El legado de Rutilio (8)

La Misión en Aguilares: 1ª Etapa

El P. Rutilio Grande, primer sacerdote asesinado en El Salvador.En estos días se ha abierto en Roma el proceso de beatificación.

  

Para organizar la Misión, la Parroquia se dividió en sectores: 10 en la ciudad y 15 en el campo, haciendo una invitación general de la Misión a toda la Parroquia 

La Misión duraría 15 días durante los cuales el misionero y sus colaboradores permanecerían en su zona conviviendo con la gente del sector. 

Un día de Misión comprendía visitas familiares a domicilio; después levantaban una ficha antropológica cuyos temas utilizaban luego como temas generadores, que serían descodificados a partir de textos del Evangelio. 

En las primeras horas de la tarde se tenían reuniones con los niños y más tarde con los adultos. El objetivo de estas reuniones era procurar dejar en la gente un esquema rudimentario para que ellos continuaran con la celebración de la Palabra de Dios. 

Así se logró desde el principio un inicio de autoevangelización, un inicio de comunidad y un inicio de auto-selección de Delegados de la Palabra. 

La parte central de la sesión de adultos consistía en una repetida lectura por diversos lectores de un texto del Evangelio. Entre las lecturas se hacían preguntas, sugerencias y anotaciones. Luego se invitaba a la gente a dividirse en grupos de 8 ó 10 personas para dialogar sobre el texto. Se nombraba un lector, un animador del grupo y un relator para comunicar en la reunión plenaria los resultados del grupo. 

 En la reunión plenaria, el sacerdote o un colaborador fijaba por escrito en un papelógrafo y sintetizaba lo que comunicaban los relatores, devolviendo a los participantes en forma de cuestionamiento los puntos más significativos para profundizarlos en el diálogo. 

Posteriormente, ya noche, el equipo evaluaba el día y planificaba lo del día siguiente.                       Uno de los puntos vitales de estas reuniones fue la auto-selección de los líderes, pues de ello dependía la realización de una Iglesia integrada por ellos mismos. El proceso misional tendía a integrar y desarrollar las tres dimensiones de evangelización, comunidad y liderazgo. El equipo asumió que el primer empujón le correspondía al sacerdote, pero una vez estimulado el movimiento, los agentes de pastoral y las mismas comunidades debían continuarlo quedando el sacerdote como acompañante y animador en el crecimiento de la fe. La penúltima noche se hacía la elección de los Delegados, sugeridos por la comunidad. Los nombrados expresaban su disponibilidad explicando los pro y los contra según lo cual la Comunidad les daba su voto. 

Los Delegados tenían la función de servir de eslabón entre la Comunidad y la Parroquia. Con los nuevos Delegados se tenía una reunión para instruirles sobre sus nuevas obligaciones, proporcionarles criterios y esquemas mínimos para animar y organizar sus reuniones. 

En la última celebración se tenían los bautizos y matrimonios dentro de una ceremonia sugestiva en la cual se enfatizaba el compromiso del bautismo. Se les dejaba ejemplares del Nuevo Testamento y se les confirmaba para continuar en la Misión. 

El período posterior a la Misión se caracterizó por el acompañamiento a las comunidades. Un sacerdote asumió la responsabilidad de las comunidades del campo y otro las de la ciudad de Aguilares. La tarea de ellos era la de visitar periódicamente las diversas comunidades, asistiendo a sus reuniones, disipando las dudas que hubiera y evaluando la vida comunitaria. 

Aquí ayudaron mucho los colaboradores foráneos, unos 20, que jugaron un papel insustituible en el arranque de las comunidades.Este grupo de colaboradores estaba integrado por estudiantes jesuitas, universitarios y seminaristas. Esta colaboración se consideró temporal y supletoria. 

El 10 de junio de 1973, Fiesta de Pentecostés, marcó el nacimiento de la Comunidad cristiana y el fin de la primera etapa de la Misión. 

Este nacimiento se celebró con una gran concentración en Aguilares para pedir y celebrar el espíritu nuevo. Se recibieron las diversas delegaciones de las comunidades con sus carteles que traían textos alusivos del Evangelio. Después se tuvo la Eucaristía animada por los conjuntos musicales de las diversas comunidades. Fue algo masivo, creativo e insospechado, que asombró a los habitantes de la ciudad.. 

La homilía la tuvo Rutilio, en la que dio ánimos y disipó las dudas más comunes, respondiendo a las acusaciones de protestantismo, de olvidar lo espiritual, de comunismo, de política, etc. 

A continuación se proclamaron los principios del equipo misionero, dedicado a anunciar el Evangelio limpia y simplemente, sin otros intereses personales. También dejaron bien claro que no se administrarían los sacramentos si no estaban suficientemente preparados. Y aclararon que no tenían nada que ver con agrupaciones políticas de ninguna clase. La política del equipo sería anunciar el Evangelio, el cual abarcaba todas las actividades del hombre destinado por Dios a transformar el mundo. Por tanto denunciarían toda clase de injusticias y atropellos contra la persona humana, vinieran de donde vinieran. Después de la Misa se tuvo una fiesta popular de carácter cultural y religioso. De aquí nacería la Fiesta del Maíz. 

 Los resultados de aquella primera etapa misional eran palpables. Los campesinos habían descubierto el Evangelio y se les había abierto el apetito por la palabra, la cual comentaban haciendo aplicaciones a su modo. Pronto llegaron a unir el Evangelio con su propia situación de miseria e injusticia. Comenzaron a emerger de su conciencia mágica, dándose cuenta de que la voluntad de Dios no era mantener las cosas como estaban. Tomaron confianza en sí mismos perdiendo complejos bastante generalizados de vergüenza e incapacidad y descubrieron que tenían una palabra y podían opinar. Fueron capaces de discernir lo prioritario de lo secundario en su religiosidad. Tomaron conciencia de que sus males radicaban en su desunión y comenzaron a adquirir sentido de lo comunitario. Comenzaron a reunirse y a movilizarse buscando qué podían hacer para realizar el plan de Dios aquí y ahora. 

Al final de la 1ª Etapa se organizaron 10 comunidades urbanas y 27 rurales con un total aproximado de 300 animadores, quienes dirigían rotativamente las celebraciones. 

El equipo tuvo un período de reflexión para codificar, globalizar y evaluar las experiencias de la primera etapa. A partir de allí decidió trabajar en la línea del acompañamiento y profundización del Evangelio en las Comunidades y en la preparación cualitativa de los Delegados y animadores. 

  

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