Víctor Gálvez Pérez, mártir de los DD.HH.

Víctor Gálvez Pérez fue un destacado catequista y delegado de Pastoral Educativa en la parroquia de Malacatán, San Marcos (Guatemala). Casado y padre de dos niños. Carpintero de profesión. Tenía un don extraordinario de convocatoria. Organizaba jornadas de formación con los maestros y maestras de la región, logrando concentrar a centenares de docentes.
A Víctor le animaba el ardiente deseo de que los educadores estén capacitados en valores humanos para proyectarlos a sus alumnos y alumnas. Decía: “En los maestros y maestras está el futuro de nuestro país. Ellos deben sembrar valores en la niñez y juventud, resaltando el respeto a la vida, el sentido de la justicia, la responsabilidad, la honradez, el servicio y la solidaridad”.
Deseoso de capacitarse teológicamente, se inscribió en los cursos del Diplomado en teología de la universidad Landívar, en la extensión de San Marcos en el plan de fin de semana.
Consciente de que los derechos humanos son derechos divinos, porque todo lo que se hace al servicio de la gente más vulnerable se hace con Jesucristo, colaboró con el Programa de Derechos Humanos del Obispado de San Marcos cuando Monseñor Ramazzini, hoy cardenal, era obispo de esta diócesis.
Uno de sus compromisos como delegado de derechos humanos fue la constitución del Frente de Resistencia frente a los abusos de una empresa eléctrica, perteneciente a la transnacional española Unión FENOSA. Buscaba con ello asesorar a los campesinos más pobres de las aldeas en sus problemas con la empresa eléctrica.
Denunció lo cobros exagerados por el servicio de energía eléctrica en varios municipios del departamento de San Marcos. En sus reuniones con los catequistas y conversaciones citaba con frecuencia el texto de Mateo 25,31-46. “El Cuerpo de Cristo –comentaba-, no solo está en la Eucaristía sino también en los cuerpos de nuestros hermanos y hermanas que sufren. Ahí quiere Jesús que le sirvamos”.
Como consecuencia de su coherencia evangélica se comprometió activamente en la defensa de los recursos naturales del departamento de San Marcos y emprendió una intensa actividad por la nacionalización de la energía y la expulsión de las empresas involucradas en el negocio energético.
En mayo de 2009 fue víctima de amenazas y actos de amedrentamiento en represalia a sus actividades en defensa de los derechos económicos y sociales de la población campesina. Días después fue secuestrado. Lo torturaron salvajemente y le dijeron que si no abandona el trabajo que hace, lo matarían. Lo dejan libre y cuando se reunió con sus compañeros, les dice: “Si a Jesucristo lo persiguieron, torturaron y mataron por ayudar a la gente pobre, yo voy a seguir adelante. No me echo atrás”.
El 19 de julio de 2009, cuando Víctor se encontraba junto con otros compañeros y compañeras del Frente de Resistencia programando las acciones ante los problemas generados por la empresa eléctrica, se aproximaron cuatro hombres en un vehículo, amenazándole: “Ya los conocemos a ustedes, indios asquerosos” y empezaron a propinar golpes a los miembros del Frente. Uno de aquellos desconocidos trató de disparar a Víctor sin acertar dar en el blanco. Cuando se marcharon, dijo Víctor a sus compañeros: “Si yo muero, ustedes no callen, sigan en la lucha”.
En la mañana del 24 de octubre de 2009, Víctor Gálvez participó en una asamblea de la parroquia de Malacatán. Durante la misma, realizó un análisis de la situación social de la región con una iluminación de la Palabra de Dios. Hacia el mediodía, Víctor se dirigió a la oficina de atención al público del Frente de Resistencia para prestar asesoramiento a varias familias de las aldeas.
A primeras horas de la tarde, cuando Víctor salía de la oficina, se le aproximó un vehículo del cual bajó un hombre sin identificar. Este le propinó varios disparos con un arma de grueso calibre, provocando su muerte instantánea. Víctor cayó asesinado, dejando una mujer viuda, Elisa, y dos niños huérfanos. Tenía 42 años.
La muerte de Víctor produjo una profunda indignación y consternación general. Las comunidades expresaron sus más hondos sentimientos, diciendo: “Rendiremos nuestro homenaje a Víctor siguiendo su ejemplo como luchador infatigable en la defensa de los derechos humanos”.
Víctor fue un hombre profundamente creyente, que desde su fe cristiana se comprometió en la defensa de las comunidades campesinas más empobrecidas. La fuerza de su compromiso fue el Evangelio. Víctor se mereció aquellas palabras de Jesús: “Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia porque de ellos es el reino de los Cielos”.
“Víctor cometió el pecado de sumar su tiempo y sus esfuerzos a las legítimas causas de su pueblo. Su firme convicción católica lo llevó a vivir el Evangelio, comprometiéndose a favor de la equidad, la paz que nace de la justicia, la soberanía de los pueblos y la construcción de una Guatemala justa, digna y humana, como señalaba el también mártir monseñor Juan Gerard”, proclamó un sacerdote de Malacatán. En el sepelio, uno de sus compañeros expresó: Asumimos el llamado evangélico de no temer a los que matan el cuerpo sino a los que matan el alma.
La semilla que Víctor ha sembrado con su sangre abona el campo fértil de la lucha por una nueva sociedad.
(Libro: Sangre de mártires, dieron la vida por los pobres. Fernando Bermúdez, Alfaqueque, 2020, Cieza).

Fernando Bermúdez López

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