Sinodalidad “made” in CELAM

• La 38ª Asamblea, seguida de cerca por el Vaticano y el Papa, ha hecho un trabajo de mampostería dando lugar a cuatro centros pastorales ‘ad experimentum’ pilotados por laicos
El Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) ha aprobado una profunda renovación y reestructuración en correspondencia al mandato de la 37ª Asamblea General, realizada en Honduras, en 2019. Todo apunta a una revolución sinodal que insufla un nuevo kairós en el Viejo Continente, con especial resonancia en Alemania, que también ha iniciado su ruta.
La 38ª Asamblea General, celebrada entre el 18 y 21 de mayo, bajo una inédita modalidad semipresencial, “fue el punto de llegada y el punto de partida para seguir trabajando en esta proyección pastoral por un mejor servicio al pueblo de Dios y a las conferencias episcopales”, como afirmó Miguel Cabrejos, arzobispo de Trujillo (Perú) y presidente del CELAM. Una parte del equipo directivo se trasladó a Trujillo, mientras que el resto de presidentes y secretarios generales de las conferencias episcopales se conectaron vía Zoom.
En este espacio han participado 85 personas: seis cardenales, 50 obispos, un nuncio apostólico, diez presbíteros, dos religiosas, un religioso, cinco laicas y diez laicos. Tuvo un carácter deliberativo. De todo el proceso, a pesar de la pandemia, han logrado elaborar un ‘Documento de trabajo’ con el apoyo de múltiples actores, en un ejercicio de “comunión, colegialidad, eclesialidad, sinodalidad y con los oídos del corazón abiertos a escuchar lo que el Espíritu Santo está diciendo a las Iglesias”, valoró Cabrejos.
Por ello, “damos gracias a Dios; poco podríamos haber hecho sin él”. En tanto, “la nueva propuesta pastoral ha sido aprobada por la gran mayoría de los obispos presentes y eso es una gran satisfacción, pero también un gran desafío”, porque “aún lo consideramos un proceso en constante evolución”, agregó.
Además hay dos grandes tareas para el renovado CELAM: una es el acompañamiento a la Conferencia Eclesial de la Amazonía (CEAMA), y la otra, animar la Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe, ambos frutos de la apertura gradual de “una Iglesia semper reformanda, presente en la realidad pastoral mirando no solo a América Latina y el Caribe, sino a la Iglesia en otros continentes, dada la riqueza del Magisterio de las cinco Conferencias Generales del Episcopado Latinoamericano”.
Tensiones creativas
Aún cuando se han presentado ‘tensiones creativas’, Cabrejos aseguró que los principios de esta renovación y restructuración “son producto del discernimiento de un proceso ampliamente participativo, con la contribución de los presidentes de las conferencias episcopales, con religiosos/as, laicos/as e, incluso, con el Santo Padre”.
Por tanto, el CELAM sigue siendo “episcopal, como un organismo de reflexión e interacción, un organismo subsidiario que está atento a las diversas realidades continentales y responde a los desafíos pastorales en desarrollo”. A partir de ahí, ha destacado los elementos que deben estar presentes: sinodalidad, procesos, articulación, agilidad, descentralización, “al servicio del Pueblo de Dios, del Magisterio Pontificio y del Magisterio Latinoamericano”.
El trabajo de mampostería del nuevo CELAM ha quedado integrado por cuatro centros pastorales: gestión del conocimiento, acción pastoral y redes, formación (Cebitepal), y comunicaciones, que, según Cabrejos, “han de trabajar de manera articulada y transversal”.
Al respecto, José Luis Azuaje, arzobispo de Maracaibo y coordinador del Consejo del centro de programas pastorales y redes, explicó que “se busca clarificar un modo de obrar y pasar de una estructura que se había hecho pesada a una nueva estructura, donde la opción misionera, la defensa de la vida y la óptica sinodal sean los principales ejes”.
Estos centros funcionarán de manera experimental hasta 2023, cuando la Asamblea General en pleno decida ratificarlos. Por ahora “están fase de prueba y dirigidos por laicos, con un obispo presidente y un consejo sinodal de asesores, todos en calidad de interinos”. El CELAM también aspira a conformar un sistema de comunicación multilingüe, puesto que “no podemos hablar de sinodalidad sin comunicación en varios idiomas de nuestra región: portugués, francés e inglés”, informó Cabrejos.
Acompañamiento vaticano
El Vaticano ha seguido muy de cerca esta 38ª Asamblea. El cardenal Marc Ouellet, prefecto de la Congregación para los Obispos y presidente de la Pontificia Comisión para América Latina, expresó en la apertura su cercanía y ha hecho votos para que “los frutos de esta asamblea después de un tiempo de escucha y reflexión, sean signo de una Iglesia en continua conversión pastoral y misionera que crece en la vivencia y la transmisión de la fe, la esperanza y la caridad”.
Azuaje complementó al purpurado: “Este mandato se ha hecho desde la fuerza renovadora que nos ha dado el Concilio Vaticano II, donde no solo se pide una reforma de la Iglesia, sino que da las bases para realizarla”, por cuanto “estamos haciendo una reforma de estructura y de pastoral en el CELAM no para que las cosas sigan iguales, ni para que se le dé un barniz a lo que se hace; por el contrario, una reforma evangélica y misionera de la Iglesia implica procesos prolongados”.
Su homólogo en el Episcopado de Honduras, Ángel Garachana, obispo de San Pedro Sula, espera que las conferencias episcopales “conozcamos, asimilemos, socialicemos la nueva estructuración y estemos dispuestos a colaborar”. El prelado de origen español puntualiza: “Espero que el CELAM inicie una nueva etapa de esperanza y responsabilidad con un gozoso sentido de comunión y de servicio a las conferencias episcopales y a la Iglesia de Dios, que peregrina en América Latina y el Caribe”.
Todo el Pueblo de Dios
El principal desafío de esta asamblea fue ponderar la sinodalidad. Algunos temores pulularon en el ambiente. ¿Se pierde identidad episcopal? No en balde el sacerdote argentino Carlos María Galli, coordinador del equipo de reflexión teológico pastoral del CELAM, zanjó el tema: “La sinodalidad corresponde a todo el pueblo de Dios, también a sus pastores. Al mismo tiempo los pastores que pertenecen al colegio episcopal presidido por Pedro, es decir, por el Obispo de Roma, están llamados a vivir la fraternidad colegial y a enriquecer la sinodalidad desde la experiencia de la colegialidad”, puesto que “la colegialidad y la sinodalidad no son caminos paralelos, uno recubre al otro, la sinodalidad es de todos en la Iglesia, la colegialidad de todos los Obispos llamados a servir a todo el pueblo de Dios”.

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