Muere Ernesto Cardenal, sacerdote, político poeta, el alma de Nicaragua

 

El sacerdote y ex ministro de Cultura sandinista ha muerto a los 95 años. Destacado líder de la Teología de la Liberación, fue perseguido por Juan Pablo II y rehabilitado por Francisco y se convirtió en el mayor crítico de Daniel Ortega

Jesús Bastante Follow @@BastanteJesus – en religiondigital.com

02/03/2020 – 07:15h

Ernesto Cardenal nunca fue un cura al uso. Poeta, político, intelectual reconocido en todo el mundo, fue condenado por el Vaticano pocos meses después de aquella visita de Wojtyla y debió esperar 35 años para ser rehabilitado por la Iglesia. Tuvo que ser Francisco, el primer Papa latinoamericano, quien volviera a permitirle celebrar la Eucaristía.

Un guía moral

En cuanto se conoció la muerte de Cardenal, las condolencias no tardaron en llegar. El también escritor nicaragüense y premio Cervantes 2017, Sergio Ramírez, afirmaba que «al morir Ernesto Cardenal pierdo a un hermano mayor, amigo entrañable y vecino de muchos años, un guía moral, un modelo literario. Con él se va parte esencial de mi propia historia».

El fallecimiento fue anunciado por su compañera, la poetisa Gioconda Belli. «Les escribo para avisarles que Ernesto Cardenal, nuestro gran poeta, acaba de morir a sus 95 años después de una vida de entrega a la poesía, la lucha por la libertad y la justicia», afirmó Belli, añadiendo que el poeta será enterrado en la comunidad que él mismo fundó, Solentiname, e invitó al pueblo nicaragüense a participar, este lunes, en el funeral en la catedral de Managua.

No adoro dictadores

Por su parte, el obispo auxiliar de Managua, Silvio Báez, que según algunas fuentes dio la extrema unción a Cardenal, dio su último adiós al amigo, quien ahora puede cantar su Salmo 15 delante de Dios: «No hay dicha fuera de ti. Yo no rindo culto a las estrellas de cine, ni a los líderes políticos y no adoro dictadores».

«Mi poesía tiene un compromiso social y político, mejor dicho, revolucionario. He sido poeta, sacerdote y revolucionario», se definió Cardenal en 2012, al ser reconocido con el Premio Iberoamericano de Poesía Reina Sofía.

Merton y Solentiname

Nacido el 20 de enero de 1925 en Granada, en el seno de una de las familias más respetables del país, el futuro sacerdote creció en una de las casonas más emblemáticas de la capital conservadora de Nicaragua. Aunque su familia había decidido para él la carrera de Derecho, pronto se rindió ante su vocación literaria. Viajó a México y Estados Unidos y en 1957 ingresó en el monasterio trapense de Gethsemaní, en Kentucky. Allí el religioso conoció a su mayor influencia literaria: Thomas Merton, quien fue su maestro de novicios. Su influencia fue decisiva para la fundación en 1966 de la comunidad de Solentiname.

Solentiname se convirtió desde muy pronto en un refugio para los líderes guerrilleros que luchaban contra la dictadura de Somoza. Tras el triunfo de la revolución en 1979, Cardenal fue nombrado ministro de Cultura, cargo en el que permaneció hasta 1987. Su hermano Fernando fue titular de Educación hasta 1990.

«Mi fe es en Cristo, no en el Vaticano»

«El cristianismo tal como lo vemos en el Vaticano, no es el que Cristo quiso para la iglesia; pero mi fe es en Cristo, no en el Vaticano; si el Vaticano se aparta de Cristo, yo sigo con Cristo», explicaba Cardenal a la BBC en 2007. Sin embargo, la llegada de Francisco y su idea de Iglesia pobre y para los pobres volvió a acercar al teólogo a la cúpula vaticana. Y si Juan Pablo II le condenó, Bergoglio rehabilitó al poeta revolucionario.

No ocurrió lo mismo en lo político. Desencantado por la corrupción sandinista, Cardenal se apartó de Daniel Ortega, convirtiéndose en su mayor crítico después de su regreso al poder en 2007. De hecho, los últimos meses del poeta estuvieron marcados por una creciente persecución. Hace justo un año, el sacerdote trapense exigió la salida de Ortega y de su mujer, Rosario Murillo. «Queremos simplemente que la pareja presidencial se vaya, no hay nada que dialogar (…). Ellos deberían saber lo que está pasando sin que yo se los diga. No tengo libertad para decirlo, no hay libertad de ninguna clase. Cualquiera puede sufrir la represión. Ni yo estaría libre tampoco».

Sin embargo, al conocerse el fallecimiento del poeta, el Gobierno ha decretado tres días de duelo nacional, calificando a Cardenal de «gloria y orgullo» de Nicaragua.

Ernesto Cardenal Místico y ministro de Cultura, poeta y teólogo, monje y revolucionario, el autor nicaragüense fallecido este domingo tenía muchas voces pero un solo pensamiento           Juanjo Tamayo

Teólogo y poeta, místico y político, sacerdote y profeta, nicaragüense y ciudadano del mundo, monje y revolucionario, militante y esteta, solidario y solitario, comunista y evangélico, cristiano y marxista, creyente y anti-idolátrico, de este mundo y de otro. ¿Tan contradictorio era Ernesto Cardenal? ¿Tantas caras y tan diferentes tenía? No. En su persona estas dimensiones estaban en sintonía, sin aristas, al menos visiblemente. La combinación de tantas notas y pentagramas, de tantos géneros literarios, de tantas vidas y tareas, era casi perfecta. A veces desentonaban, ciertamente, pero, cuando lo hacían, era para crear una polifonía conscientemente disarmónica que daba lugar a una pieza nueva, a una obra de arte. La fidelidad a cada una de las causas que defendía era proverbial. Cada una de sus experiencias de vida se caracterizaba por la coherencia. En él había pluralidad de registros, pero no doblez, se oían diferentes voces, pero un solo pensamiento.

  1. Era poeta, sin duda uno de los más reconocidos del siglo XX, y sabía lo que era la inspiración. Alcanzó la cumbre literaria con Cántico cósmico (Trotta, 1992), considerada por muchos especialistas la obra poética de mayor impacto en América Latina junto con Cantos de Vida y Esperanza, de su compatriota Rubén Darío, con quien muchas veces se le ha equiparado, y Cántico General, de Pablo Neruda. El lenguaje es la casa del ser humano, decía Heidegger. La poesía era el hogar donde habitaba Ernesto Cardenal.
  2. Cardenal era un místico con los pies en la tierra y la mirada en el acontecer mundano, un orante «político» que rezaba por el derrocamiento de Somoza. En Vida perdida describe su experiencia mística en el monasterio trapense de Gethsemani (Kentucky), donde vivió una vida austera, callada, entre disciplinas y penitencias, en busca de Jesús de Nazaret.

Lo más significativo de esta etapa fue su relación con Thomas Merton, cuya espiritualidad encarnada en la historia influyó decisivamente en la vida religiosa de Cardenal, de quien el maestro Merton admiraba su espíritu antiyanki y su sensibilidad hacia los indígenas.

  1. Era una persona comprometida política y socialmente, que colaboró en el derrocamiento de Somoza y, tras el triunfo de la Revolución, asumió el ministerio de Cultura en varios gobiernos del Frente Sandinista en un ejercicio de coherencia con su interpretación liberadora del cristianismo. Era un pensador cristiano en la dirección de la teología de la liberación, que vivía en el quehacer diario y desarrollaba a través de la creación literaria.
  2. Cardenal fue autor del Quinto Evangelio, el que lleva el nombre del lago donde fundó una comunidad cristiana de resistencia contra la dictadura, una comuna de vida compartida, de contemplación del misterio de la Naturaleza y de la Divinidad, de trabajo solidario, de cultivo del espíritu, de creación literaria y artística: el Evangelio de Solentiname.
  3. El poeta nicaragüense vivió a ritmo de Utopía. Primero fue en el Lago de Solentiname, donde creó lo que hasta entonces era el no-lugar de la Utopía, al que apuntara tan bella como imaginativamente Oscar Wilde: “Un mapa del mundo que no contemple ‘Utopía’ no merece la pena ni echarle un vistazo, pues deja fuera el país en el que la Humanidad está siempre desembarcando. Y al desembarcar allí la Humanidad y ver un país mejor, vuelve a poner proa hacia ella”. Después fue la Revolución Sandinista, con la que se comprometió culturalmente ayudando a sacar a la luz la riqueza artística y activando el alma poética que toda persona nicaragüense lleva dentro.

No fue amigo de grandes discursos sobre la utopía: la pensaba, la soñaba, la vivía, colaboraba en su construcción, empujaba su llegada, pero no ingenuamente, sino poniendo manos a la obra. A sus 95 años y con una salud delicada Ernesto Cardenal siguió caminando en esa dirección, sin prisa, pero sin pausa, con su barba de profeta de la esperanza intentando que, si la historia tuviera un final, no fuara fatal, sino feliz, y si no lo tuviere, que la Humanidad caminara por la senda de la fraternidad-sororidad.

  1. Cardenal vivió en permanente exploración de otros mundos: el arte, la ciencia, la filosofía, las religiones, la sabiduría de los pueblos, la vida interior, etc., en actitud de búsqueda, pero sin huir de la vida. Él mismo se presentaba con ejemplo de encuentro entre ciencia, mística y poesía en un texto realmente antológico: “En estos hechos científicos yo encuentro mucha inspiración mística y mucha inspiración poética. Por eso desde hace tiempo mi poesía se nutre de ciencia”.
  2. A Dios se acercaba también interdisciplinarmente para afirmar al fin que es el totalmente incognoscible para nosotros y que, citando a su maestro Merton, solo podemos conocerlo por el amor. Aquella “vida perdida”, como él mismo califica los años de su juventud, es ahora vida en plenitud.

 

 

 

 

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