Entrevista con el nuevo Secretario Adjunto del Celam 

Padre Pedro Brassesco: “El camino sinodal es una expresión de una conversión pastoral” 

Pedro Brassesco con el Papa

 «Implica el desafío del crecimiento personal y el enriquecimiento a partir del contacto con las distintas realidades de nuestro pueblo que peregrina en América Latina y el Caribe, sobre todo desde sus particularidades culturales y desde como se vive la fe» 

«Va a ser un desafío el que las comunidades, las diócesis, comunidades parroquiales, vayan asumiendo este estilo que nos va planteando la Iglesia para este tiempo» 

El Papa «siempre fue un impulsor de asumir más las actitudes y los procesos antes que la búsqueda de resultados concretos» 

«Nosotros tenemos que ser fieles al mensaje de Jesús, pero ver las formas de transmitir ese mensaje en cada época» 

08.11.2021 Luis Miguel Modino, corresponsal en Latinoamérica 

La semana pasada el Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), nombraba un nuevo secretario adjunto. Se trata del padre Pedro Brassesco que acompañará al padre David Jasso, que hasta ahora desempeñaba esa función. 

Sacerdote de la diócesis de Gualeguaychú, en la provincia argentina de Entre Ríos, donde nació, se formó como sacerdote e inició su ministerio sacerdotal hace 13 años. Un ministerio que ha venido desarrollando en distintas parroquias de la diócesis, últimamente en Ibicuy, un pueblo muy pequeño, misión que combinaba con su servicio como subsecretario de la Conferencia Episcopal Argentina, desde hace siete años y medio. 

En su diócesis de Gualeguaychú era Delegado de las Comunicaciones. Anteriormente trabajó como delegado diocesano de las Obras Misionales Pontificias y como secretario nacional de la Pontificia Unión Misional hasta que comenzó su tarea en la Conferencia Episcopal Argentina. También es Secretario Ejecutivo de la Comisión Episcopal de Misiones de la Conferencia Episcopal, servicio que está culminando ahora. 

Antes de ingresar al seminario se formó en comunicación social, trabajando en el ámbito del periodismo durante 11 años. Su experiencia comunicacional le ha ayudado a poder colaborar en distintos ámbitos de la comunicación eclesial. 

Está dando un salto de la Iglesia argentina a la Iglesia latinoamericana y del Caribe, en un momento en el que el Celam está consolidando su proceso de renovación y reestructuración. ¿Qué desafíos supone esta nueva andadura que está iniciando? 

En primer lugar, el desafío de asumir esta tarea siempre como un servicio, un servicio a partir de lo que uno puede aportar, sobre todo en el ámbito de la mirada pastoral, de la mirada en la cual uno ha sido formado. Esta reestructuración del Celam también tiene como objetivo dinamizar la presencia de la Iglesia latinoamericana, pero sobre todo desde lo pastoral. 

Por otro lado, también implica el desafío del crecimiento personal y el enriquecimiento a partir del contacto con las distintas realidades de nuestro pueblo que peregrina en América Latina y el Caribe, sobre todo desde sus particularidades culturales y desde como se vive la fe. Especialmente los desafíos que va planteando la Iglesia luego de la Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe, con vistas al Acontecimiento Guadalupano del 2031 y el Jubileo de la Redención del 2033. Poder colaborar con ese caminar de la Iglesia con esta perspectiva. 

Es un desafío personal, que uno, por supuesto, siempre se siente poca cosa ante los pedidos de la Iglesia, los pedidos de Dios, pero también uno sabe que es Dios el que va dando los bríos y las fuerzas para poder llevar adelante la tarea que nos encomienda. 

Habla de la Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe que se va a celebrar en pocos días. ¿Podríamos decir que esa gran novedad, que vendría a ser un ejemplo práctico de la Iglesia Pueblo de Dios del Vaticano II, puede marcar en las próximas décadas el modo de ser Iglesia en América Latina, y en definitiva en toda la Iglesia universal? 

En primer lugar, hay que verlo como un cierto proceso, no solamente como el acontecimiento de la asamblea en sí, desde lo que ya se ha hecho y lo que se va a hacer precisamente del 21 al 28 de noviembre en México, y en conexión con todo el continente, sino como proceso que va dándonos una nueva identidad como Iglesia en cuanto a asumir la dimensión de camino sinodal como el camino propio de la Iglesia en este tiempo. 

En esto es muy importante ver más que el acontecimiento el proceso en sí que se va dando y va dejando huellas en las comunidades. Va a ser un desafío el que las comunidades, las diócesis, comunidades parroquiales, vayan asumiendo este estilo que nos va planteando la Iglesia para este tiempo. No solamente, vuelvo a decir, asumir los frutos de la Asamblea en cuanto acciones o líneas pastorales en cada uno de los desafíos, sino también como estilo para poder tomar las decisiones y caminar juntos como Iglesia. 

Va a haber una mirada atenta de la Iglesia en todo el mundo respecto a como se vaya desarrollando todo esto en América Latina y el Caribe, especialmente a partir del desafío que plantea el Sínodo del 2023, que ya ha comenzado precisamente en la fase diocesana, y que va a tener como experiencia previa, de alguna manera, esto que hemos venido realizando en el continente americano. 

¿Qué importancia tiene el Papa Francisco, alguien que resulta próximo y conocido en su forma de actuar para la Iglesia argentina y latinoamericana, en esta forma de caminar propuesto por el Celam y la Iglesia latinoamericana y del Caribe, a través de la Asamblea Eclesial, y por la Iglesia universal, con el Sínodo sobre la Sinodalidad? 

Evidentemente, el Papa es el gran impulsor de este camino sinodal. Como obispo de Buenos Aires, como cardenal de Argentina, siempre fue un impulsor de asumir más las actitudes y los procesos antes que la búsqueda de resultados concretos. Y esto se vio marcado mucho en sus planteos iniciales como Sumo Pontífice en relación con la conversión pastoral. El gran desafío precisamente es ese, el camino sinodal es una metodología, una expresión de una conversión pastoral que debe darse en las comunidades, en orden a poder llevar adelante la misión de la Iglesia, que es anunciar el Evangelio hasta los confines del mundo. 

El Papa viene impulsando, proponiendo este camino para la Iglesia, y las Iglesia también lo van asumiendo de a poco como el estilo propio. El Papa, por supuesto, no inventa nada nuevo, sabemos que este estilo de ser Iglesia es propio del primer milenio de la vida de la Iglesia, y fundamentalmente ha venido siendo impulsado por el Concilio Vaticano II. Allí vemos rasgos muy fuertes de esta propuesta. 

El Papa, evidentemente, se presenta como la cabeza, de alguna manera, como el pastor que nos va guiando, que muchas veces va en medio nuestro también, que a veces va un poco empujando el camino sinodal. 

Podríamos decir que el asumir eso en la vida práctica de las iglesias locales, de las diócesis y parroquias, y ciertas resistencias que se ven en algunos momentos en la jerarquía, ¿ese es un gran desafío para que ese camino, ese modo sinodal de ser Iglesia, pueda continuar avanzando y afianzándose? 

Es una de las posibles dificultades, sobre todo, como dice el Papa, a veces tenemos muy incorporado esto del siempre se hizo así. Creemos que las fórmulas que hemos aprendido, y que nos han resultado válidas en el pasado, siguen siendo válidas en cada momento. Mirando la realidad, dándonos cuenta de este cambio de época, exige ser fieles al anuncio del Evangelio, a la transmisión de la tradición de la Iglesia con una metodología y una forma nueva para poder ser asumido por todo el pueblo de Dios. 

Los desafíos serán siempre, de alguna manera, romper esa barrera, los obstáculos que se van presentando, que son resistencias, a partir de pensar que tenemos que seguir siempre de la misma manera. Nosotros tenemos que ser fieles al mensaje de Jesús, pero ver las formas de transmitir ese mensaje en cada época. Esta época es una época donde vamos descubriendo de manera cada vez más grande nuestra identidad, el ser hijos de Dios, nuestros derechos, nuestras posibilidades de participación. 

Y eso implica que, de alguna manera, a partir de que se va dando en la Iglesia, poder asumir estos desafíos. Uno de los desafíos será siempre tratar de romper nuestros esquemas interiores, poniéndonos a la escucha de lo que nos dice el pueblo de Dios y a la luz de lo que Dios nos va mostrando como su voluntad para poder llevar adelante la misión, que es anunciar el Evangelio y que todos conozcan a Cristo. 

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