La Asamblea eclesial

Asamblea Eclesial: Iniciar procesos con más presencia y la voz de los laicos 

Laicos en la Iglesia

 Lo que se pretende es “alentarnos a abrirnos al impulso del Espíritu Santo”, siendo una oportunidad en vista del próximo Sínodo y avanzar “para discernir juntos los nuevos desafíos a la evangelización que debemos enfrentar como Pueblo de Dios” 

“Un nuevo paso para configurar ‘el rostro latinoamericano y caribeño de nuestra Iglesia’” 

La Iglesia, “hoy está llamada a profundizar una reforma sinodal de todas sus comunidades e instituciones” 

“No es una concesión graciosa de los obispos dada al resto de fieles: es un llamado de la justicia y del cumplimiento de las propias obligaciones de todos los fieles que forman la Iglesia” 

“La oportunidad para el nacimiento de un nuevo sujeto eclesiológico continental” 

25.09.2021 Luis Miguel Modino, corresponsal en Latinoamérica 

En el camino hacia la Asamblea Eclesial de América Latina y El Caribe, algo que Mons. Jorge Eduardo Lozano ve como posible “semilla de transformación y fuerza del Espíritu en la Iglesia”, ha sido elaborado un instrumento de reflexión que ayude a descubrir sus fundamentos y consecuencias. 

Se trata de una reflexión histórica, a cargo del Dr. Gianni La Bella, teológica, con los aportes del padre Carlos María Galli, y canónica, con un texto elaborado por los padres Pedro Pablo González y Alphonse Borras. Lo que se pretende, en palabras del secretario general del Celam es “alentarnos a abrirnos al impulso del Espíritu Santo”, siendo una oportunidad en vista del próximo Sínodo y avanzar “para discernir juntos los nuevos desafíos a la evangelización que debemos enfrentar como Pueblo de Dios”. 

El padre Galli ha querido “ayudar a fundamentar esta nueva experiencia del Pueblo de Dios en nuestra región”, que considera “un nuevo paso para configurar el rostro latinoamericano y caribeño de nuestra Iglesia’, fundamentada en la sinodalidad. En su reflexión, el teólogo argentino parte de la reciente experiencia sinodal y colegial de la Iglesia de América Latina y el Caribe, analiza la vida de la Iglesia que se reúne en asambleas y la renovada teología de la sinodalidad del Pueblo de Dios. 

No podemos olvidar que América Latina es la primera región eclesial que tuvo un cuerpo episcopal de carácter colegial, el Celam. A través del organismo y sus Conferencias Generales, se concretó la eclesiología de comunión, surgida de Lumen Gentium, recuerda el padre Galli. Por eso, insiste en que “estos procesos acrecentaron la autoconciencia eclesial latinoamericana, generaron una dinámica de participación capilar, ayudaron a delinear líneas comunes de evangelización, y marcaron distintas etapas del servicio del Celam a la comunión colegial entre los obispos y la vida pastoral de las iglesias”. 

La Asamblea es algo que forma parte de la tradición bíblica y eclesial, lo que le lleva al teólogo a afirmar que la Iglesia, “hoy está llamada a profundizar una reforma sinodal de todas sus comunidades e instituciones”, algo que es claramente impulsado por el papa Francisco, retomando las ideas del Vaticano II. Se trata de vivir la catolicidad de la Iglesia, la universalidad, de asumir que “la comunión entre las iglesias se enriquece con sus diferencias”, desde una actitud de escucha. 

La Asamblea Eclesial de América Latina y El Caribe, considerada por el padre Galli como “un nuevo rostro de la Iglesia”, una muestra de que el sujeto sinodal es el Pueblo de Dios, es una expresión más de “una rica experiencia conciliar, sinodal y colegial”, que viene desde los primordios de la Iglesia en el continente. Desde ahí se hará realidad su “llamada a la conversión permanente, a la comunión eucarística, a la alegría evangelizadora”.  

Esta novedad que supone la Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe tiene implicaciones canónicas, que surgen del hecho de que “todos están llamados a participar de la misión de la Iglesia, según su condición, pero siempre respetando los valores propios de esa tan peculiar ‘sociedad eclesial’”, como afirman los padres Pedro Pablo González y Alphonse Borras. En su opinión, después de afirmar que el concepto de asamblea no supone una novedad canónica, destacan que estamos ante una forma distinta, que nace de su carácter eclesial.  

Según los canonistas, “no es una concesión graciosa de los obispos dada al resto de fieles: es un llamado de la justicia y del cumplimiento de las propias obligaciones de todos los fieles que forman la Iglesia”. Ellos destacan la importancia de lo que “en ella se dialogue, concluya y proponga para un anuncio inculturado del Evangelio y el futuro de la Iglesia en esta región del mundo”, insistiendo en la necesidad de los pastores “atiendan sus conclusiones y las tomen como propias”. 

Mirando a la historia, Gianni La Bella ve la Asamblea de América Latina y el Caribe como “la oportunidad para el nacimiento de un nuevo sujeto eclesiológico continental”. Esa sintonía siempre estuvo presente en la Iglesia del continente, la jerarquía iberoamericana ha vivido una experiencia de colegialidad y comunión, expresado en los concilios celebrado en el continente y en los organismos articulados que fueron naciendo a lo largo de la historia. Por eso, La Bella ve esta Asamblea como combinación entre sinodalidad y colegialidad, fomentando “esa corresponsabilidad necesaria para iniciar procesos que hagan más participativa la presencia y la voz de los laicos” 

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