Entrevista a Birgit Weiler

Birgit Weiler: Documento para el Discernimiento, “discernir la realidad a la luz de nuestra fe compartida” 

Birgit Weiler

Luis Miguel Modino, corresponsal en Latinoamérica 

Acaba de ser dado a conocer el Documento para el Discernimiento Comunitario de la Primera Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe. La Hna. Birgit Weiler ha sido una de las coordinadoras del equipo que ha elaborado dicho Documento. 

¿Qué es el Documento para el Discernimiento de la Primera Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe? 

Este Documento quiere ser una ayuda para ahondar en el discernimiento de los signos de nuestro tiempo en la sociedad y en la Iglesia a 14 años de Aparecida y en base a lo que casi 70.000 personas han contribuido en el proceso de escucha. En dicho proceso, quienes han participaron han discernido juntos como pueblo de Dios en camino acerca de ¿cuál es la voluntad de Dios para su Iglesia en esta región? y ¿qué significa concretamente en la situación actual de América Latina y El Caribe que todos somos discípulos misioneros en salida? 

El Documento se ofrece en primer lugar a los delegados y delegadas en la Primera Asamblea Eclesial como un apoyo para la misión que se les ha confiado; a la vez es un documento para todo el pueblo de Dios que está llamado a seguir participando en el proceso de discernimiento de diversos modos y acompañando la Asamblea con su oración. 

El Documento para el discernimiento comunitario es un fruto de la experiencia fuerte de sinodalidad que ha sido el proceso de escucha. Dicho documento motiva a seguir en el proceso de escucha mutua y discerniente en la Primera Asamblea Eclesial con el fin de identificar y formular las orientaciones pastorales prioritarias para América Latina y El Caribe. Propone una lectura pausada en actitud orante y discerniente del texto y una reflexión personal, a la cual también las preguntas propuestas en el texto están motivando. 

Estas preguntas invitan a contemplar los diferentes aspectos vinculados con cada uno de los temas centrales en el documento y a no sólo hacer una reflexión individual sino a buscar también la interacción y el intercambio con otros al discernir comunitariamente y a caminar juntos como “peregrinos enamorados del Evangelio, abiertos a las sorpresas del Espíritu”, como dijo el Papa Francisco en la Misa de Abertura del Sínodo sobre la Sinodalidad. 

El Documento habla de discernimiento comunitario. Una de las grandes novedades de la Asamblea es que ya no es solo una asamblea de obispos, sino que es una asamblea del Pueblo de Dios. ¿Qué importancia tiene la participación de todos los que forman parte del Pueblo de Dios en ese proceso de discernimiento? 

La participación de todos es clave porque es una característica central de sinodalidad. En reiteradas oportunidades el papa Francisco ha sido muy claro en afirmar que sin la participación activa del pueblo de Dios no hay sinodalidad. Él nos anima a acoger con mayor profundidad la eclesiología del Vaticano II poniéndola en práctica. Para el Papa la sinodalidad es la herencia más hermosa del Vaticano II. Nos llama a reconocernos mutuamente como miembros plenos del pueblo de Dios y a ahondar la conciencia de nuestra “dignidad y libertad” de hijos e hijas de Dios “en cuyos corazones habita el Espíritu Santo como en un templo” (LG 9). 

Esta dignidad la tienen todos los miembros del pueblo de Dios sin excepción. En el bautismo todos hemos recibido el don del Espíritu. Este don significa también un compromiso, es decir, asumir nuestra corresponsabilidad como bautizados por la misión de nuestra Iglesia en América Latina y El Caribe y de participar activamente en el proceso de discernimiento. En esta Primera Asamblea Eclesial buscamos reflexionar sobre nuestra misión como discípulos de Jesucristo y miembros de una Iglesia “que se da con todos, sin excepción” como el Papa nos lo recordó en su vídeo-mensaje del 24 de enero del presente año al iniciar el camino hacia la primera Asamblea Eclesial de América Latina Y El Caribe.  

El “sensus fidei” del pueblo de Dios se expresa en los múltiples contenidos, las interpelaciones y recomendaciones pastorales presentes en las aportaciones al Proceso de Escucha. Se hizo un gran esfuerzo para incluir en medio de las restricciones a causa de la pandemia muchas voces de las personas en las periferias sociales, culturales y existenciales de nuestras sociedades. En un proceso sinodal no deben faltar las voces de los pobres. 

¿Qué pasos tiene que dar esta Iglesia para renovarse, convertirse, para estar abierta a la novedad del Espírituy que esto sea realmente discernido entre todos y todas? 

Eso demanda que se supere el clericalismo que es un obstáculo grande para una Iglesia sinodal. Pues, impide modos de relacionarnos como hermanos y hermanas en la fe, modos que corresponden al espíritu del evangelio.  El Papa Francisco considera que el clericalismo es uno de los grandes males de la Iglesia en América Latina y El Caribe; requiere de una conversión profunda no sólo de parte de los presbíteros en los diferentes niveles de autoridad en nuestra Iglesia, sino de todo el pueblo de Dios porque la mentalidad clerical y las actitudes y practicas correspondientes se dan también en laicos, laicas, religiosos y religiosas.               El clericalismo se caracteriza por un mal uso de poder. Eso ha sido muy resaltado en varias contribuciones al proceso de escucha al observar que “muchos miembros del clero asumen ese sitio como espacio de poder y de superioridad y no como un servicio”, como aparece en la Síntesis Narrativa. Como se constata de modo resumido en el Documento para el Discernimiento Comunitario, a menudo “presbíteros y obispos no comparten suficientemente procesos de discernimiento y decisión con sus comunidades”. En muchos casos prevalecen todavía relaciones verticales en una Iglesia piramidal. 

Para poder crecer en sinodalidad, es imprescindible que vivamos un proceso de conversión profunda hacia nuevos modos de relación que permitan que florezcan las diversas vocaciones, carismas, ministerios y servicios en nuestra Iglesia y que puedan surgir también nuevos ministerios según las necesidades pastorales en las diversas realidades eclesiales. Es imprescindible que haya una participación mucho mayor de las mujeres en los espacios eclesiales de discernimiento y toma de decisiones, así como en liderazgos y puestos de gobierno de la Iglesia en los diferentes niveles. 

Eso fue mencionado con énfasis en muchas aportaciones.  Que todo ello se dé por el bien de la Iglesia en la cual entre todos conformamos el cuerpo de Cristo, y por su misión de anunciar el Evangelio en palabras y sobre todo en hechos para que en Jesucristo nuestros pueblos tengan vida, como aparece en el Documento de Aparecida.   

Es necesario que se siga con la práctica consecuente de la escucha abierta y discerniente al pueblo de Dios y de reconocer y valorar el “sensus fidei” de este Pueblo como se hizo en el proceso de escucha hacia la Primera Asamblea Eclesial. En dicho proceso se hizo un gran esfuerzo para incluir, en medio de las restricciones a causa de la pandemia, muchas voces de las personas en las periferias sociales, culturales y existenciales de nuestras sociedades. En un proceso sinodal no deben faltar las voces de los pobres. 

Para que la Iglesia se convierta en una Iglesia que crece en sinodalidad, es imprescindible que se pongan en práctica las orientaciones sinodales contenidas en la Constitución Apostólica Episcopalis Communio del Papa Francisco, en la cual él da mucha importancia a la escucha al Pueblo de Dios en todo el proceso sinodal. Incentiva a los obispos a ejercer su ministerio en la conciencia de que todas las personas bautizadas han recibido el don del Espíritu y poniéndose “en escucha de voz de Cristo que habla a través de todo el Pueblo de Dios”. Por ello, llama a los obispos a también “seguir el olfato que tiene el Pueblo de Dios para hallar nuevos caminos” y a tener “los oídos abiertos para escuchar ‘lo que el Espíritu dice a las Iglesias’ (Ap 2, 7)”. 

Es muy importante que la práctica sinodal iniciada en el camino hacia la Primera Asamblea Eclesial, la práctica de la escucha mutua y de juntos escuchar al Espíritu, siga creciendo e instalándose en nuestra Iglesia. La metodología discerniente y sinodal que se usará en la Asamblea Eclesial será un aporte importante a este proceso de conversión y renovación hacia una creciente sinodalidad. Pues, en esta metodología se invita cada uno a tomar conciencia de ser sujeto de la fe y ser invitado a un discernimiento personal; desde lo personal y el “yo” está llamado a dar el paso hacia el “tú” al compartir los frutos del discernimiento propio; desde el “tú” hay que dar el siguiente paso hacia el “nosotros” que discierne y decide juntos en la escucha atenta al Espíritu y su novedad. 

En el Documento para el Discernimiento aparece la propuesta de escuchar y discernir los signos de nuestro tiempo y eclesial. Al ver lo que el Pueblo de Dios de Latinoamérica y del Caribe ha dicho, ¿qué es lo que genera mayor esperanza? 

A mi parecer genera mucha esperanza que el Pueblo de Dios de Latinoamérica y El Caribe en su gran mayoría quiera vivir una fe encarnada en el seguimiento de Jesús. Reconoce las interpelaciones en los signos de nuestro tiempo como la pandemia y las grandes desigualdades sociales que ella ha puesto de manifiesto, los daños cada vez más fuertes causados a nuestra casa común, las amenazas sin precedentes que presenta la crisis climática y sus impactos desastrosos sobre todo en la vida de las poblaciones más pobres y vulnerables, la creciente violencia en nuestras sociedades y en nuestras familias y el llamado a promover la práctica de una no-violencia activa, el contribuir desde nuestras instituciones educativas más decididamente a superar las brechas educativas, fomentar una educación integral y transformadora  así como a comprometernos con el Pacto Educativo Global y en el fortalecimiento de la democracia y la defensa de los derechos humanos. 

En todos estos campos ya hay compromisos asumidos y vividos por muchas comunidades, lo cual es una importante razón de esperanza. Se trata de fortalecer muchos de estos compromisos frente a las interpelaciones de los signos de nuestro tiempo. También las miradas de muchos participantes en el proceso de escucha son esperanzadoras porque perciben en medio de y junto con las realidades preocupantes y amenazantes también los signos de vida nueva que están surgiendo como en el caso de la pandemia.  

Y en relación con los signos eclesiales, se nota un gran deseo de vivir una transformación profunda en nuestra Iglesia hacia una mayor sinodalidad en las estructuras y prácticas eclesiales; y hay una gran disponibilidad a contribuir activamente a esta transformación. 

 Da mucha esperanza que en los signos eclesiales que nos interpelan, se identifiquen las áreas prioritarias en las cuales la Iglesia está llamada a renovarse para poder ser una Iglesia sinodal y anunciar con credibilidad el evangelio. Se comenta acerca de la necesidad de una conversión hacia una Iglesia de todos y parar todos que supere los diversos modos de discriminación y exclusión que no sólo se dan en nuestras sociedades sino también en la Iglesia.                                                                                                                                        Se menciona también el gran reto de anunciar el Evangelio a las familias de hoy reconociendo sus diversas realidades y se resalta la necesidad de que la Iglesia con sus parroquias, comunidades e instancias eclesiales se abra más a los jóvenes, que ellos puedan ser protagonistas de la pastoral juvenil y abrir caminos nuevos y explorar modos innovadores en la pastoral. También se recalca la gran necesidad de una renovación de la presencia de la Iglesia en las ciudades y para dar el paso de una pastoral tradicional en las ciudades a una pastoral urbana que implica la exploración de caminos nuevos en la pastoral y acogiendo muchas propuestas valiosas de Aparecida al respecto.   

Como ya fue mencionado, en muchas contribuciones al proceso de escucha se nota una clara conciencia de las necesarias transformaciones en nuestra Iglesia para superar el clericalismo y el abuso de poder vinculado con él y para hacer decididamente frente a los casos de abuso en la Iglesia, romper el silencio, trabajar para que haya recompensas integrales para las víctimas y para establecer amplias medidas de prevención y vigilar sus implementaciones en la práctica. 

Lo esperanzador es ciertamente que en todos estos campos no sólo hay mucho que hace falta hacer sino a la vez hay practicas transformadoras ya iniciadas. El gran ánimo y compromiso que se están generando   a lo largo de todo este proceso sinodal de la Primera Asamblea Eclesial da mucha esperanza de que también en la fase postsinodal siga el proceso de renovación de la Iglesia en América Latina y el Caribe gracias a la fuerza transformadora del Espíritu que sopla donde quiere y nos inspira la audacia de andar por caminos nuevos 

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