La encíclica del Papa Francisco (III)

La encíclica del Papa latino (y III)
“Hay pugna entre dos mesianismos judíos, el de Marx y el de Cristo, lo que explica el anticomunismo católico desde León XIII a Pío XII (ambos incluidos)”
El papa Francisco, en el número 168 de Fratelli Tutti, dice: “El mercado solo no resuelve todo, aunque otra vez nos quieran hacer creer este dogma de fe neoliberal”
“En Fratelli Tutti se anuncia un Reproponer la función social de la propiedad. Y, en verdad, eso es lo que se hace”
“La cuestión es que este Papa conoce cómo funciona la corrupción, que es universal”
13.12.2020 | Ángel Aznárez, ex magistrado y notario
I.- Es de prudencia al escribir no decir todo lo que se sabe. Resulta que lectores me pidieron saber más sobre Roger Caillois y, sin contarlo todo, añado ahora lo siguiente: tal francés (1913-1978) es conocido por la intelectualidad argentina, aún la de hoy, pues, a principios de los años cuarenta del siglo XX, por ser anticomunista y antinazi, vivió en exilio en Argentina, llegando a ser amor de esa mujer tan importante que fue Victoria Ocampo. Es lamentable que eclesiásticos no conozcan a ese autor, que, además de especialista en lo onírico, escribió el fundamental ensayo de sociología religiosa El hombre y lo sagrado (1939), discípulo de Durkheim, siendo ahora de mucha actualidad por la expulsión de lo religioso de la vida social.
II.- En el siglo XIX se publicó el Manifiesto comunista de Marx y Engels, siendo la Doctrina Social de la Iglesia, a partir de León XIII, un rechazo de las teorías comunistas y socialistas: principalmente la negación de la propiedad y la alienación de los trabajadores por el capital, cuestión obrera que fue la gran cuestión social, y siendo el trabajo el gran tema según Francisco.
Hay pugna entre dos mesianismos judíos, el de Marx y el de Cristo, lo que explica el anticomunismo católico desde León XIII a Pío XII (ambos incluidos). Un anticomunismo, rabioso, reanudado por el polaco Juan Pablo II, del que se dice que, junto a Reagan, acabó con el comunismo; su ad látere Ratzinger, luego Benedicto XVI, desde el Dicasterio de la Doctrina de la fe (La Curia) lo apuntilló como bien saben los latinoamericanos. ¿Acaso el Papa Francisco sigue esa orientación anticomunista y antisocialista? La respuesta es: NO, y esto es esencial, llegado a Roma desde una distante Iglesia local.
III.- Acaso uno de los párrafos más importantes sea el siguiente que copio, que es de antropología y que no recurre al pecado original, a la naturaleza humana herida por el pecado, que figura en el número 166 de Fratelli Tutti, comenzando con eso “endulzado” que se llama, con escasa valentía acaso, “el paradigma tecnocrático”:
“Mi crítica al paradigma tecnocrático no significa que sólo intentando controlar sus excesos podremos estar asegurados, porque el mayor peligro no reside en las cosas, en las realidades materiales, en las organizaciones, sino en el modo como las personas las utilizan. El asunto es la fragilidad humana, la tendencia constante al egoísmo humano que forma parte de aquello que la tradición cristiana llama “concupiscencia”: la inclinación del ser humano a encerrarse en la inmanencia de su propio yo, de su grupo, de sus intereses mezquinos. Esa concupiscencia no es un defecto de esta época”.
Por supuesto ¡no faltaría más! que es posible dominarla con la ayuda de Dios.
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EL MERCADO Y EL LIBERALISMO. GRATUIDAD Y SUBSIDIARIEDAD:
Hay liberales, como Nicolas Tenzer, que consideraron que el liberalismo es la modernidad por excelencia, que concilió la filosofía racionalista y el derecho natural de origen cristiano, y reconocen al libre mercado (liberalismo económico) un valor trascendental. Aquella modernidad que fue muy atacada, también, por el pensamiento pontifical de su época.
A.- Frente a su negador o mesianismo marxista, el otro mesianismo, el cristiano, con muchos matices, tuvo que proclamar el valor del mercado. El papa Benedicto, en Caritas in veritate proclama: “El mercado (si hay confianza recíproca y generalizada) es la institución económica que permite el encuentro entre las personas en cuanto agentes económicos…El mercado está sujeto a los principios de la llamada justicia conmutativa…Pero la doctrina social de la Iglesia no ha dejado de subrayar la importancia de la justicia distributiva y de la Justicia social para la economía de mercado”. Y añade: “Sin formas internas de solidaridad y de confianza recíproca, el mercado no puede cumplir plenamente su propia función económica.
El papa Francisco, en el número 168 de Fratelli Tutti, dice: “El mercado solo no resuelve todo, aunque otra vez nos quieran hacer creer este dogma de fe neoliberal”. Añade: “Sin formas internas de solidaridad y de confianza recíproca, el mercado no puede cumplir plenamente su propia función económica”. Hoy precisamente la confianza ha fallado. Y sigue: “La fragilidad de los sistemas mundiales frente a las pandemias ha evidenciado que no todo se resuelve con la libertad de mercado”.
Ambos papas señalan la necesidad de solidaridad y confianza en el mercado. Mas el planteamiento de Francisco sobre el mercado es más negativo, pues en el número 33 ya advirtió: “Algunos pretendían hacernos creer que bastaba la libertad de mercado para que todo estuviera asegurado”. Y en el 109 se dice: “Si la sociedad se rige primariamente por los criterios de la libertad de mercado y de la eficiencia, no hay lugar para ellos (discapacitados), y la fraternidad será una expresión romántica más”.
El importante concepto de la gratuidad y del don en Juan Pablo II y Benedicto XVI parece diluirse en Francisco en la fraternidad, en el planteamiento económico político de Francisco. Una gratuidad centro de la economía en Juan Pablo II o sin la cual es imposible la justicia en Benedicto; una gratuidad que es más (gratuidad en la empresa) que la “gratuidad del que acoge” referida en del número 139 de Fratelli.
B.- El análisis sobre el mercado es concreción de otro tema más amplio que es sobre el liberalismo, siendo Francisco sobre éste poco preciso, pues lo llama a veces liberalismo sin más, otras neoliberalismo y también “visiones liberales”. Formas liberales sobre las que dice en el número 155: “Están al servicio de los intereses económicos de los poderosos”.
Si Juan Pablo II distinguió separadamente Mercado, Estado y Sociedad Civil, si Benedicto XVI las juntó e interrelacionó, ahora, con Francisco, la sociedad civil o los “cuerpos intermediarios” está más lejana, no obstante las referencias en los números 108 y 175, y destacando que el Estado ha de estar presente y ser activo. ¿Dónde está en la encíclica Fratelli Tutti ese principio liberal tan importante y constante en la Doctrina Social que es el de subsidiariedad, que sí leímos en Laudato si (número 196)? En Caritas in veritate se escribe: “El principio de la subsidiariedad, expresión inalienable de la libertad humana”. Y una sociedad civil, integrada por familias, sindicatos, grupos religiosos, empresas y asociaciones, y siendo término medio entre el individualismo y el colectivismo.
FUNCION SOCIAL DE LA PROPIEDAD
En la encíclica Centesimus annus, Juan Pablo II sitúa adecuadamente el tema: “En la Rerum novarum Leon XIII afirmaba enérgicamente y con varios argumentos el carácter natural del derecho de propiedad, en contra del socialismo de su tiempo”. En Fratelli Tutti se anuncia un Reproponer la función social de la propiedad. Y, en verdad, eso es lo que se hace. No hay ya duda, teniendo en cuenta la historia de la Doctrina Social, que la función social de la propiedad limita intrínsecamente el derecho de propiedad, que, como todos los derechos de la persona, no es absoluto, siendo ya una “adquisición consolidada” o ya una evidencia que ningún jurista cuestiona.
Y si ningún jurista cuestiona la función social, los juristas olvidan la primacía del “destino común de los bienes creados”. Lo que se repropone es destacar dos tipos de derechos: uno, original y prioritario, que es el uso común de los bienes, y otro secundario, que es el exclusivo derecho de propiedad, que se ramifica en otros derechos sobre las cosas apropiables, con índole social, y cuyo fundamento último es el destino común de los bienes.
EL AMOR POLÍTICO:
En un texto tan laberíntico que, por ser muy argentino es casi como de Borges, con enredos y frases no fácilmente comprensibles, como un mare magnum, es natural que con tanto tema de graves y de bajos profundos, haya también “gorgoritos filarmónicos”: que si amor político, poetas sociales, amor social, amor efectivo y algunos más, lindos, muy lindos. La cuestión es que este Papa conoce cómo funciona la corrupción, que es universal. Así no cabe, por ejemplo, hacer inversiones en USA (la capitalista), en China (la comunista) o en Argentina o Venezuela sin pagar comisiones corruptas para torcer voluntades, de eso que se llama el libre comercio.
La corrupción también penetra hasta en la función social de la propiedad, cuando en la expropiación forzosa por razones sociales, a los ricos se ofrece un justiprecio alto, para ser más ricos, y a los pobres se ofrece un justiprecio bajo, para ser más pobres.
El Estado de la Ciudad del Vaticano, el único Estado que en el mundo se reclama de origen divino y cuya misión es hacer perdurable a la Iglesia católica, su jefe o Papa sabe de corrupciones allí dentro, económicas y/o de explotación de débiles, masculinos y femeninas. Su lucha decidida contra ello, a veces suicida, merece el total apoyo al Papa –se lo doy sin pedir disculpas por inmodestia-, tanto cuando hace y como cuando escribe: ahora, con Fratelli Tutti, recordando las obligaciones resultantes de la acogida a extranjeros y las migraciones. Esto es lo principal, siendo lo secundario defectos de un cocinado rápido de un texto de Magisterio. Y esto se escribe, con caritas, mas también con veritas.
CONCLUSIÓN:
Fue esencial la colisión entre los mesianismos, de los que escribimos al comenzar esta parte tercera. Un mesianismo antisocialista que termina con Benedicto XVI, actual Papa emérito, siendo autor de potentes diatribas contra la “Teología de la Liberación”, en su anterior cometido de Prefecto para la Doctrina de la Fe. El otro Papa, el no emérito, Francisco, resulta que procede del mismo Continente del Centro y Sur de America, vecino a aquellos teólogos “liberadores” (de ninguna manera digo y categóricamente rechazo que el Papa sea marxista).
Es magnífico el libro del brasileño Leonardo Boff Reflexiones de un viejo teólogo y pensador (Editorial Trotta), en cuyo Prólogo Michael Löwy escribe: “Para los representantes de la ortodoxia romana conservadora, Ratzinger y Wojtyla, sus ideas de liberación (las de Leonardo Boff) solo podían ser “errores y herejías”. Un Papa argentino es expresión de la mundialización de la Iglesia, y eso siempre causará problemas a los eurocéntricos.
Todo, todo lo antecedente explica las continuidades y discontinuidades con la Doctrina Social de la Iglesia, que surgen con ocasión del texto de Fratelli Tutti. Contradicciones que muchos, explicablemente y por estar obsesionados con el continuum, no quieren ver, ayudados por miedos que aparecen, aunque muy escondidos, en el mismo texto papal.

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