Transformar el sistema alimenticio mundial

«En el siglo XXI, el hambre no es sólo una tragedia para la humanidad, sino también un verdadero motivo de vergüenza» 

¿Objetivo? Hambre cero 

El Vaticano propone transformar el sistema alimentario mundial para acabar con el hambre y la desnutrición 

Hay que «proporcionar a los pobres y a los que se encuentran en situaciones vulnerables los recursos que necesitan para mantenerse a sí mismos y a sus familias a largo plazo» 

25.09.2021 | Mireia Bonilla 

(Vatican News).- La Santa Sede ha participado en la primera Cumbre de las Naciones Unidas sobre Sistemas Alimentarios que se esta celebrando en Nueva York, llevando como representante a Su Excelencia Monseñor Paul Richard Gallagher, secretario de Relaciones con los Estados. 

Durante su discurso, el secretario vaticano dejó clara la urgencia de “intensificar la acción internacional para la transformación de los sistemas alimentarios y la lucha contra la inseguridad alimentaria y la malnutrición”. Además, recordando las palabras del Papa en su Mensaje con motivo de la Jornada Mundial de la Alimentación del año pasado, donde Su Santidad dijo: “En el siglo XXI, el hambre no es sólo una tragedia para la humanidad, sino también un verdadero motivo de vergüenza”, el prelado insistió en que “es hora de pasar de las declaraciones y la formulación de estrategias a la acción efectiva y urgente”. Ahora bien, Monseñor Gallagher puntualizó que la cuestión crucial es “cómo transformar los sistemas alimentarios para que apoyen la aplicación de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, apoyen la regeneración de los sistemas sociales tras la pandemia de Covid-19 y promuevan el desarrollo integral de cada persona, protegiendo al mismo tiempo la integridad de nuestro planeta”. 

La alimentación para todos, un deber moal 

El secretario de la Santa Sede para las Relaciones con los Estados también afirmó que el acceso a los alimentos “es un derecho humano fundamental” y que “la alimentación para todos es un deber moral”. Pero, se centró sobre todo en la importancia de alimentar a los hambrientos y en especial de “proporcionar a los pobres y a los que se encuentran en situaciones vulnerables los recursos que necesitan para mantenerse a sí mismos y a sus familias a largo plazo”. Esto es fundamental, pues una de las respuestas “es darles más oportunidades de utilizar y poseer tierras, recursos financieros y formación”. 

Sustituir la «cultura del despilfarro» por una «cultura del cuidado» 

Otra de las tareas que Gallagher considera fundamental es que los sistemas alimentarios sostenibles “deben proporcionar alimentos nutritivos para todos, apoyar medios de vida justos y equitativos y promover modelos de producción y consumo circulares”. Para lograrlo, “debemos sustituir la «cultura del despilfarro» por una «cultura del cuidado» que proteja la dignidad inherente a cada persona y preserve nuestra casa común” ha dicho el prelado ante las Naciones Unidas. 

Para lograrlo, además de que se necesite aplicar una visión de los sistemas universales que integre los componentes humanos, económicos, medioambientales y tecnológicos, la Comunidad Internacional – ha concluido Gallagher – “puede contar con la ayuda de la Santa Sede para hacer realidad esta visión, a través de las numerosas iniciativas de la Iglesia católica en todo el mundo”. 

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