Nathalie Becquart habla sobre la sinodalidad 

 “Ayudemos a que se escuche la voz de los pobres en el Sínodo” 

“El espíritu de la sinodalidad sopla en todo el mundo”, reconoce la subsecretaria del Sínodo de los Obispos 
La religiosa reflexiona sobre sinodalidad en este amplía entrevista previa a la apertura del proceso sinodal 
Nathalie Becquart

Nathalie Becquart. Hasta el pasado 6 de febrero su nombre era desconocido para el gran público. En ese momento, el papa Francisco le sacó del anonimato. Una mujer –y religiosa– subsecretaria del Sínodo de los Obispos. La misionera de Cristo Jesús (javeriana) francesa es la encargada, junto al agustino español Luis Marín de San Martín, de cuidar del buen funcionamiento de este departamento vaticano bajo la guía del cardenal Mario Grech, secretario general del Sínodo desde el año pasado. 

Becquart es una vocación tardía. En 1992 se graduó en empresariales en la Escuela de Estudios superiores de Comercio (Francia). Sin embargo, tras un voluntariado en Líbano y dos años como consultora en marketing y comunicación, optó por la Vida Consagrada. Luego estudió teología en el Centre Sèvres, la facultad jesuita de París. Se formó en sociología en la Escuela de Estudios Superiores en Ciencias Sociales de París. 

Su vocación no se entiende sin los jóvenes, a los que ha estado dedicada durante una década en la Conferencia Episcopal Francesa. Su pasión por los jóvenes la comparte con el mar, pues es regatista. De hecho, durante años ha organizado regatas y cruceros para estudiantes como medio para acercarles a Jesús de Nazaret, así como retiros en alta mar llamados Vida de mar, entrada en la oración. 

Aunque ella huye de todo protagonismo, la realidad es que esta religiosa de 52 años hará historia en octubre de 2023, pues se convertirá en la primera mujer –si no hay más sorpresas en estos dos años de camino sinodal– con derecho a voto en un Sínodo. Una entre las 660.000 religiosas del planeta… 

Con su nombramiento, Jorge Mario Bergoglio continuaba con su impulso femenino, insertando cada vez a más mujeres en puestos de responsabilidad en la Curia, como lo hizo con Francesca di Giovanni, subsecretaria en la Sección para las Relaciones con los Estados de Secretaría de Estado en 2020 o, más recientemente, con la salesiana Alessandra Smerilli, quien es secretaria interina del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral. 

PREGUNTA.- ¿Cree que la Vida Religiosa, desde su esencia de apostar por la vida comunitaria, puede ofrecer una visión enriquecida de lo que es llevar la sinodalidad en la convivencia cotidiana y la toma de decisión en la Iglesia? 

RESPUESTA.- Sí, hace tiempo que estoy convencida de que la Vida Religiosa tiene un papel especial e importante en la promoción de la sinodalidad y en ayudar a toda la Iglesia a vivir esta necesaria conversión sinodal que es la llamada de Dios para la Iglesia del tercer milenio. 

En virtud de su larga experiencia de vida comunitaria, de discernimiento en común, de sus instancias de deliberación y decisión como los capítulos y los consejos, la Vida Religiosa tiene una experiencia muy concreta de este “caminar juntos” que es la sinodalidad vivida como proceso espiritual. Por eso, debe compartirlo hoy con toda la Iglesia y contribuir a la formación en el discernimiento personal y comunitario necesario para vivir la sinodalidad a todos los niveles. 

Además, como hemos subrayado especialmente en el Documento Preparatorio y en el Vademécum, la sinodalidad, que implica que todos sean escuchados e implicados, nos invita a prestar especial atención a los más pobres, a los más pequeños, a los que están en la periferia. Debe fomentar la participación de todos y, en particular, dar voz a los que no la tienen. Las directrices propuestas para la consulta sinodal nos invitan, por ejemplo, a preguntarnos “¿cuál es el lugar de la voz de las minorías, de los marginados, de los excluidos?”. 

Ahora bien, la Vida Religiosa, como sabemos, tiene en su ADN la presencia entre los más pobres. Y es bueno ver que hoy en día se desarrollan proyectos intercongregacionales para llegar y acompañar a las personas en dificultad de una manera creativa y profética. Por lo tanto, la Vida Religiosa también debe prestar especial atención a los más pobres en el proceso sinodal y ayudar a construir puentes para llegar a ellos, escucharlos y hacer que se escuche su voz. 

Caminar juntos 

P.- Usted, por ejemplo, ¿cómo va a preparar el Sínodo en su comunidad? ¿Y en su congregación? 

R.- Para celebrar nuestros 100 años de fundación, este verano mi congregación organizó un encuentro-peregrinación a Lourdes con todos los javerianos, nuestras familias, amigos… y en el programa hubo un momento para hablar de la sinodalidad. Además, la preparación de este gran encuentro se hizo de forma muy sinodal, implicando a todos los javerianos, pero también a otros, a los laicos asociados, a los jesuitas, a los jóvenes, etc. 

También hemos enviado ya el Documento Preparatorio y el Vademécum a todas las comunidades javerianas. Se anima a todos, al igual que a todas las personas consagradas, a implicarse especialmente en la fase diocesana de escucha y discernimiento con la que se abre este proceso sinodal el 17 de octubre. 

Nuestra superiora general, como representante de la CORREF (Conferencia de Religiosos de Francia), forma parte de un grupo de trabajo sobre la sinodalidad en el marco de una iniciativa muy interesante en Francia llamada Promesas de la Iglesia. Esta reúne a los responsables de una gran diversidad de organizaciones católicas (Cáritas, comunidades religiosas, movimientos de scouts y de acción católica, y otras comunidades) y en ella participan también dos obispos. 

Así que somos especialmente conscientes de la sinodalidad. Lo que espero para mi comunidad, como para otras comunidades religiosas, es que podamos participar en la consulta sinodal, hacer oír nuestra voz, y también vivir un proceso sinodal en intercongregacionalidad a diferentes niveles a través de los encuentros diocesanos de Vida Consagrada, y las conferencias nacionales y continentales de religiosos. 

También acoger para nosotros esta invitación del proceso sinodal centrada en una cuestión fundamental: “¿Cómo se realiza hoy, a diferentes niveles (desde el local al universal), este ‘caminar juntos’ que permite a la Iglesia anunciar el Evangelio, de acuerdo con la misión que se le ha confiado; y qué otros pasos nos invita a dar el Espíritu para crecer como Iglesia sinodal?”. 

Al igual que las parroquias y otras comunidades cristianas, tenemos que releer lo que ya estamos viviendo en esta dinámica sinodal, pero también identificar y nombrar los lugares de conversión que hay que vivir, los pasos ulteriores que hay que dar. Sabemos que la Vida Consagrada no está exenta de derivas autoritarias y clericales que conducen a todo tipo de abusos. 

También tenemos que crecer y avanzar para poner en práctica esta escucha y participación de todos a todos los niveles. La cuestión del ejercicio de la autoridad y la corresponsabilidad también nos preocupa. 

P.- El cardenal Grech envió una carta a todas las comunidades contemplativas. ¿Cómo pueden ayudar en este proceso sinodal? 

R.- En primer lugar a través de la oración, todo sínodo comienza y termina con una celebración litúrgica, todo proceso sinodal es un proceso espiritual que debe estar enraizado en la oración, en la escucha de la palabra de Dios. Además, al comienzo de cada sínodo o concilio, se presenta solemnemente el Libro de la Palabra de Dios. 

Los monasterios son un pulmón espiritual privilegiado para la Iglesia, contamos con su oración para el Sínodo, con su intercesión para que todos estemos realmente a la escucha del Espíritu Santo. También pueden ayudar a muchos cristianos a descubrir más sobre cómo orar, cómo meditar la Palabra de Dios, cómo releer y discernir la presencia del Espíritu. Y como todos los bautizados, forman parte del Pueblo de Dios y están llamados a participar en la consulta sinodal, a ser actores de este proceso. 

La llamada de Dios para el tercer milenio 

P.- ¿Está la Iglesia universal preparada para la sinodalidad? 

R.- La Iglesia universal es muy diversa, cada Iglesia local tiene su propia historia, su propia cultura, su propia experiencia de sinodalidad, más o menos fuerte. La sinodalidad supone siempre un modo de proceder inculturado. Algunos países, como Francia, por ejemplo, han tenido muchos sínodos diocesanos y, por tanto, ya tienen una base sinodal bastante sólida, mientras que otros aún no la han experimentado. 

América Latina, con su experiencia de recepción del Concilio Vaticano II a través de las conferencias del CELAM (Puebla, Aparecida…) y hoy su preparación de la Asamblea Eclesial Latinoamericana, está ya en camino de repensar sus estructuras y su misión en términos de “clave sinodal” y está realizando un gran trabajo de formación en sinodalidad. En otros países, la noción de sinodalidad es todavía poco conocida y aplicada. Pero sean cuales sean los puntos de partida, no cabe duda de que existe una creciente conciencia de la llamada a convertirse en una Iglesia sinodal. 

Los recientes Sínodos sobre los jóvenes y la Amazonía han puesto de relieve especialmente el reto de la sinodalidad como forma de transmitir la fe hoy. Y la creciente conciencia de la crisis de los abusos en la Iglesia como un problema sistémico pone de relieve este desafío de la sinodalidad. En este sentido, la visión de la Iglesia sinodal puede verse como la salida del clericalismo que ha llevado a la posibilidad de tantos abusos. 

El papa Francisco lo expresa muy bien: “La sinodalidad es el modo de ser Iglesia hoy según la voluntad de Dios en una dinámica de escucha y discernimiento del Espíritu Santo”. El Documento Preparatorio, después de una lectura de los signos de los tiempos, que subraya algunos aspectos importantes del contexto histórico en el que vivimos, marcado por grandes cambios, subraya esta fuerte perspectiva en el n°9: “En este contexto, la sinodalidad constituye la vía real para la Iglesia, llamada a renovarse bajo la acción del Espíritu y gracias a la escucha de la Palabra”. 

Desde mayo, junto con el cardenal Mario Grech y Luis Marín de San Martín, hemos dialogado con todas las conferencias episcopales del mundo a través de encuentros de zoom organizados por lenguas y continentes, y puedo dar fe de que el espíritu de la sinodalidad sopla en todo el mundo. Si realmente creemos que la sinodalidad es la llamada de Dios para la Iglesia del tercer milenio, podemos creer que el Espíritu Santo guiará a toda la Iglesia por este camino, porque Dios siempre da la gracia de aquello a lo que llama. 

P.- La propuesta inédita hecha por el Vaticano de cara al próximo Sínodo de los Obispos, además de basarse en la escucha del pueblo de Dios, cambia el paradigma para que el Sínodo pase de ser un evento a ser un proceso. ¿En qué ha ayudado el Sínodo de la Amazonía? 

R.- Este cambio viene determinado por la nueva constitución sobre el Sínodo de los Obispos, Episcopalis Communio, publicada en septiembre de 2018, poco antes de la Asamblea General del Sínodo sobre Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional (octubre 2018). Realmente introduce este cambio de la concepción anterior del sínodo como un evento que reunía a los obispos en Roma a la novedad del sínodo como un proceso de varias etapas que integra una primera fase de preparación, la fase de celebración en Roma, pero también la importantísima fase de ejecución (cf Episcopalis Communio §4). 

Así, “el proceso sinodal tiene no solo un punto de partida, sino también un punto de llegada en el Pueblo de Dios, sobre el que, a través de la reunión de la Asamblea de Pastores, deben derramarse los dones de gracia concedidos por el Espíritu Santo” (EC7). 

Los dos sínodos sobre la familia, con un cuestionario propuesto en todas las diócesis, ya habían buscado ampliar la consulta, luego la preparación del Sínodo sobre los jóvenes, además de un cuestionario multilingüe en línea dirigido directamente a los jóvenes de todo el mundo como complemento al proceso de consulta en las diócesis y otras realidades eclesiales, introdujo la novedad del presínodo sobre los jóvenes en Roma en marzo de 2018, cuyo Documento Final contribuyó en gran medida a la elaboración del Documento de Trabajo (Instrumentum laboris). 

A continuación, el Sínodo sobre la Amazonía desarrolló esta dinámica de reuniones presinodales registradas por Episcopalis Communio, organizando en particular numerosos encuentros de escucha con las poblaciones indígenas de la Amazonía. Así podemos ver cómo el proceso sinodal evoluciona y se enriquece de un sínodo a otro, porque estamos en una fase de “reaprendizaje” de la sinodalidad. 

El próximo Sínodo tiene el claro objetivo de continuar este proceso de aprendizaje de la sinodalidad proponiendo una experiencia concreta de sinodalidad que involucre toda la diversidad del pueblo de Dios. Por ello, la primera fase en las diócesis y conferencias episcopales es realmente fundamental. Tenemos que pensar que el 9 de octubre en Roma y el 17 de octubre en las diócesis ya estamos entrando en el Sínodo. Todo el proceso, desde el principio, forma parte ya, en cierto modo, del Sínodo. 

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