La Buena Noticia del Dgo. 4º-B

Hasta a los espíritus inmundos les manda y le obedecen

Mc, 1, 21-28

“Las personas más desvalidas e indefensas ante el mal”

Pagola: “¿Qué lugar ocupan los enfermos mentales en nuestras comunidades cristianas? ¿No son los grandes olvidados?”

Unos están recluidos definitivamente en un centro. Otros deambulan por nuestras calles. La inmensa mayoría vive con su familia. Están entre nosotros, pero apenas suscitan el interés de nadie. Son los enfermos mentales.

No resulta fácil penetrar en su mundo de dolor y soledad. Privados, en algún grado, de vida consciente y afectiva sana, no les resulta fácil convivir. Muchos de ellos son seres débiles y vulnerables, o viven atormentados por el miedo en una sociedad que los teme o se desentiende de ellos.

Desde tiempo inmemorial, un conjunto de prejuicios, miedos y recelos ha ido levantando una especie de muro invisible entre ese mundo de oscuridad y dolor, y la vida de quienes nos consideramos «sanos». El enfermo psíquico crea inseguridad, y su presencia parece siempre peligrosa. Lo más prudente es defender nuestra «normalidad», recluyéndolos o distanciándolos de nuestro entorno.

Hoy se habla de la inserción social de estos enfermos y del apoyo terapéutico que puede significar su integración en la convivencia. Pero todo ello no deja de ser una bella teoría si no se produce un cambio de actitud ante el enfermo psíquico y no se ayuda de forma más eficaz a tantas familias que se sienten solas o con poco apoyo para hacer frente a los problemas que se les vienen encima con la enfermedad de uno de sus miembros.

Hay familias que saben cuidar a su ser querido con amor y paciencia, colaborando positivamente con los médicos. Pero también hay hogares en los que el enfermo resulta una carga difícil de sobrellevar. Poco a poco, la convivencia se deteriora y toda la familia va quedando afectada negativamente, favoreciendo a su vez el empeoramiento del enfermo.

Es una ironía entonces seguir defendiendo teóricamente la mejor calidad de vida para el enfermo psíquico, su integración social o el derecho a una atención adecuada a sus necesidades afectivas, familiares y sociales. Todo esto ha de ser así, pero para ello es necesaria una ayuda más real a las familias y una colaboración más estrecha entre los médicos que atienden al enfermo y personas que sepan estar junto a él desde una relación humana y amistosa.

¿Qué lugar ocupan estos enfermos en nuestras comunidades cristianas? ¿No son los grandes olvidados? El evangelio de Marcos subraya de manera especial la atención de Jesús a «los poseídos por espíritus malignos». Su cercanía a las personas más indefensas y desvalidas ante el mal siempre será para nosotros una llamada interpeladora.

José A, Pagola

Testigos de la Palabra

 

Kath.ch).- Leo Karrer, nacido el 10 de abril de 1937 en Röschenz (Suiza), comenzó sus estudios de bachillerato en el Instituto de los benedictinos en Einsiedeln. En la misma clase estaban entre otros, Othmar Keel, que sería como él profesor en Friburgo. Luego se unió a los Misioneros del Verbo Divino (Verbitas), y después del noviciado estudió filosofía, teología y psicología en Viena y Chicago.

Antes de su ordenación sacerdotal dejó la orden, entre otras cosas porque, según solía decir, optó “conscientemente” por una existencia cristiana laical. En Munich se doctoró en teología dogmática en 1967 bajo la dirección de Michael Schmaus: “Die historisch-positive Methode des Theologen Dionysius Petavius”.

Uno de los últimos ayudantes de Karl Rahner.

En Münster (Westfalia) fue uno de los últimos ayudantes de Karl Rahner. En 1976 se habilitó allí bajo la dirección de Adolf Exeler en teología pastoral sobre un tema de influencia rahneriana: “Glaube in Kurzformeln: zur theologischen und sprachtheoretischen Problematik und zur religionspädagogischen Verwendung der Kurzformeln des Glaubens”.

Durante ese tiempo conoció a su esposa María. Después trabajó en la diócesis de Münster como agente parroquial, mentor de los teólogos laicos en formación y conferenciante para los agentes pastorales.

Promovió una Iglesia sinodal

Tras varios años como agente pastoral en la diócesis de Basilea, obtuvo en 1982 la catedra de teología pastoral de la Facultad de Teología de la Universidad de Friburgo (Suiza).

Hasta su jubilación en 2008 se convirtió en un pionero en su campo: una figura de referencia en todo el mundo de habla alemana, un valiente amonestador para no olvidar el espíritu del Concilio Vaticano II y un promotor de estructuras eclesiales más participativas y sinodales.

En 2009 fue galardonado con el Premio Herbert Haag por su parresía en la Iglesia. De 1993 a 2001 fue presidente de la “Asociación de los pastoralistas de lengua alemana” y de 2001 a 2004 presidente de la “Sociedad Europea de Teología Católica”.

Le gustaba llamarse a sí mismo “discípulo” de Karl Rahner, y con la misma satisfacción se dejaba llamar “decano de los teólogos laicos”. Su trabajo teológico tiene varios puntos de enfoque.

“La hora de los laicos”, una obra estándar

En primer lugar, y siguiendo el Concilio, el compromiso por una iglesia en la que los laicos sean actores de la misión, y no meros objetos de la pastoral. Con el tiempo, esta preocupación adquirió un perfil inconfundible, reivindicativo, que encontró la expresión más madura en su libro “Die Stunde der Laien: Von der Würde eines namenlosen Standes” (1999). Puede considerarse una obra “estándar”.

En segundo lugar, desde que su puesto como profesor en Friburgo ha estado intensamente involucrado con la Iglesia Católica en Suiza. De ello da fe su monumental obra “Katholische Kirche Schweiz: der schwierige Weg in die Zukunft” (1991). Esto implica también su trabajo como mentor de un proceso sinodal con mayor protagonismo de los laicos y más estructuras participativas en la Iglesia Católica en Suiza.

El tercer enfoque son sus textos espirituales que lo muestran como un “pastoralista” atento y misericordioso, capaz de acompañar a las personas en apuros y fortalecerlas con su propio y creíble testimonio existencial. De llo dan muestra libros como “Gottes fremde Sprache: Das Kreuz mit dem Leid” (1990), “Glaube, der das Leben liebt. Christsein als Mut zu wahrer Menschlichkeit” (2014) o ” Glaube, der reift. Spiritualität im Alter” (2017).

Muerte por insuficiencia cardíaca

El 8 de enero de 2021, Leo Karrer murió de un fallo cardíaco en un hospital de Berna, donde estaba a punto de ser sometido a una grave operación. Con él, la Iglesia católica de Suiza pierde a un teólogo atento a los signos de los tiempos y comprometido con el Concilio Vaticano II.

Con su maestro Karl Rahner, Leo Karrer sabía que la Iglesia y la fe pasan a veces por un “período invernal”, pero que la renovación es siempre posible, si nos orientamos hacia el Buen Pastor.

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