Una Navidad más religiosa y menos consumista

El Papa desea que las dificultades de la pandemia lleven a vivir una “Navidad más religiosa y que huya del consumo”
“La Iglesia, en todos sus miembros, tiene la misión de practicar la oración de intercesión”
“Quien reza no deja nunca el mundo a sus espaldas”
“Si la oración no recoge las alegrías y los dolores, las esperanzas y las angustias de la humanidad, se convierte en una actividad decorativa, intimista”
“Todo cristiano está llamado a convertirse en las manos de Dios, en pan partido y compartido”
“Cualquiera puede llamar a la puerta de un orante y encontrar en él o en ella un corazón compasivo”
“Quien no ama al hermano no reza seriamente”
“La oración verdadera no nos evade de la realidad. El que reza presenta al Señor los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren”
16.12.2020 José Manuel Vidal
El Papa Francisco aborda, en su catequesis, la “oración de intercesión”, que debe practicar toda la Iglesia, y que, a su juicio, no consiste en “evadirse de la realidad” ni en “una actividad decorativa o intimista”. En la oración de intercesión, el cristiano se convierte “en las manos de Dios”, porque “quien no ama al hermano no reza seriamente”. Ante la proximidad de las Navidades, el Papa reconoce las “restriccionese inconvenientes de este año”, pero pide a los fieles que recuerden las dificultades de María y José: “¡No eran rosas y flores! ¡Cuántas dificultades! ¡Cuántas preocupaciones!”. Por eso, concluye con este deseo: “Que nos ayude esta dificultad en la forma de vivir y festejar la Navidad, huyendo del consumismo y que sea más religioso, más auténtico y más verdadero”.
De la carta de San Pablo a los Efesios: “Orad en toda ocasión con la ayuda del Espíritu…”
Texto íntegro de la catequesis del Papa
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días! Quien reza no deja nunca el mundo a sus espaldas. Si la oración no recoge las alegrías y los dolores, las esperanzas y las angustias de la humanidad, se convierte en una actividad “decorativa”, intimista. Todos necesitamos interioridad: retirarnos en un espacio y en un tiempo dedicado a nuestra relación con Dios. Pero esto no quiere decir evadirse de la realidad. En la oración, Dios “nos toma, nos bendice, y después nos parte y nos da”, para el hambre de todos. Todo cristiano está llamado a convertirse en las manos de Dios, en pan partido y compartido. Una oración concreta, que no sea una fuga.
Así los hombres y las mujeres de oración buscan la soledad y el silencio, no para no ser molestados, sino para escuchar mejor la voz deDios. A veces se retiran del mundo, en lo secreto de la propia habitación, como recomienda Jesús mismo (cfr Mt6,6), pero, allá donde estén, tienen siempre abierta la puerta de su corazón: una puerta abierta para los que rezan sin saber que rezan; para los que no rezan en absoluto pero llevan dentro un grito sofocado, una invocación escondida; para los que se han equivocado y han perdido el camino…
Cualquiera puede llamar a la puerta de un orante y encontrar en él o en ella un corazón compasivo, que reza sin excluir a nadie. En la oración, nuestro corazón y nuestra voz se hacen voz y corazón de todos los que no saben rezar.En la soledad se separa de todo y de todos para encontrar todo y a todos en Dios. Así el orante reza por el mundo entero, llevando sobre sus hombros dolores y pecados. Reza por todos y por cada uno: es como si fuera una “antena” de Diosen este mundo.
En cada pobre que llama a la puerta, en cada persona que ha perdido el sentido de las cosas, quien reza ve el rostro de Cristo. El Catecismo escribe: «Interceder, pedir en favor de otro […] lo propio de un corazón conforme a la misericordia de Dios. En el tiempo de la Iglesia, la intercesión cristiana participa de la de Cristo: es la expresión de la comunión de los santos» (n. 2635). Cuando rezamos estamos en sintonía con la misericordia de Dios. Jesús es nuestro intercesor. Rezar es hacer un poco como Jesús.
A la oración le importa el hombre. Simplemente el hombre. Quien no ama al hermano no reza seriamente. En medio del odio y de la indiferencia no se puede rezar. En la Iglesia, quien conoce la tristeza o la alegría del otro va más en profundidad de quien indaga los “sistemas máximos”. Por este motivo hay una experiencia del humano en cada oración, porque las personas, aunque puedan cometer errores, no deben ser nunca rechazadas o descartadas.
Cuando un creyente, movido por el Espíritu Santo, reza por los pecadores, no hace selecciones, no emite juicios de condena: reza por todos. Y reza también por sí mismo. En ese momento sabe que no es demasiado diferente de las personas por las que reza. Se siente pecador entre los pecadores. La lección de la parábola del fariseo y del publicano es siempre viva y actual (cfr Lc18,9-14): nosotros no somos mejores que nadie, todos somos hermanos en una comunidad de fragilidad, de sufrimientos y en el ser pecadores. Por eso una oración que podemos dirigir a Dios es esta: “¡Señor, no es justo ante ti ningún viviente (cfr Sal143,2), todos somos deudores que tienen una cuenta pendiente; no hay ninguno que sea impecable a tus ojos. Señor ten piedad de nosotros!”.
El mundo va adelante gracias a esta cadena de orantes que interceden, y que son en su mayoría desconocidos… ¡pero no para Dios! Hay muchos cristianos desconocidos que, en tiempo de persecución, han sabido repetir las palabras de nuestro Señor: «Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen» (Lc 23,34).
El buen pastor permanece fiel también delante de la constatación del pecado de la propia gente: continúa siendo padre también cuando sus hijos se alejan y lo abandonan. Persevera en el servicio de pastor también en relación con quien lo lleva a ensuciarse las manos; no cierra el corazón delante de quien quizá lo ha hecho sufrir.
La Iglesia, en todos sus miembros, tiene la misión de practicar la oración de intercesión. En particular tiene el deber quien está en un rol de responsabilidad: padres, educadores, ministros ordenados, superiores de comunidad… Como Abraham y Moisés, a veces deben “defender” delante de Dios a las personas encomendadas a ellos. En realidad, se trata de mirar con los ojos y el corazón de Dios, con su misma invencible compasión y ternura.
Todos somos hojas del mismo árbol: cada desprendimiento nos recuerda la gran piedad que debemos nutrir, en la oración, los unos por los otros.
Saludo en español
Queridos hermanos y hermanas: La oración verdadera no nos evade de la realidad. El que reza presenta al Señor los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren. Todos necesitamos tiempos y espacios de silencio y soledad para la relación con Dios, para escuchar su voz. En la oración, el Señor nos bendice y nos hace pan partido y repartido para la vida del mundo.
La oración de intercesión abre las puertas del corazón de quien reza a los demás. Es una puerta abierta para los que rezan sin saberlo, para los que no rezan pero esconden un grito sofocado en su interior, para los que se equivocaron y no encuentran el rumbo. Cualquiera puede encontrar en la persona orante un corazón compasivo que ruega por todos sin excluir a nadie. Es como una “antena” de Dios, que está en sintonía con su misericordia y ve a Cristo en los rostros de las personas por las que reza.
En la oración experimentamos que todos somos hermanos, que pertenecemos a la misma humanidad frágil y pecadora. El que reza lo hace por todos, y reza también por sí mismo. La Iglesia, en todos sus miembros, tiene la misión de practicar la oración de intercesión, especialmente quienes tienen un rol de responsabilidad: padres, educadores, sacerdotes, superiores de comunidad. Este modo de oración nos ayuda a mirar a los otros con los ojos y el corazón de Dios, con su misma ternura y compasión.
Saludo cordialmente a los fieles de lengua española. Mañana comenzamos las Ferias Mayores de Adviento, y la liturgia se centra con mayor énfasis en la preparación de la Natividad del Redentor.
En estos días tan especiales, los animo a dedicar más tiempo a la oración de intercesión: recemos con mayor intensidad pidiendo unos por otros, en particular por los que más sufren. Que Dios los bendiga.

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