Pascua Florida


Llevamos ya mucho tiempo en el que se nos recomienda salir de nuestras casas solo lo necesario, alguno incluso debe permanecer en su habitación. Aunque es penoso el encerramiento que sufrimos, Jesús resucitado tiene poder para atravesar los muros y dejarse sentir en el recinto en el que permanecemos confinados. Y no solo puede atravesar las paredes, cabe incluso que lo percibamos vivo dentro de nosotros mismos.
Jesús resucitado acompañó, aunque no lo reconocieron, a dos discípulos, camino de Emaús. ¡Cuántas veces el Señor va a nuestro lado, a pesar de que no descubramos su presencia! En muchas ocasiones toma figura de compañero de camino, de hortelano o de pescador. Solo los que tienen fe descubren la presencia inapresable del Señor por el gozo y la paz que sienten en el propio interior.
Es posible que tu dolor y tu nostalgia, por la ausencia de tus seres queridos, te muevan a visitar el lugar donde permanecen sus restos, como hicieron las mujeres en la mañana de Pascua, pero porque Cristo ha resucitado, ellos ya no están allí, son seres espirituales.
No siempre que se llora es por tristeza, cabe hacerlo de alegría, pero en ambos casos, el Resucitado es sensible a nuestro estado de ánimo y se hace presente en medio de los discípulos entristecidos y miedosos, a los que sorprende mostrándoles sus llagas para que cada uno comprendamos su presencia en nuestras heridas y su consuelo en nuestras lágrimas.
En este tiempo de abstinencia de relaciones familiares y amigas se echa en falta poder compartir la mesa de fiesta, el encuentro íntimo, la conversación apacible. El Resucitado ha consagrado el banquete, ha bendecido el pan, y se ha hecho presente en los almuerzos de familia. Llevamos impresa la necesidad de compartir y ojalá la pandemia nos deje impresa la valoración sagrada de comer juntos y de participar en la Eucaristía.
No sé cuál es tu oficio, pero por los relatos de Pascua sabemos que el Resucitado se deja sentir y hasta ver al tiempo de la faena, es conocedor de nuestros esfuerzos a veces baldíos, y de nuestro cansancio estéril. Él es capaz de dar fecundidad a nuestros trabajos.
Para siempre el espacio del jardín, la orilla del mar, el interior de la casa, la andadura del camino, la mesa y la posada, evocan ámbitos donde el Resucitado ha querido mostrarse. Y sigue dejándose percibir por doquier a los que tienen fe.
El alba y el atardecer; la fatiga y el descanso; la soledad y el ámbito comunitario se quedan sellados a la luz de las experiencias pascuales y albergan la evocación de Jesucristo resucitado. Él colma con su presencia invisible pero real todo el universo. ¡Feliz Pascua!

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