La ultraderecha llega al Gobierno en Italia

El ascenso de Meloni en Italia: la ultraderecha que no quiere al Papa

Meloni, junto a Berlusconi y Salvini

El nombre del partido de Meloni, ‘Fratelli’, evoca para los creyentes la última encíclica del Papa, ‘Fratelli Tutti’. Sin embargo, sólo el nombre -y la, aparente, confesión de fe- unen a Bergoglio y Melloni, que a buen seguro compartirán, en breve, audiencia y presencia en los grandes acontecimientos litúrgicos en el Vaticano

¿Cómo coexistirán la futura primera ministra italiana con un Papa extranjero, defensor de los inmigrantes, que aboga por cambios radicales en la liturgia y que dialoga con musulmanes, ateos y homosexuales? Es una de las grandes incógnitas del presente

Por Jesús Bastante

«Sí a la familia natural, no a los lobbys LGBT; sí a la identidad sexual; no a la identidad de género; sí a la cultura de la vida; no al abismo de la muerte; sí a la universalidad de la cruz, no a la violencia islamista; sí a las fronteras seguras, no a la inmigración masiva». La gran triunfadora de las elecciones italianas, Giorgia Meloni, dejo el pasado mes de junio en Málaga (en un acto de Vox. Ya se sabe, los extremos se juntan) las claves para entender el que será el primer gobierno de la derecha extrema en Italia desde que, hace justo un siglo, llegara al poder Benito Mussolini.

Meloni gobernará gracias a una coalición de partidos dirigidos por Silvio Berlusconi (por todos conocido) y Matteo Salvini (el hombre que intentó que ningún barco de salvamento con migrantes a bordo, y que se declara admirador de Putin o el cardenal Sarah), y con un curioso nombre, ‘Fratelli’, que para los creyentes evoca necesariamente a la última encíclica del Papa, ‘Fratelli Tutti’. Sin embargo, sólo el nombre -y la, aparente, confesión de fe- unen a Bergoglio y Meloni, que a buen seguro compartirán, en breve, audiencia y presencia en los grandes acontecimientos litúrgicos en el Vaticano.

Invasión de la cruz y obsesión por el sexo

Porque el de Meloni es un programa racista, que muestra una visión del cristianismo basada únicamente en las ‘verdades innegociables’ de Juan Pablo II -todo lo referente al sexo y la familia tradicional- y en la defensa de la Cruz y la Fe en una supuesta ‘invasión’ del mundo musulmán, aliado con los lobbies LGTBI, odio al extranjero incluido. Mientras, el mensaje del Papa, como bien plasmó en sus últimos discursos en Asís y Matera, donde invitó a construir «un futuro donde los migrantes, refugiados, desplazados y víctimas de la trata puedan vivir en paz y con dignidad«. En la misa, además, lanzó una andanada contra los guardianes de las esencias

En la capital del poverello, Bergoglio, además, reivindicó los valores de ‘Fratelli Tutti’, ‘Laudato Si’ y ‘Evangelii Gaudium’, poniendo en el centro «el grito de la Tierra y el de los pobres» y pidiendo «poner en discusión el modelo de desarrollo» de una «economía que mata», al reunirse en Asís con jóvenes de todo el mundo a los que convocó a construir un proceso de cambio «con los pobres como protagonistas».

¿Cómo coexistirán la futura primera ministra italiana con un Papa extranjero, defensor de los inmigrantes, que aboga por cambios radicales en la liturgia y que dialoga con musulmanes, ateos y homosexuales? Es una de las grandes incógnitas del presente, con una mirada inexcusable a nuestra realidad.

Pues los ‘Fratelli’ de España son los seguidores de VOX, cuyo líder, Santiago Abascal, se pasea en loor de multitudes por el CEU, llamando a los católicos a ser intolerantes y no tener tantas “tragaderas” con sus principios, y augurando una ‘revolución cultural’ que, sin duda, se asemejará a las diatribas que, en un mitin de sus hermanos de la ultraderecha española, perpetró Giorgia Meloni. Un siglo después, justo cien años después, de la llegada al poder de Mussolin

Jornada del Migrante y Refugiado

Construir el futuro con los migrantes y los refugiados

por José Francisco Gómez Hinojosa 


  Construir el futuro con los migrantes y los refugiados’ es el título del mensaje del Santo Padre Francisco para la 108ª Jornada Mundial del Migrante y Refugiado 2022. Y me da mucho gusto la coincidencia de este texto papal y mi reciente libro: “¿Tiene futuro la Iglesia Católica? Su actuación ante la situación actual”, publicado por el sello PPC.


En mi ensayo menciono, en la p.79, que en la Iglesia del futuro, quienes se dedican a la atención de migrantes y refugiados, deberán ser reconocidos como verdaderos ministros de la pastoral social, superando la extendida idea de que los servicios pastorales reconocidos y asignados -ministerios- se reducen a la catequesis y a la liturgia.

El papa Francisco inicia su llamado citando a Hebreos 13,14: No tenemos aquí abajo una ciudad permanente, sino que buscamos la futura, y este versículo nos invita, “a la luz de lo que hemos aprendido en las tribulaciones de los últimos tiempos, a renovar nuestro compromiso para la construcción de un futuro más acorde con el plan de Dios, de un mundo en donde todos podamos vivir dignamente en paz”.

Y a mediación del manifiesto aparece la tesis central de la propuesta: la construcción del futuro -del futuro de la Iglesia Católica diría yo- supone la justicia en las relaciones interpersonales, y ella exige la inclusión de las personas más vulnerables, como lo son los migrantes y los refugiados.

Pero: ¡atención! Ellos no sólo serán los beneficiarios de esta nueva armazón, sino que -textualmente- “Construir el futuro con los migrantes y los refugiados significa reconocer y valorar lo que cada uno de ellos puede aportar al proceso de edificación”.

Y Francisco de Roma acude a Isaías 60,10-11, en donde se resalta la llegada de los extranjeros como fuente de enriquecimiento. Ellos no son, entonces, para el profeta -como habitualmente sí lo son para muchos de nosotros- un problema y un peligro.

Concluye el mensaje con una advertencia, especialmente a los jóvenes: “No podemos dejar a las próximas generaciones la responsabilidad de decisiones que es necesario tomar ahora, para que el proyecto de Dios sobre el mundo pueda realizarse y venga su Reino de justicia, de fraternidad y de paz”.

La clave, me parece, es considerar a migrantes y refugiados como una contrariedad que debemos enfrentar, o como una ventaja que podemos aprovechar. Ojalá optemos por la segunda.

Pro-vocación

Conmoción internacional entre los grupos conservadores ha causado la reciente decisión de los obispos belgas, comunicada la semana pasada, de establecer un rito para la inclusión en la Iglesia de parejas homosexuales.

Quienes quieren amarrar navajas se preguntan cómo responderá el Vaticano ante esta iniciativa, en apariencia contraria a la rígida disciplina eclesiástica en la materia.

El episcopado de Bélgica respondió que es sólo un “momento de oración” -ni siquiera una bendición y mucho menos un sacramento- y destinado a quienes quieren vivir en pareja, en relaciones duraderas y fieles. ¿Alguna objeción?

«Comité para el diálogo y la paz»

México propone al Vaticano crear un ‘Comité para el Diálogo y la Paz’ para acabar con la guerra en Ucrania

Formado por el Papa, el secretario general de la ONU y el primer ministro indio

El canciller mexicano presentó la propuesta a Sergei Lavrov
El canciller mexicano presentó la propuesta a Sergei Lavrov  Gobierno de México

“Muy grata conversación con el secretario de Estado de la Santa Sede, el Cardenal Pietro Parolin. Le compartí la propuesta de mediación y paz del presidente López Obrador”, informó el Secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard Casaubón

La iniciativa de México para el Diálogo y la Paz en Ucrania plantea el establecimiento de un Consejo de Alto Nivel que pueda llevar los esfuerzos de mediación en los países en conflicto

 | RD/Agencias

El Gobierno de México presentó este viernes al Vaticano su plan para frenar el conflicto bélico entre Rusia y Ucrania. La propuesta de presidente Andrés Manuel López Obrador consiste en establecer un Comité para el Diálogo y la Paz, el cual estaría integrado por el primer ministro de la India, Narendra Modi; el Papa Francisco y el secretario general de la ONU, António Guterres.

“Muy grata conversación con el secretario de Estado de la Santa Sede, el Cardenal Pietro Parolin. Le compartí la propuesta de mediación y paz del presidente López Obrador”, informó el Secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard Casaubón.

La iniciativa de México para el Diálogo y la Paz en Ucrania plantea el establecimiento de un Consejo de Alto Nivel que pueda llevar los esfuerzos de mediación en los países en conflicto.

“El objetivo de este Caucus sería servir como canal diplomático para comprometerse tanto con la Federación Rusa como con Ucrania, con miras a construir medidas de fomento de la confianza, disminuir las tensiones y negociar un alto el fuego que podría conducir a una tregua, abriendo así un camino para el diálogo hacia el objetivo fundamental de lograr un acuerdo de paz sostenible”, dice el documento presentado por Relaciones Exteriores.

“No es necesario decir que es más fácil decirlo que hacerlo. México es plenamente consciente de que la condición previa para que cualquier esfuerzo de mediación tenga éxito es la voluntad política de las partes y estamos conscientes de que las tensiones continúan en aumento”, agrega.

Las autoridades de México se mostraron convencidas de que es deber de todos los miembros de las Naciones Unidas agotar todos los esfuerzos diplomáticos para un acuerdo pacífico de los conflictos

“La indiferencia es inaceptable. Es precisamente en tiempos difíciles como estos cuando nuestra resistencia se pone a prueba”, dice la iniciativa.


“No podemos ni debemos ceder a la desesperación. Esta iniciativa está ahora a merced de la voluntad política de las partes. Esperamos que conduzca a un nuevo capítulo en este conflicto, regido por la diplomacia y el diálogo político, por el bien de los pueblos del mundo que continúan sufriendo el flagelo de la guerra y ante quienes siempre seremos responsables de nuestras acciones y de nuestras omisiones”, añade.

Ayer, el canciller Marcelo Ebrard llevó ante la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas la propuesta del presidente Andrés Manuel López Obrador para frenar la guerra entre Rusia y Ucrania.

En una intervención de 11 minutos, el diplomático mexicano afirmó que ante la parálisis del Consejo de Seguridad de la ONU, todos los países del mundo deben ofrecer un canal diplomático para la resolución de conflicto entre Rusia y Ucrania.

Día de la Biblia

 Marcelo Barros: Los libros sagrados que Dios nos revela; puño o luz

En la Iglesia Católica, septiembre es el mes de la Biblia. Leída de forma no fundamentalista, puede ayudarnos a entender lo que Dios nos dice a través de los acontecimientos de cada día

La mejor manera de valorar la Biblia hoy en día sería liberarla de un uso instrumental e inhumano que algunos grupos hacen

Según nuestra fe, Dios se revela a la humanidad a través de dos libros: el primero es el libro de la vida. La propia Tierra y la naturaleza. Pero para descifrar este mensaje, necesitamos el segundo libro sagrado que Dios ha revelado: la Biblia

Por Marcelo Barros

En la Iglesia Católica, septiembre es el mes de la Biblia. En este mes, el último domingo, es decir, se celebra como «el día de la Biblia». Las iglesias evangélicas celebran el día de la Biblia en un domingo de diciembre. En cualquier caso, parece que la mejor manera de valorar la Biblia hoy en día sería liberarla de un uso instrumental e inhumano que algunos grupos hacen.

De hecho, desde la antigüedad, la religión, cualquiera que sea, ha sido utilizada por los poderosos para legitimar su poder. Esto también ha ocurrido en el uso de la Biblia. A menudo, la Biblia ha sido usada incluso para matar. En la historia, la Iglesia ha usado textos bíblicos para condenar a los herejes al fuego. En nombre de la Biblia, el propio Jesús fue condenado a muerte, acusado de blasfemar el templo y de pretender ser un hijo de Dios.

En nombre de Jesús y la Biblia, los imperios que se llamaban a sí mismos cristianos conquistaron y colonizaron nuestro continente. Hasta casi nuestros días, las misiones cristianas han atacado y demonizado las culturas indígenas y han traído enfermedad y muerte a las comunidades originales. En estos días, casi a diario, en nombre de Jesús y motivados por la Biblia, los grupos pentecostales atacan y destruyen los templos afrobrasileños. En el Congreso Nacional, hay un banco que se dice de la Biblia para legitimar los bancos del buey y la bala. Muchos de los congresistas están orgullosos de pertenecer a los tres, como si fueran uno solo.
Hay quienes culpan a la Biblia por el hecho de que, en las elecciones de 2018, la mayoría de los que se llaman cristianos votaron por el candidato del odio y la violencia, mientras que la mayoría de los que se llaman ateos votaron por la democracia.

El apóstol Pablo escribió: «La carta mata. El Espíritu es el que hace que la vida se realice» (2 Cor 3:6). Los grupos e iglesias fundamentalistas no podían borrar o desechar esta palabra. La propia Biblia deja claro que no quiere ser leída al pie de la letra. En los evangelios, en cada momento, Jesús dice: «En la Biblia se lee así, pero yo tengo otra interpretación para ello» (Mt 5, 21 ss.). Si somos discípulos de Jesús, debemos desarrollar en la lectura de la Biblia la misma libertad espiritual que Jesús vivió y nos propuso.

Según nuestra fe, Dios se revela a la humanidad a través de dos libros: el primero es el libro de la vida. La propia Tierra y la naturaleza son palabras que nos comunican permanentemente el amor divino. Las comunidades católicas dicen en cada celebración de la cena de Jesús: «El cielo y la tierra están llenos de tu presencia. Y este Dios que nos manifiesta su amor en la creación, nos da su Palabra a través de los acontecimientos de la vida. Pero para descifrar este mensaje, necesitamos el segundo libro sagrado que Dios ha revelado: la Biblia para los judíos y los cristianos y otras revelaciones para otros grupos espirituales y religiones.

En el entendimiento judío-cristiano, la Biblia no es directamente la Palabra de Dios. Es la escritura de la Palabra de Dios. En uno de sus primeros escritos, Carlos Mesters lo comparó con una partitura musical. Para los que tocan un instrumento o cantan, la partitura es muy útil. Sin embargo, la misma partitura hace posible que la canción escrita allí sea interpretada por alguien como arrepentimiento y por otro como protesta. La misma canción de amor puede tener una versión más dolorosa, o una interpretación más alegre. En el Nuevo Testamento, las primeras generaciones de cristianos leen la Biblia de diferentes maneras, que no se oponen sino que se complementan.

Este mes de la Biblia puede ser un momento oportuno para ayudarnos a descubrir una palabra de Dios en los textos antiguos para discernir lo que el Espíritu de Dios está diciendo a las Iglesias y al mundo de hoy. La Biblia, leída de forma no fundamentalista, puede ayudarnos a entender lo que Dios nos dice a través de los acontecimientos de cada día.

Hay quienes piensan que la Biblia es una luz que lo ilumina todo. Sin embargo, esta no es la experiencia de los primeros cristianos. En la segunda carta atribuida a Pedro, el autor describe los textos bíblicos, no como un faro o una luz, sino como una pequeña lámpara «a la que conviene prestar atención». Brilla (la palabra de la Escritura) en lugar oscuro hasta que el día ilumine el lucero de la mañana, el sol, brilla en vuestros corazones» (2 Pe 1, 19).

La Buena Noticia del Dgo. 26º-C

El peligro de las riquezas

El pobre Lázaro, invisible para el rico

Lectura de la palabra

Lucas 16, 19-31

Que escuchen a Moisés y a los profetas

En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos: «Había un hombre rico que se vestía de purpura y de lino y banqueteaba espléndidamente cada día.

Y un mendigo llamado Lázaro estaba echado en su portal, cubierto de llagas, y con ganas de saciarse de lo que tiraban de la mesa del rico.

Y hasta los perros se le acercaban a lamerle las llagas.

Sucedió que se murió el mendigo, y los ángeles lo llevaron al seno de Abrahán.

Se murió también el rico, y lo enterraron. Y, estando en el infierno, en medio de los tormentos, levantando los ojos, vio de lejos a Abrahán, y a Lázaro en su seno, y gritó: «Padre Abrahán, ten piedad de mí y manda a Lázaro que moje en agua la punta del dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas. «

Pero Abrahán le contestó: «Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en vida, y Lázaro, a su vez, males: por eso encuentra aquí consuelo, mientras que tú padeces.

Y además, entre nosotros y vosotros se abre un abismo inmenso, para que no puedan cruzar, aunque quieran, desde aquí hacia vosotros, ni puedan pasar de ahí hasta nosotros.»

El rico insistió: «Te ruego, entonces, padre, que mandes a Lázaro a casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que, con su testimonio, evites que vengan también ellos a este lugar de tormento.»

Abrahán le dice: «Tienen a Moisés y a los profetas; que los escuchen.»

El rico contestó: «No, padre Abrahán. Pero si un muerto va a verlos, se arrepentirán.

Abrahán le dijo: «Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso ni aunque resucite un muerto.»»

Comentario a la Palabra:

Las riquezas del rico Epulón le han impedido ver al pobre Lázaro, que está sufriendo cerca de su puerta, y le han hecho insensible e indiferente.

El peligro es la despreocupación y la indiferencia, el no querer enterarse de tantos Lázaros que necesitan una mano tendida. La idolatría del dinero es incompatible con el seguimiento de Jesús y la opción por el Reino, ya que es causa de la dureza de corazón frente al pobre.

¿Escuchamos a Dios que nos habla en la Sagrada Escritura y que nos habla en los pobres? ¿La Palabra de Dios transforma realmente nuestras vidas?

Comentarios

Los dueños no, los perros se compadecían y aliviaban el sufrimiento de Lázaro lamiéndole las llagas.

Tras escuchar el pasado domingo aquellas palabras de Jesús: no podéis servir a Dios y al dinero, leemos hoy esta parábola del rico y el pobre Lázaro (Eleazar). Lázaro inspira una profunda compasión.

Todos somos ricos y tenemos Lázaros a nuestra puerta.

Lázaro significa: “Dios ayuda”. Si salimos de esta Eucaristía con la sensación de que Dios es nuestra ayuda en la vida (y en la muerte), será una dicha.

A propósito de ver

En las parábolas de la misericordia hay un denominador común Ver o no ver.

o El buen samaritano vio al herido y actúo, el sacerdote y el levita le vieron, pero dieron un rodeo y pasaron de largo.

o El padre, ve venir al hijo pródigo y se alegró, mientras que el hijo mayor cuando vio venir a su hermano, protestó y no quiso celebrar nada.

o Jesús ve a los discípulos y los llama, ve a la multitud y se conmueve

Es importante dónde y cómo estamos situados en la vida para ver las cosas y las personas de una u otra manera. A veces “miramos para otro lado” o ni tan siquiera miramos a los “lázaros” de todo tipo que viven junto a nosotros. Cuando estamos satisfechos como el rico epulón, ni miramos cómo están los demás, nos da igual.

¿qué puede querer decir la parábola del pobre Lázaro?

o Esta parábola no es una descripción de cómo se desarrollará la vida después de la muerte. Se trata de una parábola, no una topografía de ningún lugar. (Algún “ingeniero” de la teología ha llegado a calcular los grados de temperatura del purgatorio y del infierno).

o Tampoco es una promesa-sedante a los pobres de un final feliz en compensación por lo mal que lo han pasado en esta vida. No es una invitación a la resignación de los pobres en beneficio del status quo de los ricos. El “más allá” no va a solucionar las injusticias del “más acá”.

o Tampoco se trata de una “escatología tarifada”: ¿Cuánto dinero me está permitido tener y almacenar de modo que Dios no me pueda echar nada en cara al final de los tiempos?

Cambio abismo por valla y concertinas.

        El texto evangélico de hoy dice que entre el rico epulón y el pobre Lázaro había un abismo imposible de pasar. Abismos y distancias entre ricos y pobres hay siempre.

o Hoy en día quizás no les llamaríamos abismos, pero sí que hemos levantado vallas entre pueblos ricos y pobres: la valla de Trump entre EEUU y Méjico, la valla de Melilla; hemos puesto concertinas y alambres de espino, fronteras y “papeles” infinitos para los “lázaros” emigrantes que van y vienen. Los ricos somos los que impedimos que los barcos de rescate: el “open arms”, el “aita Mari”, etc. lleguen a los puertos con los migrantes. Siguen existiendo abismos, grandes diferencias y distancias entre ricos y “lázaros”

También hoy hay -habemos- ricos y “lázaros”.

No perdamos de vista la misericordia de Dios.

El rico invoca a Abraham, al padre de Israel, de la religión, para que le alivie a él y a su familia. Pero el puente para pasar tal abismo es la misericordia.

¡Lázaro! (Eleazar) significa “Dios es mi ayuda”.

o Esta parábola es la reafirmación de que el dinero hace perder la cabeza al ser humano, nos vuelve locos. El dinero rompe toda posibilidad de comunicación con Dios y con los más pobres, crea abismos e impide una solidaridad y convivencia entre los hombres y pueblos.

o Con el dinero pretendemos hallar ayuda. En el dinero buscamos la seguridad porque no confiamos en Dios. Al rico le ayuda el dinero al pobre, a Lázaro le ayuda Dios.

o El dinero es el que crea los abismos (hades) y los sufrimientos, las diferencias de clases sociales, las miserias humanas, las llagas y la tristeza

o San Lucas es muy sutil y dice que solamente los perros se compadecían de Lázaro. Los dueños, no; son los perros los que se compadecen y alivian el dolor de Lázaro lamiéndole las llagas.

Y esta distinción tiene un transfondo teológico-cristiano: Perro, en el mundo bíblico, significaba extranjero-pagano. Los judíos, los religiosos no tenían misericordia. Son los paganos: los samaritanos (el buen samaritano), etc., quienes tienen compasión y sienten misericordia).

Los que “montan la película” son los “religiosos”, no los que sufren, ni los cristianos.

o Llama poderosamente la atención en esta parábola que ni Dios, ni Jesús ni Lázaro dicen ni palabra. Por ello, “me da” que todo el tinglado del infierno, la condenación, el fuego, la gota de agua, “te pido que”, etc., lo montan los “judíos”, es decir: los “hombres religiosos” de turno.

o El pobre Lázaro está medio muerto, dormitando en cualquier cajero automático, enfermo, lleno de llagas y moscas, como los niños africanos que vemos en el telediario… Pero Lázaro, el pobre hombre, no dice nada, se calla: espera la ayuda de Dios.

o Extrañamente el rico se dirige no a Dios Padre, ni a Lázaro, ni a Jesús (como el buen ladrón), sino a Abrahán. El rico, incluso en el “más allá”, no siente misericordia, no se acerca a Dios Padre, como el hijo pródigo. El rico epulón busca una especie de “tráfico de influencias” ·y apela a Abrahán, el padre de Israel, personaje más que importante. Y como Abraham es importante “me podrá echar una mano”.

o Los infiernos, los purgatorios y las diferencias abismales (abismos) están en este mundo, En el “otro mundo”, las cosas serán muy de otra manera y para todos, gracias a Dios.

Yo no puedo solucionar el problema del hambre del mundo, pero sí puedo apaciguar el dolor del “Lázaro” que está a mí puerta.

Como Lázaro, confiemos en la ayuda de Dios. Dios nos ayuda

LA INDIFERENCIA CREA ABISMOS

Written by Enrique Martínez Lozano

Lc 16, 19-31

Si la compasión -capacidad de vibrar con el otro, ponerse en su piel, ver las cosas desde su perspectiva, desear su bien y ofrecerle ayuda eficaz- es el “alma” de la sabiduría y el test que verifica la autenticidad espiritual, su opuesto es la indiferencia.

De entrada, la indiferencia es un mecanismo de defensa para evitar ser removidos por las situaciones que ocurren a nuestro alrededor. De ese modo, podemos permanecer en nuestra zona de confort, sin cuestionamientos ni responsabilidad, porque “ojos que no ven, corazón que no siente”.

En un nivel más profundo, la indiferencia es expresión de egocentrismo y narcisismo, que nos mantienen girando como peonzas en torno al yo y a sus intereses, sin ni siquiera advertir lo que sucede junto a nosotros.

Y más hondamente aún, la indiferencia es hija de la ignorancia. Vivimos egocentrados porque somos ignorantes que ponen su identidad en el yo, con lo cual, vivimos identificados con lo que no somos y desconectados de lo que realmente somos.

Tal actitud aporta “beneficios” -como todo aquello que mantenemos, ya que, de otro modo, la modificaríamos-, en tanto en cuanto logremos ir “compensando”, en el día a día, nuestras carencias y malestares. Metidos en nuestra burbuja egoica, vamos tratando de sobrevivir con el menor malestar posible, sin ningún otro anhelo ni horizonte.

Sin embargo, detrás de ese aparente bienestar, lo que hay en realidad es un “abismo” que nos mantiene irremediablemente separados de nosotros mismos y de los demás. El egocentrismo crea fracturas y genera dolor, porque se asienta en la mentira. Si todo es uno -la realidad conoce diferencias, pero no separación-, negarlo en la práctica implica situarse en el error de partida, que crea inexorablemente abismos, mundos y personas fragmentados.

¿Qué hay en mí de indiferencia y de compasión?

Celebrando el día de la Biblia

«Hacer de la Biblia el alimento sólido de nuestra espiritualidad» 

Celebrar el mes de la Biblia reconociendo el papel de las mujeres en su traducción y divulgación 

«Más preocupante todavía es que la Biblia no llega a formar parte de la espiritualidad cristiana católica, como una medicación imprescindible y un texto que el pueblo de Dios reconozca como fuente de vida, o de ‘alimento dulce'» 

«Falta más formación bíblica para todo el pueblo de Dios, incluidos los presbíteros que en sus homilías a veces se percibe que le hacen decir al texto lo que no dice o que los usan como ‘excusa’ para pasar a otro tema -casi siempre del ámbito moral» 

«Cuando Jerónimo perdió buena parte de su visión, fueron estas mujeres las que le ayudaron en su tarea, con lo cual no sería de extrañar que algunos de los escritos de Jerónimo sean de autoría de estas mujeres» 

Por Consuelo Vélez 

Septiembre se conoce como el mes de la Biblia. En el ámbito católico, por la figura de Jerónimo que murió el 30 de septiembre y fue quien tradujo la Biblia del griego y el hebreo al latín. Esa traducción se conoce como la «Vulgata», habiendo sido este el texto bíblico oficial de la Iglesia católica hasta 1979. En el ámbito protestante, de habla hispana, se recuerda la aparición impresa que hizo Casiodoro de Reina en 1569, conocida como la Biblia del Oso, porque en la tapa aparecía un oso comiendo miel desde un panal. Esta versión fue revisada posteriormente por Cipriano de Valera, dando origen a la famosa versión “Reina Valera”, que ha sido la Biblia más usada por los evangélicos de lengua castellana. 

Más allá de que la Biblia se celebre este mes, siempre es importante recordar que la Sagrada Escritura nos transmite la revelación divina, no a modo de una doctrina fija y literal, sino como bien lo explica la Constitución Dogmática Dei Verbum, mediante los géneros literarios y las condiciones particulares de los escritores sagrados, es decir, siendo ellos verdaderos autores, utilizando sus propios recursos, eso sí, contando con la inspiración divina que nos permite reconocer dichos escritos como Palabra de Dios

El número 12 de la Dei Verbum se refiere a la necesidad de investigar qué quisieron expresar los autores sagrados y para esto es imprescindible conocer bien los géneros literarios y el contexto desde el que escribieron, para interpretar los textos en consonancia con el sentido general de toda la Sagrada Escritura de manera que se pueda entender lo que Dios nos sigue diciendo hoy a través de su palabra. Es muy importante tomarse en serio esta responsabilidad para no hacerle decir al texto bíblico lo que no dice y menos para justificar nuestras posturas, trayendo un texto bíblico como ‘prueba’ de lo que decimos, cuando muchas veces el texto significa todo lo contrario. 

Tomarnos en serio esta responsabilidad todavía resulta difícil. Aunque Vaticano II afirmó que «la Sagrada Escritura debe ser el alma de la Teología” (Decreto Optatam Totius, 16), en muchas de las publicaciones teológicas que abordan distintos temas, no es tan frecuente encontrar el aporte desde la Sagrada Escritura a dicho tema. Por supuesto, la mayoría de los artículos, tratando la temática desde la perspectiva sistemática, hacen referencia de alguna manera a la Sagrada Escritura, pero esto no es lo mismo que indagar con la profundidad suficiente y los métodos exegéticos adecuados, la temática que se va a presentar. Algunas veces he recomendado a los organizadores de las obras colectivas que pidan a más biblistas esa colaboración, pero no veo que sea algo que se incorpore suficientemente

Pero más preocupante todavía es que la Biblia no llega a formar parte de la espiritualidad cristiana católica, como una medicación imprescindible y un texto que el pueblo de Dios reconozca como fuente de vida, o de “alimento dulce” -haciendo referencia al oso comiendo miel de la Biblia protestante-, como podría ser. Falta más formación bíblica para todo el pueblo de Dios, incluidos los presbíteros que en sus homilías a veces se percibe que le hacen decir al texto lo que no dice o que los usan como ‘excusa’ para pasar a otro tema -casi siempre del ámbito moral– en lo que los predicadores gastan mucho tiempo exhortando a los fieles para que no caigan en esos pecados de los que la Biblia generalmente no habla. 

El papa Francisco en la Exhortación Evangelii Gaudium (n. 146-147) insiste en que la homilía debe “prestar toda la atención al texto bíblico, que debe ser el fundamento de la predicación (…) Quiero insistir en algo que parece evidente pero que no siempre es tenido en cuenta: el texto bíblico que estudiamos tiene dos mil o tres mil años, su lenguaje es muy distinto al que utilizamos ahora (…) Si el predicador no realiza este esfuerzo, es posible que su predicación tampoco tenga unidad ni orden: su discurso será sólo una suma de diversas ideas desarticuladas que no terminarán de movilizar a los demás”. 

Finalmente, conviene recordar el papel de las mujeres en el trabajo de traducción de la Sagrada Escritura. Según testimonios escritos de San Jerónimo, fue un grupo de mujeres -Paula, Eustoquia, Blesila, Fabiola y, especialmente Marcela, entre otras, las que no solo lo sostuvieron económicamente para realizar su trabajo, sino que fueron las que, con su insistencia, interés y dedicación al estudio del texto bíblico, le ayudaron a mantener la constancia en su trabajo y llegar a los logros que la historia le reconoce. 

El mismo Jerónimo agradece la insistencia de estas mujeres y dice que muchos le critican por enseñarle a las mujeres -a las que se les considera el sexo débil- y no a los varones, pero él mismo cuenta, que los varones no le preguntaban nada y en cambio ellas estaban ahí, haciéndole preguntas con gran rigor intelectual y pertinencia sobre los temas bíblicos. Más aún, alaba la inteligencia de estas mujeres y la rapidez con que alguna de ellas aprendió el hebreo -ya sabían griego y latín-, reconociendo que había aprendido mucho más rápido que él y con mucha más fluidez y excelente pronunciación. 

En una de sus cartas llama a Marcela “supervisora de sus trabajos”, es decir, ella no solo controlaba el rigor intelectual de Jerónimo sino también organizaba su trabajo. Fue tanta la ayuda que ellas le prestaron que muchas de sus obras las dedica a estas mujeres. Pero aún más. Cuando Jerónimo perdió buena parte de su visión, fueron estas mujeres las que le ayudaron en su tarea, con lo cual no sería de extrañar que algunos de los escritos de Jerónimo sean de autoría de estas mujeres o por lo menos le hayan dado muchos de los insumos que luego este redacta en sus obras. Ellas también se encargaron de la edición y divulgación de sus escritos, a pesar de las resistencias que encontraron en los inicios. 

En definitiva, celebrar la Sagrada Escritura es comprometernos con el estudio serio sobre ella y el propósito de hacerla alimento sólido de nuestra espiritualidad pero también -para actuar en justicia-, reconocer el papel de las mujeres en tantas realidades en las que han sido protagonistas y se les ha invisibilizado y, en este caso, si se honra la memoria de San Jerónimo, con más razón deberíamos honrar la memoria de estas mujeres, sin las cuales no hubiera sido posible dicha traducción que fue tan importante para la Iglesia católica durante tanto tiempo. 

Día de los migrantes y refugiados

El Papa: Construir con migrantes y refugiados porque el futuro es hoy

Nuevo video con la participación del Papa en el marco de la campaña de comunicación promovida por la Sección de Migrantes y Refugiados del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, con motivo de la 108ª Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado. «Los jóvenes -subraya Francisco- deben ser los protagonistas del futuro».

Vatican News

«El futuro empieza hoy, empieza con nosotros. No podemos dejar la responsabilidad de las decisiones a las siguientes generaciones». Este es el mensaje del Papa Francisco en el vídeo de la campaña de comunicación promovida por la Sección de Migrantes y Refugiados del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral de cara a la 108ª Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, que se celebrará el domingo 25 de septiembre, y que se centra en el tema: «Construir el futuro con los migrantes y refugiados».

El Papa se pregunta qué decisiones hay que tomar ahora, y como respuesta hay algunos testimonios que subrayan la necesidad de acompañar a los jóvenes en el camino de las soluciones sostenibles. Acompañan a las palabras de Francisco los testimonios de dos jóvenes embajadores de Talitha Kum comprometidos en la lucha contra la trata de personas. Los dos jóvenes relatan el azote del fenómeno en Asia y cómo trabajan para ayudar a los necesitados, comprometiéndose así a construir un futuro mejor.

Para contribuir a la reflexión, puede enviar un breve vídeo o una foto con su respuesta a media@migrants-refugees.va o ir directamente a los medios sociales de la Sección M&R (https://migrants-refugees.va/es/). Para celebrar la GMMR, en la página dedicada a ello del sitio web se puede encontrar un kit en diferentes idiomas que contiene: consejos para la celebración Eucarística, oraciones, actividades para jóvenes y adultos y mucho más. La Sección de Migrantes y Refugiados estará encantada de recibir y publicar vídeos o fotografías del GMMR de las diferentes comunidades.

Para hacer oración de la Palabra de Dios

La Palabra de Dios es la fuente primera, básica e insustituible de la oración.

La oración es la respiración del alma, ha afirmado el Papa Benedicto XVI. La oración no es tiempo perdido, sino tiempo precioso. La oración -escribió Tagore- es el cerrojo de la tarde y la llave de la mañana. “La oración -definió Santa Teresa de Jesús- es tratar de amistad, aun tratando tantas veces a veces con quien sabemos nos ama”. La oración es coloquio y contemplación de amor: “Me mira y le miro”, que dijera el Santo Cura de Ars.

Cayó hace tiempo en mis manos el siguiente decálogo anónimo de consejos sobre la oración desde la Palabra de Dios. Dice así:

1.- ESCUCHA: Calla y escucha: el cielo emite día y noche.

2.- ESCUCHA BIEN: No ores para que Dios realice tus planes, sino que para descubras e interpretes los planes de Dios.

3.- PIDE: Pero no olvides que la fuerza de tu debilidad es la oración.

 4.- PIDE BIEN: Hazlo atento, humilde, confiado, insiste, unido a Cristo. “Pedid y recibiréis”, dijo el Señor.

 5.- REZA DE CORAZÓN: ¿No sabes qué decirle a Dios? Háblale de vuestros mutuos intereses. Muchas veces. Y solas. Con confianza, con infinita confianza porque El es tu Padre.

6.- CALLA: No conviertas tu oración en un monólogo. Harías a Dios autor de tus propios pensamientos.

7.- SÉ TÚ MISMO: No seas ni engreído ni falsamente humilde. Reza como el publicano no como el fari[1]seo.

8.- ESTÁ: No te agobies por las distracciones involuntarias. Descuida: Dios, como el sol, broncea con solo ponerse delante.

 9.- LEE: Si alguna vez piensas, cuando hablas con Dios, El nos responde, lee la Biblia. Es su Palabra. Palabra de vida eterna, Palabra que hoy y aquí te habla a ti.

10.- VIVE: No hables nunca de ratos de oración: ten “vida de oración”. Y reza confiado, por ejemplo, en la hora del alba: “He venido a ti para que me toques con Tu mano antes de comenzar yo mi día. ¡Descansa un momento tus ojos en mis ojos; déjame que me lleve a mi trabajo la certeza de tu amistad, Amigo mío! ¡Llena mis pensamientos de tu música, para que me dure en todo el desierto del ruido! ¡Qué el sol de tu amor bese las cimas de mis pensamientos y se atarde en el valle de mi vida, donde esté granando mi cosecha!” (Tagore)

La Merced en tiempo de cautiverios y cárceles

Virgen de Merced, redentora de cautivos y encarcelados. Relectura de Mt 25

Celebra hoy la Iglesia el día de la Merced, esto es, del cuidado y liberación de los cautivos y encarcelados. Comenzó esta fiesta a principios del XIII, cuando unos frailes (=hermanos) de “merced” crearon en Barcelona una “orden” (institución) cívico-religiosa para atender y redimir a cautivos y encarcelados. Le llamaron “Orden de Santa María de la Merced” y pusieron como lema y clave de su “constitución·, fijada el año 1275, el texto de Mt 35, 31-46.

               Ésta fue entonces fiesta y tarea importante. Esta fiesta y tarea vuelve a ser muy importante en el momento actual (año 2022) tiempo de duros cautiverios y cárceles.  Por eso he querido ofrecer ese día una lectura actual del texto básico de la “merced”, esto es, de la redención de cautivos y encarcelados. Buen día de Merced a todos los amigos, hermanos y colaboradores de la obra de Merced en la humanidad y en la Iglesia.

Por X.Pikaza

Texto final y confirmación del compromiso de “merced”   en la Constitución de 1275:

(Traducción castellana) Por la cual obra de misericordia o merced…, todos los frailes de esta Orden  estén siempre alegremente dispuestos a dar sus vidas, si es menester, como Jesucristo la dio por nosotros; a fin de que en el día del juicio, sentados a la derecha por su gran misericordia, sean dignos de oír aquella dulce palabra que con su boca dirá Jesucristo: Venid, benditos de mi Padre, a recibir el reino que os está preparado desde el comienzo del mundo: porque estaba en la cárcel y vinisteis a mí, estaba enfermo y me visitasteis, tenía hambre y me disteis de comer, tenía sed y me disteis de beber, estaba desnudo y me vestisteis, no tenía posada y me recibisteis.

En el siglo XIII, aquellos  frailes-hermanos de,  bajo el patrocinio de la madre de Jesús, a la que llamaron Virgen de Merced, interpretaron de un modo práctico el texto fundamental de Mt 25, 31-46. Siguiendo aquella tradición, también yo he querido re-intepretar ese pasaje, fijándome de un modo especial en el problema de los encarcelados (en el que incluyo a los cautivos).

Un tiempo de cárceles y cautiverios

 La cárcel constituye, un elemento característico de la sociedad moderna (ilustrada) que, por un lado, dice ofrecer y ofrece un tipo de libertad formal a todos los ciudadanos, pero que por otro, (para defender la seguridad del “sistema” de poder) necesita expulsar y encerrar a los que juzga «peligrosos». Ciertamente, parece que por ahora (año 2022) no se ha implantado en ningún país una sociedad plenamente carcelaria (prescindiendo de las grades dictaduras terroristas, como han podido ser la nazi, la estalinista y cierto comunismo chino, por citar sólo las tres más importantes), pero muchos estados actuales (incluidos los de América) tienden a organizarse de forma “carcelaria”.

                La sociedad antigua esclavizaba a los vencidos y castigaba físicamente (y mataba) con frecuencia a los disidentes, contrarios y “delincuentes”, manteniendo de esa forma su estabilidad, sin que necesitara intervenir el Estado en cuanto tal, de manera que muchas culturas, el derecho de sangre (castigo y venganza) lo ejercían los parientes o familiares cercanos de la víctima (entre los que se contaba el “goel” o vengador de sangre). Lógicamente, las cárceles eran pasajeras o poco importantes. Tampoco el sistema esclavista, de fuerte estatificación social, como el de la Edad Media europea, necesitaba cárceles (a no ser para nobles o eclesiásticos superiores), pues seguía matando a los más “peligrosos”, mientras esclavizaba al resto, dentro de un “orden” donde no todos tenían las mismas libertades.

La cárcel, tal como actualmente se conoce, ha surgido sólo en el momento en que los Estados modernos han asumido en su territorio el monopolio de la justicia legal y de la violencia legítima, encerrando, vigilando y castigando a los peligrosos o «culpables», apareciendo así como garante de una ley puesta al servicio del sistema establecido. Pues bien, el sistema carcelario que, en algunos países como España tiene por Constitución una finalidad “terapéutica” (la reeducación y resocialización de los “transgresores”: Constitución España 25, 2) parece estar en crisis, tanto en sentido jurídico-social como moral, y son muchos los que piensan que no puede mantenerse en su forma actual.

Son muchos los que piensan que hemos entrado en un momento clave de la historia, de manera que, si mantenemos y aumentamos el tipo de cárceles actuales, en vez de suscitar fraternidad y sororidad (en adelante diré sólo “fraternidad”) corremos en riesgo de enterrar no sólo los ideales cristianos (centrado en la ayuda a los necesitados), sino los mismos principios democráticos de una sociedad que presume de libertad, fraternidad e igualdad (conforme al lema fundante de la Revolución Francesa. Nuestras “constituciones” y normas fundantes siguen proclamando la igualdad, libertad y fraternidad ante, la Ley, pero la mayor parte de los encarcelados provienen de situaciones sociales de opresión e injusticia, de manera que la cárcel constituye una forma de sometimiento para ciertos colectivos marginados. En esa línea, puede hablarse de una profunda relación entre dos hechos:

‒ Un tipo de Sociedad-Estado crea la cárcel, para que los ciudadanos “pacíficos” no corran el riesgo de ser atacados (robados, matados) por los “asociales” del entorno. De esa forma, un tipo de Estado, que debía estar al servicio de todos los ciudadanos, se pone de hecho al servicio del Gran Capital, que le utiliza para su provecho.

‒ La cárcel va creando un tipo de Estado Policial, que sirve para proteger y defender al Capital, y que sólo puede mantener su producción y consumo, sus estructuras y formas de organización, expulsando y encerrando en la cárcel a un determinado tipo de ciudadanos, especialmente enfermos y débiles.

 Nos hallamos, pues, ante una especie de contradicción que define el conjunto de nuestra sociedad. (a) Por un lado, como herederos de la gran Ilustración europea del siglo XVIII-XIX, podemos afirmar que la cárcel es signo de la racionalidad de la justicia, propia del Estado, que asume el monopolio de la legalidad, y así “libera” al conjunto de la sociedad de aquellos individuos que suponen un peligro para ella.

‒ Pero, de hecho, la misma cárcel que debía presentarse como garantía de justicia social, se ha convertido en signo de falta de racionalidad y en motivo de injusticia (contraria a la fraternidad básica de todos los hombres, pues no cumple su objetivo: no consigue detener la violencia del sistema, ni rehabilita a los detenidos, ni está al servicio de la libertad y vida de todos, sino de la seguridad de un tipo de economía.

Iluminación bíblica Mt 25, 31-46

              Esta parábola constituye el final y compendio de las enseñanzas de Jesús. Algunos de sus rasgos pueden encontrarse no sólo en Israel, sino en otras naciones y culturas cercanas y lejanas (de Mesopotamia a Grecia, de Egipto a China…). Pero en su conjunto, ofrece un mensaje único en la historia de la humanidad y ha marcado no sólo la visión del cristianismo, sino de la cultura de occidente (y del mundo).

[Parábola] 25 31 Pues cuando venga el Hijo del Hombre en su gloria, y todos los ángeles con Él, entonces se sentará en el trono de su gloria; 32 y serán reunidas delante de Él todas las naciones; y separará a unos de otros, como el pastor separa las ovejas de las cabras. 33 Y colocará las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda.

[Salvación] 34 Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo. 35 Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui extranjero y me acogisteis; 36 estaba desnudo y me vestisteis; enfermo y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí. 37 Entonces los justos le responderán, diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te alimentamos, o sediento y te dimos de beber? 38 ¿y cuándo te vimos extranjero y te acogimos o desnudo, y te vestimos? 39 Y cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel y vinimos a ti? 40 Respondiendo el Rey, les dirá: En verdad os digo: cada vez que lo hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí lo hicisteis.

Obras mesiánica: Fraternidad Justicia, Servicio, Acogida

Los seis dolores mesiánicos del texto, que el Hijo del Hombre ha compartido (hambre-sed, exilio-desnudez, enfermedad-cárcel), se identifican con los sufrimientos reales de miles y millones de personas, no tienen nada de específico cristianos, como seguiré indicando. Pues bien, frente a ellos eleva nuestro texto las obras de ayuda que los hombres (los juzgados) deberían haber realizado para superar esos dolores (dar de comer y beber, acoger y vestir, visitar y ayudar a los necesitados), en clave de fraternidad, a fin de que la historia humana fuera lugar y presencia de Dios.

               La tradición cristiana posterior, al menos desde la Edad Media, les ha llamado “obras de misericordia”, añadiendo una más (enterrar a los muertos) y creando así una terminología específica, que ha definido la conciencia posterior de la Iglesia, tendiendo a decir que estas siete obras de misericordia son fundamentales para salvarse, distinguiéndose así de las “obras de justicia”, que serían necesarias para organizar este mundo, pero no para alcanzar la salvación final. De esa manera se han podido devaluar tanto las obras de misericordia (no servirían para organizar este mundo), como las de justicia (no servirían para la vida eterna). Pues bien, en contra de eso, el mismo texto afirma que estas son obras de fraternidad justicia, servicio y acogida/episcopado:

Son obras de fraternidad (fraternidad-sororidad), como he puesto de relieve en Hermanos de Jesús y servidores de los más pequeños (Sígueme, Salamanca 1984) insistiendo en la complementariedad entre fraternidad y serfviciopues el Cristo Juez define a todos los necesitados como sus hermanos, y de un modo especial como “sus hermanos más pequeños”. Ésta no es una fraternidad de puro nacimiento biológico, sino de comunión y comunicación humana.

Son obras de obras de justicia, como dice expresamente el texto, pues aquellos que las cumplen se llaman justos: “Entonces responderán los justos (dikaioi)”, es decir los de la derecha (25, 37), es decir, los que han dado de comer y beber a los necesitados. Al utilizar este lenguaje, el texto asume no sólo toda la tradición de la justicia del Antiguo Testamento (la Tsedaqa: ayuda a los necesitados), sino todo el mensaje de Jesús en el evangelio de Mateo, a quien podemos llamar el evangelio de la justicia (cf. Mt 5, 20 hasta 23, 23).

Son obras de servicio, es decir, de diakonía, como dice expresamente la pregunta de los “condenados”: ¿Cuándo te vimos hambriento, sediento… y no te servimos” (kai ou diêkonêsamen soi?; 25, 44). No se trata pues de unas obras de misericordia más o menos discrecional, sino de servicio humano, en el sentido radical de la palabra, que todo el Nuevo Testamento ha situado en el centro del mensaje de Jesús de la tarea de la Iglesia. En un sentido extenso, el Nuevo Testamento distingue entre el doulos o esclavo, que sirve por necesidad, es decir, por condición social, el diakonos o siervo, que es un hombre libre, que sirve a otros por su propia voluntad., aunque a veces los matices se solapan. Sea como fuere, Jesús aparece en el Nuevo Testamento como el el gran servidor o diakonos, aquel que ha venido a servir a los demás, regalándoles la vida (cf. Mt 20, 28).

               Aquí se expresa la gran revelación de este pasaje: El hombre está hecho para “servir a Dios”, sirviendo a los necesitados (en esa lista que va del hambriento al encarcelado). Servir es dar o, mejor dicho, darse para que el otro viva. Este descubrimiento de la solidaridad universal y del servicio concreto a los demás, como expresión y presencia de Dios (plenitud del hombre) constituye el mensaje central del evangelio. El hombre es el viviente cuya realidad se expresa en forma de amor activo a los demás, en línea de servicio. Ésta es la verdad y el contenido de la justicia, el servicio interhumano.

‒ 4. Son obras de solidaridad y comunión humana, en el doble sentido de entrega activa (de ir donde los necesitados: los enfermos y los encarcelados) y de acogida (de recibir, synagogein,a los extranjeros…). En este contexto evoca el evangelio la palabra clave de la tradición judeo-cristiana de su tiempo, que es la de acoger y crear espacios de diálogo y convivencia, tal como se realiza especialmente a través de las “sinagogas”. A diferencia de la tradición judía, la cristiana ha puesto más de relieve la palabra “iglesia”, entendida en sentido más confesional, como asamblea en la que se reúnen los “convocados” y celebran el misterio de Jesús (cf. Mt 16,18 y 18,17). Pero en Mateo (y en la iglesia primitiva) sigue siendo fundamental la experiencia de la “acogida” humana, tal como se expresa por la palabra synagogein, sinagoga.   

               No se trata, pues, de ayudar simplemente desde fuera (como podría suceder en el caso de dar de comer y de beber a otros en sentido material, como puede suceder dando comida a los animales estabulados), sino de acoger en la propia casa de fraternidad a los de otros grupos, formando así comunión humana, un espacio de diálogo integral, superando los enfrentamientos divisiones que se van estableciendo entre grupos y grupos. Así lo ha destacado 25, 35. 38. 43, poniendo de relieve la importancia de la “acogida”, como creación de un espacio de convivencia humana

Son finalmente obras de episcopado, en el sentido también radical de la palabra. Como estamos viendo, los representantes de la humanidad y fraternidad de Dios son los que sufren, los necesitados (los hambrientos-sedientos, enfermos-encarcelados). Pues bien, en esa línea los representantes del Dios salvador son los que hacen justicia, sirviendo a los otros y acogiéndoles. En ese contexto ha proclamado Jesús la palabra central del “episcopado”, tanto en referencia a los enfermos (me cuidasteis: 25, 35), como en referencia a los enfermos y encarcelados (25, 43), utilizando en ambos casos el verbo episkeptomai (tener cuidado de, ayudar), del que viene el sustantivo episcopos, obispo, que es una especie de “superintendente”, encargado del servicio mutuo en la comunidad.

Derechos humanos, obras de servicio El camino de la fraternidad

En ese contexto presenta y condensa este pasaje los seis sufrimientos básicos de la historia humana, que no son propios de un determinado pueblo o religión, de de un Estado concreto, de una clase social, sino de todos los seres humanos, representados de un modo especial por los más pequeños, es decir, por los que sufren.

‒ Mt 25, 31-46 ofrece quizá, la primera tabla social (universal) de los derechos humanos, la más concreta e importante de todas. Éstos no son los derechos de una nación, de un Estado social, de una Iglesia… sino los derechos de la fraternidad humana empezando por los pobres. Éstos son ante todo los derechos de los pobres (hambrientos, encarcelados), no en sentido general, como en la Revolución francesa (libertad, igualdad, fraternidad), sino en una línea concreta, que implica y exige la presencia, ayuda y asistencia del conjunto social (=dar de comer, visitar al encarcelado). Éstos son los derechos que todos los hombres y mujeres tienen a ser atendidos.

‒ Esos derechos marcan y definen el carácter divino de la vida humana, pues son los deberes y derechos del mismo Dios, que se ha encarnado en Cristo, no sólo de un modo individual (en Jesús, un hombre concreto), sino en sentido universal: en todos los hombres, y de un modo especial, en cada uno de los pobres en concreto, que son “hermanos” de Jesús, presencia de Dios. Esta encarnación de Dios (de Cristo) en los pobres-necesitados marca identidad suprema de la vida humana, como vida de Dios.

‒ Esos derechos suscitan unos deberes correspondientes, que se fundan en la gracia y compromiso básico de reconocer, acoger y ayudar al mismo Dios que está presente en los necesitados. En esa línea, el deber fundamental no es el de honrar a los poderosos, sino el de atender, acoger y cuidar a los necesitados.

Esos sufrimientos (con el deber que suscitan de ayudar a los necesitados) eran en tiempo de Jesús y siguen siendo en nuestro tiempo (2017) los sufrimientos y dolores normales de la gente, en un contexto y circunstancia de pobreza. Significativamente entre los que sufren esos males el texto no presenta de una manera expresa a los esclavos, ancianos o moribundos, ni a los huérfanos o viudas, ni a los marginados sexuales ni a los impuros religiosos, los publicanos o prostitutas…, sino que se limita a evocar seis tipos de hombres o mujeres sometidos a necesidades generales de tipo universal, que son como un compendio de todas las necesidades y opresiones de los hombres .

‒ Estas seis necesidades no son en principio de tipo religioso ni de estructura eclesial (el problema de fondo no es la falta de evangelización estricta, de buena religión o sacramentos…), sino de tipo humano, en el sentido básico del término. La iglesia cristiana, comprometida a cumplir estas “obras” (dar de comer, acoger al extranjero, visitar al encarcelado…), según el evangelio, ha de ponerse ante todo al servicio de la humanidad necesitada, por encima de un pueblo concreto (Israel, Antiguo Testamento), no para negarlo, sino para universalizar su aportación, o por encima de la misma iglesia, como institución creyente, tampoco aquí para negarla, sino para indicar mejor el sentido universal de su experiencia de Dios y su tarea de servicio humano.

‒ Son obras abiertas a todos los pueblos, es decir, a todas las unidades sociales, entendidas en forma cultural o social, obras de fraternidad universal, dirigidas a cada uno de los hombres y mujeres, de los pueblos y naciones,  cada uno pueblos con su propia identidad, conforme a una visión común del Antiguo Testamento, que divide a los hombres y mujeres en lenguas y naciones (no en imperios, estados o clases sociales), para vincularlos después desde las necesidades de cada uno de ellos, en línea de fraternidad. Significativamente, este pasaje deja a un lado las grandes unidades políticas (imperios, estados, reino…) que, a su entender son secundarias, para situarnos ante los pueblos, entendidos como unidades culturales y sociales de convivencia. Pero después tampoco los pueblos como tales importan, pues en contra de las grandes diatribas de los mensajes proféticos contra los estados-pueblos (cf. Ez 25-32), aquí esos estados-pueblos desaparecen inmediatamente, de manera que ante el juez final quedan sólo hombres concretos, de cualquier pueblo o nación. Esas necesidades son las que vinculan a todos los pueblos y las que suscitan una serie de “obras”.

‒ Estas obras no son todas las que deben realizarse, sino un compendio de ellas, como una indicación, un ejemplo y resumen de todas las posibles. No han de verse, por tanto, de un modo excluyente, sino inclusivo, pues en ellas se condensan todas las que pueden y deben realizarse a favor de los necesitados, hombres y mujeres sin distinción (¡aquí no hay nada exclusivo de hombres, nada de mujeres, todo se dirige a los seres humanos, incluidos varones y mujeres, grandes y niños, en la línea de Gal 3, 28).

‒ Éstas son, finalmente, unas obras in crescendo, es decir, estructuradas de un modo creciente, entre el hambre y el encarcelamiento. Es muy importante poner de relieve el orden progresivo, como si formaran una “cadena”, es decir, un proceso o progreso que va desde el hambre a la cárcel, que aparece como culminación de todos los males de la historia humana. Resulta fundamental tener en cuenta este ordenamiento, pues nos permite descubrir que la cárcel no nace de sí mismo, sino que, según Mt 25, 31-45, es la consecuencia y culminación de un tipo de males que empiezan con el hambre.

               Como seguiré indicando, estas seis obras son de tipo humano integral, aunque después la Iglesia ha tendido a llamarles obras corporales, añadiendo una séptima (que sería enterrar a los muertos) y poniendo a su lado unas siete obras también importantes, que serían “espirituales” (enseñar a quien no sabe, dar buen consejo a quien lo necesita, corregir al que yerra…). Pues bien, conforme al esquema de Jesús, cuidadosamente estructurado por Mt 26, todas las obras de misericordia se condensan en estas seis, que son espirituales y corporales, que son cristianas siendo universales, que empiezan por el hambre y culminan en la cárcel, como seguiré indicando.

               Por eso, según Mt 25, 31-46, no se puede visitar (liberar) a los encarcelados de verdad si es que no se empieza desde el principio, es decir, dando de comer a los hambrientos, para ir pasando desde ahí a todas las restantes (dar de beber, acoger a los exilados, vestir a los desnudos…). En ese sentido el “apostolado carcelario” (es decir, el envío de los cristianos a las cárceles del mundo) ha de entenderse como culmen y compendio de un testimonio completo de vida mesiánica, es decir, de compromiso al servicio de los necesitados.

Tuve hambre y me disteis de comer (Mt 25, 35)

En principio, el hambre es una necesidad material, y parece fácilmente remediable, pues la tierra ofrece mucho alimento, y el hombre actual sabe producir, de manera que hay comida suficiente para todos. Pero de hecho los hombres concretos no saben o no quieren compartir la comida (los bienes), de forma que unos tienen pan sobrante y otros mueren por falta de alimento. Por eso, aunque el hambre tiene varias raíces(escasez de recursos, desgracias, subdesarrollo de algunos colectivos…), en sentido más profundo, ella proviene de dos principales: el egoísmo de algunos y la injusticia del sistema social.

‒ Éxodo, liberación de los hambrientos. La historia bíblica empieza resaltando la abundancia de la tierra (Gen 1), un paraíso, regalo de Dios y objeto del cuidado/trabajo de los hombres (Gen 2). Pero la necesidad apareció muy pronto: “Hubo entonces hambre en la tierra y descendió Abrahán a Egipto para vivir allí, porque era mucha el hambre en la tierra” (Gen 12,10). Ese pasaje supone que (a diferencia de lo que pasaba entre las tribus trashumantes y los cananeos) los egipcios habían logrado racionalizar la producción y reparto de alimentos, de forma que así podían vender “pan” a los necesitados.

Por eso los hijos de Jacob (“descendientes” de Abraham) “bajaron” a Egipto en busca de comida, pues tenían hambre, pero fueron esclavizados por los amos de la tierra, viniendo a convertirse en siervos de un sistema opresor que les utilizaba para construir grandes obras de seguridad nacional (cf. Gen 37-41; Ex 1-2).

‒ El evangelio sabe que no sólo de pan material vive el hombre, pues antes que el pan se encuentra la Palabra (cf. Mt 4, 1-4 par.), pero sin pan no se vive. Así responde Jesús al Diablo tentador, que puede producir pan material, pero no quiere compartirlo, pues pone el mismo pan (lo pone todo) al servicio de la destrucción humana. Ese pan del Diablo se parece al de un sistema económico, que produce mucho, pero no alimenta a todos, sino a sus privilegiados (y a los que necesita para producir y vender sus productos), dejando morir a otros muchos. Para que los hombres compartan el pan han de aprender a compartir la vida, como lo había visto Pablo, al afirmar que la verdad del evangelio es “synesthiein” (comer juntos: Gal 2, 5.14), no que cada uno coma en su mesa (saciando su necesidad, sin ocuparse de los otros), sino compartiendo el pan y la palabra, es decir, la humanidad.

Tuve sed y me disteis de beber (Mt 25,35).

 El agua era (y sigue siendo) tan urgente y necesaria como el pan, pues en zonas y tiempos de sequía el mayor riesgo para el hombre es la falta de bebida, como así aparece indicarlo Mt 10, 42: “Aquel que os diere de beber un vaso de agua, no quedará sin recompensa”. Conforme, al conjunto de la Biblia, Dios ofrece el agua, para que los hombres la compartan, en un plano de conjunto, donde se vinculan el aspecto material y espiritual, físico y social.  

Ciertamente, el agua tiene otros sentidos, pero la primera bendición de Dios, la más importante, es aquella que debemos dar a los pobres, compartiéndola con ellos, para así vivir en hermandad. Sólo partiendo del agua podemos hablar de otras obras de misericordia: Vestir al desnudo, acoger al extranjero… Lo más espiritual (Espíritu de Dios) se identifica con el don material del agua (bebida para los necesitados). Mientras todos los hombres y mujeres no tengan acceso al agua, en igualdad y justicia, no se puede hablar de fraternidad humana.

En ese contexto se debe recordar la falta de agua y de higiene de los inmensos suburbios de las grandes ciudades modernas, en América, en Asia, en África, sin servicios sociales, sin presencia del Estado, en un contexto de miseria general. Algunos de esos suburbios (favelas, barrios miseria…) se están convirtiendo en cárceles de vida indigna, sin higiene ni seguridad, sin programa educativo ni sanitario, sin otra perspectiva de futuro que un tipo de mendicidad, quizá de robo… Sin atención a este problema, sin compartir el agua, como primero de los bienes (es decir, sin una transformación real de las condiciones de vida de cientos de miles de hacinados de los suburbios del mundo, es decir, sin un programa y proyecto de comunidad integral y re-educación) no puede resolverse el tema final de la cárcel, que es el resultado de una vida hecha de enfrentamientos y de miserias sociales .

  Fui extranjero (indígena…, exilado, de otro color y/o clase social…)  y me acogisteis (Mt 25,35).

Acoger se dice en griego synagô, recibir, reunir en un grupo. De la misma raíz proviene la palabra sinagoga, reunión o comunidad, en sentido social. Pues bien, en ese contexto, Jesús pide que acojamos en nuestro grupo (asamblea) a los extraños (xenoi), en gesto de hospitalidad integral, es decir, humana, en el sentido espiritual y social. No se trata de recibir sólo a los demás (a los extranjeros) en una iglesia entendida en línea espiritualista, sin más vínculos que un tipo de oración aislada de la vida, ni tampoco de ofrecer unos servicios sociales desde un plano superior (desde fuera), sino de acoger en comunidad, compartiendo la propia vida con los marginados y extranjeros.

En esa línea, este pasaje de juicio supone que, de un modo individual o en grupo, los seguidores de Jesús han de hallarse dispuestos a recibir a los xenoi o extranjeros, los que han sido expulsados de (o no integrados) en la comunidad mayoritaria. Entendido así, Mt 25, 31-46 eleva una propuesta de grandes consecuencias para una iglesia, que no puede encerrarse como grupo/secta separada, para algunos “fieles propios” (los miembros oficiales) sino que ha de abrirse a los de fuera, no para perder su identidad, para enraizarla y expandir, ofreciendo a los extranjeros un espacio de vida física y social, una casa, en el sentido radical de ese término.

No se trata pues sólo de no rechazar (de ser tolerantes, de respetar, no matar), sino de recibir a los xenoi o extranjeros en la comunión vital de los creyentes, en un tiempo como el de Jesús en el que los no integrados corrían el riesgo de la exclusión social y física (de la muerte), pues era muy difícil vivir sin grupo (patria), sin espacio de humanidad.

Estos xenoi provenían de otros lugares, con otras culturas, pues habían debido abandonar su tierra, casi siempre por razones de paz y de comida, para vivir en entornos económicos, culturales y sociales extraños, en ambientes casi siempre adversos. Solían ser pobres y así en general carecían no sólo de bienes económicos, sino también personales y afectivos. Lógicamente, ellos formaban parte de los estratos socialmente menos reconocidos (valorados) de la población, condenados al ostracismo y rechazados como peligrosos, en una sociedad estamental donde ser extranjero significaba carecer de un espacio social reconocido (apareciendo además casi siempre como fuente de riesgos, de robos etc.). Por eso, al decir “fui xenos y (no) me acogisteis”, el texto piensa ante todo en una iglesia o comunión creyente que ha de ser casa para los sin casa (como dice 1 Pedro) .  

No se trata de extranjeros poderosos que han dejado su hogar antiguo para así triunfar (por armas o dinero), en lugares nuevos sino más bien de aquellos pobres que no son bien acogidos ni en su lugar de origen, ni en su lugar de destino (en caso de que tengan un destino, y no sean de hecho apátridas permanente). Entre ellos están hoy las grandes masas de emigrantes que vienen a países ricos, huyendo del hambre o la muerte, siendo con frecuencia rechazados. Por ellos dice Jesús: Soy extranjero y me (o no me) acogéis.

Es evidente que la iglesia no puede sustituir la responsabilidad política de la sociedad. Más aún, es posible que una emigración indiscriminada y una apertura indistinta a los extranjeros puede resultar poco eficaz, e incluso peligrosa, a no ser que venga acompañada por una transformación general del conjunto de los pueblos. Pero, desde un punto de vista cristiano (conforme a la palabra de Jesús “fui extranjero y no me acogisteis”) la solución no está en cerrar fronteras sino en abrir espacios de colaboración y acogida, poniendo tierra y bienes al servicio de todos los hombres, de manera que nadie tenga que salir por fuerza y todos puedan hacerlo, si quieren, pues el mundo es hogar de comunión universal.

La patria del cristiano es el diálogo y la acogida, abierta con y por Jesús a los más necesitados. Sobre un tipo de derechos estatales, por encima de las imposiciones de tipo nacional o militar, los cristianos creemos en la palabra, esto es, en la comunicación y en la acogida mutua. Significativamente, una parte considerable de los encarcelados de ciertos países más ricos (entre ellos España) provienen de otros países: Son emigrantes pobres, indocumentados, sin papeles…Por eso, el problema de las cárceles está internamente vinculado a la falta de acogida social.

Por otra parte, al lado de las cárceles oficiales se han elevado (se están elevando) otro tipo de lugares de encerramiento que son a veces más dañinos, más siniestros: Los campos de concentración, los campamentos de refugiados, los centros de internamiento de extranjeros (CIES)… De esa manera, junto a las cárceles oficiales (organizadas y dirigidas por Estados “legales”) se extienden y multiplican un tipo de cárceles clandestinas, quizá más peligrosas que las estatales.   Y junto a ellos (en su origen) están los grupos de expulsados, los que van de un lado y de otro, los que se arriesgan y a veces mueren en “pateras”, los que viven encerrados tras grandes muros de separación, los que son objeto de trata de “blancas” (o de negras), encarcelados de hecho en manos de mafias que se aprovechan de su necesidad.

Este problema de los extranjeros ofrece, sin duda, una propuesta abierta a todos, pero Mt 25 piensa de manera especial en los cristianos, que debían (deben) ofrecer a los extraños un espacio de vida, una casa, como sucedía al principio de la Iglesia. Sólo en esta línea puede resolverse en realidad el tema de la cárcel, concebida como institución originaria de expulsión. No puede hablarse en modo alguno de “visita” a los encarcelados si no se empieza acogiendo a los extranjeros, en un mundo donde todos pueden y deben ser acogidos en espacios de comunión fraterna.

Estaba desnudo y me vestisteis (Mt 25,36)

               El vestido definía al hombre por su situación social y oficio. En esa línea habla la Biblia de la armadura de Goliat (1 Sam 17, 4-6. 38-39), y de los ornamentos sagrados del Sumo Sacerdote, descritos de manera minuciosa en Ex 28, pues ellos sirven para ensalzar y sacralizar al ministro del culto: «Harás vestiduras sagradas para tu hermano Aarón, que le den gloria y esplendor…, y para consagrarlo, a fin de que me sirva como sacerdote. Las vestiduras que le harán son las siguientes: pectoral, efod, túnica, vestido a cuadros, turbante y cinturón… para él y para sus hijos, a fin de que me sirvan como sacerdotes» (Ex 28, 1-4).

Esas vestiduras ricas de culto marcan una distancia entre los sacerdotes y el resto de los creyentes, ratificando así las jerarquías sacrales y sociales. Pues bien, al lado de ellas, el Éxodo ha puesto de relieve el valor sagrado de la vestidura de los pobres, que nadie puede usurpar a perpetuidad: “Si tomas en prenda el manto de tu prójimo, se lo devolverás a la puesta del sol, pues no tiene vestido para cubrir su cuerpo y para acostarse? Cuando clame a mí, yo le oiré; porque soy misericordioso (hanun)” (cf. Ex 22, 26).

Este vestido no es objeto de culto, sino de protección para los más necesitados, como ha puesto de relieve la tradición bíblica, al decir que la religión verdadera (ayuno), consiste en vestir al desnudo, ayudándole a vivir en dignidad (Is 68, 7). En ese contexto, desnudez significa exclusión, de manera que los desnudos aparecen como pobres de los pobres, aquellos que no tienen dignidad reconocida, ni derecho, apareciendo sin embargo (¡por eso!) como signo supremo del reino de Dios.

En ese contexto, de un modo muy significativo, Mt 25 retoma la experiencia de Is 58, 7 para quien la verdadera religión (ayuno) se expresa vistiendo (es decir, ayudando) a los desnudos y marginados. En esa línea avanza Ezequiel, cuando dice lo que ha de hacer el justo: “No robar, alimentar al hambriento, vestir al desnudo, no prestar con usura…” (Ez 18, 7.16; cf. Job 22, 6).

Según eso, desnudo no es sólo (ni ante todo) quien no tiene ropa, sino aquel que está excluido, humillado, oprimido por otros, pues carece de la dignidad y lugar social que le ofrece el vestido. El desnudo es un extranjero en su propio país y en su tierra, aquel que no ha podido lograr que se reconozca su dignidad, o ha sido expulsado del orden social.

‒ Se trata, por tanto, de vestir en sentido externo. Por eso, quien tiene ropa sobrante (capa de rey, manto de sacerdote, túnica de labrador) y no viste al desnudo es un ladrón, merecedor del juicio (como supone Juan Bautista: Lc 3, 11).

‒ Pero se trata, sobre todo, de vestir en un sentido integral, creando espacios de dignidad, de cultura compartida, formas de vida en las que nadie sea en principio excluido, rechazado.

Puede mantenerse la traducción usual (y no me visitasteis…), pero, tomada en sentido estricto (limitado), ella resulta imprecisa y acaba siendo falsa, pues no se trata de “hacer visitas” ocasionales a los enfermos, como a parientes lejanos, sino de cuidarles de un modo eficaz. Ese es el sentido de la palabra aquí empleada (epikeptomai), que significa cuidar, “preocuparse por”, organizar las cosas para el bien de los enfermos, como supone el término hebreo que está al fondo (paqad) y el griego ya citado, del que deriva la palabra clave de la iglesia posterior: episcopos, obispo, el que anima y coordina la vida de la comunidad (siendo signo de la presencia de Dios en la Iglesia).

Pues bien, conforme a este pasaje, el hombre o mujer más importante en la Iglesia no es el “episcopos” (obispo) posterior sino el enfermo y necesitado a cuyo servicio ha de ponerse el mismo obispo que le visita y cuida; más aún, en esa línea, todos los cristianos son “obispos”, responsables unos de los otros. En ese fondo aparece con nitidez el “crescendo” de estas “obras de diaconía”, que nos llevan de lo que parece más externo (hambre/sed) a lo realmente humano (acoger al extranjero, vestir al desnudo…), para crear de esa manera una comunidad de atención y solicitud a favor de los demás, y en especial de los débiles/enfermos, una comunidad de acogida, cuidado y madurez, pues sin ella el hombre acaba siendo un oprimido, utilizado por los otros o condenado a la cárcel.

Estuve en la cárcel y vinisteis a mí (25, 36), cuidasteis de mi (Mt 25, 43).

En el contexto de Jesús y de la primera iglesia, en el mundo judío y el imperio romano, en tiempos de Mateo (hacia el 85 d.C.), los encarcelados solían ser personas que estaban en prisión por poco tiempo, en espera de juicio, por algún “delito” social o político, en espera de ser liberados o condenados a muerte. En ese contexto, el Evangelio de Mateo ha citado varios tipos de persecución contra los cristianos, por motivos de fe o compromiso religioso (desde Mt 5, 11-12 hasta 23, 34-36 y 24, 9-14). Pero nuestro pasaje (Mt 25, 31-46) no habla ya de cristianos encarcelados a causa de su fe, sino de un abanico más amplio de personas (cristianas o no) mantenidas en prisión, por diversas causas personales y sociales, institucionales e individuales.

En ese sentido resulta significativo el hecho de que Mt 25, 31-46 presente al final de su lista de necesitados los encarcelados, tras los hambrientos-sedientos-extranjeros-desnudos-enfermos, como para indicar que en ellos se condensan y culminan todos los males de la sociedad, que son signo de la presencia de Dios sobre la tierra. Y sigue siendo significativo el hecho de que no les presente en modo alguno como culpables (pero tampoco como inocentes), sino simplemente como “detenidos”, es decir, como personas que está bajo custodia o confinamiento (en phylakê), sin añadir ningún tipo de reflexión moralista, judicial o social .

Pues bien, estos encarcelados, a quienes la sociedad encierra (expulsa) como peligrosos, culminando con ellos el camino que empieza con el hambre y sed y sigue con el exilio, desnudez y enfermedad, son para Jesús una especie de piedra angular de la comunidad mesiánica, en la línea del cimiento del reino que es el mismo Hijo de Dios que ha sido expulsado de la “viña” (de la buena sociedad) y condenado a muerte, pues no cabe en el edificio de la sociedad dominante (cf. 21, 43).

Sin duda, algunos encarcelados pueden representar un peligro para la vida de los demás (por perturbación psíquica o tendencias agresivas/homicidas insuperables) social, y no es sensato que queden sin más en libertad. Pero en conjunto, de hecho, la mayoría de los encarcelados actuales no van en contra de los valores humanos como tales, sino de este tipo de sociedad, de manera que resulta necesario un proceso de cambio social para superar la cárcel, sin olvidar, al mismo tiempo, la obra de presencia y ayuda a los encarcelados concretos.

Por eso, en este contexto, Jesús quiere ofrecer a los encarcelados una presencia humana de cuidado (¡como obra que se hace a Dios!), pidiendo a sus discípulos que se ocupen de ellos (estrictamente hablando, que les acojan y cuiden). La transformación de la sociedad resulta inseparable de la atención a los encarcelados reales.

 En un sentido más personal, la opresión más fuerte del ser humano puede ser la enfermedad, vejez y muerte de cada uno, como han puesto de relieve Buda y el Budismo, al insistir en la transformación personal de cada uno, superando sus deseos que conducen al sufrimiento. Pero en un plano social, conforme a la dinámica de la Biblia hebrea y a la experiencia de Jesús, tal como ha sido condensada en Mt 25, 31-46, la necesidad y dolor más alto se expresa en los encarcelados (y en las víctimas que ellos mismos han podido producir, quizá matando, robando…).

Al situarse ante ellos, Jesús no defiende ni condena el posible pecado moral de esos encarcelados, ni instituye una dinámica de tipo judicial, para saber si son o no culpables (cf. Mt 7, 1), para que así respondan a la justicia del mundo, sino que asume su dolencia y pide a la comunidad que se ocupe de ellos, que les visite y cuide, en un gesto mesiánico de solidaridad salvadora.

En un nivel externo, ese gesto de ayuda a los encarcelados parece oponerse a la a la sentencia final de este pasaje. Por un lado, Jesús pide a sus seguidores que visiten/atiendan a los encarcelados (no que les condenen). Pues bien, desde ese presupuesto: ¿Cómo podrá decir, al fin, a los de la izquierda que vayan al fuego, esto es, a la cárcel “eterna” (25, 41.46), sin visitarles ni ayudarle, a los que no han ayudado/visitado a los encarcelados?

La cárcel, tema teológico y social, una gran paradoja. A partir de todo lo anterior se plantea la gran pegunta: ¿Puede Dios condenar al infierno final a los “injustos” (es decir, a la cárcel eterna) si él manda a los hombres que no condenen a los encarcelados, sino que les ayuden? En ese contexto, Mt 25,31-46 plantea un tema que resulta teóricamente insoluble, pues nos sitúa ante el misterio del mal, con la posibilidad de una “destrucción eterna” de los malvados, es decir, de aquellos que no ayudan a los otros.

Urgencia social, ayudar a los encarcelados. Desde el fondo anterior se entiende la tarea (exigencia) de ayudar a los encarcelados. Jesús no quiso destruir por la fuerza las cárceles de su tiempo (siglo I dC), ni pide a sus discípulos que destruyan por la fuerza las cárceles de ahora (s. XXI), pero introduce en este contexto carcelario (penitenciario) un principio de inversión (de transformación) que se expresa en forma de cuidado, a fin de que ellas (las cárceles) puedan convertirse en escuela especial de humanidad, lugar de presencia solidaria y cuidado, como indica la palabra epeskepsasthe: “Estuve en la cárcel y cuidasteis de mí” . De aquí derivan tres consecuencias importantes para los cristianos:

‒ El cristiano acepta en un sentido el orden judicial como expresión de justicia intra-mundana (cf. Rom 13,1-7). Eso significa que no quiere convertirse en guerrillero, para tomar por asalto la cárcel y liberar con violencia a los presos (como podría suponer una lectura sesgada de Lc 4, 18-19: He venido a liberar a los presos. Eso significa que Jesús se (nos) introduce en el contexto de la justicia carcelaria que actualmente existe, dentro del orden actual de la sociedad, pero invirtiendo de algún modo su tendencia, poniéndose al servicio de los encarcelados (para bien de toda la sociedad).

 Pero el cristiano quiere transformar las cárceles actuales, no destruyéndolas en sentido violento (con otra violencia que sería también opresora), sino convirtiéndolas en lugar de humanización (de fraternización, no de castigo). En esa línea, el cristiano visita a los encarcelados (es decir, va a ellos y les cuida: estaba encarcelado y vinisteis a mí: 15, 37.39), a fin de ocuparse de ellos (es decir, de visitarles y servirles: 25, 43-44), porque sabe que el sistema judicial en sí resulta insuficiente, no libera al ser humano, sino que se limita a controlar una violencia que parece incontrolada (o a-social) con otro tipo de violencia controlada. Por eso, aceptando en un plano la cárcel, el cristiano quiere superarla.

‒ Este principio cristiano (visitar/cuidar a los encarcelados) está abierto a la superación del sistema carcelario, convirtiendo las medidas de prisión (encerramiento físico) en un medio para la transformación personal y social de los presos, en la línea de la práctica penitencial de la Iglesia en los siglos IV-VII d.C. El cristiano quiere crear formas eficaces y misericordiosas de re-educación de los culpables (sin necesidad de este tipo prisión externa), de manera que sólo algunos especialmente “peligrosos” podrían (quizá deberían) quedar físicamente encerrados. Éste es, un deseo humanista, pero de fondo cristiano, que ha de aplicarse en los próximos decenios, para que la condena de los culpables no se expresa en forma de venganza, sino como ofrecimiento de una oportunidad de transformación humana.

En el límite social, un camino de reeducación en gratuidad, de comunicación en amor.

En otro tiempo, las mismas sociedades tradicionales educaban a los jóvenes a madurar en clave humana, tanto en el campo laboral como en el despliegue del amor (y el matrimonio), con diversas formas de iniciación. Actualmente nos hallamos en un momento de crisis, como el de Jesús, con millones de personas derrumbadas (locos, posesos…). Pues bien, la respuesta ante esa situación no es sin más la de impartir o realizar un tipo exorcismos rituales con los encarcelados, en el sentido casi sacramental del término, sino que es educar para curar y curar de hecho al conjunto social y a las personas que se sitúan en el entorno de la cárcel, de un modo intenso, no sólo con las terapias de tipo psicológico normal, sino con otras de tipo más hondo, en la línea de Jesús, como he puesto de relieve al hablar de sus “milagros”.  

En otro tiempo, cuando niños y mayores maduraban dentro de un espacio familiar ampliado, parecía menos necesaria esta educación para personas con una psicología distinta (¿difícil?) o con deficiencias sensitivas, motoras o afectivas (disminuidos, enfermos…). Pues bien, hoy se plantea con gran fuerza esa exigencia, desde la perspectiva de Jesús, que quiso educar a posesos y enfermos, como ha puesto de relieve en especial el evangelio de Marcos. Esta educación para personas menos integradas e incluso peligrosas, con problemas afectivos y/o sociales, constituye un reto para todos los creyentes, y en especial para aquellos que asumen la opción de ayudar (liberar) a los encarcelados, transformando su entorno social.

En esa línea, como lugar donde ha de expresarse de un modo más intenso la terapia de Jesús quiero evocar la cárcel, que es signo y consecuencia de un fracaso educativo, pues se nutre sobre todo de personas que provienen de familias y escuelas fallidas que no logran que niños y jóvenes maduren para la convivencia y responsabilidad. Pues bien, cuando parece que al hombre o mujer no se le puede ya educar, pues ha delinquido y su misma libertad es peligrosa, nuestra sociedad echa mano de la cárcel, que está ligada no sólo a un tema de seguridad (mantener un orden público), sino también de reeducación y resocialización de los presuntos delincuentes.

‒ Por un lado, la cárcel es la confesión de un fracaso: Cuando no parece haber más soluciones, cuando su libertad se vuelve peligrosa, la sociedad se siente obligada a encerrar a los culpables.

‒ Pero ella tiene o ha de tener, por otro lado, una finalidad educativa, al menos en principio, pues sólo desde ella, desde la cárcel puede entenderse y vivirse en verdad el misterio del Cristo encarcelado, la experiencia del fracaso de Dios como principio de transformación y salvación de los hombres.

‒ El sistema jurídico no confía en el cambio humano (es decir, de la educación), vinculado a la confesión y al perdón, al reconocimiento del culpable y a la aceptación de la comunidad, ni tiene (que yo vea) medios adecuados para hacerlo. Por eso, aunque varias legislaciones digan que la cárcel es para reeducar y reinsertar a los delincuentes, el Estado no tiene medios, ni personal (ni quizá voluntad) para conseguirlo.

‒ En contra de eso, la iglesia antigua había descubierto y elaborado un medio ejemplar de educación sanadora de los culpables, vinculado a la praxis penitencial para homicidas, adúlteros y apóstatas sociales. Con su gran poder social, ella se creía capaz de reeducar de hecho a los delincuentes, que debían reparar de alguna forma el daño cometido, para aprender a vivir de un modo distinto en la comunidad, tras un tiempo de separación penitencial.

Así actuaba la Iglesia cuando tenía gran autoridad. Pero después ella perdió esa autoridad (asumida en gran parte por el Estado), y la confesión sacramental privada sustituyó a la penitencia pública, aunque siguió teniendo tal importancia que ha sido durante siglos la institución educativa quizá más importante de occidente. Sin duda, la nueva práctica de la confesión privada refleja una intensa sabiduría de la Iglesia, que visto que la declaración de los “pecados” resulta fundamental para alcanzar el perdón, pues pone al hombre en manos de la gracia de Dios, para reconciliarse de nuevo con la sociedad. Pero ella ofrece también sus limitaciones, pues a veces ha olvidado la exigencia de reparación real, y ha dado a los confesores (clérigos) un gran poder jerárquico, convirtiendo así la educación de los “pecadores” en un gesto intimista, sin verdadera repercusión social.

Hoy en día, esa práctica, tomada en sentido sacramental, se encuentra en crisis dentro de la Iglesia, pero ha realizado (y quizá puede realizar en el futuro) una función religiosa y social muy profunda, recuperando (desde otros contextos) su función educadora en el entorno de la cárcel (o, quizá mejor, del sistema penitenciario). Sin duda, el camino sacramental de la Iglesia (confesión y absolución del sacerdote) y el orden penitencial de la sociedad moderna (con sentencia del juez civil y posible cárcel) son diferentes y cubren áreas en parte distintas de la vida, pero están muy relacionados. Pero ambos pueden y deben vincularse de algún modo, en una línea que esté al servicio de la nueva y más alta educación de las personas.

Resulta necesaria una tarea de “reeducación social”, vinculada al sistema penitencial de la sociedad, dirigida por el Estado, siempre al servicio de la reeducación (evitando en lo posible la forma de castigo actual de la cárcel). Pero, al lado de eso, también la praxis penitencial de la Iglesia (con la confesión de los pecados y el perdón de la comunidad) tiene un hondo sentido educativo. Este motivo (la reeducación de los “culpables”) nos sitúa en el centro de uno de los más hondos problemas de la sociedad actual. Si la sociedad en conjunto no cambia, si no logra reeducar a los asociales y delincuentes, ella corre el riesgo de destruirse a sí misma, y en este contexto puede servir de ayuda la “reeducación” cristiana, vinculada con la confesión.

El sacramento de la confesión implica un reconocimiento personal de la culpa y un camino penitencial, que va en la línea de la reconciliación entre el agresor y el agredido, en la línea de una educación distinta del conjunto social. Pues bien, en contra de ese ideal de re-educación de los culpables, gran parte de la justicia penal de la actualidad es incapaz de educar, porque olvida a las víctimas y trata a los agresores como autómatas (no como personas), descargando sobre ellos un tipo de venganza, al servicio de un sistema de poder.                                        Ciertamente, la confesión sacramental pudo ser a veces un instrumento de poder del clero, pero en sí misma, vivida y desplegada en libertad, como reconocimiento social del delito, ella ha servido no solo de catarsis, sino de medio de educación personal y social, cosa que no tiene el sistema penitenciario (Cf. J. Delumeau, Confesión y Perdón, Alianza, Madrid 1992; S. Lefranc, Políticas del perdón, Cátedra, Madrid 2004).

En este campo se plantea uno de los retos más significativos de la educación cristiana, no sólo en el entorno de la cárcel (donde los cristianos quieren ser testigos del perdón y de la nueva “educación” de Cristo), sino también en el conjunto de la sociedad. Aquí ha de desplegarse el poder educativo del perdón cristiano y de la comunión entre los creyentes, en un contexto tienen que vincularse la justicia y la misericordia, para transformar de esa manera un modelo penitenciario en el que sólo se exprese un tipo de justicia vengativa (por no hablar de venganza).

En esa línea ha de avanzar la educación de los cristianos en el entorno de la cárcel, no sólo en la línea de la «reeducación y reinserción social» de los presos, sino de la maduración de todos los creyentes (y de la sociedad en su conjunto). Para cumplir con esa finalidad, las cárceles deberían suprimirse en su forma actual, pero no para abandonar a los delincuentes a su suerte y dejar a la sociedad desprotegida, sino para promover formas distintas de educación social y convivencia

Entrevista al obispo responsable del Departamento de Migraciones de la CEE

José Cobo: «En tiempos de crisis, el migrante siempre es un bote de humo para los discursos de odio»

José Cobo, obispo auxiliar de Madrid
José Cobo, obispo auxiliar de Madrid

«No se puede criminalizar la huida de gente inocente que huye. Ni con pequeños ni con macroCIEs. La migración irregular es un problema, pero los CIES no son la solución»

«A los cristianos, lo que nos une no es la ideología política, sino la fe y la dignidad de las personas, sobre todo en momentos de crisis»

«Debemos reconocer el derecho de la gente a salir de las guerras y las hambrunas»

Por Jesús Bastante

«Lo que nos une no es la ideología política, sino la fe y la dignidad de las personas, sobre todo en momento de crisis, no los discursos del odio». El obispo auxiliar de Madrid y responsable del Departamento de Migraciones de la CEE, José Cobo, admite, en una entrevista con RD de cara a la Jornada Mundial del Migrante y Refugiado, el temor de la Iglesia española ante el auge del odio al extranjero, «que pueda hacer mella y crecer, según como avance la crisis» porque, desgraciadamente, «el migrado siempre es un bote de humo para otras cosas».

El prelado, que mañana participa en una vigilia ante el CIE de Aluche, se muestra a favor de construir una auténtica sociedad de la acogida, que respete el derecho de todo hombre y mujer a «salir de las guerras y las hambrunas», y a no ser criminalizado por hacerlo, y valora, con matices, los avances en la reforma de la Ley de Extranjería.

Cobo también está a la espera de que, por fin, el Gobierno acceda a abrir corredores humanitarios en España y ve con esperanza, y trabajando en ello, la propuesta del Papa de ‘repoblar’ la España vaciada con familias provenientes de otros rincones. Porque la Iglesia es, más que ninguna otra institución, un hogar ‘global’. Hablamos con él.

José Cobo, durante el breafing en la sede de la CEE
José Cobo, durante el breafing en la sede de la CEE

¿Cuáles son los grandes retos de la migración en España?

Yo creo que ahora mismo está la herida primera, que es la acogida a los que llegan, y que conlleva el reconocimiento del derecho a migrar. La pregunta es cómo hacemos para que la sociedad reconozca el derecho de la gente a salir de las guerras y las hambrunas. Eso de fondo. Y, en el día a día, el desafío es ver qué tenemos en los pueblos, en las ciudades y en las comunidades cristianas, y cómo logramos incorporar a los migrados, activamente, a la vida de nuestros pueblos y parroquias.

En el mensaje para esta jornada alertabais de los discursos del odio al extranjero. ¿Están calando en la sociedad, en la política, en la Iglesia?

Tememos que, según la crisis vaya haciendo mella, el discurso del odio pueda ir creciendo. El migrado siempre es un bote de humo para otras cosas en estas circunstancias. Eso, que ya está, tememos que crezca. Nuestra misión es denunciarlo y, después, potenciar que tanto parroquias como comunidades cristianas tengan claro que lo que nos une no es la ideología política, sino la fe y la dignidad de las personas, siempre pero especialmente en momentos de crisis.

escupir odio
escupir odio guille

En la Iglesia, tenemos que darnos cuenta de que podemos hablar mucho de fraternidad, pero si no la estamos viviendo, nuestro discurso va a estar vacío. Allí donde hay cristianos, empecemos a vivir la fraternidad, que es posible. Tienen una riqueza que desconocemos.

Este sábado participas en la vigilia ante el CIE de Aluche. ¿Por qué el cierre de estos centros? 

La vigilia pretende visibilizar que hay una herida, y que no la hemos cubierto. Los CIE no son la solución para la migración irregular. Hay que buscar otras, y somos capaces de hacer otras. No se puede criminalizar la huida de gente inocente que escapa de la muerte, la guerra o el hambre, ni con pequeños ni con macro CIEs. La migración irregular es un problema, pero esto no es la solución.

Se han dado avances en la Ley de Extranjería…

La ley de Extranjería ha sido un paso, lento pero se avanza, y se agradece. Algunos pasos que se han dado son insuficientes: todo el tema de la capacitación del trabajo es fundamental para la acogida. Si defiendo la acogida y no facilito la regulación laboral, estamos creando migrantes pobres y marginados.

Ley de extranjería
Ley de extranjería

¿Algún avance en la petición al Gobierno para crear corredores humanitarios?

Esta sobre la mesa de negociación con el Ministerio y la Secretaría de Estado.Hemos presentado la propuesta varias veces, se nos han pedido informes de otros países, de otras experiencias. Hasta la presente no hemos tenido ninguna noticia. Espero que en este otoño podamos seguirlo potenciando, en un trabajo en común de la CEE, Confer, Sant Egidio y otros…

El Papa proponía la pasada semana la acogida a familias refugiadas como una posible solución para la España vaciada…

Estamos trabajando en ello. La plataforma la tenemos. Tenemos que poner de acuerdo a muchas voluntades: Administración, que en el territorio hay gente que facilite vivienda. Estamos intentando crear redes y ponerlos de acuerdo. El proyecto es una solución. No la mayoritaria, porque la ciudad sigue teniendo mucho peso en los deseos de los migrantes, pero sí una solución mediana, y una respuesta a muchos pueblos que van viendo que desaparece su población. A medio plazo, pretendemos crear una red y posibilitar una red donde se pongan de acuerdo territorio, ciudades, asociaciones, Ayuntamientos… Estamos trabajando en zonas de Guadalajara, Palencia y tal vez Ávila

Ante la muerte

La fe cristiana es capaz de sostener la esperanza»

Ante la muerte: la fe en el Dios de la vida

«Cada vez que se muere alguien y, con más razón un ser querido, nos confrontamos con el propio sentido de vida y con la razón de ser de este mundo»

«Es la fe que nos levanta en todas las caídas y nos fortalece en todas las dificultades. Es la fe que se renueva con cada circunstancia que sorprende, confronta, desinstala y abre nuevos caminos»

«Precisamente, en ese momento límite, es cuando la fe que profesamos puede mostrar toda su razonabilidad»

Por Consuelo Vélez

Nuestro Dios es el Dios de la vida y la promete para todos sus hijos e hijas: “He venido para que tengan vida y vida en abundancia” (Jn 10,10). Pero esta afirmación se pone a prueba cuando llegan los momentos límite en la vida: sea una enfermedad, una catástrofe, un fracaso y, sobre todo, cuando se trata de la muerte. Esta última es la más definitiva y radical: no hay vuelta atrás, no se puede esperar que de alguna manera esa muerte se revierta; en verdad, la existencia de una persona llega a su final. Entonces, ¿dónde queda la promesa que Jesús hizo a los suyos y en la que nos seguimos apoyando todos los que hoy creemos en él?

Precisamente, en ese momento límite, es cuando la fe que profesamos puede mostrar toda su razonabilidad. Allí, cuando todo parece que se termina -o termina efectivamente- la experiencia de fe nos permite mantener la esperanza, no solamente como una actitud profundamente humana, sino como una verdadera experiencia del Espíritu de Jesús que, después de haber sido asesinado por los poderosos de su tiempo, no desaparece de la historia humana sino que sigue movilizando a sus seguidores para continuar apostando por la vida, haciendo posible que la vida en abundancia que Jesús había prometido, alcance a muchos, de generación en generación.

Esto no significa que no se sienta el dolor humano. De hecho, el mismo Jesús lo vive al final de su vida cuando invocando las palabras del salmo 22, expresa los sentimientos que lo embargan: “Dios mío, Dios mío, porqué me has abandonado” (Mt 27,46) y, al menos los evangelios de Mateo y de Marcos, no muestran que ese dolor fuera suavizado, sino que “dando de nuevo un fuerte grito, exhaló el espíritu” (Mt 27, 50; Mc 15,37). Otros evangelistas como Lucas, de alguna manera, presentan menos desgarrador ese momento, poniendo en boca de Jesús las palabras del salmo 31: “Padre, en tus manos pongo mi espíritu y, dicho esto, expiró” (Lc 23, 46). Por su parte el evangelio de Juan, relata así ese último momento: “Todo está cumplido. E inclinando la cabeza entregó el espíritu” (Jn 19, 30).

El dolor humano es diferente dependiendo de la situación de la persona que muere. Si se trata de una persona anciana, es más fácil entender que esa vida que se iba apagando de alguna manera, lo hace definitivamente.

Más duro cuando se trata de una persona que, en la plenitud de la vida, muere y todo su proyecto queda truncado. Y no digamos cuando se trata de la niñez que, prácticamente, estaba comenzando a estrenar la vida y parecía tener todas las oportunidades por delante. También se hace muy dolorosa la muerte cuando es una muerte injusta, fruto de la maldad de otros seres humanos.

Pero en todos los casos, la fe cristiana es capaz de sostener la esperanza porque esta implica asumir la limitación humana, la creaturalidad que nos constituye e inclusive el mal fruto de la libertad humana, pero también, la confianza en que sí el espíritu de Jesús continúa animando la vida de los creyentes, de alguna manera, ese mismo espíritu sigue animando la vida de todos los que ya no están en esta historia. Confiamos, como lo dice Pablo en la primera carta a los Corintios que “si solamente para esta vida tenemos, puesta nuestra esperanza en Cristo, ¡somos los más dignos de compasión de todas las personas! ¡Pero no! Cristo resucitó de entre los muertos, como primicias de los que durmieron” (15, 19-20). Esta es nuestra fe y ella es la que nos sostiene en los momentos limite.

Ahora bien, esa fe no se improvisa. Esa fe se alimenta, se cuida, se práctica. Es la fe que da sentido a la cotidianidad sabiendo que todo lo que se hace es para intentar hacer presente el reino de Dios en el aquí y el ahora. Es la que da sentido a todos los momentos de la vida, aceptando los fracasos, agradeciendo los éxitos, experimentando que todo se recibe gratuitamente, de ahí que se intente compartirlo con generosidad: “Den gratis, lo que recibieron gratis” (Mt 10, 8).

Es la fe que nos levanta en todas las caídas y nos fortalece en todas las dificultades. Es la fe que se renueva con cada circunstancia que sorprende, confronta, desinstala y abre nuevos caminos. Es la fe que apoyada en la “gran nube de testigos, nos permite sacudirnos de todo lastre que nos asedia y nos fortalece ante la prueba, fijos los ojos en Jesús, el que inicia y consuma la fe” (Hc 12, 1-2).

Cada vez que se muere alguien y, con más razón un ser querido, nos confrontamos con el propio sentido de vida y con la razón de ser de este mundo. También con la calidad de nuestras relaciones con los demás, con la riqueza de cada persona, con los valores que constituyen la propia vida. Y, en medio del dolor que produce la ausencia de la persona que muere, es una gracia divina poder hacer propias las palabras de Pablo en la Carta a los Romanos.

“Pues estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni los ángeles, ni los principados, ni lo presente, ni lo futuro, ni las potestades, ni la altura, ni la profundidad, ni otra criatura alguna, podrá separarnos del amor de Dios, manifestado en Cristo Jesús, Señor Nuestro” (8, 38-39). Sí, definitivamente, cuando se tiene fe, se vive la experiencia de que nada nos aparta del amor del Señor y en ese amor, nuestros seres difuntos permanecen en nuestra memoria y sentimos la fuerza para vivir con más intensidad como ellos, con toda certeza, esperan que lo hagamos.

El Evangelio de Mateo

 Mateo (1). Introducción al Evangelio

Celebramos el 21.9, dentro del mes de la Biblia, la fiesta de San Mateo, autor del “primer” evangelio. Sabemos de su vida muy poco, aunque la tradición le identifica con Mateo-Leví, uno de los doce apóstoles de Jesús. Vida “real” se identifica con el evangelio de su nombre, llamado “el primero”,  porque así aparece no sólo como el primero de los cuatro evangelios, sino de todos los libros del NT.

            Su evangelio ha sido interpretado como “puerta” del NT y de todo el cristianismo, porque ha vinculado el “espíritu” paulino de Marcos y las tradiciones judeocristianas de la Iglesia primitiva, interpretando de esa forma a Pedro (Mt 16, 16-19), como garante de la recta comprensión de Jesús, unido al testimonio de las mujeres de la pascua, con María, la madre de Jesús (Mt 28), con su madre (Mt 1, 18-25) y con los misioneros del Evangelio que, empezando por Galilea, han sido enviados por Jesús al mundo entero (29, 16-20.

Por| X.Pikaza

El evangelio de Mateo es comienzo de la Escritura cristiana y ha sido escrito entre Galilea y/o Siria, hacia el 80-90 d.C., en el tiempo y lugar donde empieza a decidirse el futuro del judaísmo rabínico y cristiano. Así quiero presentarlo ahora, de un modo resumido, como introducción al “evangelio” cristiano y a la vida de la Iglesia, hasta el día de ho (21-9.22). Buen día a todos. 

ORIGEN Y SENTIDO

Surgimiento:

Hacia el año 67-75 dC. Marcos había escrito su texto, esperando la venida próxima de Jesús, desde la Alta Galilea o Siria. Años después, hacia el 80 d.C.,cuando la caída del templo se ha vuelto un irreversible y los judíos fariseos se reúnen, poniendo las bases de su nueva identidad rabínica, ha escrito Mateo su evangelio como libro de la genealogía de Jesús (Mt 1, 1).

Mt bebe de tres fuentes:

a) El texto de Mc, que le sirve de esqueleto y fondo narrativo. En un sentido estricto, Mateo es una “reelaboración” eclesial de Mc.

b) El documento Q, que conserva tradiciones de los dichos de Jesús, recogidas probablemente en Galilea.

c) Tradiciones propias de su Iglesia, en línea judeocristiana.

Identidad

Marcos era un evangelio más personal, obra de un gran narrador que había logrado captar la novedad e identidad del movimiento de Jesús. Mateo, en cambio, es obra de «una escuela», es decir, de un grupo de «rabinos cristianos», que saben interpretar la Escritura (cf. citas de cumplimiento: Mt 1, 22-23; 2, 5-6. 15. 17-18; cf. 13, 51-52), dialogando y discutiendo con otros judíos, de línea más farisea (cf. Mt 23), sobre el sentido y despliegue de la misma herencia del judaísmo tradicional (la Biblia israelita).

División de las aguas:

 Mt se sitúa en el comienzo de una separación fuerte y duradera:

(a) Unas aguas se dirigirán hacia el lado rabínico, llegando a fijarse después en la Misná;

(b) Otras verterán hacia el lado cristiano, tomando a Jesús como culminación y plenitud de Israel

  En el lugar donde escribe Mt, en la Alta Galilea o Siria, hacia el 80-90 dC empieza a decidirse el futuro del judaísmo rabínico y cristiano.

TEMÁTICA

Un acuerdo que une. Mateo asume la «unión básica» entre iglesias paulinas (abiertas a la misión universal, sin necesidad de cumplir la ley judía) e iglesias de fondo judío, que quieren conservar algunos elementos rituales del AT. Es un acuerdo cumplido ya, en torno al 80/85 d.C., en alguna zona de Siria (Antioquía) o en la Alta Galilea, en diálogo con la iglesia de Antioquía, cerca del lugar donde Jesús había empezado su tarea.

Un acuerdo «pensado y razonado», partiendo de las Escrituras comunes de Israel, influido sobre todo por la memoria de Pedro (y de los de su grupo), pero en el que cabe también la línea cristiana de Santiago y la aportaciones de los que han venido de Jerusalén tras la ruina de la ciudad.

Un acuerdo que separa.No caben todos. Quedan fuera otros judíos, también sabios y piadosos, pero que han comenzado a fijar sus tradiciones, de una forma nacional, preocupados por la ley estricta de comidas y de separación de grupo. A veces se encuentran y discuten entre sí, todavía no han roto del todo. Pero se empiezan a dividir y esa división de hermanos durará hasta el día de hoy:

– Los judíos más rabínicos se extenderán con su nueva Misná hacia Oriente y Occidente, manteniéndose como grupo separado, mientras no llegue el tiempo escatológico de las naciones (que no ha llegado con Jesús). Siguen defendiendo la misión y diferencia del Israel eterno de la Ley Nacional.

– Por su parte, los judíos de Jesús podrán bajar y bajaran de la montaña de de la Ley (que es el Sinaí del Éxodo y la Galilea de Mt 26, 16-20) a todo el mundo, llevando el mensaje de sus cinco Sermones, que marcan un tipo de «ley universal» de la vida humana, abierta a las naciones de la tierra (Mt 5-7; 10; 13; 18, 23-25). Estos judíos universales expandirán así el mensaje del Mesías Jesús, a quien conciben y veneran ya como Señor celeste, ofreciendo a todos los pueblos una salvación de fondo judío, según las promesas de Israel[1].

3. ELEMENTOS DISTINTIVOS

  No es un código legal, sino un libro de vida que vincula la tradición de Israel (desde el principio de su historia) y la nueva experiencia cristiana, una especie de “manual”  de vida (como pudo ser, en un plano distinto, en línea de separación, la Regla de la Comunidad de Qumrán). Es, al mismo tiempo, un libro/controversia que recoge el resultado (las actas) de una fuerte disputa entre seguidores de Jesús y judíos rabínicos, con gran urgencia escatológica, pues muchos aguardaban el gran cambio de los tiempos, el derrumbamiento de un mundo anterior, la llegada del Reino de Dios. Pero, siendo todo eso,  el Evangelio de Mateo es sobre todo un libro-guía de Jesús. Éstos son sus rasgos distintivos:

Mateo ofrece un compendio del judaísmo,es una reinterpretación y cumplimiento de la tradición bíblica, fijada básicamente en la Escritura (Antiguo Testamento). Muchos escritos de entonces (entre el III a.C. y el II d.C.) quisieron fijar la identidad judía de un modo comparable al de Mateo, aunque en otras perspectivas. Entre ellos podemos recordar Jubileos, 1 Henoc y la Regla de la Comunidad de Qumrán, con los grandes apocalípticos del I-II d.C. (2 Baruc, 4 Esdras). Éstos, y otros querían mantenerse fieles a la tradición judía, pero la reinterpretaban de diversas formas. En esa línea, el evangelio de Mateo, que reinterpreta la tradición y vida judía desde Jesús de Nazaret, abriendo así un camino mesiánico nuevo, que se ha mantenido y extendido en la Iglesia cristiana.

Mateo expone el sentido del judaísmo, pero interpretado desde la historia de Jesús, ofreciendo una visión canónica (eclesial y normativa) de su mensaje y movimiento. La exégesis posterior ha insistido en el carácter judío de otros libros apocalípticos o legales, como Jubileos y 1 Henoc (con la Regla de la Comunidad de Qumrán y 4 Esdras), pero afirmando en general que Mateo no sería ya judío. Pues bien, en contra de eso, pienso que  Mateo es tan judío (fiel a la Escritura de Israel) como 1 Henoc o Jubileos, aunque estos libros no hayan logrado crear una “comunidad autónoma” de creyentes. Ésta es la diferencia: Reinterpretando la historia de Jesús, Mateo ha escrito un libro-guía de la comunidad de cristianos, rompiendo (trascendiendo) de hecho los límites de un judaísmo rabínico tradicional (con la Misná), pero conservando y recreando, desde Jesús, lo que a su juicio (y a juicio de gran parte de los cristianos) es la raíz del judaísmo.

Mateo es un libro de historia de la iglesia, pues al contar la “vida” de Jesús él cuenta su acogida en las iglesias. No se ocupa sólo de Jesús (sus palabras y sus hechos separados), sino en la vida de sus seguidores. Como puso de relieve la “historia de las formas” (Formgeschichte), los evangelios, y de un modo especial Mateo, exponen no sólo el pasado de la historia de Jesús, sino la forma en que esa historia ha sido acogida y valorada por la Iglesia. Mateo recrea y vincula en esa línea el testimonio de dos historias bien entrelazadas: (a) La de Jesús Mesías de Israel; (b) la de la Iglesia mesiánica que surge de Jesús y que mantiene y expande su movimiento de Reino, como ha destacado la “historia de la redacción” (Redaktionsgeschichte) de Mateo, con las investigaciones posteriores[2].

Mateo es un libro de choque socio-cultural, y así ofrece una gran alternativa político-religiosa, en el cruce entre dos mundos (oriente y occidente). Es un libro de base “semita” oriental (hebrea y aramea), y en esa línea presenta al principio a los “magos de oriente”, los sabios que vienen buscando a Jesús con la estrella (Mt 2). Pero, al mismo tiempo, es un libro de occidente, elaborado desde un judaísmo que ha crecido en el contexto socio-cultural del helenismo, en el imperio romano; un libro escrito en griego culto, la koiné helenista, para ofrecer una alternativa económica y social, cultural y religiosa al mundo dominante, es decir, al orden romano, desde una ciudad que era cruce de culturas e historias (Antioquía de Siria, hoy Turquía). Ciertamente, él no critica de forma directa al imperio, ni desarrolla una imaginería apocalíptica de su pecado y su caída (como Ap Juan). Pero su evangelio eleva una alternativa ante al imperio, cosa que no han destacado quizá de manera suficiente aquellos que han leído su texto de un modo casi exclusivamente espiritualista e intra-eclesial.

Mateo es un “discurso” de dura controversia, cosa que a veces se olvidad en la historia de las relaciones entre judíos y cristianos. Ciertamente, incluye textos y testimonios admirables de perdón y comunión, de universalismo y pacificación, pero, al mismo tiempo, recoge la historia de un duro conflicto entre seguidores de Jesús y otros judíos de su tiempo, y lo hace no sólo con gran acritud, sino incluso con “mentiras retóricas”, acentuando de manera injusta (e incluso mentirosa) los posibles defectos de los enemigos. Esa controversia resulta muy dura, incluso escandalosa, en la línea del Apocalipsis. Si se olvida ese contexto no se entiende ni valora este evangelio que, tras una superficie de paz y perdón, bien visible en el centro del Sermón de la Montaña (Mt 5-7), recoge las “actas” de un juicio muy duro entre partidarios y adversarios de Jesús. Mateo toma partido por un grupo, y resuelve el conflicto en una línea (desde la perspectiva de los pobres de Jesús), pero en otra línea lo mantiene, como indica la historia posterior de las relaciones de cristianos y judíos[3].

Mateo reinterpreta las disputas eclesiales anteriores. Recoge, por un lado, la narración fundacional de la vida de Jesús en el principio de la comunidad. Pero, al mismo tiempo, introduce, proyecta y define los temas de su Iglesia desde la historia de Jesús, para así resolverlos. No tiene necesidad de fijar un Código de Derecho (como hará cierto catolicismo posterior), ni un tratado legal como la Misná rabínica del II-III d.C., porque todo su libro es un tratado de justicia mesiánica, siguiendo a Jesús, desde los más pobres (como dice Mt 25, 31-46). Ciertamente, en su fondo hay mucha historia y muchas palabras de Jesús, datos muy fiables de su vida. Pero ellos han sido reinterpretados desde y para la comunidad creyente.

Mateo no quiere engañar, pero siempre interpreta y valora lo que dice desde la perspectiva de su comunidad, conservando así, con gran crudeza, las huellas de muchas disputas anteriores. Más que enfrentarse con un judaísmo de fuera, Mateo recoge diversas disputas eclesiales, apareciendo así como testimonio básico de la diversidad de tendencias cristianas del último tercio del siglo I d.C.  En esa línea, él ha querido conservar y reinterpretar textos y tendencia de sus adversarios, ofreciendo un discurso en el que quepan (o puedan caber) casi todos los grupos de seguidores de Jesús.  Así lo ha sentido la Iglesia posterior que, a pesar de las dificultades y oposiciones (contraposiciones) de su texto, ha utilizado a Mateo más que a los otros evangelios.

Mateo es un texto de apuesta eclesial.No es un libro para saber cosas antes ignoradas sobre el Cristo Jesús y sus seguidores (aunque es también eso), sino para actuar e implicarse en una línea de compromiso eclesial y de misión, abierta a todos los pueblos. Al trazar esa “apuesta y fijarla al final de su texto (28, 16-20), Mateo  realiza un gesto polémico esencial, que le distancia de otros creyentes judíos. Esa apuesta al servicio de la misión universal cristiana, desde la tradición nacional judía (pero abriéndola por dentro)  ha definido todo el movimiento cristiano. Si Mateo no hubiera tomado partido como hizo en este libro, en línea de universalidad, pero sin negar la identidad judía de Jesús, la historia de la Gran Iglesia hubiera sido muy distinta. Sin duda, han influido en esa opción Marcos y Lucas, y de otra manera Juan (sobre todo en Jn 21, asumiendo el gesto misionero universal de Pedro), pero el texto de Mateo ha sido decisivo, pues él “cataliza” los diversos aspectos del mensaje y vida de Jesús con lenguaje judío y de un modo universal, aceptando la herencia de Pablo, para entenderla desde Pedro[4].

LIBRO DE SÍNTESIS

Por todo lo anterior, resulta claro que Mateo es un libro de síntesis, pues él ha vinculado en su evangelio unas visiones y prácticas que parecían irreconciliables. No ha negado la Ley israelita, pero la interpreta desde el evangelio,  en una línea universal. No ha rechazado el testimonio sapiencial y apocalíptico del Q, pero lo ha introducido en la narración evangélica de Marcos. Tampoco ha borrado la tensión paulina, pero la integra en un contexto temático-narrativo (estructural), centrado  en la vida de Jesús. Sin rechazar esos rasgos nacionales de la tradición judía, Mateo ha destacado otros rasgos que posibilitan su apertura universal, pero su texto, más narrativo que argumentativo, puede y debe entenderse sentirse en estos cuatro planos.

 ‒ Plano ético, es un libro de moral (de acción cristiana): Las bienaventuranzas y mandatos del Sermón de la Montaña (Mt 5-7) son, en principio, de origen judío, pero pueden aplicarse a todos los pueblos, ofreciendo quizá el mejor compendio de los derechos y deberes de los hombres.

‒  Plano cristológico y antropológico: Mateo cuenta la historia del “mesías” de Israel, esto, de Jesús de Nazaret, a quien presenta como es Hijo y Mensajero (presencia salvadora) de Dios para las naciones. Pues bien, el Cristo de Dios no es un ángel separado, sino un hombre concreto de la historia.

‒ Plano eclesial, nueva comunidad. Mateo es el libro de cabecera (manual de vida) de una comunidad de seguidores de Jesús, que se enfrentan con la dificultad de ser judíos en la línea de Jesús, de un modo universal, abierto todos los hombres y naciones. En esa línea, Mateo ofrece la primera y más honda de las “constituciones” del cristianismo. 

‒ Plano sacramental, signos cristianos. Mateo no niega el valor de la circuncisión judía, pero la deja en un segundo plano (no habla de ella), destacando el bautismo como gesto universal de iniciación creyentes, que puede aplicarse y se aplica por igual a todos, varones y mujeres, judíos y gentiles, en nombre de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo (cf. Mt 28, 16-20) [5].

            Para trazar de esa manera su síntesis cristiana, Mateo ha vinculado el documento Q con la narración de Marcos y con sus propias tradiciones, y lo ha hecho en una zona no muy alejada del lugar donde había surgido Marcos, para responder a los problemas de su comunidad, probablemente en Antioquía, al Norte de Siria, ciudad que había sido muy importante no sólo para el judaísmo (en la crisis “antioquena”, 1-2 Mac), sino también para la historia de los primeros cristianos, vinculados a Bernabé y a Pablo (cf. Hch 11-15 y Gal 2-3).

Desde Antioquía se había iniciado la misión universal del evangelio, y allí surgió, según Hechos, el segundo gran conflicto de la Iglesia (el primero habría sido el de los helenistas del Hch 6-7), motivado porque algunos seguidores de Jesús no se circuncidaban, es decir, no se hacían judíos para ser así cristianos. De allí partió la iniciativa del llamado «concilio de Jerusalén, con el primer “pacto” eclesial entre comunidades judeo- y pagano-cristianas, que Pedro y Pablo interpretaron de formas distintas en la misma Antioquía, como ciudad del conflicto que está al fondo de Mateo  (cf. Hch 15; Gal 2-3),

 A causa de ese conflicto Pablo tuvo que salir  de Antioquía (año 49/50 d.C.), donde quedó Pedro como animador de aquella Iglesia. Pero las fricciones no terminaron con ese conflicto, sino que hubo más conflictos e intercambios entre las diversas corrientes cristianas, que desembocaron en este evangelio, escrito hacia 85/95 dC, en el que Mateo acepta “críticamente” (en una nueva perspectiva) muchas tesis de Pablo, aunque en una línea vinculada a Pedro. Lo que Pedro y Pablo no habían podido pactar al principio (en torno al 49 dC), pudo hacerlo Mateo 35/40 años más tarde, recuperando desde Pedro (desde la historia de Jesús) los elementos fundamentales de la teología de Pablo. 

‒ Marcos era un evangelio más excluyente, y no había conocido (o aceptado) el documento Q (con sus logia o dichos de tipo más sapiencial y apocalíptico), porque él quería trazar una biografía más “paulina” de Jesús, insistiendo en su muerte (cf. ComMc 101-106). En una línea quizá convergente, él había rechazado también la tradición de los hermanos de Jesús (iglesia de Jerusalén), pensando que iba en contra de la libertad y la apertura universal del Jesús de Pablo.

‒ Mateo es un evangelio inclusivo. En esa línea, desde su nueva perspectiva eclesial y teológica, reelaborando el texto de Marcos que es una de sus bases, él asume y reinterpreta esos materiales (del Q y de los judeo-cristianos de Santiago), en línea una universal, desde la perspectiva de Pedro, aunque aceptando las tesis esenciales de Pablo. Por eso, a diferencia de Marcos, que es un “evangelio de tesis” (elige y defiende con fuerza una opción eclesial), Mateo recoge, en la línea de una tradición clásica del judaísmo (de una manera que nos puede parecer algo forzada) diversas posturas eclesiales, las de Pedro y las de Pablo, desde la perspectiva de la historia de Jesús y su opción por los pobres. 

Mateo ha nacido y crecido en un entorno donde ha sido importante el judeo-cristianismo, contrario en principio a la misión dirigida a los gentiles, que deberían hacerse primero judíos, para ser después cristianos, por lo menos antes de la llegada del fin de los tiempos. Pues bien, en un momento dado, por influjo de la misma tradición de Jesús, y quizá por haber sido rechazados otros grupos judíos de línea más rabínica, los cristianos de Mateo tendieron a separarse del judaísmo nacional, acercándose así a las posturas de Pablo (que, por haberlas defendido de manera intensa, había tenido que abandonar Antioquía hacia el año 49/50 d.C.).

REESCRIBIR EL EVANGELIO DE MARCOS

En esa línea, Mateo puede aceptar como base el evangelio de Marcos, con su mensaje de Reino y, sobre todo, con su visión de Jesús como salvador mesiánico crucificado, iniciando una reinterpretación mesiánica del judaísmo en un momento en el que, tras la destrucción del templo, el 70 dC, algunos judíos rabínicos habían comenzado a reinterpretar también su tradición, tal como desemboca más tarde en la Misná. Pero mientras Marcos se oponía sin más al judaísmo rabínico naciente (manteniendo así la opción mesiánica de Pablo), Mateo, aceptando también, básicamente esa opción, ha querido reelaborarla, asumiendo algunos elementos básicos del judeo-cristianismo de Santiago.

Mateo ha querido “mantener” así la historia del judeo-cristianismo más antiguo, en la línea de Santiago y especialmente de Pedro, pero sin rechazar a Pablo, de manera que ha debido proponer para ello una serie de pactos que han sido fundamentales para la iglesia posterior, aunque no siempre ha logrado que concuerden y se ajusten entre sí todas las perspectivas de su texto, que sigue de esa forma abierto a diversas interpretaciones. Pues bien, a pesar de las dificultades de su empeño y de la brusquedad de algunas de sus formulaciones, este evangelio ha tenido mucho éxito, de manera que ha sido el libro eclesial por excelencia (aunque a veces no se ha entendido quizá en su radicalidad).

Por eso se dice que Mateo es el «primer evangelio», no sólo porque está al principio del Nuevo Testamento, sino porque ha tenido un influjo muy grande en la historia de la Iglesia, tanto por su estructura catequética como por la forma en que ha vinculado los aspectos morales y sociales del mensaje de Jesús, desde su opción por los pobres. Marcos había escrito su evangelio en el entorno de la guerra (del 67-70 d.C.), con la esperanza de una manifestación próxima de Jesús, desde una comunidad (quizá Damasco) donde había muchos pagano-cristianos. Mateo escribe en otro entorno, probablemente en Antioquía,  entre el 85-95 d.C., cuando la destrucción del templo de Jerusalén y la reformulación del judaísmo se habían vuelto irreversibles y muchos judíos fariseos empezaban a fijar las bases de su nueva identidad rabínica, en la costa judía (Jamnia) y en interior de Galilea. También Mateo puede haber salido de Jerusalén, llevando tradiciones de Santiago, hermano del Señor, para establecerse en una comunidad donde se mezclaban elementos rabínicos y cristianos: 

 ‒ Marcos había sido un evangelio más personal, obra de un gran narrador que había logrado captar la novedad e identidad del movimiento de Jesús, desde la Alta Galilea y Siria (Damasco), en sintonía con su Iglesia, pero quizá con cierta independencia frente a ella.

‒ Mateo es más bien el evangelio de una escuela, es decir, de un grupo de «rabinos cristianos», que saben interpretar la Escritura (cf. citas de cumplimiento: Mt 1, 22-23; 2, 5-6. 15. 17-18; cf. 13, 51-52), dialogando y discutiendo con otros de línea más farisea (cf. Mt 23), sobre el sentido y despliegue de la herencia tradicional del judaísmo (de la Biblia israelita)[6].

Mateo se encuentra en el comienzo de una divisoria del judaísmo tras la guerra del 70 dC, cuando unas aguas se dirigían hacia el lado rabínico, para quedar después fijadas en la Misná, y otras tendían hacia el lado de Jesús, a quien a quien sus seguidores veneraban como culminación y verdad del camino israelita. Aquí, entre la Costa Judía, la Alta Galilea y Siria/Antioquía, hacia el 85-95 d.C., está empezando a decidirse (desde unas visiones en principio en gran parte comunes) el futuro del judaísmo rabínico y del cristianismo. 

En ese tiempo no se hallaba aún definido el judaísmo rabínico (que se centrará en el siglo III en la Misná) ni el cristianismo (que desembocará en la Gran Iglesia con episcopado y canon del NT). En ese contexto, fiel a la historia de su iglesia, Mateo optó por la universalidad paulina, pero manteniendo el principio judío de la vida y pascua de Jesús, como indica el final de su texto “Id, pues, a todas las naciones…” (28, 16-20). Pues bien, su opción supone que hubo un «acuerdo misionero», un convenio o pacto «histórico», cumplido, una vez y para siempre, en alguna zona de Siria (Antioquía), entre la tradición de Pablo y la de Pedro.

Éste fue un acuerdo «pensado y razonado», partiendo de argumentos de Escritura, comunes a todos, un pacto logrado con dificultades, entre diferentes grupos de cristianos.  No fue un acuerdo de todos los judíos, pues siguió habiendo muchos, también sabios y piadosos, que decidieron fijar sus tradiciones, de una forma nacional, preocupados por la ley estricta de comidas y la separación de grupo, y que no aceptaron la propuesta de Mateo. Posiblemente, unos y otros se encontraban y discutían en las sinagogas, no se habían apartado aún del todo. Pero el gesto de apertura universal de Mateo y la búsqueda de fidelidad nacional de otros rabinos, hizo que las comunidades terminaran separándose (a veces con acusaciones y mentiras, como iré mostrando en el comentario, sobre todo al ocuparme de Mt 23 y de 28, 11-15.

Esa separación de hermanos, que salieron de la misma casa (Jerusalén, Galilea, Antioquía), se mantiene hasta hoy. Los judíos más rabínicos reforzarán su tradición con la Misná, manteniéndose separados, como grupo nacional, con sus grandes riquezas y sus posibles limitaciones. A diferencia de ellos, los seguidores de Jesús, en la línea de Mateo, “bajarán” de la montaña de Galilea para dirigirse a todo el mundo (Mt 28, 16-20), llevando el mensaje de los cinco grandes Sermones (Mt 5-7; 10; 13; 18, 23-25), que marcan un tipo de «ley universal» de vida, abierta a todas las naciones, expandiendo el mensaje universal de Jesús Maestro (a fin de que todos sean sus discípulos)[7].

CINCO NOVEDADES FUNDAMENTALES

            Mateo proviene de una comunidad judeo-cristiana, vinculada en un sentido extenso a la comunidad primitiva de Jerusalén, bajo la inspiración de Santiago y los hermanos de Jesús (con Pedro y los Doce), de manera que hasta el 70 dC  se ha podido sentir integrada entre los diversos grupos del judaísmo, como indican varios textos fundamentales, entre los que podemos citar 5, 17 (no he venido a destruir la ley), 10, 5 (no vayáis a los gentiles, ni a los samaritanos, id a las ovejas perdidas de la casa de Israel) y 23, 2-3 (en la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y fariseos; haced pues lo que os digan, pero no lo que hagan…). Estos cristianos  empiezan aceptando la línea rabínica de los escribas y fariseos, aunque es evidente que lo hacían en medio de tensiones, como las que muestra el mismo evangelio, con enfrentamientos que iremos precisando. Pues bien, en ese fondo se pueden señalar cinco novedades, que han marcado la novedad cristiana de Mateo.

 1. Tras la guerra judía, un renacer apocalíptico. La primera ha sido la Guerra del 67-70, que ha radicalizado a los grupos judíos. La forma de situarse ante ella, con sus resultados, ha marcado poderosamente los grupos judíos, de manera que algunos han desaparecido (saduceos, esenios…) y otros, como los fariseos rabínicos, han debido resituarse. En ese contexto ha influido poderosamente la evocación apocalíptica, que aparece de manera poderosa en textos como 4 Esdras y Ap. Sir. de Baruc (2 Bar).

En esa línea se ha mantenido y avanza también Mateo, lo mismo que el Apocalipsis de Juan, con su novedad fundamental: El Salvador Apocalíptico que viene (ha venido como Hijo de Hombre) es el mismo Jesús. Una vez que identifica a Jesús con el Salvador Apocalíptico cambia toda la forma de entender el judaísmo. También Pablo y Marcos habían entendido a Jesús en esa línea, pero sólo Mateo lo hará de una forma consecuente, reinterpretando así todo el judaísmo, como indicaré en el comentario. Ciertamente, la venida final del Hijo del Hombre podía interpretarse también en línea de judaísmo rabínico (como supone Dan 7 y 4 Es 13), pero una vez que el Hijo del hombre que viene se identifica con el Jesús que ha venido ya cambian las coordenadas teológicas y sociales de la comunidad.

2. Mateo suaviza y reelabora algunos aspectos del mensaje de Marcos, como seguiré indicando, pero acepta lo fundamental, con lo que reafirma su ruptura dentro del judaísmo. Éste es quizá el punto de inflexión, el momento clave del gran cambio: En el momento en que las comunidades que están en el fondo de Mateo aceptan el mensaje básico de Marcos, con su visión de Jesús, tiene que iniciarse y se inicia en ellas un camino de ruptura y de recreación mesiánica. Ésta es, a mi juicio, la gran novedad de las iglesias del entorno de Siria y de Asia (Éfeso), y quizá también de Roma, no sólo en las comunidades de origen paulino, sino también de las origen más judeo-cristiano. Una vez que leen y aceptan el mensaje de Marcos, con su visión de Jesús, ellas pueden cambiar su manera de entender la tradición del evangelio, como una experiencia que no sólo apocalíptica, ni de tipo social, sino también de vinculación personal, de encuentro con Jesús

3. Mateo acepta frente a (sobre) Marcos el documento Q, con su enseñanza mesiánica, ética y apocalíptica. Ciertamente, en sí mismo, el documento Q no implica una ruptura radical respecto al judaísmo, pero en el momento en que su enseñanza ético-apocalíptica se estructura y organiza, como hace Mateo, desde la perspectiva de Jesús resucitado, dentro de un relato unitario de su vida, surge una visión socio-religiosa diferente. Uno por uno, los grandes momentos del mensaje Q podrían ser aceptados por un tipo de judaísmo rabínico, pero una vez que esos momentos se introducen en un “cuerpo” doctrinal, como el formado por los cinco discursos de Mateo (Mt 5-7, 10, 13, 18, 23-25), y se vinculan con la historia de Jesús (en la línea de Marcos) ellos trazan inexorablemente una nueva forma de identidad social y religiosa, distinta del judaísmo rabínico

               Esta unión del Q con Marcos, realizada de formas convergentes por Mateo y Lucas, constituye un elemento clave de la historia evangélica y de todo el cristianismo primitivo, y debió realizarse, al mismo tiempo, en iglesias distintas (Antioquía, Éfeso…), entre el 70 y 80 dC. He presentado ya los rasgos básicos del Q en ComMc 101-106, y los seguiré evocando a lo largo de este comentario. Aquí sólo he de añadir que, a diferencia de Lucas, que conserva mejor el orden básico de sus dichos (sin reelaborarlos), Mateo los ha introducido en su contexto narrativo y doctrinal,  trasformando de esa forma la estructura originaria que tenían y, quizá, su mismo sentido, para ponerlos al servicio de su visión de Jesús.  Tal como él los asume, estos dichos ya no son una doctrina separable de la vida de Jesús, de su entrega hasta la muerte, de su resurrección[8].

 4. Mateo reelabora la visión mesiánica de Jesús, presentándole ya, de una manera más fuerte y concreta, en una línea que el judaísmo rabínico no puede aceptar. Así le pone en el lugar de la Ley, como principio de nueva creación, como Sabiduría de Dios. Desde ese fondo, Mateo reelabora y amplía el abanico de la vida de Jesús, hablando por un lado de su nacimiento “divino”, desde una perspectiva de fondo israelita, pero superando el nivel del Israel histórico. Y reelabora también la experiencia de la pascua, entendida no sólo como llamada al encuentro con Jesús en Galilea (como en Mc 16, 1-8), sino como encuentro real de Jesús con sus discípulos, en la montaña de Galilea, y como envío universal, a todos los pueblos de la tierra, en una perspectiva “ternaria” (o trinitaria), en unión con el Padre y el Espíritu Santo (28, 16-20).

               No es que el Jesús de Mateo sea Dios sin más, “de la misma naturaleza que el Padre” (como dirá el Credo de Nicea), en un sentido ontológico, pero él aparece y actúa como  revelación y presencia de Dios de tal manera que la estructura y sentido del judaísmo anterior cambia de un modo esencial. No es que Mateo quiera destruir de esa manera el judaísmo rabínico que está empezando a nacer, pero hay un tipo de judaísmo rabínico que no puede aceptar su propuesta de evangelio, con su visión de Jesús como revelación plena de Dios y, en el fondo, como principio divino[9].

5. Mateo presenta a Pedro como intérprete definitivo de la Ley, es decir, del nuevo Israel cristiano.. Tampoco ésta es en sí misma una novedad definitiva, pues lo que Mt 16, 17-17 dice de Pedro lo podría decir, con ciertas variantes la Regla de la Comunidad o el Documento de Damasco del Maestro de la Justicia. El judaísmo puede aceptar reformas de ese tipo, con personajes que recrean o interpretan la tradición anterior. Pero una vez que se da el paso, una vez que el Cristo confía a Pedro la tarea de fundar su “comunidad mesiánica” o Iglesia hay algo que ha cambiado de forma radical.

             Esta “re-definición” petrina del mensaje cristiano y de la Iglesia constituye un elemento clave del evangelio de Mateo, como seguiré indicando en el próximo apartado, pero no es algo exclusivamente suyo, sino que aparece de modos distintos, aunque convergentes, no sólo en la tradición “petrina” (1-2 Ped), sino en Hech 1-15 y en Jn 21. Sobre la interpretación de este “principio” petrino y de su relación con los otros principios eclesiales del Nuevo Testamento (en la línea del Pablo o del Discípulo Amado) disienten autores a iglesia, aunque existe un consenso básico de tipo histórico, como seguiré indicando[10].

Con ese fin, Mateo ha conservado y retocado el documento Q (con algunos dichos fundamentales de Jesús), y lo ha vinculado con la proclamación (texto) de Marcos, reinterpretado por su comunidad, ofreciendo así un evangelio muy judío, pero muy universal, que puede enseñarse y propagarse en todo el mundo. En esa línea, a diferencia de Marcos (que era un libro para esperar la llegada del Cristo, en Galilea), Mateo será un libro para llevar su mensaje a todas las naciones[11].

 Notas  

[1] Entre los trabajos de la “historia” de la redacción de Mateo, cf también Rohde, Redacktionsgeschichtliche; Schulz, Stunde. Sobre Mateo en particular, cf. Bornkamm y otros,Überlieferung; Potterie (ed.), Jésus; Didier (ed Matthieu;  Trilling, Wahre;  Aguirre, Evangelio.

[2] Sobre la “historia de las formas” y su visión de Mateo, cf. Caba, Evangelios; Dibelius, Formas. He expuesto de un modo básico el tema en Prólogo a R. Bultmann, Tradición Sinóptica, 9-61 y en Dios y la existencia. El pensamiento de Rudolf K. Bultmann,Clie, Terrasa/Viladecavalls 2014. 

[3] Cf. U. Luz, Lévangéliste Matthieu: un judéo-chrétien à la croisée des chemins. Réflexions sur le plan narratif du premier évangile, en D. Marguerat y J. Zumstein (eds.), La mémoire et le temps, Labor et Fides, Genève, 1991, 77-92; A. J. Saldarini, Matthewss Christian-Jewish Community, Chicago UP, 1994; Hummel, AuseinandersetzungHow Jewish is the Gospel of Matthew ?CBQ 62 (2000), 264-277; P. Luomanen,   The Sociology of Sectarianism in Matthew: Modeling the Genesis on Early Jewish and Christian Communities, en I. Dunderberg, C. Tuckett y K. Syreeni (eds.), Fair Play. Diversity and Conflicts in Early Christianity: Essays in Honnour of Heikki Räisänen, Leiden, 2002, 107-130; D. Hagner,  Matthew: Apostate, Reformer, Revolutionary, NTS 49 (2003),193-209; Matthew: Christian Judaism or Jewish Christianity, en S. McKnight y G. Osborne (eds.), The Face of New Testament Studies: A Survey of Recent Research, Fortress, Gand Rapids, 2004, 263-282; W. Carter, Matthews: Jewish Christianity, Christian Judaism, or Neither, en M. Jackson-McCabe (ed.), Jewish Christianity Reconsidered, Minneapolis, 2007; F. J. Murphy, The Jewishness of Matthew:Another Look, en A. J. Avery-Peck, D. Harrington y J. Neusner (eds.), When Judaism and Christianity Began. Essays in Memory of Anthony J. Saldarini, Leiden/Boston, 2004; D. Jaffé, Les Sages du Talmud et lÉvangile selon MatthieuRevue de lhistoire des religions, 4  (2009) 583-611.

[4] Mateo se sitúa en el contexto de una comunidad judeo-cristiana (de la Alta Galilea o de Siria, y más probablemente de Antioquia), donde estaban integrándose diversas tradiciones cristiana, en un fondo judío: el documento Q, el judeo-cristianismo de Santiago (hermano de Jesús), Marcos, el mensaje universal paulino…  Cf. Sandt, Matthew, James; Sim,   Contemporaries;  Van de Sandt,  Matthew and the Didache.

[5] Pablo había universalizaba el judaísmo desde la gracia de Jesús/Mesías, pero algunos pensaron que dejaba a un lado la Ley y lo hacía de una forma polémica, que muchos judíos no aceptaban. Mateo, en cambio, ofrece una interpretación universal de la Ley (sin negarla), presentando a Jesús como aquel que abre el camino del judaísmo a todos los pueblos (cf. Mt 28, 16-20).  

[6] El tema ha sido estudiado por numerosos investigadores, cf. Stendahl, School; Barth, Gesetzesverständnis; Cope Matthew; Gale, Redefining;Huizenga, Isaac; OLeary, Judaization;Sim, Gospel.

[7] Siendo el más judío de los evangelios (y quizá de todos los textos del Nuevo Testamento), Mateo expone y expande por Jesús el judaísmo a todas las naciones, desde la Montaña de Galilea donde comienza la travesía de la nueva iglesia. Cf. Overman, Matthews; Stanton, Gospel;  Carlston-Craig,  Sinagogue; Smith-Lalitha, Teaching. 

[8] Éstos son los dichos del Q, citados según Lucas: 3, 2b.3; 3, 7-9; 3, 16b-17; 3, 21-22 4, 1-4. 9-12.5-8. 13; 4, 16; 6, 20-21; 6, 22-2; 6, 27-28. 35c-d; 6, 29-30; 6, 31; 6, 32; 6, 36; 6, 37-38; 6, 39; 6, 40; 6, 41-42; 6, 43-45; 6, 46; 6, 47-49: 7, 1, 3, 6b-9. 10?; 7, 18-23; 7, 24-28; 7, 29-30; 7, 31-35; 9, 57- 60; 10, 2; 10, 3; 10, 4; 10, 5-9; 10, 10-12; 10, 13-15; 10, 16; 10, 21; 10, 22; 10, 23-24; 11, 2b-4; 11, 9-13; 11, 14-15, 17-20; 11, ·21-22; 11, 23; 11, 24-2; 11, ?27-28; 11, 16. 29-30; 11, 31-3; 11, 33; 11, 34-35; 11, 39a?. 42. 39b. 41. 43-44; 11, 46b, 52. 47-48; 11, 49-51; 12, 2-3; 12, 4-5; 12, 6-7; 12, 8-9; 12, 10; 12, 11-12; 12, 33-34; 12, 22b-31; 12, 39-40; 12, 42-46; 12, ·49‚ 51. 53; 12, ·54-56; 12, 58-59; 13, 18-19; 13, 20-2; 13, 24-27; 13, 29, 28; 13, 30; 13, 34-35; 14, ·11; 14, 16-18. 19-20. 21. 23; 14, 26; 14, 27; 17, 33; 14, 34-35; 16, 13; 16, 16; 16, 17; 16, 18; 17, 1-2; 15, 4-5a. 7; 15, ·8-10; 17, 3-4; 17, 6; 17, 20-21; 17, 23-24; 17, 37; 17, 26-27, 28-29?. 30; 17, 34-35; 19, 12-13. 15-24. 26; 22, 28.30. 

Entre las obras sobre el Q cf. J. S. Kloppenborg, The formation of Q: Trajectories in Ancient Wisdom Collections, Fortress, Philadelphia 1987;  Robinson y otros, Documento Q;   Ch. M. Tuckett, Q and the History of Early Christianity, Clark, Edinburgh 1996;  Guijarro, Dichos;  Memoria cultural e identidad de grupo en Q, en C. Bernabé y C. Gil (eds.), Reimaginando los orígenes del cristianismo, Verbo Divino, Estella 2008, 193-218;   J. M. Robinson, LOGOI SOPHON: On the Gattung of Q, en H. Koester y J. M. Robinson, Trajectories through Early Christianity,Fortress, Philadelphia 1971, 71-113; M. Sato, Q und Prophetie, WUNT 29, Tübingen 1988;   M.Tuckett, Q and the History of Early Christianity, Clark, Edinburgh 1996, 102; I. E. Vaage, Galilean Upstarts. Jesus First Followers according to Q, Trinity, Valley Forge 1994. 

[9] Sobre la “cristología” de Mateo, cf. Brown, El nacimiento;Deutsch, Hidden Wisdom;Frankemölle, Jahwebund;Kupp,   Immanuel; Quesnel, Jesucristo; Van Aarde,  God-With-Us.

[10] Entre los trabajos de tipo general sobre Pedro, cf. R. Aguirre (ed.), Pedro en la Iglesia primitiva, Verbo Divino, Estella 1990: R. E. Brown (ed.), Pedro en el Nuevo Testamento, Sal Terrae, Santander 1976;   J. Gnilka, Pedro y Roma. La figura de Pedro en los dos primeros siglos de la Iglesia, Herder, Barcelona 2003). Desde la peerspectiva de Juan, cf. J. Beutler, Comentario al Evangelio de Juan,  Verbo Divino, Estella 2016, 498-502; A. Vogtle,  Messiasbekenntnis und Petrusverheissung, BZ 1 (1957) 252-272; Ekklesiologische Auftragswortedes Auferstandenen: Sacra Pagina II (Paris-Gembloux 1959), 280-294; U. HeckelHirtenamtund Herrschaftskritik im Johannesevangelium, Exegetische und kirchliche Perspektiven, BThS, Neukirchen-Vluyn 2004.2004.

[11] En otras circunstancias, dentro de una Iglesia unificada, el evangelio de Mateo podría y debería haber sustituido al de Marcos (que así habría desaparecido). Pero, dada la pluralidad de iglesias y de perspectivas eclesiales, Marcos, ha permanecido, como he puesto de relieve en ComMc, a pesar de la gran importancia que la Iglesia ha dado al de Mateo.

Jornada Mundial del Migrante

Los obispos españoles reclaman “comunidades hospitalarias y acogedoras” en la Jornada Mundial del Migrante

La Subcomisión Episcopal para las Migraciones y la Movilidad Humana publica un mensaje para el día mundial del Migrante y del Refugiado

Con motivo de la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, que se celebra el próximo 25 de septiembre, los obispos de la Subcomisión Episcopal para las Migraciones y la Movilidad Humana de la Conferencia Episcopal Española han querido transmitir un mensaje de esperanza en medio de las dificultades que viven los migrantes. Y es que los prelados denuncian una “emergente epidemia de desesperanza” ante la que proponen redoblar los esfuerzos en el “servicio del reino de Dios”.

Lugar donde Dios habla

“Como una gran primavera, el futuro florece en cada momento y echa raíces en la siembra que hacemos hoy, en un mundo globalizado, regado con los flujos migratorios e interconectado”, alientan los obispos “tarea apremiante”. Desde la “semilla” de la resurrección, “a pesar de los inviernos, brota exultante desde la humildad, y necesita centinelas atentos que señalen y desvelen los signos de esta fuerza tenue y sencilla de la resurrección. Las migraciones, los movimientos humanos, la vida de los refugiados son hoy lugares privilegiados desde donde Dios nos habla”. Y es que, reclaman, “la construcción del futuro no es una idea desencarnada” ya que “cuenta con la sencillez del evangelio”. “Los creyentes tenemos mucho que aportar en este camino esperanzador y en la definición de horizontes. Por ello no podremos dejar que el futuro se construya solo o que otros lo edifiquen”, reclaman. “Necesitamos sacar lo mejor de nosotros para moldear juntos este proyecto de humanidad abierto y esperanzador”, es la invitación de los obispos.

Defensa de la dignidad

“Hoy se pone en cuestión el derecho a huir de guerras, hambrunas, de construir una vida familiar en entornos seguros, de buscar una vida digna. Es tiempo de atreverse a mirar el futuro de las migraciones con los ojos de Dios”, proponen los obispos. “La mirada de Dios nos hace caer en la cuenta de que hay un lenguaje común con otras maneras de pensar, y es el defender la dignidad humana, reconocerla y comprometernos con vitalizarla allí donde se pone en cuestión”, reclaman porque para los prelados “no hay futuro sin defensa de la inquebrantable dignidad de cada persona y de vivir con esa dignidad en nuestro mundo”.

Por ello, proponen “fijar la mirada en quienes pueden ser privados de la construcción de este futuro si no hacemos nada o si globalizamos la indiferencia” para lo que reivindican que “es tiempo de comenzar a edificar a ritmo de la justicia que mana de Dios” ya que “la urgencia de la justicia se da en un mundo dividido y lleno de brechas que se pueden sanar y reconciliar, y nunca convertir en rentas para provechos electorales y para alcanzar a poder”. También invitan a “ayudar a que sean sujeto de su propia construcción” para “construir juntos cada día un nosotros más grande”. Será así, proclaman, “un futuro con la sabiduría del migrante” que “se construye también preparando a nuestras comunidades para ser acogedoras y hospitalarias, tengan o no migrantes en su seno”. “Los migrantes a menudo no son vistos desde la clave de la dignidad o de su humanidad; hay otras claves en nuestra sociedad que les señalan y les contemplan como estorbo, invasores o ciudadanos de segunda. Son planteamientos dañinos que cruzan la vida ideológica, política o cultural, y que se cuelan en la vida de la fe”, advierten. Ante esto, piden estar “atentos a detectar, educar y evangelizar todo sesgo que nos repliegue en nosotros mismos y difunda en nuestros entornos mentalidades lejanas al Evangelio recibido”.

¿Es la Biblia «Palabra de Dios»?

Hay mucha gente que relativiza la palabra de Dios porque está cansada de que se haya invocado tantas veces para mantener doctrinas o leyes que más que ayudar a las personas, les ponen cargas pesadas sobre sus hombros

Durante muchos siglos se leyó la Biblia de manera literal y se la invocó para afirmar que Dios dice esto o aquello. Por supuesto la ingenuidad o ignorancia sobre esa lectura literal es evidente

Es urgente una formación bíblica adecuada que muestre que aquello es una deformación y que, bien interpretada, es palabra de Dios en la medida que usando mediaciones humanas nos da testimonio de cómo descubrir la presencia de Dios en nuestra historia

PorConsuelo Vélez

Planteo esta pregunta de si la Biblia es “Palabra de Dios” porque últimamente he escuchado algunas afirmaciones que parecen relativizarla, también porque mucha gente no cae en cuenta de lo que significaría esto si lo creyéramos a fondo y, finalmente, porque otras personas buscan “palabras de sabiduría” en muchos otros escritos fuera de la tradición cristiana y, sin duda, les ayudan mucho para su vida.

Vayamos por partes. En el primer caso, hay mucha gente que relativiza la palabra de Dios porque está cansada de que se haya invocado tantas veces para mantener doctrinas o leyes que más que ayudar a las personas, les ponen cargas pesadas sobre sus hombros. Ante esto hay que reconocer que la interpretación adecuada del texto bíblico es una conquista “relativamente” reciente y por eso durante muchos siglos se leyó la Biblia de manera literal y se la invocó para afirmar que Dios dice esto o aquello. Por supuesto la ingenuidad o ignorancia sobre esa lectura literal es evidente. Por ejemplo, se toma al pie de la letra que Jesús calmó la tempestad (Mt 8, 26) pero no se toma al pie de la letra el que “si tu ojo es ocasión de pecado, arráncatelo” (Mt 5, 29).

Ya es una afirmación aceptada por la Iglesia que la Biblia fue escrita mucho después de que suceden los acontecimientos que allí se narran y no con la intención de relatarnos detalles precisos de lo que allí pasó sino de testimoniar la presencia de Dios a favor de su pueblo en esos acontecimientos que se cuentan allí. Lo hacen con los géneros literarios de su tiempo y desde las categorías y esquemas de su contexto. Por eso es imprescindible utilizar los métodos exegéticos y hermenéuticos adecuados para entender el texto. Ahora bien, aunque esa tarea es propia de los/as biblistas, no significa que no se enseñe a todo el pueblo de Dios que para acercarse a dicho texto hay que hacerse por lo menos dos preguntas básicas: ¿Qué quiso decir el autor bíblico con ese texto en su contexto? ¿Qué dice ese texto bíblico hoy para nosotros? Sin olvidar que las circunstancias son distintas y que la biblia no es un recetario para aplicar literalmente sino un horizonte de sentido para interpretar nuestro presente.

Es decir, lo que es “Palabra de Dios” no es la literalidad del texto sino el testimonio de fe que los autores/as sagrados nos han dejado en el texto bíblico -una maravillosa mediación humana para mantener en el espacio y tiempo dicho testimonio-. Por lo tanto, tienen razón aquellos que ya están cansados de escuchar predicaciones bíblicas fundamentalistas o literales que no se entienden para el hoy. Por eso es urgente una formación bíblica adecuada que muestre que aquello es una deformación y que, bien interpretada, es palabra de Dios en la medida que usando mediaciones humanas nos da testimonio de cómo descubrir la presencia de Dios en nuestra historia.

En el segundo caso, también es entendible que una tradición tan antigua se vaya desgastando y, más si no se actualiza. Con lo cual, en cada Eucaristía escuchamos al finalizar las lecturas que el lector dice: “Palabra de Dios” y el pueblo responde: “Te alabamos Señor” o “Gloria a Ti, Señor” en el caso del Evangelio. Pero se ha vuelto tan rutinario o se motiva tan poco esa lectura o se explica tan mal esa palabra que la gente no permanece atenta o no llega a “saborear” lo que eso significaría si lo creyéramos a fondo. No estamos escuchando una palabra cualquiera sino una que nos hace posible que sepamos cómo han entendido a Dios los que nos precedieron y cómo podemos entenderlo nosotros hoy. Eso sí, con la humildad suficiente de saber que lo que entendemos sobre Dios siempre es mucho menos de lo que Él es y que como está mediado por nuestra comprensión, podemos matizarla y señalar nuevos aspectos, en la medida que seguimos meditando sobre ella. En este último sentido, si creyéramos que la Biblia es Palabra de Dios, la tarea teológica se referiría mucho más a ella, no solo invocándola para “justificar” alguna idea que decimos, sino para dejarnos sorprender y enriquecer con lo que ella nos dice -ya que es una palabra viva, no muerta-. Pero, como ya lo he dicho otras veces, muchas publicaciones teológicas y muchos eventos académicos, adolecen de la perspectiva bíblica a la hora de presentar sus reflexiones.

Finalmente, nuestro mundo ya esta mucho más configurado con la pluralidad de expresiones culturales y religiosas. De ahí que la cercanía con otras maneras de ver la vida, de darle sentido, de enriquecer las comprensiones ya es una práctica adquirida. Y, resulta una experiencia muy rica -como variada y polifacética es la vida humana-, reconocer que toda la verdad o la manera de ver las cosas, no la tenemos desde la tradición cristiana y que hay muchos libros de sabiduría que nos ayudan y enriquecen. Pero dos observaciones sobre esto. La primera, para los que somos cristianos ojalá que no perdamos la riqueza que nuestra propia tradición nos regala y siga siendo fuente de sentido para nuestra vida. La segunda, saber que con cualquier otro libro de sabiduría hay que tener el mismo cuidado interpretativo que señalé para la Biblia. A veces, veo tanta ingenuidad en los que nutren su vida con otras tradiciones que creen que todo lo que leen es verdad absoluta. Eso también puede revelar una ignorancia o ingenuidad total, admitiendo a veces planteamientos que rayan con lo absurdo. Como toda mediación humana, cualquier horizonte de sentido que se proponga, puede tener errores, manipulaciones, intencionalidades que nos siempre son positivas. Ojalá que el discernimiento sea siempre la actitud para acercarnos a todo libro de sabiduría, pero, a los que nos ha constituido la tradición cristiana, sería muy importante, no olvidar la profundidad de lo que creemos: en una mediación humana -bien interpretada- Dios nos habla como un amigo y su palabra es viva y eficaz, capaz de penetrar el alma y el espíritu y discernir los pensamientos y las intenciones del corazón (Cf. Hb 4,12).

Las parábolas

Lc 16, 1-13

«Los hijos de este mundo son más astutos con su gente que los hijos de la luz».

Es ésta una parábola desconcertante y controvertida sobre la que los especialistas no terminan de ponerse de acuerdo. Es posible que Jesús quiera decirnos que nos irían mejor las cosas si la astucia que mostramos para las cosas del mundo la aplicásemos a la construcción del Reino… pero no lo sabemos.

Lo que sí sabemos es que el género parabólico es un género característico de Jesús, hasta tal punto, que tanto Mateo como Marcos llegan a decir que sólo hablaba a la gente en parábolas.

Es frecuente confundir las parábolas con alegorías, lo que puede dificultar su correcta interpretación. Una parábola tiene un solo mensaje global, y los detalles son solo elementos narrativos sin significado. Hay parábolas —como la del hijo pródigo— que presentan dos cumbres, pero esto no cambia el concepto general de “parábola” que aquí estamos exponiendo. Las alegorías son relatos en los que cada detalle tiene un carácter simbólico y representa algo. Lo vemos en la parábola del sembrador, cuyo perfil alegórico es la excepción a la regla general.

Jesús se dirige a la gente en parábolas para que todos le entiendan. De hecho, toma sus parábolas de la vida cotidiana y, en muchos casos, de los sucesos de actualidad que a la sazón la gente está comentando en la calle. Eso sí, en un momento dado del relato, le imprime un giro paradójico, sorprendente, al objeto de captar la atención de quienes le escuchan y grabar mejor el mensaje central en su mente.

Hay quien sostiene que hablaba en parábolas para hacer más difícil su comprensión, y citan a Mateo (13, 10) para afirmarse en su tesis: «A vosotros se os comunica el secreto del reinado de Dios: a los de fuera se les propone en parábolas, de modo que por más que miren, no vean». Pero nada más lejos del estilo de Jesús, lo que revela el riesgo de sacar conclusiones de un texto suelto sin tener en cuenta las líneas de fuerza que se desprenden de la lectura del conjunto del evangelio.

Durante muchos siglos se ha minusvalorado la importancia de las parábolas a la hora de interpretar el mensaje evangélico, pero hoy en día se admite de forma generalizada que si prescindimos de las parábolas nos quedamos sin mensaje. Las parábolas nos dicen lo más profundo que se puede decir de Dios y del ser humano, y lo hacen a través de imágenes porque su contenido no podría expresarse a través del lenguaje conceptual propio de nuestra cultura. Algunos pensamos que Jesús ha hecho la mejor teología de la historia a través de estos relatos sencillos al alcance de todos.

Pero quizá lo más importante para nosotros los cristianos sea su capacidad de interpelar; de hacer que nos sintamos aludidos y comprometidos. Como decía Ruiz de Galarreta: «Más que dar un mensaje, las parábolas provocan la necesidad de dar una respuesta».

Miguel Ángel Munárriz Casajús

Mes de la Biblia-2

«Todavía falta mucho para que la Sagrada Escritura sea un “alimento” central en la vida cristiana»

«Nuestras liturgias siguen manifestando que el clero es el que enseña y el laicado es el que aprende»

«Algunos programas teológicos, tienen más asignaturas sobre dogma y magisterio que sobre Biblia»

Por| Consuelo Vélez teóloga

Septiembre se conoce como el mes de la Biblia, especialmente porque el día 30 se celebra la fiesta de San Jerónimo, quien fue el que tradujo la Biblia del hebreo, del arameo y del griego al latín, en el siglo IV, -versión que se conoce como la Vulgata (edición para el vulgo, para el pueblo)- posibilitando así que muchas más personas pudieran tener acceso a ella. Al recordar este hecho la pregunta que nos surge es sí, en realidad, la Biblia ha llegado “al pueblo”, si es parte de la espiritualidad cristiana y si constituye la referencia primera y fundamental de nuestra Iglesia.

En una mirada rápida y, talvez, superficial, se respondería afirmativamente porque en la eucaristía ocupa un lugar central e incluso, en muchas celebraciones, se hace una entronización de este libro sagrado con mucha solemnidad. Además, muchos creyentes la tienen en su casa y muestran un respeto real hacia ella.

Septiembre, mes de la Biblia

Pero si profundizamos un poco más, nos damos cuenta que todavía falta mucho para que la Sagrada Escritura sea un “alimento” central en la vida cristiana. Todavía no se ha logrado -como tal vez lo han logrado más las iglesias cristianas no católicas- que el creyente lea la biblia, la medite, se deje interpelar por esa palabra, encuentre en ella la fuerza y orientación para su vida.

Hay varias causas que podrían explicar este poco acercamiento de los creyentes a la Biblia. Nombremos algunas a manera de propuesta de reflexión, sin tener la total certeza de que esas sean las razones más claras que lo expliquen.

Comencemos fijándonos en la liturgia. El único que proclama el evangelio y lo explica es el ministro ordenado. El resto del pueblo de Dios escucha -cuando no se distrae lo cual es fácil en situaciones de solo escucha- y no tiene ninguna posibilidad de establecer un diálogo frente a lo que escuchó y mucho menos de compartir lo que ese texto le dice. En otras palabras, nuestras liturgias siguen manifestando que el clero es el que enseña y el laicado es el que aprende. Así lo determina la liturgia actual y no será este comentario el que la cambie. Pero conviene pensarlo para propiciar, algún día, cambios que son necesarios porque en la medida que tomemos conciencia de lo que vivimos, podremos empujar para que las cosas cambien.

Si nos fijamos en las prácticas de oración que la iglesia fomenta mayoritariamente, estas consisten en realizar novenas, rosarios, procesiones, adoraciones al santísimo, etc. Todas estas prácticas son valiosas y ayudan a sostener la fe de las personas. Pero en estas prácticas no está muy incorporada la Sagrada Escritura. Parece que da tranquilidad el saber que se cumplió con los pasos que se proponen para rezar una novena, por ejemplo, y esto es suficiente.

Una semana para descubrir la «inagotable fuente de sentido» de la Biblia.

Lo anterior no quiere decir que, algunas personas no oren con el texto bíblico, pero no es una oración que se fomente con la intensidad con la que se insiste en las otras prácticas. La meditación de la Sagrada Escritura es más propia de la vida religiosa o de alguna porción del laicado que comparte la espiritualidad de una congregación religiosa, pero no para el conjunto del pueblo de Dios que acude a la parroquia y a las celebraciones litúrgicas.

Otra realidad que también acompaña a la Iglesia católica es que a veces se le ha dado más importancia al magisterio que a la Sagrada Escritura. Muchas veces las predicaciones se centran en la doctrina -reforzándola con lo dicho por el magisterio- más que en el anuncio de la Buena Noticia que trae la Palabra de Dios. De hecho, el papa Francisco insistió en la Exhortación Evangelii Gaudium (2013) que “el texto bíblico debe ser el fundamento de la predicación” (n. 146). Bien sabemos que muchas homilías son más “moralistas y adoctrinadoras” (n. 142), que un diálogo entre Dios y su pueblo. Vaticano II afirmó que la Biblia “es el alma de la teología” (Optatam Totius n. 16) y, sin embargo, algunos programas teológicos, tienen más asignaturas sobre dogma y magisterio que sobre Biblia.

Como podemos ver, es difícil el camino que hemos de recorrer para que la Sagrada Escritura pueda ser esa palabra rica, capaz de alimentar, sostener, animar la vida creyente; pero precisamente esa es la tarea que podemos seguir impulsando al conmemorar el mes de la Biblia. El texto del profeta Isaías (55, 10-11) nos ayuda a pensar en la manera como la palabra de Dios actúa en la vida cristiana: “como desciende la lluvia y la nieve de los cielos y no vuelven allá, sino que empapan la tierra, la fecundan y la hacen germinar para que dé simiente al sembrador y pan para comer, así será mi palabra, la que salga de mi boca, que no tornará a mí de vacío sin que haya realizado lo que me plugo y haya cumplido aquello a que la envié”.

¿Es la Biblia «Palabra de Dios»?

Ahora bien, no olvidemos que la biblia hay que interpretarla adecuadamente para no hacerle decir lo que no dice. En eso tanto católicos como cristianos no católicos tienen mucho que aprender. Abunda el “fundamentalismo” en la lectura bíblica. La Palabra de Dios ha de interpretarse y por eso es necesario hacer mínimo dos preguntas: ¿qué quiso decir el texto bíblico en el contexto en el que se escribió? y ¿qué quiere decirnos hoy para nuestro contexto? No podemos olvidar los géneros literarios en los que fue escrita la biblia, las condiciones socio culturales del tiempo en el que se escribió que no corresponden a las nuestras y, de ahí, la necesidad de una interpretación adecuada.

Busquemos, entonces, fortalecer nuestra vida cristiana con el contacto asiduo, directo, constante con la Palabra de Dios. Deseemos aprender a interpretarla. Pongamos los medios para ello. Esto redundará en frutos de vida y vida en abundancia (Jn 10.10) porque la palabra de Dios interpela, renueva, consuela, anima, desinstala, impulsa, en otras palabras, mantiene la vitalidad de nuestro amor a Dios y al prójimo, razón de ser de nuestra vida cristiana.

Represión a la Iglesia en Nicaragua

Medio centenar de sacerdotes nicaragüenses piden refugio en Honduras y Costa Rica

Daniel Ortega persigue a la Iglesia
Daniel Ortega

Los curas señalan que han sufrido la presencia de “policías en las afueras de las parroquias, rodeando sus casas o recibiendo llamadas telefónicas para tratar de angustiarlos”

Al menos 50 sacerdotes nicaragüenses han solicitado refugio a Honduras y Costa Rica ante los constantes actos de represión y hostigamiento por parte de la dictadura de Daniel Ortega, tal como informa hoy El Heraldo.


“Ellos nos han expresado estar en contra de las situaciones de injusticia e irrespeto de los derechos humanos en su país”, ha explicado José Canales, obispo de la Diócesis hondureña de Danlí. “Nosotros estamos disponibles para recibir a aquellos sacerdotes que en circunstancias extremas tengan que salir de Nicaragua. De esta forma puedan integrarse a la vida de la iglesia en El Paraíso”, añadió.

Represión a la Iglesia

Tal como señala Canales, los sacerdotes no alegan haber sufrido violencia física, pero sí psicológica. “Considero que esto es peor que una patada, policías en las afueras de las parroquias, rodeando sus casas o recibiendo llamadas telefónicas para tratar de angustiarlos”, ha expresado el obispo.

Actualmente, el régimen de Ortega mantiene bajo arresto al obispo Rolando Álvarez y a siete sacerdotes. Además, hace unas semanas el Servicio de Telecomunicaciones (TELCOR) del gobierno de nicaragüense cerraba la emisora católica ‘Radio Stereo Fe’, perteneciente a la diócesis de Estelí, por considerar que estaba “operando de manera ilegal”

Residencias o morideros: dignidad o negocio

Por MARTA NEBOT

Ayer, unas 1.000 o 5.000 personas, dependiendo de quién contara, se manifestaron en Madrid convocadas por la Plataforma Estatal de Organizaciones de Familiares y Usuarias de Residencias para Mayores y para Personas Discapacitadas para reclamar otro modelo de residencias.

En el manifiesto que hicieron público y en su convocatoria pedían una gran movilización social que no sucedió.

Ni los versos que dedicó Serrat a la cita y a la causa ni el apoyo de Miguel Ríos movieron a las masas. Y es que hay una cantinela que de tanto oírla se nos ha metido en el cerebro y nos paraliza.

Cada vez que escucho «no hay dinero» cuando hablan de la reconversión del modelo de residencias de ancianos me dan ganas de arañar pizarras, tirarme del pelo, gritar hasta partirme la garganta. Decir que no hay dinero para eso en un país rico –siempre salimos en todos los rankings entre las veinte economías más destacadas del mundo– es un chiste malo o un insulto a la inteligencia colectiva. Viajar un poco arregla rápido las cabezas que no ven que este es un país en el que hay mucha pasta.

¿No hay dinero para que no se nos deshidraten nuestros viejos? ¿No hay dinero para que no les aten con correas o con fármacos o para que su alimentación sea la adecuada? ¿No se puede buscar la manera de que sus familias puedan visitarles cuando les dé la gana, de que sus cuidadores tengan contratos estables para que no cambien cada media hora? ¿No sería mejor que todos los que pudieran se quedaran en sus casas y en sus entornos con la ayuda domiciliaria necesaria? ¿En serio? ¿No hay dinero es el argumento cuando hay todo un entramado internacional con pingües beneficios, incluso en paraísos fiscales, dedicado a este negocio? ¿No hay dinero cuando la mayoría de sus víctimas pagan copagos, se dejan la pensión en esas cárceles, incluso venden sus casas para darse el lujo de ser malcuidados?

Lo que se ha perdido no es el dinero, sino la vergüenza y el sentido de lo público y de lo trágico de la vida. Todos, o al menos los más afortunados, seremos ellos y no todos tendremos la pasta necesaria para las residencias de lujo, que haberlas también haylas.

Esta semana ha vuelto el tema a la palestra porque un residente valiente, apasionado y con labia se ha plantado en el ayuntamiento de San Sebastián de los Reyes y ha denunciado lo que sigue pasando, callando todas las bocas que no han hecho nada más que hablar.

Mariano Turégano, de 82 años, simplemente ha contado lo que han sufrido en su residencia este verano: «Habitaciones a 40 grados», «comida deleznable», «deshidrataciones que les han llevado al hospital».

Y, como pasa siempre, las víctimas siempre tienen la razón. Nadie contradice en público a alguien que conmueve al respetable. La cuestión es si se les da algo más que buenas palabras, algo más que parches momentáneos.

A raíz de su denuncia, la Comunidad de Madrid y su presidenta, Ayuso, han declarado que lo van a arreglar, que ya han tomado cartas en el asunto.

Ver sus declaraciones compungidas también me da ganas de gritar hasta el infinito y apuesto a que le pasaría lo mismo a cualquiera que se entere un poco de los entresijos del asunto, vote lo que vote.

Hace menos de tres meses, el 28 de julio, se hizo público el acuerdo en el Consejo Territorial para mejorar el sistema de residencias y de cuidados de los mayores. La votación salió adelante 10 a 9. Votaron en contra las comunidades y ciudades autónomas gobernadas por el PP, las gobernadas por nacionalistas y García-Page.         El Ministerio de Derechos Sociales propone el texto y  arbitra las negociaciones para conseguir mayoría de votos de las comunidades, pero no vota. Se reunió primero con la Mesa de Diálogo Civil y con la Social, con familiares y con sindicatos. De esas reuniones salió un primer borrador, que luego se fue rebajando para conseguir el acuerdo. Por eso no están contentos con el acuerdo final los que hicieron aportaciones al primer borrador, aunque el último mejore sin duda lo que hoy tenemos.

Los buenos acuerdos dejan descontento a todo el mundo, me dijo una vez alguien que sabe mucho de eso. Este Consejo Territorial ha conseguido, desde 2020, 31 acuerdos; 29 por unanimidad, 1 con el voto en contra de Madrid –el que redistribuía menores que entraron por Ceuta y Melilla entre las diferentes comunidades– y este último con el resultado mencionado, después de muchísima negociación. Entre 2014 y 2019, el Consejo Territorial anterior solo cerró 5 acuerdos. Voluntad de consenso no falta.

El nuevo modelo residencial da diez años para reconvertirse y no cierra nada. El acuerdo pactado compromete una ratio de 51 cuidadores (43 gerocultores + personal profesional de segundo nivel –enfermeras, terapeutas ocupacionales, psicólogos-) por cada 100 usuarios para 2030, que se alcanzará con un incremento progresivo cada año. Las plataformas de familiares piden 113 profesionales por cada 100 mayores, lo que garantizaría la presencia de un trabajador por cada cuatro residentes en los turnos de mañana y tarde y de uno por cada diez por la noche. Cifras cercanas al modelo de los países nórdicos. Y no es que el ministerio no quiera ese modelo, es que las comunidades autónomas no lo han querido porque no quieren pagarlo.

Hoy no hay una ratio estatal. Cada comunidad tiene la suya sin límites. Por ejemplo, en Galicia oscilan entre 20 y 35 trabajadores por cada 100 usuarios; en Cataluña, 25 y en Madrid, 47.

Sin embargo, estos números se los lleva el viento según los Marianos y sus familiares que se atreven a contar los hechos porque no se hacen las inspecciones que obligarían a que los cuidados mínimos se cumplan, a penalizar seriamente a quien maltrate a un solo mayor.

Fuentes cercanas al ministerio confirman que en el acuerdo no se pudo especificar nada a este respecto porque las comunidades consideraban que las inspecciones –que brillan por su ausencia– son solo competencia suya.

En Alemania, las inspecciones no solo son como mínimo anuales, sino que además son públicas y se exponen a las puertas de estos centros.

Y, volviendo a lo de los dineros, el gasto en los mayores se ha incrementado un punto por año desde que empezó el Gobierno de coalición. Del 0,7% del PIB ha pasado al 1%. De 7.000 a 10.000 millones. La OCDE marca un 1,6–1,8% como la media de gasto en estos derechos mínimos. Es decir, falta mucho, pero su presupuesto ha crecido 3.000 millones en menos de tres años. De los fondos europeos se prevén 2.000 millones para la reconversión del modelo. El Ejecutivo ya ha transferido 700 millones para la transformación de residencias. Hay dos proyectos en marcha para dar asistencia domiciliaria hasta final de vida y para retornar de las residencias a sus casas y están funcionando, incluso con mejores números, es decir, más baratos. Porque el camino es más vida independiente y menos hospitalaria, en el mal sentido. Lo dice Europa –es la estrategia de cuidados que está marcando– y lo confirma el sentido común, si lo pensamos en primera persona.

Así que cuando la patronal de las residencias, de cuya gestión depende el 90% de las que tenemos, en las que residen cerca de 400.000 ancianos, dice que con esta nueva normativa ha perdido inversores, tenemos que alegrarnos. El modelo de morideros gigantescos tiene los días contados.

Y cuando dicen que no hay dinero pensemos que simplemente mienten, que es que quieren seguir ganando lo mismo o más;  y que, probablemente, para que las residencias sean vivibles tengan que ganar menos.

Esperemos que el Gobierno sea valiente y encuentre la manera de obligar a las comunidades que votaron que no a cumplir lo acordado. Es menos de lo que queremos pero es un comienzo y no podemos permitir que se nieguen a cumplir con el mínimo que ellos mismos han acordado: unidades convivenciales de 15 personas en residencias de un máximo de 120 residentes, y que las grandes dividan su espacio en estas unidades para que puedan ser hogares y dejen de ser centros penitenciarios.

Exijamos simplemente que cumplan lo que acuerdan*, que asuman sus leyes. Ese debería ser nuestro mínimo.

*Anexo con  los principales puntos del acuerdo del Consejo Interterritorial:

Transformación y modernización del modelo de cuidados y apoyos con enfoque de derechos humanos

Derecho a la atención y apoyos personalizados

Derecho a una atención libre de sujeciones

Sin nuevas macro-residencias

Residencias con ambiente hogareño, lo más parecido a un hogar

Participación de las familias

Derecho a la intimidad y privacidad

Personalización de los espacios y entornos amigables

Ubicación en el entorno comunitario

Mejora de los servicios domiciliarios

Más profesionales de atención directa cuidando y prestando apoyos

Mejora de la calidad del empleo

Mejora de la coordinación social y sanitaria

Cultura de la evaluación de la calidad

Otro modelo de residencias es posible

Centenares de personas se plantan contra el modelo de residencias: “Basta de negocios con nuestros mayores”

Una larga columna de gente desfila por Madrid para denunciar las paupérrimas condiciones de las residencias actuales y para pedir un nuevo modelo de gestión pública

Informe Especial — Nada ha cambiado en las residencias dos años y 32.000 muertos después

Manifestación en Madrid con el lema «Otro modelo de residencias es posible» Javier Lopez

Alberto Ortiz

La pandemia de coronavirus sigue cediendo y en algunos casos es ya un simple recuerdo. Es difícil, sin embargo, olvidar lo ocurrido en las residencias en 2020. Allí fallecieron 20.000 personas según los registros oficiales –aunque las organizaciones estiman que fueron 30.000– durante los peores meses de la crisis sanitaria. Algunas decisiones políticas y las paupérrimas condiciones fueron terminales para muchos residentes. Las asociaciones que agrupan a los familiares y a los usuarios han decidido movilizarse, esgrimir un “¡basta ya!” a esas condiciones y pedir un nuevo modelo asistencial basado en la protección pública y en el aumento del personal de cuidados.

Cientos de personas han cruzado este sábado la Gran Vía, epicentro del capital en la ciudad, con un mensaje rotundo contra la privatización de los centros de mayores y dependientes. “A su robar, hoy llaman privatizar”. “Dignidad y respeto”. “Derechos humanos al anciano”. “Sin enfermeras no hay cuidados”. Son las consignas impresas en las pancartas que desfilaban por la céntrica calle madrileña, a la que han llegado personas de todas partes de España, vinculadas a diferentes colectivos de familiares de residentes y usuarios de estos centros. La manifestación ha partido desde la Plaza de España y ha alcanzado la Plaza del Callao, donde la periodista Rosa María Artal ha leído un manifiesto titulado ‘Basta Ya’, con un compendio de las medidas que reclaman a las comunidades autónomas, en las que están delegadas las competencias de dependencia.

“¡Por nuestros mayores!”, gritaba un grupo de personas pocas horas antes del comienzo de la marcha, al encontrarse con un otro de manifestantes en Plaza de España. Llevaban banderas andaluzas y carteles con las caras de sus familiares. Una chica se emocionaba al ver llegar a tanta gente. “Son muchos sentimientos encontrados, son muchos años de pelear”, explicaba a este diario con los ojos empañados. Su nombre es Esther Pascual, que junto a otro grupo de familiares fundó la asociación ADBAR en la Comunidad Valenciana. Lo hizo cuando internó a su madre en una residencia y se quedó espantada con las condiciones que vio. “¿Cómo puede ser que se acuesten sin cenar, que haya brotes de chinches, que no haya personal sanitario?”, se pregunta.

A los pocos meses de ingresar, su madre perdió 30 kg, relata: “Te dicen: se mueren porque son mayores. No, perdona, se morirán cuando toquen, pero tú no puedes acelerar ese proceso. A mi madre no le tocaba morirse”. Su madre falleció el año pasado, después de pasar por dos residencias y la pandemia. “¿Cómo le damos la vuelta a este modelo?”, cuestiona.

A su lado sujeta una pancarta Francisco Martínez, que tiene 74 años y en Navidad tuvo que operarse del corazón. Ha venido desde Elche para protestar por la situación que él mismo vive en La Saleta, la residencia en la que lleva más de una década. “Nos han tenido abandonados y olvidados. Cuando vino la pandemia hubo tal caos que nos contagiamos todos. No han sabido manejar la situación. Falleció bastante gente. Mucho abandono”, cuenta. La pandemia sacó a la luz las costuras de una gestión que ya antes era mala y que a pesar de los embates de la crisis sanitaria nadie ha decidido resolver. Hoy Francisco tiene que ayudar al escaso personal de enfermería a llevar la cuenta de las medicinas del resto de pacientes. “Es una lucha diaria. Las enfermeras más veteranas se han marchado. Entra gente nueva que está saturada porque no hay gente. Hay enfermeras que se van a la semana porque están desbordadas”, explica. Luego, enumera: persianas rotas, timbres que no funcionan y muchos radiadores que llevan estropeados meses y que ahora que se acerca el otoño nadie ha decidido arreglar todavía.

La movilización ha sido convocada por La Plataforma Estatal de Organizaciones de Familiares y Usuarias de Residencias para Mayores y para Personas Discapacitadas, una entidad que agrupa a las principales asociaciones de este sector, como la Coordinadora 5+1, Rede o Pladigmare. En una carta dirigida a la ciudadanía, publicada hace pocos días, los organizadores pedían una gran manifestación para denunciar la situación que se vive a diario en las residencias y para pedir a las comunidades autónomas “un cambio de actitud y de talante” para acometer un cambio normativo que regule el funcionamiento de estos centros. 

En esa misiva, la plataforma enumeraba las principales deficiencias del sistema de residencias actual, que coincide con las descripciones de Ester o de Francisco: “La inexistencia de personal suficiente, y cualificado, para atender las múltiples necesidades de los resi­dentes; la deficiencia de la atención médica; la práctica abusiva de sujeciones físicas y químicas; el funcionamiento ausente de los servicios de inspección; las continuas violaciones de las normativas por parte de las empresas operadoras; la alimentación escasa y pobre en valores nutricionales; la ausencia de la iniciativa pública en beneficio de una consolidada red de empresas privadas usureras; unos servicios asistenciales y de cuidados paupérrimos o abandonados, etc”. Todo ello, denuncian en la carta “es el inaceptable reflejo del modelo hoy vigente de residencias”. 

Precisamente esta semana, en un pleno del Ayuntamiento de San Sebastián de los Reyes, Mariano Turégano, de 82 años, relataba las condiciones en las que se encuentran él y sus compañeros en la residencia de Moscatelares, en San Sebastián de los Reyes, unas instalaciones que dependen de la Comunidad de Madrid. “En nuestras habitaciones hemos pasado un verano de 40 grados porque la Comunidad de Madrid mira para otro lado cuando se trata de ver por la salud y el bienestar de sus ciudadanos. Algunas de nuestras compañeras y compañeros han sido hospitalizados este verano con altos niveles de deshidratación que agravan o desencadenan otras patologías”, explicaba emocionado. 

Paulino Campos, uno de los portavoces de La Plataforma y presidente de REDE en Galicia, afirma en declaraciones a este diario que el de Mariano no es un caso singular. “Marianos hay todos los días. El asunto es cómo permitimos como sociedad que se dé esta situación”, se pregunta. “¿Por qué estamos torturando a las personas mayores y a los familiares también? No es aceptable, por eso convocamos la manifestación”, argumenta.

Irene Velasco, que marcha junto a varios familiares en la manifestación, ha viajado hasta Madrid desde Alcalá de Guadaira, donde tiene a su madre ingresada. Las condiciones de la residencia, gestionada por la empresa Domus VI, tienen unas carencias que, dice, “no se pueden permitir”. “La alimentación es mala, hay fallos en la medicación, falta personal…”, resume. Esa falta de personal –no hay enfermería por las tardes, noches o fines de semana– provoca situaciones como la que se vivió hace poco: a una residente se le soltó la sonda de la alimentación, un problema que se habría resuelto rápidamente con una enfermera en el centro. El agujero de la vía se cerró y precisó una intervención quirúrgica en un hospital. “Ellos no detectan los problemas de salud, somos nosotros los que les hacemos test de covid o nos damos cuenta de que tienen una infección de orina”, protesta.

Hace poco, a su madre le cambiaron la alimentación por el deterioro de su estado a un menú de triturados, pero el centro no avisó a la familia. “No me parece que cosas tan importantes en la vida de una persona no se hagan con la suficiente delicadeza y humanidad que precisan”, comenta. Por ello, han presentado una demanda contra el centro ante la Justicia y se han asociado con otras familias en la misma situación para valorar acciones conjuntas, porque se han dado cuenta, dice, que hay problemas que son estructurales y precisan una respuesta organizada.

Un nuevo modelo de residencias

El pasado 28 de junio, el Ministerio de Sanidad y los consejeros de dependencia de las comunidades autónomas llegaron a un acuerdo sobre los criterios para garantizar la calidad de los centros y servicios de dependencia. Ese documento establece un plazo de varios meses para que las comunidades aprueben sus nuevas normativas para regular el funcionamiento de los centros. La Plataforma cree que este es un momento esencial para exigir a los diferentes gobiernos regionales “un cambio de actitud para encarar el debate público sobre el marco normativo y el modelo” de residencias y, en general, de la dependencia. 

Las asociaciones agrupadas en torno a la plataforma creen que el acuerdo alcanzado este verano se queda corto, no garantiza el cambio de modelo y no asegura “cuidados dignos y de calidad”. “No han tomado en consideración gran parte de las exigencias prioritarias de los familiares y las usuarias”, lamenta la carta enviada a la ciudadanía. Por ejemplo, el Acuerdo establece un coeficiente mínimo de 43 cuidadores por cada 100 usuarios, mientras que la petición de la plataforma era elevar ese ratio hasta un trabajador por cada cuatro residentes en los turnos de mañana y de tarde y de 1 a 10 en los de noche. “La cifra aprobada en el acuerdo perpetúa uno de los grandes dramas que arrastran las residencias: la flagrante falta de personal”, lamentan. Tampoco se tiene en cuenta, añaden, el suficiente refuerzo del personal de inspectores ni se establecen órganos de representación con la participación de familiares.,

Otro de los principales puntos que las asociaciones pedían y que no se han tenido en cuenta es la creación de residencias públicas para, argumentan, “combatir adecuadamente la obscena privatización del sector de los cuidados a personas mayores y con discapacidad”. “Lo público está ausente y eso explica parte de lo que está sucediendo. Si desaparece la administración pública, no tenemos la posibilidad de escrutar desde el servicio público y la ciudadanía lo que está sucediendo. Has dejado una tierra ancha para que entren estos malvados, que solo les interesa ganar dinero”, sostiene Campos.

Por último, las organizaciones lamentan que no se haya reflejado en ese acuerdo un compromiso para acabar con las macroresidencias “ni el espíritu de hacinamiento que transmiten”. “Se seguirán permitiendo construcciones de edificios de 120 plazas, cuando hemos propuesto que la cantidad no sobrepase las 60 camas por centro”, apuntan, al tiempo que rechazan que no haya una exigencia sobre el número de camas individuales mínimas que deben existir.

200.000 firmas ante el Congreso

Campos explica que una de las iniciativas que han impulsado de cara a esta movilización es la recogida de más de 200.000 firmas que van a presentar ante el Congreso de los Diputados, un gesto simbólico, puesto que las competencias de dependencia están transferidas a las comunidades autónomas, pero que esperan sirva de llamada de atención para todos los parlamentarios. Las firmas son en realidad una donación de las recogidas en la plataforma Change.org por el periodista Manuel Rico y el profesor Fernando Flores para pedir a la Fiscalía General del Estado una investigación sobre lo sucedido en las residencias durante la pandemia y al Congreso la creación de una comisión de la verdad para el mismo fin. A las rúbricas recogidas en esa plataforma se suman las coleccionadas por Amnistía Internacional, que también realizó una campaña en este sentido y también ha decidido donarlas para la causa. 

“El Congreso de los Diputados tendría que haber investigado y analizado lo que pasó en las residencias. Nosotros queremos pedir con estas firmas que se analice, que se investigue lo que ha ocurrido, que todavía está sin investigar y se va a cerrar en falso”, explica Campos, que pone en valor una investigación de este tipo no solo por razones de verdad, reparación y justicia, sino porque puede ser una herramienta positiva para preparar mejor una siguiente pandemia. “Por ejemplo, para saber qué porcentaje de habitaciones individuales es necesario. Es de cajón que el mayor número de muertes fue en las residencias, que fue peor en las macroresidencias y en las que más habitaciones dobles tenían. Es de cajón pero hay que demostrarlo con datos empíricos”, sostiene. 

De momento, la manifestación de hoy servirá, esperan, como una llamada de atención tanto a los políticos como a la sociedad a la que han interpelado desde el centro de la calle: “No nos mires, únete”. La concentración ha terminado en la Plaza del Callao con la lectura del manifiesto y entre canciones de Joan Manuel Serrat y el Blues de la Tercera Edad, de Miguel Ríos: “En el cristal ve su reflejo; su belleza es la dignidad; repite el mantra de un consejo; Ana, no te rindas jamás”

LA BUENA NOTICIA DEL DGO.25º-C

NO SE PUEDE SERVIR A DIOS Y AL DINERO

LA HORA DE LA PALABRA

Hay que escoger

“No se puede servir a Dios y al dinero”. Si uno vive subyugado por el dinero, pensando solo en acumular y en tener más y más, no puede servir a ese Dios que lo que nos propone es una vida más justa y digna para todos, comenzando por los últimos.

Un seguidor de Jesús no puede hacer cualquier cosa con el dinero.                             Hay un modo de ganar dinero, de gastarlo y de disfrutarlo que es injusto, pues olvida a los más pobres.

Los bienes de este mundo o los utilizamos para crear fraternidad o no sirven para nada.

Lectura de la Palabra

Lucas 16, 1-13

No podéis servir a Dios y al dineroEn aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Un hombre rico tenía un administrador, y le llegó la denuncia de que derrochaba sus bienes.

Entonces lo llamó y le dijo: «¿Qué es eso que me cuentan de ti? Entrégame el balance de tu gestión, porque quedas despedido.»

El administrador se puso a echar sus cálculos:

«¿Qué voy a hacer ahora que mi amo me quita el empleo? Para cavar no tengo fuerzas; mendigar me da vergüenza. Ya sé lo que voy a hacer para que, cuando me echen de la administración, encuentre quien me reciba en su casa. »

Fue llamando uno a uno a los deudores de su amo y dijo al primero: «¿Cuánto debes a mi amo?»

Éste respondió: «Cien barriles de aceite.»

Él le dijo: «Aquí está tu recibo; aprisa, siéntate y escribe cincuenta.»

Luego dijo a otro: «Y tú, ¿cuánto debes?»

Él contestó: «Cien fanegas de trigo.»

Le dijo: «Aquí está tu recibo, escribe ochenta.»

Y el amo felicitó al administrador injusto, por la astucia con que había procedido. Ciertamente, los hijos de este mundo son más astutos con su gente que los hijos de la luz.

Y yo os digo: ganaos amigos con el dinero injusto, para que, cuando os falte, os reciban en las moradas eternas.

El que es de fiar en lo menudo también en lo importante es de fiar; el que no es honrado en lo menudo tampoco en lo importante es honrado.

Si no fuisteis de fiar en el injusto dinero, ¿quién os confiará lo que vale de veras? Si no fuisteis de fiar en lo ajeno, ¿lo vuestro, quién os lo dará?

Ningún siervo puede servir a dos amos, porque, o bien aborrecerá a uno y amará al otro, o bien se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero.»

Comentarios:

COMPROMISO IMPOSIBLE

El mensaje de Jesús obliga a un replanteamiento total de la vida; quien escucha el Evangelio intuye que se le invita a comprender, de manera radicalmente nueva, el sentido último de todo y la orientación decisiva de su conducta.

Es difícil permanecer indiferente ante la palabra de Jesús, al menos si uno sigue creyendo en la posibilidad de ser más humano cada día. Es difícil no sentir inquietud y hasta cierto malestar al escuchar palabras como las que hoy nos recuerda el texto evangélico: «No podéis servir a Dios y al Dinero».

Es imposible ser fiel a un Dios que es Padre de todos y vivir al mismo tiempo esclavo del dinero y del propio interés. Solo hay una manera de vivir como «hijo» de Dios, y es vivir como «hermano» de los demás. El que vive solo al servicio de sus dineros e intereses no puede ocuparse de sus hermanos, y no puede, por tanto, ser hijo fiel de Dios.

El que toma en serio a Jesús sabe que no puede organizar su vida desde el proyecto egoísta de poseer siempre más y más. A quien vive dominado por el interés económico, aunque viva una vida piadosa y recta, le falta algo esencial para ser cristiano: romper la servidumbre del «poseer» que le quita libertad para escuchar y responder mejor a las necesidades de los pobres.

No tiene otra alternativa. Y no puede engañarse, creyéndose «pobre de espíritu» en lo íntimo de su corazón, pues quien tiene alma de pobre no sigue disfrutando tranquilamente de sus bienes mientras junto a él hay necesitados hasta de lo más elemental.

Tampoco podemos engañarnos pensando que «los ricos» siempre son los otros. La crisis económica, que está dejando en paro a tantos hombres y mujeres, nos obliga a revisar nuestros presupuestos, para ver si no hemos de reducirlos para ayudar a quienes han quedado sin trabajo. Sería un buen test para descubrir si servimos a Dios o a nuestro dinero.

Por José Antonio Pagola

TESTIGOS DE LA PALABRA

El sacerdote David Tanko fue asesinado el pasado 29 de agosto de 2019 en Nigeria mientras mediaba en un conflicto entre distintos grupos étnicos en el centro-este del país. El religioso fue retenido por unos hombres armados cuando se dirigía a la aldea en la que se negociaría un acuerdo de paz. Los hombres armados lo mataron y luego quemaron el cuerpo del religioso e incendiaron su vehículo.

El obispo de Jalingo, Charles Michael Hammawa, ha condenado el horrible crimen y ha asegurado que «tan pronto como supimos de la noticia de su muerte, nos quedamos petrificados. La diócesis está de luto».

«Hemos predicado la paz y hemos hecho esfuerzos para llevar a ambas partes a la mesa de negociaciones. La policía estatal me prometió que están investigando el caso. Mientras recemos para que los asesinos sean llevados ante la justicia lo antes posible.

El conflicto entre los Tiv y los Jukun se remonta a 1953. Las dos poblaciones vivieron en armonía hasta la colonización británica, cuando las autoridades coloniales favorecieron a los Jukun en detrimento de los Tiv, plantando la semilla de la discordia que brotó y fructificó hasta nuestros días.

La Iglesia Alemana

La Iglesia alemana pide formalmente al Papa el sacerdocio para la mujer y dejar de considerar pecado la homosexualidad

Por Jesús Bastante 

La Iglesia alemana pide formalmente al Papa el sacerdocio para la mujer y dejar de considerar pecado la homosexualidad© Proporcionado por eldiario.es

“Ninguno de nosotros quiere sustituir al papa, anular el derecho canónico o reescribir el dogma de la Iglesia. Lo que queremos es hacer preguntas, debatir, hacer avanzar la discusión”. El cardenal Marx, uno de los purpurados de la mayor confianza del Papa, resumía el paso adelante –para los ultraconservadores, un cisma en toda regla– dado por el Camino Sinodal alemán (Synodaler Weg) para modificar algunos aspectos clave de la doctrina eclesiástica en temas como la moral sexual, la homosexualidad o el acceso de gays y mujeres al sacerdocio.

El camino sinodal es una especie de asamblea en la que se discuten cuestiones teológicas y organizativas de la Iglesia, y está formada por religiosos y laicos. Las propuestas fueron aprobadas por amplísima mayoría por el conjunto de asambleístas. Sin embargo, en el caso de la reforma en la moral sexual –para dejar de definir como pecado la práctica homosexual, las relaciones prematrimoniales o reconocer los matrimonios entre personas del mismo sexo o a los divorciados vueltos a casar– las iniciativas fueron bloqueadas por una minoría de obispos (se necesitaban más de dos tercios de todos los estamentos y, mientras el conjunto de la asamblea aprobaba el texto con un 82% de apoyos, entre los obispos solo se llegó al 61%). No obstante, tras una profunda discusión, se decidió enviar el texto a Roma. Aún más: explicárselo al Papa, con quien se encontrará la cúpula de la Conferencia Episcopal del país en noviembre.

Tanto en Alemania como en el Vaticano (y en los think tanks ultracatólicos de Europa y Norteamérica) se es consciente del peso de la posición alemana a la hora de exportar propuestas al resto de la Iglesia. “Nadie hará caso a las propuestas españolas, pero Alemania siempre ha sido, y sigue siendo, un motor teológico y de reformas imprescindible”, admite a elDiario.es un miembro de la comisión vaticana que está recibiendo las propuestas provenientes de todo el mundo. En octubre arrancará la discusión continental, y el año que viene tendrá lugar un sínodo mundial, del que podrían salir reformas que, para algunos, supondrían un avance histórico y, para otros, una ruptura similar a la que, ahora hace medio milenio, provocó otro alemán, Martín Lutero.

¿Qué propone la Iglesia alemana? Solicitar al Papa una revisión de la doctrina que abra la posibilidad del sacerdocio para la mujer, estudiar la modificación de los cánones del Catecismo que condenan la homosexualidad o levantar la prohibición de la ordenación sacerdotal de hombres homosexuales.

La aprobación del texto que pide el cambio en el Catecismo contó con el 92% de apoyos, y un 71% (más de dos tercios) entre los obispos, algo impensable en países como España, donde ningún prelado (y muy pocos de los católicos que participan en la vida diaria de la Iglesia) defendería dejar de considerar las prácticas homosexuales como un pecado.

«Dado que la orientación homosexual pertenece al ser humano tal y como ha sido creado por Dios, no debe ser juzgada éticamente de forma diferente, en principio, a la orientación heterosexual», se lee en el texto aprobado, que sostiene que la homosexualidad “también realizada en actos sexuales no es un pecado que separe de Dios”. Y, al no ser un pecado, un homosexual podría, perfectamente, ser sacerdote.

En cuanto a la mujer, la unanimidad parece casi asombrosa: el 92% de todos los compromisarios, y el 81% de los obispos, aprobaron solicitar que las mujeres puedan también ser admitidas al sacerdocio. El único cambio en el documento original fue cambiar el tono: el primer texto hablaba de «exigir», mientras que en el enmendado aparece el término «solicitar». En todo caso, es la primera vez en la historia que una conferencia episcopal pide formalmente al Vaticano revisar la doctrina del sacerdocio para incluir a las mujeres.

El documento aprobado denuncia que «no es la participación de las mujeres en todos los ministerios y cargos de la Iglesia lo que requiere justificación, sino la exclusión de las mujeres del ministerio sacramental», y lo argumenta: “No existe ninguna línea de tradición ininterrumpida» en la historia de la Iglesia para excluir a las mujeres del ministerio.

La Religión, tema central de campaña

Los Bolsonaro y la guerra sucia de los predicadores: la religión se convierte en el tema central de la campaña en Brasil

Jair Bolsonaro

La derecha brasileña trata de captar electores entre los evangelistas con el apoyo de los EEUU. Mientras tanto, Lula da Silva sostiene que «todas las iglesias tienen que ser defendidas por el Estado, pero las iglesias no deben tener partido».

Esta combinación de imágenes creada el 16 de agosto de 2022 muestra al presidente de Brasil, Jair Bolsonaro y al candidato presidencial de la oposición Lula da Silva.                        

 MIGUEL SCHINCARIOL, MAURO PIMENTEL / AFP

Cuando restan 41 días para las elecciones que decidirán el destino de la tambaleante democracia brasileña Michelle Bolsonaro, la esposa del presidente Jair Bolsonaro, ganó protagonismo a caballo de un discurso religioso al extremo. O para decirlo sin rodeos, incendiario. Ella es la persona «más importante» de la campaña, dijo su marido, quien dedicó este fin de semana a reunirse con militares en la Academia de Agulhas Negras, en la que él se graduó hace cinco décadas, y a hacer proselitismo en la carretera Río de Janeiro-San Pablo, donde saludó a centenas de automovilistas a pesar del frío reinante.

Michelle y el presidente, que buscará ser reelegido el 2 de octubre, fueron los únicos oradores en el lanzamiento de la campaña, ante la mirada del candidato a vicepresidente, el bastante impopular general Walter Souza Braga Netto. 

Michelle Bolsonaro asegura que Lula da Silva encarna al demonio

La primera dama también hizo uso de la palabra en Juiz de Fora, donde hace cuatro años el entonces candidato Bolsonaro fue apuñalado un mes antes de los comicios. Enérgica proclamó que gracias a un milagro su esposo sobrevivió a la cuchillada de 2018 y ahora el «Señor» lo escogió para derrotar al «demonio» encarnado por el candidato opositor Luiz Inácio Lula da Silva, del Partido de los Trabajadores (PT).

De acuerdo con la última encuesta de la agencia Datafolha, conocida la semana pasada, Lula suma el 47% de las intenciones de voto frente al 32% de Bolsonaro con vistas a los comicios.

Activismo religioso

Ahora bien, en el segmento evangélico el favorito para el 2 de octubre es Bolsonaro, que suma 59% ante el 32 de Lula. Esos 27 puntos de ventaja son atribuidos a la irrupción de Michelle como la nueva estrella en los actos oficialistas y a la ofensiva llevada adelante por miles de pastores en cuyos sermones son propaladas fake news, como aquella que asegura que en caso de una victoria petista serán cerrados los templos.

«Acá pasará lo mismo que en los países comunistas» declaró una señora preocupada con la clausura de su iglesia. La mujer fue entrevistada por radio CBN, donde se publicó un informe sobre el activismo religioso el cual encendió una luz de alerta en el comando de campaña petista.

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Una de las voces cantantes de esta narrativa es la pastora Damares Alves, exministra de la Familia y una suerte de lugarteniente de la primera dama. Alves, que acusa a los gobiernos del PT de haber incentivado el consumo de crack en escuelas, es tenida como una de las puntas de lanza en Brasil del evangelismo sionista estadounidense.

«Fariseos»

En su primer acto de campaña masivo en San Pablo, el sábado pasado Lula le entró de lleno a la guerra sucia de los predicadores en pos de la reelección del excapitán del Ejército. «Yo, Luiz Inácio Lula da Silva, defiendo el Estado laico, el Estado no tiene que tener religión. Todas las iglesias tienen que ser defendidas por el Estado pero las iglesias no tienen que tener partido, las iglesias tienen que cuidar de la fe y no de candidaturas de falsos profetas y de fariseos que están engañando al pueblo».

Según trascendidos en el PT se redoblarán esfuerzos para reconquistar evangélicos aún conscientes de que parte de éstos no son incondicionales de la ultraderecha y ya le dieron el voto a Lula en sus campañas victoriosas de 2002 y 2006. Tal vez fue siguiendo esa premisa que el ex obrero metalúrgico, bien abrigado con un jersey negro para campear el frío paulista, recomendó llevar la pelea política dentro de los templos.

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«Si frecuentamos la iglesia no tenemos que tener miedo de hablar de política. Si el pastor es serio lo respetamos, pero si está mintiendo, no. No se pueden decir mentiras en nombre de Dios ni aquí ni en ningún lugar del mundo». Unido a estos dichos de su líder, el PT anunció al Tribunal Superior Electoral que fueron creados canales en las redes sociales dirigidos específicamente al electorado protestante, lo cual está contemplado en la legislación.

Bautizo

Michelle Bolsonaro nació en 1982 al inicio de una década signada por el fin de la dictadura y el comienzo de una transición hacia la democracia bajo la tutela militar. No muchos recuerdan que fue en los años 80 cuando empezó a expandirse el fenómeno evangélico en el país que es, hasta hoy, es el que concentra el mayor numero de católicos en el mundo.

Antes de conocer al diputado Bolsonaro, para quien trabajó como secretaria, Michelle ya era evangélica. Y fue gracias a su influencia y de otras personas que el exmilitar (que no dejó de ser católico) se aproximó al movimiento, hasta ser bautizado 2016 en las aguas del Río Jordán por el pastor Everaldo Pereira.

Sueño panamericano

En los 90, cuando la joven Michelle de Paula Firmo comenzaba a aproximarse a los pastores y el obispo Edir Macedo embolsaba los primeros millones gracias a sus negocios mediáticos, la agencia estadounidense USAID fortalecía su estrategia en pro de la evangelización y por cambios en la conducta «electoral» de los brasileños, escribió el ex-miembro de ese organismo Lawrence Harrison.

EEUU promocionó el evangelismo en Brasil con el objetivo de cambiar la conducta electoral del país 

El «sueño panamericano» de Harrison, que es también el de la USAID y la CIA, comenzó a ganar terreno con lógica empresarial y pragmatismo protestante: la «Teología de la Prosperidad» hizo pie en favelas y barriadas populares ante el retroceso de la «Teología de la Liberación» del catolicismo de izquierda en cuyo seno nació el PT en 1980.

Si en los años 70 las iglesias de cuño protestante representaban menos del 5% de la población a fines de los 80 rozaban el 10% y en 2010 ascendieron al 22%. Dado que en 2020 el Gobierno suspendió el censo no hay cifras oficiales pero algunas agencias de opinión pública estiman que los electores son el 28% del padrón.

En suma, esta corriente confesional tiene una importancia electoral indiscutible, unida al peso legislativo de la Bancada de la Biblia, con unos 100 diputados, y la influencia ideológica ejercida por sus cadenas de televisión y radio entre las que se destaca el Grupo Récord, del obispo Macedo.

Michelle o Mi-Cheque

En 2018 la esposa de Bolsonaro no habría querido participar en la campaña debido a su timidez. Pero aquel rubor que le causaban las cámaras fue superado poco a poco, con sucesivas apariciones en mensajes de fin de año por cadena de radio y televisión e intervenciones en actos protocolares en el Palacio del Planalto.

El matrimonio Bolsonaro estuvo asesorado por Steve Bannon, exjefe de campaña de Donald Trump

Posiblemente la desenvoltura con que habla en las manifestaciones oficialistas sea producto de algún coach contratado por el millonario equipo de publicidad del bolsonarismo, que en su momento tuvo la asesoría del estadounidense Steve Bannon, el exjefe de campaña de Donald Trump.

En la medida que Michelle fue teniendo más importancia en la campaña y su voz ganó peso dentro del «clan» familiar del que son parte los hijos del mandatario, comenzaron a conocerse más detalles de sus ambiciones de poder. Por ejemplo, sobre cómo hizo valer su influencia para que el pastor André Mendonca sea elegido como el primer evangélico en el Supremo Tribunal Federal.

Sea cual sea el resultado de la votación marcada para dentro de 41 días, la primera dama ya hizo pie en el campo político de la ultraderecha con un caudal de popularidad que le permitirían ser electa senadora por Brasilia. Claro que este capital tiene sus inconvenientes. Si antes Michelle no era blanco preferencial de la oposición ni de la prensa, ahora es un personaje que está en la mira.

Esto implica la posibilidad de que vuelvan a la luz, quizá en la campaña, dos cheques a nombre de ella emitidos por Fabrizio Queiroz, un policía retirado vinculado a las «milicias» de Río de Janeiro que trabajó durante años para el diputado Bolsonaro. Esa relación turbia del bolsonarismo con las «milicias» siempre es recordada en el PT, en especial por el diputado federal Paulo Pimenta, a quien además le gusta reemplazar el nombre Michelle por el apodo «Mi-Cheque».

Querido Papa Francisco: De hecho, eres culpable!

Eres culpable de ser un hombre y no ser un ángel!

Eres culpable porque tienes la humildad de aceptar que te equivocas y pedir perdón. Pedir perdón por ti y por nosotros. Y eso para muchos es inadmisible.

Eres culpable porque quien deseaban que fuera un juez es un laico y eres un ejemplo y testimonio de misericordia.

Eres culpable porque abandonaste la tradición de vivir en palacios y elegir vivir en los medios de la gente.

Culpable porque dejaste la sede de San Juan de Letrán y elegiste la pobreza de las prisiones, los orfanatos, los asilos y las casas de recuperación de artículos.

Si eres culpable!

Dejaste de besar los pies » perfumados » de las eminencias y besas los pies » sucios » de convictos, mujeres, enfermos, de otras confesiones religiosas, de » diferentes «!

Eres condenado porque abriste las puertas a los » y porque ante temas dolorosos y pendientes respondes simplemente: » quién soy yo para juzgar?».

Eres condenado porque asumes tu fragilidad, pidiendo que recen por ti, cuando muchos exigen que seas dogmático, intolerante y rubricista.

Papa Francisco es culpable por tantos y tantos corazones llamados » infieles «, » excomulgados » e » impuros » han redescubierto la cara hermosa de Cristo ternura y misericordia.

Eres culpable porque » llamas las cosas por los nombres » y no te alteras de recordar a los obispos que no sean pastores de aeropuerto,

sino gente con «olor a oveja».

Culpable porque rompiste las páginas de la intolerancia, de los moralidad estériles y despiadados y nos ofreciste la belleza de la compasión, de la ternura

Eres culpable porque nos abrió no tanto los ojos, la inteligencia y la razón, pero sobre todo el corazón.

Eres culpable por querer llevar la cruz de la iglesia en vez de desviar la mirada, ser indiferente al dolor y a las lágrimas de los hombres de nuestro tiempo.

Eres culpable porque no soportas los atroces crímenes hechos en nombre de Dios y aquellos que hablan de Dios pero viven en su contra.

Culpable porque buscas la verdad y la justicia,

abrazadas por la misericordia, en lugar de silenciar, ocultar, minimizar o ignorar.

Eres culpable porque dejaste de querer una iglesia de privilegios y bombo, de glorias y puede mundanos y nos enseñas la fuerza del servicio, la riqueza del lava y la grandeza de la simplicidad.

Papa Francisco deja que te culpen de estos «crímenes». sabes que a tu lado son incontables eres hombres y mujeres que, como tú, no son ángeles, son frágiles, pecadores, esperando que Cristo nos mire a nosotros y a nosotros.

Sabes que contigo hay una gran procesión de corazones que por ti rezan cada instante, por ti darían su propia vida, te siguen como ovejas que confían en el pastor.

Fue Cristo quien te puso al timón de esta barca » que es la iglesia.

Es Cristo quien te dará las fuerzas para continuar ese camino de «culpabilidad» que tan bien hizo al mundo y a la iglesia.

Querido Papa Francisco gracias por ser culpable por la belleza de la iglesia soñada por Jesús.

RadioLuz-El Salvador

La versión sacerdotal de la Iglesia Católica

Agotamiento de la versión sacerdotal de la Iglesia Católica

Jorge Costadoat S.J.

En quince años la pertenencia a su Iglesia de los católicos en Chile ha
caído alrededor de un 30%.
Este colapso tiene que ver con muchos factores. Uno de ellos es la distancia
entre el sacerdote (sacer, en latín, sacro, separado de lo profano) y el resto del
Pueblo de Dios. Cuánto han incido en esta crisis los abusos que lamentamos
esta última década, suponemos que mucho. Pero, aparte de estos, el
distanciamiento tiene causas más profundas.

Un factor decisivo en este distanciamiento es la estructuración sacerdotal de la
Iglesia. Se dice que el problema es el clericalismo. Pero este es un déficit
moral. Hay presbíteros clericales y otros que no lo son.

El asunto de fondo es que la participación y la comprensión de los fenómenos que nutren la enseñanza y la toma de decisiones en la Iglesia es prerrogativa prácticamente
exclusiva de los sacerdotes. La estructura que hace posible todo esto, a saber,
el cristianismo sacerdotal, en sentido estricto no es un pecado. Pero genera
clericalismo y un sinfín de otros problemas. Ha habido otras versiones de
cristianismo a lo largo de la historia. Por ejemplo, el monaquismo. Hoy
muchas de las familias protestantes y, sin ir muy lejos, los bailes religiosos del
norte de Chile no se estructuran a partir de sacerdotes. La versión sacerdotal
del catolicismo, por el contrario, se ha vuelto muy problemática.

Una reforma de este modo de organización del mando en la Iglesia parece
muy difícil de imaginar en el futuro inmediato. El problema comienza en
los seminarios que forman a los ministros. El Concilio de Trento quiso regular
su formación. Creó seminarios en los cuales los jóvenes eran extraídos y
protegidos del mundo. Exigió de ellos un desarraigo (dejar a sus familia y
cultura) y los devolvió al mundo como agentes de una institución dedicada a
una misión sacralizadora (sacer, sacro, separado). Se los aculturó y, al menos
desde el Vaticano I, se los romanizó.

Entre cuatro paredes, en un régimen cerrado y autosuficiente (“institución total”) los formó como personas que debían llegar a ser consideradas perfectas (“estado de perfección”) y representantes de lo sagrado. La formación se organizó fundamentalmente en función de la celebración de la Santa Eucaristía. Ellos habrían de administrar la separación de lo sagrado y lo profano; los sacerdotes de un lado y el laicado del otro. Los seminarios actuales son en muchos aspectos distintos de los
seminarios tridentinos, pero en lo fundamental aún hacen de la separación el
factor articulador. La formación católica de los laicos/as, por otra parte, es
muy deficitaria. La catequesis no da para formar cristianos/as que se sepan
parte de una comunidad y que puedan participar en ella como adultos. Salvo
excepciones, la mayoría de los católicos/as no son parte de nada.

El caso es que precisamente esta separación lleva a la jerarquía católica, y a
los presbíteros en particular, a oponer Iglesia y mundo como dos magnitudes,
si no antagónicas, yuxtapuestas. Pero, ¿acaso la Iglesia no forma parte del
mundo”? Sí lo es, en ambos sentidos de la palabra. Para la fe católica toda
realidad es creada y, por tanto, buena. La Iglesia es tan creatura como
cualquier otra institución.

También se dice que una realidad humana es mundana en tanto falible y pecadora. Las piedras no pecan. Pero instituciones humanas, en cuanto obras de seres libres e imputables, pueden favorecer la comisión de pecados y, por tanto, son revisables y, para cumplir su función evangelizadora, deben reformarse de un modo parecido a como las personas han de convertirse. Si es necesario precisar el concepto, la Iglesia es aquella
sección del mundo que ha creído en Jesucristo y lo trasmite a lo largo de los
siglos, dando testimonio de él unas veces y un anti-testimonio otras.

Pues bien, la distinción Iglesia-mundo, cuando distribuye el bien y la verdad
del lado de la Iglesia y el mal y la ignorancia del lado del mundo, entorpece
gravemente anunciar el Evangelio a los contemporáneos. Una Iglesia que
niega su propia realidad no anuncia el Evangelio. ¿Cómo pudiera serlo sin la
mediación de todos los bautizados/as, sin exclusión? ¿Cómo pueden ser buena
noticia para el común de los cristianos/as unas enseñanzas que no provienen
ulteriormente de la experiencia de vida de ellos mismos? Los presbíteros en
los seminarios son formados para educar, pero no para aprender de los demás
cristianos.

En el postconcilio esta situación tiene como ícono Humanae vitae que
prohibió el recurso a medios artificiales de fecundidad y, además, demandó
que todas las relaciones sexuales entre los esposos estuvieran abiertas a la
procreación. Nadie puede decir hoy que esta encíclica haya sido recibida por
el Pueblo de Dios. No la ha aceptado el laicado. Más bien, la ha rechazado
ampliamente. El documento pontificio lamentablemente ha provocado la fuga
de muchas mujeres de su Iglesia. Otras han permanecido en ella, pero a costa
de enormes angustias. Las nuevas generaciones la desconocen. Este fracaso
magisterial no se subsana entregando a los esposos la interpretación de la
encíclica. Esta, además, constituye un candado doctrinal que impide a los

agentes pastorales orientar a los jóvenes y a las personas homosexuales, y de
otras formas de ser pareja.

Tampoco el Vaticano II, concilio extraordinariamente renovador, hizo las
innovaciones doctrinales suficientes para desmontar la versión sacerdotal de la
Iglesia. El Concilio impulsó reformas mayores. Niveló la relación entre los
ministros y los fieles al considerar el bautismo como común denominador;
puso a la jerarquía eclesiástica al servicio del Pueblo de Dios; reconoció al
amor como principio de redención absoluto para todos los seres humanos;
impulsó un diálogo Iglesia-mundo, pudiendo y debiendo aprender ella de este,
y no solo enseñarle.

Pero, por otra parte, el Vaticano II puso estas innovaciones en manos de los mismos sacerdotes, los celebrantes de la Eucaristía considerada la cumbre y la fuente de la vida de la Iglesia, es decir, los varones que han continuado separando y creyendo administrar lo sagrado y lo profano. Los decretos conciliares sobre el sacerdocio (Presbiterorum
ordinis) y su formación (Optatam totius) han constituido un progreso pero, al
no ir lo bastante lejos en la superación de aquella separación, la reforma
impulsada ha quedado a medio camino, lo cual, a la vez, ha facilitado
regresiones muy lamentables como lo ha sido una re-sacralización de los
ministros y nuevos alejamientos en su relación con los y las católicas.
En el período pos-conciliar los seminarios han procurado acercar a los
seminaristas al mundo real.

Lo han hecho como un asunto espiritual y pastoral, pero ignorándose que la espiritualidad y la pastoralidad cristianas auténticas solo pueden darse allí donde hay un diálogo, una interacción y una participación efectivas de todos los bautizados/a en la
tarea de anunciar el Evangelio. En la Iglesia Católica no hay cauces para
algo así. Todo queda entregado a la buena voluntad de los presbíteros.
La misma modernización de la formación de los seminaristas
–incorporación de ciencias como la psicología y la sociología- no ha
bastado. Si los seminarios de impronta tridentina que ejecutan la
separación Iglesia-mundo no son desmontados, los laicos/as seguirán
siendo víctimas de su propia Iglesia.

Pero no solo estos, también los mismos seminaristas tempranamente
comienzan a sufrir psíquicamente esta distancia operada entre Dios y su
creación. La separación Iglesia-mundo, que los inicia en el camino al
sacerdocio, los divide interiormente, los daña y enrarece el cumplimiento de
su misión. El régimen formativo genera personas que, por una parte deben
representar la perfección evangélica, una suerte de participación en la
infalibilidad, y, por lo mismo, se ven forzados a ocultar sus imperfecciones.

No debiera extrañar que pueda pensarse que esta escisión sea una causa
importante de los encubrimientos de los abusos sexuales, de poder y de
conciencia del clero. Pero, dejados estos aparte, una persona bipolarizada por
la formación recibida solo malamente podrá orientar la vida cristiana de los
demás. Bastante más ayudaría a los seminaristas una conciencia de falibilidad
y una experiencia de la misericordia. Así podrían hablar de la salvación como
una realidad experimentada en primera persona.

En suma, solo podrá haber una reforma de la Iglesia cuando se superen las
separaciones señaladas. De momento, el común de los católicos, y las mujeres
más que nadie, no tienen ninguna participación en la generación de las
decisiones más importantes de su Iglesia. Estas son obra de un estamento
sacerdotal que se elige a sí mismo y no se siente obligado a dar cuenta
(accountability) a nadie del desempeño de sus funciones. Los obispos y
sacerdotes son los “elegidos” por Dios, pero como si Dios no pudiera elegirlos
a través de las comunidades.

Así las cosas, la Iglesia no está a la altura de los tiempos y, porque la
Encarnación pide hacerse a los tiempos, a los tiempos de la autonomía de la
razón y a las demandas de dignidad de los seres humanos, muy difícilmente
puede ser testimonio de Jesucristo.

La pena de muerte

Pena de muerte
Pena de muerte

Francisco llama a la movilización «para lograr la abolición de la pena de muerte en todo el mundo»

«La sociedad puede reprimir eficazmente el crimen sin quitar definitivamente a quien lo cometió la posibilidad de redimirse»

«La pena capital no ofrece justicia a las víctimas, sino que fomenta la venganza. Y evita toda posibilidad de deshacer un posible error judicial»

«Recemos para que la pena de muerte, que atenta contra la inviolabilidad y dignidad de la persona, sea abolida en las leyes de todos los países del mundo»

Por Jesús Bastante

«El mandamiento «no matarás» se refiere tanto al inocente como al culpable. Por eso, pido a todas las personas de buena voluntad que se movilicen para lograr la abolición de la pena de muerte en todo el mundo». El Papa Francisco vuelve a reivindicar, en su ‘Vídeo del Papa’ para este mes de septiembre, la necesidad de acabar con la pena de muerte, que «no es necesaria» desde un punto de vista jurídico, y resulta «moralmente inadmisible».

En el vídeo, Bergoglio subraya cómo «cada día crece más en todo el mundo el NO a la pena de muerte. Para la Iglesia esto es un signo de esperanza». ¿Por qué? Porque, «desde un punto de vista jurídico, no es necesaria», dado que «la sociedad puede reprimir eficazmente el crimen sin quitar definitivamente a quien lo cometió la posibilidad de redimirse».

«Siempre, en toda condena, debe haber una ventana de esperanza», subraya el Papa, que añade que «la pena capital no ofrece justicia a las víctimas, sino que fomenta la venganza. Y evita toda posibilidad de deshacer un posible error judicial».

Derecho a vivir para el inocente, y para el culpable

Por otro lado, añade, «moralmente la pena de muerte es inadecuada, destruye el don más importante que hemos recibido: la vida. No olvidemos que, hasta el último momento, una persona puede convertirse y puede cambiar».

«Y a la luz del Evangelio, la pena de muerte es inadmisible. El mandamiento «no matarás» se refiere tanto al inocente como al culpable», concluye el Pontífice, quien invita a todas las personas de buena voluntad a una movilización global para su abolición. «Recemos para que la pena de muerte, que atenta contra la inviolabilidad y dignidad de la persona, sea abolida en las leyes de todos los países del mundo».

La Iglesia está en Sínodo

Al menos 100 de las 114 Conferencias Episcopales del planeta han enviado a Roma sus síntesis sinodales

El relator del proceso, Jean-Claude Hollerich, evalúa la consulta local lanzada por el Papa: “¡Esta increíble cifra nos dice que sí, la Iglesia está en Sínodo!”

El secretario general del Sínodo, el cardenal Mario Grech, garantiza que los resúmenes de los Episcopados no son “la tumba de la profecía”

El subsecretario español Luis Marín augura que el proceso tiene ya “una fuerza enorme, verdaderamente revolucionaria”

El cardenal Jean-Claude Hollerich, relator general de la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, ha definido como “impresionante” la implicación de los diferentes grupos y realidades eclesiales en la primera fase de consulta sinodal que se ha cerrado justo antes del verano.

Con esta impresión inicial, detalló que el 98% de las 114 Conferencias Episcopales del planeta cuentan con una persona de contacto o un equipo sinodal y que, hasta hoy, ya han recibido 100 síntesis. “Y siguen llegando. ¡Esta increíble cifra nos dice que sí, la Iglesia está en Sínodo!”, compartió sin debelar cuales son los Episcopados más rezagados o ‘negacionistas’ del proceso.

Radiografía global

Es una de las conclusiones que los máximos responsables del Sínodo de la Sinodalidad han expuesto hoy en una rueda de prensa con motivo de repasar los pasos dados en la consulta mundial lanzada por Roma a todas las diócesis del planeta que ahora se encamina hacia una fase continental que analizará todas las propuestas lanzadas desde los diferentes países. Y todo, encaminado a octubre de 2023, cuando en principio está previsto que toda esta radiografía eclesial se exponga en una gran cumbre en Roma bajo la presidencia del Papa Francisco.

Hollerich puso en valor, tanto las reflexiones enviadas por las Iglesias católicas orientales, así como a través de los diferentes ‘Ministerios’ vaticanos, desde la Secretaría de Estado mano a mano con los nuncios al Dicasterio de los Laicos, pero también a través de la Unión de Superiores Generales y la Unión Internacional de Superioras Generales. “Las comunidades de vida consagrada tienen un patrimonio ‘sinodal’ que ofrecer a toda la Iglesia, y el proceso sinodal se lo ha recordado y nos lo ha recordado”, subrayó.

Diálogo sin precedentes

Todo esto le llevó a asegurar que “estamos ante un diálogo eclesial sin precedentes en la historia de la Iglesia, no sólo por la cantidad de respuestas recibidas o el número de personas implicadas (que para algunos que quieren confiar únicamente en números – que solo puede ser aproximado – puede parecer limitado) sino también por la calidad de la participación”.

“Contrariamente a lo que pudiera pensarse, muchas de las aportaciones enviadas no son meros pliegos de pretensiones, sino verdaderos trabajos de escucha y discernimiento”, apuntó el cardenal, que subrayó a continuación: “¡Quiero asegurarles que leeremos atentamente sus contribuciones y las tomaremos en serio!”.

No se trata de forzar

De la misma manera, volvió a recordar que el Sínodo “no es un parlamento donde se vota y se decide por mayoría y donde hay una izquierda y una derecha”. “No se trata de forzar”, alertó, quizá con el pensamiento puesto en el Camino Sinodal alemán. Además, Hollerich aseguró que “no estamos preocupados” porque el Sínodo pueda ser mediatizado por las cuestiones polémicas que pueden rodearlo, aunque reconoció que “las tentaciones” están ahí.

Con una dosis de realismo sobre la colaboración de algunos obispos en el proceso realizado, el secretario general de la Secretaría General del Sínodo, el cardenal Mario Grech, reconoció que “no nos hacemos ilusiones de que el principio de la consulta se haya aplicado con el mismo cuidado en todas las Iglesias”. “Estamos al comienzo de un camino eclesial que exige paciencia, exige una conciencia de que todos están llamados a participar, cada uno según su condición y función”, añadió. En este sentido, preguntado por las suspicacias generadas por el Camino Sinodal alemán, se limitó a

Sacramento de unidad

De hecho, se hizo de algunas de las críticas recibidas sobre el resumen realizado por los Episcopados a partir de las reflexiones de las parroquias y grupos locales. “Más de uno argumenta que los resúmenes de las Conferencias Episcopales serán la tumba de la profecía”, aseveró. Desde ahí, apuntó que “es hora de superar esta sospecha, esta reserva que ciertamente tiene sus razones históricas, pero que contrasta con la naturaleza de la Iglesia, que es “un” sacramento de unidad, es decir, un pueblo santo reunido y ordenado bajo la guía de los obispos”.

En este sentido, Grech lanzó un encargo a los prelados, a quienes les instó a no dar por zanjado el trabajo, sino a guiarse por el “principio de circularidad”, por el cual, tanto la síntesis nacional como continental han de ser trabajadas de nuevo por las diócesis. “Cada obispo está obligado a poner el documento en conocimiento de su Iglesia y leerlo atentamente al menos en los órganos participantes y redactar las observaciones con el equipo sinodal para ser enviadas a la Conferencia Episcopal o al Secretariado de la Asamblea Continental”, subrayó el purpurado en un proceso en el que se busca una “lectura crítica” que sea “capaz de activar la dinámica sinodal a través de la circularidad entre los sujetos y niveles de vida eclesial”.

Proceso irreversible

Para el subsecretario de la Secretaría del Sínodo, Luis Marín, la aventura sinodal hasta ahora es “decidida y claramente positiva”. Es más, sentenció que “no cabe duda de que, desde el Espíritu Santo, el proceso adquiere una fuerza enorme, verdaderamente revolucionaria”.

“Creo que estamos en un proceso irreversible, con distintas velocidades, lleno de matices y necesario de clarificaciones, pero sin vuelta atrás”, sentenció el agustino español, con el convencimiento de que “poco a poco, va calando, se va purificando y va renovando y reformando la Iglesia”.

Con la premisa de que se trata de un “proceso espiritual, en y del Espíritu Santo” que “tiene como eje el amor verdadero: hacia Dios, hacia la Iglesia, hacia la humanidad”, Marín considera que el camino de la sinodalidad abierto “evita el peligro tanto del ‘espiritualismo’ como del ‘sociologismo’”. “No se trata, prioritariamente, de cambio de estructuras (vendrá como consecuencia), minuciosas programaciones, profundas reflexiones académicas y mucho menos de reparto del poder o de marketing para la promoción personal o grupal”, alertó el religioso.

Descorrer cerrojos

Por eso, apuesta por conjugar como Iglesia a partir de ahora los verbos “salir”, “arriesgar”, “testimoniar” y “transformar”, que pasa por “escuchar a todos” en un “proceso integrador” y “dinámico” que implica “descorrer los cerrojos”. “No deben asustarnos las diferentes velocidades ni producirnos ansias el logro de resultados inmediatos”, apuntó, desde el deseo de “asumir un nuevo modo de ser Iglesia más coherente”. “Constraste y diversidad significa riqueza, esto no puede ser un proceso fotocopia, eso no es una familia y la Iglesia es una familia”, expuso con rotundidad.

Por su parte, la subsecretaría de la Secretaría del Sínodo, Nathalie Becquart, compartió “la impresionante movilización en todo el mundo para responder al llamado del Papa Francisco a participar en el Sínodo”. Así, puso en valor especialmente las aportaciones realizadas por países que atraviesan “múltiples crisis” como Nicaragua, Ucrania, Haití, Myanmar, Líbano, la República Centroafricana…

Estilo franco

Aterrizando en las cuestiones expuestas por los católicos, la religiosa francesa valoró “su estilo tan franco que no duda en nombrar no sólo las buenas experiencias de ‘caminar juntos’ que ya se están viviendo sino también en denunciar sin lenguaje de madera los obstáculos y las dificultades reales”.

Becquart no dudó en citar la síntesis enviada por la Conferencia Episcopal Española, para subrayar cómo, el trabajo realizado a lo largo de este primer año de consultas y encuentros “ya está dando sus frutos sobre el terreno y continuará”.

Acompañar de cerca

Con la vista puesta en la nueva etapa sinodal que se inicia, el padre Giacomo Costa, consultor de la Secretaría General del Sínodo y jefe del grupo de trabajo para la elaboración del Documento para la fase continental, aseguró que buscan “acompañar de cerca a cada continente no para imponer un modelo igual para todos, que no podría existir, sino para que cada uno encuentre el camino adecuado a sus circunstancias para crear una oportunidad de intercambio y comparación”.

En la rueda de prensa también tomó la palabra Susan Pascoe, miembro de la Comisión Metodológica de esta fase continental, que habló de la experiencia sinodal en Oceanía. En concreto, hizo referencia a las dificultades logísticas a las que se enfrentan para abordar un documento común, como el número escaso de vuelos, los costes de los viajes, los problemas para las conexiones digitales, las limitaciones del coronavirus… Aun así, valoró que “ya hay un impulso para una forma más sinodal de ser Iglesia”.

Hacia una Iglesia samaritana y cuidadora de la Naturaleza

Iglesia samaritana

«Todo parece indicar que el virus es un contra-ataque de la Madre Tierra a raíz de la secular agresión que los poderosos le hicieran devastando enteros ecosistemas en función de la acumulación de bienes materiales»

«La Madre Tierra nos quiere decir: paren este tipo de relación violenta contra mí que les doy cotidianamente todo lo que necesitan para vivir. En caso contrario, vendrán otros virus más dañinos y eventualmente el Gran Virus (The Next Big One) contra el cual las vacunas serán ineficaces y gran parte de la biosfera podrá verse peligrosamente afectada»

«Con el viraje hacia el paradigma del frater, del hermano y de la hermana, se abre una ventana de salvación»

«Hoy día el mayor problema de la humanidad no es ni el económico, ni el político, ni el cultural, ni el religioso, sino la falta de solidaridad con otros seres humanos que están a nuestro lado»

Por Leonardo Boff

Antes de abordar el tema –Hacia una Iglesia samaritana y cuidadora de la Naturaleza– pretendo hacer dos observaciones:

– La primera: ¿qué mensaje la Madre Tierra nos quiere comunicar con la intrusión del Coronavírus?

– La segunda: la confrontación de dos paradigmas civilizatorios: del dominus y del frater: ¿cuál es su significado para la actual crisis generalizada?

Vamos a la primera observación: más allá de las vacunas y de todas las precauciones contra la diseminación del vírus, hay que preguntarse: ¿de dónde viene el vírus? Todo parece indicar que el vírus es un contra-ataque de la Madre Tierra a raiz de la secular agresión que los poderosos le hicieran devastando enteros ecosistemas en función de la acumulación de bienes materiales. En otras palabras, es una respuesta al antropoceno y al necroceno. Tocamos los limites ecológicos de la Tierra al punto de que necesitamos más de un planeta y medio para atender al consumo y especialmente al consumismo suntuoso de una pequeña porción de la humanidad.

La Madre Tierra nos quiere decir: paren este tipo de relación violenta contra mí que les doy cotidianamente todo lo que necesitan para vivir. En caso contrario, vendrán otros virus más dañinos y eventualmente el Gran Virus (The Next Big One) contra el cual las vacunas serán ineficaces y gran parte de la biosfera podrá verse peligrosamente afectada. O vendrán otros eventos extremos como grandes catastrofes ecologico-sociales. 

Todo está indicando que tal mensaje no está siendo oído por los jefes de Estado, los directores de las grandes corporaciones multinacionales y por la población en general. Si lo escucharan, tendrían que cambiar su modo de producción, las ganancias absurdas y perder sus privilegios.

Hay que reconocer que la Covid-19 cayó como un meteoro rasante sobre el capitalismo neoliberal desmantelando sus mantras: el lucro,  la acumulación privada, la competencia, el individualismo, el consumismo, el Estado reducido al mínimo y la privatización de la cosa pública y de los bienes comunes. 

Mientras, planteo inequívocamente la disyuntiva: ¿vale más el lucro o la vida? ¿Debemos salvar la economía o salvar vidas humana? Si hubiéramos seguido tales mantras todos estaríamos en peligro.

Lo que nos ha salvado fue lo que le falta al capitalismo: la solidaridad, la cooperación, la interdependencia entre todos, la generosidad y el cuidado mutuo de la vida de unos y otros y de la naturaleza.

Segunda observación: El presente caos sanitario, ecológico, social, politico y espiritual es la consecuencia derivada del paradigma que ha dominado  en los últimos tres siglos de nuestra historia, ahora globalizada. Los padres fundadores de la Modernidad del siglo XVII entendían el ser humano como el dominus, el maître et possesseur de la naturaleza y no como parte de ella. Para ellos la Tierra carece de propósito y la naturaleza no tiene valor en sí misma, sino que está solo ordenada al ser humano que puede disponer de ella a su antojo. Este paradigma ha modificado la faz de la Tierra, trajo innegables beneficios, pero en su afán de dominar todo, ha creado el principio de autodetrucción de sí mismos y de la naturaleza con armas químicas, biológicas y nucleares.

El fin del mundo ya no es cosa de Dios, sino del proprio ser humano que se ha enseñoreado de la propia muerte. Llegamos a tal punto que el Secretario General de la ONU, António Guterrez dijo recientemene en un encuentro en Berlín sobre el calientamento global que crece de forma no prevista: “Solo tenemos esta elección: la acción colectiva o el suicidio colectivo”.

De cara al paradigma del dominus el Papa Francisco en la encíclica Fratelli tutti propone otro paradigma: el del frater el hermano y la hermana, él de la fraternidad universal y de la amistad social (n.6; 128). Desplaza el centro: de una civilización técnico-industrial, antropocéntrica e individualista a una civilización de la solidaridad, de la preservación y del cuidado de toda la vida.

Sabemos, por datos de la ciencia, que todos los seres vivos tienen en común el mismo código genético de base, los 20 aminoacidos y las mismas cuatro bases nitrogenadas, desde la célula más primitiva de 3,8 mil millones de años, pasando por los dinosaurios, los caballos y legándonos a nosotros. Por eso somos de hecho, y no retórica o místicamente, hermanos y hermanas. Esto lo reafirma la Carta de la Tierra así  como las dos encíclicas ecológicas del Papa Francisco.

Estos dos paradigmas están hoy altamente confrontados. Si seguimos el paradigma del señor y dueño que usa el poder como dominación de todo, hasta de las últimas dimensiones de la materia y de la vida, vamos seguramente al encuentro de un armagedón ecológico, con el riesgo de exterminar la vida en la Tierra.

 Sería el justo castigo por las ofensas y heridas que hemos infligido a la Madre Tierra por siglos y siglos. Ella seguirá su curso alrededor del sol pero sin nosotros.

Con el viraje hacia el paradigma del frater, del hermano y de la hermana, se abre una ventana de salvación. Superaremos la visión apocalíptica de la amenaza del fin de la especie humana, por una visión de esperanza, de que podemos y debemos cambiar de rumbo y de ser de hecho hermanos y hermanas dentro de la misma Casa Común, la naturaleza incluída. Sería el bien vivir y convivir del ideal andino, en armonía entre los humanos y con toda la naturaleza.

Este es el contexto dentro del cual se debe situar la acción de la Iglesia que se propone ser samaritana y cuidadora de todo lo que existe y vive.

El Papa Francisco de Roma, inspirado por el otro Francisco, él de Asís, se dió cuenta de la gravedad de la situación dramática del sistema-Tierra y del sistema-vida, y formuló una respuesta. En la Laudato Sì: cómo cuidar de la Casa Común invitó a todos a “una conversión ecológica global” (n. 5), además, “una pasión por el cuidado del mundo”…”una mística que nos anima, impele, fomenta y da sentido a la acción personal y comunitaria”(n. 216). En la Fratelli tutti fue todavia más radical: “estamos en el mismo barco, o nos salvamos todos o nadie se salvará”(n.32)

Creo que los elementos de las dos encíclicas ecológicas del Papa Francisco pueden servirnos de inspiración para realizar la misión de ser samaritanos y cuidadores de toda vida.

Pero lo primero es por dónde empezar. Aquí el Papa revela su actitud básica, repetida a menudo a los encuentros con los movimientos sociales sea en Santa Cruz de la Sierra en Bolivia, sea en  Roma:

 «No esperéis nada de arriba porque siempre viene más de lo mismo o todavía peor; empiecen por ustedes mismos», “desde abajo, desde cada uno de vosotros, a luchar por lo más concreto y local, hasta el último rincón de la patria y del mundo» (Fratelli n. 78). El Papa sugiere lo que hoy es la punta de la discusión ecológica mundial: trabajar la región, el biorregionalismo que permite la verdadera sostenibilidad, con una agroecología, una democracia popular y participativa que humaniza las comunidades y articula lo local con lo universal (Fratelli n. 147).

Dios es un «buen samaritano»

De la mano de la parábola del Buen Samaritano, hace un análisis riguroso de los diversos personajes que entran en escena y los aplica a la economía política, culminando con la pregunta: “¿con quién te identificas (con el herido del camino, con el sacerdote, con el levita o con el extranjero, el samaritano, despreciado por los judíos)? Esta pregunta es cruda, directa y decisiva. ¿A cuál de ellos te pareces?” (Fratelli n.64).        El Buen Samaritano se convierte en modelo del amor social y político (n. 66).

Eso me hace recordar lo que decía siempre el gran obispo de los indigenas de Chiapas en México, tan mal comprendido por Roma, Monseñor Samuel Ruiz: “Esta es la pregunta que el Juez Supremo hará a cada uno en el término de su vida: de qué lado estuviste? ¿A quién has defendido? ¿Qué personas has elegido?” En la contestación a estas preguntas se decide el destino humano.

Como nunca antes en la historia la Iglesia, sea local, sea universal, debe mostrarse samaritana porque son millones y millones los caídos en los caminos, muriendo de hambre o de las enfermedades del hambre. Es cruel constatar que 1% de la humanidad tiene más riqueza que 4,6 mil millones de personas. Son inhumanos y sin piedad.        En este campo, en todos los países las Iglesias se han mostrado samaritanas, especialmente, con los más vulnerables. Una ola inmensa de solidaridad se ha mostrado en los movimientos cristianos que han ofertado centenares de toneladas de productos agroecológicos y millones de platos de comida a los marginados en las periferias de las ciudades.

Curiosamente el Papa Francisco, en el arco del nuevo paradigma de la fraternidad universal y del amor social, confiere una significación política a dimensiones que siempre fueron tratadas en el campo de la subjetividad, como la ternura, el cuidado y la amabilidad. Afirma que “en la política hay lugar para el amor con ternura: a los más pequeños, a los más débiles, a los más pobres; ellos deben enternecernos y tienen el ‘derecho’ de llenar nuestra alma y nuestro corazón; sí, son nuestros hermanos y hermanas y como tales debemos amarlos y tratarlos de esta manera” (Fratelli n. 194). 

Se pregunta qué es la ternura y responde: “es el amor que se hace cercano y concreto; es un movimiento que procede del corazón y llega a los ojos, a los oídos, a las manos” (n.196). 

Igualmente define la amabilidad en su aspecto politico que significa “un estado de ánimo que no es áspero, duro, rudo, sino afable, gentil, que sostiene y conforta.           La persona que posee esta cualidad ayuda a los demás a hacer más llevadera su existencia» (Fratelli n. 223).

Este es un desafío para los políticos, hecho también a los obispos y sacerdotes: hacer la revolución de la ternura. De la misma forma ve en la solidaridad una forma “de cuidar de la fragilidad humana” (Fratelli n.115).

La esencia de la Iglesia, cuyas raíces se encuentran en la comunión de las tres divinas Personas, reside en la communio y no en la sacra potestas es decir en su estructura jerárquica y piramidal. El Papa Francisco, especialmente en la Laudato Sì lo traduce en términos de la moderna ecología y fisica cuántica: un hilo conductor recorre todo el texto, sosteniendo “que todo está relacionado y no existe nada fuera de la relación (LS nn. 117 y120). Aquí reside el primado de la communio como valor ecológico y principalmente eclesiológico.

La misión de la Iglesia es construir puentes, puentes afectivos entre todos y con la naturaleza. Es rehacer las relaciones rotas por el individualismo de la cultura del capital. De hecho, la bioantropología y la psicología evolutiva han dejado claro que la esencia específica del ser humano es cooperar y relacionarse con todos. No hay ningún gen egoísta, formulado por Dawkins a finales de los 60 del siglo pasado sin ninguna base empírica. Todos los genes están interrelacionados entre sí y dentro de las células. En este sentido, el individualismo, valor supremo de la cultura del capital, es antinatural y no tiene ninguna sustentación biológica.

El Movimiento Laudato Si’ abre la inscripción para el programa Animadores

Otro punto fundamental en la misión samaritana de la Iglesia es el cuidado por todo lo creado. El cuidado esencial pertenece a todos los seres vivos y, según la antigua fabula del cuidado, del esclavo Higinio, profundizada por Martin Heidegger en su Ser y Tiempo, el cuidado es la esencia de lo humano sin el cual nadie  subsistiría. No necesito narrar la fábula porque la trabajé en profundidad en mi libro que está en español: Saber cuidar: ética de lo humano y compasión por la Tierra. 

El cuidado es, además, una constante cosmológica: las cuatro fuerzas que sostienen el universo (la gravitatoria, la electromagnética, la nuclear débil y la nuclear fuerte) actúan sinérgicamente con extremo cuidado sin el cual no estaríamos aquí reflexionando sobre estas cosas.

El cuidado supone una relación amiga de la vida, protectora de todos los seres porque los ve como un valor en sí mismo, independiente del uso humano. Fue la falta de cuidado de la naturaleza, devastándola, lo que hizo que los virus perdieran su hábitat, conservado durante miles de años y pasaran  al ser humano. Todo lo que cuidamos, lo amamos y todo lo que amamos, lo cuidamos. 

El ecofeminismo ha aportado una contribución significativa a la preservación de la vida y de la naturaleza con la ética del cuidado, porque el cuidado adquiere una especial densidad en las mujeres.

Otro punto fundamental en la misión de la Iglesia es la solidaridad. Está en el corazón de nuestra humanidad y de suyo es un valor eclesiológico como se pude constatar en las comunidades de la Iglesia primitiva y yo añadiría en las comunidades eclesiales de base que están por todas las partes de la Iglesia.

Los bioantropólogos nos han revelado que cuando nuestros antepasados antropoides buscaban sus alimentos, no los comían aisladamente. Los llevaban al grupo y servían a todos empezando por los más jóvenes, después a los mayores y luego a todos los demás. De esto surgió la comensalidad y el sentido de cooperación y solidaridad. Fue la solidaridad la que nos permitió dar el salto de la animalidad a la humanidad. Lo que fue válido ayer también vale para hoy.

Esta solidaridad no existe sólo entre los humanos. Es otra constante cosmológica: todos los seres conviven, están involucrados en redes de relaciones de reciprocidad y solidaridad de forma que todos puedan ayudarse mutuamente a vivir y co-evolucionar. Incluso el más débil, con la colaboración de otros subsiste, tiene su lugar en el conjunto de los seres y coevoluciona.

El sistema del capital no conoce la solidaridad, solo la competición que produce tensiones, rivalidades y verdaderas destrucciones de otros competidores en función de una mayor acumulación. Tiene una tendencia suicida.

Hoy día el mayor problema de la humanidad no es ni el económico, ni el político, ni el cultural, ni el religioso, sino la falta de solidaridad con otros seres humanos que están a nuestro lado. El capitalismo no ama la persona, solo su capacidad de producción y de consumo.

Como cristianos y cristianas en el seguimiento de Jesús, debemos hacer del hecho de la solidaridad esencial, un proyecto, vale decir, una opción conciente: solidarios a partir de los últimos e invisibles, de aquellos que no cuentan para el sistema imperante y son considerados como ceros económicos y prescindibles. Aqui reside la base espiritual y teologal de la Teologia de la Liberación, cuyo eje central es la opción por los pobres, contra su pobreza y a favor de su liberación.

¿Cuál es el proyecto de sociedad soñado por el Papa Francisco, fundado en la fraternidad universal y en el amor social? Lo que resulta de sus textos y pronunciamientos es una sociedad biocentrada. La vida con toda su diversidad detiene la centralidad. La economía y la política están a su servicio para que esta vida se mantenga en la Tierra, Tierra esta entendida como viva, la Magna Mater de los antiguos, la Pachamama de los andinos y la Gaia de los modernos.

Pachamama

Todo esto no puede ser apenas un proyecto formulado intelectualmente utilizando todos los recursos técnicos y científicos a nuestra disposición. Tenemos que incorporar algo fundamental: la razón cordial o sensible. En este tipo de inteligencia reside el mundo de las excelencias, que nos mueve y nos propicia una ética, una espiritualidad y el cuidado de tal forma que construímos un lazo afectivo con nuestra Madre Tierra. 

La razón intelectual, importante para dar cuenta de la complejidad de nuestras sociedades, tiene solo unos 7-8 millones de años. La razón cordial o sensible tiene como dos cientos y veinte millones de años e irrumpió cuando surgieron los mamiferos en el proceso de la evolución. La madre al dar a luz a su cría, la ama, la cuida y la defiende. Nosotros, los humanos, somos mamíferos racionales, penetrados de afecto, de cuidado y de cariño con nuestros hijos y hijas.

Hoy esta dimensión afectiva está prácticamente ausente en los procesos técnico-científicos, típicos de nuestro paradigma moderno. Importa enriquecer la razón intelectual con la razón sensible y cordial para movernos a amar y cuidar de la Tierra y de la naturaleza. En su encíclica Laudato Sí el Papa Francisco muestra varias veces poéticamente esta razón cordial y sensible. Ve en San Francisco “el ejemplo  por excelencia del cuidado…. tenia un corazón universal” (LS n.10). En otro lugar dice con profunda sensibilidad cordial: “Todo está relacionado y todos nosotros, seres humanos, caminamos juntos como hermanos y hermanas en una peregrinación maravillosa….que nos une también con tierna afección al hermano Sol, a la hermana Luna, al hermano rio y a la Madre Tierra” (LS nn. 92 y 86).

Sin el rescate de los derechos del corazón no vamos a comprometernos en la salvación de los “commons”, ni vamos establecer una alianza afectiva con el hermano bosque, con la hermana agua, en fin, com todos los seres de la naturaleza de cual somos parte.

Unidos, corazón y mente, podemos dar sostenibilidad al proyecto de una civilización biocentrada. El próximo paso de la humanidad es empezar a dar cuerpo a este tipo de civilización, que podrá garantizar un futuro bienaventurado a la Casa Común, la naturaleza incluida.

‘Fratelli tutti’

Termino con una frase del libro de la Sabiduría, citado por el Papa en la enciclica Laudato Sì (n. 89):”Señor, tu amas todo cuanto existe, y no aborreces nada de lo que hiciste; pues, si odiaras algo, no lo hubieras creado… Tú eres indulgente con todas las cosas, porque todas son tuyas, oh Señor, amante de la vida (Sab 11,24-26).

Un Dios que es apasionado amante de la vida no va a permitir que sus hijos e hijas perezcan así miserablemente. Tenemos esperanza de que habrá cambios sustanciales en la conciencia de la humanidad, de cara a las amenazas que pueden exterminarla, que hará, en fin, “una conversión ecológica global” (LS n.5) y así seguiremos viviendo y resplandeciendo en este pequeño y radiante planeta Tierra, nuestra Gran Madre y Casa Común. 

Dixi et salvavi animam meam.

*Leonardo Boff, teologo, filosofo y escritor. Escribió: Ecología: grito de la Tierra-grito de los pobres, Trotta 2000;  con el cosmólogo Mark Hathaway, El Tao de la liberación: explorando la ecología de transformación, Trotta 2011.