El obispo de Mondoñedo-El Ferrol se identifica con el mensaje del Papa

Afirma el obispo de Mondoñedo Ferrol: “La misa del domingo es fundamental porque es base para el cristiano, pero no lo único. La Iglesia tiene que desarrollar una actividad muy larga durante toda la semana: acompañamiento de personas, preparación de sacramentos, compromiso con los pobres, formación del laicado, conocimiento de la fe… Eso es muy importante porque deriva en creación de comunidades. “Las iglesias se construyen cuando hay una comunidad que tiene que tener una calidad humana. Donde hay una comunidad se puede y se debe celebrar una eucaristía, pero creo que debemos ir al modelo de los Hechos de los Apóstoles. Ellos van expandiendo la Eucaristía y haciendo Iglesia en torno a ellas, así que considero que debemos empeñarnos en crear comunidades” añade 

El profeta tiene que ser molesto a la sociedad, cuando la sociedad no está con Dios. La palabra que a muchos molesta, la liberación, es una realidad de la redención de Cristo. La liberación quiere decir la redención de los hombres, no sólo después de la muerte para decirles «confórmense mientras viven». No. Liberación quiere decir que no exista en el mundo la explotación del hombre por el hombre. Un Evangelio que no tiene en cuenta los derechos de los hombres, un cristianismo que no construye la historia de la tierra, no es la auténtica doctrina de Cristo, sino simplemente instrumento del poder. 

 Observo con cierta inquietud cómo en las últimas décadas se va reduciendo el número de cristianos en nuestra vieja España. En realidad, muchos de los censados como católicos, no lo eran. Habían sido bautizados cuando no tenían capacidad de elegir y, en época franquista, se habían visto obligados a fingir su pertenencia al catolicismo. Ese tipo de personas, por suerte ya son libres de expresar sus creencias o increencias al margen de esta institución, mientras que los censos y asistencia a las celebraciones cristianas van siendo más coherentes con la realidad. 

Estoy de acuerdo con nuestro obispo. La consecuencia ineludible de la conversión al reino es el compromiso y la lucha por una sociedad digna de los seres humanos, es decir, una sociedad en la que se respete y se garantice la igualdad en derechos de todas las personas. Y, además, una sociedad fraternal, solidaria, liberada de opresiones e injusticias. Más aún, una sociedad en la que, si algo se impone de verdad, debe ser la ley del más débil. 

Por tanto, una sociedad en la que los últimos sean los primeros, es decir, en la que los privilegiados sean los más débiles, los que peor lo pasan en cualquier sociedad, los que más sufren, los pobres, los marginados y excluidos, los enfermos… Tiene razón el teólogo José María Castillo cuando afirma: “hemos tenido, durante siglos, una espiritualidad más preocupada por la virtud de la pobreza que por el sufrimiento de los pobres.” “Todos sabemos de sobra que hay gente muy «espiritual», gente que se siente satisfecha con su propia oración, pero que al mismo tiempo es incapaz de complicarse la vida por defender a un hermano” añade 

En cuanto a la celebración cristiana de la fe, todos los creyentes saben que los sacramentos, especialmente el bautismo y la eucaristía, son esenciales en la vida de la Iglesia y, por tanto, en la experiencia de la comunidad cristiana. Pero, en este asunto, es importante comprender que los sacramentos tienen y exigen una dimensión celebrativa, que en ningún caso se debe marginar y, menos aún, olvidar. 

Ese Dios que nos manda y nos prohíbe, nos amenaza y nos castiga, se traduce y se concreta en el problema de la religión, que a mucha gente se le hace intolerable por la idea según la cual, para acercarse a Dios, lo que hay que hacer es sacrificar el entendimiento, aceptando dogmas que no se entienden, sacrificar la voluntad, sometiéndose a mandatos que resultan costosos. 

Antiguamente, la religión quemaba a sus enemigos. Ahora no los quema, pero los culpabiliza hasta conseguir que se sientan como seres ingratos y miserables que no merecen sino la eterna condenación. O prohíbe el uso del preservativo en países pobres de África en los que el sida está matando a millones de personas, cuando sabemos que la OMS insiste en que es urgente difundir los medios que pueden impedir la difusión de una epidemia tan grave. ¿El pecado consiste en todo lo que sea agresión a la vida humana, sus derechos, su dignidad, sus peculiaridades culturales, sus instintos más básicos y el goce y la alegría de vivir? ¿O el pecado consiste en desobedecer a la religión,  con sus dogmas y sus leyes, sus poderes y sus jerarquías,  sus amenazas y sus censuras sociales? No debemos olvidar que Jesús se dejó llevar por el Espíritu del Señor. ¿Para qué? En resumidas cuentas, para una cosa: aliviar el sufrimiento humano. A eso, ni más ni menos, es a lo que el Espíritu impulsó a Jesús: dar la buena noticia a los pobres, la vista a los ciegos, la libertad a los cautivos y a los oprimidos. Suscribo totalmente las palabras de nuestro obispo cuando dice: “No se puede desarrollar una evangelización auténtica y un asentamiento de la Iglesia auténtico si no hay un compromiso con los más pobres y un compromiso en las implicaciones sociales que conlleva la fe.” 

Conozco personas que buscaban una vida espiritual dentro del cristianismo y que han huido hacia otras opciones religiosas. Personas que no han encontrado el alimento espiritual que esperaban en el cristianismo. Que se han ido sin saber siquiera qué es. Que creen que el cristianismo consiste en cumplir con una serie de ritos y mandamientos, con el objetivo de ganarse la entrada a un cielo de ultratumba. Que observan cómo hay quienes utilizan la celebración del perdón como lavadora mágica de culpas y delitos para seguir con su actitud culposa y a veces delictiva, con la torticera idea de que pueden burlar la justicia divina. Que les da la impresión de que a Dios le importa más nuestra vida íntima que la necesaria solidaridad entre sus hijos más afortunados y los más desfavorecidos. Que ven cómo las celebraciones, ¡las fiestas!, se convierten en obligaciones, bajo amenaza de castigo eterno. Que ven cómo algunos buscan la misa más corta y menos aburrida para poder cumplir con el mandamiento, al menor coste de tiempo y con el menor fastidio. Que encuentran mejor acogida y más fraternidad en colectivos aconfesionales de corte humanista que en nuestras viejas instituciones cristianas. 

Se supone que cristiano es el que sigue los pasos de Cristo. ¿Dónde están los cristianos que se dedican a levantar al que se ha derrumbado, los que ayudan a recuperarse al que ha caído enfermo, los que acogen al rechazado, los que invitan al banquete de Dios, a su fiesta? Sabemos que estos cristianos existen. ¿Por qué no se les da visibilidad? ¿Por qué no se utilizan las infraestructuras existentes para crear un clima de fraternidad? ¿Por qué nos empeñamos en conservar esta espiritualidad medieval, individualista, egoísta y egocéntrica,  cuya prioridad es MI propia salvación, en primera persona? ¿Por qué este interés en mantener la fractura entre entidades sacras y seculares?  

En la actualidad, ya no es posible seguir manteniendo una comunidad de fe basada en el miedo, ni siquiera amenazando con un castigo eterno en un hipotético infierno. Se debe rescatar la Buena Noticia, que es de alegría, de banquete, de fiesta compartida, en esta vida antes que en la próxima, donde los caídos se levantan, los atemorizados hablan, los cegados ven la luz de Dios, los zancadilleados tienen una segunda oportunidad, los diáconos rescatan su vocación de servicio y los obispos reviven sus orígenes como protectores y guías activos en el crecimiento espiritual de la comunidad. 

Con pena, veo cómo se sigue intentando acallar las voces críticas que proponen alternativas, como si desde la jerarquía tuviesen en mente mejores propuestas que por alguna extraña razón no dan a conocer. Muchos esperamos que reaccionen antes de que sea tarde, no vaya a ser que se acaben quedando solos, pastores en paro, buscando alguna oveja a la que pastorear.   

La conclusión final es clara: si la espiritualidad quiere ser coherente con el mensaje de Jesús, ante todo, y con las exigencias de nuestro tiempo, en segundo lugar, no tiene más camino que tomar en serio la vida y luchar por ella, incluso cuando eso pueda significar enfrentarse con las patologías de la religión, exactamente como le ocurrió a Jesús. 

José Carlos Enríquez Díaz 

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s