Pascua 2021

Pascua 2021, ¿triunfo de la Vida? Otra Pascua diferente

“En estos tiempos excepcionales de pandemia e inseguridad, este lenguaje de triunfo y derrota no resuena en mi fe”
“La esperanza no siempre es tan rotunda y resplandeciente como se nos ha dicho. La esperanza es una pequeña lámpara ante nuestros pies, da luz para el siguiente paso”
“Mariola López decía estos días que el resucitado pone en el centro estas tres P para restaurar la vida y embellecerla de forma gratuita: Perdón, Pan y Perfume”
“Nos urge el Pan compartido. Nos urge el deseo de justicia, de “pan y rosas” para todas las personas. Estamos con las manos manchadas de harina haciendo Eucaristía con nuestras vidas”
05.04.2021 | Teresa Casillas, Revuelta de mujeres en la Iglesia de Madrid
Este es el triunfo lindo,
muerte vencida,
triunfo de Dios y el hombre
triunfó la vida.
Una de las canciones que resuenan en mi corazón cuando pienso en la Vigila Pascual es esta, que desde la adolescencia escuchaba como Pregón Pascual en mi tierra, Argentina. Me emociona y me conmueve como cuenta, en sus estrofas, de forma tan sencilla y cercana las historias de encuentro con el Resucitado. Esta canción forma parte de mis raíces, de lo que yo soy. Sin embargo en 2021 su estribillo me rechina…

Magdalena
En esta Semana Santa me ha tocado, otro año más y como a tantas personas en el mundo, vivirla de forma especial. Con la incertidumbre de tener a una persona querida enferma, el deseo de cuidarla y el temor de enfermar han marcado estos días. Así, en estos tiempos excepcionales de pandemia e inseguridad, este lenguaje de triunfo y derrota no resuena en mi fe. Este 2021 siento nacer en mí una pregunta: ¿ha sido vencida la muerte en nuestro mundo? ¿podemos, como cristianas y cristianos mirar el sufrimiento y el duelo de tantas personas y decirles que la Vida ha vencido definitivamente a la muerte?
Este estribillo, que cantaba con fuerza e ilusión en años anteriores, me genera sospecha. ¿Qué significado tiene la Pascua y la Resurrección en estos tiempos de pandemia y crisis? ¿Qué significado tienen para mí?
Las respuestas van llegando, no como certezas absolutas, sino como pequeñas pistas, compartidas por otras buscadoras y buscadores. Desde mi cuarentena he recibido, a través de las pantallas, la voz de muchas personas que son orientación, guía, huellas en el camino… Comparto algunas de ellas:
Se nos ha enseñado a pensar en términos de triunfos y derrotas. Se nos ha enseñado a imaginar a un Jesús victorioso, y a la muerte definitivamente derrotada. Sin embargo en nuestro mundo vida y muerte conviven. La muerte que antes veíamos más de lejos, en los telediarios, hoy se nos acerca y la palpamos. Pero la vida también está ahí, siempre, abriéndose paso de forma misteriosa y tenaz. Testaruda, como esas fotos que mandan de pequeñas plantitas quebrando el asfalto.
Resurrección es descubrir esa vida que brota en el árbol talado, en la mujer migrante que se puede reencontrar con su hija que dejó hace 3 años en su Costa de Marfil, en la médico jubilada que dedica su tiempo a los “sin sanidad” de Lavapiés… A veces la Vida esta escondida e imperceptible, y solo las personas con los ojos acostumbrados a ver, son capaces de reconocerla, alentarla, cuidarla, sostenerla y ayudarla a crecer.
Luz y sombra son caras de la misma realidad. Solo hay sombra cuando hay luz, ¿verdad? En los lugares más iluminados, en los días de sol y verano, hay rincones de sombra. Según nos narran las escrituras, el mismo Jesús bajó a los infiernos, y si estuvo ahí, sigue estando. El resucitado se hace presente en los infiernos de nuestras vidas y nos alza.
Cuando la oscuridad y la sombra se nos echan encima, y pienso ahora mismo en personas que están en un hospital sintiendo soledad y miedo por su vida, en personas que han perdido su trabajo y no ven la posibilidad de recuperarlo, en personas migrantes que abandonaron lo que tenían y llegaron a una tierra que las rechaza, en las mujeres víctimas de violencia que no imaginan la liberación…, ahí, en medio de las sombras, está Jesús Resucitado, tocándonos con su mano, abrazándonos. Cuando el Resucitado se hace presente, amanece… la noche empieza a clarear.
Esperanza y miedo también conviven entremezcladas, entretejidas en nuestro mundo, en nuestras comunidades y en nuestras propias entrañas. El miedo, la amargura, el pesimismo a veces nos someten, nos encierran y nos hacen replegarnos como a los discípulos encerrados en aquella casa (Jn. 20,19-22). La esperanza no siempre es tan rotunda y resplandeciente como se nos ha dicho. La esperanza es una pequeña lámpara ante nuestros pies, da luz para el siguiente paso.
Nuestra vida se entreteje con la de María de Magdalá, Salomé, María la de Santiago, y las amigas que acompañaron a Jesús a Galilea (Mc.16,1; Lc.23,55; Mt.28,1), con los caminantes de Emaús (Lc.24,13), y con ellas y ellos sentimos que en nuestro corazón arde la esperanza de una Vida con mayúsculas, con alegría, banquete y dignidad para todas las personas. Regamos y parimos la esperanza, para que crezca en nuestro mundo asustado.
En estos días de encierro pascual he recibido muchos regalos, y este texto es una especie de guiso que he cocinado con un poco de cada uno de ellos, síntesis de lo que Dios me brinda a través de cada persona que me ha hablado por medio de las pantallas. Seguro que encontráis algo vuestro aquí… ¡gracias por ser resurrección para mí!
Mariola López decía estos días que el resucitado pone en el centro estas tres P para restaurar la vida y embellecerla de forma gratuita: Perdón, Pan y Perfume.
En esta Pascua revoltosa traduzco así estas tres P:
Compartimos el Perfume, como empezó la historia de la Pascua: unas mujeres caminando de madrugada con unos perfumes para ungir un cuerpo roto. El perfume ha estado desde el inicio entre nosotras, como signo del amor desbordado, como signo del cuidado, de la belleza, como signo de la vida que lo impregna todo con su aroma. Deseamos ser miróforas como las amigas de Jesús la mañana de Pascua.
Nos urge el Pan compartido. Nos urge el deseo de justicia, de “pan y rosas” para todas las personas. Estamos con las manos manchadas de harina haciendo Eucaristía con nuestras vidas. Una Eucaristía, como diría el santo de la Amazonía, Pedro Casaldáliga, profundamente subversiva. Este inspirador Jueves Santo nos decía Yolanda que el lavatorio de los pies y la eucaristía son la misma entrega de Jesús para darnos su Vida.

El Perdón: el rostro de Jesús reflejado en los rostros de quienes me han perdonado, y de quienes yo he perdonado. Ama más aquella/aquel a quien se le ha perdonado más. La paz del resucitado nace del perdón. Las mujeres tenemos mucho que perdonar: la violencia y la injusticia que hemos sufrido a lo largo de la historia y que seguimos experimentado son grandes. La mayoría de los crucificados de nuestro mundo son mujeres. Creo que las mujeres tenemos mucho por construir en este camino reconciliación.
Vayamos a Galilea, a la realidad mezclada, y seamos abrazo de Resurrección y de Vida.
Tu palabra, Señor, no muere
Nunca muere porque es la Vida misma
Y la vida Señor no solo vive,
No solo vive, la vida vivifica

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