El Evangelio es la solución

«La salud mundial gravemente amenazada. La economía insegura y con un futuro sobrecargado de preguntas. La política haciendo el ridículo ante el desconcierto de dictadores que parecen payasos. ¿Tiene todo esto salida?»
«Cada día lo veo más claro. La solución está en el Evangelio. Y quiero decir, ante todo, con claridad y firmeza: el Evangelio no es la Religión; la Religión es ‘poder’ y el Evangelio ‘servicio'»
«La mayor equivocación de la Iglesia ha sido fundir y confundir la Religión con el Evangelio. Se exhorta a vivir cerca de los pobres desde los palacios en que viven los obispo. Todo esto no es maldad. Es engaño»
«Pero lo mejor es que hay salida: la humanidad y la bondad tienen más fuerza y más poder que todos los poderes que nos amenazan»
Por José María Castillo
Es evidente que estamos soportando una de las situaciones más difíciles de cuanto yo recuerdo en mi vida. Y ya tengo muchos años. La salud mundial gravemente amenazada. La economía insegura y con un futuro sobrecargado de preguntas sin respuesta. La política haciendo el ridículo ante el desconcierto de dictadores que parecen payasos. ¿Tiene todo esto salida?
Claro que la tiene. La humanidad y la bondad tienen más fuerza y más poder que todos los poderes que nos amenazan. Y lo repito con insistencia: esto tiene solamente la solución que tiene su base en dos pilares fundamentales: la humanidad y la bondad. Y no olvidemos que esos dos pilares (ser más humanos y ser más bondadosos) los tenemos todos a mano. Basta quererlo. Basta tomarlo en serio. Y lo repito con insistencia: si queremos, podemos.
Pero, ¿no es todo esto una simpleza? Si nos limitamos a lo que da de sí la condición humana, es una enorme y vulgar simpleza, que no sirve para nada. Por eso, porque la condición humana no da de sí lo que necesitamos para tomar en serio y poner en práctica la humanidad y la bondad, por eso insisto en que hay una fuente inagotable, que nos aporta y nos suministra toda la humanidad y toda la bondad que tanta falta nos hacen.
Pero, ¿dónde está esa “fuente inagotable de humanidad y de bondad”? Si nos quedamos con lo que da de sí la condición humana, no escapamos del precipicio en el que estamos al borde del hundimiento amenazante en que estamos suspendidos ante el abismo. Entonces, ¿dónde está la solución?
Lo digo con toda claridad y firmeza. La solución no está en las creencias religiosas. Porque, como está bien demostrado, “la experiencia religiosa de todos nosotros ya no es de fiar” (Thomas Ruster). El fracasado presidente Trump se ha presentado, ante el mundo entero, con la Biblia en la mano. ¿Ha sido un hipócrita y un embustero? No lo sé. Admito incluso que puede ser un “sujeto religioso”, como tantos “religiosos” han pasado por este mundo, pensando y diciendo que quemar a un “hereje” o matar al “infiel sarraceno”, todo eso no era cometer un “homicidio”, sino ejecutar un “malicidio” (San Bernardo). Y conste que no me estoy inventando nada. No exagero. Ni estoy sacando las cosas de quicio. El papa Francisco ha dicho, hace pocos días, que el Estado de la Ciudad del Vaticano es uno de los espacios en que hay corrupción.
Entonces, ¿dónde está la solución? Cada día lo veo más claro. La solución está en el Evangelio. Y quiero decir, ante todo, con claridad y firmeza: el Evangelio no es la Religión. Si nos atenemos a lo que dicen los Evangelios, la Religión mató a Jesús. Es decir, la Religión de los sacerdotes y el templo se dio cuenta de que era incompatible con Jesús (Jn 11, 47-53). Por eso lo condenó a muerte. Y no paró hasta que lo vio ejecutado en la cruz.
La Religión es “poder”. Un poder que llega hasta donde no puede llegar ningún otro poder en este mundo. Porque manda hasta en la intimidad de la conciencia. Y te dicta incluso lo que tienes que pensar y hasta lo que no debes desear. Por el contrario, el Evangelio es “servicio”. Un servicio que se realiza y se vive cuando compartimos nuestra vida con los últimos, con los más pequeños, con los que lo pasan peor en la vida: lavando los pies a los demás, amando incluso a los enemigos, siendo siempre luz y ejemplo, sea cual sea la Religión que practican los otros.
Por eso, de la misma manera que es incompatible el “poder” del fuerte con el “servicio” del débil, exactamente lo mismo es incompatible la Religión, que se representa a Dios como le conviene, con el Evangelio, que se entiende y se pone en práctica como lo necesitan las carencias, sufrimientos y anhelos razonables de los que peor lo pasan en este mundo.

Y termino con lo más preocupante: la mayor equivocación de la Iglesia ha sido fundir y confundir la Religión con el Evangelio. De forma que, como sabemos, el Evangelio se lee, en la liturgia de la Iglesia, como un componente o una parte (breve) de la Religión. Y así, con eso lo que se ha conseguido es vivir en una incesante contradicción, que se traduce y se concreta en miles de contradicciones. Se elogia y se recomienda la humildad de los pequeños y los desgraciados desde la grandeza solemne de nuestras catedrales. Se exhorta a vivir cerca de los pobres desde los palacios en que viven los obispos. Se recomienda el desprendimiento de la riqueza y el dinero haciendo miles de inmatriculaciones de grandes monumentos, fincas, posesiones y tantas otras propiedades que no conocemos. Se predica la libertad de los creyentes callándose ante los atropellos sociales y políticos, para no ser indiscretos ante los políticos o ante las grandes fortunas. Se predica la “pureza” de los heterosexuales al tiempo que se abusa de menores inocentes, que quedan destrozados en su intimidad para el resto de su vida. Y así sucesivamente, hasta una lista interminable de hombres ambiciosos, con sus ambiciones bien disimuladas, engañándose a sí mismos para, poder (sin ser conscientes de lo que hacen) engañar a los que mandan y subir ellos los escalones que les quedan por escalar, para llegar a lo más alto posible.
Todo esto no es maldad. Es engaño. Porque están convencidos que lo determinante y lo que importa en la vida es el poder. Cuando sabemos de sobra que el Poder Absoluto de Dios se despojó de su rango, se hizo un esclavo de todos, empezó a vivir en un establo, entre basura y estiércol, para acabar sus días como nadie quiere acabar, colgado de un palo, “aceptando la función más baja que una sociedad puede adjudicar” (Gerd Theissen).
¿Qué esto es una locura? ¿Y no es más locura el mundo desquiciado que tenemos?

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