La Buena Noticia del Dgo 6º Pascua B

Este es mi mandato: que os améis unos a otros

JUAN 15, 9-17

9 Igual que el Padre me demostró su amor, os he demostrado yo el mío. Manteneos en ese amor mío. 10 Si cumplís mis mandamientos, os mantendréis en mi amor, como yo vengo cumpliendo los mandamientos de mi Padre y me mantengo en su amor.

11 Os dejo dicho esto para que llevéis dentro mi propia alegría y así vuestra alegría llegue a su colmo.

12 Éste es el mandamiento mío: que os améis unos a otros igual que yo os he amado. 13 Nadie tiene amor más grande por los amigos que uno que entrega su vida por ellos.

14 Vosotros sois amigos míos si hacéis lo que os mando. 15 No, no os llamo siervos, porque un siervo no está al corriente de lo que hace su señor; a vosotros os vengo llamando amigos, porque todo lo que le oí a mi Padre os lo he comunicado.

16 Más que elegirme vosotros a mí, os elegí yo a vosotros y os destiné a que os pongáis en camino, produzcáis fruto y vuestro fruto dure; así, cualquier cosa que le pidáis al Padre en unión conmigo, os la dará.

17 Esto os mando: que os améis unos a otros

COMENTARIO

Al estilo de Jesús

Jesús se está despidiendo de sus discípulos. Los ha querido apasionadamente. Los ha amado con el mismo amor con que lo ha amado el Padre. Ahora los tiene que dejar. Conoce su egoísmo. No saben quererse. Los ve discutiendo entre sí por obtener los primeros puestos. ¿Qué será de ellos?

Las palabras de Jesús adquieren un tono solemne. Han de quedar bien grabadas en todos: «Este es mi mandato: que os améis unos a otros como yo os he amado». Jesús no quiere que su estilo de amar se pierda entre los suyos. Si un día lo olvidan, nadie los podrá reconocer como discípulos suyos.

De Jesús quedó un recuerdo imborrable. Las primeras generaciones resumían así su vida: «Pasó por todas partes haciendo el bien». Era bueno encontrarse con él. Buscaba siempre el bien de las personas. Ayudaba a vivir. Su vida fue una Buena Noticia. Se podía descubrir en él la cercanía buena de Dios.

Jesús tiene un estilo de amar inconfundible. Es muy sensible al sufrimiento de la gente. No puede pasar de largo ante quien está sufriendo. Al entrar un día en la pequeña aldea de Naín se encuentra con un entierro: una viuda se dirige a dar tierra a su hijo único. A Jesús le sale de dentro su amor hacia aquella desconocida: «Mujer, no llores». Quien ama como Jesús vive aliviando el sufrimiento y secando lágrimas.

Los evangelios recuerdan en diversas ocasiones cómo Jesús captaba con su mirada el sufrimiento de la gente. Los miraba y se conmovía: los veía sufriendo o abatidos, como ovejas sin pastor. Rápidamente se ponía a curar a los más enfermos o a alimentarlos con sus palabras. Quien ama como Jesús aprende a mirar los rostros de las personas con compasión.

Es admirable la disponibilidad de Jesús para hacer el bien. No piensa en sí mismo. Está atento a cualquier llamada, dispuesto siempre a hacer lo que pueda. A un mendigo ciego que le pide compasión mientras va de camino lo acoge con estas palabras: «¿Qué quieres que haga por ti?». Con esta actitud anda por la vida quien ama como Jesús.

Jesús sabe estar junto a los más desvalidos. No hace falta que se lo pidan. Hace lo que puede por curar sus dolencias, liberar sus conciencias o contagiar su confianza en Dios. Pero no puede resolver todos los problemas de aquellas gentes.

Entonces se dedica a hacer gestos de bondad: abraza a los niños de la calle: no quiere que nadie se sienta huérfano; bendice a los enfermos: no quiere que se sientan olvidados por Dios; acaricia la piel de los leprosos: no quiere que se vean excluidos. Así son los gestos de quien ama como Jesús.

Testigos de la Palabra

El legado de José Luis Caravias

En el día de la anunciación, falleció en Paraguay el P. José Luis Caravias Aguilar, un jesuita que supo trabajar en las fronteras de la Iglesia, superando las persecuciones que tuvo por parte de los gobiernos de facto de Paraguay y Argentina.
Siempre en las periferias
Había nacido en Alcalá la Real (España), el 2 de noviembre en 1935. Egresado de la Compañía de Jesús, en 1969 tuvo como destino a Paraguay donde comenzó su experiencia de sacerdote, trabajando en las zonas rurales junto a los campesinos. Fue asesor de las Ligas Agrarias Cristianas. Por su trabajo social y pastoral fue expulsado por la dictadura del general Alfredo Stroessner, y se instaló en Argentina, lugar también del que -los militares de entonces- lo obligan a salir del país.
Después de un tiempo en España, vuelve a la Argentina a trabajar en el norte argentino con los campesinos y con los hacheros. Para luchar contra la explotación de este último sector, creó un sindicato propio. Realizó su tercera probación en Chile, y pronunció los votos definitivos ante el P. Pedro Arrupe, en agosto de 1973, en Argentina.
Siendo Jorge Mario Bergoglio superior provincial, lo recibió en el Teologado de San Miguel, donde pasó seis meses estudiando y adentrándose en los barrios periféricos con la población paraguaya. Ante una amenaza inminente, el propio Bergoglio lo ayuda a escapar del país en 1974. De vuelta a España, comenzó su acompañamiento en la HOAC (Acción Católica Obrera), para la formación de los miembros.

De regreso a América
En mayo de 1975, el P. Arrupe lo destina a Ecuador. Cumplió su misión en un aislado pueblito Quichua, con población campesina mayormente indígena. Durante 14 años se dedicó a formar Comunidades Eclesiales de Base. Colaboró, además, en dos proyectos comunitarios: un catecismo básico de la Conferencia Episcopal Ecuatoriana, y con ‘Palabra y Vida’, material de reflexión bíblica para la Vida Religiosa, promovidos por la CLAR.
En 1989, con la caída del régimen de Stroessner en Paraguay, regresó a Asunción. Fue Director del CEPAG (1989-1991), superior del Escolasticado en San Cayetano (Bañado Sur); integró a la Comunidad de la Curia Provincial. Fue Superior y Rector del Colegio Técnico Javier en Asunción; Superior de la Comunidad Santos Mártires; Vicario parroquial de Cristo Rey; Miembro de la comunidad Cristo Solidario y Vicario Parroquial, y desde el 2018, formaba parte de la Comunidad Cristo Rey.
Sin abandonar lo bíblico, continuó con publicaciones y cursos de formación. Asesoró y formó a distintas Comunidades de Vida Cristiana (CVX), dirigiendo al laicado con espiritualidad ignaciana en su compromiso por el pueblo. Puso en marcha la opción profesional por los pobres.
Publicó artículos en diversos periódicos y revistas, intentando siempre relacionar fe y justicia, fe y vida. Elaboró materiales audiovisuales denominados “Fe y Vida. Biblioteca del Laico”, con unos 11.000 libros digitalizados, en lo religioso, social y literario. También seleccionó una colección de películas con mensajes.
En los últimos 30 años de su vida, acompañó a los laicos en el crecimiento de su fe cristiana, acompañando parejas y movimientos matrimoniales, con la ayuda de los ‘Ejercicios Espirituales en la Vida Corriente. Guías de ayuda para laicos de Comunidades Cristianas’, su principal libro en el acompañamiento espiritual.
Mensaje de los obispos de Paraguay
Los obispos del Paraguay enviaron una carta de condolencias por su fallecimiento al Padre Ireneo Valdez, SJ, provincial superior de los jesuitas en el país.
Manifestaron su pesar y cercanía espiritual por la partida hacia el reino celestial del Padre Caravias, “activo partícipe en el quehacer social y pastoral de la Iglesia en el Paraguay”. Después de brindar un historial de su vida, resaltaron su misión pastoral durante las tres instancias que marcaron su vida: antes, durante y después del exilio.
En la carta, también dirigida a los familiares del sacerdote que regresa a la Casa del Señor, el episcopado paraguayo señaló: “pedimos al Señor Resucitado, fortaleza para los familiares y que reciba a su siervo sacerdote en las verdes praderas de su Reino”.
Sus palabras en Vida Nueva
En el año 2019, el P. Caravias fue entrevistado en Vida Nueva. Allí, contó su misión en otra frontera con la que se había asumido un compromiso: la de los homosexuales.
Comentó que su función es “acompañarlos, que tengan a alguien que los comprende y con quien puedan sincerarse. Hace tres años quisieron aclararse la acusación de que la Biblia condena la homosexualidad…”.
Después de hacer un estudio sobre el Antiguo y el Nuevo Testamento, había concluído que la Biblia no condena lo que hoy entendemos por homosexualidad: dos personas del mismo sexo que forman pareja, sino que realiza condena muy fuerte de la pedofilia y de la violencia sexual. En el Nuevo Testamento, san Pablo no habla de las tendencias homosexuales, sino de los abusos. Por eso, desde su opinión, en la Biblia no hay una condena explícita de la homosexualidad como tal, sino de las prácticas de abusos por parte de varones a niños y a otros hombres.
Consultado sobre los pasos tiene que dar la Iglesia para avanzar en esta cuestión, contestó: Lo primero de todo, desfanatizarse, porque creen que ser homosexual es ser un vicioso y un pecador. Y con respecto a los abusos en la Iglesia, señaló: “Siempre ha habido sacerdotes pedófilos, pero lo bueno ahora es que se detecte y se denuncie, algo que antes no sucedía… En este sentido, la Iglesia es un modelo a seguir, porque ahora está denunciando. Ojalá denunciemos en todos los ambientes”.

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