Todos empujamos

 

 Vivimos una realidad. Nuestra Iglesia está viviendo una enfermedad y necesitamos ayuda, conversión, empuje, sanación. Todos conocemos el grave problema de los sacerdotes pederastas. Son muchos en número dentro de la Iglesia en estos cincuenta años. Otra realidad que se ha salido de cauce es el problema económico. Personas significativas de la comunidad eclesial se han aprovechado del dinero común y lo han empleado en gastos e inversiones propias. Son los dos aspectos que más se notan y sobresalen, que más rompen la noticia del evangelio. Además, podemos añadir, los fallos que hacemos y vivimos todos los cristianos, lejos del Evangelio. 

A la vez gozamos de muchas personas -muchísimas- que viven en pequeñas comunidades -con entrega, pobreza y un servicio estupendo- que están viviendo el evangelio con valentía y generosidad.                                                                                                                                Lo cierto es que hoy en día, empezando por el papa y siguiendo por todos los cristianos, vivimos en medio de estas realidades. Queremos convertir la pederastia hacia una vivencia sana y creativa del evangelio, queremos que el dinero se invierta en servicio a los pobres. Queremos conocer y vivir la Buena Noticia de Jesús. Son tareas y misiones muy fuertes, necesarias y atractivas. 

Para eso viene una revolución: una conversión. Cambiar, dar un giro a la vivencia del cristianismo. Quitar lo que hay de negativo y apoyar lo positivo que está surgiendo. A ese cambio lo llamamos Sínodo: y quiere decir que lo vamos a hacer entre todos, desde la vivencia y la colaboración. Que descubramos la realidad en la que vivimos, con sus luces y sombras, y empujemos la carreta de la Iglesia para que vaya por los caminos, gozosos y positivos, que nos marca Jesús. Cristianos más sencillos, más auténticos, hasta la jerarquía y el papa. Se trata de que todos y todas pongamos de nuestra parte la Fuerza del Espíritu que Dios nos da a través de todos.                                                                                                      Recuerdo que estando en un pueblo se provocó un fuego en el monte y echaron este bando: “que todos mayores de dieciocho años se presenten en la plaza con herramientas”. Y allí fuimos todos y conseguimos apagar el fuego.                                                          Lo mismo aquí se trata de que todas las personas echemos una mano, vivamos como Jesús y colaboremos con nuestro estilo de vida. Todos estamos citados. La Nueva Sociedad que Jesús quiere es como un carromato y todos podemos empujar y vivir con alegría. Porque aún recuerdo que el día del fuego cenamos unas sopas exquisitas. Se trata de vivir el Sínodo con ilusión y con entrega. Con nuestro testimonio, con nuestro análisis, con nuestra práctica… ayudar a que la Iglesia vuelva al proyecto que Jesús tenía para su comunidad.                 

Todas las personas. Y quiero hacer una llamada a los no cristianos, porque nos pueden ayudar mucho, quizás porque ellos ven mejor los fallos y los cambios que tenemos que dar en la Iglesia. Y por supuesto los cristianos, porque creemos en Jesús y en el tipo de sociedad que nos plantea. Todos somos necesarios. Veréis como sí. 

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