Favorecen o perjudican a la fe algunas procesiones del “Corpus”?

“A la festividad del ‘Corpus Christi’ le sobra ‘Corpus’ y le falta piedad”
“La festividad del ‘Corpus’ con sus respectivas liturgias, procesiones, cantos, costumbres, tradiciones, oratorias, ornamentos sagrados, ‘custodias’, inciensos y acompañamientos, demandan revisión conciliar urgente y precisa…”
“Si en la catequesis post-conciliar, ‘franciscana’ y ‘de Iglesia en salida’, los pobres-pobres ocupan lugares tan privilegiados, ¿donde se hallan en las procesiones del ‘Corpus’ y qué mención especial puede haber para ellos?
“¿Es posible y cristiano cantar al “Amor de los Amores” y ‘prestarle adoración a este Dios-Amor’ que es y se llama Jesús, y cuya única expresión es el servir a los más necesitados como los pobres?”
Por Antonio Aradillas
Además del “Tantum ego, sacramentum…” latino, de nuestros primeros amores litúrgicos, el “¡Cantemos al Amor de los Amores… y ¡Dios está aquí¡”, es a lo que hay que recurrir en los actos religiosos, con piedad, fervor, catequesis y entendimiento. Conste que este es el más conocido, cantado y aplicado, religiosamente en los cantorales de las iglesias-templos de España y de Hispanoamérica.
La historia refiere que fue el himno oficial del XII Congreso Eucarístico celebrado en Madrid, los días 25-30 de junio del año 1911, y que su letra fue obra del padre agustino Restituto del Valle, con música de Ignacio Busca de Sagastizábal, con dedicatoria a la infanta Isabel de Borbón.
En castellano, o en latín, es mi intención entrenzar aquí y ahora un ramo de sugerencias en el entorno de la festividad del “Corpus Christi-Día del Señor”, que comenzó a celebrarse en la ciudad de Lieja en 1246 y que se estableció en 1264 por el papa Urbano IV en ll Iglesia universal.
Para mejor entendimiento e información acerca del tema, es preciso reseñar que el proceso del cambio en la idea y en la celebración de la fiesta y de la Eucaristía en general, ha respondido, a lo largo y ancho de la historia de no pocos procesos y cambios registrados en las diversas escuelas de teología y en su adecuación a la mentalidad tanto en el pueblo como en la jerarquía, por lo que no son de extrañar determinadas, y aún notorias, incoincidencias de tiempo y lugar.
La festividad del “Corpus”-idea y realización- con sus respectivas liturgias, procesiones, cantos, costumbres, tradiciones, oratorias, ornamentos sagrados, “custodias”, inciensos y acompañamientos, demandan revisión conciliar urgente y precisa…
Los tiempos, las personas y la teología no son hoy lo que eran –aunque lo sigan siendo substancialmente-, por lo que, con lenguajes, gestos convicciones, ritos y aún argumentos, como los que siguen estando vigentes, los fines y frutos que se pretenden lograr de las celebraciones eucarísticas, y más en concreto del “Día del Señor”, no podrán ser ni los propuestos, ni los de mayor y más sagrada utilidad para Nuestra Sabta Madre la Iglesia.
Con suprema dificultad resulta viable concluir, por ejemplo, que “procesiones” tan solemnes, rituales que rezuman riquezas por todos sus “pasos”, hábitos y títulos de los cofrades, mayordomos y “damas”, sea posible y aceptable reafirmarse en la fe de que “¡Dios está aquí!” y del “¡venid, adoradores, y adoremos al Señor, Rey del cielo y de la tierra!”
Si en la catequesis post-conciliar, “franciscana” y “de Iglesia en salida”, los pobres-pobres ocupan lugares tan privilegiados, ¿donde se hallan en las procesiones del “Corpus” y qué mención especial puede haber para ellos? Es cierto que el “Corpus” es caridad, es amor, y que los días que anteceden la fiesta están dedicados especialmente al cultivo y a la reflexión sobre el amor fraterno…
Pero al “Corpus-Corpus”, como festividad clave de la Iglesia –teología, liturgia y estilo de vida-, le sobra “Corpus”por no testimoniarse con mayor claridad y evangelio la presencia del Cuerpo de Cristo, aún siendo verdad que en cualquier esquina de las calles de las ciudades por las que se traza el “iter” procesional y en cualquier ramo de flores olorosas y silvestres arrojado, aparecen los pobres-pobres arrodillados, con todos los honores y huellas de sus limitaciones y debilidades humanas y “divinas”, es decir, eclesiales.
Al “Corpus”, tal y como se sigue celebrando todavía, ardorosamente y sin conciencia de renovación, y hasta con rechazo y “escándalo” ante estas y similares sugerencias, le falta piedad. Y devoción. Y le sobran “autoridades civiles, militares y religiosas”, y monjes y monjas. Los laicos y “laicas” ni están ni van a estas procesiones “para hacer bulto”, sino para participar activamente, al igual que cualquier otro “ministro del Señor”, todos ellos del sexo masculino.
¿Es posible y cristiano cantar al “Amor de los Amores” y “prestarle adoración a este Dios- “Amor” que es y se llama Jesús, y cuya única expresión es el servir a los más necesitados como los pobres?
Rozar la convicción de que algunas procesiones del “Corpus”, más que adoctrinar en la fe, desadoctrinan, confunden y aturden, con tantas y exuberantes riquezas y solemnidades, es tentación que, hoy por hoy, se ven obligados ya a rechazar, y rechazan, no pocos cristianos. ¿También los miembros de la jerarquía?

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