Juan Masiá y la nueva Ley de eutanasia

Juan Masiá: “Me parece sensata y razonable la regularización digna de la eutanasia responsable”
“Me parece sensata y razonable la regularización digna de la eutanasia responsable, pero en contexto eutanásico, es decir, que se verdaderamente eu-thanasia o buen morir; mejor dicho, buen vivir mientras y hasta morir”
“Desde mi doble dedicación a la bioética laica y a la espiritualidad cristiana, puedo celebrar la presentación del proyecto de ley orgánica de regulación de la eutanasia”
“Hacen un flaco favor a la defensa de la vida y de la fe las afirmaciones de algunas instancias jerárquicas eclesiásticas que califican de homicidio a la eutanasia jurídica y éticamente responsable, o que invitan a manifestaciones de oración y penitencia para apoyar la oposición a la ley”
18.12.2020 Juan Masiá
Me parece sensata y razonable la regularización digna de la eutanasia responsable, pero en contexto eutanásico, es decir, que se verdaderamente eu-thanasia o buen morir; mejor dicho, buen vivir mientras y hasta morir.
Disculpen, lectores y lectoras, porque lo he repetido en este blog por activa y por pasiva.
Desde mi doble dedicación a la bioética laica y a la espiritualidad cristiana, puedo celebrar la presentación del proyecto de ley orgánica de regulación de la eutanasia. He leído la proposición, que me parece moderada y garantista. Coincide en gran parte de sus argumentaciones con las propuestas que se venían haciendo ya hace tiempo más por quienes comparten la doble motivación de “fe y secularidad”, “humanismo y creencia”.
En los debates mediáticos en torno al proyecto de ley se han escuchado a menudo descalificaciones ideológicas mutuas por parte de posturas extremas en contra o a favor del proyecto, que lo apoyan o atacan sin argumentos razonables. Deseando y confiando que ambos extremismos no se reflejen en el debate parlamentario, me permito reiterar con las propuestas siguientes, la postura a la vez secular y espiritual que vengo defendiendo en este blog.
Sería deseable:
Que, en vez de oposición catastrofista o defensa agresiva, se aporten argumentos razonables con serenidad para modificar el proyecto con enmiendas fundamentadas; que no se vote, ni a favor ni en contra, por disciplina partidista, sino por convicción sensata, razonable y en conciencia.
Que no se convierta el debate en cuestión de política partidista ni de ideología religiosa; ni mediante manifestaciones demagógicas partidistas a favor, ni mediante convocatorias confesionales de rogativas penitenciales en contra (que pueden ser peligrosamente cómicas en vez de piadosas).
Que se evite la confusión que califica al contexto eutanásico como “anti-vida” y a la oposición como “pro-vida.
Que no se convierta la oposición a la regularización justa de la eutanasia en una señal de identidad religiosa, porque eso impide el debate ético sereno sobre los casos en que, con un mismo criterio pro-vida y pro-persona, pueden darse opciones y decisiones diferentes, pero ambas éticamente correctas, gracias al discernimiento responsable que guió la decisión.
Que no se califique (descalificando a priori) como eutanasia injusta o como homicidio o suicidio la opción responsable y autónoma por la intervención activa y directa para adelantar el desenlace del morir, asegurando el vivir dignamente mientras y hasta que se muere.
Que se evite plantear los debates como si se tratase de elegir entre paliativos y eutanasia. Los paliativos no son una alternativa, sino un presupuesto. Por eso la ley los incluye en todas circunstancias entre las condiciones previas a la opción eutanásica.
Que se tenga en cuenta, a la hora de proponer enmiendas sobre el procedimiento para la realización de la prestación de ayuda para morir, la importancia del equipo asistencial. La persona paciente tiene derecho a recibir apropiado apoyo y acompañamiento humano, psicológico, social y, en su caso, espiritual. Por ejemplo, el respeto a las creencias de la persona paciente nos exige que le proporcionemos la asistencia espiritual oportuna de acuerdo con su confesionalidad.
Me permito añadir que, por mi ministerio como sacerdote, estoy obligado a proporcionar esa ayuda espiritual y sacramental a la persona paciente que optó por la eutanasia; además, estoy obligado a disentir (de la iglesia en la iglesia); a disentir, digo, responsablemente del documento de la Congregación para la doctrina de la Fe que eventualmente prohibiese tal comportamiento. También he de añadir que hacen un flaco favor a la defensa de la vida y de la fe las afirmaciones de algunas instancias jerárquicas eclesiásticas que califican de homicidio a la eutanasia jurídica y éticamente responsable, o que invitan a manifestaciones de oración y penitencia para apoyar la oposición a la ley.
No me alargo más, porque en posts anteriores he detallado estos desideria, con la esperanza de que se superen los extremismos ancestrales en los pueblos y naciones del estado español, tan propenso al cainismo denunciado por Unamuno.
Y de paso, déjenme que les diga a los mitrados que recomiendan oración y ayuno contra legisladores, que será mejor rezarle al San Don Miguel de Bilbao y Salamanca, para que en este país dejemos de satanizarnos los “unos contra los otros”. Y con perdón por el desahogo, un abrazo de hermandad a los unos y a los otros…

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