Las mujeres en el Sáhara Occidental

Sáhara Occidental: mujeres que resisten en el desierto más olvidado del mundo

Las mujeres del Sáhara Occidental construyen sus vidas en una resistencia continua contra las fuerzas ocupantes de Marruecos. La asociación Basmat Khayr es un ejemplo de las diferentes formas de lucha que adoptan las denominadas hijas de las nubes.
Por Leandro Albani Publicado el 24 Dic, 2020
Las mujeres saharauis son el sostén de su sociedad. Esta afirmación es reconocida no sólo dentro del pueblo saharaui, sino que a nivel internacional la lucha y resistencia de las saharauis es reconocida en cada ámbito donde se hable del Sáhara Occidental.
Cuando en 1975 España abandonó de forma irresponsable el territorio saharauis que ocupaba en el norte de África, el reino de Marruecos desplegó un fuerte operativo mhayrilitar para controlar esas tierras. A partir de ese año, la guerra entre el régimen marroquí y los saharauis, bajo el liderazgo del Frente Polisario, se extendió hasta 1991. En esos largos años de conflicto bélico, se creó la República Árabe Democrática Saharaui (RADS), la problemática saharauis fue reconocida en todo el mundo y las mujeres –las llamadas hijas de las nubes- se encargaron de organizar a una sociedad diezmada por la ocupación marroquí: ya sea en los campamentos de refugiados al sur de Argelia, en los territorios saharauis liberados por el Frente Polisario o en la zona ocupada por Marruecos, las mujeres siempre fueron la vanguardia.
Bajo esa tradición nació el 17 de febrero de 2017 la asociación de voluntarias Basmat Khayr. Primero fue una idea entre amigas en los largos días en los campamentos de refugiados. Después, mensajes convocando a quienes se quisieran sumar. Por último, definir un objetivo concreto: ayudar a los y las saharauis de los campos con mayores necesidades.
Ahjabha Hamdi participa desde la primera ahora en Basmat Khayr. En diálogo con Sudestada, la activista recuerda el grupo “empezó como una idea entre amigas, que querían ayudar como sea con cosas propias. Cada una trae de su casa lo que puede: artículos de higiene o melfas nuevas (vestimenta tradicional de las mujeres)”.
“Al principio, muchas chicas participaron, pero de repente solo quedaron las personas solidarias, que tienen algo en común –señala Ahjabha-. Entonces empezamos a buscar y a registrar a las familias más vulnerables de la sociedad en los cinco wilayas (campos de refugiados), especialmente a las mujeres. Cada una de nosotras dona una cantidad de su propio dinero para comprar cosas para las familias, porque traer del exterior no es suficiente”.
Por estos días, el pueblo saharaui atraviesa un nuevo período de guerra. El responsable de esta situación es Marruecos. El alto el fuego concretado en 1991 a través de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), fue violado por el reino marroquí en octubre pasada, cuando el Frente Polisario volvió a denunciar que el régimen del rey Mohamed VI utilizaba de forma ilegal El Guerguerat, el paso fronterizo con Mauritania, una zona bajo control del Frente Polisario.
Convertir el desierto en vida
“Vivir en un campo de refugiados es un desafío en sí mismo –cuenta Ahjabha-. Despertar todos los días y tratar de hacer que tu día sea mejor que el anterior, es algo fácil”.
Los campamentos en el sur de Argelia, ubicados alrededor de la ciudad de Tinduf, tienen su propia organización social, política y económica, esta última que depende principalmente de la ayuda internacional.
Para la activista, la rutina en los campamentos puede ser pesada, pero sus pobladores y pobladoras “se esfuerzan por hacer oír su voz todos los días. Y en condiciones difíciles, intentando mantener sus costumbres y tradiciones presentes todo el tiempo”, afirma.
“Es la dura vida que nos toca vivir –remarca la activista-. Creo que nosotras, como refugiadas, hemos desafiado muchas dificultades no solo en la guerra, sino en vivir en el desierto más olvidado del mundo. Y así y todo, convertirlo a un lugar donde un grupo de personas pueda sobrevivir”.
En el caso puntual de Basmat Khayr, Ahjabha explica que en los campamentos “trabajamos con mujeres de los estratos más débiles de la sociedad: divorciadas, viudas, huérfanas, mujeres que no tienen sostén. Facilitamos sus tareas como mujeres y como madres, ayudándolas en las condiciones difíciles en que vivimos. Pero lo más importante es que les decimos que no están solas con estos problemas”.
Las problemáticas de las mujeres saharauis son variadas, según la activista. “La escasez de agua, de electricidad, las duras condiciones naturales, los precios elevados –enumera-. La ayuda humanitaria ha experimentado un gran descenso en los últimos años, y eso es normal, dado el tiempo que llevamos como refugiadas, ya que los países que nos apoyan tienen sus propios problemas.
Ahjabha dice que la realidad en la que viven las mujeres en los campamentos puede llegar a ser muy tensa, porque “cada una tiene su propia situación, pero al mismo tiempo están dispuestas para ocupar cualquier puesto que favorezca la causa saharaui, implementando el lema ‘el que no vive para servir no sirve para vivir’”.
Volver a las armas
El Frente Polisario y las autoridades de la RADS fueron claros ante el mundo: Si Marruecos violó el alto el fuego con la utilización ilegal de El Guerguerat, el pueblo saharaui están en todo su derecho de defender su territorio por las armas. Desde hace más de un meses, el Ejército Popular Saharaui bombardea diariamente los puestos militares marroquíes ubicados en el muro de separación construido por el régimen de Marruecos para dividir el territorio del Sáhara Occidental. El muro, también conocido como Muro de la Vergüenza, es el más largo del mundo con 2720 kilómetros y está rodeado por cientos de miles de minas antipersonales.
“La reanudación de la guerra con Marruecos fue una reacción a la decisión marroquí cuando violó el acuerdo de alto el fuego, lo que desencadenó una respuesta contundente por parte de los saharauis, declarando el fin del alto del fuego y volviendo a defenderse con mucho honor”, resume la activista.
A esta opinión, Ahjabha agrega: “Como saharauis, tenemos un derecho legítimo, protegido por legalidad internacional, consolidado con los convenios internacionales de descolonización”. De esta manera, se refiere al referéndum –aprobado por la ONU- con el cual los y las saharauis tienen que decidir si desean o no un Estado propio e independiente en su territorio histórico. Pero esa votación ya lleva retrasada 29 años. El poder de Marruecos y las complicidades varias de Estados Unidos, Europa y la propia ONU, despojaron al pueblo saharaui de ejercer su derecho.
“Hasta el día de hoy, Francia, con su derecho al veto en el Consejo de Seguridad de la ONU, frena el referéndum que Marruecos debe aceptar. Por eso, seguimos luchando para lograr nuestra libertad y conseguir nuestros derechos territoriales”, asegura la activista.
La decisión de Trump
Como despedida de su estadía en la Casa Blanca, el presidente Donald Trump anunció semanas atrás que Estados Unidos reconocía la “soberanía” de Marruecos sobre el Sáhara Occidental. Además, comunicó que el régimen de Rabat restablecía sus relaciones diplomáticas y comerciales con Israel, en el marco de la política impulsada por la administración estadounidense de blanquear las relaciones entre régimenes monárquicos y dictatoriales del mundo árabe con Tel Aviv.
Con respecto a la “soberanía” de la monarquía de Mohamed VI sobre el territorio saharaui, el rechazo fue unánime dentro y fuera de Estados Unidos. Es más, es probable que –según varios medios de comunicación- la administración de Joe Biden, que asumen el 20 de enero, revierta la medida tomada por Trump.
“Lo que me hace gracia es que Trump habla del Sáhara Occidental como si fuera su dueño”, dice Ahjabha. “Personalmente, no me extraña la declaración de Trump, porque Marruecos siempre ha sido el hijo mimado de Estados Unidos, después de Israel y Arabia Saudita”, agrega. La activista señala que el pueblo saharaui “nunca esperamos mucho de Trump, no porque sea un presidente saliente, sino porque es una persona que agravió a muchos africanos durante su gobierno. No hizo justicia por los afroamericanos en Estados Unidos, entonces ¿cómo hará justicia por los africanos en África?”.
Sobre el futuro del Sáhara Occidental, Ahjabha reflexiona lo siguiente: “Veo el futuro de mi pueblo con la lucha armada. Llevamos 45 años hablando y esperando el prometido referéndum para nuestra autodeterminación. Hemos resistido de forma pacífica, viviendo como refugiadas más de 45 años. La guerra es muy dura, pero después de tanto esperar no nos han dejado otra salida. Cómo dice un proverbio saharaui: ‘la muerte es una ley, pero la humillación no’”

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