Sobre la situación de Cuba

“Necesitamos cambios que ofrezcan a nuestro pueblo una vida más digna, próspera y feliz”
Ariel Suárez: “Cuba es más grande que todas sus partes y ninguna parte debe hablar y actuar por la totalidad”Suarez

El sacerdote Ariel Suárez, Secretario Adjunto de la Conferencia Episcopal Cubana, responde a las preguntas formuladas por Vatican News sobre el momento actual que vive la isla de Cuba
“Estoy convencido de que todos anhelamos vivir en paz y poder estar contentos y felices en nuestra tierra”
(Vatican News).- Primeras concesiones del gobierno cubano. Tras las fuertes protestas callejeras de los últimos días, con enfrentamientos y detenciones, el gobierno intenta frenar la ira de la población permitiendo la entrada libre de productos de primera necesidad en la isla. La disposición entrará en vigor el próximo lunes y será válida hasta el 31 de diciembre de 2021, según anunció el presidente del Gobierno, Manuel Marrero.
La entrevista al padre Ariel Suárez describe la tensa situación actual en Cuba: “construir una Patria donde todos los cubanos sintamos que podamos aportar, incluso y a partir de nuestras diferencias”.
El padre Ariel Suárez expresa sus impresiones sobre lo que se vive en la isla desde el pasado domingo, cuando se dieron manifestaciones que mostraban el descontento de una parte de la población en cuanto a la situación económica y social, que se ha visto agravada por la pandemia.
AS- El domingo se sucedieron en algunos pueblos y ciudades del país diversas manifestaciones públicas para expresar insatisfacción y pesar por la situación económica y social que se ha ido agravando en los últimos tiempos en nuestro país, por la pandemia de la Covid 19 y factores internos y externos que han hecho cada vez más dura la vida del pueblo cubano. Esta situación tan prolongada como triste ha estado reclamando, desde hace mucho tiempo, porque se produzcan cambios que ofrezcan a nuestro pueblo una vida más digna, próspera y feliz.

Algunas de esas manifestaciones tuvieron desenlaces lamentables por enfrentamientos entre los grupos de cubanos que se manifestaban y las autoridades policiales y otros grupos de cubanos que se sintieron autorizados a confrontarlos con violencia. Incluso en algunos lugares se vivieron actos de destrucción de negocios y tiendas.
Creo que hubiera sido muy importante desde el primer instante, por parte de las máximas autoridades del país, un llamamiento claro al diálogo, a la escucha recíproca entre todos los cubanos y al rechazo de toda violencia como método para solucionar los problemas de la nación.
Esa ausencia ha generado en los días sucesivos al domingo mucha angustia y tristeza en gran parte del pueblo, pues no se percibe un espíritu de sanación de lo ocurrido y de mirada esperanzadora hacia un futuro aglutinador de todos los cubanos, sino más incertidumbre y dolor, pues se han ido produciendo detenciones de personas, aumentando así las heridas en la familia cubana.
Al mismo tiempo, es alentador que otras voces con influjo dentro de la sociedad como líderes religiosos, artistas e intelectuales, han venido cada vez más insistiendo en el respeto de todas las personas, y han manifestado públicamente su deseo y compromiso para construir una Patria donde todos los cubanos sintamos que podamos aportar, incluso y a partir de nuestras diferencias.
Los obispos en el comunicado difundido hace dos días llamaban al diálogo, a no endurecer posiciones y a buscar soluciones concretas a los problemas que viven los ciudadanos. ¿Qué acciones se pueden impulsar como Iglesia y como ciudadanos para hacer posible los contenidos de ese llamado?
AS.- El comunicado de los Obispos cubanos, al estar dirigido a todos los cubanos de buena voluntad, no usa un lenguaje teológico, pero es la Revelación cristiana la base y la fuente inspiradora que lo sustenta. De ahí que, para cualquier mejora de la vida social y económica en Cuba, hay que comenzar por un cambio de mentalidad, de actitudes, que es lo que podría generar el cambio en las acciones y gestos. Eso es a lo que invita el documento episcopal, básicamente. Y para esto, la Iglesia desde los inicios, no cuenta con otra fuerza que la del Espíritu Santo, que es el que cambia los corazones.
Por eso, al contestar a su pregunta, casi que me siento interpelado para pedirme a mí y a toda la Iglesia, ponernos en oración y pedirle al Espíritu del Señor que cambie nuestros corazones. Y nos haga capaces de reconocer a cada cubano como hermano y hermana. Y nos conceda la audacia y la valentía de buscar juntos las soluciones que necesitamos, sin desacreditarnos ni excluirnos por tener posiciones y puntos de vista diversos.
En este empeño, obviamente, las autoridades del país, tienen una responsabilidad no menor. Pero igualmente algunos grupos dentro de la sociedad que tienen otros modos de concebir el modelo de Nación que les gustaría. Me duele que se consideren adversarios irreconciliables y que, en la práctica, sea imposible cualquier diálogo entre ellos, porque todos consideran que no tienen nada que hablar con los otros, sino solamente eliminarse recíprocamente. Esto es un empobrecimiento y una enfermedad del alma de un pueblo. Y solamente el Espíritu Santo puede sanar una herida tan profunda y grave.
La Iglesia no puede cansarse de recordar que necesitamos un pueblo sano y reconciliado por el amor, aunque este lenguaje sea criticado o incomprendido por aquellos que prefieran la confrontación, o les convenga para sus intereses de parte. Pero es importante destacar que Cuba es más grande que todas sus partes y que ninguna parte debe hablar y actuar por la totalidad. Y no creo equivocarme si le dijera que aquí estoy bebiendo del Magisterio del Papa Francisco en “La Alegría del Evangelio” y en “Fratelli tutti”. Y también de los padres fundadores de nuestra cultura como el padre Félix Varela y José Martí.
¿Cómo vive la población las expresiones de violencia y la muerte de un ciudadano en particular?
AS.- El pueblo cubano es naturalmente afectuoso y amistoso. La violencia y la muerte de cualquier compatriota nos entristece profundamente. También de los que han fallecido víctimas de la Covid 19 y de aquellos que se han contagiado por cuidarlos y tratar de ofrecerles alivio y salud, entre los que ha habido algunos miembros del personal sanitario.
Estoy convencido de que todos anhelamos vivir en paz y poder estar contentos y felices en nuestra tierra. No se olvide que la patrona de Cuba, tan amada por los cubanos, es la Virgen de la Caridad, que significa Virgen del Amor. Cuando falta el amor entre nosotros, no somos hijos de nuestra Madre, no somos hermanos. Y justo lo que deseamos es vivir como hermanos. Es lo que pedimos en el estribillo del canto más popular a la Virgen de la Caridad: “todos tus hijos, a ti clamamos. Virgen Mambisa, ¡que seamos hermanos!”

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