones vinculadas a los migrantes que integran la Red Clamor, tras el hallazgo de un camión con 50 migrantes fallecidos, muchos de ellos menores de Guatemala, Honduras y México. Los cuerpos fueron descubiertos en un vehículo abandonado en San Antonio, una ciudad de Texas a unos 240 km de la frontera con México, en una zona de Estados Unidos donde fácilmente las temperaturas superan los 40 grados. En la declaración del 29 de junio expresan su consternación por el suceso y su solidaridad con las familias de los migrantes fallecidos.

“Este hecho criminal, como tantos otros que se están dando cada vez con mayor frecuencia en las fronteras de los países desarrollados, pone en evidencia la desesperación de quienes, en busca de un futuro mejor, están dispuestos a poner en riesgo su vida y la de sus familias”, continúa la carta señalando que el endurecimiento de las políticas migratorias no logra contener el flujo de migrantes y es causa directa de muertes y del aumento de la trata de personas.

La vida de ningún ser humano puede convertirse en una mercancía a la que se le da un precio de mercado para enriquecer a las mafias criminales, muchas veces en complicidad con los organismos de seguridad de nuestros países”, denuncia enérgicamente el escrito. El arzobispo expresa además su preocupación por el destino de los supervivientes, especialmente de los niños, considerando lo que está sucediendo con los menores migrantes en Estados Unidos.

Por ello, el CELAM y la Red Clamor hacen un llamamientoa todos los países de la región, especialmente al gobierno de Estados Unidos, a que amplíe sus opciones de migración legal para prevenir la muerte, la trata y el tráfico de seres humanos.

El comunicado se refiere a otro trágico episodio similar ocurrido hace unos días, el viernes 24 de junio en Europa, cuando grupos de emigrantes subsaharianos, tratando de escapar de la miseria, el hambre y las guerras en sus diferentes países y al no tener vías alternativas para ingresar España de forma segura y regulada, intentaron cruzar la frontera entre Nador (Marruecos) y Melilla (España).

“La llegada de más de 1.500 personas fue repelida por las fuerzas de seguridad de Marruecos y España, provocando una auténtica masacre, con más de 30 muertos”, denuncia la Red Clamor en su comunicado del 28 de junio. Los medios de comunicación y las redes sociales mostraron “los cuerpos tirados en el suelo, algunos vivos y otros muertos, bajo el sol, atados, recibiendo un trato cruel, inhumano y degradante por parte del ejército marroquí”.

La Red Clamor comparte el llamamiento de los obispos españoles al gobierno para que examine y atienda esta nueva crisis en la línea de proteger a los seres humanos y para que establezca con urgencia vías de acceso legales y seguras para las personas que migran de forma forzada. La Red Clamor se solidariza con los familiares de los hermanos asesinados y pide “justicia, verdad, investigación, reparación y no repetición de estos hechos sangrientos”, además de la liberación de los migrantes recluidos en los CIE (Centros de Internamiento de Extranjeros) dado que “son víctimas y como víctimas necesitan entornos seguros y acompañamiento humano, no una prisión”. También piden la repatriación de los cuerpos de los migrantes fallecidos a sus países.

Uniendo su voz a la de los Pastores del continente latinoamericano y el Caribe, la Red Clamor concluye: “Con el Papa Francisco seguimos apostando por el derribo de muros y por la construcción de puentes de solidaridad para combatir la cultura del descarte, hacer posible la amistad social y la fraternidad de los hijos e hijas de Dios, sin excluir a nadie, independientemente del color de piel, nacionalidad o estatus migratorio”

El río de la misión

JESÚS ANDRÉS VICENTE DOMINGO. SACERDOTE DE LA ARCHIDIÓCESIS DE BURGOS

Meses atrás, los sacerdotes de mi ciudad tuvimos la habitual jornada de retiro. Una mañana de oración personal y comunitaria, alimentada con las oportunas reflexiones de un compañero. En este caso, Luis Ángel Plaza, sacerdote diocesano burgalés y actual director general del Instituto Español de Misiones Extranjeras (IEME). El tema escogido –“La misión hace a la Iglesia”– le venía como anillo al dedo, y bien que lo aprovechó para renovar nuestros sentimientos y nuestra comprensión de la misión, tan inexacta por diversos motivos. De entrada, nos señaló algunos de los errores más frecuentes.


No somos “discípulos y misioneros” (primero discípulos y, después, misioneros), sino “discípulos misioneros”, como repite el papa Francisco. Desde las raíces bautismales, la misión es constitutiva del cristiano. Es algo identitario, del orden del “ser”; no se queda en el mero “hacer”. En los sacramentos de Iniciación cristiana recibimos el ser discípulos de Jesucristo junto con una misión que se ha de ir concretando a lo largo de nuestra vida en una vocación y con unos carismas, en unos compromisos existenciales.

Corazón del pueblo

Nos insertamos así en una Iglesia que es misión de Dios para el mundo. Cada cristiano se ha de identificar con estas palabras del Papa: “La misión en el corazón del pueblo no es una parte de mi vida, o un adorno que me puedo quitar; no es un apéndice o un momento más de la existencia. Es algo que yo no puedo arrancar de mi ser si no quiero destruirme. Yo ‘soy una misión’ en esta tierra, y para eso estoy en este mundo” (EG 273).

La misión no es la tarea de unos pocos vocacionados, de los misioneros y las misioneras, a quienes los demás ayudaríamos en la retaguardia con nuestra oración y nuestro dinero. A esta visión parcial podrían contribuir –sin pretenderlo– algunas de las varias campañas misioneras que se celebran a lo largo del año.

La Iglesia existe como fruto de la misión y es posterior a ella. En cambio, nuestra mirada habitual nos hace ver a una Iglesia preexistente –la nuestra, la de aquí, la de siempre– de la que partirían los misioneros a evangelizar nuevos territorios. Según ello, la Iglesia precedería a la misión, pero no es así. Miremos, si no, a nuestras propias comunidades, nos pedía Luis Ángel; ninguna existe por sí misma y desde sí misma. Algo o alguien tuvo que venir desde fuera de ella que le dio el ser y le hizo existir.

En la cumbre de Dios

Cada evento evangelizador es el eslabón de una cadena que se pierde en los orígenes. Remontando aguas arriba el río de la historia de la salvación, la misión actual sube hasta las cumbres del misterio de Dios y empalma con él. Nace en Dios para terminar en Él y, mientras tanto, atraviesa a cada comunidad eclesial dándole el ser y su dinamismo evangelizador. Por eso, toda la Iglesia es misionera y actúa en permanente “estado de misión”.

Concluía el predicador estas advertencias con una frase programática sacada del Concilio Vaticano II: “El designio misionero dimana de Dios Padre, de su ‘amor fontal’ o caridad paternal” (cf. AG 2). El Padre es el origen sin origen, un manantial eterno que se vierte totalmente en el Hijo, y los dos lo comunican a su obra creadora con el don divino del Espíritu que de ambos procede.

La misión nace en el seno de Dios, que es abrazo permanente en el que las tres personas se comunican vida y amor. Con la encarnación del Hijo, el misionero del Padre, la misión surge en medio del mundo marcada con el sello de la Trinidad: un dinamismo de vida incesante, una fuerza imparable de filiación y fraternidad, una Palabra de luz y verdad que ilumina de continuo nuestro camino personal y comunitario. Si Dios es la fuente de la misión, no podemos reducirla a una simple tarea apostólica.

Fuente de agua viva

“Amor fontal”. Con estas palabras se compara el don del amor divino con una fuente, un agua viva “que mana y corre” (san Juan de la Cruz). ¿Por qué, para hablar de la misión, utiliza la Escritura el símil del agua? Mircea Eliade, entre otros autores, nos ha hecho ver lo que esta agua simboliza para la humanidad: “Cuanto el corazón desea puede reducirse siempre a la figura del agua, el mayor de los deseos, el don divino verdaderamente inagotable”. El agua de Dios, esa fuente de amor y vida que se desborda sobre nosotros, viene a calmar la sed insaciable del corazón humano que ninguna creatura de este mundo puede satisfacer.

Vivimos una época de sequía religiosa muy extendida. Nuestra humanidad no acierta a conectar sus justos deseos con las corrientes espirituales. Se da un desfase evidente entre lo que los hombres buscamos por nosotros mismos y lo que el agua espiritual nos regala. Y así los ríos visibles de las religiones históricas se van agotando lentamente, dejando detrás el desierto. ¿Qué está pasando? ¿Acaso no brota ya en las alturas el manantial de Dios?

Lo mismo que ocurre con el clima terrestre, es indudable que el clima espiritual también padece fases. Pero, ¿el “amor fontal” de Dios es cambiante y sujeto a límites o vaivenes? No, “Dios no se muda”, como escribe santa Teresa. Entonces, ¿qué? Siguiendo con la metáfora del agua, una parte se pierde por los huecos de las peñas, por los vacíos de nuestros olvidos y desprecios. Pero hay más agua.

Filtraciones del subsuelo

Una ingente cantidad, que solo Dios sabe, se filtra y enriquece el subsuelo, y puede reaparecer en la superficie, como en el caso del Guadiana, en puntos distantes e inesperados. Esta agua sumergida continúa su labor benéfica en el interior de los corazones, de los pueblos y de las culturas, y, aunque oculta, forma parte integrante de la misión. Es un agua que nuestra Iglesia no controla y que, por ello, corre el riesgo de ignorarla y darla por inexistente.

Pero se trata de la acción del Espíritu en las personas y en los grupos humanos, o en instituciones sociales y religiosas no directamente vinculadas a la Iglesia. “Esto [la acción de Cristo en el misterio pascual] vale no solamente para los cristianos, sino también para todos los hombres de buena voluntad, en cuyo corazón obra la gracia de modo invisible” (GS 22), lo afirmaban los padres conciliares con una convicción que desgraciadamente se ha ido debilitando entre nosotros.

Finalmente, está el agua que a través de una red de arroyos y ríos de superficie se encamina hacia el mar de Dios, origen y destino de nuestras vidas. Una parte de esta agua es la que Él ha confiado directamente a su Iglesia, desde Pentecostés hasta nuestros días. La Iglesia arranca en cada tiempo y lugar con el anuncio apostólico del Evangelio y el bautismo de las gentes que han creído en él. En cada acontecimiento de la historia y en cada cultura que se abre al impulso divino, ella nace y va tomando forma. La Iglesia se recibe de la misión divina y, a su vez, relanza esta misión hacia el futuro del designio de Dios. (…)

Entrevista con el subsecretario del Sínodo de los Obispos

Luis Marín de San Martín
Luis Marín de San Martín

Mons. Luis Marín de San Martín: “La sinodalidad es un proceso dinámico que no termina nunca”

«Toda la Iglesia y todo lo que es Iglesia debe ser sinodal. Se trata de un proceso de escucha y discernimiento que se orienta a la común tarea evangelizadora desde la participación, interrelacionando, no anulando, las diferentes vocaciones y carismas»

«Resulta imprescindible la humildad como actitud y el amor como fundamento. Solo así seremos capaces de implicarnos en esta propuesta de renovación y esperanza y ser cauces de la gracia»

«El proceso sinodal nos une a Cristo, a una experiencia fuerte de Cristo, y al mismo tiempo hace posible una experiencia de comunidad eclesial, una experiencia de Iglesia, de comunidad que camina, que va hacia adelante, que se desarrolla, una comunidad dinámica»

Por Luis Miguel Modino, corresponsal en Latinoamérica

Caminar juntos, comunión en el camino. Estamos hablando de sinodalidad, de una Iglesia familia de Dios, como nos hace ver Mons. Luis Marín de San Martín. El subsecretario del Sínodo de los Obispos nos ayuda a entender la importancia de la sinodalidad, algo que pone en juego la coherencia de la Iglesia.

La sinodalidad lleva a la escucha, con humildad y amor, en una Iglesia donde la pluralidad enriquece. A pesar de las reticencias, vale la pena apostar por la sinodalidad, pues “esta es la única forma de ser Iglesia, porque es la Iglesia de Cristo”.

Sinodalidad, una palabra que podemos decir que es de la primera Iglesia, que fue impulsada hace 60 años por el Concilio Vaticano II, pero que a mucha gente todavía le suena como algo extraño. ¿Qué significa esa sinodalidad?

La sinodalidad, no tanto la palabra, pero sí el concepto, nos remite a la Iglesia primitiva, a la Iglesia de los Apóstoles. Es una Iglesia familia de Dios, participada, unida a Cristo, que evangeliza, dinámica. Esta es la sinodalidad, caminar juntos, comunión en el camino.

En primer lugar, ser cristianos significa incorporarnos a Cristo, conocer a Cristo experiencialmente, profundizar en Cristo y anunciar a Cristo. Esto es caminar, esto es propio de la Iglesia. En segundo lugar, siempre juntos, en comunidad, en familia, nunca en el aislamiento, nunca en el egoísmo, nunca en el individualismo, como comunidad, una sola Iglesia, una sola familia, juntos.

Y esto tiene que ir entrando en el ser, en el actuar y en el estilo de la Iglesia. Esta es la sinodalidad y en esto estamos. No es nada nuevo, pero al mismo tiempo puede ser nuevo el ímpetu, el acento, el darnos cuenta de lo que trae consigo esta apuesta actual por la sinodalidad.

La sinodalidad es un proceso dinámico que no termina nunca. Toda la Iglesia y todo lo que es Iglesia debe ser sinodal. Se trata de un proceso de escucha y discernimiento que se orienta a la común tarea evangelizadora desde la participación, interrelacionando, no anulando, las diferentes vocaciones y carismas. Comienza desde abajo, como experiencia eclesial, con tres ideas clave en lo que se refiere al modo de proceder: apertura, cercanía, acompañamiento.

Sínodo 2023 1

¿Y por qué es importante la sinodalidad para la Iglesia?

Porque nos hace ser coherentes, no es algo añadido, hace referencia al ser de la Iglesia. Uno de los problemas que tenemos hoy cuando decimos que no llegamos, que hay grandes bolsas de increencia, que el número de creyentes es mínimo, es que debemos ser coherentes con nuestra fe, conocer a Cristo expriencialmente, unirnos a los demás cristianos. Y el segundo elemento el testimonio, es importante la sinodalidad porque nos impulsa a la evangelización, a una Iglesia abierta, que sale, Pueblo de Dios en camino.

Nos estamos jugando la coherencia de la Iglesia. No es una cuestión de estructuras, no es una cuestión de cambio, de reparto de poder, ni siquiera una cuestión de programación para un mejor apostolado. Hace referencia a la esencia de la Iglesia, a lo que somos, a nuestra coherencia como cristianos.

Insisto en que la sinodalidad es de toda la Iglesia. Por tanto, no se trata solo de “preparar” el Sínodo de los Obispos, sino que estamos ya viviendo y desarrollando el Sínodo, caminar juntos todo el Pueblo de Dios, como realidad de la Iglesia entera que se va concretando en diversas realidades. El Sínodo de los Obispos, no es el punto de llegada, sino un elemento más en el proceso hacia una Iglesia sinodal. Es un modo de expresar y ejercer la colegialidad episcopal, que tiene su puesto y cumple una función por lo que se refiere a los obispos. Podemos buscar otras estructuras para expresar y vivir la sinodalidad de toda la Iglesia; mejorar, pero no suplantar o anular las que funcionan. No seamos reductivos sino siempre creativos.

Uno de los fundamentos de una Iglesia sinodal es la escucha. ¿Cómo pasar de una Iglesia discente a una Iglesia oyente, qué pasos deben ser dados, que actitudes deben cambiar?

Primero cambiar el corazón y ponernos en actitud de escucha. Este es el gran reto, hemos llegado a un momento en que nos gusta mucho el hacer, el activismo, el decir, el escribir. Quizás debemos detenernos un poco y escuchar, escucharnos los unos a los otros y todos al Espíritu Santo. Porque este también es el gran reto, está costando la dimensión orante de este proceso sinodal.

Nos ponemos en seguida a discutir, a opinar, a hablar. Hacemos un trabajo sociológico, no es un trabajo de escucha, para poder discernir, escucha entre todos y todos al Espíritu Santo. Este es uno de los elementos esenciales de este proceso sinodal. Proceso de escucha, para el discernimiento, cual es la voluntad de Dios, qué es lo que nos pide Dios en este momento de la historia, como cristianos debemos tomar decisiones, este es el proceso.

Resulta imprescindible la humildad como actitud y el amor como fundamento. Solo así seremos capaces de implicarnos en esta propuesta de renovación y esperanza y ser cauces de la gracia.

Escuchar

¿En una sociedad plural, y en una Iglesia que debería ser plural, algo que nace del Concilio Vaticano II, como asumir ese discernimiento comunitario, superando un discernimiento exclusivamente jerárquico?

Desde la visión de Iglesia, es toda la Iglesia, una imagen de Iglesia como familia de Dios. En una familia hay un lazo de amor, sino no hay familia, habrá individualidades, la familia nos une. La Iglesia es comunión, es unidad en Cristo, es familia de Dios. Por tanto, esa unidad en el amor. Desde ahí se admite la pluralidad, las diferencias, que enriquecen y son necesarias. No podemos ir a una Iglesia estilo fotocopia, donde todos somos igual y lo mismo, pensamos lo mismo, tenemos la misma cultura, esto es imposible, esta no es la Iglesia de Cristo.

Admite la diferencia, la pluralidad, eso enriquece. Si hay unidad en el amor, las diferencias enriquecen, sino enfrentan, se convierten en ideología. El proceso sinodal, en este proceso de escucha, lo que posibilita es encontrar al otro como alguien que hace el mismo camino, que es mi familia, que es de verdad mi hermano o mi hermana, al que quiero y ayudo, que me quiere y que me ayuda. Es una Iglesia distinta, una Iglesia hogar, una Iglesia alegre, una Iglesia que entusiasma. Si no, estamos en las luchas ideológicas, las particularidades, los grupos, los enfrentamientos, esto no es la Iglesia de Cristo, esto no es Cristo. Esto es un mensaje de amor, mensaje de alegría, mensaje de Redención.

Habla del proceso de escucha. Es verdad que el Sínodo es algo antiguo en la vida de la Iglesia, ¿pero podríamos decir que la experiencia del Sínodo para la Amazonía, en el que por primera vez se llevó a cabo un proceso de escucha amplio, en el que participaron inclusive personas que no forman parte de la vida de la Iglesia expresamente, ha mudado la dinámica en la realización de los sínodos?

Ha habido dos sínodos que han marcado, uno es el Sínodo de los Jóvenes, que ayudó mucho. Y a partir de ahí fue donde se decidió que el siguiente Sínodo fuese sobre la Sinodalidad. También el Sínodo sobre la Familia, con otro estilo, que demostró que es posible, a pesar de las dificultades. La Iglesia es una Iglesia de escucha a todos, empezando por los propios cristianos, y a veces ni siquiera los cristianos nos escuchamos verdaderamente, como miembros de una familia, como seguidores de Cristo, como evangelizadores, prima más la ideología.

También escuchar a todos los que no tienen voz, algo en lo que el Papa está insistiendo mucho. No siempre los mismos, no nos quedemos con los de siempre, con círculos cerrados donde están los que más o menos piensan como nosotros, nos conformamos con la participación en la escucha de los de siempre. Hay que abrir, que todos tengan posibilidad de participar, que es lo que pasó en el Sínodo para la Amazonía. La voz de los que no hablan nunca, de los que no tienen la oportunidad de expresarse.

Incluso todos los que quieren ayudarnos con buena voluntad, que es el paso que da la Fratelli tutti. El punto sería la imagen de Dios en todo ser humano, que nos hace a todos hermanos, todos somos hijos de Dios, todos somos imagen de Dios. Todos los que quieren ayudarnos vamos a escucharlos, vamos a ayudar con este proceso de escucha y en un discernimiento, pues nos ayudan al discernimiento en el Espíritu, en diversos niveles, personal, parroquial, comunitario, eclesial, y luego se toman decisiones.

El Sínodo para la Amazonía y el Sínodo de los Jóvenes han abierto la puerta a un estilo diversos y además han mostrado que es posible. Hay que tener paciencia, ir dando pasos, con mucha tranquilidad, orando, haciendo discernimiento y caminando juntos. Esto es lo que nos remite a la Iglesia de los Padres, a la Iglesia de los primeros tiempos, no es otra cosa, no inventamos ninguna novedad, vamos a las raíces. También el Concilio Vaticano nos muestra esto, no inventa, no cambia. Quizás lo que hemos hecho nosotros ha sido cambiarla mal. Es ir a las raíces, es revivir lo que es la realidad de la Iglesia primitiva, la Iglesia de Cristo y del Espíritu.

Quiero destacar la importancia de la Conferencia de Aparecida en la promoción e impulso de la sinodalidad. Su documento conclusivo constituye, sin duda alguna, un excelente fundamento para comprender el alcance de este proceso. Junto al documento de Aparecida tenemos también su desarrollo práctico en la Asamblea de América Latina y el Caribe. Invito también a releer la exhortación Evangelii gaudium y la encíclica Fratelli tutti.

Abertura Sínodo

Sabemos que la sinodalidad es un camino, pero también sabemos que hay gente que está contra ese camino. ¿Qué es lo que dificulta que esa Iglesia sinodal sea asumida?

No hay que asustarnos, hay personas que no entienden bien de qué se trata, gente que con buena voluntad no lo entiende, pues quien no tiene buena voluntad, lo que uno puede hacer es que haga el menos daño posible. Entonces hay que formar, hay que dialogar, esto ya es Sínodo, caminar juntos, hablarlo, comentarlo, a lo mejor nos ayudamos mutuamente. Hay otras personas que la cuestión viene no por el desconocimiento, sino por el miedo a modificar las estructuras que siempre han funcionado.

Esto puede ser peligroso porque a veces, como hemos encontrado en sacerdotes, en obispos, incluso laicos, dicen que esto significa perder el poder, esto significa que mandan todos. La conversión es al servicio, no al poder, hay que cambiar el chip, esto es una falsa concepción del Magisterio. Hay otras personas que están desilusionadas, que dicen que otra reforma, otra novedad, va a ser siempre lo mismo. ¿Pero por qué va a ser siempre lo mismo? Dejemos al Espíritu actuar, vamos a experimentarlo, no bloqueemos al Espíritu.

Por último, hay otras personas que dicen que es un trabajo añadido, que ya tenemos mucho trabajo, hay planes pastorales, planes diocesanos, esto es como un peso más. No, es lo mismo, hacer lo que se está haciendo, pero de otra manera, más interconectados, más a la escucha, para poder realmente vivir como comunidad cristiana y poder evangelizar. Hay diferentes tipos de opinión, no hay problema si se tiene buena voluntad, si hablamos. Hay distintas velocidades, pero es curioso, el grupo más entusiasta son los laicos, en todo el mundo, sin duda alguna, y el grupo más reticente son algunos ámbitos clericales.

Nadie ha dicho que sea fácil, vamos adelante, con buena voluntad, con disponibilidad, y sobre todo hablando, vamos a hablar, escucharnos, dialogar, hacer experiencia sinodal real. Yo les digo a quienes manifiestan estas dificultades, estos problemas, que no hay que tener miedo, qué hubiera sido si los apóstoles o la primitiva Iglesia hubiesen visto los miedos de salir, de ir al Imperio Romano, de cambiar mentalidades, de hacer apuestas fuertes. El Espíritu nos guía, y él es el que nos va guiando, sin duda alguna, y esto nos da tranquilidad, esto también nos da seguridad.

¿Por qué vale la pena apostar por una Iglesia sinodal? ¿Cuáles son las riquezas que podemos encontrar en esta forma de ser Iglesia?

Esta es la única forma de ser Iglesia, porque es la Iglesia de Cristo. El proceso sinodal primero nos une a Cristo. No existe otro Cristo que el Cristo Resucitado, y el Cristo Resucitado es el Cristo unido a su Iglesia, a todos los bautizados, al pueblo de Dios, este es el Cristo, no hay Cristo separado de su Iglesia.

Por tanto, el proceso sinodal nos une a Cristo, a una experiencia fuerte de Cristo, y al mismo tiempo hace posible una experiencia de comunidad eclesial, una experiencia de Iglesia, de comunidad que camina, que va hacia adelante, que se desarrolla, una comunidad dinámica. Sobre todo, el proceso sinodal es importante porque es un momento del Espíritu, que, y aquí viene la dificultad, necesita de nosotros. Fue algo que el Papa le dijo al pueblo de Roma hace un año, el Espíritu Santo nos necesita.

Podemos frustrar la acción del Espíritu, esto es muy serio. Podemos ser cauce de la gracia, cauce del Espíritu, y esto es la apuesta, la oferta del proceso sinodal. Por eso estamos en un momento crucial, en un Kairós, que pide nuestra colaboración, nuestra participación. Cuando alguna persona, sea un sacerdote, un obispo, un laico, dice yo no participo, tengamos en cuenta que estamos frustrando la acción del Espíritu, y esto es muy serio. Tu participación o no participación, repercute en los demás.

El tiempo de la pandemia nos ha puesto de relieve nuestras iglesias que se vacían, la gente que no va a misa, ha descubierto lo telemático, nos hemos dado cuenta, sobre todo aquí en Europa y en el mundo occidental, que tenemos dos problemas muy serios. Primero que nuestros cristianos no necesitan de la comunidad, un cristianismo individualista, donde no nos conocemos, donde decimos queridos hermanos y hermanas, pero no es verdad, donde el otro me es indiferente. En la comunidad cristiana, en la sinodalidad, somos comunidad, somos familia, nos hace vivir el reto de la comunidad.

El segundo reto es el de la Eucaristía, recibir a Cristo, Cristo que se hace alimento, Cristo que viene a nosotros, Cristo que nos hace apóstoles. Este es el reto que tenemos. La sinodalidad nos hace darnos cuenta e impulsarnos hacia una Iglesia mucho más coherente, como decía al principio, mucho más viva. Y estamos llamados a comunicar entusiasmo, Cristo entusiasma, siempre. Y Cristo implica, implica necesariamente en el mundo. No es un producto de laboratorio, de grupos o de rituales. Cristo es presencia, presencia salvífica en el pueblo, en la gente, en el mundo. Presencia alegre y entusiasta.

Esta es la sinodalidad, este es el camino, y no podemos hacerlo solos, juntos, en unidad con Cristo, participación en Cristo y en comunidad con los hermanos y hermanas. Es algo que entusiasma, que es la respuesta de Dios en este momento de postpandemia, de injusticias, de guerra, de soledad, de falta de valores. La respuesta de Dios es la sinodalidad, que yo lo resumo fácilmente: más Cristo, más Iglesia.

Los ancianos «maestros de la ternura»

Francisco dedica su intención de oración de julio a los ancianos, “maestros de ternura”

“Las personas mayores tenemos a menudo una sensibilidad especial para el cuidado, para la reflexión y el afecto”, ha asegurado el Papa

El papa Francisco ha dedicado su intención de oración del mes de julio a los ancianos, a quienes ha definido como “maestros de ternura”.


Apenas una semana después del Encuentro Mundial de las Familias, el Papa señala en el vídeo que “no podemos hablar de la familia sin hablar de la importancia que tienen los ancianos entre nosotros”.

Asimismo, el Papa ha denunciado que, a día de hoy, “para la vejez hay muchos planes de asistencia, pero pocos proyectos de existencia”. Sin embargo, “las personas mayores tenemos a menudo una sensibilidad especial para el cuidado, para la reflexión y el afecto”.

“Somos, o podemos llegar a ser, maestros de la ternura“, ha asegurado. Algo especialmente importante porque “necesitamos, en este mundo acostumbrado a la guerra, una verdadera revolución de la ternura”.

Texto íntegro

No podemos hablar de la familia sin hablar de la importancia que tienen los ancianos entre nosotros.

Nunca fuimos tan numerosos en la historia de la humanidad, pero no sabemos bien cómo vivir esta nueva etapa de la vida: para la vejez hay muchos planes de asistencia, pero pocos proyectos de existencia.

Las personas mayores tenemos a menudo una sensibilidad especial para el cuidado, para la reflexión y el afecto. Somos, o podemos llegar a ser, maestros de la ternura. ¡Y cuánto! Necesitamos, en este mundo acostumbrado a la guerra, una verdadera revolución de la ternura. En esto tenemos una gran responsabilidad hacia las nuevas generaciones.

Recordemos: los abuelos y los mayores son el pan que alimenta nuestras vidas, son la sabiduría escondida de un pueblo, por esto es preciso celebrarlos, y he establecido una jornada dedicada a ellos.

Recemos por los ancianos, que se conviertan en maestros de ternura para que su experiencia y su sabiduría ayude a los más jóvenes a mirar hacia el futuro con esperanza y responsabilidad.

Disolución de 101 ONGs en Nicaragua

El Parlamento de Nicaragua disuelve un centenar de ONG y expulsa a las Misioneras de la Caridad

El Parlamento de Nicaragua disuelve un centenar de ONG y expulsa a las Misioneras de la Caridad
El Parlamento de Nicaragua disuelve un centenar de ONG y expulsa a las Misioneras de la Caridad

La disolución de las 101 ONG fue aprobada con carácter urgente y sin debate por los 75 diputados sandinistas y sus aliados. Otros 15 legisladores, de los 91 que integran el Parlamento, se abstuvieron, y uno se ausentó.

La ilegalización de las Misioneras de la Caridad y de las otras 100 ONG fue propuesta por el diputado sandinista Filiberto Rodríguez, a petición del Gobierno del presidente Daniel Ortega, a través del Ministerio de Gobernación

 | RD/Efe

La Asamblea Nacional (Parlamento) de Nicaragua,de mayoría gubernamental, canceló este miércoles las personalidades jurídicas de otras 101 ONG, incluida la Asociación Misioneras de la Caridad de la Orden Madre Teresa de Calcuta.

Las Misioneras de la Caridad, creada el 16 de agosto de 1988 durante el primer régimen sandinista (1979-1990) tras una visita a Nicaragua de Madre Teresa de Calcuta, mantenía una guardería, un hogar para niñas víctimas de abusos o abandonadas, y un asilo de ancianos, que comenzaron a cerrar desde el pasado 15 de junio.

La disolución de las 101 ONG fue aprobada con carácter urgente y sin debate por los 75 diputados sandinistas y sus aliados. Otros 15 legisladores, de los 91 que integran el Parlamento, se abstuvieron, y uno se ausentó.


La ilegalización de las Misioneras de la Caridad y de las otras 100 ONG fue propuesta por el diputado sandinista Filiberto Rodríguez, a petición del Gobierno del presidente Daniel Ortega, a través del Ministerio de Gobernación.

Sin permiso para cuidar a niños o ancianos

Según un informe de la Dirección General de Registro y Control de Organismos Sin Fines de Lucro de la cartera de Gobernación, las Misioneras de la Caridad incumplieron «con sus obligaciones» conforme la ley que los regula, y la Ley de Lavado de Activos, el Financiamiento al Terrorismo y el Financiamiento a la Proliferación de Armas de Destrucción Masiva.

Entre otros, las Misioneras de la Caridad no estaban acreditadas por el Ministerio de Familia para funcionar como guardería, centro de desarrollo infantil u hogar de niñas o asilo de ancianos, ni tenían permiso del Ministerio de Educación para realizar el reforzamiento de aprendizaje.

Además, no reportaban activos fijos, ni sus actividades de su sede en la ciudad de Granada (suroeste): hogar de niñas, comedor, guardería y reforzamiento de aprendizaje

La dimensión dinámica de la sinodalidad

Mensaje con motivo de la Asamblea Plenaria de la CAL

Papa Francisco
Papa Francisco

Francisco, a la Iglesia latinoamericana: “Ocupar espacios es la tentación, abrir procesos es la actitud que permite la acción del Espíritu Santo»

En la sinodalidad “como niños pequeños damos pasos cortos y torpes”, ante lo que hace ver la necesidad de “una mayor conversión personal y pastoral”

“Cuando uno cree saberlo todo, el don no puede ser recibido”, un peligro para la sinodalidad

“Ocupar espacios es la tentación, abrir procesos es la actitud que permite la acción del Espíritu Santo”

«Sinodalidad es la dimensión dinámica, la dimensión histórica de la comunión eclesial fundada por la comunión trinitaria, que apreciando simultáneamente el sensus fidei de todo el santo pueblo fiel de Dios, la colegialidad apostólica y la unidad con el Sucesor de Pedro, debe animar la conversión y reforma de la Iglesia a todo nivel»

Por Luis Miguel Modino, corresponsal en Latinoamérica

Presidente y secretarios de la CAL

La Pontificia Comisión para América Latina está reunida en Asamblea Plenaria de 24 a 27 de mayo. A ellos se ha dirigido el Papa Francisco en un video mensaje, mostrando su alegría por este encuentro después “de la prolongada pausa que ha causado la pandemia”.

En sus palabras, el Santo Padre ha hecho ver su deseo de que se hubiesen reunido antes de la convocatoria del Sínodo sobre la sinodalidad en la Iglesia, para reflexionar sobre la experiencia de camino sinodal de la Iglesia latinoamericana y caribeña en el postconcilio.

Haciendo un repaso de la historia de las Conferencias Generales del Celam, recuerda que “comunión” y “participación”, fueron las categorías-clave en la Conferencia de Puebla, y que «conversión pastoral» fue relevante en Santo Domingo y Aparecida. Una experiencia de sinodalidad que está presente en la vida pastoral, destaca el Santo Padre, advirtiendo de la necesidad de “que seamos más conscientes de nuestros límites para así poder madurar y dar frutos evangélicos en este camino”.

Se trata de vivir lo que estaba presente en la primera Iglesia, advierte el Papa, para lo que “como niños pequeños damos pasos cortos y torpes”, ante lo que hace ver la necesidad de “una mayor conversión personal y pastoral”. En ese sentido, destacó la disposición de la Iglesia en América Latina y el Caribe, para “reaprender a caminar juntos al momento de enfrentar los desafíos o los problemas pastorales y sociales propios del cambio de época”.

Cardeal Oullet

El Papa ha dicho tener “alergia a los pensamientos ya completos y cerrados”, poniendo como ejemplo el inicio de la Teología de la Liberación, que calificó como “una ideologización de lo que es un camino telúrico latinoamericano”, un camino agarrado a la tierra. Desde ahí ha insistido en la recta interpretación de las enseñanzas del Concilio llevada a cabo por la Iglesia en América Latina y el Caribe, reaprendiendo a “caminar juntos al momento de enfrentar los problemas pastorales, los problemas sociales propios del cambio de época”.

En ese camino ha destacado la fuerza del Espíritu, advirtiendo que “cuando uno cree saberlo todo, el don no puede ser recibido”, lo que ve como un peligro para la sinodalidad. Reflexionando sobre las características de ese don, que busca la unidad y la comunión, que se hace presente a través de las mociones, y lleva a vivir en un servicio constante a los demás, algo que se contrapone al pensamiento cerrado, que domina, controla, ocupa espacios.

Por eso ha advertido que “ocupar espacios es la tentación, abrir procesos es la actitud que permite la acción del Espíritu Santo”. Un Espíritu que es actual, con diversidad de carismas, crea la armonía de todas las diferencias. Desde ahí ha definido la sinodalidad como “parte de una eclesiología pneumatológica, es decir, espiritual”. También como parte de una teología eucarística, e inclusive “el punto en el que converge misteriosa pero realmente la Trinidad en la historia”.

Toma de posesión Emilce Cuda

Desde ahí, el Papa ha advertido que “la sinodalidad no es una moda organizacional o un proyecto de reinvención humana del pueblo de Dios. Sinodalidad es la dimensión dinámica, la dimensión histórica de la comunión eclesial fundada por la comunión trinitaria, que apreciando simultáneamente el sensus fidei de todo el santo pueblo fiel de Dios, la colegialidad apostólica y la unidad con el Sucesor de Pedro, debe animar la conversión y reforma de la Iglesia a todo nivel”.

En referencia a la CAL la ha llamado “a ser un organismo de servicio que colabore a que todos en América Latina y el Caribe ingresemos en un estilo sinodal de ser Iglesia, en el que el Espíritu Santo, que también nos llama a través del Pueblo Santo de Dios, sea el protagonista, y no nosotros”, insistiendo en la CAL como servicio, como diakonía, que ayude en la mejor comprensión de la realidad social y eclesial, y acompañe al Celam, la CEAMA y la Pastoral Hispana de Canadá y Estados Unidos.

También ha llamado a la CAL a generar nuevas dinámicas, a desinstalar los usos y costumbres clericales, ante un clericalismo que ve como una perversión “quietista”, a promover la verdadera sinodalidad, que “nos debe conducir a vivir más intensamente la comunión eclesial”, que nace del Bautismo. Por ello advierte ante el protagonismo unipersonal y llama a “sembrar y animar procesos que permitan que el pueblo de Dios, que camina en la historia, pueda participar más y mejor en la común responsabilidad que todos tenemos de ser Iglesia«, insistiendo en que “todos somos pueblo de Dios

San Pedro y San Pablo 1

San Pedro y San Pablo (1). Autoridad del Papa y de la Iglesia

Estatua de San Pedro, en el Vaticano

Se celebra hoy la fiesta de San Pedro y san Pablo y, de un modo consecuente, recordamos y celebramos la autoridad del Papa y de la Iglesia, en línea de evangelio (primacía de los pobres) y de comunión dialogal (palabra escuchada y compartida). En esa línea quiere avanzar el Papa Francisco. En ella ofrezco las reflexiones que siguen

En ciertos momentos, las celebraciones oficiales de la iglesia católica tienden a ser verticales, con un Papa, obispo o presbítero que actúan como “patrono”, diciendo desde arriba su palabra, mientras los fieles escuchan, reciben, asienten. Conforme a todo lo que vengo diciendo, ese modelo no es cristiano»

Por Xabier Pikaza

Vaticano I. Primado del Papa[1]

Si alguno dijere que el Romano Pontífice tiene sólo deber de inspección y dirección, pero no plena y suprema potestad de jurisdicción sobre la iglesia universal, no sólo en las materias que pertenecen a la fe y costumbres, sino también en las de régimen y disciplina de la Iglesia difundida por todo el orbe, o que tiene la parte principal, pero no toda la plenitud de esta suprema potestad; o que esta potestad suya no es ordinaria e inmediata, tanto sobre todas y cada una de las iglesias, como sobre todos y cada uno de los pastores y de los fieles, sea anatema (Denz-H., 3064).

La palabras centrales de esta declaración (potestad y jurisdicción) provienen de la práctica jurídico/política del imperio romano y del feudalismo germano, pero ellas debe entenderse y ejercerse desde la misión del evangelio (cf. Mt 28, 16-20), no en en línea de jerarquía ontológica, del sacerdocio del AT, de política romana o autoridad feudal, sino de evangelio y sinodalidad cristiana (cf. Mc 9, 33-37 y 10, 35-45 par; Mt 1 y 23).

El poder de la iglesia, representada en un sentido católico por el Papa, se funda en la palabra de Dios, de manera que es poder de amor, para ofrecer y compartir fraternidad, en la línea de Mt 28, 16-20, sin privilegio, imposición o ventaja que sería contraria al evangelio. Un Papa que pretendiera tener más potestad que los «simples» creyentes, un Papa que quisiera situarse por encima de los pobres (y no a su servicio) dejaría de ser cristiano[2].

Infalibilidad [3]

El Romano Pontífice, cuando habla ex cátedra –esto es, cuando cumpliendo su cargo de pastor y doctor de todos los cristianos, define por su suprema autoridad apostólica que una doctrina sobre la fe y costumbres debe ser sostenida por la Iglesia universal–, por la asistencia divina que le fue prometida en la persona del bienaventurado Pedro, goza de aquella infalibilidad de que el Redentor divino quiso que estuviera provista su Iglesia en la definición sobre la fe y las costumbres; y, por tanto, las definiciones del Romano Pontífice son irreformables por sí mismas y no por el consentimiento de la Iglesia (Denz-H., 3074).

El Papa no es infalible en línea de poder, sino de escucha y comunión de la palabra de Jesús, acogida y dialogada en línea “sinodal” por el conjunto de la Iglesia. De esa forma, en contra de una lectura literalista del Vaticano I, podemos afirmar que la autoridad de la Iglesia (Papa, concilios y pueblo cristiano) es «plena, suprema, inmediata», siempre que sea cristiana, es decir, que renuncie a toda superioridad e imposición, mando y jer-arquía (sea en línea de monárquíca, oligarquía o demo-krática,), porque es la autoridad de los pobres, a quienes pertenece el evangelio, es decir, el futuro de la vida, es la autoridad sinodal del diálogo de toda la iglesia, en línea de comunicación, de búsqueda y escucha común de la Palabra de Dios, según el evangelio[4].

Papa sin jerarquía. Papado de los pobres y de la palabra compartida

El Nuevo Testamento no conoce jerarcas, sino hermanos y hermanas que comparten el sacerdocio y la palabra universal de Cristo, pudiendo asumir las tareas o ministerios de la iglesia, en línea de servicio (diaconado), presidencia colegiada (presbiterado) o supervisión personal (obispado), al servicio de la comunión de vida de todos los creyentes. Por eso, todos y cada uno de los cristianos (y en el fondo todos los hombres y mujeres) son «puentes sagrados», presencia de Dios (cf. Mt 25, 31-46 [5].

 Desde ese fondo se plantea el tema y tarea de un papado sin autoridad jerárquica, como representante de la autoridad de los pobres y de la palabra compartida en clave de evangelio. Actualmente, (a pesar de las críticas que elevan incluso algunos teólogos más tradicionales)[6], el Papa parece Obispo de todos los obispos, portador de la plenitud de toda jerarquía (dentro de un evangelio y con un Dios que no es jerárquico. Pues bien, dado que, como venimos indicando, esa función jerárquica suprema está perdiendo su sentido, hay muchos que dicen que el mismo papado tiene que desaparecer. Pues bien, en contra de eso, afirmamos que es ahora cuando puede haber un Papa de verdad cristiano, con autoridad «evangélica» (de entrega de la vida), como Pedro, que no fue Gran Jerarca, sino testigo de resurrección para los pobres y de comunión entre los cristianos[7].

Reformular el CIC

El Derecho Canónico afirma que el Papa, «en virtud de su función, tiene potestad ordinaria, esto es, suprema, plena, inmediata y universal en la iglesia y la puede ejercer libremente» (CIC, 331). Como he dicho al ocuparme de Vaticano I, esta formulación resulta ambigua pues el Papa no puede tener más autoridad cristiana que aquella que brota del don de la vida (morir por los otros) y que se concreta en el amor mutuo, en línea de sínodo universal. de tal forma que el menor es el mayor o primado todos (cf. Mc 9, 35 par; 35-45 y Mt 18, 15-20; 23, 1-12). El modelo de pirámide o sistema de poder no es evangélico. Por eso, el Papa no puede situarse en la cumbre de ninguna institución objetivada, pues la iglesia de Jesús es un organismo vivo, hecho de conexiones inmediatas de amor, con ministerios o servicios de testimonio fraterno y solidaridad, de palabra y acogida, de pan y de vino (comida), que se ejercen y comparten de un modo inmediato, entre todos los creyentes, por la fuerza del Espíritu de Jesús[8].

La unidad jerárquica responde a un tipo de platonismo ontológico (los diversos seres se escalonan formando un todo) y político (los sabios de la República gobiernan a los menos sabios). Pues bien, llevada hasta el final, esa visión no es cristiana (ni siquiera israelita), pues presenta a Dios como poder abarcador (un todo), no como amor infinito. En contra de eso, como ya hemos dicho, la unidad cristiana se identifica con la misma comunicación inmediata de vida de todos los creyentes, como palabra compartida (sínoco universal) al servicio de los pobres. En esa línea podemos añadir que la «potestad» (suprema, plena, universal e inmediata) del Papa se identifica con el amor supremo, pleno, universal e inmediato con que han de amarse entre sí todos los creyentes

La Iglesia no es poder, sino palabra creadora (sinodal), al servicio de los pobres

La unidad y autoridad cristiana no reside en un poder unificado, ni en una organización central, sino en la comunión multi-forme de todos los creyentes, que despliegan, comunican y comparte la palabra y el pan, empezando por los excluidos (pobres y enfermos, impuros y locos…). Lo que define a la iglesia no es la eficacia de una organización superior (objetivada), sino la vida de cada uno de los hombres y mujeres y el hecho de que todos puedan compartir esa vida de un modo gratuito, por encima de las mismas diferencias confesionales, en servicio de amor y comunión que se inspira en Cristo. Sólo superando una visión del poder como potestad o capacidad de imposición de unos sobre otros (de los que tienen sobre los que no tienen, de los que enseñan sobre los que aprenden), podrá surgir la verdadera iglesia, que es comunión de comuniones, comunidad de comunidades. Sólo en ese contexto podrá hablarse de un Papa, que no sea mayor que nadie, ni depositario de poderes que sólo él posee, ni primado sobre otros, sino amigo/a de amigos, hermano/a de hermanos[9].

Tarea de la iglesia: No tomar el poder, sino superarlo

 Los papas y obispos (jerarcas cleicales de antaño pensaron que un tipo de «toma de poder» les ayudaría a realizar mejor su tarea. También otros movimientos políticos (desde la revolución francesa a la soviética), que han marcado la historia de Europa y del mundo, a partir del siglo XVIII, quisieron tomar el poder y lo tomaron para cumplir sus objetivos. Pues bien, tras el fracaso de varias revoluciones, y en especial de la marxista, muchos empiezan a pensar que la verdadera revolución no se realiza con la toma de poder, sino con otros tipos de presencia. Eso ha de aplicarse de un modo eminente a la iglesia[10]

 Ciertamente, el poder tiene un aspecto fácticamente necesario, como indicó Jesús al hablr de «las cosas del Cesar» (Mc 12, 17) y ratificó San Pablo al decir que es signo de Dios para ese mundo (Rom 13, 1-7). Pero tanto Jesús como Pablo situaron las «cosas de Dios» en un plano distinto. Lo esencial del cristianismo no es la toma, sino la superación del poder. No se trata, por tanto, de que los pobres lo asumen y gobiernen bien, sino de que lo superen, de una forma positiva, desde el evangelio, no para volver al puro caos, sino para crear formas distintas de vinculación social gratuita, entre las que puede ocupar un lugar el Papa.

Meta-noia o conversión cristiana (Mc 1, 15)  

La «conversión» (revolución) cristiana debe hacerse desde fuera del poder. Por eso, las iglesias de Jesús han de expresarse por otros tipos de presencia y comunicación, sin mediaciones políticas. No se trata de que el Papa deba delegar funciones, regalando a las comunidades cristianas más autonomía, pues no puede dar lo que no es suyo, sino que debe retirarse, para que los cristianos sean lo que son (hombres y mujeres que se aman, en libertad) y para que las iglesias se expandan y organicen por sí mismas, desde la Vida y Recuerdo de Jesús, para unirse luego (al mismo tiempo) en comunión dialogal, realizando así la revolución del evangelio.

La unidad de la iglesia no se logra por mediación de un Papa más alto, sino por la misma comunión de los creyentes, que se vinculan por gracia y servicio a los pobres.

Un Papa evangélico no romano  

Pero dicho eso queremos añadir que, como símbolo y garante de servicio mesiánico y encuentro de amor, puede (y creemos que debe) haber un hombre o mujer especial, vinculado a la memoria de Pedro y a la historia de la iglesia, un «Papa» que no sea signo de poder, sino de comunión, vinculado históricamente a la comunidad de Roma, que se puede expresar el amor y unidad de las iglesia. Ese «Papa» es obispo de la diócesis de Roma (o de la que se pueda tomar como signo de Pedro), dejando que las demás iglesias (conferencias episcopales, patriarcados, diócesis, comunidades no episcopales etc), se organicen por sí mismas.

Una vez que el papado abandona el poder central que ha tomado (y que no era suyo), las comunidades cristianas quedan libres para crear sus comuniones y concilios, asambleas y encuentros, de manera que pueda surgir una iglesia recreada por un diálogo múltiple de personas y palabras, que se expanden por doquier, sin que exista un centro, porque todos son centro, partiendo de los pobres, en comunión múltiple, expresada por la Eucaristía o comida real, abierta a los pobres.

Según eso, la autoridad llaves de Dios la tienen los pobres y, en su nombre, las iglesias, es decir, las comunidades que quieran escuchar y cultivar el evangelio a través del encuentro concreto de sus miembros, que comparten de un modo inmediato (mano a mano, mesa a mesa, plato a plato) la palabra y el pan, vinculando los dos grandes signos de Cristo, que son el cuidado de los excluidos (crucificados, pobres) y el amor de los enamorados y amigos. Las comunidades, centradas en los pobres y en aquellos que saben quererles y quererse (cf. Mt 25, 31-45; Jn 13-15), podrán configurarse como lugares y espacios de encuentro humano, siempre concreto y abierto a los de fuera y a todo el resto de las comunidades mesiánicas[11].

Diálogo católico. Una iglesia sinodal

Debemos volver al principio. No podemos empezar queriendo resolver el tema de la posible cúpula del papado, sino que, como sucedió al comienzo de la iglesia, debemos insistir primero y sobre todo en el anuncio del evangelio a los pobres y en el surgimiento de espacios de gratuidad cristiana compartida, es decir, de iglesia. Sólo allí donde se empiece a recorrer ese camino, los diversos grupos cristianos podrán y deberán hablar de instancias de unidad y comunión, al servicio de los pobres, planteando de nuevo el tema del Papa, allí donde lo exija la dinámica de la historia y la experiencia concreta de comunicación entre las iglesias. Desde ese fondo destacamos de nuevo los tres principios del imaginario cristiano: pobreza, gracia, comunicación.

Autoridad de Jesús y de la Iglesia, principios.

1.-Principio de autoridad de Jesús son los pobres en su sentido más extenso, es decir, los expulsados e impuros, los empobrecidos y enfermos, sean cristianos o «gentiles». Eso significa que la iglesia tiene su corazón fuera de ella, de manera que debe empezar siendo esencialmente misionera, portadora de un germen universal de vida, a partir de la pequeñez y miseria de este mundo. En la raíz del imaginario cristiano está, por tanto, la autoridad divina de los oprimidos y expulsados del sistema de poder, que así aparecen como signo de Dios y principio de acción misionera.

2.-Centro de la autoridad de la iglesia es la gracia creadora (=Dios), internamente vinculada a la fe (somos en Dios) y al regalo de la vida: sólo existimos en la medida en que damos y nos damos, invirtiendo así el camino de la empresa productora de tipo capitalista, donde todo es resultado de un esfuerzo programado de los hombres. Este es el lugar donde se manifiesta el signo de Dios: podemos ser y somos porque él nos ama y amando a los pobres, de manera que ellos son principio y centro autoridad e infalibilidad cristiana.

3.-La plenitud de la autoridad de la iglesia se expresa en la comunión interna, es decir, en la comunicación gratuita entre los creyentes, de manera que sólo en la medida en que se vinculan entre si por lazos de vida compartida, al servicio de los pobres, los hombres y mujeres son cristianos y las iglesias pueden presentare como revelación del evangelio. Por eso, un Papa que estuviera fuera de la comunión cristiana no seria Papa, ni cristiano.

Sobre esa triple base se funda la experiencia de la libertad cristiana, no sólo en el aspecto individual (cada hombre/mujer es Hijo de Dios, llamado a la gracia), sino también en el comunitario (cada iglesia debe trazar su propio espacio de humanidad concreta), en un camino que se abre a todos los hombres, a través de una experiencia de resurrección, a partir de los enfermos y los pobres. Este es el dogma de la iglesia, el verdadero «Nicea y Calcedonia» donde se apoya la vida y confesión de fe de los creyentes.

Por eso hemos querido comenzar por la misión, volviendo a la experiencia base de Jesús que quiere que «los pobres sean evangelizados», de un modo gratuito, por don de Dios (cf. Mt 11, 5 par). Esa misión es la que importa, ella es la que une de hecho a las diversas iglesias, de tal forma que siendo misionera pueden presentarse como expresión de la unidad de Cristo, sin apresurarnos a buscar con nerviosismo la función de un obispo central a quien puedan entregarse las llaves del Reino de Dios en sentido normativo. Quizá sería bueno aparcar por un tiempo el signo del Papa, unos decenios, quizá hasta un siglo, como sucedió al principio del cristianismo, dejando así que se desarrollen las comunidades, libremente, desde la raíz común del evangelio, pues sólo en un segundo momento puede surgir un tipo de papado, si es que surge, de manera diferente a la de antaño, cuando existan condiciones para ello.

Lo que importa no es apresurarse a fijar las instituciones, sino cultivar la libertad del evangelio al servicio de los más pobres, en diálogo de amor, esto es, de un modo sinodal. Sólo podremos ofrecer la bienvenida a Papa en la medida en que surja libremente y su influjo se vaya extiendo por sí mismo, en gracia y libertad, por amor a los pobres, entre todas las iglesias. Evidentemente, esto no puede programarse.

Un Papa impuesto o que se impone no sería cristiano. Un Papa que logra su autoridad a través de conveniencias o estrategias políticas estaría fuera del evangelio. Sólo un Papa que brota de un modo normal del imaginario evangélico (del anuncio de la salvación a los pobres) y de la experiencia católica (comunión de amor de los creyentes, al servicio de los pobres) puede ser cristiano. Por eso, lo que hoy buscamos de verdad es crear las bases para el surgimiento de un nuevo imaginario sinodal en cuya base estén los pobres y en cuyo centro esté la comunión de las iglesias. Sólo en un segundo momento puede surgir la figura de un Papa que exprese y encarne algunos valores importantes de ese imaginario.

Eso supone que necesitamos un tiempo para explorar de nuevo el evangelio, recreando de esa forma un posible modelo de unidad cristiana, a partir de los más pobres. Si no fuera así, no merecería la pena el surgimiento de un Papa, pues carecería de valor cristiano. No necesitamos apresurarnos, definiendo de antemano lo que podrá ser ese Papa/Mama, Amigo/a…, pues lo dirá la historia y no el Magisterio doctrinal, ni algunos teólogos teóricos más o menos carismáticos o lúcidos. Lo que importa es vivir el evangelio, en gratuidad, desde el servicio concreto a los pobres, hasta que las tareas y caminos de unidad se vayan clarificando, pues todavía estamos inmersos en grandes cambios y no tenemos perspectivas para anticipar el futuro.

Pero Más que un Concilio, que decida desde arriba lo que son o deben hacer los creyentes, queremos iglesias sinodales que exploren y busquen caminos de evangelio, por sí mismas, mientras sirven a los pobres, sin esperar soluciones exteriores

Un concilio cerrado sobre sí, ocupado sólo de temas internos de la iglesia, sería signo de egoísmo. Lo que importa son los pobres, no un concilio hermoso. Solo en la medida en que se reúnen para compartir mejor la vida con los pobres, abriendo así un camino de libertad, se puede decir que los cristianos son un auténtico Concilio en el sentido de sínodo constituyente. En ese sentido, en cuanto comunión y servicio de amor, toda la vida cristiana es concilio, es decir, reunión permanente de los convocados por el Espíritu de Cristo, para anunciar el evangelio de la libertad y de la vida. Según eso, el posible Concilio no es un acto separado, sino expresión de la vida de la iglesia, entendida como bazar permanente de contactos múltiples donde los hombres y mujeres regalan y comparten su vida, como sabe el Nuevo Testamento, desde 1 Cor 13 hasta el evangelio de Juan.

Sea como fuere, antes o después, deberá haber algún tipo de Concilio específico, que escuche la voz de las iglesias, en las nuevas condiciones de experiencia católica (universal) y de diálogo ecuménico, para unificar el servicio a los pobres, sin el ansia de hacer cosas, ni de tomar decisiones vinculantes para el conjunto de la cristiandad, ni de redactar documentos, sino por el gozo de encontrarse, compartir experiencias y celebrar la vida. Ese Concilio podría celebrarse en Roma, pero no en el Vaticano actual (marcado por una historia de poder y jerarquía), sino en algún lugar abierto a los diversos movimientos cristianos y a todos los que sirven a los pobres. Para ello habría que encontrar otras formas de participación, de manera que no intervinieran sólo los obispos católicos, sino todos aquellos que quieran cultivar el evangelio, sin vincularse a las actuales estructuras jerárquicas.

Éste puede ser un camino sinodal promovidos por católicos, protestantes u ortodoxos o, si fuere el caso, por todos, pero debería ser un sínodo de los pobres de Jesús, en la línea del primero de Jerusalén, según Hechos 15, que se reunió para tratar de la extensión del evangelio a los gentiles (es decir, a los expulsados del sistema sacral judío). En ese nuevo Concilio, el Papa (si lo hubiere) no podría imponer su autoridad, ni declararse primado sobre las iglesias, sino que debería presentarse como testigo de la apertura a los pobres (como hizo Pedro en Hech 15) y como posible signo de la unidad que viene dada por la fe en el mismo Cristo mesías y no por organizaciones eclesiásticas[12].

Este es el principio de todo imaginario cristiano: que la iglesia pueda alzarse y decir que «los pobres son evangelizados», añadiendo que todos los cristianos pueden reunirse, en un gesto de amor, para comunicarse entre sí, para ofrecer libertad a los oprimidos y expulsados de la vida, proclamando así su fe en el Dios creador. El auténtico Concilio de las iglesias es su vida diaria, en la que se van creando formas concretas y comprometidas de presencia y servicio a los pobres, a quienes ofrecen palabra y pan, dignidad y comunión de amor.

Esa es la primera eucaristía, la vida compartida con los pobres. Sólo en un segundo momento se puede celebrar dentro de la iglesia la experiencia eucarística del sacramento de la Cena de Jesús. En ese sentido, queremos añadir que el verdadero Concilio es la Palabra de diálogo que se abre a todos los hombres, conforme al modelo de Jesús. Este concilio no debe estar dirigido por el deseo de que triunfe la propia verdad, sino la verdad de los otros (conforme al mandamiento del Sermón de la Montaña: amar a los enemigos), pues este el dogma mesiánico del Cristo.

Estaríamos así ante un Concilio cristiano permanente, llamados a crear un lenguaje de comunicación directa (no sacralizada), un lenguaje de salud y apertura a los marginados, uniendo razón y sentimiento, gozo por Dios y compromiso a favor de la vida (desde los pobres y excluidos de la sociedad), partiendo de unas iglesias donde hombres y mujeres de diverso origen comparten la palabra y el pan. Por eso, más que celebrar un Concilio importa ser concilio: promover redes de comunicación directa y universal, que se expresan en el pan compartido, redes multifocales, autónomas, que no cierran, ni excluyen a nadie, sino que capacitan a todos para recorrer con amor y esperanza la travesía de lo humano. En ese sentido, ser cristiano es «vivir en concilio», cultivando la unidad que brota de la palabra y de la vida compartida, desde los más pobres. Sólo en ese contexto podrá hablarse de un posible Papa[13].

Trasndfiguración eclesial: de arriba abajo, de abajo arriba  

 Por eso, mucho más que el Papa en cuanto persona separada importa la experiencia y camino de las comunidades cristianas, llamadas a ofrecer su testimonio de Reino, en estos tiempos duros y hermosos, amenazados por la bomba, pero abiertos como nunca hacia un diálogo social, humano y religioso. Sólo en ese contexto se puede imaginar un Papa que sea signo de riqueza eclesial y de su servicio a los pobres. Este Papa aún no existe, pero podemos concebirlo ya e imaginarlo, partiendo de la situación actual, con las diversas experiencias que ya se han dado. En ese sentido hablamos de un camino de la cúpula y de un camino de las comunidades:

-Camino del Papado actual. Auto­-reforma de la cúpula.Es muy posible que los próximos papas inicien unas vías de trasformación controlada del aparato vaticano, con cambios de imagen y funcionamiento, en una línea reformista. Lógicamente, dado el peso de la tradición y de los organismos existentes, es difícil que esos cambios lleguen a ser como proponemos (liquidación del Estado Vaticano, fin de la Curia, abandono del Primado y del Sacerdocio…). Además, es muy probable que el Vaticano quiera mantener la mayor parte de sus funciones y se sienta apoyado por otros «poderes», incluso no cristianos, que apuestan por la estabilidad de las instituciones y por la persistencia de los símbolos de legalidad actual. De todas formas, podríamos imaginar la figura de un Papa que renuncie a sus poderes, iniciando de manera voluntaria un proceso de muerte y recreación cristiana del papado.

-Camino de las comunidades. Refundación de las iglesias.Han empezado a surgir y surgirán en el futuro nuevas comunidades cristianas, gestionadas desde sí mismas, con deseos de vivir de una manera radical el evangelio, en apertura hacia los pobres. Algunas de ellas, como gran parte de las pentecostales, estarán separadas de la iglesia católica e incluso de las iglesias protestantes históricas, aunque no por rechazo directo, sino por búsqueda de identidad evangélica. Otras seguirán vinculadas a la iglesia oficial (papal), por gozo y comunión, no por obligación. Otras formarán parte de las iglesias históricas. Importa que ellas, todas las iglesias que se sienten vinculadas al evangelio de Jesús, por llamada de Dios y evangelio, empiecen a buscar formas de comunión desde el servicio a los pobres (en la línea que pide Jesús en Jn 10). Lo que importa es que las iglesias que surjan del «caos de los pobres» (y al servicio de ellos) formen tejidos de comunicación mesiánica, dentro del gran bazar del mundo, en apertura hacia todos los hombres y mujeres de la tierra. Soñar iglesias cristianas es empezar a crearlas. Pues bien, como signo de unidad de esas iglesias podrá imaginarse la figura de un Papa/Mama, Amigo/a…

Estos dos caminos se cortan y vinculan en esta encrucijada histórica del comienzo del tercer milenio, que sigue estando lleno de problemas.

El problema de los agnósticos. Abundan y crecen aquellos a quienes ya no les importa esta «historia» cristiana, ni en la línea del papado patriarcal antiguo, ni en la línea del cristianismo mesiánico nuevo que estamos proponiendo. Muchos están cansados, quizá no creen en el valor de lo humano; en general, no niegan a Dios (no son ateos), pero viven de un modo agnóstico, como si Dios no existiera.

Abundan y crecen aún más los expulsados y marginados de la mesa del pan y la palabra. Hoy son muchos más aquellos a los que Jesús quiso curar, animar, ofreciéndoles su bienaventuranza desde el Dios creador.

-El sistema crece y se vuelve cada más duro. Tiene quizá unas raíces ilustradas, pero que va en contra de muchos valores de la ilustración. A veces se afirma que tiene un origen judeo-cristiano, pero va en contra de la inspiración básica de la Biblia. Es un sistema de muerte.

En este contexto de agnosticismo, pobreza y sistema queremos «soñar en línea de evangelio», esperando la llegada de una iglesia donde los pobres sean protagonistas de su propia identidad, sabiendo que ellos, y sólo ellos, pueden evangelizar a los que parecen dejar a un lado toda religión. Han de ser los pobres y expulsados los que escriban con su vida la historia del futuro, no nosotros, teólogos o pensadores. Han de ser ellos los que hagan posible el nuevo surgimiento de una iglesia vinculada en amor, para servicio de los expulsados y condenados del mundo en la que surgirá de nuevo un Papa.

En ese fondo, recogiendo las observaciones de conjunto de esta postal, ofrecemos mañana (día más especial de San Pablo) unas reflexiones bíblicas y unas propuestas operativas y simbólicas, de modo que sirvan para ir formando ese imaginario cristiano que puede abrirnos al futuro de la iglesia.  Buen día de Pedro y pablo. Hasta mañana.

NOTAS

[1] Cf. G. Alberigo, Historia de los concilios ecuménicos, Sígueme, Salamanca 1993; A. Carrasco Rouco, Le primat de l’éveque de Rome. Étude sur la cohérence ecclésiologique et canonique du primat de jurisdiction, Studia Friburgensia, Fribourg 1990; A. B. Hasler Pius IX. (1846-1878): päpstliche Unfehlbarkeit und 1. Vatikanisches Konzil: Dogmatisierung und Durchsetzung einer Ideologie, Hiersemann, Stuttgart 1977; A. Riccardi, Il potere del Papa da Pio XII a Paolo VI, Laterza, Roma 1988; K. Schatz, Los concilios ecuménicos, Trotta, Madrid 1998; G. Thiels, Primauté et infaillibilité du Pontife Romain à Vatican I, Leuven University Press, 1989.

[2] Sólo ahora, después que los papas han perdido un poder político inmediato que habían venido ejerciendo a lo largo de casi 1.700 años, tenemos distancia suficiente para entender el tema en clave de evangelio. Sólo ahora que no poseen jurisdicción ni potestad fundada sobre esquemas imperiales (romanos), jerárquicos (platónicos) o sacerdotales (judaísmo del templo), los papas pueden presentarse, en la iglesia (con ella), como portadores de una autoridad plena y suprema, en línea de evangelio de los pobres y de sinodalidad cristiana.

[3] Cf. L. M. Bermejo, Infallibility on trial: Church, conciliarity, and communion, Westminster, Maryland 1992A. B. Hasler, Cómo llegó el Papa a ser infalible, Planeta, Barcelona 1980; H. Kung, ¿Infalible?: una pregunta, Herder, Buenos Aires 1972; Respuestas a propósito del debate sobre «infalible: una pregunta», Paulinas, Madrid, 1971; Ch. Ohly, Sensus Fidei Fidelium: zur Einordnung des Glaubenssinnes aller Gläubigen in die Communio-Struktur der Kirche im geschichtlichen Spiegel dogmatisch-kanonistischer Erkenntnisse und der Aussagen des II. Vaticanum, EOS, St. Ottilien 1999; K. Rahner (ed.), La infalibilidad de la Iglesia: Respuesta a Hans Küng, Ed. Católica, Madrid 1978; B. Sesboüé, El magisterio a examen: autoridad, verdad y libertad en la Iglesia, Mensajero, Bilbao 2004; G. Thiels, L’infaillibilité pontificale: source, conditions, limites, Duculot, Gembloux, 1969;AAVV, «Verdad y Certeza, en Torno al Tema de la Infalibilidad»: Concilium 81, 82, 83, Cristiandad, Madrid 1973.

[4] Aplicamos al Papa un modelo que suele aplicarse a los «dogmas» católicos marianos, pues cuando se afirma que María es Inmaculada y Asunta al cielo se está diciendo de ella algo que corresponde a todo el pueblo cristiano.

[5] Por eso, los ministerios eclesiales no deberían haber tenido un carácter jerárquico,  (cf. Mc 9, 33-37; 10, 35-45; Mt 23, 1-11). El Sumo Pontífice era un antiguo jerarca de Roma, vinculado al control sagrado del puente a cuyo lado había surgido la ciudad. Más tarde tomaron ese título y función los emperadores y por último los papas, que habían asumido ya la figura teocrática de los Sumos Sacerdotes de Jerusalén, viniendo a presentarse como los hombres sacralmente más significativos de occidente, como indicaban sus vestiduras y ceremonias. La Tiara del Papa era un «tocado alto», al que desde el año 1314 se aplicaban tres coronas que simbolizan su triple poder: político (padre de reyes), cósmico (representante del orden del mundo) y religioso (vicario de Cristo). Su uso, antes obligatorio en las ceremonias solemnes, fue abandonado a partir de Pablo VI.

[6] Cf. J. Ratzinger, «Primado, episcopado y «Successio apostólica» en general», en (K. Rahner y J. Ratzinger), Episcopado y primado, Herder, Barcelona 1965, 43-69.

[7] Esta superación del sacerdocio sacrificial está en la base del proyecto de R. Girard, aunque no haya deducido, que yo sepa, las consecuencias de su planteamiento. Entre sus obras: La violencia y lo sagrado, Anagrama, Barcelona 1983; El misterio de nuestro mundo, Sígueme, Salamanca 1982.

[8] La iglesia no es una agencia religiosa, donde unos ejercen funciones por otros (y el Papa por todos), sino experiencia de encuentro directo entre hombres y mujeres que aprenden a compartir compartiendo y a amar amando. Todo en la iglesia es comunicación personal, nada se delega, pues no hay en ella nada ya hecho (fabricado), sino que todo se va haciendo, a partir de lo que cada uno habla y come, siente, consiente y comparte, en comunión con (desde) los pobres. Todo es en ella mediación (cada uno ha de entregar la vida a los demás), pero nada se puede objetivar o delegar en unos mediadores entendidos como intermediarios, que deciden o realicen algo por los otros.

[9] La teología de los últimos decenios ha querido superar el platonismo, como ha mostrado J. Moingt, El hombre que venía de Dios I-IIDesclée de Brouwer, Bilbao 1995. Un esquema semejante debería aplicarse a la eclesiología.

[10]Ciertamente, el hecho de que el Papa sea Jefe de Estado no es una herejía (en el sentido actual del magisterio), ni siquiera parece un problema grave (como en otros tiempos), pero es un anacronismo folklórico y una falta de sentido, pues permite que el Papa actúe como Jefe de Estado (con una pequeña base territorial), con embajadores o nuncios, de tipo más político que cristiano. Sin duda, el Papa puede afirmar que está al servicio de los pobres y excluidos, pero no es uno de ellos (como Jesús y Pedro), sino que aparece más bien como magnate político-social. Por eso pedimos la disolución del Vaticano, cuyo territorio pasaría, sin contra-prestaciones, al Estado de Italia (o a los organismos de la UNESCO), de manera que el Papa fuera como los demás obispos, un simple ciudadano de la nación o sistema social en el que habita, sin más garantías que los restantes ciudadanos. Se pensó en otro tiempo que el Papa necesitaba poder político para realizar su función. Hoy sabemos que eso no es cierto. Sobre el aspecto social del tema, cf. AAVV, La Chiesa e il potere político del Medioevo all’età contemporanea, Storia d’Italia, Annali 9, Torino 1986; A. Riccardi, Il potere del papa da Pio XII a Giovanni Paolo II, Bari 1993; A. Alberigo y A. Riccardi (eds.), Chiesa e papato nel mondo contemporaneo, Bari 1990.

[11] Lógicamente, al obispo de Roma tendrá que elegirlo la diócesis de Roma, quizá a través de compromisarios que podrían llamarse incluso cardenales. Por otra parte, cada iglesia tiene sentido por sí misma, de manera que puede y debe suscitar sus ministros al servicio del evangelio, hombres o mujeres de comunión, para acoger a los excluidos y para fomentar la vida compartida; cada una tiene la misma autoridad de Cristo (cf. Mt 18, 15-20), pero, al mismo tiempo, cada una forma parte de una comunión de iglesias que comparten el único evangelio No se trata de que el Vaticano pierda su «poder» para que lo tomen los obispos de cada diócesis, sino de que desaparezca todo tipo de poder en la iglesia, para que ella pueda ser signo de la palabra de Jesús y de su amor gratuito, con unos posibles obispos y un Papa como representantes de ese encuentro de amor entre los hombres.

[12] Ciertamente, en ese concilio se podría seguir declarando extra ecclesiam nulla est salus (no hay salvación fuera de la iglesia), pero sólo en el sentido original de esas palabras: «no hay salvación sin comunión humana, pues la misma salvación es comunión (iglesia), comunicación de amor, que se ofrece a todos de un modo gratuito, desde los pobres y expulsados del sistema». No hay Dios sin donación de vida, no hay Dios sin expansión de amor, que se hace comunión y se abre a todos, por encima de las diversas religiones.

[13] El cristianismo es un Sínodo o red de relaciones que nunca se pueden objetivar, a fin de que nunca pueda surgir una persona (un Papa) o un comité (autoridad colegiada) que acalle a los demás y hable en su nombre sin haberles escuchado. Esta iglesia conciliar (con o sin Papa) sólo puede hablar si sus palabras son Palabra de los excluidos del sistema dominante (siendo así Voz de Dios). Este cristianismo conciliar no tiene que hacer cosas (alzar catedrales, crear comisiones, ganar guerras), sino simplemente ser puente o cátedra donde todos se encuentren dialogando. En este contexto se sitúan las funciones del Concilio y del Papa, que fueron discutidas en las controversias conciliaristas de la primera mitad del siglo XV (Constanza, Basilea, Florencia…). Son funciones inseparables y complementarias.

(1) El Concilio expresa la primacía de la comunicación, el surgimiento de redes que incluyan lo mediático, pero que no se encierren nunca en ello, en la pura red (web) de informaciones y conexiones impersonales, pues lo que importa es el contacto inmediato, en el plano de la vida, el encuentro directo, de los ojos con los ojos, de las manos con las manos, de la palabra con la palabra, en afecto corporal y espiritual, simbolizado en el pan compartido.

(2) Por eso es necesario volver a las personas, al Papa y a los hombres y mujeres insertos en esa red de conexiones y concilios, para recordarnos que son ellos, los hombres y mujeres concretos, los que entregan la vida y la comparten, en esperanza de resurrección. Una sociedad cuyas funciones pudieran realizarse por computadora no sería iglesia. No hay amor de carne y sangre, amor cristiano, por orden-ordenador (o por documento eclesial, o por ley organizada en archivos), sin comunión real, sin caricia concreta, sin pasión de vida. No hay iglesia sin comunicación directa, de palabra y pan, de humanidad mesiánica. En ciertos momentos, las celebraciones oficiales de la iglesia católica tienden a ser verticales, con un Papa, obispo o presbítero que actúan como “patrono”, diciendo desde arriba su palabra, mientras los fieles escuchan, reciben, asienten. Conforme a todo lo que vengo diciendo, ese modelo no es cristiano.

Tragedia en la cárcel de Tuluá, Colombia

Colombia: el obispo de Buga llama a la solidaridad tras tragedia de la cárcel de Tuluá

Una riña entre internos produjo un incendio que dejó el lamentable saldo de 51 internos fallecidos y más de 30 heridos

Centro Penitenciario de Tuluá

Una riña en el centro penitenciario de Tuluá, departamento del Valle del Cauca, pacífico colombiano, ha dejado un saldo de 51 muertos y 30 heridos. Según el Inpec (Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario) tras intervenir en la gresca, los propios internos “prendieron fuego a sus propios colchones”.

José Roberto Ospina, obispo de Buga, jurisdicción eclesial donde se ubica esta prisión, ha expresado su cercanía a los familiares de las víctimas “quiero pedir oraciones a todos ustedes (familiares) orar por el eterno descanso de quienes han fallecido, que el Señor consuele y fortalezca a sus familiares”.

Llamado a la solidaridad

Asimismo llamó también “la atención para que en todas las parroquias y arciprestazgos de la diócesis se recolecten estos elementos”, mientras que en las próximas horas estará presidiendo las exequias de algunos de los internos fallecidos en el incendio.

Según el Inpec, la cárcel de Tuluá alberga a 1.267 reclusos. En el pabellón, donde ocurrió la tragedia estaban 180 reclusos. El obispo, en tanto, apela a la solidaridad de los tulueños con  la ayuda en especie como: frazadas, artículos de aseo personal, sábanas, entre otros.

Para ello, ha dispuesto de centros de acopio para recibir ayudas, entre las parroquias se encuentran: San Bartolomé, Medalla Milagrosa, Perpetuo Socorro y la casa del mendigo en Buga.

La reforma de las residencias de mayores

Por qué es necesario aprobar la reforma de las residencias de mayores

MAYTE SANCHO Gerontóloga y PURA DÍAZ-VEIGA Gerontóloga

Varias personas en una residencia de mayores en Carballo

. Hace mas de cuatro décadas que los ciudadanos –todos, pero sobre todo los de más edad– nos manifestamos con contundencia sobre dónde y cómo queremos vivir si necesitamos apoyos o cuidados. Es muy sencillo: en nuestra casa, con nuestro pequeño o gran mundo afectivo y material, pero sin separarnos de nuestro microcosmos. Y si esto no es posible, al menos que podamos vivir más o menos «como en casa». En torno a 400.000 personas habitan sus últimos años de vida en residencias que poco se parecen a una casa. La indescriptible tragedia que acabamos de vivir lo ha evidenciado con una crudeza inimaginable.

Lo que solicitamos desde hace décadas no es nada nuevo. Sencillamente se trata de garantizar a las personas que lo requieren las mismas atenciones que se ofrecen desde hace muchos años en otros países de Europa. Potenciar los servicios y los apoyos para generar ecosistemas de cuidados, en los que las residencias constituyan una opción elegible para personas o familias que buscan un lugar para vivir con dignidad, cuando las necesidades son muchas y los apoyos requeridos son diversos y complejos. Lugares amables, amigables, reconocibles, en los que la personalización de espacios y de trato sea ley y la vida cotidiana se adapte a las necesidades, pero también a las preferencias de las personas que allí viven. En los que la intimidad, el respeto a la identidad y el bienestar sea la norma.

Para ello necesitamos transformar los actuales centros residenciales en espacios domésticos, pequeños, hogareños, con profesionales estables, reconocidos y remunerados dignamente. En definitiva queremos abrir el camino de la desinstitucionalización y cerrar el modelo institucional de residencias, abolido ya en la practica totalidad de los grupos de personas con necesidades diversas que lo han padecido.

El Acuerdo sobre Criterios comunes de acreditación y calidad de los centros y servicios del Sistema para la Autonomía y la Atención a la Dependencia (SAAD) promovido desde la Secretaria de Estado de Derechos Sociales, que esperamos que se apruebe hoy en el Consejo Territorial de Servicios Sociales y del Sistema para la Autonomía y Atención a la Dependencia, es una oportunidad única para conseguir lo que se viene demandando por parte de académicos, sociedades científicas, profesionales,usuarios, familias y ciudadanos desde hace mucho tiempo.

Estamos más cerca que nunca para acabar de una vez por todas con instituciones que prestan una atención basada exclusivamente en la enfermedad, la discapacidad, olvidando a las personas que sobrellevan estas circunstancias .

El contenido del Acuerdo puede ser limitado para algunos y excesivo para otros, pero lo que importa es lo que lo sustenta e inspira: acciones transformadoras basadas en los derechos de las personas que precisan apoyos para disponer de entornos dignos, adecuados y propios para disfrutar de una buena vida, cada una la suya, la que cada persona quiera y elija. Esto no es una cuestión de colores políticos, es un asunto de dignidad. Nos jugamos nuestro futuro en ello

Aprueban el plan de las residencias

El ministerio de Belarra aprueba el plan para la transformación total de las residencias de mayores


Ione Belarra, durante el consejo interterritorial. 

El plan necesitaba el apoyo de las comunidades autónomas y la victoria en la votación ha sido estrecha: diez a favor y nueve en contra.

JOSE CARMONA@JOSECARMONAGILO

Se acabaron las macrorresidencias. El Ministerio de Derechos Sociales y las comunidades autónomas han aprobado el Acuerdo para mejorar la calidad de las residencias y el Sistema de Atención a la Dependencia, un plan por el que las residencias de mayores y las residencias para personas con discapacidad vivirán una transformación total, con prioridad en la dignidad de las personas ingresadas y en aumentar notablemente la calidad de vida

Este acuerdo pone fin al actual modelo de macrorresidencias. «Hoy me siento especialmente satisfecha de que hayamos logrado uno de los acuerdos más importantes de esta legislatura. Un acuerdo para mejorar la calidad de las residencias y de todo el Sistema de Atención a la Dependencia», ha asegurado la ministra Ione Belarra tras oficializarse el acuerdo. 

Castilla-La Mancha, gobernada por el PSOE, ha votado en contra

El acuerdo necesitaba de la mayoría simple de las comunidades autónomas y así ha sido: por un solo voto de diferencia, diez a nueve. A favor estaban Extremadura, Canarias, Navarra, Comunidad Valenciana, Asturias, La Rioja, Baleares, Cantabria, Aragón y Melilla. En contra, Galicia, Madrid, Andalucia, Murcia, Ceuta, Catalunya, Euskadi, Castilla-La Mancha y Castilla y León. 

No ha sido fácil, ya que este proyecto cuenta con la oposición de lobbies y empresas privadas, que han asegurado que el plan es insostenible en tiempo y forma. De hecho, la idea del Ministerio de Derechos Sociales era que el plan fuera aprobado hace varias semanas, pero se llevó ante el Consejo Interterritorial y no generó consenso. Varias comunidades gobernadas por el PSOE estaban en contra. Esta vez, ha habido un cambio, aunque Castilla-La Mancha ha mantenido su oposición al acuerdo

El plan diseñado pone un margen de ocho años, hasta 2030, en el que las comunidades tendrán que aumentar ratios de trabajadores de las residencias y se limita el número de personas residentes en ellas. En España quedarán limitadas las plazas para evitar esas macrorresidencias y el límite serán 120, aunque vivirán en grupos de 15 para generar sensación de hogar. 

Aunque el cambio es total en las residencias, el plan del ministerio pretende que a partir de ahora se incentive el telecuidado. Nadie quiere abandonar su hogar y se incentivará la teleasistecia hasta que sea inevitable el ingreso de una persona.

Pese a la oposición de las comunidades del PP, las que tienen partidos nacionalistas que se oponen por una supuesta invasión de competencias y Castilla-La Mancha, Belarra había cosechado para su reforma de las residencias el apoyo unánime de los expertos en la materia.

Otro sacerdote asesinado en Nigeria

Un ataque de hombres armados acabó con la vida de Vitus Borogo el pasado sábado

Vitus Borogo
  • El sacerdote Vitus Borogo, de 50 años, fue asesinado el pasado sábado por un grupo de hombres armados que asaltaron una finca del estado nigeriano de Kaduna, tal como recoge Europa Press. Se trata, así, de un ataque más contra los cristianos en el país, donde, durante las últimas semanas, han sido asaltadas varias iglesias dejando decenas de fallecidos.

Borongo era el capellán de la comunidad católica del politécnico estatal de Kaduna, donde los atacantes entraron abriendo fuego indiscriminado. Borogo era, además, representante estatal en la Asociación de Sacerdotes Diocesanos Católicos de Nigeria.

Condolencias de la Archidiócesis

“El reverendísimo Matthew Man-Oso Ndagoso, arzobispo católico de Kaduna expresa sus condolencias a la familia inmediata, a la Familia NFCS de la Politécnica de Kaduna y, de hecho, a toda la Comunidad Politécnica de Kaduna; y les asegura su fraterna cercanía y oración”, se puede leer en un comunicado de la Archidiócesis.

A la espera de los detalles del funeral, la Iglesia nigeriana a “encomendado su alma a la maternal intercesión de la Santísima Virgen María, y llamamos a todos los hombres y mujeres de buena voluntad a continuar orando por el pacífico descanso de su alma y por el consuelo de su afligida familia, especialmente de su madre”

Criminalización de los migrantes

Los religiosos españoles alzan su voz ante la “desprotección” de los migrantes tras la última tragedia en la valla de Melilla

“Manifestamos nuestra preocupación ante la creciente criminalización de migrantes”, afirman la CONFER

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“Estamos profundamente consternados ante la desprotección que viven las personas migradas y refugiadas en la frontera sur y manifestamos nuestra preocupación ante la creciente criminalización de migrantes”. Así lo expresa la Conferencia Española de Religiosos (CONFER) en un comunicado ante la última tragedia vivida en la valla de Melilla el pasado viernes 24 de junio con la muerte de 37 personas además de otros tantos heridos.


“La CONFER ha apoyado y se ha manifestado en diversas ocasiones en favor de la vida, la dignidad y la hospitalidad ante la situación de las personas migradas y refugiadas que intentan buscar un futuro mejor y un lugar donde poder desarrollar sus proyectos en libertad. Rechazamos categóricamente el incumplimiento de los tratados internacionales a los que España está adscrito”, señalan en el mismo escrito.

Asimismo, “nos hacemos uno con la Iglesia de Melilla en su quehacer en favor de los migrantes y queremos unir nuestra voz a la de aquellos que trabajan por recuperar la dignidad y los derechos humanos de nuestros hermanos y hermanas migrantes”.

Málaga, contra al trato inhumano

La CONFER se adhiere también al comunicado emitido por la Delegación Diocesana de Migraciones de Málaga y Melilla, quienes el mismo viernes mostraban su preocupación por “la situación que se está viviendo en Nador: el trato inhumano que están recibiendo estas personas, mientras se les impide solicitar asilo”.

“Tanto Marruecos como España han optado por eliminar la dignidad humana en nuestras fronteras, sosteniendo a toda costa que hay que evitar la llegada de personas migrantes, olvidando las vidas que se desgarran por el camino. Las autoridades no pueden eludir su responsabilidad ante estos hechos, muchas de estas personas vienen huyendo de la guerra, de persecuciones y conflictos, la falta de vías seguras para solicitar asilo han ocasionado estas muertes, los heridos y la alarma social”, denuncia la diócesis malagueña. Por eso, exigen a las autoridades “la protección de los refugiados, como marcan los tratados internacionales”.

Por otro lado, manifestaban su preocupación por “la criminalización a los migrantes por parte de la sociedad. No son considerados suficientemente dignos para participar en la vida social como cualquier otro, se ha olvidado que tienen la misma dignidad que nosotros”. Y agregaron: “Nuestra actitud se debe regir por la ley suprema del amor fraterno”.

La Iglesia en Melilla está “atenta, socorriendo al ‘extraño en el camino’. Desde la Delegación seguiremos denunciando la vulneración de derechos en nuestra frontera sur y acompañando a las personas para restituir su dignidad como hijos de Dios”, subrayaron.

Justicia y paz, contra la cultura de la muerte

Por su parte, Justicia y Paz ha denunciado “la cultura de la muerte que hay detrás de la política migratoria europea y española que cada año se cobra miles de vidas”.

“Los gravísimos sucesos no deben calificarse como un episodio más en la gestión de flujos migratorios en el que se asume como normal la represión con extrema dureza por parte de fuerzas policiales, en el que se practican devoluciones en caliente y en el que se intenta desviar la atención de la opinión pública poniendo el énfasis en actuaciones de tipo violento que puedan haberse producido por parte de algunos migrantes”, afirman.

Y añaden: “No debe obviarse que la guerra, el hambre y las persecuciones están detrás de todas y cada una de las historias de las personas que salen de sus países. Tampoco debe obviarse que todos los países de la Unión Europea, además de los países en tránsito, son signatarios de la Convención de Ginebra sobre el estatuto de los refugiados que obliga a los estados miembros a proporcionar protección”.

Asimismo, “exigimos una investigación exhaustiva a los gobiernos español y marroquí sobre su actuación en estos hechos, al tiempo que lamentamos profundamente la falta de empatía que el presidente del Gobierno español ha mostrado en todo este lamentable episodio”.

Otra misionera asesinada en Haití

Luisa Dell’Orto, la última misionera que derrama su sangre en la martirizada Haití

Luisa Dell'Orto, misionera asesinada en Haití

Religiosa de las Hermanitas del Evangelio (la congregación de Carlos de Foucauld), ha sido asesinada este 25 de junio en Puerto PríncipeLlevaba 20 años en la misión y se entregaba en cuerpo y alma al Kay Chal, un hogar infantil en un suburbio de la capital haitianaUna vez más, Haití ha visto derramar sangre misionera en su ya de por sí martirizado suelo. Tristemente, el último caso lo ha protagonizado la religiosa italiana Luisa Dell’Orto, misionera de las Hermanitas del Evangelio (la congregación de Carlos de Foucauld), asesinada este pasado 25 de junio en Puerto Príncipe.


La religiosa milanesa llevaba 20 años de misión en la capital haitiana, donde se entregaba en cuerpo y alma al Kay Chal, un hogar infantil en un suburbio marcado por la vulnerabilidad extrema. Además, daba clases de Filosofía con una comunidad de salesianas en el Seminario de Notre Dame.

Posible robo

Las reacciones a su asesinato, del que apenas hay datos confirmados (se habla de que trataron de robarla y asaltaron su coche), han sido numerosas en las últimas horas. Empezando por el papa Francisco, que la recordó ayer en el ángelus dominical, destacando que “la hermana Luisa” llevaba dos décadas “al servicio de los niños de la calle”. Un servicio que se ha cortado drásticamente, por lo que Bergoglio ofreció su oración por “su alma” y “por el pueblo haitiano, especialmente por los más pequeños, para que puedan tener un futuro más sereno, sin miseria ni violencia. Sor Luisa hizo de su vida un don para los demás, hasta el martirio”.

El arzobispo de Milán, Mario Delpini, también ha recordado a la religiosa, nacida hace hoy 65 años en la localidad lombarda de Lomagna, destacando que “su muerte nos deja desconsolados y desconcertados; se convierte en una revelación del bien que hizo y de la vida santa que vivió; se convierte en dolor y oración”.

Alabanza de los misioneros

En este sentido, el prelado milanés ensalza la labor de todos los misioneros, quienes “no van en busca de peligros, sino de signos del Reino de Dios que viene, entre los pobres, entre los que solo son importantes para Dios e ignorados por todos. Aman la vida, no van a buscar la muerte donde cuatro monedas cuentan más que una mujer santa; van a sembrar palabras del Evangelio para que incluso los países desesperados se abran a la esperanza”.

Para Delpini, además, los misioneros, quienes “no salen en las noticias” y “no van con programas y presunciones, con doctrinas y pretensiones; van a ofrecer amistad, en nombre del Señor; van a decir su impotencia perseverando en la oración. No eligen a dónde ir, van a donde son llamados por el gemido menos escuchado; van a donde son enviados para convertirse en oración, en ofrenda, en amigos, en semilla que muere para dar fruto”.

“Me dirán que estoy un poco loca”

Si cabe, aún resuenan con más fuerza estas palabras que Luisa Dell’Orto, quien antes fue misionera en Camerún y Madagascar, escribió en octubre a un grupo de misioneros y que hoy recupera ‘Vatican News’: “Me dirán que estoy un poco loca. ¿Por qué permanecer aquí? ¿Por qué exponerse al riesgo? ¿Qué sentido tiene vivir con tanta incomodidad? ¿No sería mejor que la gente resolviera sus propios problemas? No podemos callar lo que hemos visto y oído. ¡Poder contar con alguien es importante para vivir! Y dar testimonio de que se puede contar con la solidaridad que surge de la fe y el amor a Dios es el mayor don que podemos ofrecer”.

El medio vaticano también reproduce unas declaraciones de su hermana Adela que son muy significativas del grado de entrega de la misionera: “Ella era consciente de que podía pasar algo, porque es evidente, incluso en su última carta lo decía, que la situación era muy difícil. Pero ella quería quedarse y dar su testimonio”.

Inseguridad

La Conferencia Haitiana de Religiosos (CHR) ha recordado con mucho cariño a Luisa Dell’Orto y ha denunciado que “la inseguridad sin nombre de nuestro querido Haití ha tocado una vez más a la puerta de nuestra hermanda

Una comunicación transformadora


Gabriel López: “Para comunicar el mensaje cristiano no podemos caer en el TikTok de la monja bailando”

“Una comunicación que no transforma no sirve”, ha dicho el director de comunicación del Movimiento Laudato Si’ en Coloquios CONFER

“No podemos caer en la tentación del ‘esto es lo que se hace ahora’, ‘es lo que funciona’ o del TikTok de la monja bailando. Podemos adaptarnos a los nuevos canales, pero no podemos cambiar el mensaje, porque el mensaje es Cristo y Él no cambia“. Estas han sido algunas de las pinceladas que Gabriel López Santamaría, director de comunicación del Movimiento Laudato Si’ ha dado hoy en una nueva entrega de Coloquios CONFER, donde ha reflexionado acerca de la adaptación del marketing a un plan de comunicación en cristiano, de tal modo que “nos puede servir para poner en marcha nuestra acción pastoral


López ha instado, así, a no valorar tanto las tendencias sino centrarse en una comunicación “transformadora”. “Una comunicación que no transforma no sirve”, ha dicho. “Igual que en el sacramento del bautismo nos transformamos en discípulos misioneros, si la comunicación que hacemos no sirve para transformar la realidad individual y colectiva, para facilitar el encuentro del otro con Dios, no sirve para nada”.

“La comunicación católica tiene como objetivo principal facilitar ese encuentro del hombre con Dios, y dejar que él haga el resto”, ha recordado. Asimismo, ha señalado que la única forma de hacer una comunicación verdaderamente transformadora es “saliendo al encuentro”.https://www.youtube.com/embed/veHM022CN-o

Comunicación transversal

“A veces es muy complicado que alguien que no ha sido tocado por la gracia del encuentro pueda comunicarlo”, ha subrayado. “Se pueden aplicar y se aplican técnicas de comunicación y de marketing, pero si de verdad no hemos tenido ese encuentro la comunicación no será transformadora desde la perspectiva cristiana”. Y, del mismo modo, “hay que ir al terreno, dejarse enriquecer por el otro”.

López ha apuntado, por otro lado, que la comunicación cristiana no puede ser autoreferencial, “aquella que se emite desde el púlpito, sino que se crea con los otros”. “Tenemos a veces un error en la comunicación de la Iglesia que es pensar que el objetivo de la comunicación somos nosotros. Y la verdad es que el objetivo son los otros, las personas a las que les estamos hablando”, ha explicado.

“Caemos a veces en la tentación de hablar de nuestro carisma, de nuestro fundador, de nuestros proyectos y olvidamos que aquello que de verdad debemos comunicar es a Cristo”, ha apostillado. “A través del carisma, del fundador… pero a Cristo. No es una comunicación de arriba hacia abajo, sino transversal“.

«No son ‘invasores’, solo son seres humanos que buscan llegar a Europa

«El clamor de la Iglesia española ante el último drama en la valla de Melilla: «No más muertes en las fronteras»

La policía marroquí devuelve a algunos migrantes que habían cruzado la valla
La policía marroquí devuelve a algunos migrantes que habían cruzado la valla Javier G. Angosto/elDiario.es

Ya son 27 los muertos que se ha cobrado la tragedia

La Iglesia española pide recordar que estamos ante un «drama humanitario», por lo que es preciso «evitar un uso partidista y demagógico del complejo desafío de las migraciones, y analizar este  drama humanitario desde las claves que nos ofrece  la Doctrina Social de la Iglesia»

«Al tiempo que entendemos  la necesaria regulación de flujos migratorios, debemos considerar  la situación crítica y de  miseria, en la que se encuentran miles de migrantes subsaharianos hacinados al otro lado de la frontera de España»

«España carece de espacios o recursos donde emitir visados en muchos países africanos de donde proceden miles de migrantes susceptibles de solicitar protección internacional»

«La externalización y militarización de las fronteras por sí solo, no terminará con los problemas y las causas que provocan la movilidad de millones de personas migradas, refugiadas o desplazadas en el mundo»

Por Jesús Bastante

«No son ‘invasores’, solo son seres humanos que buscan llegar a Europa huyendo de guerras activas (57 en el mundo, 30 en África) y hambrunas, agravadas por las consecuencias de la guerra en Ucrania, y la sequía y las plagas provocadas por el cambio climático». Los obispos españoles, a través de la Subcomisión Episcopal para las Migraciones y la Movilidad Humana, han lamentado las muertes (ya van por 27) y los heridos en la valla de Melilla, así como el caos vivido en Nador, en la frontera marroquí.

En una nota, la Iglesia española pide recordar que estamos ante un «drama humanitario», por lo que es preciso «evitar un uso partidista y demagógico del complejo desafío de las migraciones, y analizar este  drama humanitario desde las claves que nos ofrece  la Doctrina Social de la Iglesia».

En este sentido, los obispos «lamentamos profundamente las pérdidas de vidas humanas y confiamos en el pronto restablecimiento de todas las personas heridas. Al mismo tiempo, expresamos nuestra solidaridad y cercanía, a sus familiares y compañeros».

Del mismo modo, «nos solidarizamos  con la preocupación de los habitantes en las ciudades fronterizas, y agradecemos a la Iglesia diocesana de Málaga su labor de acompañamiento a los migrantes y refugiados, haciendo nuestro el comunicado emitido por su delegación de migraciones».

Una mirada humanitaria

«Esperamos que las autoridades competentes contribuyan al esclarecimiento de los hechos y a tomar las medidas oportunas para que no vuelvan a suceder», recalca el texto, que invita a «contextualizar» los hechos violentos «con una mirada humanitaria  donde, al tiempo que entendemos  la necesaria regulación de flujos migratorios, debemos considerar  la situación crítica y de  miseria, en la que se encuentran miles de migrantes subsaharianos hacinados al otro lado de la frontera de España».

«Necesitamos humanizar e implementar nuevas políticas migratorias que tengan en cuenta la gravedad de la presión migratoria», recuerdan los obispos españoles, que subrayan que «España carece de espacios o recursos donde emitir visados en muchos países africanos de donde proceden miles de migrantes susceptibles de solicitar protección internacional».

No a la externalización y militarización de las fronteras

«La Iglesia aboga en todos los continentes por contribuir a salvar vidas, acoger y proteger a las personas migradas. Necesitamos una migración ordenada a través de vías legales y seguras, así como fomentar la colaboración al desarrollo  con los países que sufren guerras, conflictos y hambrunas», finaliza el texto, que denuncia que «la externalización y militarización de las fronteras por sí solo, no terminará con los problemas y las causas que provocan la movilidad de millones de personas migradas, refugiadas o desplazadas en el mundo».

«Invitamos, por tanto, a dar pasos de humanización, a analizar y afrontar esta nueva crisis dese la necesidad de protección de todo ser humano y el empeño por establecer con urgencia vías de acceso legales y seguras», concluyen los obispos.

La carrera de armamentos y los gastos militares…

Gastos militares y cumbre de la OTAN en Madrid. ¿Quién nos gobierna?

Manifestación en Madrid contra la cumbre de la OTAN
Manifestación en Madrid contra la cumbre de la OTAN

«Qué hay detrás? Primero vino la pandemia del Covid-19, y sin solución de continuidad la guerra de Ucrania. El gasto de la pandemia fue enorme en personas y en dinero, y tanto esta como la guerra les está sirviendo a las multinacionales para enriquecerse sin medida, ganando dinero a espuertas, de tal manera que el 10 % más poderoso económicamente posee ya tres cuartas partes de todo el patrimonio mundial»

«El gasto militar mundial alcanzó un nivel récord el segundo año de pandemia, 2021, con más de 2 billones de dólares. Los 5 países que más gastaron fueron:  EE.UU. con 801.000 millones de dólares, China con 293.000 millones, India 77.000 millones, R. Unido 68.000 millones y Rusia con 66.000 millones. Total 1305.000 millones de dólares, unos 1148.000 millones de euros»

«¿Hay algo más detrás y más profundo? Sí, el sistema neoliberal capitalista, capitaneado por los EE.UU., los países europeos, Rusia, China y Japón, pues todos se mueven en la órbita del país más rico del mundo, de momento, los EE.UU. El neoliberalismo es un sistema perverso»

Por Faustino Vilabrille

Querid@s amig@s colaboradores y cooperantes en la lucha por un mundo mejor para todos los Seres Humanos y la Madre Tierra

Esta próxima semana se va a celebrar en Madrid una cumbre de la OTAN, que va a suponer para España un gasto de unos 50 millones euros. La OTAN o NATO es una entente POLITICO-MILITAR, que con frecuencia plantea a los países que la forman aumentar sus gastos militares. Parece que en Madrid también va a ser así, lo que nos da oportunidad para hablar un poco de los cuantiosísimos gastos militares mundiales, con lo magnífico que sería destinarlos a remediar los grandes males de la humanidad, especialmente de los países más empobrecidos y necesitados y para promover la educación, la sanidad, la alimentación, las comunicaciones, la ciencia, la investigación para la paz…

Por otra parte también decimos algo del poderío cada vez mayor de las multinacionales,  que ya están por encima de muchos gobiernos, a los que los sectores populares tenemos la máxima urgencia de defender, porque sin ellos no tendríamos acceso a los servicios más básicos, como la educación, la sanidad, o la asistencia social, porque las multinacionales lo privatizarían todo, incluso ayudadas por algunos gobiernos que… Y de ahí la necesidad tan grande que tenemos de educarnos políticamente, para no ser ingenuamente manipulados en función de los intereses de quienes más tienen y más quieren.

El tema del día

Por todas partes y en los diferentes medios se oye decir: “todo está subiendo mucho, la comida, la luz, el gasoil, la gasolina, el gas, la ropa.

Es cierto, muchos precios están imparables, pero no solo en España. En el resto de Europa están igual o peor. Según la previsión de OMIP, en un próximo futuro el precio de la electricidad aun van a ser más alto en Francia y en Alemania que en España. 

Qué hay detrás? Primero vino la pandemia del Covid-19, y sin solución de continuidad la guerra de Ucrania. El gasto de la pandemia fue enorme en personas y en dinero, y tanto esta como la guerra les está sirviendo a las multinacionales para enriquecerse sin medida, ganando dinero a espuertas, de tal manera que el 10 % más poderoso económicamente posee ya tres cuartas partes de todo el patrimonio mundial. Veamos algunos casos:

Multinacionales farmacéuticas

Las multinacionales farmacéuticas experimentaron crecimientos de vértigo. Pfizer, Moderna, BioNTech, AstraZeneca y Johnson & Johnson han encontrado en el covid-19 una verdadera oportunidad de negocio que rompió la barrera de los 74.000 millones de euros en 2021. El virus fue para ellas una mina de oro. (Fuente: Servimedia).

Pfizer-Biontech y Moderna, a finales de 2021, obtuvieron unos beneficios de 65000 dólares (unos 57.000 euros) cada minuto (Fuente: Oxfam-Intermón), y dedicaron menos del uno por ciento de sus suministros totales de vacunas a los países pobres.

Multinacionales petroleras

Cepsa ganó 265 millones, más del triple. La noruega Equinor ganó 4.478 millones de euros, 2,5 veces las ganancias de hace un año. Exxon, la mayor petrolera estadounidense, ganó 5.480 millones de dólares, el doble. Y su rival Chevron, 6.259 millones, el 355% más.

Las Petroleras han ingresado 3300 millones de euros EXTRA desde la invasión d Ucrania. Solo en marzo, 107 millones cada día, y en España 7,6 millones de euros EXTRA cada día. (Fuente: @greenpeace_esp, 18/05/22).

Multinacionales fabricantes de armas y gastos militares

La cifra total de las ventas, en plena pandemia, ascendió a 470.000 millones de euros), después de seis años consecutivos de aumentos (Fuente SIPRI). Las 41 compañías de EE.UU. incluidas entre las 100 principales del mundo acapararon el 54% de las ventas totales el año pasado, con 252.000 millones de euros (Fuente: El País). Desde el inicio de la guerra entre Rusia y Ucrania, en poco más de una semana el valor de las 15 empresas armamentistas con mayores ventas del mundo –de las que nueve son estadunidenses–, se disparó en alrededor de 71.500 millones de euros, revelan datos de mercado de las diferentes compañías. Un día antes de estallar la guerra dichas compañías tenían un valor conjunto de 705.000 millones de euros (era el 23 de febrero) y una semana después (el 2 de marzo) habían subido a 777.000 millones de euros.

Armas nucleares
Armas nucleares

El gasto militar mundial alcanzó un nivel récord el segundo año de pandemia, 2021, con más de 2 billones de dólares. Los 5 países que más gastaron fueron:  EE.UU. con 801.000 millones de dólares, China con 293.000 millones, India 77.000 millones, R. Unido 68.000 millones y Rusia con 66.000 millones. Total 1305.000 millones de dólares, unos 1148.000 millones de euros.

 Ahora, con la guerra de Ucrania, todos los países desarrollados se sienten justificados para aumentar los gastos militares.

 Los días 29 y 30 se va a reunir la OTAN (NATO) en Madrid. Es una alianza política y militar, que tiene objetivos POLÍTICOS Y MILITARES. Parece que esta cumbre va a fijar un nuevo «Concepto Estratégico» y los aliados renueven su compromiso de incrementar el gasto militar. De momento a los españoles ya nos va a suponer un gasto de unos 50 millones de Euros la celebración de esta cumbre en Madrid.

 Por cierto; ¿No se ha precipitado la OTAN en querer incorporar a Ucrania en su organización? ¿No hemos ido a azuzar al león a la puerta de su jaula? Está claro que Putin declaró la guerra y es el responsable de esa decisión, pero ¿es solo él el único responsable de los cuantiosísimos daños y gastos que está causando esta guerra, no solo a Ucrania, por supuesto a la que más, sino también a nivel mundial y seguro que también a muchos ciudadanos y familias rusas que ven morir a sus miembros o hijos en esta guerra? Una guerra tan cruel y tan dañina en plena Europa del siglo XXI. ¡¡¡Increíble!!! ¿Estaremos bien informados de todo lo que hay detrás?

 La carrera de armamentos y los gastos militares son lo más abyecto de este mundo, lo más contrario a Jesucristo y su mensaje, lo más indigno del ser humano, la mayor contradicción con el Dios de Jesucristo. Con ellos se podría crear un mundo infinitamente mejor, más justo, más humano, más feliz, más digno del ser humano.

 Estas multinacionales de la alimentación llevan decenas de años aprovechándose de unas tierras y una mano de obra baratas para conseguir una producción en masa que les reporta enormes beneficios, a pesar de su alto coste social y medioambiental, pero afortunadamente, gracias a la presión de organizaciones internacionales, comprometidas con los consumidores y el medio ambiente, están mejorando un poco sus políticas productivas y comerciales. (Fuente: Oxfam Internacional-Servimedia).

Parece que el Covid-19 y la guerra Rusia-Ucrania fueron diseñados para enriquecer a los que más tienen y empobrecer a todos los demás. Pero todos somos víctimas y a la vez culpables, del poderío de las multinacionales, porque por un lado nos crean necesidades y por otro las secundamos comprando todo lo que nos ofrecen.

 ¿Hay algo más detrás y más profundo? Sí, el sistema neoliberal capitalista, capitaneado por los EE.UU., los países europeos, Rusia, China y Japón, pues todos se mueven en la órbita del país más rico del mundo, de momento, los EE.UU. El neoliberalismo es un sistema perverso, que cada vez hace más ricos a los más ricos y más pobres a los empobrecidos, aumentando cada día más las asimetrías ricos-pobres, Norte (países ricos)-Sur (países pobres).

 ¿Pueden los gobiernos hacer algo contra este estado de cosas? Hay que decir que cada vez menos, porque las multinacionales cada vez son más poderosas y algunas ya tienen más fuerza que muchos gobiernos. El presupuesto de las multinacionales más grandes supera el presupuesto de muchos países. Si la multinacional Apple fuera un país, tendría un tamaño similar al de la economía turca, holandesa o suiza. De las 100 principales entidades económicas del mundo 69 son empresas y solo 31 son países. Hay multinacionales que ya pueden comprar todo un estado si quieren, y su influencia en las decisiones gubernamentales es enorme, con capacidad de volcar los resultados electorales en una u otra dirección.

Esta semana un amigo me decía: “yo ahora podría comprar un coche nuevo, pero no siento ninguna necesidad de hacerlo y además no lo necesito porque el que tengo me sirve perfectamente para mis necesidades”. Pero claro, piensa y siente de manera muy diferente a como piensa y siente la gran mayoría de la sociedad, porque ahora mismo se está preparando para irse dos meses a Ruanda, y conocer la realidad del país: cómo vive la gente, qué necesidades tiene, la situación de los niños y las mujeres y los pobres. “no voy de turismo, ni a ver gorilas, ni parques naturales, quiero conocer la realidad de la gente que sufre, que pasa necesidad, y cuando me jubile poder ayudarles”. Hay quien presumía estos días en un medio de comunicación de gastar 900 euros en un chuletón…, y no hace mucho un deportista famoso presumía de gastarse 20.000 en una botella de champán. Hay una diferencia abismal entre uno y otro planteamiento.

Conclusiones:

 1.-Es evidente que cada día que pasa estamos más en las manos y el poder del dinero, es decir, del neoliberalismo capitalista. Cada vez manda y gobierna más el dinero que los gobiernos y el poder político.

 2.-Seguro que la mayoría de los que nos quejamos del aumento desorbitado de los precios, echamos la culpa a los gobiernos: en España a Pedro Sánchez, en Francia a Macrón, en el Reino Unido a Boris Johnson, en Italia a Mario Draghi, en Alemania al Canciller Federal… Son gobiernos de diferente color y todos reciben las mismas críticas, porque no nos damos cuenta de que muy por encima de ellos están los grandes poderes económicos, y contra estos, pocos levantan o levantamos la voz, porque también son ellos mismos los que controlan los medios de comunicación, y a muchos ciudadanos nos entretienen y duermen con diferentes opios: mitos del futbol, de otros deportes, juegos de azar, publicidad, ocio vacacional, drogadicciones, etc. lo importante para esos medios económicos es que no pensemos. Sin duda los gobernantes podrían gobernar mejor y más unidos gobiernos y oposición, sobre todo en los grandes temas de estado, pero muchas veces los vemos mucho más preocupados por mantener el poder o por alcanzarlo, incluso como carrera profesional para resolver su vida, que por servir al pueblo de forma leal, honrada y sincera.

 3.-Pero es evidente que los propios gobiernos están subyugados por las multinacionales, incluso la UE, que es incapaz de controlar el precio de los combustibles, la electricidad o los alimentos en los países que la forman. Un ejemplo: vimos cómo en fechas recientes el precio del crudo bajaba en origen, y sin embargo la gasolina y el gasoil subían y subían sin parar, llegando a duplicar el precio en muy poco tiempo, y poniendo a otros sectores como los transportistas en pie de guerra.

 4.-Los ciudadanos de a pie dependemos de los gobiernos para acceder a los servicios básicos: educación, salud, alimentación, etc. Solo los gobiernos nos pueden defender de la voracidad de las grandes corporaciones, que lo quieren privatizar todo y a veces algunos gobernantes, también españoles, las secundaron  y aun las secundan con el pretexto de favorecer la competencia, pero ellas saben bien ponerse acuerdo para pactar políticas comerciales a favor de sus beneficios y esquivar las Comisiones Nacionales de la Competencia (CNC).

 5.-Necesitamos mucha más información y sobre todo formación políticay mucho más compromiso ciudadano para promover, defender y apoyar a gobiernos que realmente miren por los intereses del pueblo y en especial de los ciudadanos más vulnerables, y que sean gobiernos por lo menos capaces de controlar la avaricia de las multinacionales, gravando sus ganancias con una fuerte hipoteca social. La única fuerza capaz de hacer frente al neoliberalismo, a sus multinacionales y a los gobiernos que las apoyan, es la de un pueblo políticamente educado y maduro. En esto, aun estamos en pañales. Esa educación política es totalmente necesaria e imprescindible para defender el futuro de la humanidad y del planeta que la sustenta. El Papa Francisco, el único líder actual más creíble, expresa muy claramente todo esto en sus Encíclicas.

 En el Evangelio del domingo de hoy Jesús nos dice que vayamos a anunciar el Reino de Dios. ¿Qué es le Reino de Dios para Jesucristo? Es justicia, amor, fraternidad, igualdad, solidaridad, paz, vida, compasión. En la promoción de estos valores tendríamos que estar unidos los seres humanos: creyentes, no creyentes, agnósticos, ateos, librepensadores, unidos por la finalidad de construir un mundo mejor para tod@s y todas las criaturas de la Creación.

 Feliz domingo a tod@s.-Faustino

La mano en el arado, sin echar la vista atrás

Dom 13, Ciclo C, con una lectura esencial del evangelio de Lucas: (a) Jesús toma la decisión de proclamar el reino, subiendo a Jerusalén. (b) y lo hace de un modo “pacífico, sin luchar contra pueblos  o grupos que no le reciben. (c) Lucas desarrolla, en esa lìnea, en cuatro pasajes ejemplares la nueva tarea   de sus discípulos, trazando así la ruptura que exige su compromiso de reino.

Este evangelio parece escrito para nuestro tiempo: y define la necesidad de cambio radical de nuestra iglesia, año 2022, en un camino que parece vinculado al Papa Francisco, pero que encuentra grandes resistencias en otros llamados “discípulos, que en vez de seguir el camino de Jesús parecen seguir el camino de aquellos a quienes el evangelio presenta como opuestos a Jesús.

Por X Pikaza Ibarrondo

Lectura: Lucas 9, 51-62

Introducción: (Éxodo o subida de Jesús: Cuando se cumplieron lo días de su éxodo o subida ) Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén. Te seguiré adonde vayas

Cuando se iba cumpliendo el tiempo de su ascenso (subida), Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén. Y envió mensajeros por delante.

De camino, entraron en una aldea de Samaria para prepararle alojamiento. Pero no lo recibieron, porque se dirigía a Jerusalén. Al ver esto, Santiago y Juan, discípulos suyos, le preguntaron: «Señor, ¿quieres que mandemos bajar fuego del cielo que acabe con ellos?». Él se volvió y les regañó. Y se marcharon a otra aldea.

Mientras iban de camino, le dijo uno: «Te seguiré adonde vayas. «Jesús le respondió: «Las zorras tienen madriguera, y los pájaros nido, pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza.»

A otro le dijo: «Sígueme. «Él respondió: «Déjame primero ir a enterrar a mi padre.» Le contestó: «Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el reino de Dios.»

Otro le dijo: «Te seguiré, Señor. Pero déjame primero despedirme de mi familia. «Jesús le contestó: «Quien pone la mano en el arado y sigue mirando atrás no vale para el reino de Dios.»

Introducción

El evangelio de Lucas se divide en dos partes centrales: (a): Actividad de Jesús en Galilea, con su mensaje y proyecto de Reino: Lc 4, 14–9, 50). (b) Ascenso o subida a Jerusalén para iniciar el reino: Lc 9, 51-19, 27).

La segunda parte comienza con una “introducción solemne”: “cuando se cumplieron los días de su ´éxodo o subida”,  esto es, los días de su gran salida, de su “salida” radical, de su ascenso a Jerusalén…

Actualmente (2022), por decisión del Papa Francisco, retomando el motivo de la salida/subida del Concilio Vaticano II, la iglesia católica puede y debe asumir y desarrollar los  cuatro elementos esenciales de esta salida/subida (que han sido en parte también desarrollados por  Mt 8, 18-22, siguiendo el esquema del Documento Q, el más antiguo de los textos escritos sobre el evangelio). S sus cuatro elementos esenciales marcan la tarea esencial de la Iglesia en este año 2022. 

  1. Camino Zebedeo. Quieren extender o defender el Reino con “fuego” del cielo:

De camino, entraron en una aldea de Samaria para prepararle alojamiento. Pero no lo recibieron, porque se dirigía a Jerusalén. Al ver esto, Santiago y Juan, discípulos suyos, le preguntaron: «Señor, ¿quieres que mandemos bajar fuego del cielo que acabe con ellos?». Él se volvió y les regañó: No sabéis de qué espíritu sois (D k etc.). Y se marcharon a otra aldea (Lc 9, 62-569.

             Santiago y Juan, zebedeos “ejemplares”, de  gran autoridad  en la iglesia quieren defender (e imponer su reino) realizando (imponiendo)r el camino de Jesús de un modo violento, a modo de cruzada militar, a sangre y fuego, en contra del espíritu de Jesús. Éstos los celotas de Jesús, los “cruzados”, gerreros o guerrilleros de Cristo, que quieren defender el evangelio apelando a la violencia, a las guerras santas, a las inquisiciones y dictados letales… Sigue habiendo en la iglesia muchos antiguos o nuevos “zebedeos”, que pueden tener “razón política” en plano de democracia impositiva, pero que son contrarios al evangelio.

¿Hay una iglesia que quiere extender su poder con fuego del cielo? ¿con cruzadas, con imposiciones legale, con formas de dominaciòn sagrada?

 2. Los zorros tienen madigueras, las aves del cielo nidos, pero el hijo del hombre…

Alguien (Mt: un escriba) le dijo mientras iban de camino,: ¡Te seguiré dondequiera que vayas!Jesús le dijo: Los zorros tienen madrigueras y las aves del cielo nidos;     pero el Hijo del Hombre no tiene dónde reclinar la cabeza (Lc 9, 57-58; Mt 8, 18-20). Éstos son los que buscan en Jesús un tipo de seguridad, prestigio y mando. Ponen el evangelio al servicio de sus propios intereses.

            El aspirante, a quien el paralelo de Mt define certeramente como escriba, busca poder. Parece que o tiene y quiere mantenerlo, ofreciéndose a Jesús como experto, intérprete del Libro, con un mando especial sobre los otros..

 Un escriba es hombre de honor en el judaísmo sinagogal: tiene un buen puesto y espera mantenerlo con Jesús, volviéndose autoridad mesiánica: los discípulos de un buen maestro destacan por su sabiduría y conocimiento, como supone la Misná (Abot) y como ratifica la misma iglesia que honra a sacerdotes y doctores. Pero Jesús separa honor y seguimiento, evocando probablemente un refrán: “los zorros tienen madrigueras…”.

            Los animales buscan y obtienen posesión-seguridad dentro del mundo, según principios cósmicos que reflejan la providencia de Dios, como el mismo Jesús sabe: “no os preocupéis…, mirad los pájaros del cielo” (Mt 6, 25-35 par). Sus discípulos, en cambio, deben superar ese nivel de seguridad y autoridad (poder) sobre los otros, abriendo un espacio distinto de comunicación, más allá de los esquemas de poder de las instituciones de este mundo. Jesús no necesita la autoridad de los escribas.

¿Hay una iglesia donde algunos (jerarcas o no) buscan nichos de poder, una iglesia para «medrar y dominar, para imponerse y lograr autoridad social sobre otros?

3. Deja que los muertos entierren a sus muertos

(Jesús) dijo a otro: Sígueme. Pero él otro dijo: Señor, permíteme que vaya primero a enterrar a mi padre. Él le dijo: Deja que los muertos entierren a sus muertos.   Y tú ¡vete y anuncia el reino de Dios! (Lc 9, 59-60; Mt 8, 21-22)[1].

La tradición sinóptica sabe que el discípulo de Jesús debe ayudar a los padres necesitados (cf. Mc 7, 8-13; Mt 15, 3-6). Pero aquí, asumiendo una tradición de Jesús, el evangelio ha contrapuesto provocadoramente autoridad del reino y padre patriarcal. «Enterrar al padre» es más que un ritual funerario: es aceptar su autoridad, descubrirle como signo de Dios en un mundo jerárquicamente organizado, seguir al servicio de las leyes patriarcales. Jesús responde, en cambio:  Deja que los muertos entierren a sus muertos…  No ha venido a ratificar un tipo de autoridad patriarcal, sino a ofrecer a todos un camino de reino, en contra de un patriarcalismo clerical, masculino.

El padre patriarcal como fuente de poder social y religioso pertenece al mundo antiguo, al espacio de cosas que mueren (=de los muertos). Allí donde esa autoridad se impone no hay lugar para el reino: triunfa la genealogía de los poderes establecidos, triunfan los intereses cerrados del grupo que se sostienen y apoyan entre sí…, creando un mundo de influjos y poderes que excluye a los más pobres, es decir, los marginados, leprosos, enfermos, hijos ni familia, mujeres . Por eso, quedarse a enterrar al padre supone seguir cultivando ese mundo de exclusiones y «clases», de autoridades impositivaa y jerarquías superiores, con una autoridad genealógica y familiar por encima de todos. Ese es un mundo que se reproduce para la muerte. Por eso, hay que dejar que los muertos entierren a sus muertos.

Tú, vete y anuncia el reino de Dios. Ciertamente, el reino incluye cariño gratuito y cuidado de los necesitados. Pero, precisamente por ello, rompe la estructura patriarcal, basada en el orgullo grupal (buenos padres, buenas familias) y en la nobleza genealógica, que la tradición posterior del cristianismo (de los códigos familiares de Col, Ef y 1 Ped a las pastorales) ha vuelto a sacralizar de alguna forma. Precisamente para anunciar el reino hay que superar ese padre patriarcal, descubriendo y cultivando la presencia de un Dios no patriarcal, cuyo amor se  abre hacia todos los necesitados y excluidos, que no tienen un padre que pueda defenderles. Así pasamos de padre encerrado en un talión intra-grupal (de familia autosuficiente) al Padre de la gratuidad universal, superando los esquemas elitistas de la tierra.

¿Vivimos de enterrar muertos, de mantener privilegios, de guardar ventajas anteriores? ¿Somos una iglesia de sepultureros más que de resucitados?

 4. Quien ha puesto la mano en el arado y sigue mirando atrás….

Otro le dijo también: Te seguiré, Señor, pero primero permite que me despida de los de mi casa.Pero Jesús le dijo: Ninguno que ha puesto su mano en el arado y sigue mirando atrás,   es apto para el reino de Dios (Lc 9, 61-62).

             Esta unidad resume y amplía los tres  anteriores. Sabemos que el seguidor de Jesús no puede apelar a ninguna ventaja social (el Hijo del hombre no tiene donde reclinar su cabeza: Lc 9, 58) ni familiar (no puede enterrar a su padre: Lc 9, 60), sino que debe recorrer hasta el fin su camino de Reino mantener su opción de un modo consecuente, en experiencia de nuevo nacimiento, sin poner la mano en el arado y seguir mirando atrás…, queriendo al mismo tiempo alcanzar la novedad del Evangelio, pero mirando hacia atrás, queriendo conservar los poderes jerárquicos antiguos, propio de una iglesia que emplea la violencia (tema 1), busca el poder (tema 2), sacraliza las tradiciones de poder patriarcal (entierra con honor s sus murtos: tema 3) y quiere ir adelante mirando hacia atrás.

 ¿Hemos puesto la mano en el arado… pero seguimos mirando siempre hacia un pasado muerto…? La iglesia actua, año 202 ¿vive miranal pasado. ¿Cómo puede abrir surco si no mira hacia el futuro de la nueva humanidad, del Reino de Cristo?

 Nota

[1] No precisamos las variantes de Mt (que sitúa el pasaje en clave de llamada) y Lc (contexto de subida a Jerusalén). En ambos casos, el motivo es claro, como han destacado M. Hengel (Seguimiento y Carisma) y E. P. Sanders (Jesus and Judaism). Tanto la cultura oriental y grecorromana como el judaísmo tomaban al padre como autoridad suprema, de manera que enterrarle (cuidarle, mantenerle y  reconocer su poder) constituía el primer deber social y religioso.

Gustavo Gutiérrez, «el teólogo del Dios liberador»

Gustavo Gutiérrez
Gustavo Gutiérrez

Es reconocido con razón como el padre del nuevo paradigma teológico que supuso una verdadera revolución epistemológica y metodológica en el discurso religioso y en la práctica liberadora de los cristianos y las cristianas

José María Arguedas, en El zorro de arriba y el zorro de abajo define a Gutiérrez como “el teólogo del Dios liberador” y lo contrapone al “cura del Dios inquisidor” de su propia novela Todas las sangres

La teología de liberación remite derechamente al compromiso de los cristianos en los movimientos de liberación

Por Juan José Tamayo

La teología cristiana ha sido con frecuencia una disciplina inocua en el conjunto de los saberes, beligerante frente a los avances científicos, legitimadora de los poderes establecidos, ajena a la marcha de la historia, poco sensible a los sufrimientos humanos y muro de contención de las revoluciones sociales y políticas. La teología latinoamericana de la liberación ha venido a quebrar dicha imagen, recuperando la imagen del Dios de la vida y de Jesús de Nazaret, el Cristo liberador y situando al cristianismo en la vanguardia de los movimientos sociales que luchan por la transformación de la sociedad de todas las opresiones, también de la religiosa.

El sacerdote peruano Gustavo Gutiérrez es reconocido con razón como el padre del nuevo paradigma teológico que supuso una verdadera revolución epistemológica y metodológica en el discurso religioso y en la práctica liberadora de los cristianos y las cristianas. El pasado 8 de junio cumplió 94 años y conserva íntegra su lucidez intelectual, la misma que tuve la oportunidad de comprobar hace cuatro años en el encuentro que mantuvimos en Lima.

El Papa, Rodrigo Guerra y Gustavo Gutiérrez
El Papa, Rodrigo Guerra y Gustavo Gutiérrez

Entonces le felicité por sus 90 años presencialmente. Hoy lo hago de nuevo con este artículo que quiere ser un acto de memoria histórica de los orígenes de la teología de la liberación, cuya primera piedra puso Gustavo en las conferencias que impartió en 1968 en la ciudad peruana de Chimbote, ubicada a orillas de Océano Pacífico. A ellas asistió su compatriota el escritor y antropólogo José María Arguedas, que en El zorro de arriba y el zorro de abajo define a Gutiérrez como “el teólogo del Dios liberador” y lo contrapone al “cura del Dios inquisidor” de su propia novela Todas las sangres. En esas conferencias, calificadas por Arguedas de “lúcidas y patéticas”, Gustavo habló de la teología como inteligencia del compromiso. Tres años después publicó Teología de la liberación. Perspectivas (1971, 1ª ed.), su obra más emblemática e influyente en el panorama teológico cristiano de las últimas cinco décadas, traducida a decenas de idiomas y con numerosas ediciones. Dedica el libro a Arguedas y lo introduce con un texto de Todas las sangres, que Arguedas le había leído en Lima, en el que el sacristán y cantor de San Pedro de Lahuaymarca, quemada ya su iglesia y refugiado entre los comuneros de las alturas, le replica a un cura del Dios inquisidor con argumentos semejantes a los de las conferencias de Chimbote. El propio Gustavo considera al sacristán de San Pedro “precursor de la teología de la liberación”.  

En Teología de la liberación. PerspectivasGustavo define la teología como reflexión crítica de la praxis histórica a la luz de la Palabra, como teología de la transformación liberadora de la historia de la humanidad, que no se limita a pensar el mundo, sino que se sitúa como un momento del proceso a través del cual el mundo es transformado, abriéndose al don del reino de Dios. Estamos ante una nueva manera de hacer teología que tuvo repercusiones sociales y políticas desestabilizadoras para el sistema neocolonial latinoamericano y sigue teniéndolas hoy para el sistema de la globalización neoliberal, que el Papa Francisco define como “globalización de la indiferencia, que nos vuelve “indiferentes ante los clamores de los otros”, y califica de injusto en su raíz.  

Gutiérrez lleva a cabo una verdadera revolución en la teología, cuyo acto primero es el compromiso con los oprimidos y la experiencia del Dios de los pobres, y el acto segundo, la reflexión, pero no desde la neutralidad social y la asepsia doctrinal sino desde el reverso de la historia y la opción ético-evangélica por los pobres. A estos les reconoce el teólogo peruano una fuerza histórica capaz de mutar el curso de la historia en dirección a la liberación. La teología de liberación remite derechamente al compromiso de los cristianos en los movimientos de liberación.  

George Bernanos afirmaba que los cristianos son capaces de instalarse cómodamente bajo la cruz de Cristo. Gustavo Gutiérrez pretende corregir esa tendencia conformista activando las energías utópico-liberadoras del cristianismo. Su referente intelectual es Bartolomé de Las Casas, defensor de los indios sometidos a esclavitud por los conquistadores y pionero del reconocimiento y respeto del pluriverso cultural. Parafraseando a Las Casas (“los indios mueren antes de tiempo”) el teólogo peruano afirma que “los pobres en América Latina mueren antes de tiempo”. Sobre Las Casas ha escrito uno de los mejores estudios que conozco, En busca de los pobres de Jesucristo. El pensamiento de Bartolomé de Las Casas (Centro Bartolomé de Las Casas, 1992), que dedica al teólogo mártir hispano-salvadoreño Ignacio Ellacuría. Otro libro excelente sobre Bartolomé de Las Casas es el de Francisco Fernández Buey La gran perturbación. Discurso del indio metropolitano (El Viejo Topo, Barcelona, 1995).

Las preguntas existenciales, o mejor vitales, que queman en los labios a Gustavo y golpean su conciencia tienen que ver con el lenguaje sobre Dios: ¿cómo hablar de Dios desde el sufrimiento de los inocentes; con la hermandad: ¿cómo hablar de Dios Padre en un mundo donde los seres humanos no son hermanos?, y con la vida y la muerte: ¿cómo hablar de la resurrección en un mundo donde los excluidos son carne de cañón? La pregunta que sigue interpelándole con más radicalidad y urgencia es la que da título a uno de sus ensayos: ¿Dónde dormirán los pobres?  Las preguntas que plantea dan una idea acertada de la orientación de su teología: una teología no levítico-sacerdotal, sino samaritana; crítica y no conformista, abierta al pluriverso cultural, religioso y étnico, no de pensamiento único; una teología siempre en perspectiva de liberación y sensible a las nuevas esclavitudes que genera la globalización neoliberal. En la teología de Gustavo Gutiérrez vuelven a articularse armónicamente pensamiento y vida, teoría y praxis, rigor metodológico y talante profético, como sucediera en los misioneros, teólogos y obispos defensores de los derechos de los indios de Abya-Yala en el siglo XVI. El teólogo peruano acostumbra a decir que él no cree en la teología de la liberación, sino que esta es solo camino para mejor seguir a Jesús de Nazaret y contribuir a la liberación de los pobres. Todo un ejemplo de modestia intelectual para los teólogos europeos que tendemos a veces a conceder más importancia a la teología que a la experiencia, a la teoría que a la práctica, a la reflexión que a la liberación, cuando ambas tienen que ir unidas.

Camino de interespiritualidad

Interespiritualidad de cercanía para cautivar a los ateos

El jesuita Esteban Velázquez crea un proyecto de acción y meditación comunitaria en un pueblo de Granada

Si el nacionalismo se cura viajando, como decía Pío Baroja, el jesuita Esteban Velázquez, que ha vivido por todo el mundo siguiendo su vocación, ha dado una vuelta de tuerca más. Se encuentra en un pequeño pueblo de Granada luchando por construir un espacio no solo ecuménico, sino “interespiritual”, tal y como él lo denomina, donde todas las religiones, e incluso los ateos, puedan orar –o meditar– en compañía unos de los otros. Todo, “en un ambiente de justicia, paz y ecología compartidos”, apunta.


“Debemos ir un paso más allá en el diálogo ecuménico. Se puede hablar de diálogo teológico, de diálogo de vida común de pueblo, diálogo de oración en común, pero aún falta el diálogo de acciones en común. Incluso en los momentos de grandes crisis, como la II Guerra Mundial, se dan declaraciones conjuntas, no acciones conjuntas”, expone, poniendo un ejemplo por delante: “Si cristianos y musulmanes fletaran un barco conjuntamente como el ‘Open Arms’, sería mucho más efectivo que cualquier declaración conjunta sobre las migraciones”.

Espíritu de encuentro

Este espíritu de encuentro se respira ya en la composición del patronato de la Fundación Persona y Justicia, desde la que se da forma al proyecto que ha puesto en marcha a través de un equipo intercultural e interespiritual de hombres y mujeres.

Esteban Velázquez se lanzó a este viejo sueño en el año 2018, cuando Marruecos le prohibió volver a entrar en su territorio, donde había estado como misionero varios años. Junto a su equipo, logró “con mucho esfuerzo” hacerse con una parcela de ocho hectáreas en un pueblo de la España vaciada “que necesita vida”, Jerez del Marquesado. No es una elección casual, ni siquiera por el hecho de que el suelo pueda ser más barato: “Queremos dar el mensaje de que donde hay espiritualidad, siempre hay vida”.

Intuiciones en el camino sinodal

Intuiciones y batallas interiores en la ruta de los caminos sinodales

por Mauricio López Oropeza 


  

Poder decirle literalmente a Dios que uno le ama

no solamente con todo su cuerpo, con todo su corazón,

con toda su alma, sino con todo el Universo en vías de unificación.

He aquí una oración que no puede hacerse

más que en el seno del Espacio-Tiempo

Pierre Teilhard de Chardin. ‘El fenómeno humano’

Antes de la Asamblea del Sínodo de la Amazonía, la fuerza de Dios me regaló en el silencio de mis Ejercicios Espirituales – corría el mes de julio del año 2019 – la moción, como llamada desde lo profundo, a emprender una navegación hacia este gran evento.


Fue un recorrido de absoluta gracia personal (y ha sido muy esperanzador saber que lo fue también para muchas personas en tantos y diversos sitios), mediante la cual pude buscar y encontrar la serenidad, el discernimiento y el coraje necesarios para escuchar la voz más importante, la del Dios vivo y presente en los rostros concretos de la Amazonía, y llevarla conmigo a la experiencia de Asamblea Sinodal de octubre del mismo año.

Esa voz nos habló a todos los participantes del Sínodo, al menos los que tenían un corazón libre y abierto, para descubrirlo en las imprescindibles voces de los pueblos, comunidades y misioneros que se encarnan día a día en la Amazonía, y desde las cuales personalmente pude encontrar el sentido en medio de tanto movimiento.

De esa voz de Dios me vino el valor para sostenerme en aguas tan agitadas como las del proceso Sinodal. Esas aguas desde las que el propio Jesús nos llama a no tener miedo y a confiar en Él, como lo hizo con sus seguidores más cercanos en medio de la tempestad.

Luego de participar de la intensa Asamblea del Sínodo Amazónico, la pregunta que más fuerte retumbó en mi interior y acechó mi ser no fue ¿qué sigue ahora y cómo lo hemos de abordar?, sino ¿quién soy hoy, que ya no el mismo de hace un par de meses cuando la Asamblea comenzaba, tampoco el que fui dos años atrás cuando comenzamos este proceso de preparación, escucha y de ruta compartida? En medio de este recorrido interior me hago consciente sobre cómo este proceso me ha trastocado por dentro y me ha transformado definitiva e indudablemente, y de modo permanente.

Por ello, quiero compartir una serie de reflexiones que también quieren ser intuiciones de una ruta personal hacia la Pascua, es decir, hacia un cierto modo de vida nueva, y que son sobre todo eso: movimientos internos –cargados de una mezcla de dudas y certezas – a la luz de la experiencia personal y de mi vivencia sinodal comunitaria. Ellas buscan, por un lado, sacarme de dentro esto que quema en el interior y que no sé dónde poner o cómo acomodar, y por otro, dar cuenta de lo vivido, no desde las tantas lecturas sapienciales, estructurales, morales o programáticas, sino desde las ininterrumpidas sacudidas internas que he experimentado desde la experiencia inédita sinodal que me ha transformado.

Intuiciones en el camino sinodal

  1. Somos pequeñas gotas de agua que resultan del milagroso ciclo vital de la condensación de elementos libres que se integran poco a poco, superando distancias y diferencias de origen y dimensión, pero que de manera misteriosa en su existencia física se van integrando, y en el encuentro podemos abrazar y atestiguar la lógica del Dios creador que produce esa posibilidad de síntesis que también nos representa como seres en proceso de consolidación, como una Iglesia sinodal en camino.
  2. Pidamos intensamente que seamos como esas aguas dispersas que bajo tu lógica se van integrando poco a poco para hacer sentido de nuestra limitada y miniatura existencia, con la que podamos tejer la parte que nos toca en el gesto del advenimiento de una humanidad nueva: el Reino.
  3. Señor, que en el permanente e inconmensurable misterio del movimiento de tu presencia en todo la creado, haz que la convergencia sea posible. Una convergencia de lo diverso que dé como resultado la avasalladora fuerza liberadora, descomunal e incontenible de un río de vida que solo podemos comprender al quitarnos las sandalias ante la tierra y aguas sagradas que relatan tu presencia y belleza en el corazón de este territorio, y en la vida misma de quienes ahí acompañamos y nos acompañan.
  4. Ahí en el Cristo presente en los rostros concretos, en su diversidad cultural, en su espiritualidad y en el permanente proceso de evolución que refleja un camino de liberación en este ‘kairós’ del Reino que se va gestando en todo y en todos sin que nada ni nadie lo pueda parar. Dios es el amor descomunal que lo libera y lo trasciende todo.
  5. Este camino de construcción de Reino desde la sinodalidad sabe a esperanza, pero también produce temor por lo que esto podría implicar en cuanto a cambios, transiciones y nuevos caminos no anticipados. Hay una sensación de plenitud interna y un inusitado gozo por abrazar una genuina libertad ante lo que esto podría producir. Junto con ello debe morir mi anhelo de ser afirmado por otros, pues ello me ata y me imposibilita ir más allá de mí mismo.
  6. Que la fuerza de la parresía nos llene de tu convicción profética, y en ello pido la Gracia de querer, anhelar y pedir, aunque con temor y temblor, el ponerme enteramente en tus manos en este servicio.
  7. Que sepa ponerme en los brazos y bajo el amparo de tantos y tantas mártires de la Iglesia de América Latina, los conocidos y los desconocidos; para que los imitemos, no desde la perspectiva del martirio por sí mismo, porque esto es una gracia nunca buscada, pero sí en la profunda y ferviente experiencia de entrega sin negociar los propios términos. Ponernos de verdad a la intemperie por la pasión de servir a tu proyecto, y ser probados hasta las más inesperadas consecuencias. Y aunque me tiembla la mano de solo escribirlo, lo pido con firme convicción de desear estar a la altura de Tu llamado.
  8. Seamos puente y sitio de encuentro, fieles al llamado del Espíritu para estar en comunión “parrésica” para responder a los signos de los tiempos, y ser capaces de responder ante las graves, sistemáticas e impunes expresiones de muerte violenta y cotidiana que vivimos en los territorios de la Amazonía, donde impera una creciente cultura del descarte.
  9. Que, siguiendo el proceso vivido hasta ahora, el actual Sínodo de la sinodalidad (comunión, participación y misión) sea una verdadera ocasión para estar del lado de los que han sido siempre excluidos y postergados, que sea un momento de opción por el proyecto de Reino, a la luz del Concilio Vaticano II y sus reformas aún pendientes, y del lado del papa Francisco y su itinerario de alegría, reforma y conversión. Que podamos experimentarlo como un verdadero “sentir con la Iglesia”, y al mismo tiempo que nos reconozcamos todos y todas como seres de paso en todo este camino.

Somos medios, el Sínodo ha de ser un medio. El fin único, y último, es la vida plena del territorio y sus pueblos en la plenitud del Señor. El fin último es el Reino al modo en que Jesús nos enseñó.  Esta navegación continuará cada día y todos los días, en mi vida y en toda vida de quien se abra a la experiencia de los nuevos caminos para la Iglesia y para nuestro mundo lastimado.


Por Mauricio López Oropeza. Director del Centro Pastoral de Redes y Acción Social del CELAM

El Papa habla de la liturgia

Francisco: «Hay olor al diablo cuando la liturgia es una bandera de división»

Audiencia al Instituto Pontificio San Anselmo
Audiencia al Instituto Pontificio San Anselmo

Al recibir a los profesores y alumnos del Pontificio Instituto San Anselmo, con motivo del 60º aniversario de su fundación, el Papa Francisco les recordó que la liturgia es fundamental para la vida cristiana

La liturgia nos impulsa al amor al prójimo y al diálogo, a la vez que nos abre al espíritu ecuménico

«La liturgia no se posee, no, no es una profesión … No es una cuestión de ritos, es el misterio de Cristo. (…) Todo esto, en su Instituto, debe ser meditado, asimilado, yo diría ‘respirado'»

“Quisiera subrayar el peligro, la tentación del formalismo litúrgico, de volver a las formas, a las formalidades más que a la realidad»

 

Por | Adriana Masotti

(Vatican News).– Dirigiéndose a los profesores, alumnos y ex alumnos del Pontificio Instituto Litúrgico San Anselmo, presentes con el rector y el decano con motivo del 60º aniversario de su fundación, el Santo Padre les recordó la Constitución Sacrosanctum Concilium con la que el Concilio Ecuménico Vaticano II impulsó la renovación de la vida litúrgica en la Iglesia, indicando tres dimensiones: la participación activa de los fieles, la comunión eclesial, animada en particular por la Eucaristía, y el impulso a la misión evangelizadora «que implica a todos los bautizados».

Participación activa de los fieles

«El Pontificio Instituto Litúrgico está al servicio de esta triple necesidad», dijo el Papa. Y añadió que el estudio de la liturgia debe fomentar la vida litúrgica, que es fundamental en la vida del cristiano, lo que significa «educar a las personas” para que entren en el espíritu de la liturgia, para que se «impregnen» de ella. De ahí su primera indicación:

“En San Anselmo, me gustaría decir, debería ocurrir esto: impregnarse del espíritu de la liturgia, sentir su misterio, con un asombro siempre nuevo. La liturgia no se posee, no, no es una profesión: la liturgia se aprende, la liturgia se celebra”

A la vez que señaló que hay que llegar a esta actitud de celebrar la liturgia. Y dijo que sólo se participa activamente en la medida en que se entra en este espíritu de celebración.

“No es una cuestión de ritos, es el misterio de Cristo. (…) Todo esto, en su Instituto, debe ser meditado, asimilado, yo diría ‘respirado’

La tentación del formalismo litúrgico

El estudio de la liturgia, continúa el Papa, hace crecer en la comunión eclesial porque abre al otro «lo más cercano y lo más lejano de la Iglesia, en la común pertenencia a Cristo». Pero hay tentaciones:

“Quisiera subrayar el peligro, la tentación del formalismo litúrgico, de volver a las formas, a las formalidades más que a la realidad, que vemos hoy en estos movimientos que tratan de retroceder y negar el propio Concilio Vaticano II: la celebración es recitación, es algo sin vida, sin alegría”

No hacer de la liturgia un campo de batalla

El Pontífice subraya que la vida litúrgica debe «conducir a una mayor unidad eclesial, no a la división». Y advierte: «Cuando la vida litúrgica es un poco la bandera de la división, está el olor del diablo allí, inmediatamente. El engañador. No es posible adorar a Dios y, al mismo tiempo, hacer de la liturgia un campo de batalla por cuestiones que no son esenciales, es más: por cuestiones superadas y tomar partido, desde la liturgia, por ideologías que dividen a la Iglesia».

“El Evangelio y la Tradición de la Iglesia nos llaman a estar firmemente unidos en lo esencial, y a compartir las legítimas diferencias en la armonía del Espíritu”

Resistencia frente a las reformas

La Iglesia, gracias a la liturgia, prolonga la acción de Cristo en medio de los hombres de todos los tiempos, continúa Francisco, y el estudio de la liturgia debe permanecer fiel a ello, pero esto no impide las reformas. A este respecto, el Papa añade una amplia reflexión, observando «que toda reforma crea resistencias«. Y recuerda las reacciones a las reformas de Pío XII:

“Me acuerdo, era un niño, cuando Pío XII empezó con la primera reforma litúrgica, la primera: se puede beber agua antes de comulgar, ayuno de una hora… ‘¡Pero esto va contra la santidad de la Eucaristía!’, se rasgaban las vestiduras”

Luego, la misa de vísperas: «¡Pero, cómo, e la misa es por la mañana!». Después, la reforma del Triduo Pascual: «Pero cómo, el sábado tiene que resucitar el Señor, ahora lo posponen al domingo, al sábado por la tarde, el domingo no tocan las campanas… ¿Y dónde van las doce profecías?».

“Todas estas cosas escandalizaron a las mentes cerradas. También ocurre hoy. De hecho, estas mentes cerradas utilizan los esquemas litúrgicos para defender su propio punto de vista. Utilizar la liturgia: es el drama que vivimos en los grupos eclesiales que se alejan de la Iglesia, cuestionando el Concilio, la autoridad de los obispos…, para conservar la tradición. Y para ello se utiliza la liturgia”

Liturgia y misión

La liturgia – prosiguió el Papa – impulsa a la misión. Lo que celebramos nos lleva “salir al encuentro del mundo que nos rodea, al encuentro de las alegrías y necesidades de tantos», dentro y fuera de la Iglesia:

“La auténtica vida litúrgica, especialmente la Eucaristía, nos impulsa siempre a la caridad, que es sobre todo apertura y atención a los demás. Esta actitud siempre comienza y se basa en la oración, especialmente en la oración litúrgica. Y esta dimensión nos abre también al diálogo, al encuentro, al espíritu ecuménico, a la acogida”

María rezaba con los apóstoles

Los retos de la actualidad, dice el Papa, son muy fuertes, «la Iglesia necesita hoy como siempre vivir de la liturgia». Por lo tanto, es importante continuar el trabajo de formación en la liturgia en continuidad con los Padres del Concilio, «ser formados por la liturgia». Agradeciendo a la comunidad de estudios de San Anselmo su servicio a la Iglesia, el Pontífice recordó que «la Santísima Virgen María, junto con los Apóstoles, rezaba, partía el pan y vivía la caridad con todos». Que la liturgia de la Iglesia, concluye, «haga presente hoy y siempre este modelo de vida cristiana»

Por la dignidad de los adultos mayores

La Iglesia argentina, por la dignidad de los ancianos y los adultos mayores

Desprecio, subestimación, desatención, indiferencia: algunas modalidades de abuso y maltrato que sufren los adultos mayores y que es necesario revertir

En el marco del Día Mundial de Toma de Conciencia del Abuso y Maltrato en la Vejez, declarado por la ONU, el área de Adultos Mayores de la Comisión Episcopal de Vida, Laicos y Familia (CEVILAF) emitió un mensaje para “unir nuestra voz a este coro que busca enaltecer esa importante etapa de la vida, así como rescatar la riqueza que contiene para toda la sociedad”.seguraron que el problema que afecta la salud y la dignidad de los adultos mayores tiene que ver con las modalidades de abuso y maltrato, más allá de su procedencia, religión o condición social o económica. Recordaron las palabras del papa Francisco que afirmó que la Iglesia no puede ni quiere conformarse a “una mentalidad de intolerancia y mucho menos de indiferencia, desprecio, respeto a la vejez”.

Cuando se habla de esta problemática se referencian aquellos actos que, ejecutados por única vez o permanentemente repetidos, por negligencia o dolo, acción u omisión, causan daño corporal o psicológico o provocan la exclusión y marginación de los adultos mayores: maltrato físico o anímico, falta de respeto, engaño y estafa económica.

Asimismo, se le suma a esto la cultura del abandono y descarte que aparta los adultos mayores de los ambientes familiares y sociales, o, en casos extremos, la promoción de la eutanasia.

Los miembros del área de adultos mayores del Episcopado argentino reconocen que estos actos pasan casi inadvertidos o están naturalizados, motivo por el cual son subestimados o desatendidos. “Es triste considerar que, a pesar de todos los esfuerzos que la humanidad destina a mejorar la vida de las personas, el maltrato de los adultos mayores parece ser una realidad que aumenta en vez de disminuir”, señalaron.

La valoración en la Argentina

También aludieron a lo que ocurre en el país con este grupo etario. Reafirmaron que uno de los aspectos que más afectan la calidad de vida de los adultos mayores argentinos es la cuestión previsional: sistema jubilatorio arcaico, irracional e injusto, haberes que hunden en la marginalidad y la pobreza a multitudes que no alcanzan a satisfacer las necesidades vitales básicas.

Desde el área de Adultos Mayores consideraron que es oportuno recordar esta fecha para promover actitudes en defensa de la dignidad de los ancianos, que no disminuye por su menor capacidad productiva. Es necesario atender adecuadamente la vejez para promover el bienestar espiritual y cultural de toda la sociedad. Aseveraron que “Su fragilidad hace de los adultos mayores un especial signo de la presencia de Jesús entre nosotros”.

Finalmente pidieron comprometerse para transformar el maltrato en buen trato y el abuso en respeto y valoración de todos los adultos mayores y ancianos.