Visita del Papa a Irak

Primer día del papa Francisco en Irak: una acogida calurosa
Toda la jornada se ha desarrollado en un clima de tranquilidad y acogida ante la esperada visita del Pontífice

• Las previsiones no eran excesivamente optimistas: no faltaban los que anticipaban que la visita de Francisco a Irak, si no iba a ser un fracaso, al menos iba a quedar empeñada por una fría acogida popular y una mera manifestación de buenas intenciones sin conclusiones prácticas. Acaba de empezar y por lo tanto no hay que echar tampoco las campanas al vuelo pero todo se ha desarrollado en esta primera jornada bastante mejor de lo que se esperaba.

No ha habido multitudes como a las que estamos acostumbrados en otros países pero en los veinte kilómetros que separan el aeropuerto del centro de Bagdad hemos visto a numerosos grupos de personas con banderas nacionales y vaticanas que saludaban a una comitiva de la que formaba parte el vehículo blindado en el que viajaba el Santo Padre. Y también hemos podido leer carteles con saludos al ilustre huésped con la foto de un Bergoglio sonriente.
Eso sí, Irak no puede permitirse el atrevimiento de bajar la guardia porque sabe que no son pocos los grupos dispuestos demostrar que no han perdido del todo sus intenciones de sembrar el terror y de reafirmar con las bombas o los misiles su existencia.
Visita al Palacio Presidencial
El Papa, en consecuencia, ha llegado a una ciudad en la que se han redoblado los controles y donde salta a la vista una presencia muy consistente del ejército y de las fuerzas de seguridad. Todo ello para impedir cualquier “susto” y para demostrar al mundo que el gobierno no ha perdido del todo el control de la situación.
Ya es sabido que el primer discurso que el Papa pronuncia en sus viajes suele una síntesis del mensaje que quiere dirigir al pueblo y a la Iglesia que visita. El de esta mañana pronunciado en el Palacio Presidencial (que fue en su tiempo de Saddam Hussein y posteriormente Embajada de los Estados Unidos) no se ha salido de la regla.
Después de reconocer que en las últimas décadas Irak “ha sufrido los desastres de, las guerras, el flagelo del terrorismo y conflictos sectarios basados a menudo en el fundamentalismo” el Papa ha afirmado que “sólo si logramos mirarnos entre nosotros con nuestras diferencias, como miembros de la misma familia humana, podremos comenzar un efectivo proceso de reconstrucción y dejar a las generaciones futuras un mundo mejor”.
Arropado por los cristianos
Este es un país con una población muy joven (más del cuarenta por ciento tiene menos de 40 años) y en los últimos tiempos no han faltado manifestaciones y protestas contra un corrupción generalizada. Por eso el Papa ha considerado urgente y necesario “combatir la plaga de la corrupción, los abusos de poder y la ilegalidad… pero se necesita al mismo tiempo edificar la justicia, que crezca la honestidad y la transparencia y que se refuercen las instituciones competentes”.
La jornada ha concluido con un encuentro muy caluroso con la comunidad católica que necesita como una medicina reconstituyente la presencia, la cercanía, la paternidad de un Papa que, como nos dijo esta mañana en el vuelo entre Roma y Bagdad. Consideraba un “deber” no defraudar por segunda vez a una comunidad de fieles que se ha visto diezmada por causa de las muertes y y el exilio.

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