Domund 2021

“No podemos dejar de hablar de lo que hemos visto y oído” (He 4,20)

Un ciego curado se hace seguidor-misionero (Domingo 30º-B Nuestras obras despertarán la fe, harán “recobrar la vista”, para seguir el camino

19.10.2021 | Rufo González

Comentario: “Hijo de David, ten compasión de mí” (Mc 10,46-52)

Tras la “ceguera” de los Apóstoles ante el mesianismo de Jesús, Marcos narra la figura del ciego Bartimeo, que, agraciado con la acción de Jesús, “lo seguía por el camino”. Este ciego “recobra la vista”, tras confiar en la “compasión” de Jesús. “Alborde del camino”, le invoca como “Hijo de David, Jesús” (“Yahvé es ayuda”). Pide “compasión”. Cree que Jesús puede hacer algo por él. Nada más oír que Jesús le llama, “soltó el manto, dio un saltó y se acercó a Jesús”. Salta a la confianza en el amor de Dios, manifestado en Jesús. 

“¿Qué quieres que te haga?”La misma pregunta que hizo a los Zebedeos (Mc 10,36). Pedían poder, honores, privilegios. El ciego pide vida humana: “que recobre la vista”. Fe y Vida son realidades muy relacionadas en la conciencia de Jesús. El evangelio de Juan lo dice con claridad: “tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna. Porque tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna” (Jn 3,14b-16).

Tu fe te ha salvado“Salvar” es en primer lugar sacar de un peligro, reparar lo que impide vivir bien. “Salvar” también es poner en la vida realidades valiosas cuyo disfrute nos hace felices: amor, verdad, justicia, libertad, dignidad… El más valioso es el amor. No cualquier amor. Salva, realiza, el amor fiel, gratuito, generoso, entrañable, para siempre, fecundo (da vida, alegría, esperanza…), universal. Personas que aman así “salvan” vidas: madres-padres, amigos, parejas, hijos … Personas que dan y se dan. Entre ellas sobresale para nosotros Jesús de Nazaret. Él dice que así es el misterio de Dios: “Quien me ha visto a mí ha visto al Padre” (Jn 14,9). Él vivió esta lógica: su fe en el Padre le hacía ser fuerte para liberar del mal, para respetar la dignidad humana, para dar vida a todos.

Esta fe salvadora la reconoce Jesús en otras ocasiones de curacióna la hemorroísa (Mt 9,22; Mc 5,34; Lc 8,48), a la pecadora perdonada (Lc 7,50), al leproso agradecido (Lc 17,19), al ciego de Jericó (Lc 18,42; paralelo del ciego Bartimeo en Marcos). Expresa que la salvación o curación viene de Dios, y se realiza por la fe en Jesús, manifestación del amor divino. Fe que hace hijos de Dios: “cuantos lo recibieron, les dio poder de ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre” (Jn 1,12). “Poder” es su Espíritu: “habéis recibido un Espíritu de hijos de adopción, en el que clamamos: `¡Abba, Padre!´. Ese mismo Espíritu da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios…” (Rm 8, 15s). El fruto principal del Espíritu es este amor (Juan lo llama también “gracia”: “jaris”). En su prólogo dice “de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia” (Jn 1,16). Se entiende mejor, y se ajusta más al texto griego, traducir: “de su plenitud todos hemos recibido un amor que responde a su amor” (Jn 1, 16). Traduce la preposición de genitivo “antí”: “járin antí járitos”. Recibimos “gracia-amor” ante o por su “gracia-amor”. Nos amó primero y por eso podemos amar como nos ama. Concuerda con “el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aun mayores” (Jn 14,12). Sin fe nos perdemos: “No pudo hacer allí ningún milagro … Y se admiraba de su falta de fe” (Mc 6, 5-6).

Recobró la vista y lo seguía por el caminoDescubre el amor de Dios expresado en la escucha y curación de Jesús. Esta fe correspondida le impulsa a “seguir” a Jesús por el camino: haciendo sus mismas obras. Estas obras despiertan la fe, hacen “recobrar la vista”, para seguir el camino hacia Jerusalén, hacia la cruz, hacia la luz plena.

Oración: “Hijo de David, ten compasión de mí” (Mc 10,46-52)

Jesús resucitado, compañero de camino:

también nosotros estamos cegados, como los apóstoles:

por el afán de éxito, de poder, de dinero…;

por el señuelo de la suerte, la superstición, la adulación…;

por tantas imágenes que entretienen y no dejan ver tu corazón.

Hoy te contemplamos en plena faena salvadora:

te detienes, llamas, preguntas a un ciego pobre:

“¿qué quieres que haga por ti?”;

este hombre no pide honores, poder ni privilegios;

pide “recobrar la vista”, propio de la vida humana;

como tantas personas que piden salud, comida, trabajo decente…

eso es voluntad del Padre creador, dador de vida en abundancia;

esta fue tu actividad prioritaria: rehabilitar enfermos y marginados.

Esta actividad va junta con la proclamación del Reino de Dios:

tú sientes a Dios como Padre que es Amor (1Jn 4,8);

tu gloria es gracia-amor de verdad a cada persona (1Jn 1,14);

tu Padre quiere “adoradores en espíritu y verdad” (Jn 4,23);

tú, el mejor adorador del Padre, nos adviertes que la vida verdadera

es ayudar a los heridos en el camino de la vida (Lc 10,37);

tú nos abres el corazón para amar sin límites:

de tu plenitud todos hemos recibido graciatras gracia”(Jn 1,16);

así somos como el Padre, buenos con los malvados y desagradecidos (Lc 6,35).

El ciego del camino creía en tu amor: “Tu fe te ha curado”:

pudiste hacer allí un milagro” (Mc 6,5.6), al confiar en tu amor;

en su curación percibió el ánimo y la fuerza de Dios;

quedó rehabilitado, entró en tu comunidad de amor;

te sigue por el camino” de vida entregada a los más débiles.

Hoy, Jesús, recordamos a los misioneros de tu Amor:

a las personas que han trabajado por el progreso humano;

a los investigadores y enseñantes que han humanizado la vida;

a los médicos que han curado y restablecido nuestro equilibrio personal;

a los soñadores que han intuido y animado la dignidad igual de las personas;

a los amigos del ser humano que lo cuidan y acompañan hasta el fin;

a los cuidadores de la naturaleza y de la vida;

a tus misioneros que, prendados de tu Evangelio, van sembrando tu vida…

Todos ellos son luces, estrellas, que iluminan la vida:

están unidos al “Padre que sigue actuando y a Ti que también actúas” (Jn 5,17);

sus obras, “como las tuyas y aún mayores” (Jn 14, 12), son de amor;

amor que sólo quiere que tengamos vida en abundancia;

amor que procura dignidad, justicia, libertad, salud, verdad, alegría…

Así “Dios será todo en todos(1Cor 15,28):

y la Iglesia será lo que Jesús quería:

un ámbito sin fronteras ni tabúes ni sistemas de poder; 

dedicada al respeto, cuidado y curación de todos.

Preces de los Fieles (D. 30º TO B 24.10.2021)

En Jesús vemos a Dios actuando: quien me ve a mí está viendo al Padre” (Jn 14,9). Jesús se acerca, escucha, ayuda… Hoy a un ciego que “recobra la vista y lo sigue por el camino”. Pidamos seguir el camino de Jesús diciendo: Maestro, que recobre la vista”.

Por la Iglesia:

– que sea capaz de corregir su sistema de poder clerical…;

– que se dedique a lo que hacía Jesús: curar y amar como el Padre del cielo.

Roguemos al Señor: Maestro, que recobre la vista”.

Por las intenciones del Papa (Octubre 2021):

– que “cada bautizado participe en la evangelización y esté disponible para la misión”;

– que “el testimonio de su vida tenga el sabor del Evangelio”.

Roguemos al Señor: Maestro, que recobre la vista”.

Por la Iglesia más misionera:

– que sigan abriendo camino al Evangelio del amor universal;

– que sientan nuestra cercanía y ayuda constante.

Roguemos al Señor: Maestro, que recobre la vista”.

Por migrantes, refugiados, enfermos…:

– que sean el centro de nuestra preocupación;

– que sientan a Jesús que les acompaña y fortalece.

Roguemos al Señor: Maestro, que recobre la vista”.

Por nuestro pueblo, parroquia, comunidad…:

– que estemos atentos a los más débiles;

– que huyamos de rivalidades, envidias, críticas malsanas…

Roguemos al Señor: Maestro, que recobre la vista”.

Por esta celebración:

– que nos incendie en el amor respetuoso y gratuito de Jesús;

– que nos anime a ser sus misioneros en nuestra vida.

Roguemos al Señor: Maestro, que recobre la vista”.

Que tu Espíritu, Señor, nos mueva a ser la Iglesia que tú querías: un ámbito sin fronteras ni tabúes ni sistemas de poder; grupos de personas dedicadas a respetar la naturaleza, a cuidar y curar a todos, imitándote a ti, manifestación del amor Padre (Jn 14,9; 1Cor 8,39), que vives por los siglos de los siglos.

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