Un diputado cristiano en la izquierda italiana

Stefano Ceccanti: «¿Cuál es la contribución de los cristianos en los partidos de centro-izquierda?»

Stefano Ceccanti, en el webinar

«Como creyentes, creo que debemos difundir el mensaje inclusivo y positivo de Fratelli Tutti no sólo en la Iglesia»

«El actual pontificado se ha colocado a la cabeza de un movimiento generalizado hacia la apertura, el rechazo al exclusivismo en la comprensión de la verdad, retomando con especial fuerza las intuiciones conciliares, en particular sobre el tema del diálogo y la búsqueda común de la verdad que desde el diálogo no se puede ignorar»

 | por Stefano Ceccanti

He aceptado con gran interés vuestra invitación porque en unos días se celebrará un aniversario que está en la base de nuestro compromiso. Hace 50 años, el 14 de mayo de 1971, Paul VI escribió la Octogesima Adveniens, la carta al cardenal Roy por el 80 aniversario de la Rerum Novarum. Fue el primer texto importante sobre compromiso social y político después del Concilio Vaticano II.

Desde el Concilio Vaticano II, se produjeron algunos cambios contextuales importantes. Uno de los tres grandes partidos democristianos, el MRP en Francia, había desaparecido y en la Acción Católica francesa habían movimientos para converger con la izquierda no comunista según el planteamiento que ya había propuesto Emmanuel Mounier. El congreso de fundación del nuevo Partido Socialista estaba previsto en Epinay al mes siguiente. En Alemania, desde del Congreso de Bad Godesberg, había habido una importante influencia de católicos al SPD que, después de la gran coalición, gobernó bajo el liderazgo de Brandt en alianza con los liberales y con la oposición CDU-CSU.

En España, el cardenal Tarancón, hombre de confianza de Montini, que estaba en Toledo, se preparaba para ir a Madrid y ya estaba trabajando en una Transición en la que la Iglesia debería formar parte del proceso. En este contexto, desarrollando y radicalizando Gaudium et Spes, el documento aclara que el pluralismo es la regla en la política. En primer lugar, con respecto a la diversidad de situaciones en el mundo, respecto de las cuales “es difícil pronunciar una sola palabra y proponer una solución de valor universal. Después de todo, esta no es nuestra ambición ni nuestra misión” (párr. 4). Por ello (párr. 50) “en situaciones concretas y teniendo en cuenta la solidaridad vivida por cada uno, se debe reconocer una legítima variedad de opciones posibles.Una misma fe cristiana puede llevar a diferentes compromisos. La Iglesia invita a todos los cristianos a la doble tarea de la animación y la innovación para hacer evolucionar las estructuras y adaptarlas a las verdaderas necesidades del presente «.

Marie-Dominique Chenu lo explicará claramente en su libro sobre la enseñanza social de la Iglesia, una definición que él prefirió a la más estática de doctrina, ligada a esquemas deductivos y a menudo ahistóricos. Por primera vez en la «Octogesima Adveniens» se enuncian explícitamente criterios de discernimiento para el compromiso de los católicos en partidos mixtos de centro-izquierda, considerados explícitamente como una de las opciones posibles en el pluralismo (ya no partidos compuestos principalmente por católicos y / o cristianos abiertos a otros, de inspiración cristiana, pero radicalmente compuestos, en los que los católicos eran a menudo una minoría). Partidos genéricamente atribuibles al socialismo: dentro de ellos, «deben asegurarse los valores, sobre todo de libertad, responsabilidad y apertura a lo espiritual, que garanticen el desarrollo integral del hombre» (párr. 31) sin «entrar en la práctica de la lucha de clases y de su interpretación marxista, dejando de apoyar el tipo de sociedad totalitaria y violenta a la que conduce este proceso”(párr. 34). Como es sabido, la situación en Italia siguió siendo diferente porqué la presencia de un partido que todavía se autodenominaba comunista empujó a mantener el esquema de la unidad político-electoral de los católicos en la DC, pero Italia fue y siguió siendo una “excepción” para las demás democracias europeas. Esto supuso un desarrollo significativo debido a la presencia de católicos en el SPD, en el nuevo PS francés, en el PSOE y en el Partido Socialista Portugués, en parte también liderado por los episcopados.

Una evolución que claramente liberó a la Iglesia de la identificación con un partido, identificando a múltiples interlocutores siempre que la izquierda se emancipara de las variantes antiliberales del socialismo, de cualquier vínculo con la Revolución de Octubre. Luego vinieron algunas décadas de mayores dificultades que, sin embargo, con el nuevo pontificado hoy parecen superarse decididamente. No hay más prejuicios, solo expectativas exigentes.

1.- El modelo y las tensiones.

Basadas en el legado del cristianismo, aunque a menudo en contradicción con las Iglesias (para la Iglesia católica al menos hasta la obra de Murray y el Concilio Vaticano II), las democracias europeas han logrado un equilibrio sustancial de laicidad pluralista marcado por el conocido triángulo del erudito evangélico francés Jean Bauberot: amplia libertad para todos, igualdad de libertad para las confesiones minoritarias, separación institucional entre el Estado y las confesiones.La laicidad pluralista, capaz de integrarse con respeto y sensibilidad hacia las minorías, se distingue tanto del laicismo opuesto al hecho religioso como del confesionalismo. Este modelo, que en general ha funcionado bien en las democracias consolidadas, es sin embargo ahora objeto a tensiones sin precedentes, debido, entre otras razones, por la emergencia del islam.  Por eso es correcto plantearse la cuestión de la contribución de los cristianos, de los partidos de centro-izquierda y de los cristianos en los partidos de centro-izquierda.

En el famoso artículo de 1999 de Peter L. Berger, «La desecularización del mundo: una visión global». el autor observa que la religión resurge como una fuerza pública, incluso «política», contra todo pronóstico de extinción. Esta creciente fuerza pública no detiene el declive «privado» de la práctica religiosa en el mundo occidental. Esta evolución está paradójicamente ligada a la crisis de las formas ‘modernas’ de experiencia religiosa (catolicismo conciliar, aunque en parte revitalizado por el pontificado actual que aún no existía en la época del escrito, anglicanismo y protestantismo europeo, islam secularizado) cuyo atractivo parte contra un éxito creciente, aunque siempre decididamente en la minoría, de experiencias religiosas fundamentalistas y premodernas (movimientos carismáticos, evangelistas católicos conservadores en las últimas décadas antes del actual pontificado, judíos ortodoxos, islam radical).

En este contexto, el islam no es un caso aparte, sino un ejemplo de una tendencia que abarca varias religiones. Razones demográficas y sociales (la compactibilidad de la comunidad de referencia) internacionales (la agenda política de los estados islámicos en busca de canales de influencia hacia Occidente), culturales (el poscolonialismo académico promueve su legitimidad) parecen ayudarlo. La política se ve entonces tentada en dos caminos opuestos: uno, es el resurgimiento de formas de laicismo excluyente (por ejemplo, con la prohibición de símbolos y con las dificultades en la construcción de edificios religiosos) que ahora también son aceptadas por la derecha debido a su hostilidad hacia el papel de la religión en lo público que se le suma a su rechazo de la inmigración; el otro es el llamado Londonistán, donde se renuncia a toda interacción en nombre del relativismo cultural. Con el tiempo, el caso francés ha vivido todos los dilemas de esta alternativa, hasta la iniciativa de Macron de combatir el separatismo islamista.

3.- Nuestros compromisos en la Iglesia y en la política.

Como creyentes, creo que debemos difundir el mensaje inclusivo y positivo de Fratelli Tutti no sólo en la Iglesia. El actual pontificado se ha colocado a la cabeza de un movimiento generalizado hacia la apertura, el rechazo al exclusivismo en la comprensión de la verdad, retomando con especial fuerza las intuiciones conciliares, en particular sobre el tema del diálogo y la búsqueda común de la verdad que desde el diálogo no se puede ignorar.

Esto también contribuye a construir un enfoque secular pluralista y no excluyente en los partidos de centro izquierda, mientras que décadas anteriores la Iglesia se había situado de manera unilateral en la afirmación de unos principios no negociables que había creado un clima de desconfianza mutua entre la Iglesia católica y la centro-izquierda. Existe la excepción de grupos residuales en la Iglesia norteamericana que aún no se sitúan en línea con el nuevo pontificado.Como comprometido con la política en el centro-izquierda, creo que debemos asumir dos prioridades:

  • El primero es distinguir los objetivos políticos del uso de la ley. La difusión en el mundo de una visión amplia de la libertad religiosa, como la libertad de proselitismo hacia cualquier religión dominante en cualquier país, es una necesidad, pero esto no significa tomar como rehenes los derechos de quienes se encuentran en la minoría en nuestras sociedades en nombre de la reciprocidad. La reciprocidad debe ser un objetivo político que se tome en serio para ampliar los derechos de todos y no limitar los derechos de quienes ya los tienen.
  • El segundo, es el recurso a la producción del derecho principalmente como una interacción al derecho como experiencia jurídica, para citar a Giuseppe Capograssi, un filósofo del derecho italiano del siglo XX. Junto a las fuentes estatales unilaterales, para hacer valer los derechos de todas las personas (la apertura a la diversidad no puede ser una ratificación de la desigualdad, comenzando por la relación hombre / mujer), se debe dejar espacio para formas de mediación social (por ejemplo, agregar símbolos a menudo es mejor excluirlos por completo), de los ajustes razonables y del derecho de los tratados. Teniendo en cuenta la aportación del derecho comunitario donde a menudo el elemento unilateral da paso a un derecho de carácter jurisprudencial que se inspira en tradiciones constitucionales comunes.

El derecho es producción social, antes que institucional, es la lección de Paolo Grossi, otro gran jurista, juez constitucional e historiador del derecho italiano. Al recordar esta verdad, encontraremos que las democracias son más capaces de interactuar de lo que pensamos. Especialmente después de la Segunda Guerra Mundial, lograron enfrentar varios desafíos radicales mucho más de lo que se temía. Aquí recordamos la autocrítica de Paul Ricoeur a los personalistas de los años treinta: una cierta denuncia apocalíptica de los límites de los estados liberales de la época, aunque real, favoreció su deslegitimación. Ver los límites nunca debe separarse del compromiso de apostar por las capacidades integradoras de la democracia. Como escribió Chenu al final de su volumen sobre “La doctrina social de la Iglesia: origen y desarrollo (1981-1971”), “leer los signos de los tiempos es estar viviendo en la acción y sólo se pueden leer porque actúas simultáneamente y no serán verdaderamente signos y tiempos si no los vivimos. Sin duda esto va en contra de cualquier método idealista, es la prueba del realismo cristiano”

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