La Buena Noticia del Dgo de la Santísima Trinidad

Id y haced discípulos a todos los pueblos

Bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo

COMENTARIO

EL NOMBRE DEL PADRE Y DEL HIJO Y DEL ESPÍRITU SANTO

¿Cómo se comunicaba Jesús con Dios?, ¿qué sentimientos se despertaban en su corazón?, ¿cómo lo experimentaba día a día? Los relatos evangélicos nos llevan a una doble conclusión: Jesús sentía a Dios como Padre, y lo vivía todo impulsado por su Espíritu.

Jesús se sentía «hijo querido» de Dios. Siempre que se comunica con él lo llama «Padre». No le sale otra palabra. Para él, Dios no es solo el «Santo» del que hablan todos, sino el «Compasivo». No habita en el templo, acogiendo solo a los de corazón limpio y manos inocentes. Jesús lo capta como Padre que no excluye a nadie de su amor compasivo. Cada mañana disfruta porque Dios hace salir su sol sobre buenos y malos.

Ese Padre tiene un gran proyecto en su corazón: hacer de la tierra una casa habitable. Jesús no duda: Dios no descansará hasta ver a sus hijos e hijas disfrutando juntos de una fiesta final. Nadie lo podrá impedir, ni la crueldad de la muerte ni la injusticia de los hombres. Como nadie puede impedir que llegue la primavera y lo llene todo de vida.

Fiel a este Padre y movido por su Espíritu, Jesús solo se dedica a una cosa: hacer un mundo más humano. Todos han de conocer la Buena Noticia, sobre todo los que menos se lo esperan: los pecadores y los despreciados. Dios no da a nadie por perdido. A todos busca, a todos llama. No vive controlando a sus hijos e hijas, sino abriendo a cada uno caminos hacia una vida más humana. Quien escucha hasta el fondo su propio corazón le está escuchando a él.

Ese Espíritu empuja a Jesús hacia los que más sufren. Es normal, pues ve grabados en el corazón de Dios los nombres de los más solos y desgraciados. Los que para nosotros no son nadie, esos son precisamente los predilectos de Dios. Jesús sabe que a ese Dios no le entienden los grandes, sino los pequeños. Su amor lo descubren quienes le buscan, porque no tienen a nadie que enjugue sus lágrimas.

La mejor manera de creer en el Dios trinitario no es tratar de entender las explicaciones de los teólogos, sino seguir los pasos de Jesús, que vivió como Hijo querido de un Dios Padre y que, movido por su Espíritu, se dedicó a hacer un mundo más amable para todos.

José Antonio Pagola

Testigos de la palabra

Los curas villeros recuerdan al padre Mugica en el 47 aniversario de su martirio

En el 47° aniversario del asesinato del padre Carlos Mugica, el Equipo de Sacerdotes de Villas y Barrios Populares de CABA y GBA, emitieron una declaración en agradecimiento por “la vida y el ministerio sacerdotal” del sacerdote, y reafirmaron su compromiso “Ahora más que nunca junto al Pueblo”.

“Hay dos actitudes que como curas villeros reconocemos en uno de nuestros fundadores y mártir, el padre Carlos Mugica: su vida apasionada por el Reino y por el momento que le tocó vivir”, expresan los sacerdotes en la declaración. “Esta pasión corre por las venas de este equipo que, durante décadas, sigue en la misma sintonía.

Desde que la pandemia llegó, hasta hoy, seguimos nuestro trabajo espiritual-social en nuestros barrios y villas”, afirman. “No nos resultó difícil la transformación de capillas en comedores o casas de aislamiento, porque nuestras comunidades vieron natural el partir la hostia un domingo y al otro llenar los tapers de los vecinos. En definitiva la Iglesia se da al partir el pan”, reconocen. “La fe y la acción, una propuesta siempre fácil cuando tiene fecha de vencimiento; ardua y con mucha convicción cuando es para todo momento”. “Así, nuestras comunidades pusieron todo el corazón en esta acción de servir a sus hermanos”, valoran. Y en este día que honramos al padre Carlos Mugica en su martirio, destacan  a sus comunidades que “día a día, se fueron transformando en ‘esenciales’: cocinan, llevan viandas, asisten a los aislados, los acompañan a los hospitales. Y aunque todavía no tienen el reconocimiento oficial de ser esenciales en casi ningún distrito y los criterios para ser ‘vacunados’ no reconocen lo esencial de su labor, con el papa Francisco afirmamos que no hay futuro sin ellos”.

En segundo lugar, señalan que “cada capilla, en pandemia, se transformó en un lugar donde ‘contagiar’ la esperanza, sea en un plato de comida o en una oración” y recuerdan especialmente a “muchos vecinos, han partido a la casa del Padre, ya sea por el COVID o enfermedades que no pudieron ser atendidas como corresponde. Ellos ahora, junto al padre Carlos, son luz en el cielo de esta Patria”, aseguran, mencionando también que “otros tantos, han transitado los momentos duros de la enfermedad con la fe puesta en Jesús y la confianza en la Virgen”.

“Hemos aprendido más que nunca, en el momento oscuro de esta pandemia, el valor de una Comunidad Organizada. El camino es seguir fortaleciendo la organización de las comunidades, conjugando la solidaridad y la subsidiariedad, para que la necesaria presencia inteligente del Estado, en los barrios populares, pueda ser más fructuosa a la hora de restaurar la dignidad de los vecinos y vecinas”, consideran.

La pasión del padre Carlos de hace varias décadas atrás, sigue en las venas de este equipo y de nuestras comunidades. Como pudimos ver que aun en este tiempo de dolor, nuestros barrios siguen creciendo por el valor de su Pueblo”, concluyen.La declaración, con fecha 11 de mayo de 2021, está firmada por monseñor Gustavo Carrara, obispo auxiliar de Buenos Aires, vicario para la Pastoral en Villas; y el Equipo de Curas de villas y barrios populares de Buenos Aires y Gran Buenos Aires.

El álamo


        Eduardo Galeano

Su maestro había muerto, en Jerusalén, de muerte infame, en la cruz donde morían los criminales y los ladrones. A Carlos Múgica una ráfaga de balas le partió el pecho en Buenos Aires.
El sacerdote Orlando Yorio, su amigo, su hermano en la fe, quiso lavar la sangre de Carlos. Trajo un balde de agua y una escoba; pero los policías no lo dejaron. Y Orlando se quedó parado ante la casa, escoba en mano, los ojos clavados en la sangre: era un charco enorme, un lago, como si aquella sangre espesa y grumosa fuera de muchos.
Orlando estuvo allí, quieto, y allí siguió cuando la lluvia se descargó de pronto, sin aviso, desde el cielo. Y él no se movió, acribillado por la lluvia, mientras la lluvia se llevaba toda la sangre hacia el pie de un álamo. El álamo, alto y desnudo, la bebió hasta la última gota

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