Navidad como Ecología

“Navidad es conversión ecológica, que implica dejar brotar todas las consecuencias del encuentro con Jesucristo en las relaciones con el mundo que nos rodea”
“La espiritualidad cristiana de esta Navidad en la Creación, propone un modo alternativo de entender la calidad de vida, y alienta un estilo de vida profético y contemplativo”
“La paz interior de las personas tiene mucho que ver con el cuidado de la ecología y con el bien común”
“La espiritualidad ecológica integral para un cambio duradero es también una conversión comunitaria. ¡Feliz Navidad! La Casa Común está de fiesta y nosotros con ella”
24.12.2020 Victor Ricardo Moreno Holguín
“En el principio existía la Palabra… en ella estaba la vida y la vida era la luz de los hombres… se hizo carne, y puso su Morada entre nosotros, y hemos contemplado su gloria”. (Jn 1, 1-4.14) (Cfr LS 216-227)
¡Es Navidad! Nuestra Novena Contemplativa de Navidad en la Creación nos ha ayudado a meditar sobre la crisis ecológica, transformándose en un llamado a una profunda conversión interior. Navidad es conversión ecológica, que implica dejar brotar todas las consecuencias del encuentro con Jesucristo en las relaciones con el mundo que nos rodea, y nos lleva a vivir la vocación de ser protectores de la obra de Dios; es parte esencial de una existencia virtuosa.
Porque la espiritualidad no está desconectada del propio cuerpo ni de la naturaleza o de las realidades de este mundo, sino que se vive con ellas y en ellas, en comunión con todo lo que nos rodea. La espiritualidad ecológica, propia de una Navidad en la Creación, nace de las convicciones de nuestra fe, porque lo que el Evangelio nos enseña que tiene consecuencias en nuestra forma de pensar, sentir y vivir y alimenta la pasión por el cuidado del mundo.

Esta conversión ecológica de la Navidad en la Creación abre las puertas del cuidado generoso y lleno de ternura con la Casa Común: Implica gratitud y gratuidad, un reconocimiento del mundo como un don recibido del amor del Padre, que provoca como consecuencia actitudes gratuitas de renuncia y gestos generosos, aunque nadie los vea o los reconozca. Implica la amorosa conciencia de no estar desconectados de las demás criaturas, de formar con los demás seres del universo una preciosa comunión universal. El mundo no se contempla desde fuera sino desde dentro, reconociendo los lazos con los que el Padre nos ha unido a todos los seres. La conversión ecológica nos lleva a desarrollar la creatividad y el entusiasmo, para resolver los dramas del mundo.
Lo que hemos meditado a lo largo de esta Novena en la Creación, nos ayudan a enriquecer el sentido de esta conversión, como la conciencia de que cada criatura refleja algo de Dios y tiene un mensaje que enseñarnos, o la seguridad de que Cristo ha asumido en sí este mundo material y ahora, resucitado, habita en lo íntimo de cada ser, rodeándolo con su cariño y penetrándolo con su luz. También el reconocimiento de que Dios ha creado el mundo inscribiendo en él un orden y un dinamismo que provoca esa sublime fraternidad con todo lo creado que tan luminosamente vivió san Francisco de Asís.
La espiritualidad cristiana de esta Navidad en la Creación, propone un modo alternativo de entender la calidad de vida, y alienta un estilo de vida profético y contemplativo, capaz de gozar profundamente sin obsesionarse por el consumo, hacerse presente serenamente ante cada realidad, por pequeña que sea; propone un crecimiento con sobriedad y una capacidad de gozar con poco. Es un retorno a la simplicidad que nos permite detenernos a valorar lo pequeño, encontrar satisfacción en los encuentros fraternos, en el servicio, en el despliegue de los carismas, en la música y el arte, en el contacto con la naturaleza, en la oración.
El Nacimiento del Verbo entre nosotros trae la paz, porque no podremos llegar a una feliz sobriedad si no se está en paz consigo mismo. La paz interior de las personas tiene mucho que ver con el cuidado de la ecología y con el bien común, porque, auténticamente vivida, se refleja en un estilo de vida equilibrado unido a una capacidad de admiración que lleva a la profundidad de la vida. La naturaleza está llena de palabras de amor. Una ecología integral implica dedicar algo de tiempo para recuperar la serena armonía con la creación, para reflexionar acerca de nuestro estilo de vida y nuestros ideales, para contemplar al Creador, que vive entre nosotros y en lo que nos rodea.
Estamos hablando de una actitud del corazón, que vive todo con serena atención, que sabe estar plenamente presente ante alguien sin estar pensando en lo que viene después, que se entrega a cada momento como don divino que debe ser plenamente vivido. Jesús sí que estaba plenamente presente ante cada ser humano y ante cada criatura, y así nos mostró un camino para superar la ansiedad enfermiza que nos vuelve superficiales, agresivos y consumistas desenfrenados.
En la cena de Navidad damos gracias a Dios, para fortalecer nuestro sentido de gratitud por la creación, reconocer el trabajo de quienes hicieron posible que ese alimento llegara a la mesa y animarnos a la solidaridad con los más necesitados. La espiritualidad ecológica integral para un cambio duradero es también una conversión comunitaria. ¡Feliz Navidad! La Casa Común está de fiesta y nosotros con ella. Dios, Hombre y Cosmos se han hecho uno en el seno de María.

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