Francisco, heredero de Pedro y de Pablo

Pikaza: «Como obispo de Roma, Francisco se sabe ‘heredero’ no sólo de Pedro, sino también de Pablo»
«Ni Juan Pablo II ni Benedicto XVI habían sido muy Papas de la Biblia. Ambos habían estado marcados por un tipo de teología ‘sistemática’, entendida a su medida. Francisco, en cambio, quiere fundarse de verdad en la Biblia»
«Los Papas de Roma se han sentido general más herederos de Pedro que de Pablo. Francisco, en cambio, ha tenía la valentía de asumir el legado de Pablo y de hacerlo como Papa»
«El hecho de que un Papa ofrezca una catequesis de Gálatas, y lo haga en línea de ecumenismo y, sobre todo, de vuelta a los orígenes, está indicando su radicalidad cristiana, en línea de teología y apertura eclesial»
«El documento más significativo de Lutero a favor de su vuelta al origen (y de su enfrentamiento con un tipo de papado) fue su comentario a la carta a los Gálatas»
Por Xabier Pikaza
Una de las noticias más importantes del pontificado de Francisco es su ciclo de catequesis sobre la Carta a los Gálatas, que comenzó en la audiencia del pasado 23 de Junio y continuó en la del día 30. Esa catequesis se inscribe dentro de su compromiso por volver al fundamento bíblico del cristianismo y de la Iglesia, con la institución del Día de la Palabra, de su diálogo con la Reforma Protestante y de la necesidad de fundar una nueva teología, que responda no sólo a la experiencia fundante de la Biblia, sino a las necesidades actuales de la Iglesia.
1. Retorno a la Escritura. Ni Juan Pablo II ni Benedicto XVI habían sido muy “papas” de la Biblia. Ambos habían estado marcados por un tipo de teología “sistemática”, entendida a su medida. Francisco, en cambio, quiere fundarse de verdad en la Biblia, y así lo muestran estas catequesis sobre la carta a los Gálatas, que ofrece, el testimonio más claro de la aportación de Pablo en el comienzo de la Iglesia, y de sus diferencias con Pedro, dentro de eso que podemos llamar la “identidad plural” de la Iglesia.
2. Heredero de Pedro, pero también de Pablo. Como obispo de Roma, Francisco se sabe “heredero” no sólo de Pedro, sino también de Pablo. Él quiere asumir por igual las dos tradiciones (petrina y paulina) que desembocaron en Roma y pienso que así quiere mostrarlo en estas catequesis. Los “papas” de Roma se han sentido general más herederos de Pedro que de Pablo. Francisco, en cambio, ha tenía la valentía de asumir el legado de Pablo y de hacerlo como Papa. La herencia de Pedro no se entiende sin la aportación, como lo muestra de un modo especial la carta a los Gálatas.
3. Iniciar un nuevo diálogo con la Reforma Protestante. Estas catequesis de Francisco se inscriben claro en el contexto de su diálogo con la Reforma, ligado de forma inseparable con la lectura de Gálatas. El documento más significativo de Lutero a favor de su vuelta al origen (y de su enfrentamiento con un tipo de papado) fue su comentario a la carta a los Gálatas, elaborado en diversas ocasiones (una primera redacción del año 1519 y otra del 1535). Francisco no quiere criticar a Lutero, ni devaluar su comentario, sino situarse a su lado, como católico y obispo de Roma, realizando algo que deberían haber hecho los papas desde hace 500 años, leyendo la carta a los Gálatas, sin muros inmutables, sin condenas previase de un modo abierto, en línea de comunión y búsqueda común (algo que han de hacer también los protestantes).
4. Una catequesis actual de Gálatas. Lo esencial sigue siendo la vuelta a Jesús, pero la comprensión cristiana de Jesús está muy vinculada a la experiencia y exégesis de Pablo. El hecho de que un Papa ofrezca una catequesis de Gálatas, y lo haga en línea de ecumenismo y, sobre todo, de vuelta a los orígenes, está indicando su radicalidad cristiana, en línea de teología y apertura eclesial. Quien entra en Gálatas sale transformado, superando un camino trillado de lugares comunes y seguridades canónicas, para resembrar la tierra de evangelio. Se trata de que cambiemos no sólo los católicos, sino también los “reformados”, se trata de que dialoguen de nuevo Pablo y Pedro, desde el originario, apelando al mismo tiempo a Juan y los sinópticos).
Con estas cuatro reflexiones invito a mis lectores a que vayan de un modo directo a las catequesis de Francisco sobre gálatas. Había pensado esperar a que se publiquen todas, y comentarlas después. Pero me ha parecido mejor que eso lo haga directamente cada lector. Lo que yo puedo aportar es una reflexión sobre la carta a los Gálatas, ofreciendo unas claves que pueden situar a los lectores ante los temas centrales, no para sustituir a las palabras del papa, sino para ofrecer espacios para ser entendidas. Así lo haré, Dios mediante, hacerlo en ocho o nueve “postales”.
1 CARTA A LOS GÁLATAS. VISIÓN DE CONJUNTO
Galacia era una zona del interior de Asia Menor donde Pablo actuó como misionero tras el Concilio de Jerusalén (año 48/49 d.C.) y de su discusión con Pedro, en Antioquía, ese mismo año 49. Los gálatas eran celtas (galos), que habían invadido parte de Asia Menor (actual Turquía) y aún no se habían helenizado plenamente, de manera que otros habitantes del entorno les consideraban semi-bárbaros, pues apenas habían aceptado la vida urbana. No se sabe si hablaban griego o si sólo lo entendían con dificultad. En su mayoría era de origen pagano, y parece que no había entre ellos sinagogas.
La misión de Pablo en Galacia debió ser la primera después del “concilio de Jerusalén” y de su enfrentamiento con Pedro, aunque no sabemos exactamente la zona donde se produjo, pues la región de Galacia podía entenderse de formas distintas (según criterios políticos, administrativos y culturales). Ciertamente, la carta a los Gálatas no es la primera, sino de las últimas cartas de Pablo (escrita en torno al 56 d.C.), pues supone no sólo una misión de Pablo en la zona (hacia el 49/50 d.C.), con otra posterior (en torno al 52 d.C.), y una contra-misión de otros grupos cristianos, de la línea de Santiago (el “hermano” de Jesús), que quisieron «completar» la obra de Pablo, diciendo a los gálatas cristianos que sólo serían plenamente judíos y cristianos si se circuncidaban.
1. Introducción. Para entender la carta a los Gálatas
1. Primera misión en Galacia. Pablo empezó proclamado el camino de Jesús (de manera autónoma, con su propio “evangelio sin ley nacional judía”) hacia el 49 d. C., en un campo virgen de judaísmo y de evangelio, de agricultores pobres. En esa tierra y gente aislada, fuera de los grandes caminos culturales de oriente, quiso iniciar Pablo su misión propia, separado de su “compañero” helenista Bernabé, alejado de Pablo. Ésta fue (tras la misión árabe de la que hablaré en la próxima postal) la más emocionante de las misiones de Pablo.
Pablo recorrió la tierra con algunos compañeros, creando comunidades conforme a su nueva visión del evangelio, poniendo de relieve estos rasgos: (a) La fe en Jesús y la esperanza de su venida. (b) El amor mutuo, la experiencia del Espíritu de Dios. (c) La libertad del evangelio, con la igualdad de todos los hombres y mujeres.
Es evidente que tuvo que hablar a los gálatas de los principios básicos de la historia de Israel y de las promesas mesiánicas (empezando desde Abrahán etc.). Pero no parece haber desarrollado el tema de la ley nacional del judaísmo ni sus implicaciones sacrales. Tuvo que ser fascinante realizar una misión independiente de la raíz judía, ofreciendo el evangelio, de manera directa, a unos paganos poco cultos y anunciándoles la culminación de la esperanza de Israel, cumplida en Cristo.
2. Contra-misión judaizante. Galacia quedaba lejos, fuera de los caminos de la expansión del judaísmo y, sin embargo (por el “interés” con que otros cristianos seguían todo lo que hacía Pablo), su misión llamó la atención de los judeo-cristianos de Jerusalén, quienes promovieron una de contra-misión, viniendo de Jerusalén, con la finalidad de vigilar, criticar y completar la tarea de Pablo, en una línea de vuelta al judaísmo. En principio, estos misioneros no querían oponerse totalmente a Pablo, ni rechazar su evangelio (su visión de Jesús), sino completar lo deficiente, diciendo a los cristianos de Galacia que había unos rasgos más hondos de evangelio, que ellos todavía no habían aprendido.
Ellos querían “perfeccionar”, por tanto, el evangelio de Pablo, convirtiéndolo en una «religión honorable», con buenos principios y ritos, una religión de “ley”, no de libertad ni igualdad, porque la libertad y la igualad son peligrosas. Por eso quisieron que los “convertidos de Pablo” se hiciera primero judíos (hombre de ley), para poder ser luego cristianos. Por eso, les decían a los gálatas que debían circuncidarse y aceptar unas normas sagradas de alimentación y de separación judías, mostrando así que la ley de Dios es anterior a la libertad cristiana.
3. Respuesta. En contra de esos judaizantes, Pablo defiende la gracia de Dios y la libertad, antes que la ley que vendrá después. De esa forma quiso crear la Iglesia de Jesús apelando en primer lugar a la libertad de los hijos de Dios, y lo hizo apoyándose también en su historia personal y en las disposiciones del llamado «Concilio de los Apóstoles», en el que Pedro había reconocido su evangelio y que el mismo Santiago de Jerusalén, hermano del Señor, le ha dado la mano y le había confiado su misión, sin tener que circuncidar a los gentiles y sin obligarles a cumplir las normas de la ley nacional judía, pues la fe en el Cristo es fuente de salvación completa (cf. Gal 1-2).
Por eso, los que decían venir de Santiago, para completar la misión de Pablo con doctrinas y ritos judíos, no eran verdaderamente hermanos, ni respetaban el «pacto» del Concilio de Jerusalén, ni conocían la historia israelita, que ha culminado cuando el Dios de Israel ha enviado a su Hijo, «nacido de mujer, nacido bajo la ley», para liberar a los que estaban sometidos a la ley (cf. Gal 4, 4). Frente a los falsos misioneros, que querían reimponer sobre los gálatas un judaísmo legal, Pablo defiende su misión, fundada en la gracia de Cristo y en la fe, sin necesidad de cumplir, sin tener que hacerse primero judíos (cf. Gal 2, 11-21).
4. Ampliación. El problema de fondo no era de tipo especulativo o religioso, en sentido dogmático, sino más bien de carácter personal y comunitario, centrado en la libertad de los creyentes y de igualdad de todos ante Cristo y ante Dios. Lo que estabaen juego, tanto aquí como en el conjunto de la misión de Pablo, es el tipo de sociedad igualitaria, fundada en la fe y confianza mutua, no en leyes nacionales, particulares, que Jesús había superado.
Si se acepta el orden nacional judío hay que asumir una sociedad de clases, donde el varón es más que la mujer (sólo el varón se circuncida), con un orden social de exclusiones (lo nos judíos quedan fuera, las mujeres por debajo). Ciertamente, como religión organizada, sacral, jerarquizada (con ritos de separación), el judaísmo es una religión más «perfecto y completo» que el mensaje de fe y vida de Cristo. Pero Pablo no quería una religión más perfecta, sino una humanidad nueva, liberada por el Dios de Jesús para la libertad, en apertura a todos los pueblos. Esa era su pasión, ése era su proyecto: Una humanidad liberada para el amor mutuo, abierta por Jesús a todos los pueblos (cf. Gal 5, 16-2).
2. Aportación básica de la carta a Gálatas
Pablo escribe su carta a los Gálatas para defender su evangelio frente a los enviados de Santiago de Jerusalén, pero sus argumentos se dirigen también (de un modo muy especial) en contra de Pedro, con quien Pablo sigue dialogando y discutiendo. Pedro parecía más prudente y quería mantener ciertos ritos de los judeo-cristianos, para crear de esa manera una Iglesia que fuera capaz de recoger algunos elementos de la ley israelita. En esa línea de Pedro (¡no de Pablo!) seguirá caminando gran parte de la iglesia posterior, como supone especialmente Mateo (cf. Mt 16, 17-19) y en otro sentido Lucas y el mismo Juan (cf. Jn 21).
1. Pedro y Pablo. Dos visiones del evangelio. Pablo no se opuso a Pedro, sino que, fundándose en el primer testimonio de Pedro, quiso llegar hasta el final del mensaje de Jesús pues, a su juicio, Jesús ha superado la ley particular judía, proclamando con su mensaje y su vida un evangelio universal, que es el mismo para judíos y gentiles (entre ellos los gálatas), para todos los pueblos, sin imponer las leyes particulares del judaísmo. Por eso se opone no sólo a los de Santiago de Jerusalén (que querían que se cumpliera toda la ley judía), sino también a los cristianos de Pedro, que quería mantener algunos elementos del judaísmo.
Ambos, Pedro y Pablo, se opusieron por la forma de entender al mismo Jesús, y lo hicieron con más fuerza al principio, y tuvieron que separarse, por bien del evangelio. Parece que Pablo suavizó después su postura como muestra la carta a los Romanos, quedando más cerca de Pedro. Así lo muestra la conducta posterior de Pedro… de manera que ambos pudieron juntarse y compartir el camino de Jesús en Roma. Así lo quieren testificar las catequesis de Francisco sobre Gálatas, en la que él quiere mostrarse como heredero y buscador, en la línea de Pablo y de Pedro. En ese sentido, la dualidad de Pedro y Pablo ha sido y es muy positiva dentro del cristianismo primitivo, en contra de cierto tipo de uniformidad que ha querido imponerse más tarde.
Muchas divisiones eclesiales posteriores han surgido porque los cristianos han tendido a olvidar esta sabiduría de la pluralidad (en la que son posibles diferencias pero en amor y solidaridad profunda, sin rupturas sociales), como muestra el hecho de que Pablo haya seguido aceptando la misión de Pedro (tanto aquí en la carta a los Galatas, como en 1-2 Corintios), y el hecho de que el “corpus” de Pablo haya sido aceptado en la iglesia petrina (como indicará la carta Segunda de Pedro). No es necesario que el mensaje de Jesús se concrete siempre de igual manera, no se puede imponer a los demás un mismo esquema de vida; la unidad de la iglesia era y es conflictiva, comunión en el diálogo, discusión leal que no rompe la fraternidad.
2. Los dos tenían razón. Es difícil (e innecesario) decir quién tenía la razón, si Pedro o Pablo. Cada uno tenía una forma de entender la autoridad y misión de la iglesia. No se pusieron de acuerdo, se separaron por un tiempo, sin romper la comunión, siendo ambos fieles al camino de Jesús. Sobre aquella disputa que el Nuevo Testamento no ha querido resolver, dando razón a uno u otro, se funda la iglesia posterior. El problema de fondo no era especulativo (teórico), ni religioso (en sentido dogmático), sino más bien de vida.
Si se acepta el orden nacional judío hay que asumir una sociedad jerarquizada, donde el varón es más que la mujer (sólo el varón se circuncida), con un orden social centrado en exclusiones (lo nos judíos quedan fuera, las mujeres por debajo). Ciertamente, como religión organizada, sacral, jerarquizada (con ritos de separación), el judeo-cristianismo de Santiago era más «perfecto y completo» que el mensaje de fe y vida de Pablo; por eso, los misioneros judeo-cristianos que quieren completar su mensaje en Galacia pueden aparecen como portadores de una religión más digna.
Pues bien, en contra de eso, Pablo y sus compañeros no quieren fundar una nueva religión, en sentido externo, sino abrir un tipo de vida liberada, un camino de fidelidad personal y amor mutuo (cf. Gal 5, 16-2). Pablo defiende así el surgimiento de una sociedad igualitaria, donde todos puedan ser uno en Cristo (Gal 3, 28), de manera que la experiencia de libertad se exprese en forma de comunidad de gracia.
3. Identidad cristiana, el mensaje fundamental de Pablo. Según eso, el intento fundamental de Pablo en la carta a los gálatas era el de mantener la comunión de todos los creyentes a través del bautismo, entendido como unión con Cristo, en el cual “ya no hay judío ni griego, varón ni mujer, señor ni esclavo, pues todos sois uno” (Gal 3, 28). Ésta ha sido su aportación máxima al movimiento cristiano: el descubrimiento y despliegue de la unidad de todos los hombres y mujeres en Cristo, que es el Hijo a quien el mismo Dios de Israel ha enviado, para liberar a los hombres del sometimiento de la ley y de otro tipo de poderes, de manera que todos puedan vivir en filiación y fraternidad.
La Ley judía (judaísmo anterior) ha sido un pedagogo, un camino de educación dirigido a la plena libertad en Cristo. Por eso, según Pablo, los que aceptan la misión de los judaizantes (judeo-cristianos) de Santiago, para “completar” así la obra de Jesús, haciendo que los gálatas se circunciden, están dando un paso hacia atrás, volviendo a una religión previa, ya superada, que pone a los hombres y mujeres bajo un tipo de estructuras sociales y sacrales que les dominan y esclavizan y que, sobre todo, les separan de los otros hombres y mujeres. Los que actúan de esa manera no están completando a Jesús, sino negándole, pues vuelven a una etapa ya pasada de la revelación de Dios.
Leída así la carta a los gálatas es una Carta-Magna de la fe cristiana. Hay otros textos esenciales en la Biblia Hebrea y, para los cristianos, en el Nuevo Testamento (Marcos y Juan…), pero la carta a los Gálatas ofrece la clave hermenéutica para entender y valorar la revelación de Dios y la experiencia de Jesús, como supo M. Lutero, al exponer en este contexto su doctrina y experiencia de justificación por la fe.
4. Un testimonio esencial del cristianismo. Pablo ha establecido en Gálatas modo ejemplar los principios de la universalidad cristiana. Frente a un imperio que une a muchos pueblos por imposición, por encima de un judaísmo legal que mantiene un tipo de orden particular por ley, el Apóstol de Jesús ha desarrollado en esta carta su principio de gracia y fe como fuente de vinculación universal por el amor de Dios que se muestra en Jesús, por el amor mutuo de los cristianos que así se vinculan en amor e igualdad unos con otros.
Pablo defiende así el surgimiento de una sociedad igualitaria, donde todos puedan ser uno en Cristo (Gal 3, 28), de manera que la experiencia de libertad se exprese en forma de comunidad gratuita e igualitaria, de hermanos, fundados y unidos por la fe en el Cristo. En esa línea, el mensaje fundamental de la carta a los gálatas será la afirmación de la libertad de todos los creyentes, una libertad que se expresa por el bautismo y se realiza en el amor mutuo.
Ésta ha sido la aportación máxima de Pablo (de su iglesia): El descubrimiento y despliegue de la unidad de todos los hombres y mujeres en Cristo, a quien el Dios de Israel ha enviado, para liberar a los hombres del sometimiento a la ley y a otro tipo de poderes, de manera que puedan vivir en filiación y fraternidad. La Ley (judaísmo anterior) ha sido por tanto un pedagogo, un camino de educación dirigido a la plena libertad en Cristo.
Por eso, según Pablo, los que aceptan la misión de esos judaizantes, que quieren “completar” la obra de Jesús, haciendo que los gálatas se circunciden, están dando un paso hacia atrás, volviendo a una religión de sometimiento, que pone a los hombres y mujeres bajo un tipo de estructuras sociales y sacrales que les dominan y esclavizan. Los que actúan de esa manera no están completando a Jesús, sino negándole, pues vuelven a una etapa ya pasada de la revelación de Dios.
De esa manera, en esta carta escrita a fieles de una zona inculta y pobre del oriente del Imperio, Pablo establece de un modo ejemplar los principios de la universalidad cristiana contra un Imperio Romano, que unía a muchos pueblos, pero lo hacía por imposición, y por encima de un judaísmo legal imponía también un tipo de ley social y religiosa sobre todos los hombres.
Nota bibliográfica
Sigue siendo básico el comentario de M. Lutero, Carta del Apóstol Pablo a los Gálatas, Clie, Terrasa 1998. Entre los comentarios modernos, cf. F. F. Bruce, Comentario a Gálatas, Clie, Terrasa 2004. E. Támez, Contra toda condena. Gálatas, DEI, San José de Costa Rica 1991; H, Schlier, La carta a los Gálatas, Sígueme, Salamanca 1975. Cf. también J. J. Bartolomé, El evangelio y su verdad. La justificación por la fe y su vivencia en común. Un estudio exegético de Gal 2,5.14, LAS, Roma 1988; R. E. Brown, Las iglesias que los apóstoles nos dejaron, Desclée de Brouwer, Bilbao 1986, 13-30; R. Cothenet, La carta a los Gálatas, Verbo Divino, Estella 1989; F. Pastor La libertad en la carta a los Gálatas, Verbo Divino, Estella 1977; T. Wiley, Pablo de Tarso y las primeras cristianas gentiles, Sígueme, Salamanca 2005.

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