La vida en el campo tras la pandemia

Abilio Martínez Varea : “La soledad de nuestros ancianos es otra de las periferias que tenemos que atajar”

“Es el momento de que los laicos tomen conciencia de su papel importante dentro de la iglesia, y que ellos mismos encuentren en la familia, en el trabajo o en las relaciones con sus amistades un lugar privilegiado al que llevar a Dios”

“Han venido varias familias a residir a Soria alejándose de las aglomeraciones de las grandes ciudades pero… algunas ya han manifestado su deseo de marchar cuando termine la pandemia”

“Los sacerdotes son los que acompañan, los que sostienen tanto espiritual y anímicamente la vida de muchos de nuestros pueblos”

“Esta nueva situación que se abre tras la pandemia, puede ser el momento adecuado para que la gente vuelva a valorar la vida en el mundo rural”

“Tenemos que tender a buscar una sociedad que luche por el Bien Común, donde todos tengamos lo necesario para poder desarrollarnos como personas y poder ser realmente reflejo del amor de Dios”

16.05.2021 José Manuel Vidal

Abilio Martínez Varea (La Rioja, 1964) lleva cuatro años en la diócesis de Osma-Soria, tomándole el pulso y acompañando a una zona eminentemente rural, que quizás la pandemia “ayude a que la gente vuelva a valorar la vida en el mundo rural”. De este universo, a Don Abilio le duele especialmente el paro y la desigualdad social o “la soledad de nuestros ancianos, que es otra de las periferias que tenemos que atajar”. En el acompañamiento y en la lucha por la dignidad está la Iglesia y, sobre todo, los curas de pueblo, que “son los que acompañan, los que sostienen tanto espiritual y anímicamente la vida de muchos de nuestros pueblos” y los amigos “que traen al Amigo”.

¿La diócesis de Osma-Soria, que usted pastorea y que forma parte de la España rural, necesita la protección de San Isidro y algo más?

San Isidro es el patrón de los agricultores. Sin duda es uno de los santos más importantes que tenemos en el mundo rural, pero no olvidemos que fue un laico casado con Santa María de la Cabeza con la que tuvo un hijo. Ambos fueron canonizados y se fueron santificando día a día gracias a su trabajo cotidiano, humilde y sencillo en el campo y llevando una vida familiar.

Visto así, es evidente que necesitamos de muchos “san Isidros”, necesitamos muchas familias cristianas evangelizadoras. Es el momento de que los laicos tomen conciencia de su papel importante dentro de la iglesia, y que ellos mismos encuentren en la familia, en el trabajo o en las relaciones con sus amistades un lugar privilegiado al que llevar a Dios. En definitiva, la tarea de la evangelización es algo que nos compete a todos, no solo a los sacerdotes, sino a todos los bautizados, como nos enseñó San Isidro.

Dicen que la pandemia está provocando la vuelta al campo y a las ciudades pequeñas. ¿Se está notando en Soria?

Efectivamente la pandemia que estamos viviendo está haciendo que nuestras costumbres estén cambiando. Ahora empezamos a valorar más la tranquilidad que ofrece el ámbito rural o la belleza de un entorno natural, lo que hace que muchas personas vean con añoranza esa vida de calidad que ofrecen los preciosos campos de Soria. Internet y las nuevas tecnologías facilitan mucho precisamente esta cuestión ya que muchas personas han visto que se puede tele-trabajar también desde otros lugares. A su vez, esto supone un reto de creación de empresas, de infraestructuras, comunicaciones, servicios… que son necesarios para facilitar la vuelta a nuestras tierras. Han venido varias familias a residir a Soria alejándose de las aglomeraciones de las grandes ciudades pero… algunas ya han manifestado su deseo de marchar cuando termine la pandemia.

Además de permanecer y resistir en el mundo rural (que ya no es poco), ¿los curas de pueblo siguen aportando ilusión, esperanza y Dios a la gente?

Así es. La misión de todo cristiano, y más la de un cura es la de llevar la esperanza y la alegría a todos aquellos que le rodean. Es la fe en un Cristo de la Vida la que nos mueve, y la que hace que muchísimas veces sean los sacerdotes los que permanecen en poblaciones muy pequeñas. Son los que acompañan, los que sostienen tanto espiritual y anímicamente la vida de muchos de nuestros pueblos. Para muchas personas mayores, la visita del sacerdote o la celebración de la Eucaristía es un momento que esperan con gran ilusión durante toda la semana. El cura, es algo más que el cura: es ese amigo que trae al Amigo.

Pocos curas y mayores. ¿Cómo reactivar la pastoral vocacional en el mundo rural, otrora vivero de vocaciones sacerdotales?

Si no hay mucha población joven, no es fácil que haya muchas vocaciones al sacerdocio… ni a la vida consagrada, ni al matrimonio. Pero no podemos ni debemos escudarnos en esta situación. Cada vez es más necesario dar a las personas ese acompañamiento humano y espiritual que todos necesitamos y los sacerdotes lo realizan desde su ministerio. Precisamente por eso, me ha parecido necesario crear en la Diócesis de Osma-Soria una red de intercesores que recen por las vocaciones, potenciar la pastoral vocacional insistiendo en que es una labor de todos: los sacerdotes dando buen testimonio y siendo ejemplo motivador, las familias educando en una vida de fe, entrega y generosidad y los consagrados entregándose a la oración que interceda por nuevas vocaciones. En definitiva, todos tenemos que implicarnos en hacer que haya más sacerdotes para que Cristo llegue a todos.

¿Tras la pandemia, volverá la gente a la Iglesia como antes o todavía más?

Esta pandemia está siendo un punto de inflexión en nuestras vidas. La añoranza de tiempos pasados que antes veíamos como habituales: visitar a la familia, frecuentar nuestras amistades o darnos un simple paseo, son cosas que miramos con nostalgia y con deseo de poder volver a realizar cuanto antes. Para el cristiano poder celebrar su fe con su comunidad, poder recibir la Comunión o poder confesarse, son parte esencial de su crecimiento en la fe. Todavía estamos en un momento de restricciones de aforo y de cuidados sanitarios, pero, las personas necesitamos volver a la fuente de nuestra fe. Y de hecho, ya estamos retomando cierta normalidad, respetando siempre las normas sanitarias, claro está: las celebraciones litúrgicas, encuentros de formación, catequesis,… Noto, en los cristianos de Osma – Soria, ganas de volver a celebrar la fe en Jesucristo viviéndola en la comunidad.

Pero no podemos olvidar que, durante esta pandemia, la Iglesia ha realizado y sigue realizando diversas acciones para ayudar a los más desfavorecidos: la ayuda directa de Caritas y de tantos voluntarios son un claro ejemplo. En la Diócesis de Osma-Soria hemos impulsado la creación de un Fondo de Solidaridad para ayudar a aquellas personas que lo están pasando mal económicamente además de la crisis sanitaria. Toda esta labor que la Iglesia está haciendo, de manera desprendida, sin esperar nada a cambio, qué duda cabe que está llevando a que muchas personas en nuestra sociedad se interpelen ante esta entrega y se sientan atraídos hacia la Iglesia.

¿Cómo mantener el enorme patrimonio de una diócesis como la suya cada vez más vaciada?

Pues con mucho esfuerzo y con mucha dedicación y colaboración por parte de las diversas instituciones empezando por la Diócesis, las parroquias y los sacerdotes. Nuestro patrimonio es parte de nuestra memoria, de nuestra historia y, sobre todo, de una fe que queremos seguir viviendo y celebrando. Intentamos mantener en las mejores condiciones posibles todo aquello que es el fruto de la fe de nuestros antepasados, el sustrato de nuestro presente y las raíces de nuestra historia cristiana. Esta labor de mantenimiento es muy ardua, pero muy necesaria. Estamos haciendo una labor ingente en el mantenimiento de nuestros templos y ermitas… obras que serían imposibles si no fuera gracias a la colaboración de las instituciones civiles y de tantos fieles anónimos que colaboran a todos los niveles con el mantenimiento de nuestro patrimonio.

¿Cómo insuflar esperanza en la gente desanimada por la constante despoblación?

Cuando hablamos de esperanza debemos hacerlo con una visión sobrenatural: Dios no nos abandona nunca. La esperanza es una virtud teologal: es el motor que nos mueve, esa fuerza de Dios que nos lleva a comprometernos en este mundo poniendo los ojos en el Cielo.

Ciertamente es una pena ver cómo nuestros jóvenes no continúan el relevo generacional que van dejando nuestros mayores: unos porque buscan mejores oportunidades laborales fuera, otros porque se van a estudiar a otras poblaciones… Sin embargo, todos somos conscientes de que esta nueva situación que se abre tras la pandemia, puede ser el momento adecuado para que la gente vuelva a valorar la vida en el mundo rural. Todo aquello que nosotros ofrecemos: buena calidad de vida, tranquilidad, naturaleza, relaciones personales muy cercanas,… son sin duda una excelente tarjeta de

¿Cómo atajar el problema de la creciente soledad de los ancianos en pueblos casi vacíos?

Se trata de un problema que nos duele a todos. Precisamente, durante estos meses pasados con confinamientos, con restricciones y con situaciones complicadas por la pandemia nos han hecho replantearnos la necesidad de vivir en comunidad. En la provincia de Soria tenemos ancianos que pasan el invierno en sus casas, en pueblos de muy poca población, pero que quieren seguir en su entorno y con su ritmo y estilo de vida de siempre. Pero qué duda cabe que, como contraprestación, muchos de ellos sufren una soledad que nos tiene que hacer plantearnos nuevas formas de acompañamiento. El Papa Francisco habla del acompañamiento a las nuevas periferias. La soledad de nuestros ancianos es otra de las periferias que tenemos que atajar, y para ello tenemos que buscar soluciones audaces que sean capaces de paliar esta situación desde la atención sanitaria, humana y religiosa.

¿Habría que exigir a los políticos una apuesta más radical y constante por el mundo rural?

El mundo rural necesita un apoyo claro y decidido por parte de todos. Es lógico que los grandes núcleos urbanos concentren los recursos sanitarios, educativos, o a nivel de infraestructuras… que facilitan la vida de todos. Pero habría que conseguir que todos estos recursos también encontraran su lugar en los núcleos rurales, con el fin de paliar ese éxodo de los espacios rurales y potenciar el retorno a todos nuestros pueblos. Favorecer las empresas, las infraestructuras, Internet o los recursos sanitarios y educativos, son algunos de los campos que ayudarían a frenar la actual situación.

Como responsable de la Pastoral del Trabajo, ¿qué le preocupa más: el paro o la creciente desigualdad social?

Como dice el Papa Francisco en el n.162 de Fratelli Tutti: “El gran tema es el trabajo. (…) Esa es la mejor ayuda para un pobre, el mejor camino hacia una existencia digna”. Ambas cosas, el paro y la desigualdad social van de la mano. Como cristianos, la dignidad que toda persona tiene como tal, nos tiene que llevar a buscar un mundo más solidario, más fraterno y más humano. Tenemos que tender a buscar una sociedad que luche por el Bien Común, donde todos tengamos lo necesario para poder desarrollarnos como personas y poder ser realmente reflejo del amor de Dios.

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