Celebración del Dgo. de Ramos en las casas

 

Materiales para la celebración del Dgo. de Ramos o de Pasión en las casas.

(Preparados por Emiliano Calle, párroco de Ribatejada, Cuenca)

Ambientación: (Quien anima o coordina la celebración)

Buenos días: El virus que estamos sufriendo nos obliga a todos a cambiar nuestra vida y a vivir de otra manera. Nunca me hubiera imaginado que yo iba a dirigir una oración. Yo de esto no sé pero me voy a guiar por un guión que tengo aquí escrito. Perdonadme si lo hago mal. Es que ahora no nos podemos juntar en las iglesias por no contagiarnos el virus. Bastantes sufrimientos nos ha causado ya. Pues si os parece, mientras no podamos ir a las iglesias, lo haremos en casa como buenamente sepamos. Dios no se va a enfadar si lo hacemos mal. Seguro que se pone tan contento al vernos rezando en casa. Pues empezamos. En el nombre del Padre, del hijo y del Espíritu Santo.

OREMOS: 

Dios padre bueno: tú sabes que tenemos mucho miedo al virus y que muchos familiares, amigos y vecinos están sufriendo por él. Ayúdanos a vencer en esa lucha y acoge con cariño en tus brazos de padre a los que ya se nos han muerto. Te lo pedimos por tu hijo Jesús que nos enseñó a confiar en ti. Por Jesucristo nuestro Señor. 

 

LECTURAS:

La fiesta de hoy se titula así: “Domingo de Ramos en la Pasión del Señor”. Eso quiere decir que tiene dos lecturas: la de los ramos y la de la pasión del Señor. Pues vamos a leer primero el evangelio de los ramos y luego leeremos algo de la Pasión del Señor.

Lectura del santo evangelio según San Mateo: 

Cuando se acercaban a Jerusalén, junto al Monte de los Olivos, Jesús mandó a dos discípulos diciéndoles: Id a la aldea de enfrente, encontrareis una borrica atada con su borriquillo, desatadlos y traédmelos. Si alguien os dice algo, le decís que el Señor los necesita y que los devolverá pronto.

Fueron los discípulos e hicieron lo que les había mandado Jesús. Trajeron la borrica y el borriquillo, echaron encima sus mantos y Jesús se montó. La multitud extendió sus mantos por el camino. Algunos cortaban ramos de árboles y alfombraban el camino. Y la gente que iba delante y detrás gritaban: “¡Viva el Hijo de David! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Viva el Altísimo!

Al entrar en Jerusalén toda la ciudad se preguntaba alborotada: ¿Quién es este?

Los que venían con Jesús decían: “Es Jesús, el profeta de Galilea”

Palabra del Señor.

PRIMERA REFLEXIÓN

Para pensar en este evangelio vamos a imaginarnos lo que hemos leído: que Jesús entraba en la ciudad de Jerusalén montado en un borriquillo. No como los generales romanos, sino como un hombre pobre y sencillo que iba a morir muy pronto en una cruz en Jerusalén. Iba a sufrir muchísimo. Sus amigos lo aclamaban a gritos, contentísimos, y diciendo que era el rey de Israel. Esas aclamaciones con ramos debió ser una de las pocas cosas bonitas que le ocurrieron a Jesús a lo largo de su vida. Ya sabéis que poco después empezarían los insultos y los sufrimientos. Pues hoy nosotros también queremos aclamar al Señor. Lo queremos aclamar en el corazón porque somos sus amigos, sus seguidores. Pero ahora no lo hacemos con gritos, sino desde el fondo del corazón en un momento de silencio. Vamos a sentir admiración y cariño por Jesús. A Él acudimos en este momento de sufrimiento por la enfermedad que recorre el mundo.

Hacemos un rato de silencio meditativo.

Ahora vamos a leer algo de la Pasión del Señor tal como la cuenta San Mateo (26, 14–27,66) (si se puede) 

SEGUNDA REFLEXIÓN.

Esta parte de la fiesta es mucho más triste. Recordad cosas que le pasaron a Jesús. Primero Judas pactó la entrega de Jesús con los sumos sacerdotes por 30 monedas. Luego, en una cena Jesús celebraba su cuerpo entregado y su sangre derramada. Era su última cena. Allí avisó de que uno de los presentes lo iba a entregar y de que Pedro lo iba a negar. Después de cenar se fueron al Huerto de los Olivos a rezar y Jesús se puso muy triste hasta que vinieron un tropel de gente a llevárselo preso. Pedro lo defendió con una espada pero termina el evangelio diciendo que lo abandonaron todos. Lo abandonaron todos. Luego a Jesús se lo llevaron a interrogarlo y lo condenaron a muerte. Algunos le escupieron y le daban bofetadas. Su amigo Pedro por tres veces dijo que no lo conocía. Por tres veces. Luego, cuando Pilatos quería soltar a Jesús, la gente gritó diciendo que a Jesús no, que soltara a Barrabás que era un terrorista. A Jesús se lo entregó para que lo mataran. Se lo entregó, como diciendo: haced lo que queráis con él. Y empezaron las torturas terribles y el camino hacia el Calvario con una cruz a cuestas que después de las torturas le pesaba demasiado. Jesús no podía con ella. A un emigrante de Cirene le obligaron a llevar la cruz. Y cuando llegaron al Monte Calvario lo mataron clavándolo en la cruz. Sólo el Centurión vio que habían matado a un inocente. Y después de morir de dolor, lo enterraron de correprisa en un sepulcro prestado porque Jesús no tenía un sitio para reclinar su cabeza.

Nosotros ahora también estamos sufriendo mucho por el coronavirus. Todos, los infectados y los no infectados, todos estamos sufriendo mucho por este mal que recorre el mundo. Estamos muy tristes. Estamos muy preocupados y venimos a Dios a pedirle que nos ayude. Ahora meditamos en silencio todas las  barbaridades que le hicieron a Jesús. Somos sus amigos y lo miramos con inmenso cariño y con mucha admiración. Le pedimos a él que sufrió tanto, que nos ayude a nosotros y que nos dé fuerza para vencer el sufrimiento del tiempo presente. (Silencio breve)

Peticiones

Nosotros también queremos  aclamar al Señor en nuestro corazón pero ahora mismo tenemos a muchísima gente sufriendo por el coronavirus. Rezamos por ellos. Pues a cada petición le decimos: Señor, ayúdanos.

Todos R/   Señor, ayúdanos.

-Empezamos rezando por todos los que han muerto, casi todos personas mayores. Para ellos pedimos que Dios los lleve a su casa de padre y que sean felices con el Señor. Oremos.

-También rezamos por todos los que están ahora o han estado enfermos. Todos dicen que lo han pasado muy mal. Que Dios les dé fuerzas para salir de esa enfermedad y que vuelvan otra vez a ser felices. Oremos.

-Por todos los que siguen haciendo funcionar el mundo: los médicos y los enfermeros, los que atienden las residencias de ancianos, los militares que desinfectaban las residencias y las ciudades, los de las funerarias  que llevaban los cadáveres y se jugaban la salud en su trabajo, los que producen los alimentos y todos los que trabajan duro por los demás. Por ellos, oremos.

-Por nuestro pueblo y por nuestra parroquia, para que en este tiempo de crisis vivamos con intensidad el amor a Dios y el amor a nuestros hermanos. Oremos.

-Y si queréis hacer alguna petición más …… Oremos.

Ayúdanos, Señor, con tu amor desbordante y acoge nuestra oración, por la entrega generosa de tu Hijo Jesús que sufrió más que nosotros y que ahora vive y reina por los siglos de los siglos. Amén. 

PADRE NUESTRO. Estamos terminando esta oración y para que no se nos olvide que no somos delincuentes ni gentes extrañas o lejanas sino Hijos de Dios, vamos a rezar la oración de los hijos: el Padre Nuestro:  

DESPEDIDA. Hemos terminado esta oración. Le hemos pedido a Dios por nuestros enfermos y por todos los que están sufriendo. Hoy entramos en la Semana Santa. Pues si queréis, el Jueves Santo, el Viernes Santo y el Domingo de Resurrección hacemos también una pequeña oración como esta.  Que el Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna. Nos vamos en paz

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