La Merced y el Papa Francisco: un camino de redención

El Papa, en la cárcel 

Hoy, 24.8.21, día de la Merced, completo y culmino la reflexión de ayer sobre “el gozo de la redención”. Esta la aportación que un día como éste puedo ofrecer a mis hermanos y amigos mercedarios/as, y a los devotos de la Virgen de la Merced, presentando algunos aspectos del magisterio del Papa Francisco sobre el tema. 

          Vuelvo así sobre motivos que desarrollé hace treinta años sobre el Carisma Mercedario. Me apoyaba entonces, como era de esperar, en el magisterio de Juan Pablo II en una serie de encíclicas significativas sobre el tema: Redemptoris Mater (La Madre del Redentor, 1987)  Redemptoris Missio (Misión redentora, 1990). 

            No puedo aquí comparar la teología y proyecto redentor de Iglesia de Juan Pablo II con el pensamiento y modelo de iglesia redentora del Papa Francisco. Son dos visiones de conjunto, dos teologías…Sólo me detengo ahora en la del Papa Francisco, sistemáticamente menos elaborada que la de Juan Pablo II, pero, a mi juicio, más bíblica, más histórica yprofunda, más cercana a lo que los mercedarios han sentido y vivido a lo largo de ocho siglos. 

            Con esta certeza les saludo en este día de fiesta de la Merced Redentora. Desarrollo el tema, en la línea de ayer, destacando tres motivos: (1) Ni pelagianismo ni espiritualismo puro, retorno al amor liberador integral. (2) Volver a San Pablo, la libertad según la carta a los Gálatas. (3) Una libertad y redención ecuménica: Volver al principio de Abraham, con judíos y musulmanes. (4) Una “aplicación histórica”: Ante el riesgo de los nuevos “holocaustos”, el ejemplo de Armenia 

23.09.2021 Adolfo Sillóniz , Xabier Pikaza 

1.Ni pelagianismo ni espiritualismo puro. Amor liberador integral 

Al Papa Francisco le acusaban de “poca” teología, como si fuera ignorante y menos serio, en comparación con Benedicto XVI, un gigante intelectual de la identidad dogmática cristiana. Ciertamente, Benedicto XVI ha sido “teólogo”. Francisco es un simple cristiano. Pero a veces, un simple cristiano, a ras de tierra, encarnado en los problemas del mundo, con el impulso de Jesús, sabe más de buena teología que todos los teólogos. 

            Eso le pasó a Francisco de Asís, que fue inspirador de los grandes teólogos franciscanos del siglo XIII y XIV. Eso mismo le pasa al Papa Francisco, como muestra el documento sobre los dos riesgos de la teología (gnosis y pelagianismo), tal como aparecen destacados en un documento publicado a través de la Congregación para la Doctrina de la Fe, titulado Placut Deo (Quiso Dios…). (cf. https://press.vatican.va. /2018/03/01/plac.html). 

            Le escribí al Prefecto de la Congregación, Card. Luis Ladaria, antiguo colega de la Facultad de Teología, firmante oficial del documento, con la autorización del Papa Francisco, haciéndola algunas preguntas sobre el origen y contenido de ese documento, y terminaba felicitándole como si él fuera su autor, y me respondió:  

              Querido Xabier. Gracias por tu mensaje y por lo elogios que dedicas a “Placuit Deo”. El texto es breve, pero nos ha llevado mucho trabajo. De todas maneras, sobrevaloras mis méritos. Muchas manos han trabajado en la redacción y no han sido las mías las que más parte han tenido en el resultado final (sino las del Papa Francisco, cuya teología hemos querido presentar). Gracias a Dios tenemos muy buenos colaboradores que se prestan a ese trabajo oculto. Es muy de agradecer. Que sigas adelante tú también con tu trabajo, más creativo que el mío, ciertamente. Pero cada uno tiene que hacer lo que le toca. Muchísimas gracias de nuevo y un abrazo, Luis (Correo del 4 marzo 2018). 

             La teología de Placuit Deo es, a mi juicio, la más honda del Papa Francisco, y éstas son sus dos ideas fundamentales: (a) Por una parte es necesaria la oración, la espiritualidad, pero sin caer en un tipo de gnosis de pura contemplación cerrada en sí misma. (b) Por otra parte es necesaria la acción redentora externa, pero sin caer en un activismo de tipo puramente político o económico. En esta línea quiere el Papa Francisco que “trabaje” la Congregación para la Doctrina de la fe, de manera que, en vez de condenar o amonestar a los teólogos, como antes hacía, les anime y ayude a pensar e impulsar la vida de la iglesia, poniendo de relieve los dos riesgos de un tipo espiritualismo y sociedad actual: 

— Francisco va en contra de una gnosis espiritualista, que busca la salvación fuera de la «carne» (humanidad) concreta, dejando a los pueblos y personas en manos de un puro capitalismo industrial y comercial, poniendo así en riesgo la misma vida de los hombres en el mundo. No basta con rezar para que el mundo se salve y para que los cautivos sean redimidos, sino que, con la oración, es necesaria una acción de ayuda liberadora muy concreta, como la de Pedro Nolasco y sus primeros compañeros. 

— Francisco va en contra de un pelagianismo activista, que quiere alcanzar la salvación por medio unas obras y acciones puramente externas, como aquellas que algunos adversarios (entre ellos ciertos discípulos de san Agustín) le atribuían a un monje ingles llamado Pelagio. Éste es el riesgo del puro activismo, de la pura “renta per cápita”, pero sin alma, el riesgo del enriquecimiento de algunos, pero sin verdadera solidaridad, sin gratuidad, sin comunión con los pobres.   

             No basta una oración separada de la vida (sin relación con el pan, el perdón, la libertad del Padrenuestro). Pero tampoco basta un activismo, que termina en el enriquecimiento de los más ricos y la opresión más intensa de los pobres. Una sociedad más rica no es más justa sin más. Un enriquecimiento sin humanidad, sin servicio a los pobres, sin transformación social desde los oprimidos y cautivos, termina siendo destructor. 

            Así lo ha mostrado esto documento, que es uno de los más importantes de los últimos decenios de la Iglesia. Es breve, pero sustancial. Es claro, parece sencillo (poco pretencioso) y, sin embargo, plantea y resuelve con gran precisión, sin acusaciones importunas ni proposiciones pomposas, uno de los temas centrales de la sociedad y de la Iglesia.   

             Al plantear así el tema de la oposición y complementariedad entre gnosis y pelagianismo, Francisco está rindiendo un gran servicio no sólo a la Iglesia, sino a la vida y esperanza de los hombres, según el evangelio, y en esa línea debemos profundizar todos, y de un modo especial los mercedarios, elaborando una teología y práctica de liberación que apela, por un lado, a san Ireneo (en contra de una gnosis separa de la carne, pues la carne, la vida real es la clave de la salvación: Caro cardo salutis) y acude, por otro, a San Agustín (pues una obras humanas, e incluso unas conquistas técnicas, tomadas en sí mismas, separadas del amor mutuo, de la gratuidad, pueden ser destructoras). En la línea de ese documento se puede plantear el sentido de la teología y obra mercedaria, conforme a la intención del Papa Francisco:  

  1. Hay que precisar la relación entre Gnosis intimista y Transformación social, conforme a la visión del Nuevo Testamento y del cristianismo primitivo que opone (¡vincula!) una tendencia gnóstica (Evangelio de Juan, Evangelio Apócrifo de Tomás) y otra más apocalíptica (que aparece en Mc 13, 1 Tes 4, l1 Cor 15 y en ApJn). El buen planteamiento de esta oposición ayuda a entender y potenciar algunos temas medulares de Francisco, desde Laudato Sí (2015) a Fratelli tutti (2020). Se trata, pues, de establecer una redención “integral”, personal y social, espiritual y carnal, como quería San Pedro Nolasco, que oraba liberando, y liberaba orando. 
  1. Hay que replantear la relación entre fe y obras, pues ella nos sitúa en el centro de la teología de San Pablo, vinculada al encuentro personal con Dios, a la justificación de los pecadores y a la libertad radical de todos los creyentes, conforme al programa de Gal 3, 28: Ya no hay judíos y griegos, hombres y mujeres, amos y esclavos, libres y cautivos… pues todos somos hermanos, unidos en Cristo. Así lo ha querido destacar Francisco al insistir en la “celebración” de los 500 años de la Reforma Protestante (iniciada por Lutero el 1517). Aquí se está jugando no sólo la relación entre catolicismo y protestantismo, sino el futuro de la Iglesia y de la Humanidad. Aquí se plantea el mayor riesgo de una humanidad que quiere hacer a Dios a la medida de su egoísmo violento. 
  1. Retornar el evangelio como buena noticia a los pobres… (Lc 4, 17-18). La problemática planteada por la oposición entre gnosis y pelagianismo ha de resolverse volviendo a la opción radical de Jesús, que no es sólo evangelizar a los pobres, sino dejar «que los pobres nos evangelicen», en la línea de la primera misión cristiana según Mc 6, 1-6, Mt 10, 2-15 y paralelos. Ese retorno traza el sentido de la evangelización, que es nueva «en su ardor, sus métodos y su expresión» (Juan Pablo II, Discurso de Puerto Príncipe, 9-3-1983), pero sobre todo en su contenido, volviendo a la raíz del evangelio de Jesús, que cura a los enfermos, que libera a los “poseídos por el Diablo” (que eran y son los cautivos, bajo el poder del dinero y del dominio material y social de los prepotentes).  

Aquí se encuentra, a mi juicio, la mayor riqueza del documento sobre los riesgos de la gnosis y el pelagianismo, y de la teología católica, tal como de Francisco la ha ratificado en su Motu proprio Aperuit illis (cf. http://www.vatican.va/ 2019.09.30), instituyendo el Domingo de la Palabra de Dios y el Año Santo de la Biblia (instaurado el año 2020). De esa forma se expresa la mayor riqueza de la teología (antropología) cristiana y del compromiso creyente de la iglesia, por encima (más allá) de sus riesgos principales (gnosis y pelagianismo), un tema que yo mismo he querido desarrollar, partiendo de la teología del Papa Francisco, en Dios o el dinero. Teología y economía (Sal Terrae, Santander 2019). 

            Ciertamente, el Papa Francisco no es un teólogo profesional, como era Benedicto XVI, pero, a mi juicio, su teología se encuentra mucho mejor fundada, pues se funda en la raíz del evangelio y no en tradiciones a veces menos significativas. 

 2.Volver a San Pablo.Catequesis sobre la Carta a los Gálatas 

Las constituciones mercedarias del año 1272 interpretan el origen, sentido y desarrollo de la Orden a la luz de toda la teología bíblica y, en especial, a la luz de la Carta de Pablo a los Gálatas. Así empiezan diciendo: 

 Como Dios, Padre de misericordia y Dios de toda consolación, y dador de aliento en toda consolación, por su gran misericordia envió a su Hijo a este mundo, para visitar a todo el linaje humano que en este mundo estaba como en cárcel, cautivo en poder del Diablo y del Infierno… (Así) el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo…, determinaron por su gran misericordia y su gran piedad, fundar y establecer esta Orden, llamada Orden de la Virgen María de la Merced… 

 Este pasaje se inspira en la 2ª carta a los Corintios, pero especialmente en la carta a los Gálatas: “Cuando éramos menores estábamos esclavizados bajo los elementos de este mundo. Pero cuando llegó la plenitud de los tiempos envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley, para liberar a los que estaban bajo la ley…. Por tanto, ya no eres esclavo sino hijo, y si eres hijo eres también heredero por Dios” (Gal 4,3-7). 

Este pasaje nos sitúa en el centro de la teología y acción mercedaria. Toda la vida del hombre en este mundo viejo aparece definida como servidumbre (douleia): Nos esclaviza el mundo, la ley nos hace siervos, unos hombres dominan a los otros, muchas religiones e ideología justifican la opresión de los pobres. En ese contexto de sometimiento, los hombres aparecen divididos en una lucha en la que se oponen varones y mujeres, judíos y griegos, esclavos y libres (Gal 3,28). Pues bien, para superar esa esclavitud y cautiverio general de la humanidad ha enviado la Trinidad al mismo hijo de Dios, que es Jesús. De un modo semejante la misma Trinidad ha enviado a San Pedro Nolasco y a los mercedarios para liberar a los nuevos cautivos, sometidos bajo el poder espiritual, social, económico de otros. 

En esa línea, de un modo muy significativo, el Papa Francisco ha iniciado hace unos meses (23.06.2021) una serie de catequesis sobre la Carta a los Gálatas que nos introducen en el centro de la teología y obra de la Merced (https://www.vatican.va20210623). Esas catequesis, lo mismo que el conjunto del Magisterio del Papa, se inscriben en el contexto de su compromiso por volver al fundamento bíblico del cristianismo y de la Iglesia, tal como lo formuló el mismo Papa al instituir el Día de la Palabra (cf. Aperuit Illis, 30.09.2019). De esa forma, él ha querido que volvamos al principio de la Palabra de Dios, al mensaje originario de la Biblia, en sentido social y espiritual 

Esas catequesis han de entenderse además desde su deseo de dialogar con la Reforma Protestante de Lutero, ahora que se celebran los quinientos años de su iniciación (a partir del 1517). El Papa quiere ofrecer de esa manera las bases de una teología, que responda no sólo a la experiencia fundante de la Biblia, sino a las necesidades actuales de la Iglesia, en apertura al mundo y en comunión con las diversas confesiones y comunidades cristianas. Desde ese fondo han de entenderse los tres rasgos siguientes:  

  1. Al principio está la Biblia. Francisco quiere ser Papa de la Escritura. Juan Pablo II y Benedicto XVI han sido grandes teólogos, pero quizá se han apoyado más en la tradición de la Iglesia que en la Biblia. Ambos han estado marcados por un tipo de teología “sistemática”, bien centrada en la patrística y en la teología dogmática posterior (escolástica), pero menos en la Biblia. Francisco, en cambio, quiere retornar de un modo radical a la Escritura, y así lo muestran estas catequesis sobre la carta a los Gálatas, en la que hallamos el testimonio más claro de la aportación de san Pablo y de sus cartas en el comienzo de la Iglesia, con las diferencias que él muestra frente a Pedro, dentro de eso que podemos llamar la “identidad plural” de la Iglesia. 
  1. Francisco se muestra heredero de Pedro y Pablo. Como obispo de Roma, él se sabe “deudor” (continuador) no sólo de Pedro (como en Mt 13, 13-2), sino también de Pablo, como he mostrado en comentario a Mateo (VD, Estella 2017). Francisco asume así las dos tradiciones (petrina y paulina) que desembocaron en la Iglesia de Roma, en la capital del imperio y así quiere mostrarlo en estas catequesis. En general, los “papas” se han sentido más herederos de Pedro que de Pablo (en la cúpula del Vaticano se escribe sólo “tu es Petrus”, tú eres Pedro). A diferencia de eso, Francisco, ha querido asumir el legado de Pablo, pues teológica y eclesialmente, la herencia de Pedro no se entiende sin la aportación de Pablo, como lo muestra de un modo especial la carta a los Gálatas (en cuyo contexto nos sitúa también el testimonio de Santiago). La liberación de los cautivos forma parte de la esencia universal de la iglesia, en línea petrina y paulina, pues la tarea de la libertad es de todos y para todos. 
  1. Dialogar no sólo con Lutero y los protestantes, sino con toda la modernidad. Estas catequesis de Francisco se inscriben también en el contexto de su deseo de relacionarse con la Reforma protestante, ligada de forma inseparable con el comentario de Lutero a la carta a los Gálatas, carta que ha sido quizá el documento más significativo para un tipo de Reforma Protestante, a favor de una vuelta a la Biblia. Lutero elaboró ese comentario en diversas ocasiones (primera redacción, año 1519; segunda, año 1535). Francisco no quiere criticar a Lutero, ni devaluar su comentario, sino situarse a su lado, como católico y obispo de Roma, realizando un ejercicio teológico y eclesial muy serio, actualizando la carta a los Gálatas, en diálogo con los protestantes, no para discutir con ellos, sino para ponerse todos al servicio de la libertad de todos los hijos de Dios. 

       Algunos católicos han querido hacer una teología y una iglesia anti-protestante. Por su parte, hay grupos que se llaman protestantes que quieren hacer también una teología anti-católica. Pues bien, Francisco quiere superar esas oposiciones, insistiendo en que la carta a los Gálatas y todo el Nuevo Testamento ha de estar al servicio de la liberación de los oprimidos, una tarea común de católicos y protestantes. Ciertamente, la Orden de la Merced ha sido y es “católica”, pero no anti-protestante, sino que puede y debe ponerse al servicio de la liberación de todos, dialogando y colaborando para ello con los protestantes, donde eso sea necesario. 

En su comentario a Gálatas, Francisco quiere ofrecer una catequesis, no una doctrina dogmática. Lo esencial sigue siendo el retorno a Jesús, un retorno que está muy vinculada a la experiencia y exégesis de Pablo. El hecho de que el Papa quiera elaborar una catequesis de Gálatas, y lo haga en línea de ecumenismo, volviendo a los orígenes del cristianismo, indica su radicalidad cristiana, en línea de teología y apertura eclesial. 

       Quien se introduce en la dinámica de la carta a los Gálatas queda transformado, abandonando un campo trillado de lugares comunes (y quizá de imposiciones canónicas), para dejarse transformar por el evangelio. Se trata de que estemos todos dispuestos a retomar la experiencia original del evangelio, no sólo los católicos, sino también los “reformados”. Se trata de que dialoguemos, como dialogaron Pablo y Pedro (sin olvidarnos de María Magdalena y de Santiago, de la Madre de Jesús, del Discípulo Amado y los sinópticos). 

       Con estas reflexiones invito a mis lectores a que vayan directamente a las catequesis de Francisco sobre Gálatas. Al final de ellas se podrá ofrecer una síntesis de todas, pero es bueno que empecemos haciendo el camino con el Papa, cada uno desde su perspectiva. Por mi parete, yo puedo aportar una reflexión histórico-teológica, ofreciendo unas claves para situar a otros cristianos y mercedarios lectores ante los temas centrales de Gálatas y de Iglesia actual. Pero lo que importa es la catequesis de Francisco, con el texto de Gálatas.   

 3.Volver a Abraham. En el cielo las estrellas, en la tierra todos hermanos 

       El Papa Francisco nos está invitando a retomar el camino de la Merced a partir de la teología de San Pablo, centrada en la libertad, conforme a la carta a los Gálatas, cosa que sabían los primeros mercedarios, insistiendo para eso en la necesidad de dialogar con los “hermanos protestantes”, pues lo que importa no es ser católico o protestante, sino seguir mejor el camino de liberación de Jesucristo. Pues bien, el mismo Papa ha querido ampliar ese horizonte de ecumenismo liberador, vinculando nuestro camino, el de San Pedro Nolasco, con la peregrinación de Abraham, patriarca y modelo de judíos, cristianos y musulmanes. Eso significa que debemos leer e interpretar de forma nueva unas palabras de las Constituciones mercedarias de 1272: 

La Trinidad envío al Hijo de Dios “para visitar a todo el linaje humano que en este mundo estaba como en cárcel, cautivo en poder del Diablo y del Infierno, para visitar y sacar (traher) a todos los amigos que estaban en aquella cárcel… De igual manera ha ordenado Jesucristo que se cumplan en esta Orden todas esas obras (dar de comer, de beber etc: Mt 25, 31-46) para mantener y hacer crecer obra de tan misericordia, como es visitar y redimir a los cristianos cautivos del poder de sarracenos y de otros que son contra nuestra ley, para lo cual ha establecido Dios propiamente esta Orden. 

 En el fondo de la acción mercedaria está la más antigua tradición de la Iglesia, que se expresa en el “credo pequeño” (apostólico o romano), donde se dice que Cristo “bajo a los infiernos” para redimir (rescatar) a todos los que estaban allí encerrados. Se trata en primer lugar de un tipo de “infierno universal”: Todos los hombres se hllaban hundidos, oprimidos bajo el poder de la muerte de la que vino a rescatarles Jesucristo, conforme a la visión más antigua de la Iglesia, que está todavía vigente en la teología ortodoxa, en los iconos de oriente: Jesús baja al “infierno antiguo”, toma de la mano a Adán y rescata, libera, a todos lo “cautivos” de la muerte. 

Pero ese “infierno antiguo” del que vino a liberarnos Jesús sigue manifestándose en todos los “infiernos actuales” que en tiempos de San Pedro Nolasco se concretaban, de un modo especial en el cautiverio de los cristianos en manos de musulmanes. Para liberar a los cautivos cristianos de un tipo de “infierno/cautiverio” en manos de sarracenos envió Dios a San Pedro Nolasco y a los primeros mercedarios. 

De un modo muy preciso, las Constituciones del año 1272 no hablan de “musulmanes” en sentido religioso, ni del islam, como religión de Mahoma, en contra del cristianismo. Hablan más bien de los “sarracenos”, nombre genérico (político) de un tipo de árabes que se opusieron con fuerza al poder de los bizantinos en oriente. En ese sentido, los que cautivaban a los cristianos en el siglo XIII no se llaman aquí musulmanes, como miembros de la religión de Mahoma, sino “sarracenos” opresores. 

Ciertamente, la mayoría de aquellos que cautivaban a los cristianos eran “musulmanes”, pero no eran opresores por ser musulmanes, sino por ser sarracenos. En ese sentido, podemos y debemos distinguir en el momento actual la identidad de los que oprimen y cautivan a los hombres. Sin duda, han existido y existen musulmanes opresores. Pero han existido y existen también cristianos opresores. En ese sentido, en el momento actual (año 2021), la función liberadora de la Iglesia y en especial de la Orden de la Merced no puede ir en contra del islam como religión, sino en contra de “los enemigos de nuestra ley”, es decir, de la ley de Cristo, que se identifica con el amor y libertad de todos los hombres. 

Según eso, puede y debe llegar al momento de una comunión y liberación más extensa que se realice no sólo en colaboración con los protestantes, como hemos visto en el apartado anterior, sino también en colaboración con los musulmanes y con los judíos (y con todos los hombres verdaderamente religiosos) como quiere en Papa Francisco. En ese sentido, resulta esencial la experiencia y mensaje de su peregrinación a Ur de los Caldeos, para retomar así el camino de Abraham, con judíos y musulmanes. 

El 6 de marzo de 2021, el Papa Francisco retomó en Ur de los Caldeos, Irak, al sur de Babilonia, junto al Golfo Pérsico, la peregrinación que Abraham había comenzado hace más de 2500 años (cf. Gen 11, 28.31). De aquella ciudad de caminantes, observatorio de estrellas, nacieron y siguen viviendo las tres religiones monoteístas (judaísmo, cristianismo e islam), con las que Francisco ha vinculado todas las religiones y culturas de la tierra.  

  1. La peregrinación de Abrahán es el origen del judaísmo, nación y religión de creyentes que asumen la semilla de fe y vida que el patriarca de Ur sembró en la tierra por Sara, su mujer, e Isaac, su hijo. Así le dijo Dios: Sal de tu casa y de tu parentela, vete a la tierra que yo te mostraré… (Gen 12, 1-3I). Y más adelante: como las estrellas del cielo así será tu descendencia (Gen 15, 5), y en que en ti serán benditas todas las naciones de la tierra. 
  1. Los cristianos son hijos de Abraham y comparten su peregrinación de fe por Cristo. En esa línea, el Papa Francisco quiere que ellos retomen (retomemos) su experiencia desde Ur, buscando con Jesús la tierra prometida, que comenzó siendo Jerusalén yGalilea para abrirse luego en solidaridad de fe y de vida, desde la montaña de la pascua (Mt 28, 16-20), llevando como portadores de la fe de Abraham a todas las naciones. 
  1. Los musulmanes creen que Abrahán siguió caminando más allá del Monte Moria de Jerusalén (ciudad de Isaac y Jesús), y que así llego con su otro hijo, Ismael, nacido de Agar, hasta la Meca, donde levantaron ambos(Abraham e Ismael) la Santa Caaba, signo de Dios y santuario de todos los creyentes. Por eso, ellos, los musulmanes quieren retomar la peregrinación de Abraham, llegando con él hasta la Meca. 

       Según eso, hay tres tradiciones, tres formas de realizar la peregrinación de fraternidad y de vida que comenzó en Ur de los caldeos (ciudad de altas estrellas) para vincular por la misma fe en el Dios Excelso a todos los hombres y mujeres de esta dura tierra, haciéndoles hermanos. Así creen los judíos; así responden los cristianos; así lo ratifican los musulmanes, que siguen recorriendo y celebrando la gran peregrinación de Abraham/Ibrahim, Amigo de Dios y Creyente. 

      Insistiendo en eso, el Papa Francisco ha querido convocarnos en Ur de los Caldeos, para retomar el camino de Abraham, convirtiendo su búsqueda de estrellas en gran marcha de fraternidad para judíos, cristianos, musulmanes y todos los creyentes de la tierra. Así lo muestra el encuentro y programa inter-religioso (06.03.2021), como ha mostrado en su discurso y su oración creyente (cf.vatican.va/papa-francesco_20210306). 

Así se resume su discurso: “(Nuestro padre Abrahán) escuchó aquí la llamada de Dios, desde aquí partió para un viaje que iba a cambiar la historia…Dios le pidió que mirara el cielo y contara las estrellas (cf. Gen 15,5). En esas estrellas vio la promesa de su descendencia, nos vio a nosotros. Y hoy nosotros, judíos, cristianos y musulmanes, junto con los hermanos y las hermanas de otras religiones, honramos al padre Abrahán del mismo modo que él: miramos al cielo y caminamos en la tierra… (Por eso) el más allá de Dios nos remite al más acá del hermano… (y así) afirmamos que Dios es misericordioso y que la ofensa más blasfema es profanar su nombre odiando al hermano”. 

Esta es la clave de su oración: “Dios omnipotente, Creador nuestro, que amas a todos…, nosotros, hijos e hijas de Abrahán pertenecientes al judaísmo, al cristianismo y al islam, junto a los otros creyentes y personas de buena voluntad, te agradecemos por habernos dado como padre común en la fe a Abrahán, hijo insigne de esta tierra. Te damos gracias por su ejemplo de fe, pues te obedeció hasta el fin, dejando su familia, su tribu y su patria para ir hacia una tierra que no conocía… Te pedimos… una fe que abra nuestros corazones a Ti y a todos nuestros hermanos y hermanas; y una esperanza invencible, capaz de percibir en todas partes la fidelidad de tus promesas. Abre nuestros corazones al perdón recíproco y haznos instrumentos de reconciliación, constructores de una sociedad más justa y fraterna…”. 

             En esta línea, los mercedarios pueden (podemos) retomar con los judíos, y especialmente con los musulmanes, un camino de diálogo y colaboración para superar todas las esclavitudes, opresiones y cautiverios actuales. La historia pasada permanece como ejemplo y estímulo de vida, pero tiene que comenzar una nueva historia de profundización y actualización, no sólo estudiando las nuevas esclavitudes y cautiverios, sino también buscando las formas de superarlas. 

            Existen sin duda problemas entre cristianos y musulmanes, diferencias religiosas, oposiciones sociales… El antiguo cautiverio del que Pedro Nolasco quiso liberar a los cristianos estaba muy vinculado con la religión musulmana. Pero unos y otros (cristianos y musulmanes) compartimos en el fondo una misma fe en la dignidad y libertad de los hombres, como ha dicho el Papa Francisco, queriendo iniciar desde Ur de los Caldeos una nueva peregrinación de fe y de libertad, con judíos y musulmanes. La Merced tiene, sin duda, una puerta abierta en esa línea, puede y debe iniciar nuevos caminos de liberación de cautivos y oprimidos, pero no en contra del Islam, sino en colaboración con el Islam. 

4.Apéndice. Defender la vida humana. Millón y medio de armenios asesinados 

            Vivimos en un tiempo cargado de amenazas, no sólo de pequeñas esclavitudes, sino de inmensas matanzas. Son muchas las matanzas que pueden recordarse, entre ellas la “shoah” o exterminio (holocausto) de seis millones de judíos y de otros grupos étnicos bajo el terror nazi, en el centro de Europa (1939-1945). De ese terror inhumano, que ha estallado desde en la Alemania “cristiana” ha hablado con toda claridad el Papa Francisco. El tema es conocido, no quiero aquí exponerlo. 

            Pero se ha dado también, a comienzos del siglo XX otros terror y holocausto, en parte semejante, el de los armenios cristianos, en manos del nuevo “Estado” turco. A lo largo de siglos, el imperio turco había mantenido en su territorio a millones de personas de otros grupos sociales y religiosos, en especial cristianos, entre los que sobresalían a principio del siglo XX griegos y armenios, con representantes de otras iglesias de Líbano y Siria, de Iraq y de Turquía etc.). 

            Pero con la caída del imperio y la creación de un estado nacional, los “nuevos turcos” optaron por un tipo de limpieza étnico religiosa, por la que millones de griegos tuvieron que huir y millón y medio de armenios fueron asesinados. Ese genocidio, ejecutado en el momento en que Turquía (antes imperio multi-étnico), quiso volverse nación unificada, en un plano social y religioso, fue un “ensayo” general del holocausto nazi (y de otras masacres bajo poderes comunistas o totalitarios). 

Muchos turcos actuales lo quieren negar, como si la verdad pudiera taparse por decreto, pero es hora de que reconozcan la verdad. Sería un honor para ellos que lo hicieran, colaborando así a la causa de la fraternidad y la justicia, para que nadie se atreva a repetir crímenes antiguos. En esa línea, Francisco realizó un gesto significativo, en su visita a los armenios, el año 2016, en el centenario de la gran matanza. Así se dice del Papa:  

Recordó el centenario del Metz Yeghérn, el «Gran Mal», que azotó a vuestro pueblo y causó la muerte de una gran multitud de personas. Aquella tragedia, aquel genocidio, por desgracia, inauguró la triste lista de las terribles catástrofes del siglo pasado (siglo XX), causadas por aberrantes motivos raciales, ideológicos o religiosos, que cegaron la mente de los verdugos hasta el punto de proponerse como objetivo la aniquilación de poblaciones enteras. Es muy triste que, en este caso como en otros, las grandes potencias… miraran a otro lado. 

             Teniendo ante los ojos los terribles efectos que en el siglo pasado causaron el odio, los prejuicios y el deseo desenfrenado de poder, espero sinceramente que la humanidad sea capaz de aprender de esas trágicas experiencias a actuar con responsabilidad y sabiduría para evitar el peligro de volver a caer en tales horrores. Que todos multipliquen sus esfuerzos para que en las disputas internacionales prevalezca el diálogo, la búsqueda constante y auténtica de la paz, la cooperación entre los Estados y el compromiso inquebrantable de las organizaciones internacionales para crear un clima de confianza y lograr acuerdos…”( vatican.va/content/salastampa/es/bollettino/pubblico/2016/06/25/armenia.html). 

El Papa fue y sigue siendo gran defensor de los derechos y de la vida de los oprimidos y pobres en nombre de Cristo y de la humanidad. Durante siglo, armenios y griegos, siro/arameos y judíos, árabes y eslavos, egipcios y bereberes… habían convivido en las tierras del imperio turco, con dificultades, pero con cierta paz.  Pero a lo largo del siglo XIX se independizaron varias naciones del imperio, resaltando su identidad cultural y religiosa…y también Turquía quiso ser una nación unificad, sin griegos ni armenios… 

            Y así estalló el problema, en la Gran Guerra (1914-1918), hace algo más de un siglo, con la matanza de los armenios, un problema de fondo que continúa hoy latente, año 2021, entre los pueblos, naciones y estados que se enfrentan sobre el territorio del imperio turco (palestinos y judíos, kurdos, turcos y árabes de diverso tipo, musulmanes chiitas, sunníes y cristianos, desde el Cáucaso al Mediterráneo, desde la antigua Yugoeslavia hasta Irak, sur de Arabia y Palestina. 

             He querido recordar este hecho, con las palabras e intervención del Papa Francisco, situándolo en un contexto parecido al del holocausto nazi (del 1939-1945). En un caso nos situamos ante un país de fondo islámico, como Turquía. En el otro ante un país de fondo cristianos, como Alemania. En ambos casos, el impulso “agresivo” (destructor, negador de libertad) no viene de la religión como tal, sino de parte de un tipo de política nacionalista. 

            En ese sentido podríamos decir (utilizando un lenguaje mercedario), que tanto los nuevos turcos (antiarmenios) como los nuevos alemanes (antijudíos) eran “sarracenos malos”, negadores de la libertad y de la vida otros hombres y mujeres. En el contexto de casos como esos resulta necesaria una “nueva merced” que sea defensora de la auténtica fe, de eso que las constituciones del año 1272 llaman “nuestra ley”, que no es nuestra, sino de todos: La ley de la la “gracia” y de la libertad de Cristo, que es la liberación y libertad de todos los pobres y oprimidos, de los expulsados y encarcelados, de los encadenados, cautivos etc. 

            El camino de la libertad que comenzó Abraham en Ur de los Caldeos, el camino del éxodo que los hebreos comenzaron en Egipto, el camino de la redención universal que comenzó con Jesús en Galilea y Jerusalén sigue pendiente todavía. Es un camino que no esta en contra de nadie, sino a favor de todos, un camino de humanidad reconciliada, en un plano interior (de oración y experiencia de Dios) y en un plano exterior de liberación y comunión de vida. 

            Leído de esta manera, como he propuesto el Papa Francisco en su fecundo magisterio, este camino mercedario forma pare de la identidad del cristianismo y de la nueva humanidad liberada, por encima de los estados particulares y por encima un tipo de cristianismo, concebido como religión cerrada en sí misma 

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