Claves de la crisis España-Marruecos

Por Carlos Santamaría. Nueva York
Marruecos y España han pasado las últimas dos semanas de uñas por la decisión de Madrid de permitir que el líder del movimiento independentista del Sáhara Occidental, un antiguo territorio español sobre el que Marruecos reclama soberanía, fuera tratado por el covid-19 en un hospital español. El líder del Frente Polisario, Brahim Ghali, ha ya abandonado el país, pero los marroquíes están todavía furiosos por el asunto.
De hecho, la respuesta inicial de Marruecos fue abrir sus puertas para permitir una avalancha de miles de migrantes para sobrepasar la frontera con Ceuta, enclave español en la costa magrebí. Aunque la crisis terminó en apenas unos días, lo que la causó en primer lugar continúa sin resolverse.
¿Por qué le importa tanto a Marruecos este territorio desértico y poco poblado, y por qué está ahora forzando tanto para conseguir el control total del Sáhara Occidental?
La UE cuenta con vecinos tan imprescindibles como incómodos. Gestionar la relación con ellos tras haberles otorgado la llave de los flujos migratorios es un reto para Madrid y BruselasPrimero, un poco de historia. El Sáhara Occidental, poblado históricamente por tribus nómadas, fue administrado por España de 1884 a 1975. Marruecos y los saharauis nativos, representados por el Frente Poliario, se enfrentaron después en una sangrienta guerra que acabó en 1991 con un acuerdo de alto el fuego apoyado por la ONU que incluía la celebración de un referéndum de independencia que Rabat ha largamente ignorado. Desde entonces, el Sáhara Occidental ha estado en un limbo; Marruecos ahora controla el 80% del territorio, incluida la costa, y los saharauis controlan una estrecha franja fronteriza con Argelia y Mauritania.
Pero ese pequeño trozo de tierra es inmensamente importante para los marroquíes porque es la ruta principal para el comercio terrestre con el resto de África a través de Mauritania. La frontera de Marruecos -mucho más larga- con su rival regional Argelia, que respalda al Frente Polisario y alberga a miles de refugiados saharauis, ha estado cerrada durante casi 30 años.
Marruecos también necesita los minerales del Sahara Occidental, principalmente sus riquezas de roca fosfórica. Incluyendo los depósitos estimados del territorio en disputa, que los marroquíes ya están extrayendo en las áreas que controlan, Marruecos representa las tres cuartas partes de las reservas mundiales de este mineral escaso, utilizado para fabricar fertilizantes sintéticos para la agricultura.
Y luego está el pescado. Un montón de pescado. Tanto, que Marruecos está ansioso por compartirlo con los barcos pesqueros de la UE, a cambio de lucrativas tarifas. Pero un amplio acuerdo comercial entre Marruecos y la Unión Europea se ha retrasado desde 2018 debido a una disputa sobre el acceso a las aguas del Sáhara Occidental. Además, si hay peces, quizás también haya petróleo y gas en alta mar todavía sin explotar.
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Gracias, Donald Trump. Durante las últimas semanas de la administración Trump, Estados Unidos se convirtió en el primer estado miembro de la ONU en reconocer el reclamo de Marruecos sobre el Sáhara Occidental, presuntamente a cambio de normalizar los lazos con Israel. El reconocimiento por parte de la nación más poderosa del mundo fue una gran victoria para Rabat, que ahora se siente envalentonado por probar cuánto puede presionar a otros países para que hagan lo mismo, en particular España y la UE en general. Y Marruecos ahora parece tener la ventaja, como suele pasarle a Turquía cuando utiliza como arma a los migrantes para obtener lo que quiere de los europeos.
El problema para España y la UE es que necesitan a Marruecos más de lo que Marruecos los necesita a ellos. Para España, la cooperación marroquí es fundamental para frenar el flujo de inmigrantes africanos hacia sus fronteras. La UE, por su parte, está profundamente preocupada por los inmigrantes que utilizan a España como trampolín para entrar en otros países de la UE. Bruselas también quiere firmar un acuerdo comercial con Rabat que incluye las zonas pesqueras del Sáhara Occidental para compensar los derechos de pesca perdidos por el Brexit.
Es de suponer que Marruecos acepta de buena gana ayudar a proteger la frontera española y permitir que los barcos de la UE pesquen en sus aguas, obteniendo a cambio dinero en efectivo. Pero el dinero ya no es suficiente. Para Rabat, la plena soberanía sobre el Sáhara Occidental es una cuestión existencial tanto como la inmigración ilegal para Madrid y Bruselas.
Y ahora qué. El actual gobierno de izquierdas de España no puede permitirse otra crisis migratoria que le dé más munición al partido de extrema derecha y antiinmigración Vox. Y la UE ha aprendido la lección después de tratar con Turquía con la crisis migratoria. La influencia de Marruecos sobre ambos asuntos significa que, para los países europeos, la búsqueda de la autodeterminación de los saharauis pasará, casi seguramente, a un segundo plano.

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