Rebelión de las mujeres en la Iglesia de Madrid

Cientos de mujeres exigen igualdad en la Iglesia: «Tenemos un papel protagónico, no somos subordinadas de los hombres»

La protesta se incluye en la Revuelta de Mujeres de la Iglesia y con ella han reivindicado la necesidad de tener «voz y voto en todos los niveles»

Las mujeres católicas se «rebelan» y se lanzan a la calle «hasta que la igualdad sea una costumbre» 

Aurora Santos-Olmo Follow @@auroraa_7 01/03/2020 –

Asistentes a la concentración por la igualdad en la Iglesia en Madrid.           Aurora S. Olmo

Bajo el lema ‘Hasta que la igualdad se haga costumbre’ y a una semana del 8M, cientos de mujeres «creyentes» –entre las que había también hombres– han alzado sus voces para decir «basta» a la «profunda discriminación» que viven en la Iglesia. El escenario de la protesta, la Catedral de la Almudena de Madrid, en cuyo exterior han puesto carteles que rezaban mensajes como «Hasta recuperar las prácticas liberadoras de Jesús con las mujeres», «Hasta poner fin al machismo en la Iglesia» o «Hasta que laicas y laicos tomen la palabra en la Eucaristía».

«Queremos que el pensamiento femenino se oiga, que en los foros de debate podamos estar, que se pueda escuchar a las teólogas… y una serie de derechos que no tenemos reconocidos». Habla Ana Velázquez, es «católica practicante y militante» y ha acudido a la concentración a pedir «lo que propuso Jesús de Nazaret: una igualdad entre hombres y mujeres, y que esta se respete». «No se trata solo de llegar a ser sacerdotes, aunque puede ser muy importante para quien tenga vocación», se sincera.

Cerca de Ana está Pilar Cachofeiro. «Yo creo que es el momento de que la Iglesia empiece a tomar conciencia de que las mujeres tenemos un papel protagónico en ella y que no seamos subordinadas de los hombres. No podemos ser subsidiarias de lo que ellos dicen, tenemos que tomar las decisiones conjuntamente», apunta.

Mientras hablan estas dos mujeres con eldiario.es, el resto de asistentes termina de llegar y comienza la protesta. Un acto en el que a través de lecturas de los evangelios, cánticos y pancartas con fotografías, se ha querido reivindicar a mujeres que han sido importantes en la historia de la Iglesia, como María de Nazaret, María Magdalena o Santa Teresa de Jesús.

Con gritos como «Con voto, con voz, así nos quiere Dios», «Limpiar y poner flores que lo hagan los señores», «Sin mujeres no hay futuro» o «Una Iglesia clerical no se puede soportar», las asistentes han reivindicado que «sin la perspectiva de las mujeres, la Iglesia no será nunca la Iglesia de Jesús». En sus manos, pancartas con mensajes como «Hartas ya de tanta desigualdad» o «Alcemos la voz» y en sus cuerpos, motivos morados –como abrigos y pañuelos– de la revuelta feminista.

«Estamos en esta revuelta en nombre de todas las mujeres y en nuestro propio nombre». Pepa es religiosa y ha formado parte activa del acto. «Nos sentimos discriminadas por ejemplo en la exclusión del voto en los sínodos, como ha sucedido en el de la Amazonía».

La concentración, que también se ha producido en Sevilla, se incluye en la Revuelta de Mujeres de la Iglesia, y con ella han reivindicado la necesidad de tener «voz y voto en todos los niveles». «Nos sentimos excluidas de un montón de documentos eclesiales y de exégesis, que no nos contemplan ni siquiera en el lenguaje de las misas», comenta Pepa. «Exigimos recuperar esa dimensión femenina y también feminista de esa lectura de la tradición, porque existe».

«Creemos que tienen que cambiar las estructuras, el Derecho Canónico y una cultura interna de la Iglesia que a veces las mujeres hemos interiorizado en el sentido de ser siempre las segundas o las terceras. No se trata de ser las primeras, se trata de ser iguales, por eso estamos aquí», subraya Inmaculada Franco, otra de las asistentes. «Este Papa ha nombrado a mujeres en cargos importantes; se están dando pasitos, pero creemos que hay que avanzar muchísimo más», continúa.

Entre las protestas de las asistentes, según su manifiesto, que la institución está «cometiendo un error» al quedarse «al margen de las conquistas sociales en igualdad y corresponsabilidad».

«Es verdad que como sociedad estamos avanzando –aunque no todo el mundo– en relaciones de igualdad y tipos de familia», dice Pilar Cachofeiro. «Hay familias LGTBI y de otros colectivos que forman parte también y que creen en Jesús. Por eso, la Iglesia tiene que hacer una apertura». La mujer afirma que, «aunque el Papa Francisco ha hecho su posicionamiento», la Iglesia tiene que «caminar mucho, porque hay una parte muy fundamentalista que no está de acuerdo con estos avances sociales».

Por otro lado, subrayan que es importante que la Iglesia hable y escuche al movimiento feminista. «Es básico», cuenta Pepa.»De hecho muchas mujeres cristianas hemos participado y participamos de este movimiento, muchísimas. Reconocemos que los movimientos de liberación de las mujeres son un signo de los tiempos (…) La Iglesia avanza, el mundo avanza, y uno de los signos de ese avance en una buena dirección es la revuelta de las mujeres».

«El camino a la igualdad pasa por cambiar la mentalidad»

En la protesta también había jóvenes, como Rebeca, de 13 años, que acompañaba a su madre, Julia, y que habían acudido «porque es importante que se escuche la voz de las mujeres, tanto en la sociedad, como en la Iglesia».

«La Iglesia discrimina a la mujer porque ha sido así desde siempre y al final estamos dentro de un patriarcado. Ahora hemos llegado nosotras para hacer llegar el cambio». Habla Nerea Álvarez, de 19 años, otra de las jóvenes asistentes a la concentración, a la que también se han unido hombres.

«Es algo de todos, no solo de las mujeres», comenta Juan. Tiene 18 años y ha acudido con sus amigos Alejandro y Almudena, de 19 y 24 años. Todos son catequistas. «El camino a la igualdad pasa por un cambio en la mentalidad de la gente», apunta el segundo de los jóvenes.

Las mujeres de la Iglesia critican la poca visibilidad que tienen también las estudiosas de la religión. «Si preguntas a la gente si conoce a algún teólogo, saben. Pero si preguntas por teólogas… la cosa cambia», reflexiona Almudena. «Me parece vergonzoso que eso pase, pero por eso mismo tenemos que organizar estas cosas, para que nosotros mismos nos concienciemos y las generaciones futuras también», continúa.

«La sociedad va más avanzada que la Iglesia lamentablemente» –dice Almudena– «Se ha dado cuenta del problema, pero va a ser un proceso bastante largo», continúa Alejandro.

En el manifiesto subrayan que seguirán trabajando en la Iglesia para que, entre otras cosas, «reconozca la plena ministerialidad de las mujeres», «valore la riqueza de teología feminista como motor de cambio» o «reconozca la diversidad de familias, identidades y orientación sexual».

«El mensaje que queremos traer hoy es que nos sienta unidas. Que estamos unidas. Que somos Iglesia. Que no vamos contra ella y que lo que queremos es que se nos reconozcan unos derechos que tenemos por el hecho de ser bautizadas», zanja Ana Velázquez.

“Limpiar y poner flores, que lo hagan los señores”

 “Estamos cansadas de las incoherencias y autoritarismos que vivimos a diario”, han expresado en su manifiesto, escrito a decenas de manos y leído por decenas de representantes

Desde las 12 de la mañana, además de palabras de protesta y reivindicación de derechos, la revuelta de mujeres ha establecido dos momentos del acto dedicados a hacer memoria y homenaje a las olvidadas de la Historia de la Iglesia

“El cura, esta mañana, me ha dicho que no viniera”, le cuenta una asistente a su compañera. Esa es la realidad que afrontan la mayoría de ellas: una Iglesia que nos las comprende, pero que las exige compromiso

“Soy lesbiana, ¿y qué?”, “soy divorciada, ¿y qué?”, han gritado en La Almudena. Porque no quieren seguir siendo le mujer vergonzosa, doliente y vulnerable que la tradición eclesiástica ha predicado

01.03.2020 Lucía López Alonso

En la calle, pero pegadas a la verja de la Catedral de la Almudena, esta mañana decenas de mujeres y también muchos hombres han descrito con cánticos de protesta la situación de “profunda discriminación” que viven dentro de la Iglesia: “Limpiar y poner flores, que lo hagan los señores”. Y es que no se puede negar que la imagen más común, la de una parroquia aleatoria, es aquella en la que ellos predican las homilías, consagran el pan y votan en los concilios, mientras ellas son las que friegan las baldosas del templo, las que preparan las flores, las que atienden a los niños y padres de la catequesis, sin voz para la toma de decisiones.

Reunidas bajo la convocatoria “Revuelta de mujeres en la Iglesia” (cuyo lema “Hasta que la igualdad se haga costumbre” se ha expandido estos últimos días por las redes sociales de las múltiples asociaciones, comunidades de base, parroquias y colectivos eclesiásticos en los que las mujeres participan activamente), a las 12 de la mañana han comenzado un evento de reivindicación exuberante pero pacífica y muy organizada, en el que han dado a conocer sus propuestas de cambios en la Iglesia.

“Estamos cansadas de las incoherencias y autoritarismos que vivimos a diario”, han expresado en su manifiesto, escrito a decenas de manos y leído por decenas de representantes. Con vitalidad y altavoces, han exigido el “acceso al diaconado y al presbiterado femenino”, y el fin de las “múltiples formas de invisibilización” que sufren las mujeres de Iglesia.

Homenaje a las olvidadas de la Historia

Además de palabras de protesta y reivindicación de derechos, la revuelta de mujeres ha establecido dos momentos del acto dedicados a hacer memoria y homenaje a las olvidadas de la Historia de la Iglesia. Levantando pancartas, han recordado en el micrófono la trascendencia de mujeres bíblicas como María de Nazaret o María Magdalena. Quien, cuando conoció a Jesús, “descubrió que la vida que llevaba no la hacía feliz, y empezó de cero”.

Mujeres de principio y de principios, que han existido desde la Antigüedad (Diaconisa Febe, Tecla) pero han sido infravaloradas. Mujeres medievales (Hildegarda de Bingen), encarceladas o acusadas de herejía por denunciar la corrupción de la jerarquía eclesiástica (la beguina Margarita Porete, que terminó en la hoguera). Mujeres racializadas como Josefina Bakhita, que fue vendida como esclava cinco veces. Que recuerda que “Dios también es mujer y negra” y que, como dice el manifiesto del movimiento, “este sistema expolia la tierra, fomenta la feminización de la pobreza y favorece la explotación laboral y sexual de las mujeres”.

Queremos una reforma de a iglesia desde la perspectiva de las mujeres. Sin nosotras no habrá futuro en la iglesia. #hastaquelaigualdadsehagacostumbrepic.twitter.com/LICNt4WF1y

“Nos reunimos fuera porque fuera nos dejan por ser mujeres”

El siguiente momento de homenaje fue el llamado “Gesto de silencio”: un minuto de pausa en el que las mujeres en revuelta se pusieron el pañuelo en la boca y reflexionaron sobre todas aquellas a las que la desigualdad llenó de frío y de frustración. Sin embargo, algo bailaba en ese silencio, liberándolo de su carácter categórico: danza, expresión corporal, manos entrelazadas… acompañaron también este momento de recogimiento en medio de la alegría compulsiva de la revuelta.

“Nos reunimos fuera de la Iglesia porque fueran nos dejan por ser mujeres”, volvieron a clamar las protagonistas, muchas de ellas miembros de colectivos como María 2.0 o el movimiento internacional Voices of faith. “El cura, esta mañana, me ha dicho que no viniera”, le cuenta una asistente a su compañera. Esa es la realidad que afrontan la mayoría de ellas: una Iglesia que nos las comprende, pero que las exige compromiso; sacerdotes que no sienten la más ligera curiosidad por acercarse a la catedral de Madrid a conocer cómo se sienten las laicas de sus equipos pastorales. En cambio, ellas no pierden la esperanza en que se abran puertas al diálogo.

Se pusieron el pañuelo en la boca y reflexionaron sobre todas aquellas a las que la desigualdad llenó de frío y de frustración

“Espero que se sienten a hablar con nosotras”

“La Iglesia gana mucho si nos escucha”, afirma María García, que con 22 años es catequista en una iglesia de Vallecas. Implicada hasta el fondo en la red de mujeres que ha organizado el acto, confiesa aprender a diario de las veteranas: “Muchas en el grupo son teólogas, juristas, psicólogas…”. Dato que recuerda a una de las denuncias del manifiesto de la revuelta: “la desproporción de teólogas preparadas y los puestos que ocupan como docentes en las facultades”.

Sobre el escenario, María ha leído el fragmento que rechaza una “moral sexual” sustentada en las prohibiciones y censuras, así como “el lenguaje patriarcal y sexista de las homilías, textos litúrgicos y documentos”. La joven diagnostica el desconocimiento acerca de figuras relevantes del feminismo en la Iglesia (“los propios creyentes no las conocemos”), pero confía precisamente en eso, en la educación, como principio para construir una cultura de igualdad y corresponsabilidad dentro y fuera de la Iglesia. “El mensaje de Jesús es un mensaje de igualdad. Yo no me estoy inventando nada en catequesis: Jesús ya era feminista, y se lo transmito a mis chavales”, cuenta. Apunta al futuro (“Seguiremos convocando la revuelta cada año, hasta que la igualdad se realice”) y pide que esos varones que toman las decisiones sepan responder a corto plazo: “Espero que se sienten a hablar con nosotras, para que haya cambios sustanciales en la estructura de la Iglesia”.

¿Qué costumbres debe perder la Institución?

Atendiendo a las canciones y al manifiesto de la revuelta, quedan explicitadas las respuestas a esta pregunta que están ofreciendo las mujeres del movimiento. La Iglesia, lo primero, debería dejar de culpar a la mujer por su cuerpo, de la censura de la indumentaria o el comportamiento social a las polémicas en torno al aborto. Debería dejar de defender el peligroso estereotipo de mujer virgen, madre, humilde, tranquila, entregada… “Soy lesbiana, ¿y qué?”, “soy divorciada, ¿y qué?”, han gritado en La Almudena. Porque no quieren seguir siendo le mujer vergonzosa, doliente y vulnerable que la tradición eclesiástica ha predicado.

La Iglesia debe, también, dejar de considerar “adoctrinamiento de género” a la educación afectivo-sexual, que previene las diferentes formas de violencia contra la mujer. De la misma manera, la Iglesia debe asumir la mutualidad en los cuidados (“¿Qué sería de la Iglesia si dejáramos de hacer todos estos trabajos?”, reza el manifiesto) y empezar a reconocer y normalizar “la diversidad de familias, identidades y orientación sexual” que existe en la sociedad y entre la feligresía de una parroquia.

Una hora y media después del comienzo del evento, la esquina de la catedral huele a perfume y sigue llena. Las mujeres entonan rimas firmes: “Con voz, con voz, así nos quiere Dios”, “Marta y María también se sumarían”. Tienen claro que una Iglesia clericalizada y masculinizada nunca las ha representado. Que no quieren más condescendencia, sino oportunidades reales. Nunca más sirvientas, apartadas, escrutadas, inferiores. Simplemente iguales. “Iglesia, despierta: cristianas en revuelta

 

 

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