Entrevista al Secretario general del Sínodo 

El secretario general del Sínodo de los Obispos se muestra muy animado por el “interés y entusiasmo” que percibe en las Iglesias locales 

Debemos buscar nuevos caminos para comunicar el Evangelio. Y esa misión solo la podemos realizar todos juntos, como Pueblo de Dios”. Son palabras del cardenal maltés Mario Grech, secretario general de la Secretaría para el Sínodo de los Obispos, en el inicio de la asamblea sobre la sinodalidad. 

Muy animado por el “interés y entusiasmo” que percibe en las Iglesias locales, Grech pide no centrar la atención mediática del Sínodo solo en la cuestión de que, por primera vez, vaya a votar una mujer, la religiosa francesa Nathalie Becquart“Esperemos a ver qué es lo que sale y cómo las mujeres puedan tener más espacio y responsabilidad en este camino”. 

PREGUNTA.- ¿Por qué la Iglesia necesita un Sínodo sobre la sinodalidad? 

RESPUESTA.- Los tiempos han cambiado y la Iglesia no puede dejar de anunciar la alegría del Evangelio, aunque debemos buscar nuevos caminos para comunicar el Evangelio. Y esa misión solo podemos realizarla todos juntos, como Pueblo de Dios, desde los obispos hasta el último bautizado. Todos juntos podemos escuchar lo que el Espíritu quiere comunicar a la Iglesia para poder ayudar al hombre de Dios a encontrar al Señor. 

Como dice el título del Sínodo, pretendemos alcanzar una Iglesia sinodal, donde haya comunión y participación en la misión. Si queremos que esta sea efectiva y capilar, que se dirija también a las alegrías y a los sufrimientos del hombre de hoy, no podemos conseguirla si no somos una Iglesia sinodal. Es decir, si no caminamos todos juntos como Pueblo de Dios sin que nadie quede excluido. 

P.- ¿Cómo explicaría a un alejado de la fe qué es la sinodalidad? 

R.- Es verdad que la palabra sinodalidad no está en el léxico cotidiano. Quiere decir caminar juntos, como una familia cuyos miembros caminan juntos y todos tienen algo que ofrecer. Por desgracia, en ocasiones, parece que hay una distinción entre la Iglesia que enseña y la que sigue. Pero la Iglesia es una familia unida en la que todos podemos participar. La base de todo es el bautismo. 

Escuchar a los demás 

P.- Señaló que el Sínodo no puede considerarse “un Parlamento” para la Iglesia. ¿Por qué? 

R.- Ojalá los Parlamentos fueran sinodales, porque en ellos siempre hay una mayoría que prevalece sobre la minoría y no todos caminan juntos. Pero la Iglesia no es un Parlamento por la convicción que tenemos de la presencia que tiene en todos nosotros el Espíritu Santo y que la voz de cada uno tiene su peso. Luego está el discernimiento, que es el paso siguiente para verificar cuál es la voluntad del Señor. En la Iglesia hay, además, quienes han sido llamados para guiar al Pueblo de Dios, como son los obispos, pero que no pueden desarrollar bien su ministerio si no escuchan, si no establecen antes un diálogo con el Pueblo de Dios que les ha sido confiado. 

En los Parlamentos, en cambio, no se usa el discernimiento, sino que prevalece la voluntad de la mayoría. Nosotros tenemos la conciencia de que el tiempo es más grande que el espacio y que, a veces, hace falta tiempo para aclarar, madurar y estar seguros de que el camino que tomamos está conforme a la voluntad del Señor. 

P.- ¿Será posible implicar en este camino sinodal también a los católicos menos activos en la vida de sus parroquias? 

R.- Es algo necesario. Esperemos que se consiga, es la invitación que hemos hecho a todos los obispos. Somos bien conscientes de que la Iglesia no está formada solo por quienes vienen a los templos. Nuestro recinto es más amplio. Es importante que escuchemos no solo a los que ya no practican, sino también al resto de hermanos cristianos, algunos con una experiencia sinodal más rica que la nuestra. 

Es algo que ocurre particularmente en las Iglesias de Oriente, como recuerda el Santo Padre. También es bueno que escuchemos a los no cristianos, a las personas de buena voluntad. El esfuerzo que estamos haciendo no es fácil, pero es importante que comencemos este proceso y escuchemos al Pueblo de Dios. 

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