El Año Santo Jacobeo, ampliado al 2022

La sonrisa del profeta Daniel en el pórtico de la gloria

“Un año santo cristiano es la cristianización del año sabático judío, la santificación del año séptimo por el descanso de la tierra”
“En la literatura clásica cristiana indulgencia, con frecuencia, tiene el sentido de perdón; a veces se aplica a la amnistía que tenía lugar con ocasión de la Pascua”
“Uno de los actos, cumpliendo ciertos requisitos, por los que los fieles pueden obtener indulgencias es la peregrinación”
“El peregrino camina sobre una tierra llena de resonancias, de recuerdos, de historias, de esperanzas y desengaños de miles de años, tiene toda la libertad, pero al mismo tiempo se siente completamente atrapado por la corriente envolvente del Camino”
01.01.2021 | Manuel Mandianes Antropólogo del CSIC y escritor
El Año Santo Compostelano, que disfruta de las mismas prerrogativas que el Año Santo Romano, lo fundó Calixto II en 1122 para que los fieles que verdaderamente arrepentidos de sus pecados visitasen durante el año la tumba del Apóstol Santiago pudiesen, cumpliendo los requisitos ordenados por la Iglesia, obtener la remisión de sus pecados y ganar las indulgencias que ganaban los que visitaban las iglesias de Roma en el año del Jubileo romano.
Un año santo cristiano es la cristianización del año sabático judío, la santificación del año séptimo por el descanso de la tierra. Al final de cada siete años, año sabático en el cual las tierras no debían de trabajarse, el alimento era lo que crecía espontáneamente sin trabajo del hombre. Las gentes vivirían de lo que la tierra produjera espontáneamente. Se daba libertad a los esclavos, cada cual se retiraba a su clan familiar, se restituían a sus primeros dueños todas las posesiones vendidas y se perdonaban todas las ofensas (Levítico, 25)
Se denomina año santo o de Jubileo Plenísimo cuando el día de Santiago Apóstol, 25 de julio, cae en domingo, acaece cada 5, 6 y 11 años, es la cristianización del año jubilar judío. Pasadas siete semanas de años, el año siguiente, el quincuagésimo, era el año Jubileo. Jubileo, del hebreo yotel: toque de cuernos o bocina que los sacerdotes hacían sonar el año 49, que precedía al año jubila.

El fundamento de la propiedad privada en Israel era que el país era propiedad de Yahveh que lo había entregado a su pueblo para que lo administrara. Por esta causa es que los profetas se vuelven contra cualquier clase de explotación. La usura con que los ricos agobiaban al pueblo había privado a estos de sus campos, fenómeno que ocurrió y ocurre con frecuencia en la historia de las sociedades agrícolas y que dio origen a frecuentes revoluciones.
El Año Santo se inicia el 31 de diciembre del año precedente con la solemnísima apertura de la Puerta Santa de la catedral, y se termina sellándola a cal y canto el día 31 de diciembre del Año Santo con un ceremonial parecido al de apertura. Si cumplen las condiciones exigidas por la Iglesia, los fieles pueden lograr la indulgencia plenaria durante el jubileo. “Indulgencia es la remisión de la pena temporal por los pecados que ya han sido perdonados, en cuanto a la culpa; remisión que la autoridad eclesiástica, tomándola del tesoro de la Iglesia, concede a los vivos a manera de absolución y a los difuntos a manera de sufragio cumpliendo determinadas condiciones”. En la literatura clásica cristiana indulgencia, con frecuencia, tiene el sentido de perdón; a veces se aplica a la amnistía que tenía lugar con ocasión de la Pascua.
A lo largo de la historia se cometieron muchos abusos con las indulgencias y, por ello, surgieron dentro de la Iglesia movimientos de protesta. Lutero, el 31 de octubre de 1517, fijó en la puerta de la iglesia de la Universidad de Wittemberg, una lista de noventa y cinco tesis en las que resaltaba los abusos y exponía sus ideas sobre la materia. Lutero aparecía, así, como el paladín de la reforma contra las corruptelas que se daban dentro de la misma Iglesia. Las tesis luteranas sobre las indulgencias corrieron como la pólvora por Alemania. Lutero no reaccionó tanto contra el abuso económico que suponía el mal uso de las indulgencias sino contra el principio que las fundaba. La doctrina de Lutero afirma que el hombre no puede hacer nada por su propia salvación porque es un puro don de Dios.
Juan Tetzel, encargado por Roma de publicar las indulgencias concedidas por León X, publico en enero de 1518 ciento seis tesis que llamó antítesis en las que oponía la doctrina ortodoxa sobre las indulgencias a la doctrina de Lutero, y Juan Eck, el profesor de la Universidad de Ingolstadt, compuso una serie de anotaciones a las noventa y cinco tesis de Lutero.
Uno de los actos, cumpliendo ciertos requisitos, por los que los fieles pueden obtener indulgencias es la peregrinación. Peregrinación es un viaje hecho por religión a un lugar consagrado. El primer lugar de peregrinación fueron los Santos Lugares por donde había andado y pisado Jesús. Luego Roma, como cuna de la Iglesia y lugar de mártires cristianos para besar sus reliquias, para tocar los lugares y objetos que ellos habían pisado y tocado. Por la “comunión de los santos”, fruto del Cuerpo místico que es la Iglesia, todos los fieles: los que ya disfrutan de la visión beatífica en el cielo, los que se están purificando en el purgatorio y los que aún peregrinan en la tierra, participan de los bienes espirituales comunes a todos.
En la actualidad, las multitudes la sienten en los partidos de fútbol, en los grandes conciertos, en las manifestaciones por una causa que los participantes creen justa, en los mítines políticos preelectorales o para recibir al líder del partido. Todos se sienten partícipes del mismo tesoro, todos disfrutan del éxito del equipo, todos se sienten vibrar con los acordes del ídolo. Cuando los ecologistas hablan de la repercusión de la mínima acción en el funcionamiento del planeta están recordando la doctrina de la Comunión de los Santos aplicada a la repercusión de nuestras acciones. Según el marxismo, cuando la dictadura del proletariado haya triunfado, la tierra será un paraíso en el que todos podrán disfrutar de todo: porque todo será común.
El peregrino camina sobre una tierra llena de resonancias, de recuerdos, de historias, de esperanzas y desengaños de miles de años, tiene toda la libertad, pero al mismo tiempo se siente completamente atrapado por la corriente envolvente del Camino. Cuando llega a Santiago está integrado en la comunidad de peregrinos, y le es difícil trazar una línea clara y precisa de demarcación entre el interior y el exterior. El proceso de identificación del peregrino se alimenta de la experiencia de los otros que le acompañan y de los otros que le han precedido.
El peregrino busca algo que lo lleve más allá del final del camino. La llegada a Santiago, una piedra con recovecos, no fue para mí el final del Camino sino la llegada al Pórtico de la Gloria, la gloria en piedra, que me arrojó de bruces frente al vacío en que estaba viviendo y me lanza a buscar lo que está detrás de la sonrisa de Daniel.
“El Camino se hace buscando algo. Para distraerse o hacer deporte hay otras modalidades y maneras de hacerlo. El Camino da para todo, especialmente para meditar, hacer planes, interiorizar experiencias. Nunca ni en ningún sitio puede la persona descubrir que es un eslabón de la cuerda humana que llega miles de años girando como haciendo el Camino que nos mantiene arraigados al mundo y aviva la conciencia de que hacemos parte de una comunidad. Estoy deseando llegar, no porque vaya aburrido sino para compartir y comentar contigo cosas después de meditarlas y haberlas hablado con otros peregrinos”, me escribió desde el Camino.

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