Vivir este tiempo como un kairós

• Manuel Barrios: “Como creyentes estamos llamados a vivir este tiempo tan duro como un kairós”
“Como creyentes estamos llamados a vivir este tiempo tan duro como un kairós, como un tiempo de purificación y de llamada a la conversión, a la autenticidad, a volver a los esencial”
“Esta dificultad para celebrar los sacramentos también nos debería llevar a poner más en el centro la Palabra de Dios, a escucharla y leerla más”
“Que el Señor nos ayude en estos tiempos difíciles e inciertos a seguir con empeño este camino hacia la unidad, para el que doy algunas sugerencias”
“Aprender a pensar bien y hablar bien del prójimo, sobre todo del hermano o de la hermana de otra Iglesia”
01.02.2021 | Manuel Barrios
Creced en la Unidad – Yo soy la vid, vosotros los sarmientos (Jn 15, 5a)
Sermón en la Catedral de la Iglesia Española Reformada Episcopal (IERE)
Queridos hermanos y amigos:
Aunque el nuevo toque de queda a las diez de la noche empieza mañana en Madrid y no hoy, voy de todos modos, a intentar ser breve, deseando que después todos podamos llegar a nuestras casas seguros y bien. Seguros y bien, pero también con el gusto de haber participado en esta oración y contribuido, habiendo puesto nuestro granito de arena, a la causa de Jesús, que es la de la unidad de los suyos para que den un testimonio creíble ante este mundo, que tanto necesita de la salvación que solo el Señor ofrece. Agradezco mucho a la Iglesia Española Reformada Episcopal (IERE), en la persona de su obispo, D Carlos López, el haberme invitado en esta Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, a dirigir algunas palabras a vosotros, los que estáis aquí, en su Iglesia Catedral, y a los que nos siguen por Internet. ¡Muchas, gracias, D. Carlos, por su cariño y aprecio!
Covid-19
En primer lugar quiero referirme justo a este tiempo tan raro e incierto que estamos viviendo, este tiempo de pandemia para el que el Papa Francisco ha utilizado esa imagen evangélica tan elocuente de la tempestad con los discípulos en una barca zarandeada por las olas, y Jesús que duerme sobre un cabezal en la popa. Tenemos muy presente en esta oración a los que más han sufrido por el COVID y sus consecuencias, a los fallecidos, a sus familiares, que quizás no pudieron despedirse de ellos como hubiesen querido, a los enfermos y a los que han pasado la enfermedad y aún tienen secuelas. ¡Que el Señor tenga a los difuntos en su gloria y a los vivos los consuele y sane!
Este tiempo tan duro que ha permitido el Señor que vivamos, y que seguramente formará ya parte de un modo destacado de nuestra historia personal y de la historia de la entera humanidad, lo podemos vivir de distintas formas. Yo creo que como creyentes estamos llamados a vivirlo como un kairós, como un tiempo de purificación y de llamada a la conversión, a la autenticidad, a volver a los esencial. Y esto tanto desde una perspectiva personal de cada uno de nosotros, como también desde la perspectiva de nuestras comunidades cristianas. El que no hayamos podido celebrar nuestra fe como estábamos acostumbrados, y tampoco esta Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, es para nosotros una llamada a purificar nuestro culto y nuestra fe.
Yo, como católico romano, me pregunto si estas restricciones a veces tan severas que hemos padecido para poder celebrar públicamente los sacramentos no deberían ser para nosotros una ocasión para hacer que nuestro culto sea más verdadero, más auténtico; me pregunto si esta nostalgia que sentimos de la ‘vieja normalidad’ no nos debería llevar al agradecimiento por lo que el Señor nos da y a la conversión, más que al quejarnos. ¡Cuantas Misas, hermanos, hemos celebrado en el pasado sin verdadera fe, cuantas comuniones eucarísticas sin unirnos más a Cristo y a los pobres, cuantas confesiones sacramentales sin verdadero arrepentimiento, cuantos matrimonios sin verdadero amor!
Esta dificultad para celebrar los sacramentos también nos debería llevar a poner más en el centro la Palabra de Dios, a escucharla y leerla más. En la Iglesia católica hoy, tercer domingo del Tiempo Ordinario, celebramos el Domingo de la Palabra de Dios, querido por el Papa Francisco, justo con esta intención de que aprendamos a valorar y poner la palabra de Dios en el centro de nuestras vidas. Cuando calla el signo sacramental, decía un obispo italiano en el tiempo más recio de la pandemia cuando no se podían celebrar Misas, es tiempo de dejar hablar la Palabra, de hacer espacio para la profecía. Y los mismo vale para la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos; ¿Verdaderamente la celebrábamos los años anteriores con espíritu ecuménico, sintiendo la herida de la división, con un deseo sincero de unidad, o se habían vuelto otro rito más que quizás celebrábamos con otras finalidades que no eran la de la unidad de los cristianos?
Lema del Octavario y del día Séptimo
Para el día de hoy, día séptimo del Octavario, los materiales preparados por las hermanas de la Comunidad monástica de Grandchamp nos proponen el lema “Creced en la unidad: Yo soy la vid, vosotros los sarmientos”, del capítulo 15 del evangelio de Juan.
Nos dice este lema que para unirnos más como cristianos y tradiciones cristianas entre nosotros, el camino que debemos seguir es el de unirnos cada vez más a Cristo. Somos como sarmientos, nos dice Jesus, de una misma vid, y podemos dar frutos de vida eterna solo si permanecemos unidos a él. ¡Es verdaderamente hermosa esta imagen de la vid y de los sarmientos que utiliza el Señor para hablarnos de la profunda unión entre él y nosotros! Unión que es unión en la enseñanza de Jesús, en su Palabra, y en su amor, en la gracia.
1 Corintios 1
Unos de los textos bíblicos propuestos para el día de hoy es el de la primera Carta a los Corintios capítulo 1, en el que Pablo dice que algunos le han venido a contar que hay divisiones en la comunidad cristiana de Corinto, que algunos dicen que son de Pablo, otros de Apolo y otros de Pedro. El apóstol les recuerda, sin embargo, que el que ha sido crucificado para salvarnos a todos, según el plan eterno de Dios, ha sido Cristo y en él hemos sido todos bautizados.
Como bien nos dicen las hermanas de Grandchamp, tenemos que evitar absolutizar la propia tradición en detrimento de la unidad del cuerpo de Cristo. En nuestras tradiciones eclesiales hay cosas que son muy queridas por nosotros, hay algunas que para nosotros son irrenunciables porque pensamos que nos vienen directamente de Jesús, son de “institución divina” como dirían los canonistas católicos”, y hay otras que no son tan esenciales. Tenemos que aprender a discernir y a no absolutizar las cosas que son meramente humanas, como son los líderes y las prácticas y expresiones de la fe condicionadas por el tiempo y la cultura en la que surgieron. Lo único que es absoluto es Cristo y lo que viene directamente de él. Nos viene bien recordar en referencia a esto las conocidas palabras de San Agustín: “En lo esencial unidad, en lo dudoso libertad, en todo caridad”.
Juan 17, 20-23
El otro texto bíblico propuesto para este día del Octavario es del evangelio de Juan capítulo 17, también tomado del discurso de Jesús en la sobremesa de la última cena, como el de Juan 15 que constituye el marco de estos materiales. En el texto de Juan 17, Jesús reza el Padre por la unidad de los suyos para que el mundo crea que él ha sido enviado por Dios. La credibilidad del testimonio de los cristianos sobre Jesús depende de su unidad.
Queridos amigos y hermanos, tenemos que tomar conciencia de la necesidad y urgencia de dar testimonio creíble de la buena noticia de Jesús. Como muchos de vosotros sabéis, yo llevo ya año y medio viviendo en Bruselas, sirviendo a la Iglesia católica como Secretario General de la Comisión de Conferencias Episcopales de la Unión Europea (COMECE). Como tal, tengo el encargo de seguir las políticas europeas y hacer de puente entre las Conferencias Episcopales y las instituciones de la Unión Europea.
En esta responsabilidad y escuchando a los obispos de los distintos países y experimentando yo también lo que pasa y las políticas que se proponen en Europa, me he dado cada vez más cuenta de como la vivencia de la fe cristiana, tan importante para la identidad misma de Europa, es atacada, ignorada o despreciada. Esto se debe a distintos factores; algunos tienen odio a la religión, quizás por motivos personales, otros la desconocen por completo y otros piensan que es algo del pasado, algo retrógrado y oscurantista. Creo que como cristianos tenemos que tomar de nuevo conciencia de nuestra misión y predicar de nuevo el evangelio con fuerza, también a este viejo continente que se diría ha apostatado de ella y necesita una “nueva evangelización”, y esto lo podemos hacer de un modo creíble solo si estamos unidos.
Propuestas para construir una mayor unidad visible entre ostros
Quiero terminar, queridos hermanos y amigos, ofreciendo algunas sugerencias para seguir con más empeño nuestro camino hacia la unidad en base a lo que acabo de decir; son cinco sugerencias:
1. La primera es que nunca nos resignemos al escándalo de la separación de los cristianos, como dice la Regla de Taizé que se cita en la meditación para este día en los materiales. Es fácil resignarnos, pensar que es demasiado difícil o imposible llegar a la unidad y nos paramos ahí; hacemos y participamos en actos ecuménicos pero sin creer mucho en lo que hacemos.
2. La segunda es volver a Cristo: la llamada a la conversión que hace Jesús, como hemos escuchado en el evangelio de hoy de la Misa en la Iglesia católico, vale también en el ámbito ecuménico. El camino hacia la unidad se hace convirtiéndonos a Cristo; nos acercamos unos a otros en la medida en cada uno de nosotros y nuestras Iglesias nos acercamos a Cristo.
3. La tercera es aprender a no absolutizar lo que no es absoluto; hay cosas en nuestras tradiciones que no son absolutas y tenemos que aprender a discernir cuales son esenciales e irrenunciables y cuales son cosas de hombres a las que no debemos apegarnos.
4. La cuarte es superar las heridas del pasado y perdonar y recibir el perdón del otro. Todos hemos fallados. Quizás algunos más que otros, sobre todo si hemos sido la Iglesia dominante y con más poder temporal en un determinado tiempo y lugar; pero todos nos hemos equivocado y necesitamos perdonar y ser perdonados.
5. Y la quinta y última es aprender a pensar bien y hablar bien del prójimo, sobre todo del hermano o de la hermana de otra Iglesia. Es curioso como a veces, incluso en el ámbito ecuménico, hay todavía prejuicios y opiniones muy negativas do otras Iglesias y de los que pertenecen a ellas y a veces se dan prácticas proselitistas entre nosotros que son inaceptables; se habla mal del otro para conseguir adeptos, como quien dice, y otras cosas por el estilo que tenemos que desterrar de nosotros.
Queridos hermanos y hermanas, ¡Que el Señor nos ayude en estos tiempos difíciles e inciertos a seguir con empeño nuestro camino hacia la unidad para poder dar un testimonio creíble de la buena noticia de Jesús a este Europa que tanto lo necesita! Amén.

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