La revuelta de las «mujeres apóstoles»

 

Paso histórico en la revuelta de las ‘mujeres apóstoles’ por la plena igualdad en la Iglesia

Las ‘siete apóstolas’, con Anne Soupa Anna Cuxac

  • Se trata de Laurence de Bourbon-Parme, Claire Conan-Vrinat, Sylvaine Landrivon, Hélène Pichon, Loan Rocher, Marie-Automne Thépot y la española Christina Moreira

«La ausencia de mujeres en puestos de responsabilidad no es tanto un escándalo como un contra-testimonio de la Iglesia. Esta inmensa injusticia no es un problema menor, sino que afecta a todo el cuerpo eclesial»

«La discriminación contra las mujeres es una de las más visibles y violentas. Para que la Iglesia pueda cumplir su misión, debe permitir a las mujeres el acceso a los diversos ministerios ordenados, así como a las altas responsabilidades de la institución»

«El acceso de las mujeres a los ministerios y responsabilidades cuestiona precisamente la actual estructura de gobierno de la Iglesia, el significado de la ordenación así como el significado de la igualdad entre mujeres y hombres bautizados; será sin duda una deflagración que permitirá reformar la Iglesia Católica Romana actual, que ha sido desangrada»

«El obstáculo para abrir estos ministerios y organismos a las mujeres, y más ampliamente a la ordenación, no es ni teológico ni espiritual, es político y cultural»

22.07.2020 Jesús Bastante

Son siete mujeres, reconocidas teólogas, que hoy, festividad de Santa María Magdalena, ‘apóstola de los apóstoles’, dan un paso al frente y se presentan públicamente para funciones que históricamente han sido prohibidas para la mujer en la Iglesia: cardenal,obispo, nuncio, párroco, diácono o predicador. Póngale una ‘a’, y moveremos el mundo. ‘Hasta que la igualdad se haga costumbre’, decían el pasado 8 de marzo. Ahora, dan un paso más.

Las siete ‘mujeres apóstoles’ siguen los pasos de Anne Soupa, quien recientemente se postuló para suceder al cardenal Barbarin en la diócesis de Lyon. Una de ellas, española, Christina Moreira, esposa de nuestro colaborador Victorino Pérez. Se trata de Laurence de Bourbon-Parme, Claire Conan-Vrinat, Sylvaine Landrivon, Christina Moreira, Hélène Pichon, Loan Rocher y Marie-Automne Thépot.

Este miércoles, al mediodía, ofrecerán una rueda de prensa, después de entregar en la Nunciatura Apostólica en Francia un dossier personal en el que cada una de ellas explica su profesión de fe, la función que solicita y el tipo de servicio que se ve capaz de asumir. En este sentido, han solicitado ser recibidas por el nuncio en el país vecino, Celestino Migliore, «la única persona autorizada para transmitir estas candidaturas al Papa», subrayaron en una declaración.

‘Todos Apóstoles’

«Después de la conmoción provocada por la candidatura de Anne Soupa para la arquidiócesis de Lyon el 25 de mayo, estas mujeres también quieren hacer pública su vocación», declararon las siete nuevas candidatas reunidas en torno al colectivo ‘Todos Apóstoles’.

En un manifiesto, que harán público este mediodía, este colectivo reclama el papel protagonista de las mujeres en la iglesia católica. «Nos adelantamos a las prohibiciones impuestas por la Iglesia de los hombres, para afirmar [nuestra] adhesión a la Iglesia de Cristo y anunciar los votos que hacemos por ella».

Nosotros, cristianos, hemos co-creado el colectivo «¡Todos los Apóstoles! «…compuesto por mujeres comprometidas con la Iglesia y apoyadas por una diversidad de bautizados. Este colectivo pretende vincular a las personas y movimientos de laicos comprometidos por la igualdad de las mujeres en la Iglesia, porque la ausencia de mujeres en puestos de responsabilidad – ya sea en el gobierno de nuestras parroquias, nuestras diócesis, el Vaticano o como ministros ordenados – es tanto un escándalo como un contra-testimonio de la Iglesia. Esta inmensa injusticia no es un problema menor, sino que afecta a todo el cuerpo eclesial.

Nuestro gesto no es ni una demanda sindical ni una declaración de grandes principios, sino un saludable acto de desobediencia al dogma eclesial. Si bien las objeciones han ido lloviendo desde la declaración de Anne Soupa, siguen siendo muy frágiles: se le ha acusado de jugar al «clericalismo», es decir, de alimentar la jerarquía del clero con el riesgo de graves abusos de autoridad. Aunque compartimos esta desconfianza en el clericalismo, este argumento sólo sirve para reforzar la inercia de la institución, que es reacia a realizar los cambios estructurales que necesita.
Además, parece necesario, en vista de la urgencia de la situación, iniciar reformas desde algún lugar. La discriminación contra las mujeres es una de las más visibles y violentas. Para que la Iglesia pueda cumplir su misión, debe permitir a las mujeres el acceso a los diversos ministerios ordenados, así como a las altas responsabilidades de la institución, incluso con el fin de apoyar estas reformas indispensables para una sinodalidad efectiva del poder, que es responsabilidad de todos los bautizados.
No nos equivocamos: el hecho de que las mujeres puedan ser ordenadas no confirma un funcionamiento jerárquico. El acceso de las mujeres a los ministerios y responsabilidades cuestiona precisamente la actual estructura de gobierno de la Iglesia, el significado de la ordenación así como el significado de la igualdad entre mujeres y hombres bautizados; será sin duda una deflagración que permitirá reformar la Iglesia Católica Romana actual, que ha sido desangrada.
La resistencia también se centró en el modo de acción elegido por Anne Soupa: «en un régimen católico, uno no se presenta a las elecciones: ¡se le llama! ». Pero desde que María de Magdala y las diaconisas fueron saludadas por Pablo en sus cartas, ¿quién está ahí para llamar a las mujeres en la Iglesia Católica? Hemos estado esperando durante 2000 años, mientras Dios continúa incansablemente llamando a algunos de nosotros. Recordemos a Samuel: tres veces responde: «¡Aquí estoy! «a la persona equivocada, antes de darse cuenta de que no son los seres humanos los que lo llaman, sino Dios. Nuestro enfoque no es la «reivindicación de una posición» sino «una respuesta a una llamada». El obstáculo para abrir estos ministerios y organismos a las mujeres, y más ampliamente a la ordenación, no es ni teológico ni espiritual, es político y cultural.

Largas y dolorosas han sido las décadas durante las cuales las mujeres católicas bautizadas han pedido educadamente una verdadera igualdad dentro de su Iglesia. No se reciben, apenas se escuchan. Se nos pide que nos conformemos con una nueva comisión sobre el diaconado de las mujeres, mientras que la anterior fracasó en 2016 e incluso sus propios miembros no creen en su resultado favorable.  Y todavía se nos pide que seamos pacientes. Pero hoy, ante la urgencia de la situación de nuestra Iglesia, no tenemos más remedio que afrontar estos obstáculos.
Y esto no es una tarea pequeña: el silencio de las mujeres por la Iglesia durante siglos aún persiste de manera difusa. Muchas de las mujeres que hemos conocido no se atreven a solicitar la afiliación por miedo a perder sus trabajos de enseñanza en los institutos católicos o ser marginadas en sus actividades parroquiales y diocesanas. Otros, a pesar de una llamada interior, temen dar el salto en ausencia de un modelo a seguir. Por último, otros se entristecen por la falta de atractivo de los ministerios, desean nuevas formas de llevar a cabo estos servicios y se ven reducidos a reinventar prácticas al margen de la Iglesia.
La multiplicidad de escollos a los que se enfrentan las mujeres revela profundos desafíos para la Iglesia: la ruptura de la partición clerical-laica; una estructura de gobierno excesivamente vertical y poco transparente; la confusión entre el poder, lo sagrado y lo masculino; el acoplamiento entre las funciones sacerdotales y las funciones ejercidas en los órganos de decisión; y la discriminación de las personas por su género o estilo de vida.

Somos conscientes de que, aunque lo que está en juego es diverso, los perfiles de las 7 candidatas del 22 de julio de 2020 no reflejan todavía la pluralidad de las mujeres que componen la Iglesia, a pesar de nuestros esfuerzos por hacerlo. Esta carencia es fruto de las injusticias estructurales, tanto sociales como eclesiales. Si nos arrepentimos y queremos que esto cambie en el futuro, queremos afirmar hoy que somos hermanas en Cristo de todos los bautizados, cualquiera que sea su origen, su estado civil, su orientación de género, su orientación sexual o su profesión.
Exhortamos a las mujeres que se sienten, de una manera u otra, desafiadas por este impulso a atreverse a imaginar algo más para la Iglesia y a actuar. Con total libertad, que se atrevan a dirigir, por ejemplo, una terna al Nuncio para las diócesis cuya sede episcopal quede vacante; a proponer candidatos al cardenalato; o a sugerir otras acciones que permitan asociar al Pueblo de Dios al nombramiento de su clero. Si, como es lógico, la institución eclesiástica no consideró útil dar una respuesta oficial a la candidatura de Anne Soupa, sabemos que la perseverancia en la fe y en la acción dará sus frutos en lugares que aún no nos atrevemos a esperar.

 

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