Los ministerios de las mujeres en la Iglesia

Otra vez sobre los ministerios de las mujeres en la Iglesia

  • 03.09.2020 | Victorino Pérez Prieto

Me ha llamado la atención un post de Xabier Pikaza –colega en estos blogs de RD– de título sugerente: “Jesús y las mujeres. Sobre ellas refundaré mi Iglesia”. Leo las frases de la entradilla y me llama la atención que, tras decir que “estas mujeres serán como María Magdalenarefundarán la iglesia” –palabras con las que estoy completamente de acuerdo, yo ya he escrito algo semejante hace muchos años – escribe que  “no serán como muchas ‘obispas’ o ‘presbíteras’ actuales, que…no sirven para para refundar la iglesia, sino para que sea más de lo  mismo”; este es otro cantar…

Lo sorprendente es que, leyendo detenidamente el largo texto hasta el final, veo que se trata solamente de la presentación de un libro del teólogo irlandés O’Murchu –que muchos conocemos por su “teología cuántica”– sobre la vida religiosa en el siglo XXI; Pikaza no vuelve a hablar en su artículo de esas “obispas” y “presbíteras” que “no sirven para para refundar la iglesia”. ¿Cuál es entonces la razón para decir en la entradilla que esas mujeres que han recibido el ministerio ordenado no sirven para construir la nueva Iglesia? ¿Será acaso por la obsesión que tiene este teólogo y otros con el camino pacífico que han emprendido hace años en la Iglesia las mujeres presbíteras –católicas o protestantes–, que en las últimas semanas han tenido un gran protagonismo en los medios de todo el mundo por unas acciones en Francia?

En otra ocasión escribió Pikaza sobre “La Comunidad de Magdala y el Nuevo Colegio Apostólico de Mujeres Sacerdotes”, contraponiendo la primera (cf. D. Lemar, La comunidad de Magdala), que bien podría “refundar la Iglesia” por sus presupuestos, a la Asociación de Mujeres Presbíteras Católicas Romanas (ARCWP), a la que pertenece Christina Moreira, que… no podria hacer tal cosa.

No tengo la más mínima intención de entrar en la competición de quién hace aquí las afirmaciones más originales, o más de moda sobre el sacerdocio de las mujeres… para captar más lectores. Además, ya he dicho en otras ocasiones que creo que son las mujeres implicadas las que deben escribir sobre lo que ellas quieren, por qué lo quieren y para qué lo quieren; ellas son las que deben decir sobre sus opciones, que ya son mayorcitas para aceptar tutores. Y yo tengo en mi casa una de ellas, que estudió teología, escribe muy bien y, además, preside muy dignamente la celebración de nuestra comunidad de base: Christina.  Sé bien que si algo tienen claro estas mujeres presbíteras es no querer repetir los viejos esquemas clericales-patriarcales, que tanto daño le han ello a ellas y a toda la Iglesia. Pero quiero hacer unas reflexiones al respecto. En primer lugar recordando dos trabajos míos publicados hace tiempo. Uno sobre la Iglesia del futuro que yo veo y el papel de las mujeres en ella. Y otro, más sencillo, sobre mujeres ordenadas fuera de la Iglesia católica, por alusión a que Pikaza habla sobre pastoras de iglesias escandinavas que tampoco “sirven para para refundar la iglesia”.

  1. a) Hace casi veinte años di una conferencia en Lisboa, organizada por Somos Igreja-Portugal, que posteriormente sería publicada como “O futuro da Igrexa e a Igrexa do futuro” (Encrucillada, n. 131, 2002). Como los profetas bíblicos que hablan del futuro a partir del presente, empezaba diciendo: “Lo que va a venir es el fruto de lo que es, de lo que hay” (Cf. Jer 1,11-15). Mirar el futuro es mirar el presente con imaginación creadora y actitud esperanzada. Respondiendo al título, hablaba allí de “LaIglesia autoritaria-piramidal, un proyecto caduco” y de “El futuro de la Iglesia es una Iglesia nueva: la comunidad de iguales en el seguimiento de Jesús”. Entre otros, citaba en esta segunda parte precisamente un polémico libro de Xabier Pikaza que acababa de ver la luz y sobre el que yo había escrito una laudatoria recensión: Sistema, Libertad, Iglesia. Instituciones del Nuevo Testamento (2001); decía en él que el cristianismo ya no puede intentar ser un sistema contra otro sistema, sino que debe buscar llevar a la gente, humildemente, a su propuesta alternativa.

Yo articulaba mi propuesta en cinco aspectos fundamentales que debería tener en cuenta esa Iglesia del futuro; una propuesta que sigo compartiendo y que enuncio aquí brevemente:

1º. La esencia de la Iglesia y del cristianismo está en Jesús el Cristo. Se trata de volver a lo esencial: descubrir a Jesús el Cristo, su persona, su mensaje y su praxis de liberación, para comprometerse con él y con ella.  El reencuentro con Jesucristo debe llevar inevitablemente a uncompromiso en la transformación del mundo.

2º.El compromiso con los pobres tiene que marcar la praxis y la reflexión  de la Iglesia. Si la Iglesia quiere ayudar a transformar el mundo, los pobres son la mayor parte de la humanidad. Y el Evangelio es, sobre todo una Buena Nueva para los pobres. Como decía Jon Sobrino: “Fuera de los pobres no hay salvación”.

3º. La Iglesia debe tener en cuenta no sólo la Justicia y la Paz entre los hombres y las mujeres del planeta, sino también la armonía con toda la Creación. Como expresó magníficamente Leonardo Boff, el grito de la tierra va a la par con el grito de los pobres que claman por su liberación. Profundamente preocupado por esto, me he ocupado de la relación necesaria entre ecologismo y cristianismo en varios de mis escritos (Cf. Ecologismo y cristianismo, Sal Terrae 1999 y otros).

4º. La nueva Iglesia deberá ser una comunidad de bautizados e iguales. Y aquí apuntaba que la Iglesia debe ser realmente lo que la teología feminista llama laekklesía de las mujeres”: comunidad y discipulado de iguales en el seguimiento de Jesús, convocados por el bautismo. La Iglesia debe ser la Iglesia de losbautizadosen igualdad entre los responsables –los que ejercen el ministerio ordenado en servicio a la comunidad- y los laicos; en ambos espacios, íntimamente relacionados, debe haber varones y mujeres. Jesús propone una comunidad alternativa, circular e inclusiva en la que los ministerios no son poder sino servicio.

5º. Una Iglesia con perspectiva ecuménica. El diálogo interconfesional/ecuménico e interreligioso es una de las necesidades más urgentes de la Iglesia del futuro; así lo he manifestado en otros muchos de mis escritos (cf. especialmente La búsqueda de la armonía en la diversidad. El diálogo ecuménico e interreligioso, Verbo Divino 2014).

  1. b) Hace menos tiempo, Christina y yo estuvimos la semana de Pascua en Suecia, invitados por una pastora y un pastor luteranos (Ninni y Hans-Olof), que nos acogieron magníficamente en su casa. Publiqué entonces un artículo en Alandar: Una semana ecuménica en Suecia (n. 309, 2014). Compartimos encuentros y celebraciones con comunidades cristianas luteranas; en celebraciones domésticas y en templos (una hermosa iglesia románica parroquial y la catedral de Skära). Decía allí que la celebración en la catedral fue semejante a cualquier otra digna eucaristía católica, “salvo que el diácono era… una diaconisa y el presbítero que presidía la celebración era… una presbítera; al obispo no le tocaba ese domingo presidir la celebración dominical y estaba en los bancos, con el resto del pueblo”. Además, los ministerios laicos tenían también un papel de coprotagonismo ¿Semejante a otra buena misa de una comunidad católica? Sí, pero había un cambio fundamental: la responsabilidad en la celebración era asamblearia, compartida por hombres y mujeres, no ejercida autoritaria y patriarcalmente. Y eso lo cambiaba todo. Hubo también un detalle que puede parecer nimio, pero muy significativo; en una nave lateral de la gran catedral había café, leche, galletas y juegos para los peques, para la acogida y el compartir al final de la eucaristía. Concluía el artículo diciendo unas palabras que extracto: “¿Acaso no es evidente que todos y todas formamos parte de la única Iglesia, con algunas diferencias teológicas (…) y nuestras peculiaridades litúrgicas u organizativas (…), diferencias que, lejos de separarnos necesariamente, nos enriquecen mutuamente? Vimos allí que el conflicto entre la Iglesia luterana y la Iglesia católica es entre poderes… entre autoridades que se disputan parcelas de poder… Un conflicto que se supera compartiendo el pan y la palabra”. No olvido las contradicciones y dificultades que está viviendo la Iglesia sueca en una sociedad nuy secularizada, y que, a pesar de todo, aún padece el patriarcalismo capitalista; pero Ninni y Hans-Olof estaban intentando cambiar la Iglesia.

En conclusión. El derecho de las mujeres areconstruir la Iglesia acorde con el proyecto del Reino que Jesús anunció y vivió, o si prefieren “refundar” una Iglesia decadente, me parece un derecho inalienable que tienen como bautizadas.Más aún, todos los que formamos parte de la Iglesia y las socidades en que vivimos necesitamos esa “ekklesía de las mujeres” para volver al proyecto circular e inclusivo de Jesús. Un proyecto de iguales, pero necesariamente con servidores responsables, en el que el ministerio ordenadosigue teniendo sentido, si se vive como ministerio-servicio y no como el privilegio clerical que ha sido habitual en la historia de la Iglesia. Pikaza escribió en otra ocasión contra unas afirmaciones de Ladaria que pretendía cerrar el paso a la ordenación sacerdotal de las mujeres: “Está en juego el tipo de ‘sacerdocio’ del Nuevo Testamento y de la Iglesia… Los católicos-cristianos estamos llamados a recrear los ministerios”. Ciertamente, estamos llamados a recrear los ministerios –no a eliminarlos– y las mujeres tienen mucho que aportar al respecto.

La Iglesia ideal, como la sociedad ideal, no existe ni existirá nunca, salvo en la parusía; siempre tendrá sus contradicciones,  será pecadora y necesitada de perdón curador, necesitada de quien ayude al orden y la armonía, de la ayuda en el camino de la comunidad y de cada uno/a de sus miembros. La autoridad como servicio, como presidencia en la caridad, como ayuda en la praxis social y en la oración, como ayuda y referencia en la iniciación/formación, y como presidencia de la celebración comunitaria del Misterio, siempre será necesaria. Sobre todo el pueblo sencillo –más que algunas comunidades y ciertos grupos privilegiados- lo necesitará siempre; como necesitó a San Monse Romero, a Tati Samuel Ruiz o a Dom Pedro Casaldáliga, que ejercieron su ministerio generosamente pero no renunciaron a él y fueron presbíteros/obispos hasta su muerte, con el agradecimiento del pueblo por serlo. Por cierto, como hemos visto muchas veces, todos estos clérigos ejemplares fueron enterrados con las vestiduras litúrgicas de su ministerio, sin que nadie protestara por ello como un “signo clerical” intolerable para una nueva Iglesia… Y hablando de fotos ¿Por qué esta de Casaldáliga revestido en una celebración si, y la del comienzo de mujeres y hombres con las ropas litúrgicas no?

Si aquellos a los que se les ha encomendado un servicio en la comunidad no cumplen lo que se les ha encomendado, que también forma parte de su identidad cristiana, lo harán otros, posiblemente arrogándose una autoridad que no tienen. Mi experiencia en las comunidades parroquiales así me lo ha enseñado. En la Iglesia del futuro seguirá habiendo diáconos, presbíteros y obispos, ojalá sin ostentación ni superioridad sino al servicio de la comunidad, llamados por Dios y elegidos/acogidos por el pueblo ¿Cómo no va a haber en ella presbíteras y obispas? ¿Va a significar esto “más de lo  mismo” como dice Pikaza? No necesariamente. Cierto que las mujeres pueden padecer, y padecen, de los mismos defectos que los varones. Pero una Iglesia con presbíteras y obispas con toda seguridad va a ser distinta. ¿Por qué negarles ese derecho?

 

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