Hans Küng: una vida coherente y ejemplar

NOTA DE REDES CRISTIANAS A PROPÓSITO DEL FALLECIMIENTO DE HANS KÜNG

Envueltos en la barahúnda política de estos días y bajo la amenaza de una cuarta ola de la pandemia, recibimos con pena —y a la vez con la satisfacción que nos proporciona una vida coherente y ejemplar— la muerte de Hans Küng.
Para el mundo en general y para el cristianismo crítico, mayormente de base, Hans Küng no ha sido una persona indiferente. Ha sido un referente incontestable en estas últimas décadas. Probablemente se escribirán, a partir de ahora, sesudos artículos y libros destacando su enorme producción teológica para el mejor conocimiento del misterio cristiano y la constitución de una Iglesia de iguales, su contribución esencial al planteamiento de una ética mundial y el gran papel que él otorga a las religiones en el establecimiento de la paz entre los pueblos. Todo será poco para destacar el ingente trabajo intelectual llevado a cabo por Hans Küng en favor de una mayor humanización de la humanidad y del crecimiento de la espiritualidad en la historia.
Desde el punto de vista de unos cristianos y cristianas de base como nosotros, comprometidos con la historia y con el seguimiento de Jesús en la misma, queremos destacar, en primer lugar, el enorme apoyo que han supuesto para nuestra formación espiritual algunos libros suyos que han hecho época después del Vaticano II y la Teología de liberación, como “Ser cristiano”, “¿Existe Dios?”, “La Iglesia”, “Ética Mundial”, “Una muerte Feliz”, etc. Y, en segundo lugar, nos han ayudado a abrir los ojos las grandes preguntas que Hans Küng se ha venido haciendo en su vida y las grandes claves de su búsqueda que siguen siendo para nosotros y nosotras un acicate. Preguntas sobre el final y destino de la vida, sobre la presencia y el papel de la religión como instancia de sentido y camino de paz en el mundo, sobre la gran responsabilidad de la Iglesia cristiana, como conjunto o ecúmene, en el mantenimiento o fiabilidad (infalibilidad) del mensaje que transmite y el papel ejemplar de la misma institución eclesial llamada a ofrecer a sí misma y al mundo un paradigma de democracia en este mundo de Dios.
No quisiéramos cerrar esta nota sin agradecer a Hans Kang su vida ejemplar como ciudadano creyente, su lucidez y honestidad intelectual, su fe/confianza en el sentido de la realidad, de la vida. El rechazo equivocado por una Roma obcecada y poco misericorde lo ha convertido en una de las personas más católicas (en sentido universal) y más influyentes en la espiritualidad de las últimas décadas.
Queremos despedirnos de Hans con la confianza que él mismo nos ha ofrecido durante su vida y concretamente en la respuesta que dio a la periodista Anne Will que— a propósito de su libro Una muerte feliz—, le preguntaba en el canal ARD de la televisión alemana: “¿por qué desea terminar con su vida, si percibiera indicios de una demencia incipiente?… Porque no soy, dice, de los que piensan que la vida terrenal lo es todo… No creo que vaya a morir en una nada…sino que voy a morir en una última realidad… y que desde allí encontraré una nueva vida. Esta es mi convicción por la fe”.
¡Que tu convicción se haya cumplido con creces, hermano Hans!

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