Mons. Gerardi, mártir de la memoria histórica

Monseñor Gerardi
Monseñor Gerardi

Era el 24 de abril de 1998. El obispo Juan Gerardi acababa de hacer la presentación oficial del proyecto de la Recuperación de la Memoria Histórica en la Catedral de Guatemala en presencia de miles de creyentes, de la Conferencia Episcopal, del cuerpo diplomático y los familiares de las víctimas de la guerra. A la salida de la Catedral nos saludamos muy efusivamente, éramos buenos amigos, y me dijo: “¿Qué le ha parecido”.
Le felicité, y quedamos vernos y charlar otro día más despacio. Pero…, dos días después lo mataron. Fue la noche del 26 de abril, cuando entraba a su casa. Varios hombres del servicio de inteligencia del Ejército le rompieron la cabeza con una pesada piedra para simbolizar la destrucción de sus ideas y su proyecto de la Recuperación de la Memoria Histórica. Murió por colocarse, al igual que Jesús, junto a los pobres y las víctimas del conflicto armado. En una realidad de injusticia, explotación y represión, estar junto a ellos y defender sus derechos era un delito. Había sido amenazado de muerte por denunciar la represión militar ejercida sobre las comunidades indígenas de El Quiché.

Gerardi defendió la dignidad de la persona y los derechos humanos, particularmente de los excluidos, los pobres, los indígenas y víctimas de la guerra. Fue un pastor que amaba a su pueblo. Desde esta opción impulsó el proyecto de la Recuperación de la Memoria Histórica con el apoyo de la Conferencia Episcopal. Dos días antes de morir dijo en la Catedral de Guatemala: “Cuando emprendimos el proyecto de la recuperación de la memoria histórica nos interesaba conocer la verdad, reconstruir la historia de dolor y muerte, ver los móviles, entender el por qué y el cómo. Mostrar el drama humano, compartir la pena, la angustia de los miles de muertos, desaparecidos y torturados…”, “…Queremos contribuir a la construcción de un país distinto. Por eso recuperamos la memoria del pueblo. Este camino estuvo y sigue estando lleno de riesgos, pero la construcción del Reino de Dios tiene riesgos, y sólo son sus constructores aquellos que tienen fuerza para afrentarlos”.

Con este proyecto, que incluía exhumaciones de los cementerios clandestinos, Gerardi asumió el riego de ser calumniado, perseguido y asesinado por la oligarquía derechista y los militares. Fiel a la recomendación del papa Juan Pablo II cuando hacía referencia a los crímenes del nazismo, Gerardi impulsó el proyecto de investigación y conocimiento de la verdad, para dignificar a las víctimas y para que nunca más se repitiera esa historia de dolor y de muerte.

Le dolía que la memoria de los más de 200.000 asesinados durante la guerra fuese olvidada, y que la herida provocada persistiera en la sociedad. Buscaba la reconciliación que exige justicia y perdón, “porque no están reñidos con el conocimiento de la verdad”. Por eso, monseñor Gerardi insistía en que “el conocimiento de la verdad es una acción altamente saludable y liberadora”. En palabras de Juan Pablo II: “sólo la impunidad de los crímenes de lesa humanidad deja heridas sin cerrar. Sólo por la verdad, la justicia y la reparación se puede alcanzar la reconciliación”. Éste fue el propósito de la Iglesia de Guatemala frente a los enemigos de la verdad que pretendían que las víctimas del genocidio permanecieran olvidadas en multitud de cementerios clandestinos. El obispo Gerardi sufrió su misma suerte. Fue víctima entre las víctimas.

Veinte y tres años después, el testimonio profético de Monseñor Gerardi, junto a los millares de mártires, es una fuerza liberadora para los pueblos que fueron reprimidos, y un camino abierto en Latinoamérica y en el mundo entero, de búsqueda de justicia, paz y reconciliación, para “contribuir a la construcción de un mundo distinto”. Él y otros obispos, como Hélder Cámara, Óscar Romero, Leónidas Proaño, Sergio Méndez Arceo, Bartolomé Carrasco, Samuel Ruiz, Arturo Lona, Pedro Casaldáliga… son testimonios vivos y creíbles. “El hombre contemporáneo escucha más atento a los testigos que a los maestros, o si escucha a los maestros es porque son también testigos”, señalaba Pablo VI (EN. 41).
Hoy, las palabras y testimonio del obispo Gerardi siguen vivos en América Latina. Muchos obispos en el continente amerindio retoman su ejemplo situándose junto a los pobres, en defensa de los derechos humanos y comprometidos con la paz que nace de la verdad y la justicia.
Gerardi nos reta también a los cristianos de España a comprometernos en la búsqueda de la verdad sobre lo que sucedió durante la guerra civil y durante la dictadura franquista. “No se puede ocultar la verdad”, decía. ¿Qué intereses hay en España para ocultar la verdad de lo que sucedió durante la dictadura? La figura profética de monseñor Juan Gerardi debe ser una luz para nuestra Iglesia y concretamente para nuestros obispos.
Fernando Bermúdez López

 

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