El ciego del Evangelio

¿Verá, querrá y podrá cambiar la Iglesia en este proceso sinodal? 

  1. Un ciego al borde del camino. 

    El ciego Bartimeo es el símbolo de nuestra ceguera, de toda ceguera humana. 

    Muchas veces no vemos por dónde tirar en la vida ante determinados problemas y encrucijadas. En ocasiones estamos ciegos o cegados por una ideología, quizás por el odio, la cuestión que a veces: “no vemos”. 

Ver significa que la luz ilumina nuestras vidas y, como creyentes, ver significa creer y creer significa sentirnos salvados. 

  1. Un ciego tirado al borde del camino. 

El ciego Bartimeo estaba “tirado”, sentado al borde del camino. Era mendigo como tantos que vemos tirados por la vida, o como tantas personas que “no ven” o no tienen salida en la vida. Quizás nosotros mismos estamos bloqueados, en “punto muerto”. Estaba aislado: al borde del camino. 

Dos consideraciones: 

  1. De carácter personal. 

También nosotros podemos encontrarnos paralizados, bloqueados, al borde del camino. Tal vez por la edad, por las decepciones y la cansera en la vida, por nuestras propias limitaciones, podemos encontrarnos fuera del camino de la vida sin acertar a ver el camino y, lo que es más serio, sin ganas de volver a caminar. 

  1. De carácter eclesial. 

Estos días se está iniciando en la Iglesia universal un proceso –llamémoslo así- que terminará en octubre del 2023 y que pretende poner a la Iglesia en clave sinodal, (sínodo significa “caminar juntos”). Parece que el papa Francisco pretende remodelar la Iglesia y ponerla en clave más comunitaria y en camino. 

Hace unos días tan sólo decía el cardenal alemán, Marx, que la Iglesia ha llegado a un punto muerto: 

“Estamos en un punto muerto en la Iglesia”. “Algunas cosas tendrán que morir por ello, pero otras también resucitarán”. 

¿Será posible, querrá la Iglesia cambiar sus lentos, pesados y viejos mecanismos de muchos siglos y pasar a una iglesia-asamblea en la que se escuche, se dialogue y caminemos realmente juntos? 

Habremos de sentirnos pobres y ciegos como Bartimeo y nos acercarnos al Señor: que veamos lo que hemos de hacer en la vida. 

  1. Acercarse a Jesús, luz del mundo. Jesús, ¡ten compasión de mí! 

    El ciego se acerca a Jesús, que es la luz, y por dos veces le pide: ten compasión de mí

    El acercamiento a Jesús se produce porque Jesús es bueno, misericordioso, porque hace el bien, sana, perdona… La luz de Jesús no es la doctrina, sino la bondad. 

    Este tiempo sinodal, que se abre estos días, producirá frutos si no se queda en una inflación de reuniones, liturgias y documentos, sino si la Iglesia se abre a la bondad del Señor, a unas relaciones bondadosas entre iguales. 

    Jesús sintió compasión y sanó la vida de aquel hombre 

  1. Tu fe te ha salvado 

    La “ceguera” eclesial, cultural, personal se cura con bondad. 

Hemos de estudiar, hacer buena teología y mejor pastoral; tiene que darse una legislación correcta, pero al final ve quien confía, quien cree. San Pablo lo dice de otro modo: El justo vive por la fe. (Rom 1,17). 

    Apelo a nuestra propia experiencia de confianza en la vida: vemos cuando confiamos en un médico, en un amigo, en un profesor, la confianza en la relación marido-mujer, la confianza entre amigos. Esa confianza salva. Y cuando ponemos nuestra confianza en Dios esa fe -confianza- salva: solamente en Dios descansa mi vida, (Salmo 61). 

    El evangelio de hoy comenzaba con un hombre aparcado, tirado en la vida, que termina caminando: Ánimo, levántate 

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