Dialogar para construir una sociedad mejor

por Enrique Lluch Frechina
La encíclica ‘Fratelli Tutti’ vino a finales del año pasado para hablarnos, entre otras cosas, del diálogo, especialmente en la política. De hecho, su capítulo sexto se titula “sobre el diálogo y la amistad social”. El punto de partida de ‘Fratelli Tutti’ es afirmar que todos somos iguales en dignidad y que la diversidad es una riqueza. Amar a quien piensa diferente a nosotros es parte de nuestra vocación como cristianos y el encuentro con el discrepante es una manera privilegiada, a través del diálogo, para la amistad social y del encuentro con quien tanto nos puede enriquecer.
Solo conversando con quienes estamos enfrentados o con quienes discrepamos, podemos construir una sociedad buena para todos. Tenemos que vivir juntos, no podemos separarnos unos de otros y vivir aislados. La sociedad es el lugar que tiene que acoger a todos, a los diferentes, a los que no piensan como nosotros, a quienes nunca serán nuestros amigos, a quienes piensan de otra manera…
Por ello es clave en la vida social potenciar “un auténtico diálogo social que supone la capacidad de respetar el punto de vista del otro aceptando la posibilidad de que encierre algunas convicciones o intereses legítimos” (203). Cuando hacemos lo contrario, cuando pensamos que nada de lo que dice el otro puede aportarnos algo positivo, alejamos toda posibilidad de diálogo, de convivencia, de escucha, de enriquecimiento mutuo.
Escuchar de una manera sincera a quien es diferente supone “la capacidad de comprender el sentido de lo que el otro dice y hace, aunque uno no pueda asumirlo como una convicción propia” (203). Desde el silencio, desde la atención, desde el anhelo de comprender al otro, establecemos esa conversación que nos puede ayudar a acercarnos a aquellas cosas que podemos sentir como verdad porque “siempre son convenientes para el buen funcionamiento de la sociedad” (212). El encuentro con el oponente nos permite conversar con él para construir una sociedad en la que quepamos todos.
Un hogar común
En lugar de construir y de educar para el debate, para la confrontación en clave de vencer entre unos y otros, ‘Fratelli Tutti’ llama a la vocación de personas que articulen el encuentro entre diferentes (225) y que edifiquen una sociedad que sea vivida como el hogar común, donde todos vivimos y convivimos en armonía.
La sociedad debe construirse como una familia donde los diferentes vivamos juntos, donde tal vez no estemos de acuerdo con todo, pero conversamos y nos encontramos en un entorno en el que nos sentimos aceptados y queridos en nuestra diferencia, “porque nuestra sociedad gana cuando cada persona, cada grupo social, se encuentra verdaderamente de casa” (230). Si construimos el bien común entre todos, conversando y escuchando al discrepante, podemos sentirnos pertenecientes a la misma sociedad a pesar de nuestras diferencias.

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