El Papa recuerda su viaje a Lampedusa en 2013

  • Francisco recordó su viaje a Lampedusa: «El rostro de Dios está en los extranjeros que pone en nuestro camino»
  • «Cuando buscamos el rostro del Señor, podemos reconocerlo en el rostro de los pobres, de los enfermos, de los abandonados y de los extranjeros que Dios pone en nuestro camino»
  • «La cultura del bienestar, que nos lleva a pensar en nosotros mismos, nos hace insensibles al grito de los otros, nos hace vivir en pompas de jabón, que son bonitas, pero no son nada, son la ilusión de lo fútil»
  • «Pienso en Libia, en los campos de detención, en los abusos y en la violencia que sufren los migrantes, en los viajes de esperanza, en los rescates y en los rechazos»
  • El Papa recordó su emblemático primer viaje como pontífice y pidió por los «obligados a huir de su tierra»

08.07.2020 Hernán Reyes Alcaide, corresponsal en el Vaticano

El papa Francisco recordó hoy el histórico viaje que hizo a la isla italiana de Lampedusa de 2013 para visibilizar el drama de los migrantes, el primero de su pontificado, y aseguró que «el rostro de Dios está en los extranjeros que pone en nuestro camino».

«Cuando buscamos el rostro del Señor, podemos reconocerlo en el rostro de los pobres, de los enfermos, de los abandonados y de los extranjeros que Dios pone en nuestro camino», planteó el pontífice durante la misa que celebró este miércoles en su residencia de Casa Santa Marta para conmemorar los siete años de su primer viaje fuera de Roma como Papa.

«Pienso en Libia, en los campos de detención, en los abusos y en la violencia que sufren los migrantes, en los viajes de esperanza, en los rescates y en los rechazos», aseveró luego el Papa, en relación a la situación en uno de los países origen de las oleadas de migrantes hacia Europa por la vía del Mar Mediterráneo, en medio de las disputas por los cupos que impone el Viejo Continente y las detenciones masivas en centros del país africano.

«Recuerdo hace siete años, en esa isla del sur de Europa, como algunos me contaban sus propias historias, cuánto habían sufrido para llegar allá. Había intérpretes, y uno contaba cosas terribles en su idioma, y el intérprete me traducía. Pero luego me dijeron que me habían dado una versión destilada. Y eso pasa hoy en Libia, nos dan una versión destilada. Sí, hay guerra nos dicen. Pero ustedes no se imaginan el infierno que se vive ahí, en esos lager de detención», detalló el Papa, utilizando la palabra alemana para «campo de concentración».

«Esa gente venía solo con una esperanza, cruzar el mar», explicó el Papa.

«Que la Virgen María, Solacium migrantium, Ayuda de los migrantes, nos haga descubrir el rostro de su Hijo en todos los hermanos y hermanas obligados a huir de su tierra por tantas injusticias que aún afligen a nuestro mundo», pidió.

«El pueblo de Israel, descrito por el profeta Oseas en la primera lectura, en ese momento era un pueblo extraviado, que había perdido de vista la Tierra prometida y deambulaba por el desierto de la iniquidad. La prosperidad y la riqueza abundante habían alejado del Señor el corazón de los israelitas y lo habían llenado de falsedad e injusticia», sostuvo el Papa en su homilía.

«Es un pecado del cual nosotros, cristianos de hoy, tampoco estamos exentos», explicó, y luego recordó que, como dijo durante su visita a Lampedusa, «la cultura del bienestar, que nos lleva a pensar en nosotros mismos, nos hace insensibles al grito de los otros, nos hace vivir en pompas de jabón, que son bonitas, pero no son nada, son la ilusión de lo fútil, de lo provisional, que lleva a la indiferencia hacia los otros, o mejor, lleva a la globalización de la indiferencia».

 

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