La Iglesia en la transición

Clausura de las Jornadas sobre el papel de la Iglesia en la Transición 

Francisco Vázquez: «Los españoles al oír el sermón de Tarancón fueron conscientes de que Franco había muerto realmente, y les infundió temor y esperanza al mismo tiempo» 

Por| Vicente Luis García Corres (Txenti) 

El que fuera embajador de España ante la Santa Sede en el periodo de febrero de 2006 hasta abril de 2011, ha sido el encargado de cerrar las jornadas organizadas por Iragarri y la Pastoral Universitaria del Campus de Álava. Francisco Vazquez ha impartido al comienzo de su intervención una clase magistral sobre la historia de España de los últimos siglos, han sido unas certeras pinceladas para poder enmarcar el objeto de las Jornadas, el papel de la Iglesia en la Transición española  

Vazquez hizo un primer recorrido partiendo de la historia constitucional española iniciada en 1812 y concluyendo en la actual de 1978, un periodo de 166 años durante los cuales se suceden 7 constituciones que acaban siendo derogadas de manera violenta. También en este periodo, de poco más de siglo y medio, se producen cuatro guerras civiles de las cuales la Guerra Civil del 36 es la más cruenta.  

Por eso la Transición tiene gran importancia en el contexto de la Historia de España, porque supone una ruptura con todo lo anterior, “con esa España machadiana dividida en dos”. 

La Constitución nacida de la Transición tiene como base fundacional el principio de la reconciliación nacional, una reconciliación que permitiese, como así ha sido, unas alternancias políticas en las que han gobernado con mayorías amplias, o con pactos entre diversas fuerzas, tanto a las derechas, como a las izquierdas, como al centro.                        “La Constitución del 78 viene a intentar zanjar tres contenciosos históricos en España: Por un lado el problema territorial, en segundo lugar el encaje de las Fuerzas Armadas en el nuevo orden político y en tercer lugar el papel institucional de la Iglesia, que es el tema que nos ocupa en las jornadas”.  

Es justo señalar que hoy algunas voces revisionistas lo que pretenden es “demoler el verdadero papel que jugó la Iglesia durante la Transición” dijo Vazquez. No descarta también que una parte de esta ola se deba a ese “atávico sentimiento anticlerical que siempre ha estado presente en un sector de la población; también al eterno debate surgido desde la izquierda sobre el concepto de libertad religiosa, pero también hay un intento claro de reducir lo religioso al ámbito privado y sacarlo de la vida pública”.  

El ex-embajador quiso hacer un recorrido por el posicionamiento de la Iglesia a lo largo de los diversos papados en contra de los totalitarismos, de los fascismos, empezando por Pío XI y destacando los enfrentamientos que tanto Pío XII como Pablo VI tuvieron con el régimen de Franco. Recordó como fue censurado el discurso de pío XII en el que llamaba a la reconciliación nacional en España; la defensa del derecho a la vida frente a las sentencias a muerte de la dictadura que hizo Pablo VI; los pronunciamientos del episcopado vasco que molestaban al régimen y que llevaron, con el caso Añoveros a amenazar desde Roma con la excomunión a Franco y a todo el régimen. Según Vázquez esta amenaza caló y logró impresionar a Franco quien no sólo retiró la orden de expulsión del país de Añoveros.          Vázquez puso en el Concilio Vaticano II y en las actuaciones de grupos y movimientos católicos empeñados en hacer cumplir la doctrina social de la Iglesia un punto importante en el distanciamiento de un sector importante de la Iglesia y en su colaboración para la futura transición a la democracia.  

Tras la muerte de Franco la homilía de monseñor Tarancón en la misa de la Coronación de Juan Carlos I fue crucial. “Gran parte de los españoles al oir el sermón de Tarancón fueron conscientes de que Franco había muerto realmente,y les infundió temor y esperanza al mismo tiempo.”                                                                                                                                   Tarancón dijo que la Iglesia tenía “la libertad que reclamaba para todos” y dirigiéndose al rey le pidió que fuera “el rey de todos los españoles”; defendió “la reconciliación nacional” como piedra angular de la transición.  Una reconciliación que, según señaló Vázquez podía situar su primera llamada el 18 de julio de 1938 con el discurso de Manuel Azaña en el Ayuntamiento de Barcelona “paz, piedad y perdón” poco después sería Pio XII quien haría ese llamado a la reconciliación. 

Durante su exposición Vázquez ha reivindicado una imagen de una Iglesia como institución clave en el proceso de la Transición, alejada del estereotipo de reacia al cambio y perpetuadora de un nacional catolicismo presente en un reducto de personas que, en realidad poco o nada tenían que ver con la verdadera doctrina de la Iglesia, haciendo referencia a grupos como los guerrilleros de Cristo Rey.                                                             En una reflexión final Vázquez mostró su preocupación por un movimiento revisionista de la historia que no tiene en cuenta las circunstancias particulares de cada época y que solo pretende sacar réditos electoralistas; y en la misma línea manifestó su preocupación por una clase política nacida “no de la propia sociedad sino de forma endogámica de los propios partidos, lo que hace que sean políticos que carecen de una verdadera vinculación con la realidad social”. 

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