Biblia, ¿es Palabra de Dios?

¿Qué decimos al decir que la Biblia es Palabra de Dios? 

Dios no dicta a las personas. no al fundamentalismo 

El pueblo recibe guiado por el Espíritu Santo lo que el mismo Espíritu inspiró. 

La Biblia no es un manual de instrucciones.  

Un oído en el Evangelio y un oído en el Pueblo 

30.09.2021 | Eduardo de la Serna 

¿Qué decimos al decir que la Biblia es Palabra de Dios? 

Eduardo de la Serna 

Antes de hablar sobre la “palabra” es bueno decir algo sobre Dios; el que pronuncia una palabra. No hace falta demasiada teología para saber que cualquier cosa, por más perfecta que esta sea, que digamos sobre Dios, siempre será limitada, parcial, escasa. Dios es “siempre más”. De ahí que se haya dicho, con frecuencia, que de Dios es más lo que decimos que no es que lo que afirmamos que es. Es lo que se llama la “teología apofática”; Dios no es visible (invisible), no es mortal (inmortal), no es mudable (inmutable), etc. En este sentido, si siempre que hablamos de Dios “nos quedamos cortos” (de ahí la urgencia permanente de “dejar a Dios ser Dios”) porque pretender atarlo, definirlo, limitarlo es, evidentemente impedirle ser Dios, algo semejante hemos de decir de su palabra. 

Dicho esto, creo que es evidente que también sería limitado decir que Dios no habla fuera de la Biblia. De hecho, hace tiempo que sabemos – siguiendo a los Padres de la Iglesia – que Dios habla también en la historia. Que en la creación también habla lo dice la misma Biblia (Sab 13), san Justino hablo de que en otras partes (él se refería a los filósofos griegos) hay “semillas de la palabra” y Tomás de Aquino y Melchor Cano hablaron de “lugares teológicos” (M. Cano habló de “diez lugares” siendo la Biblia el primero). Es decir, en lenguaje creyente no es sensato amarrar a Dios a nuestros esquemas. Claro que eso no implica que Dios hable en todas partes (que es como decir que Dios está en todas partes, como si estuviera Dios en la mentira, en la injusticia, en la muerte…). De discernimiento se trata, entonces. Por ejemplo, ¿cuáles son los criterios de discernimiento? ¿quién/es discierne/n? etc. porque obviamente la parcialidad de uno no es garantía para otro grupo. 

Aclarado esto, o al menos señalado, si hay algo que no decimos al decir que la Biblia es “palabra de Dios” es que eso implica que no es “palabra (también) humana”. Hace ya mucho que hemos abandonado la idea de que un ángel dictaba a una persona (siempre varón, además) que transcribía lo dicho. Hoy tenemos claro que personas (varones y mujeres), mirando lo que Dios dice en la historia, en comunión con Dios al que conocen y aman (sin-patía con Dios lo llama el gran teólogo judío Abraham Herschel), creen que deben decir una palabra de su parte. Y, con el tiempo (en ocasiones, siglos) el pueblo creyente supo reconocer que ahí, Dios estaba diciendo algo. En teología se llama “recepción”, es decir, el pueblo, acompañado por el Espíritu Santo reconoce y recibe como inspirado por el mismo Espíritu Santo un texto. Eso no quita, de ninguna manera, reconocer los límites humanos, las intenciones, las propuestas, las ideologías, el contexto histórico, político, cultural, geográfico que esta persona vivía cuando puso por escrito, y también las del pueblo cuando lo recibió. Precisamente por eso, porque es también palabra humana es que todo texto debe ser sometido a la interpretación, análisis, crítica, preguntas… Ciertamente no hablamos de un “manual de instrucciones”, sino de un Dios vivo que camina a nuestro lado, antes de ayer al hablar, ayer al recibirlo, hoy al interpretarlo. 

No dudo que Dios hable en otras partes, lo he dicho, y creo que es indispensable tener el oído atento, el corazón disponible para escuchar, mirar, sentir-con esos espacios donde Dios elige comunicarse, pero – porque creo que también, y en primer lugar, para los creyentes en Cristo, Dios habla en la Biblia – creo que es cada día más urgente aquello del Pelado Angelelli de tener un oído en el Evangelio y un oído en el pueblo, o como afirmaba el enorme teólogo luterano Karl Barth, leer a diario y muy atentamente la Biblia y el periódico. Así podremos encontrarnos con este Dios vivo y compañero de camino (por eso, si se me permite una sugerencia argentina, recomendaría que ese periódico no sea ni Clarín ni La Nación, por salud mental). Así podremos tener los dos pies aptos para el camino que tantas y tantos necesitan que recorramos con ellas y ellos. 

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