Francisco clausura el Congreso Eucarístico junto con el Patriarca Bartolomé

«No nos resignemos a una fe que vive de ritos y de repeticiones, abrámonos a la novedad escandalosa de Dios, Pan partido para dar vida al mundo» 

Francisco, ante miles de fieles en Budapest 

«Podemos añadir mucha ceremonia, pero el Señor permanece allí, en la sencillez de un Pan que se deja partir, distribuir y  comer. Para salvarnos, se hace siervo; para darnos vida, muere. Nos hace bien dejarnos desconcertar por  el anuncio de Jesús». Toda una lección de teología 

El Papa advirtió del «riesgo de anunciar un falso mesianismo, un mesianismo según los hombres y no según Dios (…). A nosotros nos gustaría un mesías potente en vez de un siervo crucificado» 

«La cruz no está nunca de moda, ni hoy ni en el pasado. Pero sana por dentro» 

«Dejemos que Jesús, Pan vivo, sane nuestras cerrazones y nos abra al compartir, nos cure de las rigideces y del encerrarnos en nosotros mismos, nos libere de las  esclavitudes paralizantes de defender nuestra imagen, nos inspire a seguirlo adonde Él quiera  conducirnos» 

12.09.2021 Jesús Bastante 

Primer acto multitudinario del Papa en su viaje a Budapest. Francisco clausura el Congreso Eucarístico Internacional con una misa en la Plaza de los Héroes, la más grande y representativa de la capital. Allí, junto al patriarca Bartolomé, quien quiso hacerse presente junto al Papa, Bergoglio presidió la Eucaristía de cierre del simposio. Un nuevo ejemplo de ecumenismo real, que une a los dos líderes en torno al milagro del Dios hecho Pan partido y compartido. 

En su homilía, Francisco se refirió a la pregunta de Jesús a sus discípulos: «Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?», para apuntar que hoy, como entonces, debemos hacernos cada uno de nosotros y que «no pide sólo una respuesta correcta, de catecismo, sino una  respuesta personal, de vida».   

De esta respuesta nace la renovación del discipulado, señaló el Papa, con tres pasos: el anuncio de Jesús, el  discernimiento con Jesús y el camino en pos de Jesús.   

En primer lugar, el anuncio. En este punto, Bergoglio señaló que aunque Pedro dió la respuesta exacta, Jesús les ordenó que no dijeran nada a nadie. «¿Por qué una prohibición tan categórica?» se preguntó. «Por una razón precisa, decir que Jesús es el Cristo, el Mesías, es exacto pero incompleto». 

Contra el falso mesianismo 

En este punto, el Papa advirtió del «riesgo de anunciar un falso mesianismo, un mesianismo según los hombres y no según Dios». Jesús lo demostró, mostrando desde ese instante «su identidad», que culminaría «en la gloria de la resurrección, pero pasando a través de la  humillación de la cruz» 

«Ante este anuncio de Jesús, anuncio desconcertante, también nosotros podemos quedar  asombrados», porque » a nosotros nos gustaría un mesías potente en vez de un siervo crucificado». De ahí la importancia de la Eucaristía, para «recordarnos quién es Dios (…) Pan partido, como Amor crucificado y entregado«. 

Para darnos vida, muere 

«Podemos añadir mucha ceremonia, pero el Señor permanece allí, en la sencillez de un Pan que se deja partir, distribuir y  comer. Para salvarnos, se hace siervo; para darnos vida, muere. Nos hace bien dejarnos desconcertar por  el anuncio de Jesús». Toda una lección de Teología, en apenas una frase. 

Y aquí se abre el segundo paso, el del discernimiento. «Frente al anuncio del Señor, la reacción de Pedro es típicamente  humana. Cuando se perfila la cruz, la perspectiva del dolor, el hombre se rebela. Y Pedro, después de  haber confesado el mesianismo de Jesús, se escandaliza de las palabras del Maestro e intenta disuadirlo de  que continúe por su camino». 

¿Por qué? Porque «la cruz no está nunca de moda, ni hoy ni en el pasado. Pero sana por dentro». Aunque existe una lucha interior. «Por un lado, está la lógica de Dios, que es la del amor humilde», y es que «el camino de Dios rehúye cualquier imposición, ostentación y triunfalismo,  está siempre dirigido al bien del otro, hasta el sacrificio de sí mismo». 

Pero, por el otro lado, está «pensar como piensan los hombres, que es la lógica del mundo, apegada al honor y a los privilegios, encaminada al  prestigio y al éxito», advirtió el Papa. Le pasó hasta a Pedro, y «nos puede pasar también a nosotros que llevemos ‘aparte’ al Señor, que lo pongamos en un rincón del  corazón, que continuemos sintiéndonos religiosos y buenos y sigamos adelante por nuestro camino sin  dejarnos conquistar por la lógica de Jesús«. 

Francisco y el patriarca Bartolomé, en la plaza de los Héroes 

Jesús no nos abandona. «La diferencia crucial es entre el verdadero  Dios y el dios de nuestro yo. ¡Qué lejos está Aquel que reina en silencio sobre la cruz, del falso dios que  quisiéramos que reinase con la fuerza y redujese al silencio a nuestros enemigos! ¡Qué distinto es Cristo, que se propone sólo con amor, de los mesías potentes y triunfadores, adulados por el mundo!», recordó Francisco. 

«Jesús nos sacude» 

Y es que «Jesús nos sacude, no se conforma con las declaraciones de fe, nos pide purificar nuestra religiosidad ante su cruz, ante la Eucaristía», señaló, pidiendo dedicar tiempo a la adoración. «Dejemos que Jesús, Pan vivo, sane nuestras cerrazones y nos  abra al compartir, nos cure de las rigideces y del encerrarnos en nosotros mismos, nos libere de las  esclavitudes paralizantes de defender nuestra imagen, nos inspire a seguirlo adonde Él quiera  conducirnos». 

Finamente, el tercer paso, ponerse en camino en pos de Jesús. «¡Apártate de mí, Satanás!», le espetó el Maestro a Pedro. «El camino cristiano no es  una búsqueda del éxito, sino que comienza con un paso hacia atrás, con un descentramiento liberador, con el quitarse uno del centro de la vida. Es entonces cuando Pedro reconoce que el centro no es su Jesús,  sino el verdadero Jesús». 

Francisco, en Budapest 

La novedad escandalosa de Dios crucificado y resucitado 

Y, ¿qué quiere decir caminar en pos de Jesús? «Es ir adelante por la vida con su misma confianza, la  de ser hijos amados de Dios. Es recorrer el mismo camino del Maestro, que vino a servir y no a ser  servido (…). Es dirigir cada día nuestros pasos al encuentro del hermano». 

«Queridos hermanos y hermanas,  dejemos que el encuentro con Jesús en la Eucaristía nos transforme, como transformó a los grandes y  valientes santos que ustedes veneran, pienso en san Esteban y santa Isabel. Como ellos, no nos contentemos con poco, no nos resignemos a una fe que vive de ritos y de repeticiones, abrámonos a la novedad escandalosa de Dios crucificado y resucitado, Pan partido para dar vida al mundo. Entonces viviremos en la alegría; y llevaremos alegría», finalizó, retornando a la pregunta inicial. «Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?» 

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