El legado de Rutilio (9)

 

La Misión en Aguilares: 2ª Etapa

Para la 2ª Etapa el equipo propuso tres grandes líneas de acción: la primera sería la codificación y la transformación de la pastoral tradicional del sacramento y culto, sin suprimir ni ahogar los valores implícitos, pero insistiendo en una mayor responsabilidad y participación en la vida sacramental. El método sería co-creativo entre la parroquia y las comunidades evitando actitudes paternalistas y también evitando el clericalismo. Se trataría de hallar una solución al problema del mantenimiento económico de los sacerdotes. Se desligaría el aspecto económico de la administración de los sacramentos.

La segunda línea de acción tendería al crecimiento de las comunidades vivas, no tanto cuantitativa sino cualitativamente. En orden a lograr esto se prestaría especial atención a los Delegados de las comunidades insistiendo en la formación y diversificación de las funciones.

La tercera línea sería la promoción de nuevos centros en la ciudad de Aguilares, pero sin caer en el activismo desesperado ni empleando personas ajenas a la comunidad.

Los Delegados constituyeron la plataforma operativa que dinamizó e hizo crecer a las comunidades. El equipo pretendió la sustitución y desplazamiento de funciones dejando a los delegados lo que hasta el momento había sido propio del sacerdote o colaborador. Fue la etapa de los cursos y cursillos.

El nervio fundamental de estos cursos era la Palabra de Dios. Se daba un doble movimiento, de la realidad concreta a la Palabra de Dios y desde ésta nuevamente a la realidad.

Al diversificarse las funciones y servicios de los Delegados se loes fue convocando periódicamente para instruirlos en sus nuevas responsabilidades. El objetivo de estos cursos más específicos fue el compartir experiencias, resolver problemas y dar formación. Las funciones atribuidas a los Delegados fueron las siguientes: iniciación al bautismo, catequesis infantil, encargados de jóvenes, coordinadores y secretarios de reuniones, equipos volantes, preparación al matrimonio, etc

También se dieron cursos para la base buscando una mayor participación de las comunidades. Los temas tratados a esos niveles más amplios fueron: alfabetización, relación hombre-tierra, cooperativismo y formación permanente en general.

Esta segunda etapa estuvo jalonada por celebraciones de suma importancia dentro del acontecer parroquial. La primera fue la celebración de las bodas de oro sacerdotales del Arzobispo Mons. Luis Chavez. En esa ceremonia el Arzobispo confirmó a los Delegados en su misión apostólica. Rutilio presentó a las representaciones de los Delegados de la Palabra de las comunidades del campo y de la ciudad como el mejor homenaje al Arzobispo en la Eucaristía pidiéndole que les confirmara en su misión:   “y lo hacen en medio de esta Eucaristía compartida, porque en sus luchas por sembrar el Evangelio, ellos anhelan juntamente con nosotros un mundo más humano y más justo en el que todos los salvadoreños podamos compartir los bienes, sentados a a la mesa común de la creación, tal como haremos en esta mesa de la Eucaristía”…

Después el Arzobispo tomó la profesión de fe a los Delegados y la aceptación de sus compromisos. A continuación les confirmó en sus funciones comunitarias y los bendijo.

Otra celebración clave tuvo lugar el 15 de agosto de 1976, con ocasión del Tercer Festival del Maíz. El maíz fue el tema símbolo de lo campesino, de su vida y ahora de su celebración. Desde la base salieron las determinaciones y criterios para hacer de la fiesta algo original y diferente. Los criterios fundamentales del festival fueron: todo sería comunitario, nada individual; el dinero no sería determinante y sería una fiesta de denuncia y esperanza. Cada comunidad trajo una carga de elotes para hacer el atole. La preparación y distribución era comunitaria. Cada comunidad presentaba el mejor elote, el mejor adorno de maíz, la mejor canción cantando al trabajo y a la cosecha del maíz.  También presentaba a su madrina considerando los servicios y trabajos por la comunidad. Ella fueron las responsables de todo el trabajo femenino de la fiesta y ellas presentaron al público los aportes de las diversas comunidades al festival.

El punto central de aquel festival fue la homilía de Rutilio donde hizo denuncias y anuncios de gran trascendencia para la vida de la parroquia.

En una primera parte proclamó el magníficat como algo explosivo por las denuncias y anuncios que contenía: El Magníficat denunciaba a aquellos que no tenían temor de Dios, “…porque hay gente por ahí muy de gran colmillo, que no le tienen temor a Dios…y cuáles son esos que no le tienen temor a Dios? Los que han denunciado nuestro Padre y Hermano, los que se levantan por la mañana persignándose: en el nombre del café, en el nombre del café, en el nombre del café…en el nombre de la caña, en el nombre de la caña, en el nombre de la caña; lo he dicho otras veces, pero hay que repetirlo hasta la saciedad. Dios con su brazo había destrepado a los poderosos y a los autosuficientes, y a los humildes los “trepó”, a los que tenían hambre los llenó de bienes, “y a los ricos perversos que no quieren atol para todos, sino para ellos nada más, que quieren el gran guacalón para ellos, pero no quieren compartirlo con los hermanos en esta eucaristía de la fraternidad”…

En la segunda parte, Rutilio denunció los peligros de las organizaciones campesinas y les recordó sus compromisos cristianos. Felicitó a los campesinos porque el Evangelio estaba estrechamente unido a sus vidas; los campesinos habían “bajado” el Evangelio y esto era motivo de alegría y de mutuas felicitaciones. Y volvió a un tema muy querido para él: la Eucaristía como quinta esencia de la fe comprometida, como un servicio al mundo.

Finalmente Rutilio anunció que el equipo misionero estaba a punto de hacer un paro en su trabajo para evaluar lo realizado desde el inicio del proceso.

El equipo misionero había optado por iniciar su experiencia a partir de la fe, pero conscientes de que en cuanto meta última debían buscar la liberación del hombre total, la cual tendría que pasar bien que mal por las mediaciones, en concreto por la politización. Como equipo sacerdotal quisieron encontrar una alternativa válida entre el sacramentalizador y el politizador. Trataron de resolver la crisis de identidad personal entre la amplia gama de alternativas dejadas entre los dos extremos. Jesucristo había sido un líder religioso, y precisamente ahí estaba su especificidad, pero con los ojos bien abiertos a las realidades de su tiempo, a las cuales enfocó desde la perspectiva religiosa.

La especificidad de la misión sacerdotal radicaba en la promoción de la fe en medio del pueblo, en el anuncio del plan y juicio de Dios sobre la realidad. El sacerdote, en conciencia, estaba obligado a conocer profundamente su propia realidad. La misión sacerdotal, por tanto, tenía una clara vertiente en lo temporal y en lo político.

Así pues, el equipo proclamó que ni pretendía quitar al pueblo el Evangelio, dejándole solo la Cuma, ni adormecerlo en su religiosidad al abrigo y en nombre del mismo Evangelio. Como equipo dijeron buscar “poner levadura en la masa, no dar el pan”.

Los campesinos, al descubrir que Dios era el Padre de todos, que todos los hombres eran hermanos y que los hermanos no podían vivir en desigualdad, y darse cuenta de construir la igualdad –no esperarla pasivamente- era construir el Reino de Dios y que ello estaba en relación directa con el mundo de opresión y explotación de sus relaciones de vida y trabajo, espontáneamente comenzaron a demandar reivindicaciones salariales en las haciendas vecinas.

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