Pablito de NuestrAmérica

Pablito de NuestrAmérica, tres estampas de un hombre que se dejó impresionar 

Curso ‘lectura popular de la biblia’. Julio de 2010. Costa Rica 

“Nos cuentan desde Costa Rica que Pablo ha muerto. Se nos entrecorta la respiración. Somos aprendices de su mirada, hijos de sus exilios, hermanos de sus carcajadas” 

“Urge la necesidad de volver a mirarlo a los ojos para recomponer su vida. Nos hace falta, para acompañar su Paso, su Pascua, conectar con una sensibilidad singular, que lleno de sorpresa, risa e historias los momentos compartidos” 

“Se empeñaba en ser hormiga, aunque se sabía elefante. Algo de esa tensión interna se respiraba en cada encuentro. Se sabía parte de una tradición de ‘Davides’ que enfrentan gigantes, con la potencia de un pueblo” 

“En la mesa, un puñado de jóvenes y tres canosos: Marcia Miranda, Leonardo Boff y Pablo Richard. Nos reímos mucho, eso lo recuerdo mejor que las historias contadas. iVivir vale la pena’, decían” 

“Tenía una segunda ingenuidad, una inocencia con inteligencia, propia de los sabios. ‘Ser como niños’ es una sentencia del maestro de Galilea, pero yo lo aprendí del ejemplo de Pablo de NuestrAmérica” 

“Gracias Pablo, ojalá sigas haya en el cielo compartiendo la frescura de las buenas noticias, que llegan para enjuagar todas nuestras lágrimas” 

24.09.2021 | Francisco Bosch 

Nos cuentan desde Costa Rica que Pablo ha muerto. Se nos entrecorta la respiración. Somos aprendices de su mirada, hijos de sus exilios, hermanos de sus carcajadas. 

Urge la necesidad de volver a mirarlo a los ojos para recomponer su vida, para intuir su legado, para sentirnos menos solos. Para esto no basta decir que fue doctor en Sociología por la Soborno en la década del setenta, y que antes tuvo que exiliarse del Chile de Pinochet por su abierto compromiso cristiano por el socialismo. No basta enunciar el listado de sus muchos libros escritos, ni de sus lucidos aportes teóricos (recuerdo el brillante texto sobre pedofilia y poder sagrado de 2010). Nos hace falta, para acompañar su Paso, su Pascua, conectar con una sensibilidad singular, que lleno de sorpresa, risa e historias los momentos compartidos

Un misionero del Dios-con-Nosotros ha vuelto a la casa del Padre. Pablo, por errores del tiempo y del espacio, se mudó desde Tarso hasta Latinoamérica, para compartir la Buena Noticia de Jesús en nuestras tierras. 

Tres estampas de un hombre que se dejó impresionar. 

Un Elefante-hormiga (1 Sam 17) 

Pablo está sentado en una de las mesas de cemento, debajo de los eucaliptus que enarbolan el campus de la UCA, en El Salvador. Corre el año 2014 y él es profesor de un seminario en el departamento de teología. Nos habíamos conocido hace algunos años en Costa Rica, en sus talleres en clave de educación popular. Ahora se daba chance, otra vez, de espacios de educación formal. 

Se quejaba de cosas que un académico de rasa, ni lograría ver, a su edad: no se dejó acostumbrar jamás por los cánones, las normalidades, los pactos implícitos que aseguran la pertenencia a cierto grupo. Siendo un gran académico, siempre se incomodó entre propios, prefirió el habitar lo extraño

Tomamos un café de una ‘cora’. Él habló durante dos horas y media. Hizo una especie de ‘Oda a la lectura popular de la Biblia’, a la educación no formal. Desde esa tensión constitutiva de su vida, intentaba siempre estar lo mas en la base posible, para no perder elrumbo. Su frescura, su inocencia, su sorpresa eran las marcas de fidelidad a ese espíritu que le gritaba por dentro. La criticas eran hasta injustas, porque él no soportaba la mitad de ese espejo que lo mostraba elefante, porque él deseaba con todo u corazón, ser hormiga. Pero era gigante

Pablo se empeñaba en ser hormiga, aunque se sabía elefante. Algo de esa tensión interna se respiraba en cada encuentro. Se sabía parte de una tradición de ‘Davides’ que enfrentan gigantes, con la potencia de un pueblo

Una carcajada compartida (Lc 22, 14) 

La mesa está servida. En Puebla se come más temprano que las costumbres de Sudamérica. En la mesa, un puñado de jóvenes y tres canosos: Marcia Miranda, Leonardo Boff y Pablo Richard. Corre el año 2017 y Amerindia anima la savia del encuentro entre generaciones. 

Se van pasando la palabra entre Leonardo y Pablo, turnándose en un tejido de anécdotas. Todas son historias concretas, todas están marcadas por nombres y contextos precisos. En cada historia se ríen, también recuestan la cabeza levemente cuando recuerdan a lxs que ya no están, que hacen parte de esos ‘cuentos’. Todas las historias tienen una cronología de décadas: recomponen sus juventudes, algunos de los debates calientes de la teología de la liberación, traen inquietudes actuales, siempre inquietos

Al terminar la cena, nadie se levanta. Tenemos sueño, es tarde, pero ellos tenían mas historias para contar. Pablo estaba sorprendido en ese momento por la carrera espacial, lo recuerdo contando detalles que había leído y no salía de su asombro. Leonardo mezcla datos de la crisis climática con problemas de vecinos. Nos reímos mucho, eso lo recuerdo mejor que las historias contadas

Al final, nos cuentan una especie de pacto que tienen entre ambos: a los 70 se habían encontrado y luego de charlar, se habían prometido disfrutar diez años más, que con eso era suficiente. Ahora, por tocar los ochenta, se prometían vivir hasta los noventa. ‘Vivir vale la pena’, decían los dos canosos, abrazados, para terminar la noche. 

La frescura de un niño (Mc 10,13) 

En julio del año 2010 Pablo Richard nos recibía para hacer el curso de ‘Lectura popular de la Biblia’ en el Departamento Ecuménico de investigaciones (DEI) de Costa Rica. Con mi compañera de ese momento, y otros salvadoreños, íbamos a compartir un mes, en aquel lugar histórico. 

Hoy, veinte de septiembre de 2021, nos escribe Silvia Regina desde el DEI, y nos confirma la Pascua de Pablo. Ha iniciado su ultima peregrinación, él, siempre tan inquieto, hasta el abrazo del Padre. Al instante, se me llena el corazón de imágenes, mas bien de sensaciones: intento reconstruir en la mente el curso de biblia que nos dio, pero no es el contenido lo que inunda mi corazón, sino su método

Pablo Richard tenía una capacidad que yo nunca ví en otro intelectual. Tenia una segunda ingenuidad, una inocencia con inteligencia, propia de los sabios. No logro recordar ni siquiera el libro de la Biblia que trabajamos con él, pero tengo intacta, incólume la sensación de verlo fascinado, encantado, sorprendido con cada palabra que iba encontrando en ese libro lleno de historias. 

‘Ser como niños’ 

‘Ser como niños’ es una sentencia del maestro de Galilea, pero yo lo aprendí del ejemplo de Pablo de NuestrAmérica. Frente a las historias, del libro de la biblia y del libro de la vida, siempre dejarse sorprender, impresionar, transformar al tal punto, que no podemos seguir caminando igual. 

Gracias Pablo, ojalá sigas haya en el cielo compartiendo la frescura de las buenas noticias, que llegan para enjuagar todas nuestras lágrimas. Desde acá, una banda de enamorados de tu mirada, prometemos vivir con esa sonrisa, o por lo menos, gozar en el intento. 

Pd. La foto que acompaña es del curso ‘lectura popular de la biblia’, un mes intensivo que compartimos en el DEI en julio de 2010, en Costa Rica 

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