El 3 de sept inicia online el 40 Congreso de Teología

“La economía de la exclusión y de la iniquidad mata”: el Papa Francisco y la Teología de la Liberación 

Del 3 al 5 de septiembre celebramos on line el 40 Congreso de Teología, convocado por la Asociación Española de Teólogas y Teólogos Juan XXIII, sobre “El neoliberalismo mata. No se puede servir a Dios y al dinero” 

Por primera vez el título está inspirado en el texto de un Papa, en este caso en la contundente afirmación del Papa Francisco en la Exhortación Apostólica La alegría del Evangelio 

01.09.2021 Juan José Tamayo 

Del 3 al 5 de septiembre celebramos on line el 40 Congreso de Teología, convocado por la Asociación Española de Teólogas y Teólogos Juan XXIII, sobre “El neoliberalismo mata. No se puede servir a Dios y al dinero”.  Por primera vez el título está inspirado en el texto de un Papa, en este caso en la contundente afirmación del Papa Francisco en la Exhortación Apostólica La alegría del Evangelio, de 2013: “Así como el mandamiento de ‘no matar’ pone un límite claro para asegurar el valor de la vida humana, hoy tenemos que decir ‘no a una economía de la exclusión y de la inequidad’. Esa economía mata (subrayado mío). 

Es esta afirmación la que da pie a la presente reflexión sobre el Papa Francisco y la Teología de la Liberación (TL). 

Desde su elección se está produciendo un cambio de paradigma en la Iglesia católica, que implica también un cambio de actitud ante la TL: del anatema de los pontificados anteriores al diálogo del actual, del silenciamiento a la escucha, del ocultamiento a la visibilidad, del alejamiento a la proximidad. Varios han sido los gestos de acercamiento. Poco después de ser elegido papa, Francisco recibió a Gustavo Gutiérrez en audiencia privada. L’ Osservattore Romano publicó un artículo suyo muy crítico con el neoliberalismo. 

El teólogo peruano intervino como orador principal en la presentación del libro Pobre para los pobres. La misión de la Iglesia, escrito en coautoría con el cardenal Gerhard Muller y prologado por el papa Francisco,junto con Müller, el cardenal hondureño Oscar Rodríguez Maradiaga y el entonces portavoz del Vaticano Federico Lombardi. Otro gesto de acercamiento de Francisco al cristianismo liberador en América Latina fue el levantamiento de la suspensión a divinis que pesaba sobre el religioso de Maryknoll Miguel d´ Escoto desde que fuera ministro de Asuntos Exteriores del Gobierno sandinista de Nicaragua presidido por Daniel Ortega en la década de los 80 del siglo pasado. Unos años después levantó al poeta y sacerdote nicaragüense Ernesto Cardenal la suspensión a divinis que le había impuesto Juan Pablo II, tras la humillación de que fue objeto en el aeropuerto de Managua en 1983. 

La crítica del papa al capitalismo, su teología del bien común y de la solidaridad y su propuesta de “Iglesia pobre y de los pobres” van en la dirección, o mejor, se inspiran en la TL. Más aún, creo que sus documentos constituyen un ejercicio práctico de TL. Un ejemplo es la citada Exhortación Apostólica La alegría del Evangelio (Francisco, 2013), que hace la más severa crítica papal contra el neoliberalismo, en continuidad con las tradiciones anti-idolátricas de ayer y de hoy: de ayer, los profetas de Israel, Jesús de Nazaret y los movimientos proféticos y utópicos medievales; de hoy, los Foros Sociales Mundiales, los movimientos alter-globalizadores y los Indignados, sin espiritualismos, ni trascendentalismos, ni evasiones de la realidad. Estamos ante un texto revolucionariamente inusual en la doctrina social de la Iglesia. 

            La metodología que utiliza es la de la TL: análisis de la realidad, desafíos, reflexión teológica desde una hermenéutica liberadora de los textos bíblicos, juicio ético e invitación a la praxis. 

 Análisis de la realidad 

El análisis que hace de la realidad no es ingenuo, ni idealista, sino dialéctico. Constata la negatividad de la historia, pero también las potencialidades del ser humano por revertir la realidad injusta. Denuncia “la globalización de la indiferencia” que nos vuelve “incapaces de compadecernos ante los clamores de los otros” y de llorar “ante el drama de los demás”; la “anestesia de la cultura del bienestar” y la consideración de los excluidos por parte de los mercados como “desechos” y población sobrante. “La mayoría de los hombres y mujeres de nuestro tiempo –afirma- vive precariamente el día a día, con consecuencias funestas” (n. 32). 

            Interpreta la crisis como resultado de un capitalismo salvaje dominado por la lógica del beneficio a cualquier precio y pronuncia cuatronoes, que deberían hacer templar al sistema: “no a una economía de la exclusión y la inequidad”; “no a la nueva idolatría del dinero”; “no a un dinero que gobierna en lugar de servir: “no a la inequidad que genera violencia”. 

Economía de la exclusión y de inequidad (nn. 53-54). Dicha economía considera al ser humano como bien de consumo, de usar y tirar, y da lugar a la cultura del “descarte”, hasta el punto de que cada vez más personas y grupos humanos son excluidos, expulsados de la sociedad. La consecuencia es que “grandes masas de la población se ven excluidas y marginadas: sin trabajo, sin horizontes, sin salida”. Y una consecuencia peor: la economía de la exclusión y la inequidad “mata”. 

Nueva idolatría del dinero (nn. 55-56). El dinero predomina sobre nosotros y nuestras sociedades con la consiguiente negación de la primacía del ser humano. Lo que demuestra que estamos ante una profunda crisis antropológica y ante una nueva idolatría, que se manifiesta en el fetichismo del dinero y la dictadura de la economía sin rostro ni objetivo humano, que lleva al crecimiento exponencial de las ganancias de unos pocos y a la exclusión de la mayoría del bienestar. Todo queda sometido a “los intereses del mercado divinizado, convertidos en regla absoluta” (n. 56) 

            En la base de ese desequilibrio intervienen los siguientes factores: la consideración del ser humano como ser consumista; la ideología que defiende la autonomía absoluta de los mercados (dictadura económica); la especulación financiera y la imposición de una tiranía invisible que impone sus reglas implacablemente. (n. 56). El resultado es una deuda y unos intereses que anula el poder adquisitivo de la ciudadanía, la evasión fiscal y la corrupción ramificada. 

El dinero no sirve, sino que gobierna el mundo(nn. 57-58). En la base está el rechazo de la ética y de Dios, afirma Francisco. El mercado considera la ética algo contraproducente, ya que relativiza el poder y el dinero, y constituye una amenaza, ya que condena la manipulación y la degradación de la persona. La ética, recuerda Francisco, lleva a compartir: “no compartir con los pobres los propios bienes es robarles y quitarles la vida. No son nuestros los bienes que tenemos, sino suyos” (Juan Crisóstomo). La Exhortación pastoral llama a que la economía y las finanzas se rijan por una ética en favor del ser humano”. “¡El dinero debe servir y no gobernar!” (n. 58). La idolatría del dinero excluye del horizonte económico a Dios, tenido por peligroso porque es inmanipulable e incontrolable por el mercado. Eso explica su rechazo.  

La inequidad genera violencia (nn. 59-60). Suele acusarse a los pueblos pobres de ser los causantes de la violencia, cuando en realidad es la inequidad la que está en la raíz de la violencia y el sistema que es un injusto en su raíz. La injusticia, que es el mal consentido, se expande dañinamente y socava las bases de todo sistema político y social. El mal enquistado en las estructuras tiene un fuerte potencial de muerte y disolución (n. 59). Critica la teoría del fin de la historia del ideólogo norteamericano del capitalismo, Francisc Fukuyama, ya que, a el juicio de Francisco, estamos muy lejos de las condiciones de un desarrollo sostenible y en paz. 

Nuevas formas de pobreza y de vulnerabilidades humanas (nn. 210 ss). Francisco se refiere a las personas sin techo, tóxicodependientes, refugiados, pueblos indígenas, migrantes, trata de personas, mujeres doblemente pobres, niños por nacer, los más indefensos e inocentes, la creación entera (n. 213). 

Desafíos 

            Los principales desafíos a los que nos enfrentamos son (nn. 63-67): la cultura de la apariencia, de lo superficial, de lo provisional; el deterioro de las raíces culturales y la falta de respeto de la fisonomía cultural de los pueblos del Sur por mor de una globalización culturalmente uniformadora impuesta por el Norte; la proliferación de los nuevos movimientos religiosos, algunos con tendencia al fundamentalismo; la  reducción de la Iglesia al ámbito privado; la superficialidad en el planteamiento de las cuestiones morales; la profunda crisis cultural de la familia; el individualismo posmoderno y globalizado, que afecta a todas las culturas y cosmovisiones, debilita los vínculos sociales y desnaturaliza los vínculos familiares. La alternativa es una educación crítica y en valores

Francisco se refiere también a los desafíos de la inculturación de la fe (nn. 68-80), en  cuya respuesta sigue la hoy superada teoría de las “semillas del Verbo” y propone la necesidad de evangelizar las culturas para inculturar el Evangelio y purificar y madurar las culturas y los grupos sociales (n. 69); fomentar y acompañar la riqueza existente en los pueblos de tradición católica; procurar nuevos procesos de evangelización de la cultura en los pueblos de otras tradiciones religiosas o secularizados; sanar ciertas debilidades de las culturas populares de pueblos católicos: alcoholismo, machismo, violencia doméstica, creencias fatalistas y supersticiosas con recurso a la brujería, cuyo mejor punto de partida para su sanación es la piedad popular. 

            La parte dedicada a la inculturación de la fe es, a mi  juicio, la más débil y discutible porque responde a una concepción cristiano-céntrica de la fe, que es corregida, en buena medida, por el planteamiento más inter-cultural e interreligioso que hace en otros apartados de la Exhortación pastoral ( nn. 115, 131,  250-254). 

Reflexión teológica y juicio ético 

            La reflexión teológica está muy en sintonía con la TL y se articula en torno a la opción por los pobres (198 ss), que es una categoría teológica antes que sociológica, cultural filosófica o política, y de la que ofrece una sólida fundamentación bíblica, basada en el Éxodo, los Profetas y Jesús de Nazaret. Existe un vínculo inseparable entre la fe y los pobres, a quienes nunca podemos dejar solos,  la confesión de la fe y el compromiso social, la evangelización y la promoción integral. La consecuencia de dicho vínculo es el compromiso de los cristianos en la construcción de un mundo mejor. Esto exige no relegar la religión al ámbito privado, sin influencia social, sino activar las dimensiones liberadoras en el espacio público y en todas las esferas de la existencia humana, sin caer en la confesionalización de la realidad. 

El juicio ético de Francisco es contundente: “el sistema social y económico es injusto en su raíz” (n. 59); la crisis es el resultado de un capitalismo salvaje dominado por la lógica del beneficio a cualquier precio; “la iniquidad es raíz de los males sociales” (n. 202) y genera violencia. 

            La Exhortación coloca en el centro de su mensaje las palabras que molestan al sistema neoliberal: ética, solidaridad mundial, distribución de bienes, preservación de las fuentes del trabajo, dignidad de los débiles, Dios que exige un compromiso con la justicia (nn. 188-190, 203). La dignidad de la persona y el bien común son los criterios que  deben estructurar la vida económica. Especial importancia concede a la palabra “solidaridad” que corre el riesgo de ser eliminada del diccionario y que, para los mercados, es “una palabra incómoda, casi una palabrota”. Para Francisco, la solidaridad: 

– “Es mucho más que algunos actos esporádicos de generosidad”. 

            – “Supone crear una nueva mentalidad que piense en términos de comunidad, de prioridad de la vida de todos sobre la apropiación de los bienes por parte de algunos” (n. 188). 

            – Es “una reacción espontánea de quien reconoce la función social de la propiedad y el destino universal de los bienes como realidades anteriores a la propiedad privada”. La única justificación de la propiedad privada de los bienes es cuidarlos y acrecentarlos para un servicio mejor al bien común (n. 189). 

            – Es la decisión de devolver a los pobres lo que les pertenece. 

            Francisco critica la utilización de los derechos humanos como justificación para la defensa exacerbada de los derechos individuales o, peor todavía, de los derechos de los pueblos más ricos. 

2.4. Propuestas 

            La respuesta al problema de la pobreza en el mundo exige como condiciones necesarias: 

-entender y aplicar la economía como “el arte de alcanzar una adecuada administración de la casa común, que es el mundo entero” (n. 206). 

            – interacción y actuación coordinada de todos los gobiernos en favor del bien común. Cada vez son más difíciles las soluciones locales porque las contradicciones son globales. 

            -No confiar en las fuerzas ciegas y en la mano invisible del mercado. 

            -Atacar las causas estructurales de la inequidad. 

            – Renunciar a la autonomía absoluta de los mercados

  – Crecimiento en equidad, que no se reduce al crecimiento económico, sino que  requiere decisiones, programas, mecanismos y procesos específicamente orientados a una mejor distribución del ingreso, creación de fuentes de trabajo y promoción integral de los pobres”, que vaya más allá del asistencialismo. 

La Exhortación fundamenta las anteriores propuestas en una serie de principios para para construir un mundo en paz, justicia y fraternidad (221 ss): 

  1. a) Superioridad del tiempo sobre el espacio: trabajar a largo plazo, privilegiar los tiempos de los procesos sobre los espacios de poder, tener convicciones claras y tenacidad, frente a la ansiedad. 
  1. b) Prevalencia de la unidad sobre el conflicto: no esquivar el conflicto, sino asumirlo, sin instalarse en él; resolverlo y transformarlo en eslabón de un nuevo proceso; superar el conflicto en una nueva síntesis; trabajo por la paz; pacto cultural, que consiste en armonizar las diversidades, hasta dar con una diversidad reconciliada 
  1. c) Conceder mayor importancia a la realidad que a la idea: no disociación, sino diálogo constante entre la realidad y la idea; la realidad debe estar iluminada por la razón. 
  1. d) Superioridad del todo sobre la parte. 
  1. e) Compaginar lo global y lo local: glocalización 

.           f) Trabajar en lo cercano, pero con una perspectiva más amplia. El modelo a tener presente es el poliedro, figura geométrica en la que confluyen todas las parcialidades. 

            Los peligros a evitar son los siguientes: el ocultamiento de la realidad, los purismos angelicales, la absolutización de lo relativo, el nominalismo declarativo, el intelectualismo; el universalismo abstracto y globalizante y el folklorismo de ermitaños localistas. 

El texto es una reelaboración del capítulo que dedico a la teología de la liberación en mi libro Teologías del Sur. El giro descolonizador (Trotta, 2021, 2ª ed,) 

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